September 11, 2021
De parte de Amor Y Rabia
153 puntos de vista


Cuando aquel hombre cerr贸 el pestillo de la habitaci贸n vi claro que su intenci贸n no era invitarme a una ralla sino follar conmigo, con o sin mi consentimiento. Cuando intent茅 resistirme 茅l me agredi贸 f铆sicamente, violencia que empeoraba cuando yo m谩s insist铆a en esa resistencia. En un momento dado, que supongo fueron dos o tres minutos, y recuerdo como dos horas, puse en marcha el 鈥渕ecanismo de negociaci贸n impl铆cita鈥, un mecanismo frecuente en los contextos de violaci贸n. El 鈥渕ecanismo de negociaci贸n鈥 supone abandonar la resistencia, supone una cierta 鈥渁ceptaci贸n鈥 del sexo no consentido para evitar males mayores, sean estos reales o imaginarios y demuestra que, incluso en ese contexto, se pueden realizar valoraciones racionales de costes y beneficios.

Este mecanismo es uno de los ejes centrales del estigma y la verg眉enza de las mujeres que hemos sido violadas o agredidas sexualmente. Como dice In茅s Hercovich, este mecanismo de negociaci贸n implica un uso utilitario o instrumental de la vagina por parte de las mujeres, ceder la vagina para evitar la muerte o el da帽o f铆sico mayor. En un contexto en el que la construcci贸n de la identidad femenina ha estado basada en la sacralizaci贸n de la vagina y de la sexualidad de las mujeres, el uso utilitario de la misma supone un incumplimiento de las normas de g茅nero. El car谩cter utilitario que algunas mujeres, en contextos de violaci贸n, otorgamos a la vagina contradice los recurrentes mitos en torno a la mujer que se resiste hasta la muerte, mitos que han alimentado la idea de que para las mujeres la violaci贸n es lo peor que puede sucedernos.

La repercusi贸n medi谩tica del caso de la violaci贸n de 鈥渓a manada鈥 ha hecho emerger infinidad de voces expertas, psic贸logas, juristas, trabajadoras sociales o activistas feministas que han encontrado espacios donde su discurso ha tenido un alcance inh贸spito. Pero, lamentablemente, algunos de estos discursos pretendidamente cr铆ticos y feministas est谩n ahondando en los cl谩sicos significados de la violencia sexual y la sexualidad de las mujeres y est谩n aportando abordajes que refuerzan un sistema basado en el castigo y la punitividad.

De esta forma, se ha hecho referencia a los mecanismos ps铆quicos que producen la paralizaci贸n como una reacci贸n del sistema nervioso ante situaciones de violencia sexual, eliminando el componente instrumental, tan estigmatizado por otra parte en las mujeres seg煤n los significados patriarcales. Se han destacado voces de v铆ctimas que mantienen relatos catastrofistas respecto a la recuperaci贸n de la violencia sexual. Se han visto muestras de rechazo que, avaladas por sentimientos de rabia y enfado, han justificado el escarnio p煤blico de una persona condenada por violaci贸n tras cumplir 20 a帽os de prisi贸n el mismo d铆a de su puesta en libertad. Pues bien, yo tambi茅n estoy enfadada, pero principalmente contra las instituciones y estructuras que sostienen el sistema heteropatriarcal causante de las violencias, entre las que, no olvidemos, se encuentra la c谩rcel y el sistema punitivo.

De hecho lo que la experiencia de la violencia me hizo entender es que lo que me hab铆a sucedido ten铆a que ver con un modo de organizaci贸n social, econ贸mica y simb贸lica heteropatriarcal y capitalista y a partir de ese momento centr茅 gran parte de mi vida en luchar contra 茅l. Para ello el feminismo fue crucial. El feminismo me aport贸 ideas, interpretaciones y contextos que me abr铆an espacios de libertad en los que cab铆a mi forma de existencia excesivamente femenina y sexualizada, as铆 como mi forma de interpretar y encarar la violencia que hab铆a vivido.

Pero ese feminismo, siento decirlo, no se corresponde con algunos de los feminismos que he estado viendo en estos 煤ltimos tiempo. El feminismo que ha logrado mayor eco medi谩tico es aquel que pone en primer lugar la seguridad que le pueda aportar el acuerdo con un Estado punitivo y patriarcal o la constricci贸n de la sexualidad y el placer por considerarlos fuentes de peligro en un contexto de desigualdad. En cambio, el feminismo que me hizo ser la persona que soy ahora y que creo que es urgente rescatar, es aquel que prioriza la libertad y el placer de las mujeres y que no se doblega a las normas patriarcales del llamado pacto social.

