September 10, 2021
De parte de Lobo Suelto
153 puntos de vista


驴C贸mo construir una fuerza que no sea una organizaci贸n? Ah铆 tambi茅n, despu茅s de un siglo de debate sobre el tema 芦espontaneidad u organizaci贸n禄, la pregunta tuvo que estar muy mal planteada para que nunca hayamos encontrado una respuesta v谩lida. Este falso problema reside en una ceguera, en una incapacidad para percibir las formas de organizaci贸n que encubren de manera subyacente todo aquello que llamamos 芦espont谩neo禄. Toda vida, a fortiori toda vida com煤n, segrega por s铆 misma maneras de ser, de hablar, de producir, de amarse, de luchar, y por tanto costumbres, h谩bitos, un lenguaje; formas. Ocurre que hemos aprendido a no ver formas en lo que vive. Una forma, para nosotros, es una estatua, una estructura o un esqueleto, en ning煤n caso un ser que se mueve, que come, que danza, canta y se amotina.

Las verdaderas formas son inmanentes a la vida y no se captan sino en movimiento. Un camarada egipcio nos explicaba: 芦Nunca El Cairo hab铆a estado tan vivo como durante la primera plaza Tahrir. Al no funcionar nada, cada uno cuidaba de lo que ten铆a alrededor. La gente se encargaba de la basura, barr铆an ellos mismos las calles y a veces hasta las repintaban, dibujaban frescos en los muros, se preocupaban los unos de los otros. Hasta la circulaci贸n se hab铆a convertido milagrosamente en algo fluido desde que no hab铆a agentes de circulaci贸n. De lo que nos hemos dado cuenta de golpe es que hab铆amos sido expropiados de los gestos m谩s simples, aquellos que hacen que la ciudad sea nuestra y que nosotros le pertenezcamos. La gente llegaba a la plaza Tahrir y espont谩neamente se preguntaba en qu茅 pod铆a ayudar, iba a la cocina, transportaba en camilla a los heridos, preparaba pancartas, escudos, tirachinas, discut铆a, inventaba canciones. Nos dimos cuenta de que de hecho la organizaci贸n estatal era la desorganizaci贸n m谩xima, porque se basaba en la negaci贸n de la facultad humana de organizarse. En la plaza Tahrir nadie daba 贸rdenes. Evidentemente, si a alguien se le hubiera metido en la cabeza organizar todo eso inmediatamente se habr铆a convertido en un caos禄.

Esto nos hace recordar la famosa carta de Courbet durante la Comuna: 芦Par铆s es un verdadero para铆so: nada de polic铆a, nada de tonter铆as, nada de exigencias de ning煤n tipo, nada de disputas. Par铆s marcha por s铆 solo, como sobre ruedas, har铆a falta poder quedarse as铆 para siempre. En una palabra, es un verdadero deleite禄. Desde las colectivizaciones de Arag贸n en 1936 hasta las ocupaciones de plazas de los 煤ltimos a帽os, los testimonios del mismo deleite son una constante en la Historia: la guerra de todos contra todos no es lo que llega cuando ya no est谩 ah铆 el estado, es lo que organiza sabiamente el estado mientras existe.

Sin embargo, reconocer las formas que engendra espont谩neamente la vida no significa en ning煤n caso que podamos contentarnos con la simple espontaneidad para mantener y hacer crecer esas formas, para operar las metamorfosis necesarias. Al contrario, se requieren una atenci贸n y una disciplina constantes. No la atenci贸n reactiva, cibern茅tica, instant谩nea, com煤n a los activistas y a la vanguardia del management, que no mira m谩s que por la red, la fluidez, el feed-back y la horizontalidad, que gestiona todo sin comprender nada, desde fuera. Tampoco la disciplina exterior, encubiertamente militar, de las viejas organizaciones surgidas del movimiento obrero, que se han convertido casi por todas partes en ap茅ndices del estado. La atenci贸n y la disciplina de las que hablamos se aplican a la potencia, a su estado y a su incremento. Est谩n atentas a los signos de aquello que la disminuye, vislumbran aquello que la hace crecer. No con- funden nunca lo que apunta a un dejarse-ser y lo que apunta a un dejarse-ir, esa verdadera plaga de las comunas. Velan por que no se mezcle todo bajo el pretexto de compartirlo todo. No son algo exclusivo de algunos solamente, sino algo que concierne a todos. Son, a la vez, la condici贸n y el objeto del verdadero compartir, y la prueba de su agudeza. Son nuestro baluarte contra la tiran铆a de lo informal. Son la textura misma de nuestro partido. En cuarenta a帽os de contrarrevoluci贸n neoliberal es este v铆nculo entre disciplina y alegr铆a lo que ha sido olvidado en primer lugar. Lo volvemos a descubrir en el presente: la verdadera disciplina no tiene por objeto los signos exteriores de la organizaci贸n, sino el desarrollo interior de la potencia.




Fuente: Lobosuelto.com