December 22, 2020
De parte de La Haine
483 puntos de vista

Una emergencia es un acontecimiento que requiere una acci贸n urgente para evitar o minimizar da帽os. La covid-19 ha desencadenado una emergencia que llega entremezclada con m煤ltiples crisis interconectadas (p茅rdida de biodiversidad, cambio clim谩tico, declive de energ铆a y materiales, migraciones forzosas, violencias machistas, empobrecimiento y desigualdades, racismo estructural, capacitismo, especismo, etc.) que nos sit煤an ante una 鈥渘ormalidad鈥, la emergencia civilizatoria, en la que se desenvuelve ya, y se va a desarrollar en el futuro la vida humana.

Lo caracter铆stico y parad贸jico de la compleja situaci贸n es que, en ninguna de sus dimensiones, se trata de algo inesperado. Los procesos que conducen al colapso de la civilizaci贸n industrial han sucedido a plena luz. Fueron vaticinados hace d茅cadas. Son la consecuencia inevitable y anunciada de decisiones y opciones, que no han sido tomadas por todo el mundo pero que han sido toleradas de forma mayoritaria.

La pandemia ha desvelado con nitidez la fragilidad del metabolismo social construido en torno al repudio de los l铆mites, el ejercicio desigual del poder, a la violencia, y al dinero como prioridad. Ha permitido, al menos fugazmente, interconectar y poner en relaci贸n sus diferentes dimensiones. Ha posibilitado, quiz谩s, comprender que las crisis que confluyen en estos tiempos del c贸lera son el resultado, dir铆amos inevitable, de un gobierno de las cosas que se orienta solo mediante la br煤jula del c谩lculo y la maximizaci贸n de beneficios.

Da igual que la unidad contable sea la moneda, los votos o los likes. El caso es que, como cultura, tenemos la mirada extraviada en la evoluci贸n las cuentas de resultados, el PIB, las encuestas o las tendencias, y mientras, delante de nuestros ojos, las condiciones que permiten una vida decente para todas se van degradando, y no es hasta que se deterioran peligrosamente, irreversiblemente, a veces, cuando se denominan emergencia y se hacen visibles. La normalidad, a la que mucha gente quiere volver, es la pura emergencia civilizatoria que no queremos mirar.

La llegada del virus ha obligado, al menos durante un minuto de lucidez, a que la sociedad se enfrente a la trampa civilizatoria en la que vive. Nuestra econom铆a, nuestra pol铆tica y nuestra cultura est谩n en guerra con la vida. Las 茅lites centradas en los beneficios y su seguridad personal catapultan al conjunto de los seres vivos hacia el desastre.

Ha tenido que llegar la excepci贸n de la crisis sanitaria que ha provocado el virus para poder respirar sin riesgo, para comprobar que cuando la maquinaria loca de la econom铆a frena, la naturaleza, aunque sea moment谩neamente, revive. Ha tenido que llegar una cat谩strofe para que el Gobierno haga cosas que parec铆an imposibles: prohibir cortar la luz y el agua, impedir los desahucios y los despidos. Da rabia que sea un drama, y no una pol铆tica p煤blica orientada por la precauci贸n, la responsabilidad y el cuidado la que obligue a legislar cosas que se han negado desde hace mucho. Pero tambi茅n muestra que las decisiones 鈥渞acionales鈥 y supuestamente inapelables, presididas por la l贸gica contable, no son inamovibles.

La palabra emergencia tiene otro significado. Apela a aquello que emerge, que surge. Apunta a eventos que nos lanzan de lo normal a lo in茅dito, que nos lanzan de lo conocido a lo a煤n inexplorado. Y es mucho lo que ha emergido durante la crisis de la covid-19.

Pr谩cticamente en todos los barrios y pueblos han surgido redes de personas autoorganizadas que han dado un paso adelante con la voluntad de hacerse cargo de otros y otras. Esas redes, en la mayor parte de los casos, no han surgido de la nada, sino que se han aglutinado alrededor de n煤cleos comunitarios previos: asociaciones vecinales, movimientos sociales, clubes deportivos, parroquias, asociaciones de madres y padres de alumnado, etc. Estas redes, que en estos d铆as est谩n saliendo al paso de la insuficiencia de la instituciones, muestran la importancia de la articulaci贸n social para superar circunstancias y crisis que, sin duda, se van a reproducir en el futuro.

Ha emergido tambi茅n con fuerza la revalorizaci贸n social de los servicios p煤blicos. Despu茅s del desmantelamiento y privatizaci贸n de una buena parte de ellos, muchas personas se han hecho conscientes de lo importante que es poder ir un hospital independientemente de si tienes o no regularizada tu situaci贸n administrativa o de que tengas o no dinero; o de la necesidad de un sistema de solidaridad colectiva que permita canalizar los despidos a ERTE o garantizar un ingreso m铆nimo para poder subsistir. Despu茅s del virus, el pensar y acelerar el debate e implantaci贸n de propuestas como la de la renta b谩sica y la revisi贸n de los servicios sociocomunitarios se hace mucho m谩s evidente y perentorio.