En esta tarea de rescate me propongo apuntar dos ideas que subyacen a algunos discursos feministas que, pretendiendo ser cr铆ticos con las sentencias patriarcales y la cultura de la violaci贸n, acaban reforzando mitos y estructuras poco favorables para la libertad de las mujeres: el victimismo y la resoluci贸n punitiva de la problem谩tica de la violencia sexual.

No creo en las v铆ctimas, las v铆ctimas son la parodia de la sociedad

(Manuela Trasobares)

La violencia sexual acostumbra a generar silencio. Averg眉enza hablar sobre lo que nos ha sucedido porque los significados construidos en torno a las violaciones obligan a las v铆ctimas a situarse en dos 煤nicos polos: o eres una puta y por eso te violaron; o eres la superviviente casi heroica de un acto atroz. Personalmente no me siento a gusto en ninguna de las dos opciones y, en todo caso, prefiero identificarme como puta y trabajar por la resignificaci贸n.

No vale para ning煤n titular decir que despu茅s de esta experiencia no desee morirme, ni da帽arme a m铆 misma, ni encerrarme en casa. De hecho, durante alg煤n tiempo quise seguir divirti茅ndome de la forma en la que lo hac铆a entonces. No quiero decir con ello que estas experiencias no me afectaran de ning煤n modo, por supuesto que lo hicieron, pero por fortuna ten铆a muy buenas amigas e intuitivamente tom茅 decisiones que me ayudaron a relativizar los efectos de esa violencia y a elaborar estrategias de resistencia individual y pol铆tica.

Esta forma de interpretar la experiencia de la violaci贸n no es apta para discursos grandilocuentes porque parece que no ayuda a mostrar lo tremendamente desestabilizantes que son estas experiencias para las mujeres, elemento central de las posturas que reclaman un feminismo basado en luchar contra las violencias y quienes las perpetran, en lugar de luchar contra el sistema de poder que hace posible la existencia de ambos.

Pienso firmemente que los efectos de la violencia sexual, dependen mucho de los significados que otorguemos a la sexualidad y al cuerpo femenino y de la creaci贸n de estos significados se ha encargado, con notoria eficacia, el sistema heteropatriarcal y sus normativas de g茅nero. La normativa hegem贸nica de g茅nero de la feminidad supone que las mujeres somos seres con una emocionalidad fr谩gil y una sexualidad sagrada que solo se entrega en contextos de seguridad y afecto.

Estas ideas construyen un imaginario muy perjudicial para las mujeres, ya que nos dice que los ataques a nuestra sexualidad, tan frecuentes por otra parte, deben tener repercusiones grav铆simas y patol贸gicas en nuestra psique. Desvelar que la violaci贸n es un hecho violento y emocionalmente doloroso, pero no en todos los casos desestabilizante de por vida, ni causante de males cr贸nicos, contradice esta idea patriarcal y ayuda a pensar en otros escenarios en los que la violaci贸n no sea el mal temido que nos priva de explorar con libertad nuestra propia forma de existencia, de disfrutar libremente y de divertirnos. Con ello no quiero decir que haya que empujar a las mujeres j贸venes y a las ni帽as a divertirse inconscientemente y sin preocupaciones. Pero creo que es mucho m谩s f谩cil hablarles sobre la violaci贸n si no partimos de la base de que esto es lo peor que puede pasarles, porque lamentablemente esta perspectiva solo alimenta el miedo y la indefensi贸n.

Pero adem谩s, puesto que el g茅nero es una categor铆a relacional, la sacralizaci贸n de la sexualidad femenina tiene como contrapartida la concepci贸n de la sexualidad masculina como intr铆nsecamente violenta e irrefrenable que adem谩s, se 鈥渆nciende鈥 por culpa de las mujeres, sobre todo de las 鈥渕alas鈥 mujeres. Desmontar la pureza de la sexualidad femenina, supone desmontar la idea de la intr铆nseca violencia sexual masculina. Entender que tanto la normativa hegem贸nica en cuanto a la sexualidad femenina, como en cuanto a la sexualidad masculina, son productos culturales derivados de una construcci贸n de g茅nero binaria, sexista y heteronormativa nos aporta una visi贸n que enfoca mejor y m谩s eficazmente nuestras luchas. Si no partimos de esta idea ser谩 f谩cil que derivemos hacia posturas individualizantes que sit煤an a la categor铆a del hombre y a los hombres en particular bajo sospecha permanente, situ谩ndolos como enemigos y, por tanto, favoreciendo perspectivas punitivas y castigadoras.

