November 20, 2022
De parte de Lobo Suelto
260 puntos de vista

Sin entrar en interpretaciones psicol贸gicas, la pol茅mica que se ha producido en torno a las declaraciones de Hebe de Bonafini merecen, creo, algunas reflexiones. Quienes hemos tomado una posici贸n cr铆tica frente a sus afirmaciones tambi茅n tenemos el deber de comprender qu茅 nos ha sucedido (y qu茅 le pudo haber sucedido a Hebe de Bonafini para que tan tozudamente, asumiendo todos los riesgos, dijera todo cuanto ha dicho)驴C贸mo no darnos cuenta que lo que las madres hacen y piensan depende de lo que nosotros hacemos, pensamos y sentimos? Es como si la sociedad hubiera delegado en las madres el sentir el dolor m谩s intenso del mundo. Y quedarnos cuerdos y racionales, con buenos sentimientos, como perfectos ciudadanos de la democracia. Porque si as铆 no hubiera pasado, ser铆a dif铆cil que los asesinos circulen todav铆a por nuestras calles: que fueran votados y ocupen el lugar que ocupan. 驴Eso, acaso, tambi茅n no nos vuelve locos? Hebe de Bonafini fue una de aquellas figuras que tuvo, junto con las otras madres, el coraje de enfrentar a la dictadura en la 茅poca donde el terror barr铆a a los argentinos y los acobardaba, y que las convirti贸 en un modelo nuevo en la historia de la resistencia contra la barbarie, y que hizo que la Argentina recuperara, por interp贸sito coraje, el que la poblaci贸n hab铆a perdido, entregada como estaba a la complicidad con el terror y el desprecio. El lugar que ocuparon las madres las llev贸 a tener tambi茅n la cabeza bien fr铆a all铆 donde millones la hab铆an perdido, y movidas por la desesperaci贸n y el pensamiento tomar la decisi贸n de enfrentar a los asesinos. Aquella 鈥渄esmesura鈥 tr谩gica, que llev贸 a los militares en cambio a calificarlas de 鈥渓ocas鈥, reserv谩ndose para s铆 la cordura asesina, tambi茅n esa cordura hizo presa a la poblaci贸n argentina. Y habr铆a que seguir pregunt谩ndose si este lugar empecinado que ahora una de ellas ocupa no es el resultado de la defecci贸n de esa misma sociedad que hizo posible que la injusticia y la impunidad triunfara. Que las madres no hayan encontrado la reparaci贸n necesaria de una justicia social que las consolara, y que depend铆a de todos nosotros para alcanzarla.

