July 9, 2021
De parte de Nodo50
205 puntos de vista


Yayo, en m煤ltiples ocasiones se te presenta como una formidable 鈥揺 incre铆blemente pedag贸gica鈥 activista ecofeminista. 驴Podr铆as dar una definici贸n de ecofeminismos y explicar por qu茅 te sedujeron a ti personalmente?

Todos los ecofeminismos plantean la existencia de un potencial di谩logo entre los ecologismos y los feminismos para abordar de una forma mucho m谩s compleja y mucho m谩s potente y sin茅rgica las cuestiones de las que cada uno de los movimientos se ocupa por separado. Hablamos de ecofeminismos porque hay diferentes maneras de encarar este di谩logo. 驴Y por qu茅 me sedujo a m铆? Yo hab铆a llegado al ecologismo consciente de que los seres humanos somos completamente dependientes de la naturaleza de la que formamos parte y de que vivimos en sociedades conformadas por econom铆as y pol铆ticas que socavan directamente las propias bases de la vida humana y del resto del mundo vivo. Y cuando empec茅 a ver c贸mo los an谩lisis feministas planteaban la radical vulnerabilidad de cada vida humana en solitario y que no solamente somos seres ecodependientes, sino tambi茅n interdependientes, me di cuenta de que, en efecto, los problemas de sostenibilidad de la vida humana no se pueden abordar pensando solo en las relaciones con la naturaleza, sino que tambi茅n hay que pensar en las propias relaciones entre las personas. Me pareci贸 que la mirada ecofeminista, al poner en di谩logo ambas miradas, me permit铆a comprenderme mucho mejor como especie y como persona, as铆 como comprender mucho mejor el sentido relacional de la vida en su conjunto.

驴Podr铆as elaborar una explicaci贸n de la relaci贸n entre la crisis de los cuidados y la crisis ecol贸gica de la que has empezado a hablar?

Suelo decir que estamos viviendo un momento de verdadera guerra contra la vida. Lo que llamamos desarrollo, las din谩micas que consideramos de progreso, se construyen directamente en contra de las bases materiales que sostienen la vida. Y eso nos lleva a preguntarnos c贸mo son esas bases materiales. Somos naturaleza. Y eso significa que debemos asumir que somos parte de un entorno f铆sico que tiene l铆mites. Nuestro planeta tiene l铆mites f铆sicos tanto en aquello que se suele denominar no renovable, es decir, lo que existe en una cantidad limitada en la corteza terrestre, como en lo que llamamos renovable, porque nuestra vida se organiza en flujos y ciclos que tienen su propio ritmo. Y estos ritmos chocan de manera frontal con las din谩micas expansivas y veloces de lo que se ha constituido como nuestro modelo de producci贸n de bienes y servicios. Un modelo que, de forma mayoritaria y hegem贸nica, en este momento es el capitalista. Para poder sostener el metabolismo de este sistema, hace falta extraer cantidades ingentes de materiales y energ铆a, y se han llegado a alterar algunos de los ciclos naturales que nos sostienen y que explican por qu茅 existimos como especie.

Adem谩s, no solo somos seres ecodependientes y, por tanto, sujetos a los l铆mites biof铆sicos del planeta, sino que, como dec铆amos antes, somos seres interdependientes. Es decir, cada persona, desde que nace hasta que muere, depende absolutamente de que haya otros seres humanos que cuiden de ese cuerpo vulnerable en el que vivimos encarnados, sobre todo en algunos momentos del ciclo vital. La cultura dominante permanece ajena no solo a los l铆mites, sino tambi茅n a la inmanencia y la vulnerabilidad de cada cuerpo en solitario. Ha construido una especie de idea de transcendencia, como si cada uno de nosotros pudi茅ramos concebirnos como emancipados de la naturaleza y de nuestro propio cuerpo. No es as铆. Vivimos en la naturaleza y vivimos en nuestro cuerpo, que envejece, que enferma, que tiene que ser cuidado. Y si es posible que algunas personas piensen que pueden vivir emancipadas de la naturaleza y del cuerpo, es porque en otros lugares hay sujetos subordinados, invisibilizados, que se ocupan de sostener esa vida. En el caso de las sociedades patriarcales, han sido mayoritariamente las mujeres quienes se han ocupado de sostener los cuerpos. Y en muchas ocasiones lo hacen en condiciones de falta de libertad, obligadas por mecanismos materiales y simb贸licos, como la noci贸n de deber o el mito del amor rom谩ntico, o bien por miedo. Es decir, son sujetos subordinados e invisibilizados, encargados de sostener la vida dentro de un sistema que la ataca.

