May 18, 2021
De parte de La Haine
256 puntos de vista


No es una palabra que haya utilizado mucho en mi vida pero define bien la situaci贸n actual. Me parece especialmente acertada su acepci贸n m茅dica (no pod铆a ser de otra manera en esta sociedad medicalizada en la que vivimos y en estos tiempos pand茅micos) que dice lo siguiente: Estado de inconsciencia parcial caracterizado por una disminuci贸n de la actividad de las funciones mentales y f铆sicas y de la capacidad de respuesta a los est铆mulos. De forma m谩s general se define estupor como: Asombro o sorpresa exagerada que impide a una persona hablar o reaccionar.

La falta de respuesta, de reacci贸n, es un elemento clave. Salta a la vista que la manera de afrontar la pandemia por los gobiernos de cualquier signo ha sido la gran excusa para poner en marcha medidas de control que van m谩s all谩 de cualquier justificaci贸n m茅dica o cient铆fica. El hecho de prohibir pr谩cticamente todo a excepci贸n de aquello que tenga que ver con el trabajo nos deber铆a dejar muy claro que no todo es inter茅s por nuestro bienestar. Tambi茅n hay otra cosa que no se ha prohibido, el continuado expolio a los eslabones m谩s d茅biles de la sociedad. Desahucios, despidos y abusos laborales, robos ejecutados por bancos y empresas energ茅ticas al amparo de las leyes hechas a medida y lo que todav铆a no sabemos pero que aparecer谩 en forma de vasallaje hacia Europa a cambio de unos fondos econ贸micos que como siempre acabar谩n sirviendo para hacer m谩s ricos a los ricos y dejar nuevamente atados a la esclavitud salarial o a las humillantes limosnas al resto.

No hay respuesta a toda esa cantidad de est铆mulos, apenas unos pocos han osado desafiar las medidas represivas para alzar la voz y est谩n pagando un alto precio por ello. No me refiero a los que s贸lo ven un problema en tener que llevar mascarilla y no poder ir al bar cada vez que se les antoja. Hablo de los que se la juegan por ellos y por los dem谩s, los que ya tienen claro que la falta de libertad no ha llegado con la pandemia sino que siempre ha estado aqu铆.

Asombro o sorpresa que impide la reacci贸n.

Por primera vez en la vida de muchas personas, que hasta la fecha se cre铆an a salvo ya que todo lo malo y horrible de la vida suced铆a siempre en otras latitudes, han visto (mejor dicho han sentido) su existencia amenazada. La sorpresa ha sido may煤scula y el miedo, atroz. El tratamiento de la informaci贸n realizada sin excepci贸n desde todos los frentes ha aumentado la sensaci贸n de asombro ante una an茅cdota que ten铆a que ver con murci茅lagos en el otro lado del globo hasta que se convirti贸 en la mayor de las plagas habidas en la historia de la humanidad. D铆a tras d铆a, sin excepci贸n, todo gira en torno a la pandemia. Al principio se compet铆a por ver d贸nde hab铆a m谩s contagios; m谩s tarde la competici贸n se extendi贸 a los muertos; ahora tocan las vacunas鈥 Pero la gran competici贸n siempre ha girado alrededor de d贸nde era m谩s sumisa (sensata y responsable dec铆an los medios) la poblaci贸n. Al parecer depend铆a exclusivamente de esta sumisi贸n el poder retomar la tan ansiada normalidad. Ciertamente, esta era la raz贸n aunque no tenga que ver con cuestiones sanitarias.

Fin del Estado de alarma.

Y tras m谩s de un a帽o termin贸 la excepcionalidad (en su versi贸n oficial). Ante la sorpresa de nadie lo que ha sucedido ha sido fiesta, celebraci贸n y vuelta a la rutina consumista. Saldremos mejores rezaba el mantra televisivo. De momento, salimos m谩s pobres, m谩s d茅biles y en un estado de estupor permanente. Casi un mill贸n de nuevos pobres (oficialmente personas que viven con menos de 16 euros al d铆a) que llevan a una cifra de casi 11 millones en todo el estado espa帽ol, cientos de miles que engrosar谩n estas estad铆sticas en los pr贸ximos tiempos cuando acabe la mascarada de los ertes y las limosnas en forma de rentas m铆nimas. Pero todo suma, el estupor aumenta. Un a帽o de entrenamiento intensivo en miedo y sumisi贸n da para mucho. Incluso para rebajar m谩s si cabe la capacidad de respuesta, para reforzar hasta el absurdo el modo ego铆sta de vida, el s谩lvese quien pueda.

Y a cada paso aumenta la sorpresa porque hemos pasado de protagonistas a espectadores. La vida es lo que sucede en las pantallas, en los medios. No es lo que nos sucede a nosotros mismos. Vivimos atrapados en una serie de infinitos cap铆tulos en la que no nos reconocemos, como si no fuera con nosotros. Mientras aceptamos nuestro rol de espectadores, otros dirigen el espect谩culo y deciden que va sucediendo.

Contra el estupor

Este estupor s贸lo es posible porque seguimos sorprendi茅ndonos. Seguimos creyendo que las decisiones que se toman son por nuestro bien, por el bien com煤n. Seguimos pensando que el poder representa nuestra voluntad. No aprendemos.

Estupefactos sufrimos las consecuencias sin llegar a ser conscientes del todo hasta que, tal vez, sea imposible hacer otra cosa que no sea sufrir.




Fuente: Lahaine.org