December 21, 2021
De parte de Briega
326 puntos de vista


Para referirnos a los hechos sucedidos en estos días en Kaxilda, necesitamos contextualizar que la temporalidad que se inaugura a partir de la imposición del Pasaporte Covid ha trastocado una vez más nuestras vidas, porque altera la libre circulación dentro de los espacios, en este caso de consumo, como bares y restaurantes, pero también en espacios de ocio y cultura e instalaciones deportivas. Lo altera porque introduce una política de discriminación, exclusión y estigmatización de todas aquellas personas que han decidido no vacunarse, produciendo que la vacuna se convierta en regla que norma las conductas y restringiendo y coaccionando a quienes no obedecen a dicha imposición.

A nosotrxs, en Kaxilda, cooperativa autogestionada que trabaja día a día para producir otros modos de relación tanto al interior de nuestro equipo de trabajo como con nuestro entorno de amigxs, compañerxs, socixs y clientes, la imposición del Pasaporte Covid nos ha expuesto de manera obligatoria a tener que asumir funciones de carácter policial (solicitud de pasaporte y chequeo del pasaporte con el DNI) incorporándonos así al dispositivo de control social que se pone en juego con estas nuevas medidas excepcionales y que no hacen más que ahondar en la gestión catastrófica de esta pandemia.

Respecto a esto, nuestro sentir común es claro. El Estado nos pide ejercer de co-gestores de la catástrofe y nos obliga y condiciona a la situación patológica de tener que trabajar sometidos a normas aleatorias que transforman nuestra tarea de trabajadores de comercio y hostelería en lo que más nos repele: ejercer de policías y chivatos. Por lo tanto, consideramos inadmisible el gasto biopolítico que el Estado nos exige que hagamos para poner un parche al futuro inmediato (alargar la vida –patológica– del capitalismo) y la violencia que el Pasaporte Covid instala en nuestras relaciones sociales.

Los hechos:

El sábado por la noche, una o varias personas, han conseguido subirse a dos metros y medio de altura, destrozar el neón, romper la madera, penetrar por los conductos de aspiración del aire y atacar el local por dentro, llevándose todo el dinero que han encontrado. Sin participar del clamor engendrado por la prensa local sobre la “peligrosidad” de los barrios expuestos a los ataques a la propiedad, hemos encajado el golpe, no hemos hecho caceroladas contra la “delincuencia”, no hemos instalado cámaras de videovigilancia, ni hemos pedido más policías. Hemos reaccionado arreglando el destrozo durante toda la tarde del domingo.

Pero nadie se esperaba que dejando Kaxilda a las 20:00 de un domingo de cierre, nos volverían a atacar esa misma noche. Por segundo día consecutivo, esta vez sin robar nada. Un doble cristal antirrobo destrozado por una alcantarilla que finalmente acabará apoyada delante del escaparate donde, entre otros, estaba expuesto el libro que íbamos a presentar. ¿Casualidad? Quizás…

Al constatar esta doble agresión a nuestro espacio a través de nuestras redes sociales, hemos experimentado cómo los medios de comunicación informaron de manera especulativa, sobreinterpretando, deformando y en algunos casos directamente mintiendo –ya que nosotras no concedimos ninguna entrevista. En este sentido, señalamos que nuestras verdades difieren de toda la economía de la verdad empleada durante el día de ayer por parte de varios medios de comunicación, que han llamado y han venido a Kaxilda para especular sobre el hecho de que el segundo robo haya ido acompañado por una pintada de rotulador con la palabra “Boicot” en la parte del cristal donde está expuesto el (ya maldito…) papel del Gobierno Vasco sobre el Pasaporte Covid. Según esa “verdad” producida por estos medios de comunicación, el destrozo podría ser obra de supuestos “negacionistas” que se han manifestado en Donostia este pasado sábado.

Pero no. No basta un rotulador para generar un montaje mediático orientado a una campaña de criminalización de aquellas personas que, vacunadas o no, disienten completamente de la instalación del Pasaporte Covid como medida de control policial y como arma de segregación y discriminación social.

Una pintada no es suficiente, al menos no lo es en Kaxilda, para obligarnos a acusar y, por lo tanto, a tomar parte en la caza de quien duda, se confronta, discute, difiere y, en definitiva, socializa sus inquietudes, malestares y preguntas. Y esto, simplemente, porque Kaxilda nace y se mantiene como una apuesta que combate y contrasta la producción de un saber policial mediante el cual el Estado adquiere su razón de ser en la credibilidad de lo que llama “verdad”.

Si esto era el intento del destrozo, no vamos a caer en esta trampa. Y si esto es todo lo que quieren saber los medios de comunicación que reproducen las verdades del poder, nosotrxs, en vez de buscar un culpable imaginario de estos destrozos, queremos destacar la responsabilidad de quienes, de manera violenta, nos están imponiendo hacer lo que no queremos hacer: trabajar para el poder.

Por todo esto, hacemos un llamamiento a todas las personas amigxs para que defiendan de posibles agresiones espacios como Kaxilda, porque, aunque no podamos demostrar que los destrozos sean resultado de un ataque fascista, insistimos en que sí es fascista el contexto en el que se produce. Por lo tanto, en vez de recrearnos en la condición de víctimas, queremos resignificar estos ataques.

Con este comunicado interrumpimos la sinapsis desquiciada del espectáculo y su necesidad de encontrar culpables que se fundamenta en la producción de la falsa identidad de lxs vacunadxs como alteridad de lxs no vacunadxs.

Efectos ópticos del poder, vacunadxs y no vacunadxs, comparten el mismo destino sin futuro del capitalismo patológico.

La Asamblea de Kaxilda

(21 de diciembre 2021)




Fuente: Briega.org