October 20, 2020
De parte de El Libertario
149 puntos de vista





Xabi
Rueda




 



En
el
siglo
XIX,
el
artista


Katsushika


Hokusai
(17601849)
imprimi贸
las


Treinta
y
seis
vistas
del
monte
Fuji
,
xilograf铆as
que
retratan
el
monte
Fuji
desde


diferentes
planos.
Entre
ellas
destaca


鈥淟a


gran
ola
de
Kanagawa
鈥,
una
cautivadora


imagen
que
desprende
el
poder
del
mar.



 



Despu茅s
de
la
crisis
del
2008,
algunos

colectivos
sociopol铆ticos
usaron
el
icono


de
Hokus
ai,
de
forma
literal
o
metaf贸ricamente,
para
dar
entender
que
podr铆a


avecinarse
una
gran
ola,
un
gran
cambio
en
nuestras
vidas.
En
lo
colectivo
se


empezaron
a
usar
t茅rminos
como
las
mareas.
Recordemos:
en
la
educaci贸n,
la


marea
verde;
en
sanidad,
la
marea


blanca,
o
las
mujeres
con
sus
mareas


moradas.
Incluso
las
nuevas
formaciones,
que
ingenuamente
cre铆an
que
reinventar铆an
la
pol铆tica
en
Espa帽a,
acabaron
por
apropiarse
de
t茅rminos
parecidos,
para
dar
entender
que
una
gran
ola


ciudadana,
con
otros
valores,


derrocar铆a


el
viejo
sistema
caduco.
S铆,
las
olas
hicieron
peque帽as
brechas
en
el
dique,
pero


las
embestidas
fueron
absorbidas
por
el


capitalismo
hasta
calmarlas.

  




Cuando
hay
una
ola
en
acci贸n,
existe

una
reacci贸n
en
el
dique



 



Si
el
sistema
se
siente
amenazado
por
alguna
causa,
responder谩
sin
ning煤n
tipo


de
escr煤pulo.
Las
olas
feministas,
por


ejemplo,
en
su
trazado
en
la
historia,


han
puesto
en
jaque
esta
forma
caduca


de
un
sistema
que
oprime
y
esclaviza
a


las
mujeres.
Un
movimiento,
el
feminista,
que
ha
cr
ecido
y
bramado
como


las
olas
en
una
tormenta
en
el
mar.


Creando
un
calidoscopio
de
nuevas
formas
de
entender
la
vida
en
positivo,
ha


conseguido
quedar
fuera
del
mundo
cuadricular,
del
pensamiento
hetero
norma-tivopatriarcal
de
dominaci贸n,
muerte,


violenci
a
y
devastaci贸n.



 



La
misoginia,
junto
al
machismo,
es
la

reacci贸n
m谩s
normal
del
hombre
capitalista
contra
la
actividad
feminista.
Como


si
de
un
dique
se
tratase,
desde
hace


unos
a帽os
hasta
ahora
hemos
palpado


ese
resurgimiento,
con
una
mayor
intensidad,


en
varios
grados
de
la
vida
cotidiana.
Como
tambi茅n
hemos
podido
ser


protagonistas
de
otros
resurgimientos,


como
el
racismo
y
la
homofobia,
que
鈥渃asualmente鈥
suelen
ser
elementos
de
una


misma
composici贸n
ideol贸gica
que
renace
en
tiempos
de
crisis.
Pienso
e
n
el


fascismo,
el
nazismo
o
el
identitarismo.


Por
eso,
muchas
veces,
cuando
nos
encontramos
con
un
s铆ntoma
como
el
odio


hacia
las
mujeres,
acabamos
por
darnos


de
frente
con
actitudes
autoritarias
y
de


dominio,
hasta
llegar
claramente
a
episodios
de
violenc
ia
f铆sica.



 




Un
dique
terrorista
llamado
INCEL



 



Ese
odio
al
semejante
es
transformado
e

integrado
en
nuevas
construcciones
seg煤n
los
nuevos
tiempos,
pero
sigue


siendo
en
esencia
puro
odio.
El
movimiento
llamado


INCEL
,
abreviatura
en


ingl茅s
de



involuntary
celibate
,

est谩
compuesto
por

hombres
heterosexuales
que
se
denominan
a
s铆
mismos
鈥渃茅libes
involuntarios鈥.



