July 31, 2021
De parte de La Haine
302 puntos de vista


Las protestas ofrecen lecciones a todos los que quieran leerlas.

La mayor铆a de las opiniones circulantes sobre las protestas del 11 de julio en Cuba, en particular las que rechazan el desorden y la violencia, as铆 como las que interpretan y proponen soluciones al conflicto, deben tener su cuota de raz贸n. Muchas reflejan preocupaci贸n y compromiso c铆vico ante problemas que van m谩s all谩 del inter茅s personal. Vistas as铆, ser铆an una se帽al de 鈥減egamento social鈥, de participaci贸n ciudadana y de consenso. Al mismo tiempo, son el espejo de una conflictividad nada despreciable.

En este breve espacio, evitar茅 discutir interpretaciones bien o mal intencionadas, experiencias vividas, le铆das o escuchadas, recomendaciones al gobierno, etc. Me propongo apenas dar un paso atr谩s, para examinar en fr铆o algunos problemas b谩sicos, entre los muchos que tenemos por delante. 

驴Qu茅 significan las protestas?

Si le pregunt谩ramos a 脡mile Durkheim, uno de los fundadores de la Sociolog铆a, cu谩l es la naturaleza de estas protestas, podr铆a responder que se trata de un caso cl谩sico de anomia. La anomia define una situaci贸n donde se desintegran normas y valores previamente establecidos; una reacci贸n t铆pica de per铆odos de cambios dr谩sticos y r谩pidos en las estructuras sociales, econ贸micas o pol铆ticas de la sociedad. Los grupos sociales que experimentan reacciones an贸micas pueden sentirse desconectados, como si no pertenecieran a su sociedad, y como si esta no valorara su identidad. La anomia puede provocar falta de prop贸sito, desesperanza, y alentar la desviaci贸n y el delito. He subrayado intencionalmente algunas palabras clave en esta definici贸n cl谩sica, que es el ABC de la sociolog铆a.

En Cuba, hemos estado atravesando un proceso de transici贸n durante m谩s de dos d茅cadas, caracterizado por cambios profundos en las estructuras sociales y en la vida econ贸mica de las personas, pero tambi茅n en las relaciones entre la sociedad civil y el poder pol铆tico. Entre otros cambios, digamos, est谩 la propia idea del socialismo, que ahora incorpora concepciones diferentes a las defendidas durante medio siglo, as铆 como pol铆ticas in茅ditas. Esta transici贸n ha hecho visible una crisis de normas y valores, ampliamente debatida en diversos espacios y medios p煤blicos. Asimismo, se ha apuntado el debilitamiento del sentido de pertenencia; y la reproducci贸n de la marginalidad y sus conductas t铆picas, dentro de barrios y grupos sociales subalternos, pero tambi茅n la proliferaci贸n del delito en otros espacios sociales e institucionales, donde crece la corrupci贸n. En cuanto a la desesperanza, el arte y la literatura difundidos en la Isla son un buen espejo.

En otras palabras, lo que ocurre en Cuba es una anomia que no nos deber铆a coger de sorpresa, porque sus factores y manifestaciones no han permanecido ocultos ni amordazados, como cualquiera puede comprobar sin tener para eso que leer las redes sociales o los peri贸dicos antigobierno. Ha estado ah铆, delante de todos, analizada y comentada durante demasiado tiempo, para preguntarnos ahora de d贸nde salen las protestas, como si fueran un trueno en un cielo despejado. Habr铆a que preguntarse m谩s bien por qu茅 no han ocurrido antes.

驴C贸mo es que la oposici贸n cubana, en la Isla y en Miami, apertrechada con los manuales de guerra no convencional de moda, y la misma CIA, no hayan logrado desencadenar algo as铆 hasta ahora? 驴Y por qu茅 precisamente ahora? 驴Y porqu茅 dur贸 lo que un suspiro?. Durkheim recurrir铆a a otro concepto que comparten las Ciencias Sociales y la ingenier铆a civil: la fatiga. Despu茅s de a帽o y medio de COVID-19 y de seis meses de colas para comprar productos b谩sicos 鈥攃omo dir铆a el Dr. Dur谩n鈥 todos somos m谩s vulnerables.