Ante esta doble crisis que has explicado, 驴cu谩les son las soluciones propuestas por los ecofeminismos y a qu茅 retos se enfrentan?

Si hablamos de c贸mo salir de este atolladero en una publicaci贸n como Ecolog铆a Pol铆tica, obviamente no hay que contar la situaci贸n que atraviesa el planeta, aunque si fuera otro tipo de publicaci贸n s铆 ser铆a necesario. Porque un problema enorme de la crisis civilizatoria que afrontamos es que, a pesar de su manifiesta gravedad, permanece desapercibida pol铆tica y socialmente. Si nos planteamos desde un punto de vista ecofeminista c贸mo darle la vuelta a esta situaci贸n, pues tenemos que actuar en m煤ltiples dimensiones. El primer problema es trabajar para revertir cultural, pol铆tica y socialmente esa falsa divisi贸n que se ha creado dentro de las sociedades occidentales 鈥搚 posteriormente, por su influencia, en el resto del mundo鈥 entre la cultura y la naturaleza. Como si sociedad y naturaleza fueran dos cosas radicalmente diferentes. Esto significa que necesitamos hacer cambios profund铆simos tanto en los sistemas educativos como en la conformaci贸n de la noci贸n de econom铆a, que se mueve en el mundo de los valores abstractos y que ha cortado el cord贸n umbilical con la Tierra y los cuerpos.

El ecofeminismo se centra en una primera tarea que no parece propositiva, aunque lo es radicalmente: deconstruir los mitos y las creencias que nos han llevado a esta situaci贸n tan complicada. Mitos y creencias como la noci贸n de producci贸n, la idea del crecimiento ilimitado, el tema del individualismo y la falsa independencia, la patologizaci贸n de la dependencia鈥 Son ideas o categor铆as con las que las personas actuamos en el mundo y tomamos decisiones. La deconstrucci贸n de esas nociones es absolutamente fundamental. Y luego necesitamos infundir de ecofeminismo un mont贸n de l铆neas. Por ejemplo, la ciencia. El mundo de la ciencia y la tecnolog铆a ha crecido muy anclado en visiones mecanicistas seg煤n las cuales el planeta funciona como si fuera un gran mecano y en otras que han apartado toda una serie de conocimientos importantes. Muchos de estos conocimientos se han tejido en el marco invisible de los hogares, y tambi茅n en las culturas de los pueblos originarios. Se trata de conocimientos y sabidur铆as despreciados, y creo que en este momento es imprescindible incorporarlos en los sistemas cient铆ficos para reorientar una tecnolog铆a que, en muchos casos, es responsable de los problemas que afrontamos.

La segunda pata important铆sima es la econom铆a. Creo que la confluencia entre las econom铆as ecol贸gica y feminista aporta mucha luz para unirse a otras miradas emancipadoras que puedan recomponer los sistemas econ贸micos. Esto implica hacerse tres preguntas: 驴cu谩les son las necesidades que hay que satisfacer para todos y todas?; 驴cu谩les son los bienes que hace falta producir?, y, por 煤ltimo, 驴cu谩les son los trabajos socialmente necesarios? Cuando lo pensamos desde el punto de vista de las necesidades, por un lado, damos valor y ponemos en el foco de la prioridad algunas tareas que ahora mismo est谩n subvaloradas e invisibilizadas. Y, por otro lado, quitamos de esa mirada prioritaria muchas otras actividades que ahora mismo se manifiestan como da帽inas. Y esto hay que hacerlo con procesos de transici贸n adecuados porque las muchas personas que trabajan en esos sectores o en esas mal llamadas producciones, que van en contra de la vida, tienen que ser protegidas y reincorporadas en el metabolismo social con funciones que no sean destructivas, sino que puedan ayudar a la recomposici贸n.

