June 22, 2022
De parte de Lobo Suelto
16 puntos de vista

La noche anterior hab铆a estado comiendo pizza y tomando cerveza hasta tarde con los estudiantes de su materia Teor铆a Social Latinoamericana. Se levant贸 tempranito, algo cansado, se dio una ducha y baj贸. Cruz贸 la calle Defensa y entr贸 al Bar Brit谩nico, de donde era habitu茅. Pidi贸 caf茅 con leche con medialunas, revis贸 los diarios y se indign贸 por las cosas de siempre. El maltrato de la lengua pol铆tica, la banalidad de la l贸gica comunicativa, las dificultades de un pa铆s que siempre agonizaba y la moralina de un republicanismo decadente que no hac铆a honor a su tradici贸n. Alej贸 los diarios con la mano y bebi贸 el 煤ltimo sorbo de su taza, con tanto descuido que un hilito de caf茅 se desprendi贸 de la comisura de sus labios y comenz贸 a bajar por su rostro hasta caer sobre su camisa. Maldijo levemente el episodio (estaba acostumbrado a estos sobresaltos, que eran producto de la desatenci贸n o el apuro), moj贸 una servilleta de papel en el vaso con agua y frot贸 levemente la tela hasta que la manchita se difumin贸, si no totalmente, en gran medida. Luego, con un adem谩n, balance贸 dos o tres veces el dorso de su mano derecha para repasar la zona afectada y eliminar los remanentes de papel achicharrado que, bajo el apremio de la humedad, se hab铆an desprendido de su cuerpo original para adherirse a la camisa en el lugar del incidente. R谩pidamente, olvidado el traspi茅, se puso a preparar su clase de Teor铆a Est茅tica y Pol铆tica. Ten铆a consigo un volumen de Jos茅 Mar铆a Ramos Mej铆a, Las neurosis de los hombres c茅lebres en la historia argentina, el cual le铆a con su particular estilo. 驴Cu谩l era su m茅todo? Leer en diagonal, pasando hojas con frecuencia regular y deteni茅ndose en ciertas palabras que llamaban su atenci贸n. Si en la l贸gica del algoritmo esas 鈥減alabras clave鈥 funcionan como descriptores clasificatorios que permiten al lector orientar su b煤squeda o ser guiado por su aritm茅tica secreta, en los ojos de Horacio Gonz谩lez, esas palabras eran signos que remit铆an a textos, linajes y problemas con los que establec铆a un 鈥渁sociacionismo salvaje鈥, una lectura capaz de saltarse las obviedades y encontrar relaciones insospechadas entre las cosas. Porque cada palabra recordaba algo que ya hab铆a sido le铆do o pensado. Toda la cultura le pertenec铆a, estaba incorporada en su propia vida. No porque ya no hubiera nada que lo sorprendiera o porque lo conociera todo, sino porque cada asunto que revest铆a la forma de una novedad pod铆a encontrar un anclaje, una relaci贸n posible con la historia. Y eso volv铆a su pensamiento tan sutil como creativo. Cada vez que se encontraba con una de esas palabras, deten铆a el pulso de la lectura. Incluso, a veces, se sacaba los anteojos y miraba la calle por el ventanal mientras elucubraba esas relaciones libres entre los conceptos, los hechos y los personajes del pensamiento universal. Hasta que, por fin, asentaba esas combinaciones nombrando su singularidad y convirti茅ndolas en su propio acervo de ocurrencias y amalgamas an贸malas. Una vez masticada la idea, Gonz谩lez se volv铆a sobre el servilletero de metal, hund铆a un dedo sobre el pil贸n de papel, presionando con destreza para que el resorte interno se mantuviera plegado, y cuando el mont铆culo descend铆a, tomaba una de las solapas del doblez de la servilleta para extraerla de su lugar. Una vez terminada