May 23, 2022
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“Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: ‘Cierren los ojos y recen’. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”. A pesar de hacer referencia a los tiempos de la conquista española, esta célebre frase de Eduardo Galeano describe el conflicto por la tenencia de tierras que sigue afectando a Colombia en la actualidad. No se puede entender este conflicto, que lleva azotando al país durante décadas, sin examinar el despojo al que han sido sometidas principalmente las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas. 

“Gran parte de nuestras tierras fueron despojadas y hoy los dueños son los grandes terratenientes, Smurfit Kappa, las cañeras del Cauca y del Valle del Cauca. Las formas de despojo fueron: primero a partir de la violencia y luego a partir de compadrazgos con comuneros, que en buena fe arrendaban terrenos. Pero finalmente terminaban siendo despojados, obligándolos a firmar la venta de las propiedades que tenían nuestros ancestros”, explica Edgar Velasco, secretario general de las Autoridades Indígenas del Sur Occidente (AISO). 

El 27 de julio de 2021, y como parte de la recuperación de las tierras ligadas a su historia y su cultura, la comunidad indígena Misak inició la ocupación de plantaciones de la multinacional Smurfit Kappa, en el departamento del Cauca. 

Varias de las denuncias, tanto por parte de esta comunidad como por parte de algunos campesinos, son por el acaparamiento de tierras, el incumplimiento del Tratado de Paz firmado en  2016 –en especial en referencia a la reforma agraria–, y el daño al ecosistema causado por los monocultivos de pino y eucalipto. 

La ocupación de las plantaciones de Smurfit (Cartón de Colombia) ha estado sujeta a múltiples violaciones de los derechos humanos. Hasta la fecha se han reportado un asesinato, veinte heridos, un mutilado, un arresto irregular por parte del Ejercito Nacional, y el daño a la vía pública por parte de trabajadores de la empresa y del Ejercito, según reportó el Colectivo de Derechos Humanos José Marti. 

Como parte de la estrategia de las comunidades, se estableció un campamento en las proximidades de las plantaciones. Varias cabañas improvisadas fueron construidas con madera talada de las plantaciones y plástico para resguardar a los activistas de la lluvia. 

De acuerdo con la estimación de la comunidad Indígena Misak y los campesinos de la zona, durante las intervenciones realizadas se han talado o afectado cerca de 1.000 hectáreas de pino y eucalipto. El Estado por su parte ha contestado con fuertes represiones desplegando al Ejército Nacional, al Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), y a agentes de la Policía. Los miembros de la comunidad han reportado el uso indiscriminado de granadas aturdidoras, gas lacrimógeno e incluso armas de fuego contra los comuneros.

Smurfit Kappa en Colombia: entre escándalos ambientales y laborales  

La multinacional de origen Irlandés tiene presencia en 35 países y Colombia sería uno de los primeros seis en operación, según afirmó el director ejecutivo Tony Smurfit, en una entrevista con El País. Su división forestal está localizada en 33 municipios de los departamentos del Cauca, Valle del Cauca, Caldas, Quindío, Risaralda y Tolima, con un total de casi 70.000 hectáreas forestales en todo país; de las cuales casi 20.000 se encuentran en el Cauca. 

Desde su llegada a Colombia en 1986 –a través de la adquisición de la Container Corporation of America, accionista mayoritario de Cartón Colombia–, la compañía ha recibido múltiples críticas, tanto por su daño al medioambiente, como por sus malas condiciones laborales. Despidos arbitrarios, presión hacia trabajadores enfermos para que renuncien, y la persecución de sindicalistas, dejan en duda las buenas prácticas de las que Smurfit (Cartón de Colombia) alardea en su código de conducta

En cuanto a su compromiso ambiental, la situación no es más alentadora. Uno de los mayores escándalos relacionados con esta empresa productora de papel y cartón está conectado a sus actividades de explotación forestal en el Bajo Calima, ubicado en la región pacífica del departamento del Valle del Cauca. Entre 1959 y 1993, Smurfit (Cartón de Colombia) destruyó a tala rasa selvas húmedas tropicales dentro de una concesión de 60.000 hectáreas, otorgada por el Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Medio Ambiente (INDERENA). El vicepresidente de la compañía declaró ser “la primera empresa en el mundo que produjo pulpas a base de maderas duras tropicales a escala comercial”

Tras los escándalos y el incumplimiento del contrato por parte de la multinacional, esta renunció a los derechos de explotación antes del tiempo estipulado. Sin embargo, varias organizaciones de derechos humanos denunciaron que el abastecimiento de materia prima procedente del Bajo Calima se mantuvo por medio de compra de madera a los pobladores de la región. 

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Empleados de la multinacional irlandesa Smurfit Kappa en una de las operaciones de tala masiva. Durante sus actividades, a menudo bloquean y dañan las vías públicas afectando a los habitantes de la zona. Cajibío, Cauca, Colombia.

