March 16, 2021
De parte de Cultura Y Anarquismo
190 puntos de vista


Nuestra sociedad (en general) se indigna cuando surgen noticias de maltrato animal (especialmente hacia perros, gatos o caballos).
Sin embargo, convivimos con el maltrato animal a diario y la sociedad
no lo ve, tal vez porque no quiere verlo. Un ejemplo es el uso
generalizado de cuero. El cuero es piel de un animal
que vivió —casi con seguridad— en condiciones indeseables: sufrió
durante su vida y durante su muerte.

En un bolso, unos zapatos o un cinturón de cuero, también podemos ver
los ojos de un animal pidiendo que no mercadeemos con su piel. Estamos
éticamente obligados a preguntar por los componentes de cada objeto
antes de comprarlo.

El cuero suele ser piel de vaca, pero también lo hay procedente de otros animales (cerdos, ovejas, cabras, caballos, avestruces, reptiles… incluso perros y gatos en China para productos baratos que se venden por todo el mundo). Una vez arrancada la piel del animal, se pierde la pista de su origen. Antes de venderla hay que curtirla para evitar su putrefacción. En todo el proceso hay, al menos, tres graves problemas:

  1. Impacto ambiental: Aquí tenemos que incluir dos aspectos inseparables.
    1. Impacto de la ganadería en su conjunto (cría, transporte y sacrificio): Esta es una de las industrias más conflictivas del planeta,
      provocando deforestación, contaminación de tierras, consumo excesivo de
      agua, grandes emisiones de gases contaminantes (especialmente metano),
      contaminación de acuíferos, de ríos y de mares, pérdida de hábitats,
      extinción de especies, etc. Reduciendo la ganadería se reduciría la
      contaminación y tendríamos tierras y agua para alimentar y vestir a
      muchas más personas (lo dice la ciencia). Se estima que la ganadería:

      • Es la responsable del 18% de las emisiones contaminantes de GEI.
      • Ocupa más del 30% de las tierras cultivables del planeta.
      • Consume más del 50% del agua que usan los humanos.
    2. Impacto del curtido: Se usan productos químicos muy
      contaminantes, como cromo, arsénico o cianuro, además de grandes
      cantidades de agua, lo que eleva la huella hídrica de los productos de marroquinería.
  1. Condiciones de los trabajadores: Entre los
    trabajadores del curtido hay mucha incidencia de cánceres (especialmente
    cáncer de páncreas), problemas respiratorios y cutáneos. Los salarios y
    las condiciones laborales suelen ser malas, incluso permiten el trabajo
    de menores (en Pakistán, por ejemplo, uno de los grandes exportadores
    de cuero). El trabajo en mataderos es, obviamente, indeseable para la
    mayoría de las personas. Suelen trabajar allí los que no tienen otras
    alternativas.
  1. Maltrato animal: Hasta usar lana es una forma de esclavizar animales y en su cría se les provoca mucho dolor y sufrimiento invisibilizado (como el desconocido proceso de mulesing). Por tanto, con más motivo el cuero es algo éticamente rechazable. Es imposible producir cuero de forma ética para los animales.

La industria del cuero no es ajena a sus problemas y por eso aplica técnicas de greenwashing para confundir a los consumidores. Cuatro de estas estrategias son:

  1. Algunos presumen de ser “libres de cromo” (chrom-free),
    pero evitan mencionar que usan otros productos químicos y, por
    supuesto, no hacen nada respecto a los demás problemas mencionados.
  2. Otros alegan sellos de “bienestar animal” diciendo que sus animales se han criado en “semilibertad
    y ecológicamente”. Aunque unos animales pueden vivir mejor que otros,
    se están usando de forma egoísta, simplemente por el beneficio para los
    humanos y, por supuesto, al final todos los animales son sacrificados
    (incluso los de granjas supuestamente ecológicas).
  3. Otro argumento es que la humanidad lleva usando pieles desde la prehistoria.
    Un argumento absurdo que no justifica hoy todos los problemas que hemos
    expuesto, más aún cuando tenemos muchas alternativas disponibles. En
    todo caso, el consumo en la prehistoria no amenazaba la estabilidad planetaria. En la prehistoria no había macrogranjas, ni se producía soja deforestando el Amazonas para alimentar ganado a miles de kilómetros.
  4. Los defensores del cuero alegan que es un subproducto de la industria de la carne.
    El argumento no sirve porque la industria ganadera también gana dinero
    vendiendo la piel y podría alegarse que la carne es un subproducto de la
    industria del cuero. Lo mismo se puede decir con los huesos de los
    animales con los que se fabrican cosméticos, gelatinas y golosinas, por
    ejemplo. Tanto si compras carne como si compras gelatina, golosinas o
    cuero estás dando dinero a esa industria, la cual te agradece tu
    contribución y tu apoyo directo.

Es imposible descubrir el origen del cuero de un producto: nunca lo
pone en la etiqueta. Tampoco se indica nunca la especie del animal del
que procede esa piel. Si es algo barato, muy posiblemente es piel de perro.
Muchas veces el cuero viene de lejanos países donde las leyes sobre
bienestar animal son laxas o inexistentes. Un curioso caso es el de India:
dado que allí la vaca es un animal sagrado está prohibido matarlo en
casi todos los estados. Lo que hacen es matarlas clandestinamente o
transportarlas a países o estados donde es legal su sacrificio. Hasta las vacas sagradas mueren para alimentar el comercio internacional.

 Lo mejor de todo es que hay alternativas vegetales y no son caras. El nailon es una alternativa plástica, pero no es recomendable porque produce micro y nanoplásticos que contaminan el planeta. Solo tenemos que buscar esas alternativas vegetales y
elegir con conciencia planetaria. A veces es imposible saber si un
producto tiene elementos de origen animal porque ni siquiera lo saben
los vendedores. En ese caso, para estar seguros debemos acudir a marcas y
tiendas que garanticen ser veganas.

Extraído de https://blogsostenible.wordpress.com




Fuente: Culturayanarquismo.blogspot.com