De alguna manera, al acogerlas en su seno y reivindicarlas, era tambi茅n en democracia, para muchos, una forma de aquietar la propia conciencia: ocupaban el lugar de la denuncia y de la resistencia que los dem谩s se daban el lujo de abandonar de s铆 mismos puesto que las hab铆a depositado en ellas. Las madres eran el lugar humano donde el m谩ximo dolor que ellas sent铆an ahorraba el nuestro: que no nos volvi茅ramos 鈥渓ocos鈥 como ellas. Raz贸n puramente raz贸n, sin dolor como fundamento. Donde el dolor de estas solitarias hubiera sido acogido por la sociedad toda y les hubiera dado el cobijo que como madres locas -locas de amor por sus hijos- necesitaban. Eso se llama justicia: el esfuerzo y la pasi贸n que la sociedad pone en juego para que la justicia se haga. Ser铆a la 煤nica forma de acompa帽arlas en el sentimiento. Uno puede explicarse -sin acompa帽arla en sus ideas ni justificarla- por qu茅 Hebe de Bonafini piensa lo que piensa y siente lo que siente. Cuando esa reparaci贸n no ha existido, cuando el doloroso afecto no se ha expandido para transformar ese dolor en raz贸n y en justicia, es pensable que en ella esos sentimientos desbordantes, no acogidos como propios en cada ciudadano, permanezcan actualizando su pasi贸n enardecida en algo parecido a lo que significa el retorno, aunque imaginario, al 鈥渙jo por ojo y diente por diente鈥 de las sociedades donde la venganza ocupaba el lugar de la justicia ausente. Este ensimismamiento de Hebe de Bonafini, sin otros (hasta separarse del pensamiento de tanta gente de izquierda que la respetan y que la acompa帽贸 siempre) debe ser comprendido, aunque no lo aceptemos. Cuando Verbisky dice: 鈥淣o la he elegido como enemigo ni me alegra este debate ineludible鈥 plantea algo muy cierto. Hay un debate ineludible que viene postergado desde el fondo del recurso a la violencia extrema de algunos grupos de izquierda en los a帽os 70. Y tambi茅n el de si un jud铆o pod铆a defender la existencia del Estado de Israel y ser al mismo tiempo revolucionario y jud铆o. Este antisemitismo [y esta violencia] es anterior a la defensa de los Derechos Humanos. Mejor dicho, de ese debate postergado depende la diferencia de lo que llamamos derechos humanos, los supuestos de los cuales cada uno parte. Debemos plantear entonces el lugar obturado en la izquierda sobre su propio pasado. Al hablar de la violencia de los talibanes sobre las torres es como si se repitiera ese mismo interrogante sobre la violencia y sobre los jud铆os que qued贸 planteado en los a帽os 70. Y esto no nos remite a la teor铆a de los dos demonios. Quizas debamos ahora hablar de lo m谩s penoso, pero es preciso hacerlo.驴Qui茅n tiene el monopolio del dolor m谩s hondo como para elevar a lo absoluto la verdad que le asigna a su propia conducta? Muchos de nosotros tambi茅n hemos perdido amigos del alma cuyas muertes seguimos llorando. As铆 como el perd贸n no existe para el asesinato, porque son los asesinados los 煤nicos que podr铆an hacerlo y ya no est谩n vivos, tampoco tenemos derecho nosotros -nadie lo tiene- a hablar por los muertos. 驴Estamos seguros que ellos apoyar铆an hoy el atentado a las torres? Yo no s茅 qu茅 dir铆an ellos si pudieran tener la perspectiva que nosotros tenemos sobre lo acertado o fracasado de su propio empe帽o. Pero si s贸lo nos quedamos aferrados al instante del horror asesino que les suprimi贸 la existencia, y ocupamos el lugar de los muertos siendo que somos nosotros los que estamos vivos 驴qu茅 culpa nutrida por el dolor m谩s intenso nos impide permanecer pensando nuestra realidad actual desde nosotros mismos? 驴Y hasta discutir quiz谩s, porque los quisimos tanto, la conducta que ellos tuvieron? Esto no significa dejar de sentir el odio m谩s profundo contra los asesinos. 驴Pero repetiremos necesariamente la concepci贸n pol铆tica que les arranc贸 la vida? 驴Preservar la vida y seguir luchando no es un requerimiento tambi茅n de la izquierda? Nosotros tenemos s贸lo un privilegio: sabemos aquello que los muertos no sabr谩n nunca de s铆 mismos, porque no han podido sufrir el dolor que nosotros sentimos al perderlos. Y ese querer que est茅n vivos nos corroe el alma. Querr铆amos corregirlos, es cierto, como si cre谩ramos las condiciones donde ese sacrificio no hubiera ocurrido y no siga ocurriendo. 驴Qu茅 no dar铆amos por sentirlos nuevamente a nuestro lado gozando la belleza de sus vidas idas? Y esto lo decimos compartiendo con Hebe de Bonafini el dolor que ella ha sentido, cada uno con sus propias im谩genes, sus cercan铆as y sus propios recuerdos. 驴Pero es amarlos menos pensar que desde ellos otra pol铆tica es posible?




Fuente: Lobosuelto.com