 



Fue
una
mujer

queer


canadiense,
reconocida
como


Alana
,
quien,
en
el
a帽o


1993,
propuso
el
nombre
para
crear
una


comunidad
inclusiva
para


personas


apartadas
de
la
normalidad
social鈥,
ya


fuese
por
motivos
de
problem谩tica
social,


marginaci贸n
o
enfermedades
mentales,


que
no
pudiesen
tener
o
conseguir
unas


relaciones
sexoafectivas
completas.



 



La
idea
principal
de
Alana
se
distorsion贸,

llegando


a
ser
la
excusa
de
unos
individuos
fan谩ticos
y
llenos
de
odio
para
justificar
su
repulsi贸n
principal
hacia
todo


lo
femenino.
Hombres
resentidos,
narcisistas
y
autocompasivos


que
culpabilizaban
a
las
mujeres
por
no
encontrar
pareja
o
no
poder
tener
sexo.


Esos
individuos
llegaron
a
crear
pretextos,
basados


muchas
veces
en
conspiraciones,
para


justificar
la
violencia,
como
que,
supuestamente,
el
feminismo
es
un
movimiento


creado
por
los
jud铆os
para
debilitar
a
Occidente.
Una
idea
compartida
con
otros


movimi
entos
de
odio
actualizado,
como


el
denominado
Derecha
Alternativa,


grupo
claramente
neofascista.



 



Las
mujeres
en
un
buen
n煤mero
de
pa铆ses
est谩n
cada
vez
m谩s
emancipadas
y
sin
miedo
de
romper
todas
las

cadenas
de
los
caminos
marcados
por


aquellos
individuos
que
sobreentienden


que,
de


forma
natural,
las
mujeres
deben


someterse
a
ellos.



 



Actualmente,
la
mayor铆a
de
las
mujeres

deciden
cu谩ndo
y
con
qui茅n
mantener


relaciones
sexuales,
algo
que
no
pueden


consentir
los
de


INCEL
.
El
pensamiento


de
este
movimiento,
de
sometimiento
mis贸gino,
se


extrema
para
culpabilizar
a


una
corriente
y
a
un
g茅nero
que
elige
libremente
con
qui茅n
mantener
esas
relaciones.
Algo
que
ellos
cuestionan
como


injusto.
La
reacci贸n
de
quienes
forman


INCEL
es
el
mantenimiento
del
estatus


鈥渘atural鈥
de
dominaci贸n
del
hombre
s
obre

la
mujer.
Es
decir,
perpetuar
la
cosificaci贸n
de
la
mujer,
aplicando
cualquier


tipo
de
violencia
a
todo
lo
femenino,
por


sentirse
v铆ctimas
de
sus
acciones.
Un


planteamiento
que
podr铆amos
calificar


claramente
de
terrorismo.


 



Los
terroristas
de
INCEL



 



Elliot
Rodger,
ide贸logo
y
m谩rtir
del
movimiento,


es
el
m谩ximo
ejemplo
de
los


INCEL
.
Con
s贸lo
22
a帽os
mat贸
a
seis
personas
e
hiri贸
a
otras
13
en
la
universidad


de
Isla
Vista
(California).
Acab贸
suicid谩ndose
despu茅s,
dejando
un
mensaje


que
sirvi贸
como
manifie
sto
del
grupo.


Rodger
es
reconocido
entre
ellos
como


鈥渃aballero
supremo鈥
.
Un
calificativo
que


encierra
un
pensamiento
completamente


autoritario
de
la
vida.



 



Nikolas
Cruz

abri贸
fuego
en
su
instituto


en
Florida.
Cometi贸
el
atentado
como


forma
de
homenaje
a


Rodger,
dejando
escrito:

Elliot
Rodger
no
ser谩
olvidado
.

Cruz
arrebat贸
19
vidas,
y
los


INCELS
inmediatamente
lo
llamaron


鈥渉茅roe鈥


y
lo


nombraron


鈥渉ombre
del
a帽o鈥
.



 



Alek
Minassian

cometi贸
un
acto
terrorista
en
homenaje
tambi茅n
a
Rodger.