“> Empleados de la multinacional irlandesa Smurfit Kappa en una de las operaciones de tala masiva. Durante sus actividades, a menudo bloquean y dañan las vías públicas afectando a los habitantes de la zona. Cajibío, Cauca, Colombia.

Empleados de la multinacional irlandesa Smurfit Kappa en una de las operaciones de tala masiva. Durante sus actividades, a menudo bloquean y dañan las vías públicas afectando a los habitantes de la zona. Cajibío, Cauca, Colombia.

Tierras dentro del Acuerdo de Paz 

Colombia atraviesa un momento de inestabilidad a causa del resurgimiento de grupos armados, crecientes desigualdades y las próximas elecciones del 29 de mayo que polarizan al país. Inestabilidad que se acentúa dado el incumplimiento por parte del Estado respecto a temas como la restitución de tierras y la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos –ambos parte del acuerdo de paz– además de los altos índices de líderes y lideresas sociales asesinados. 

Respecto a este último punto, en lo que va de año las cifras son alarmantes. Amnesty International reportó 13 personas defensoras de derechos humanos asesinadas solo en enero, “todas vinculadas a la defensa de la tierra, el territorio y el medio ambiente”, además de 13 masacres. Dos de estos líderes habitaban en el departamento del Cauca. 

El conflicto armado ha obligado a miles de campesinos e indígenas a abandonar sus tierras. “Desafortunadamente en nuestro país el gobierno no apoya al sector campesino, entonces hay personas que no tienen cómo ponerlas a producir. Hay muchos que, debido a la violencia, dejaron la tierra y se la arrendaron a Cartón Colombia por cantidades irrisorias”, asegura Juan Sánchez, campesino que ha participado en la recuperación de tierras. 

De hecho, la Contraloría General de la República (CGR) “ha señalado que las manifestaciones de violencia del conflicto colombiano, entre ellas el desplazamiento forzado, guardan una relación de funcionalidad con intereses socioeconómicos ” según el informe nacional de desplazamiento forzado

Testimonios de campesinos y comunidades indígenas responsabilizan a las grandes empresas y las multinacionales, incluyendo a Smurfit Kappa, de sacar provecho del conflicto para apoderarse de sus tierras en el Cauca y en el Valle del Cauca, con el fin de expandir sus negocios y su capital. 

En el 2017 se presentó un caso donde el Tribunal de Restitución de Tierras de Cali falló a favor de la familia Rivera; ordenó la restitución de 78 hectáreas adquiridas por Reforestadora Andina S.A., filial de Smurfit (Cartón de Colombia). En el fallo se determinó “que esa compañía sí obtuvo provecho de la situación de violencia, adquiriendo, como aquí aconteció, predios a un precio que era fijado unilateralmente por ella”. 

Este caso, sin embargo, es más la excepción que la regla. El proceso que busca restituir sus tierras a las víctimas a nivel nacional se encuentra bastante retrasado. Dentro del Acuerdo de Paz se pactó la adjudicación de 3 millones de hectáreas y la legalización de 7 millones. Pero hasta el momento solo se han adjudicado 235.000 hectáreas y legalizado alrededor de 2 millones, según el informe de la Contraloría del 2021

Además de los lentos avances en la reforma rural, evidentes en los reportes presentados, una investigación realizada por La Silla Vacía, argumenta que se han inflado las cifras ya que la Agencia Nacional de Tierras (ANT) no diferencia entre predios legalizados y adjudicados. Esto demuestra lo lejos que está el país de resolver los conflictos territoriales o facilitar las condiciones necesarias para el sustento de familias campesinas e indígenas. 

En Colombia el 80% de las tierras pertenece al 1% de la población, entre ellos Smurfit Kappa, que es un actor muy poderoso en el acaparamiento de tierras

Un problema común al que se enfrenta el país para cumplir con el Acuerdo de Paz es la falta de predios disponibles a causa del acaparamiento. “En Colombia el 80% de las tierras pertenece al 1% de la población, entre ellos Smurfit Kappa, que es un actor muy poderoso a nivel tanto regional como nacional en el acaparamiento de tierras. El pueblo  Misak sabe que no va a ser fácil que Smurfit Kappa venda estas tierras para que el Estado las devuelva a las comunidades que están en esta recuperación”, asegura Velasco, secretario general de AISO. 

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Dos hombres de la comunidad indigena Misak cargan madera desde el área en disputa con la multinacional Smurfit Kappa. Durante seis meses de actividad por la recuperación de la tierra, los Misak talaron más de 1.000 hectáreas de monocultivos como acto de protesta. Cajibío, Cauca, Colombia.

“> Dos hombres de la comunidad indigena Misak cargan madera desde el área en disputa con la multinacional Smurfit Kappa. Durante seis meses de actividad por la recuperación de la tierra, los Misak talaron más de 1.000 hectáreas de monocultivos como acto de protesta. Cajibío, Cauca, Colombia.

