June 9, 2021
De parte de Lobo Suelto
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Rememorar 驴es recordar el hecho sucedido? Saber del exterminio significa situarlo en un contexto hist贸rico de sentido, donde se enfrenta la posibilidad de que vuelva a repetirse. 驴Holocausto religioso o aniquilamiento pol铆tico? Hay dos posibilidades entonces. O ponerlo en un contexto de designio divino, inmolaci贸n y pecado 鈥揌olocausto o teor铆a de los dos demonios- donde el sentido hist贸rico de la violencia y el terror se pierde. O convertirlo -aniquilamiento, Shoa- en 铆ndice del mal hist贸rico que depende de los hombres, y el exterminio entonces forma parte de un proyecto de dominio pol铆tico.
No hay memoria social sin inscripci贸n en el sujeto que recuerda. La memoria es la m谩s com煤n de las capacidades humanas, pero para ciertos hechos hist贸ricos pide algo m谩s dif铆cil de nosotros: que no olvidemos que el exterminio tambi茅n nos toca como amenaza. Para que se convierta en significativa, la memoria, ligada a la amenaza de muerte por hacerlo, no es entonces la rememoraci贸n de cualquier hecho. Esa amenaza es lo que debemos vencer dentro de nosotros mismos. Porque al pensarla no evocamos cualquier muerte: no es la muerte 鈥渘atural鈥 que todos sufriremos. La memoria del genocidio est谩, insidiosa, inserta en lo m谩s profundo de cada hombre, en lo que tiene de m谩s temido y de m谩s valioso: la vida propia y la del pr贸jimo. La memoria tiene que penetrar el cuerpo sintiente y atreverse a animar desde el horror la significaci贸n de lo que se recuerda. La memoria es un desaf铆o, primero para uno mismo: hay que enfrentarlo no s贸lo afuera sino en la marca interna que rotur贸 el propio cuerpo. Pero la memoria toca tambi茅n lo inmemorial, aquello de lo cual no tenemos memoria, porque la memoria se inici贸 all铆 donde no exist铆a a煤n: estaba s贸lo la marca del terror primero, infantil y arcaico: Todo llanto de ni帽o despierta, en su congoja incontenible, la angustia del primer encuentro del hombre con la muerte.
Se dice: la valent铆a de recordar. Porque para recordar lo m谩s terrible y amenazante hay que enfrentar la muerte que el terror enemigo deposit贸 en cada uno: lo que no puede ser despertado sin que reverdezca el p谩nico en sordina. Y sin embargo hay que despertarlo como el lugar de un nuevo enfrentamiento que necesita que los otros, los dominados y los amenazados, tambi茅n se yergan contra la muerte. No s贸lo porque desde el poder retorne para recordarnos el genocidio militar como presencia amenazante redoblada en la vida civil. Hay que recordar por decisi贸n propia, por propio coraje, de otra manera: despertando el combate contra la muerte que el poder deposit贸 en cada uno como l铆mite a la vida, y que la restringe y la atonta.
No se podr铆a entonces hablar de 鈥渧alent铆a鈥 de la memoria si no implicara un enfrentamiento con lo m谩s temido que fue interiorizado en uno mismo. La memoria, aunque roza lo impensado, a veces evita que aparezca: hay entonces memoria negativa, memoria para recordarnos que no debe aparecer lo que reconocemos como temido, aquello que la amenaza de muerte torno inconsciente y distante: 鈥淪e me olvid贸 que te olvid茅, a m铆 que nada se me olvida鈥, dice una canci贸n venezolana, y entonces recuerda que se hab铆a olvidado del olvido. Hay una memoria afectiva, pero sin imagen ni palabra: s贸lo el afecto de la angustia permanece all铆 donde se borra su sentido consciente. La imagen y la palabra abrieron el surco de una situaci贸n amenazante, pero de tan temido s贸lo qued贸 el sentimiento de muerte que lo excluy贸 de la mente. De mente: s贸lo terror interno, que existe all铆 en lo m谩s 铆ntimo de la gente.