驴Qu茅 le pasa al nuevo gobierno?

Antes he apuntado que el consenso se ha hecho m谩s heterog茅neo y contradictorio en Cuba, que ha incorporado el disentimiento, y que el gobierno cubano lo sabe. Antes de tomar posesi贸n como presidente, Ra煤l reconoci贸 que el liderazgo del fundador de la Revoluci贸n, Fidel, no se heredaba. D铆az-Canel, que ya estaba en el Bur贸 Pol铆tico en tiempos de Fidel, tambi茅n lo pudo saber; y en todo caso, lo ha experimentado en carne propia desde que tom贸 posesi贸n en 2018. De hecho, la continuidad ha conllevado maneras diferentes a como lo hicieron antes los hist贸ricos. Las circunstancias, que son el referente de la pol铆tica, ya se los hab铆a impuesto a ellos antes de que se retiraran.

Subrayo lo del nuevo gobierno, porque si se postula que esta es 鈥渓a misma Cuba de Fidel y Ra煤l鈥 se pueden construir met谩foras literarias ocurrentes, pero dif铆cilmente entender el proceso pol铆tico y social del pa铆s. Este gobierno ha procurado construir su propio consenso desde el principio, en vez de descansar sobre lo que algunos llaman 鈥渆l capital pol铆tico鈥 de la Revoluci贸n. Sin embargo, la vara de medir los cambios ya es otra.

En efecto, el nuevo gobierno ha propuesto reformas sin precedentes desde 1960, empezando por una nueva Constituci贸n, que admite una econom铆a mixta, con mercados y sector privado, y que les otorga una autonom铆a in茅dita a los poderes locales. Su nuevo estilo, aprendido dirigiendo provincias, enfatiza la interacci贸n entre el nivel central y local; y pone a ministros menores de 60 a帽os a explicar problemas y responder preguntas en la televisi贸n. A diferencia de per铆odos precedentes, los ciudadanos pueden identificarlos por sus nombres, juzgarlos, elogiarlos o burlarse abiertamente de ellos.

No ha habido antes un momento como este en t茅rminos de libertad para criticar al gobierno, en las redes sociales, pero tampoco en los medios p煤blicos, ni para acceder a informaci贸n de fuentes muy diversas, incluidas las de la oposici贸n; tampoco una mayor libertad para entrar y salir del pa铆s. El Art铆culo 56 de la Constituci贸n aprobada en 2019 establece el derecho de asociaci贸n y manifestaci贸n p煤blica. De hecho, una ley de manifestaciones estaba prevista en el calendario legislativo para octubre de 2020 鈥攑ospuesta, junto a otra docena de proyectos de ley a causa del coronavirus. A pesar de todo, la vara de medir predominante, sobre todo la que viene de Miami, dictamina que este gobierno ha hecho much铆simo menos de lo que deber铆a. Seg煤n esa vara, su vaso estar铆a casi vac铆o.

Por si fuera poco, despu茅s de a帽o y medio concentrado en una formidable crisis de seguridad humana a nivel global llamada pandemia, sin recursos ni alianzas protectoras como las de anta帽o, a este gobierno le ha tocado lidiar con las mayores manifestaciones de descontento ocurridas desde 1994. Bajando por las calles de San Antonio de los Ba帽os, el Presidente D铆az-Canel debe haber recordado, como todos los que vivimos el verano de 1994, a Fidel seguido por un mar de gente, San L谩zaro abajo, para controlar aquel brote de anomia en el Malec贸n, sin armas ni fuerzas especializadas en enfrentar disturbios. De cierta manera, 茅l hizo exactamente lo mismo que Fidel: personarse en el lugar de los hechos, y convocar a los revolucionarios a tomar las calles y enfrentar la violencia, por la fuerza, en caso de ser necesario. Y tambi茅n tuvo su mar de revolucionarios en el Malec贸n.