Dos hombres de la comunidad indigena Misak cargan madera desde el área en disputa con la multinacional Smurfit Kappa. Durante seis meses de actividad por la recuperación de la tierra, los Misak talaron más de 1.000 hectáreas de monocultivos como acto de protesta. Cajibío, Cauca, Colombia.

Recuperar el territorio, para recuperarlo todo 

La lucha del pueblo Misak es una lucha histórica en contra del despojo que han sufrido una y otra vez los pueblos indígenas a costa del beneficio de conquistadores, latifundistas y multinacionales. “Nuestros abuelos nos contaban que de aquí nos desalojaron para las montañas, porque en ese tiempo antiguo la gente no tenía educación, no sabía leer. Así fueron desalojando y desalojando desde aquí hasta Santander (de Quilichao)”, relata Taita Jose.

Por décadas, las comunidades fueron despojadas a través de escrituras públicas y convertidas en terrajeros, donde debían pagar con su trabajo el derecho de vivir en las tierras que les fueron arrebatadas. 

“Mi abuelo se murió siendo terrajero a los 90 años y él le contaba a mi papá cómo en los tiempos del terraje tenían a la gente como esclavos. Les hacían cargar cosas pesadas y los trataban mal, como si fueran animales”, continúa Taita Jose. 

Floresmiro, hoy encargado del laboratorio del centro de plantas medicinales de la casa Payan, relata cómo su madre usaba la hoja de coca para apaciguar el hambre mientras trabajaba como terrajera en las haciendas. 

Esta forma de explotación tuvo lugar hasta la década de los setenta y su final está ligado a la formación del movimiento indígena y a la lucha por la tierra. 

“Desde los ochenta nos despertamos porque estas son nuestras tierras y así fuimos a recuperar la hacienda las Mercedes, pero no nos alcanza. Yo tengo seis hijos y el pedazo que tengo no es suficiente para poder trabajar y subsistir. Por eso seguiremos resistiendo”, comenta Taita Jose. 

Bajo el eslogan “recuperar el territorio para recuperarlo todo”, la comunidad Misak defiende su derecho sobre las tierras de sus ancestros en el departamento del Cauca

En la actualidad y bajo el eslogan “recuperar el territorio para recuperarlo todo”, la comunidad Misak continúa defendiendo su derecho sobre las tierras de sus ancestros en el departamento del Cauca. 

Varias hectáreas fueron recuperadas en las décadas de los ochenta y los noventa, facilitando la consolidación del resguardo de Guambia. Terratenientes y ganaderos fueron expulsados de haciendas como Las Mercedes donde hoy se encuentra la Casa de la Memoria Payán, la Casa de la Medicina Tradicional y la Universidad Misak. Esta transformación en el uso del territorio conecta la recuperación de tierras con la recuperación de la tradición y la cultura que se vieron afectadas por la prohibición de sus prácticas durante el despojo. 

A pesar de los avances que han logrado los Misak para adquirir un acceso justo a la tierra, varios miembros de la comunidad aseguran que los parámetros de los resguardos son insuficientes para su población conformada por 21.000 personas según el censo de DANE del 2005. 

“El debate no es solo sobre el pedazo de tierra, el debate es sobre la justicia […] los pueblos afro e indígenas tenemos derecho al acceso a la tierra. Los campesinos también tienen derecho a la Unidad Agrícola Familiar. Pero nadie les ha cumplido en Colombia”, explica Velasco. 

De acuerdo con indepaz la mitad de la superficie del departamento del Cauca está en terrenos de más de 50 hectáreas y le pertenecen al 3% de su población. Mientras que la mayoría de campesinos, indígenas y afrodescendientes de la región habitan en parcelas de alrededor de una hectárea en promedio, parámetro bastante inferior a lo estipulado por la Unidad Agrícola Familiar (UAF), medida usada para determinar la cantidad mínima de hectáreas necesaria para subsistir. Aunque la UAF cambia de una región a otra, para el Cauca está estipulada entre 4 y 14 hectáreas. 

La desigualdad pronostica que los conflictos por el acceso a la tierra retomarán fuerza en los próximos años

La desigualdad visible no solo en la región sino a lo largo del país, al igual que la inadecuada implementación del Acuerdo de Paz, pronostican que los conflictos por el acceso a la tierra retomarán fuerza en los próximos años. “Nosotros cultivamos para la gente del pueblo, sacamos papa, cebolla, frijol, maíz, café. Si nosotros no trabajáramos, no habría alimento. Nosotros no sacamos madera sino alimento para la gente”, explica Taita Jose. “De aquí no nos sacan facilitó porque estamos plantados en los derechos de nuestro abuelos. Y seguiremos plantando porque esta es nuestra tierra”.  

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La versión en inglés de este reportaje se publicó aquí.




Fuente: Ctxt.es