December 20, 2020
De parte de Lobo Suelto
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Para muchxs de nosotrxs es un verdadero placer conocer pasajes de la vida privada de nuestros personajes favoritos. Celebramos cada vez que se publican diarios 铆ntimos, memorias o cartas que nos permiten acceder a episodios ocultos de sus biograf铆as. Y si se trata de cuestiones amorosas, tanto mejor, pues all铆 reside buena parte de las historias que m谩s saboreamos. Esto no ocurre solamente con las estrellas del rock, del cine o del deporte, tambi茅n ciertas figuras pol铆ticas despiertan una fascinaci贸n parecida y, en algunos casos, se convierten en 铆conos contraculturales que atraviesan continentes y generaciones. Con Rosa Luxemburgo, la revolucionaria polaca asesinada hace cien a帽os por paramilitares ultraderechistas, sucede algo as铆. Hoy en d铆a,  y a pesar de las m谩quinas ideol贸gicas que se propusieron enterrar su legado, sigue despertando una admiraci贸n y un inter茅s que desbordan el orden estrictamente pol铆tico e intelectual. Por eso la publicaci贸n de Dime cuando vienes鈥, nueva compilaci贸n de su correspondencia amorosa, es un regalo para quienes quieran conocer el costado 铆ntimo de quien fuera la mujer m谩s importante del movimiento obrero europeo del primer tramo del siglo veinte.

Las cartas seleccionadas, traducidas y anotadas cuidadosamente  por 脕ngelo Narv谩ez, prologadas por Diamela Eltit y publicadas por Banda Propia editoras, son una puerta de entrada no s贸lo a los vaivenes y dramas de sus relaciones amorosas, sino, y sobre todo,  a dimensiones menos exploradas de su biograf铆a: sus gustos musicales y literarios, su inter茅s en la pintura y la bot谩nica, sus juicios est茅ticos, su sensibilidad hacia la naturaleza y su exquisito sentido del humor.

Es cierto que la vida personal de una mujer como Rosa Luxemburgo no puede escindirse de la pol铆tica, que fue el indiscutible centro de gravedad en torno al que ella decidi贸 hacer girar su vida.  Sin embargo, esta selecci贸n privilegia el reverso de su vida p煤blica e invita a aproximarse a la textura afectiva de su escritura, a las inflexiones de la lengua amorosa que inventaba en su correspondencia, y a los claroscuros an铆micos que dejaba ver a sus amantes.  

Lejos de una imagen monol铆tica de revolucionaria inexpugnable, en las cartas se aprecia una mujer tironeada por sus deseos personales y las exigencias de la vida militante que ha elegido. Siente ganas de tener tiempo para sus cosas; quiere alcanzar una 鈥渧ida tranquila y pac铆fica鈥, una vida 鈥渘ormal鈥 y constata a cada instante la incompatibilidad entre esos anhelos y su decisi贸n de entregarse por entero a la pol铆tica. 鈥淐uando me sent茅 a descansar por un momento, tan exhausta que estaba lista para abandonar el trabajo constante por la causa, dej茅 que mis pensamientos divagaran y tuve la sensaci贸n de que no ten铆a un rinc贸n propio en ninguna parte, y que en ning煤n lugar existo y vivo por m铆 misma鈥, le escribe a uno de sus destinatarios. Las cartas abundan en este tipo de confesiones y quejas por el exceso de trabajo y la falta de tiempo; se repiten tambi茅n las im谩genes de un hipot茅tico futuro familiar m谩s reposado. 鈥淪ue帽o por ejemplo con que en nuestros tiempos libres podamos dedicarnos al estudio de la historia del arte, que tanto me atrae 煤ltimamente. Eso ser铆a muy agradable, 驴no te parece? As铆 podr铆amos leer juntos historia del arte y visitar galer铆as y 贸peras despu茅s de nuestro trabajo serio鈥.

Las cartas guardan pliegues de su vida interior en los que podemos apreciar su empe帽o por crearse ese rinc贸n propio deseado, planeando, por ejemplo, encuentros clandestinos con sus enamorados y permiti茅ndose cultivar sus gustos personales. Encuentra refugio en la literatura, la m煤sica, la pintura y la bot谩nica. Es una amante de la primavera y del sol, elemento que persigue como si estuviera movida por un heliotropismo innato. Cuando se da esos tiempos para ella, siente la tensi贸n entre las actividades que le brindan placer  y el desgaste que le provoca su trabajo pol铆tico. 鈥淥h, Dudu -escribe a otro de sus compa帽eros sentimentales-, si tuviera dos a帽os solo para pintar, me dedicar铆a por completo [鈥 Pero esos son sue帽os locos. No puedo permitirme hacerlo porque ni siquiera un perro necesita mis miserables pinturas, aunque la gente s铆 necesita los art铆culos que escribo鈥.

La figura del pol铆tico como artista frustrado es un t贸pico de la historia de la cultura que Rosa tambi茅n encarna. Y no es un dato accesorio. La sensibilidad est茅tica podr铆a ser un buen 铆ndice de la sensibilidad pol铆tica. Es impensable imaginar, por ejemplo, que las purgas de artistas e intelectuales que enturbian la historia de los socialismos reales hubieran contado con la complicidad de alguien como ella, que defendi贸 tempranamente -ante los rasgos autoritarios que observ贸 en los comienzos de la revoluci贸n Rusa-, la necesidad de asegurar la libertad de lxs que piensan distinto; la libertad, inalienable, de lxs disidentes. Sus criterios est茅ticos siguen tambi茅n una l铆nea coherente con ese esp铆ritu libertario. Su juicio sobre Jean-Cristophe de Romain Rolland es indicativo de ello: 鈥渆l libro -le comenta a un amante que le hab铆a recomendado su lectura- me pareci贸 muy valiente y agradable, pero m谩s un panfleto que una novela, no es una verdadera obra de arte. Soy tan implacablemente sensible con estas cosas que para m铆 incluso el trabajo tendencioso m谩s bellamente escrito no sustituye la simple y divina calidad de la genialidad鈥.