Atropell贸
con
su
furgoneta
a
varias
personas,
matando
a
10
y
dejando
a
14
heridas.
Al
igual
que
Cruz,
dej贸
un
mensaje


que
encerraba
una
personalidad
paramilitar.



 



Brian
Isaack
Clyde,

de
22
a帽os,
aficionado
a
las
armas
y
confeso
supremacista


blanco,
entr贸
vestido
de
militar
y
con
un


rifle
en
el
Palacio
de
Justicia
Earle
Cabell.
Antes
del
ataque
dej贸
un
mensaje


con
la
frase


鈥渓a
tormenta
se
acerca鈥,
una

consigna
de
los


conspiracionistas
Qanon,
un
grupo
de
extrema
derecha
estadounidense
que
est谩
convencido
de
que


existe
una
trama
profunda
para
liquidar


al
Gobierno
y
a
los
seguidores
de
Donald


Trump.



 



Estamos
ante
un
movimiento,
el
INCEL,

estructurado
bajo
una
ideolog铆a
y


que


cuenta
con
simpatizantes
de
otras
que


apoyan
cualquier
tipo
de
violencia
hacia


todo
lo
femenino.
Que
exhibe
un
formato


parecido
en
todos
sus
鈥渁tentados鈥,
que


es
el
de
asesinar
a
un
mayor
n煤mero
de


inocentes
posible,
con
el
fin
de
establecer


lo
que
ell
os
consideran
un
estatus
para


las
mujeres,
donde
sean
s贸lo
objetos
con


miedo.
Y
eso
con
el
fin
de
que
la
mujer


deje
de
reivindicarse
como
sujeto
protagonista
de
su
vida
y
quede
sometida
al


hombre
por
los
siglos
de
los
siglos.



 




La
ola
como
cambio
y
autodefensa



 



S铆,
la
reacci贸n
a
la
ola
de
lucha
y
acci贸n

de
la
mujer
por
su
libertad
ha
sido
en


este
caso
un
movimiento
ultra,
clara-
mente
terrorista.
Un
movimiento
de


hombres
fomentadores
del
odio
que
justifica
el
asesinato
de
inocentes,
con
vinculaciones
a
grupos


de
extrema
derecha,


y
que
solo
son
noticia
en
momentos
concretos,
casi
de
forma
anecd贸tica.
Sin
embargo,
ese
movimiento
no
ha
merecido


ninguna
atenci贸n
como
grupo
terrorista


por
parte
de
ning煤n
gobierno
o
por
parte


de
la
opini贸n
p煤blica,
y
menos
a煤n
por


la
s
fuerzas
y
cuerpos
de
seguridad
de
los


Estados.



 



Ser铆a
deseable
que
este
tipo
de
olas
de

cambio,
como
es
el
caso
de
la
morada,


adoptase
un
formato
de
autodefensa


frente
a
un
dique
como
los


INCEL


u
otros


diques
de
odio
hacia
las
mujeres.
El
esp铆ritu
de
cambio
que
impregn贸
en
2008


鈥淟a
gran
ola
de
Kanagawa

de


Katsushika


Hokusai


en
nuestros
movimientos
sociopol铆ticos
debe
reaparecer
en
esta
nueva


crisis.
Olas
que
deben
bramar
de
nuevo


sin
miedo
a
resp
onder
de
forma
leg铆tima


contra
sistem谩ticos
diques
que
ejercen


su
violencia
para
que
esas
mareas
no


tengan
resultado
y
vuelvan
a
una
forma


de
esclavitud,
de
calma.



 



Es
preciso
acometer
cambios,
vuelve
a

ser
el
momento
de


ello.
Cambios
que


pongan
en
el
centro
a
las
personas,
las


vidas,
y
que
arrasen
hasta
los
cimientos,


sin
miedos,
la
l贸gica
capitalista
que
justifica
cualquier
acto
que
llene
todo
de


odio
y
muerte,
perpetuando
as铆
el
estatus
de
dominio.



 



[Tomado
del
vocero

Al
Tajo

#
24,
Aranjuez,
octubre
2020.
N煤mero
completo
accesible
en

https://www.cnt.es/wp-content/uploads/2020/10/AlTajo24octubre.pdf
.]



 






Fuente: Periodicoellibertario.blogspot.com