Los mismos medios, sin embargo, pueden producir resultados diferentes en otras circunstancias. Darse cuenta le tom贸 algunas horas. Pero su primera consigna se cumpli贸 al pie de la letra, no solo por la polic铆a, sino por las organizaciones convocadas. En la acera de enfrente, la derecha, como el 27 de noviembre de 2020, capitaliz贸, al menos en los medios extranjeros, el descontento, y arrim贸 la brasa a su sardina. La cl谩sica escalada de violencia que estudian los expertos en resoluci贸n de conflictos [1] no se hizo esperar, aunque en este caso ya estaba preparada y pagada desde Miami.

No podr铆a imaginarse un escenario m谩s complicado para mantener la ruta trazada en el VIII Congreso del Partido, hace apenas 90 d铆as.

 驴Qu茅 violencia y c贸mo?

En un pa铆s modelo para muchos en materia de estabilidad, respeto ciudadano y orden interior, como Jap贸n, no son raras las protestas ante la brutalidad policial contra los nacionales o extranjeros, o el racismo. Un grupo de protestantes 鈥渆xtranjeros鈥 (o sea, coreanos) puede reunir a su alrededor una nube de polic铆as ataviados como personajes de la Guerra de las galaxias, con cascos y armaduras de policarbonato, escudos blindados y tonfas.

Estamos habituados a ver im谩genes de manifestaciones violentas en otros pa铆ses. Los que tiran piedras son parte del pueblo, que se rebela contra la injusticia; los que le tiran chorros de agua a presi贸n desde veh铆culos antidisturbios, gases lacrim贸genos, balas de goma, o de verdad, son las fuerzas represivas. Estas im谩genes globales no discriminan entre pa铆ses como Chile, Colombia, Sud谩frica, Kirguist谩n o los EEUU, sin ahorrarse los cientos de heridos y docenas de muertos que son su saldo.

Las fotos y videos que circulan en medios 鈥攃omo BBC Mundo鈥 por encima de toda sospecha de colusi贸n con el 鈥渞茅gimen cubano鈥, revelan que ni la Polic铆a Nacional Revolucionaria (PNR), que aqu铆 en Cuba es la 煤nica instituci贸n policial, ni las tropas especiales del Ministerio del Interior (MININT) o las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), despliegan esos recursos. Seguramente en el Instituto de Ciencias Policiales del MININT se aprende c贸mo enfrentar escenarios de violencia. Pero ninguna clase o ejercicio equivale a lidiar con 700 personas enardecidas (una gota en el mar) marchando por la calle, bajo el sol del verano 鈥攏i de hacerlo por la fuerza si es necesario鈥 aunque sus instrucciones indiquen evitar producirles lesiones o usar medios letales.

Este no es un detalle t茅cnico ni circunstancial. Entre las im谩genes de las protestas que se hicieron virales en las redes sociales, una docena de manifestantes pone ruedas arriba un auto de la polic铆a, e incluso otros veh铆culos, les salta encima y los destroza. En contraste con cualquier capital de Am茅rica Latina, no se ven fuerzas que impidan estas agresiones a la autoridad, y que los repriman en ese momento. Al mismo tiempo, algunos polic铆as y civiles, convocados a movilizarse en el teatro del enfrentamiento, incurrieron en algunos excesos.