En su econom铆a 铆ntima, sus intereses  est茅ticos operaron como salvavidas. Por ejemplo, ante la enorme decepci贸n que le provoca el que su partido, cediendo al nacionalismo alem谩n, apoyara la guerra en 1914, escribe: 鈥渉oy m谩s que nunca tengo la convicci贸n de que, si el hecho es que las cosas no pueden ir de otra manera, puedo encontrar todav铆a un encantador consuelo para mis modestas necesidades personales: un buen libro, un paseo por los prados de S眉dende en el hermoso clima oto帽al, como en alg煤n momento camin茅 contigo, Hannesle, por el rastrojo. 隆Y, por 煤ltimo, hay m煤sica tambi茅n! 隆Ah, la m煤sica! 隆C贸mo la anhelo, y qu茅 doloroso es que nos la priven鈥. En la c谩rcel, lee, confecciona herbolarios y hace peque帽os jardines en los espacios que encuentra. Cuando sufre rupturas amorosas, se refugia en la m煤sica o se abraza a su gata, Mim铆.

Pero adem谩s de refugios, las pasiones que cultiv贸 fueron para ella un trabajo interior, una batalla en el frente interno, cuyas conquistas exced铆an el campo espec铆fico de la actividad desarrollada. 芦Qu茅 contenta estoy -cuenta desde la c谩rcel- de que hace tres a帽os me sumergiera de repente en la bot谩nica de la misma manera en que hago todo lo dem谩s, de inmediato, con todo fervor, con todo mi ser [鈥 Como resultado, ahora me siento en casa en el mundo de la vegetaci贸n. Lo he conquistado por asalto, porque lo que se enfrenta con pasi贸n se arraiga firmemente dentro de uno禄. Sentirse en casa es lo contrario de vivir a la intemperie, de no tener un rinc贸n propio. Rosa trabaj贸, y mucho, para construirse esos espacios. Lo que se conquista por asalto, lo que se enfrenta con pasi贸n, se arraiga firme dentro de uno. Debi茅ramos recitarlo como un mantra.  

Rosa Luxemburgo compone su mundo interior con cuidado, no por capricho, ni por distinci贸n, ni para darse barnices culturales o el lujo de tener pasatiempos. Su cultivo interior fue su forma de rodearse de aquellas cosas que le hac铆an bien y que le ayudaban a recomponer su esp铆ritu, atravesado, como ella misma describ铆a, por una incesante oscilaci贸n entre 鈥渓a esperanza y el des谩nimo鈥. Al mismo tiempo, la suya no es una invitaci贸n al abandono del mundo, a cambiar la acci贸n pol铆tica por una vida reposada y dedicada a la contemplaci贸n solitaria. Es m谩s bien una invitaci贸n a templar la personalidad y el 谩nimo, y a cultivar la sensibilidad est茅tica, para persistir en la acci贸n pol铆tica combinando firmeza y sensibilidad, intervenci贸n y escucha. Es, en definitiva, una invitaci贸n a trabajar hacia adentro el modelo de lo que queremos construir hacia afuera.   

Las cartas seleccionadas terminan en 1917, en los albores del ciclo revolucionario que se extender铆a desde Rusia a varios pa铆ses europeos en los a帽os siguientes. En ese torbellino de la historia que determin贸 el derrotero de todo el siglo XX, se zambull贸 Rosa Luxemburgo apenas fue liberada de la prisi贸n en la que estaba recluida por su encendida pr茅dica contra la guerra. Al poco tiempo, la asesinaron y lanzaron su cuerpo a un canal. Apareci贸 varios meses despu茅s.

Las cartas de Rosa Luxemburgo tienen una resonancia f铆sica, siguen vibrando en el cuerpo despu茅s de haberlas le铆do, mueven hilos internos, desentumecen el 谩nimo, como la buena literatura, como la m煤sica que nos gusta, como hablar con alguien que contagia pasi贸n. Leer sus cartas hoy, atravesadxs como estamos por la intensidad de este momento excepcional, no es solo un homenaje a la grandeza de su existencia; es, sobre todo, una buena forma de recordarnos que  el cultivo cuidadoso de nuestro rinc贸n propio nos dar谩 la fuerza y la sensibilidad necesarias para construir mundos a la altura del deseo de esas multitudes abigarradas que en distintos puntos del globo saltan torniquetes y se toman las calles. Y el deseo, lo dijo Rosa, se conquista con pasi贸n y por asalto.   

* La primera versi贸n de este texto se public贸 en el suplemento literario La Palabra Quebrada (@lapalabraquebrada) de noviembre de 2020.

Dime cu谩ndo vienes. Cartas de amor, 1893-1917, Rosa Luxemburgo

Pr贸logo de Diamela Eltit

Traducci贸n y selecci贸n de 脕ngelo Narv谩ez Le贸n

Banda propia editoras, 2020

332 p谩ginas

Publicaci贸n realizada con el apoyo de la Fundaci贸n Rosa Luxemburgo 鈥 Oficina Cono Sur




Fuente: Lobosuelto.com