El terror es feroz: crea sus propios 谩mbitos de enceguecimiento porque al mismo tiempo oculta -el terror aterra- la experiencia que lo produjo, y s贸lo deja el misterio de lo m谩s temido en lo m谩s hondo: la estela blanca y silente de la muerte, es decir su rastro, su aguij贸n entra帽ado, la amenaza indescifrable que la angustia abre cuando roza su espacio amojonado. Por eso hay que ir m谩s lejos: no se trata s贸lo de recordar, de tener el coraje o la voluntad de hacerlo: no se trata s贸lo de que la imagen de lo temido aparezca nuevamente. Se trata de crear, como suelo que las sostenga, las resistencias subjetivas, s铆, pero tambi茅n las externas y colectivas que en la realidad hist贸rica las venzan e impidan que esos hechos de terror permanezcan impunes: que impidan que se produzcan de nuevo.
Hay que recordar, pero dentro de una inscripci贸n social nueva, para que cada uno se convierta en una fortaleza contra el miedo. Porque recordar en la soledad individual no basta. Est谩 el recuerdo colectivo ligado a todo aniquilamiento, que es el 煤nico que le puede dar sentido: lig谩ndolo a las condiciones que lo hicieron posible. Pero en un mundo dislocado por el individualismo, la ganancia y el consumo, la p茅rdida de sentido de la vida, la disoluci贸n de los lazos sociales, donde el terror sigue trabajando en silencio los espacios conquistados por la muerte, y los cuerpos asesinos est谩n entre nosotros como amenazas impunes, 驴qu茅 sentido tienen el recuerdo, el coraje, la memoria, si no tienen un cuerpo imaginario colectivo para hacerle frente y resistirle?
Recordar implica aproximar el horror de lo distante hasta convertirlo en pr贸ximo, traerlo a la memoria como imagen presente, darle sentido a su existencia pasada en lo que ahora vivimos. Significa entonces poner al desnudo la internacional de la muerte y del horror que est谩 implantada en el mundo. La m谩quina para producirnos como seres sin memoria, puro olvido que el instante agota, disemina el terror en lo cotidiano, lo torna invisible en su presencia repetida por todas partes, se infiltra como imagen normalizada en los granos menudos de la vida cotidiana: lo convierte en banal, como dec铆a Hannah Arendt del genocidio nazi burocratizado. La muere: una forma cotidiana de su ejercicio y de su permanencia. Su efecto individual: no ver ni sentir al otro que la sufre, excluirse del conjunto para ponerse a salvo, porque nunca es a uno a quien le toca. Su resultado colectivo: una sociedad pusil谩nime y tonta.
Recordar, entonces, no es s贸lo una imagen que retorna: es una situaci贸n hist贸rica que se ilumina reactivando el sentido que las profundidades sensibles afectadas por la herida sufrida le devuelven a la conciencia, que la incluye en una pol铆tica productora de muerte. El olvido nunca es un hecho pasivo. Pero tampoco las figuras del horror que la imaginaci贸n nos trae bastan para que el recuerdo sea verdadero. Hay recuerdos que, por parciales, son falsos. Es necesario que est茅n incluidos en un marco de comprensi贸n pensado, que signifiquen la posibilidad de abrir la conciencia de lo m谩s intolerable desde lo m谩s afectivo: que se abran sobre el marco del pensamiento del mundo hist贸rico, social, pol铆tico y econ贸mico que produjeron el exterminio.
Pero no s贸lo sobre el pasado: que abran esa experiencia desde el futuro, mostrando lo que de com煤n tienen con el presente. Las Madres de Plaza de Mayo unen al genocidio nazi el genocidio argentino. Por que el recordatorio de la Shoah jud铆a abre la memoria y se inscribe en el recuerdo de todos los otros cr铆menes que se han sucedido y se siguen sucediendo hasta nuestros d铆as, pero para impedir que vuelvan a repetirse. No se puede hablar del recuerdo del genocidio jud铆o sobre el fondo de haber absuelto a los autores del genocidio argentino. Tambi茅n hay que tener el coraje de recordarlo, y sabemos c贸mo esa memoria ampliada ha desaparecido, terror mediante, de la conciencia de la mayor铆a de nuestros habitantes.

Le贸n Rozitchner

Extra铆do de El terror y la gracia, Ed. Norma, Bs. As, 2003, p谩gs. 55-59




Fuente: Lobosuelto.com