Lo que hemos vivido estos d铆as ha permitido visibilizar a aquellos sujetos y tareas imprescindibles que habitualmente permanecen ocultos. Resulta que los trabajos esenciales, los que no se pod铆an dejar de hacer, eran los que peor se pagaban, en los que se daban unos niveles mayores de parcialidad y temporalidad y, en la mayor铆a de los casos, eran trabajos feminizados. Los hogares, de nuevo, se han perfilado como los lugares en los que se sostiene la vida. Fue en ellos en los que se cuid贸 a la mayor parte de la gente que enferm贸 y no requer铆a ingreso hospitalario, y en donde se ha atendido, con enormes dificultades en muchos casos, a los menores que requer铆an seguimiento y apoyo para poder seguir las clases virtuales o a las personas mayores confinadas que requer铆an atenci贸n y cuidados.

Y ahora es importante saber c贸mo saldremos de esta. La Uni贸n Europea y muchos gobiernos hablan de reconstrucci贸n verde e incluso de resiliencia, pero muchas tenemos el temor de que las inversiones mil millonarias que se van a hacer traten de apuntalar un crecimiento econ贸mico pintado de verde, que no es f铆sicamente viable y que no tiene como principal preocupaci贸n la redistribuci贸n, sino el mero crecimiento.

Si consideramos las salidas de la crisis civilizatoria desde un punto de vista ecofeminista, habr铆a dos grandes prioridades que tienen que ir juntas. La primera es la protecci贸n de la vida de las personas, y esto significa pensar en t茅rminos de necesidades humanas 鈥搗ivienda, suministro b谩sico de energ铆a, alimentaci贸n suficiente, cuidados鈥 Garantizar un suelo m铆nimo de necesidades es lo que algunos colectivos denominan 鈥減lan de choque social鈥. En segundo lugar, se trata de recomponer metabolismos econ贸micos y sociales que se mantengan por debajo de los l铆mites ecol贸gicos ya sobrepasados. Se trata de aplicar una pol铆tica de la contenci贸n y la resiliencia que atienda a la seguridad vital a la vez que se reduce dr谩sticamente la huella ecol贸gica, las emisiones de gases de efecto invernadero y el requerimiento total de materiales.

El reto est谩 en asegurarse de que lo que hagamos a corto plazo no impida la consecuci贸n de objetivos razonables a medio plazo.

Es el momento de decir la verdad, de mirar de frente esta crisis profunda, sus causas y sus consecuencias, muchas de ellas ya inevitables. Solo as铆 podremos establecer estrategias y medidas que protejan las vidas. Hay quien cree que no se puede hablar de esto porque provoca miedo. Pero con la pandemia hemos comprobado que en la tristeza, el miedo y el dolor, tambi茅n se encuentra sentido y fuerza, que son emociones que conectan con la empat铆a y la solidaridad e impulsan a que unas nos hagamos cargo de otras.

Y si sentimos miedo es porque la situaci贸n da miedo, si la realidad nos abruma es porque el actual conflicto con la naturaleza y entre personas es abrumador. A veces, creemos que tenemos problemas de salud mental cuando tenemos reacciones sanas ante un modo enfermo de organizar la vida.

Se ha dicho que esta crisis nos ha hecho reflexionar sobre los inciertos derroteros de esta forma de vivir. Puede que sea as铆, pero la reflexi贸n no garantiza en s铆 misma torcer el rumbo hacia el colapso de nuestra civilizaci贸n. Solamente con un fuerte movimiento y presi贸n social podemos transformar las prioridades que orientan las pol铆tica.

Es importante, recordar otra vez que hasta llegar aqu铆, en cada hito, en cada punto de bifurcaci贸n se pudo elegir entre el freno y el acelerador del desastre, y que sistem谩ticamente se eligi贸 acelerar sabiendo cu谩les eran los riesgos, cuales pod铆an ser las consecuencias, qui茅nes eran los potenciales perjudicados鈥n esta coyuntura de emergencias ecosocial va a haber que seguir escogiendo, cada vez con menos margen de maniobra, entre el acelerador y el freno.

La falta de imaginaci贸n es clave. El problema es que una buena parte de la sociedad ha interiorizado que el crecimiento econ贸mico y el dinero son sagrados, que merece la pena sacrificarlo todo para que la econom铆a crezca, pues es la 煤nica manera de satisfacer nuestras necesidades y de que el sistema se mantenga en pie. Desde esa perspectiva es dif铆cil imaginar c贸mo salir de este atolladero.

Necesitamos utop铆as. Tenemos cada vez m谩s relatos dist贸picos que nos cuentan d贸nde estamos y son necesarios, pero ahora tambi茅n hemos de centrarnos en la configuraci贸n de utop铆as cotidianas deseables. Necesitar铆amos manifestaciones art铆sticas y declaraciones pol铆ticas que permitieran proyectar un futuro comunitario, basado en los principios de suficiencia y precauci贸n, en el reparto de la riqueza y de las responsabilidades y en la organizaci贸n en torno a lo com煤n y los cuidados.

En torno a esos principios, es preciso so帽ar y establecer laboratorios de experiencias que proyecten horizontes de deseo compatibles con los l铆mites f铆sicos del planeta y la justicia.

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Fuente: Lahaine.org