la maniobra, r谩pidamente deb铆a sacar el dedo y el papel para que no se vieran atrapados por el retorno del resorte que devolv铆a la base y el fajo apilado a su lugar original. Anotaba un garabato en la servilleta y lo insertaba dentro del libro. As铆 constru铆a Gonz谩lez sus clases. Una vez en el aula, abr铆a los lugares se帽alados, en los que ya hab铆an sido trazados unos diagramas imaginarios en las instant谩neas iluminaciones de un bar y, como alguna vez dijo Tom谩s Abraham, levantaba las velas para que el viento de su fabulaci贸n lo llevara libre por las aguas inquietas de la historia y la filosof铆a. Hasta que su velero se encallaba, y de vuelta a abrir el libro, en otro de sus se帽alamientos, para echar a andar. Esa ma帽ana estaba enfrascado en la relaci贸n entre locura, simulaci贸n y positivismo. Cada tanto, alg煤n parroquiano se deten铆a a saludarlo y a conversar. Devolv铆a la conversaci贸n con gentileza, pero 茅l quer铆a seguir leyendo. Hasta que, de golpe, algo impredecible ocurri贸. 隆Horaziooooo! Una voz r煤stica, la del gallego del mostrador, peg贸 un grito extra帽o, desmesurado, inhabitual. Gonz谩lez se dio vuelta, alarmado, y vio al hombre con el tubo del tel茅fono en una mano mientras que con la otra hac铆a el reconocible gesto de traerla hacia s铆, como indic谩ndole a su interlocutor que se acercara. Cuando lleg贸 a la barra, el due帽o del Brit谩nico le dijo aquello que a esa altura parec铆a una obviedad: 鈥溌el茅fono!鈥. Sorprendido 鈥攏unca lo hab铆an llamado al bar鈥, atendi贸 con su cl谩sico: 鈥淗ola, s铆, es Horacio鈥. Del otro lado de la llamada, un tono conocido, apenas alterado por el modo en que la tecnolog铆a afecta los sonidos de la voz, habl贸 y dijo: 鈥淗ola Horashio. Soy N茅stor Kirchner, el presidente. Venite a la Rosada, estoy con tu amigo Elvio Vitali, as铆 charlamos un ratito鈥. En esta secuencia, la de los tres modos de decir 鈥淗oracio鈥, empez贸 un largo periplo que lo llevar铆a a convertirse en una de las figuras m谩s destacadas de la cultura del pa铆s. Volvi贸 a su mesa sin dar plenamente cr茅dito a lo ocurrido. Se puso la campera marr贸n de gamuza, la que le hab铆a regalado su amigo, el fil贸sofo y polit贸logo Oscar Landi, meti贸 su libro de Ramos Mej铆a y su agenda en una bolsita que llevaba consigo a las clases, salud贸 a los mozos luego de pagar su cuenta, dejando su habitual propina generosa, sali贸 a la calle y par贸 un taxi: 鈥淎 la Rosada, por favor鈥. Cuando lleg贸, se present贸 ante la custodia: 鈥淏uenos d铆as, se帽orita. Soy Horacio Gonz谩lez. Vengo a ver al presidente鈥. Le hicieron pasar su bolsa, con el libro de Ramos Mej铆a y la agenda, por el esc谩ner de la entrada, lo anunciaron y finalmente subi贸. Kirchner le ofreci贸 ser el subdirector de la Biblioteca Nacional, acompa帽ando a Elvio Vitali, quien ser铆a el director. Acept贸. Pensaba que no pod铆a rechazar un ofrecimiento de esa 铆ndole, de quien, adem谩s, le pidi贸 que fuera cr铆tico con el gobierno, aduciendo que era lo que hac铆a falta para no equivocarse en un momento tan delicado. Adem谩s, se hab铆a presentado como parte de una generaci贸n que hab铆a querido cambiar el mundo y que ahora se hac铆a cargo de reparar los da帽os que hab铆a ocasionado el neoliberalismo. Y en esa fragilidad, la de un gobierno que asum铆a en un pa铆s destruido, Kirchner le pidi贸 ayuda. As铆, el d铆a que hab铆a empezado con la preparaci贸n de una clase, terminaba con un ofrecimiento presidencial.




Fuente: Lobosuelto.com