Entre los pocos datos disponibles para medir la violencia f铆sica est谩 el saqueo de tiendas, en Moneda Libremente Convertible (MLC) y en pesos cubanos (CUP). No hubo ninguno en San Antonio de los Ba帽os; ni tampoco en La Habana hasta despu茅s de la comparecencia televisiva del presidente D铆az-Canel (4:30pm). De los 28 asaltos registrados hasta esa hora, realizados por la mismas hordas pagadas, el 68% (19) ocurri贸 en Matanzas, la provincia m谩s afectada por la pandemia; casi todos en C谩rdenas (13), donde la combinaci贸n entre la ca铆da del turismo de Varadero m谩s la cuarentena ha golpeado un nivel de vida relativamente m谩s alto que el de otros lugares de la provincia. En ese lapso, solo hubo saqueos significativos (4) en Col贸n (Matanzas), y G眉ines (Mayabeque); y otros dispersos en Holgu铆n, Bayamo, G眉ira (1).

La polarizaci贸n social que evidencia esta violencia es inversamente proporcional a la unidad, o sea, a la construcci贸n de consenso. Adem谩s, repercute negativamente en la imagen del pa铆s, lo que opera a favor de la piedra angular de la pol铆tica de EEUU: el aislamiento. Evitar que la batalla ganada en la ONU se pierda en las calles de C谩rdenas o el Paseo del Prado es tambi茅n un inter茅s nacional.

Despu茅s de haberlo probado todo con Fidel y Ra煤l, y 25 a帽os despu茅s del fin de la Guerra Fr铆a, Barack Obama y su gobierno consideraron que esa pol铆tica era ineficaz, seg煤n su inter茅s nacional. Sin embargo, aunque Joseph Biden, vicepresidente de aquel gobierno, apoy贸 la normalizaci贸n, las cosas han cambiado para ellos. 驴Y si D铆az-Canel, sin la sabidur铆a y experiencia de 鈥渓os Castro鈥, no fuera capaz de lidiar, en este momento de vulnerabilidad, con la crisis cubana? Podr铆an razonar que es mejor no bajarle ahora mismo la candela al bloqueo, sino dejar que siga cocinando la Isla a fuego lento. Como se dir铆a en cubano: 驴cu谩l es el apuro?

Las protesta, aunque peque帽as en comparaci贸n con las de cualquier pa铆s capitalista, ofrecen lecciones a todos los que quieran leerlas. Podr铆an ense帽ar a algunos economistas que el 茅xito de las reformas no depende solo de resolver t茅cnicamente la planificaci贸n, el mercado, la empresa estatal socialista o el sector privado, sino de abordar problemas como la redistribuci贸n del ingreso, la estratificaci贸n del consumo, los espacios econ贸micamente 鈥渓uminosos鈥 u 鈥渙scuros鈥 colindantes, las desigualdades y retrancas territoriales y locales, el estado de las fuerzas productivas llamadas los trabajadores.

Han demostrado adem谩s a los pol铆ticos que el problema de la unidad nacional es el del consenso, y que no se resuelve 煤nicamente con convocatorias y movilizaciones de millones de revolucionarios, sino mediante el di谩logo sostenido con todos los ciudadanos. Han evidenciado a los aparatos del Partido, una vez m谩s, que la eficacia de un sistema de medios p煤blicos no es ideol贸gica, sino pol铆tica, y que se mide por su credibilidad y capacidad de convencimiento (a los no convencidos, naturalmente). Han confirmado que las fuerzas del orden pueden proveer primeros auxilios a los brotes de violencia, pero a costa de otros da帽os, y que no son ellas las que deber铆an lidiar con los problemas sociales y pol铆ticos donde se arraiga el disentimiento. Finalmente, les ha demostrado a los pol铆ticos estadounidenses que sus alianzas con esta oposici贸n belicosa y derechista refuerza la l铆nea dura de los dos lados.

El denominador com煤n de estas lecciones es la sociedad cubana, con sus luces y sus sombras, pero que sigue siendo socialista. Saber descifrar su presente, sin hojas de ruta bipolares, decidir谩 lo que vendr谩.

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Nota: 1. 鈥淰iolencia y soluci贸n de conflictos鈥, en Revista Temas # 53, enero-marzo, 2008.

http://calpu.nuevaradio.org/?p=209




Fuente: Lahaine.org