Tambi茅n tenemos que incidir en la pol铆tica. Es decir, colocar la vida en el centro significa dar prioridad pol铆tica a cosas muy diferentes. Significa pensar de otro modo en la seguridad, que ya no ser谩 el blindaje de las 茅lites y de los negocios, sino el blindaje de la satisfacci贸n de las necesidades de las personas en un planeta que tiene l铆mites f铆sicos y que compartimos con el resto del mundo vivo. Asimismo, implica priorizar y repartir un poco no solamente la riqueza, sino todos los trabajos y todas las obligaciones que comporta el mantenimiento de la especie. No somos solo las mujeres quienes tenemos que sostener cotidianamente la vida. Si nadie puede vivir sin cuidados, nadie debe poder vivir sin cuidar. Y los hombres y las instituciones se tienen que responsabilizar de ello. Pensar el mundo de un modo ecofeminista tambi茅n implica pensar en el marco de los derechos. Adem谩s de existir derechos individuales, los derechos tienen una dimensi贸n profundamente relacional. Si alguien tiene derecho a poseer cuanto se le antoja en un planeta con l铆mites f铆sicos, es porque hay personas que son despose铆das de ese derecho. Si los derechos no son universalizables, en realidad legitiman un sistema de privilegios que directamente expulsa de la vida, o expulsa a sus m谩rgenes, a las mayor铆as sociales que no pueden llegar a los m铆nimos. Por lo tanto, creo que tenemos por delante una tarea importante, una tarea de cambio civilizatorio, que no es f谩cil, que no es sencilla, y a la que tenemos que sumar mayor铆as sociales como sea, pero en la que nos va much铆simo.

Dado que los ecofeminismos, adem谩s de teor铆a social, son movimientos sociales que a veces cuesta identificar, 驴qu茅 luchas ecofeministas concretas existen, tanto en pa铆ses del Sur como en pa铆ses m谩s ricos?

En el Sur hay much铆simos ejemplos. Ahora mismo tenemos abiertos m煤ltiples conflictos de corte ecosocial protagonizados por mujeres. Por ejemplo, existen conflictos extractivistas pr谩cticamente en todo el mundo, pero sobre todo en Am茅rica Latina, en Asia y en 脕frica, donde las mujeres ejercen un papel protagonista enorme. Muchos de ellos no son movimientos autodenominados ecofeministas, sino movimientos protagonizados por mujeres que, precisamente por estar en esos movimientos, van alcanzando nuevas cuotas de poder en sus comunidades.

M谩s dif铆cil es caracterizarlos en el Norte. Pero los hay. Por ejemplo, el movimiento animalista est谩 abrumadoramente protagonizado por mujeres. En los procesos neoextractivistas que se est谩n proyectando aqu铆, hay una importante presencia de mujeres, como por ejemplo en el movimiento antifracking en el norte de la Pen铆nsula. Tambi茅n es muy grande la presencia de mujeres en todo lo relacionado con el tema de los alteradores hormonales. Encontramos much铆simas mujeres articuladas en torno al problema de los productos qu铆micos que influyen en la salud de las personas. Por no hablar del campo de la agroecolog铆a. Todo lo que tiene que ver con la alimentaci贸n saludable, tanto en el campo como en la ciudad, cuenta con una presencia de mujeres enorme. Pero incluso si nos enfocamos en las sociedades urbanizadas, encontramos movimientos que no se identifican claramente como ecofeministas porque el entorno urbano no es un entorno natural. Pero no es casual que los movimientos, por ejemplo, en defensa de la vivienda tengan participaci贸n mayoritariamente femenina. Porque la vivienda, y el urbanismo, es el aspecto m谩s territorial del marco urbano.

Fuente: Revista Ecolog铆a Pol铆tica.

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Fuente: Elviejotopo.com