驴Purplewashing? No en nuestro nombre

La violencia sexual ha sido frecuentemente instrumentalizada con la finalidad de justificar medidas legislativas de corte punitivo y sancionador. Las recientes reformas del C贸digo Penal espa帽ol, principalmente las del 2010 y 2015, se han caracterizado por endurecer las penas y las medidas penitenciarias de un C贸digo Penal que ya antes de estas reformas era el m谩s duro de Europa, como bien hab铆an destacado incluso los legisladores que las llevaron a cabo. La violencia de g茅nero y especialmente la violencia sexual han servido para justificar estas modificaciones entre las que se encuentran la aplicaci贸n autom谩tica de la libertad vigilada una vez cumplida la condena reca铆da en sentencia por delitos contra la libertad y la indemnidad sexual o la cadena perpetua revisable en los casos de asesinato en los que previamente se haya cometido tambi茅n un delito contra la libertad e indemnidad sexual.

Estas no han sido las 煤nicas medidas, ni su 煤nico 谩mbito de aplicaci贸n, pero s铆 que son las que han sido instrumentadas para mostrar una cara m谩s amable de estas reformas al favorecer la visi贸n interesada de la protecci贸n de la ciudadan铆a y especialmente de aquella parte de la misma que hist贸ricamente ha sido construida como m谩s vulnerable, las mujeres y lxs ni帽xs.

Mientras la violencia sexual era utilizada para justificar formas de penalidad y figuras penales cada vez m谩s represivas, en ese mismo c贸digo penal se ampliaban las conductas que pod铆an ser constitutivas de delitos vinculados al terrorismo, con los fatales efectos que esto est谩 teniendo de cara a los y las activistas, militantes y personas comprometidas pol铆ticamente. Por no hablar de los efectos racistas y clasistas de esta nueva conceptualizaci贸n de lo que se considera terrorismo.

El sistema penal y sus prisiones son una de las principales estrategias de represi贸n contra todas aquellas personas m谩s pobres, vulnerables y transgresoras de la sociedad. Las normativas punitivas se aplican de forma desigual en base a los criterios clasistas, racistas, sexistas y lgtbif贸bicos de los modelos de distribuci贸n jer谩rquica del sistema capitalista. Pero adem谩s, las c谩rceles y el sistema penal son a su vez perpetradores de violencias de g茅nero como bien demuestra la punitividad y las violencias que sufren las trabajadoras del sexo, las mujeres trans, las mujeres migradas o las mujeres disidentes pol铆ticas por parte de los cuerpos policiales y los organismos judiciales. Cabe tener en cuenta que estas mismas mujeres pueden ser a su vez v铆ctimas de estas violencias para las que buscamos soluciones punitivas y la responsabilidad pol铆tica deber铆a prevenirnos de reforzar las instituciones que generan m谩s sufrimiento hacia las mismas.

Creo que el feminismo es una gran estrategia de transformaci贸n y es por ello que comparto con Angela Davis la pregunta de 鈥溌緾u谩nto de transformador hay en mandar a alguien que cometi贸 violencia de g茅nero a la c谩rcel?鈥. Tenemos la oportunidad de romper la baraja de esta nueva negociaci贸n de las leyes sexuales en la cual la interlocuci贸n se da prioritariamente con un feminismo puritano y castigador. Las herramientas propias de la disidencia han sido silenciadas porque la violencia sexual ha sido presentada como un problema de m谩xima urgencia que requiere de un posibilismo extremo. La solidaridad, la complicidad con otras personas que luchan, la responsabilidad colectiva en el cambio y en la protecci贸n de las v铆ctimas y la creaci贸n de espacios donde construir relaciones al margen del heteropatriarcado y el capitalismo son estrategias que han sido aparcadas en nombre de la urgencia y marcadas interesadamente como ineficaces en el corto plazo. Recuperarlas es cosa de las y los idealistas. 驴Qu茅 sino eso somos nosotras?



Fuente: Noticiasayr.blogspot.com