November 19, 2021
De parte de Arrezafe
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RED
VOLTAIRE
– 09/11/2021

La COP26 no es más
que un show montado para desviar la atención del público de
‎lo que realmente se prepara en ese encuentro. El GIEC –el comité
de expertos de la ‎COP que parece estar alertando a gobiernos
sordos sobre la catástrofe que se aproxima– ‎está siendo
utilizado para dotar a esos gobiernos de un discurso que justifica
sus ‎ambiciones políticas. Los presidentes de Rusia, Vladimir
Putin, y de China, Xi Jinping, ambos resueltamente hostiles a los
proyectos financieros que se cocinan en la COP, ‎se negaron a
participar en esa reunión aunque los banqueros más conocidos del
‎mundo hablan allí de 100 000 millones de dólares en inversiones.
‎

James Bond “generalmente
llega al clímax de sus muy lucrativos films hallándose frente a un
‎artefacto apocalíptico y tratando desesperadamente de saber cuál
cable tiene que cortar para ‎desactivarlo, mientras que un reloj
numérico en rojo anuncia implacablemente una ‎detonación que,
como sabemos, pondrá fin a la vida humana (…) Hoy estamos, mis
colegas ‎dirigentes mundiales, casi en la misma situación que
James Bond, pero la tragedia es que esto ‎no es una película y que
el dispositivo apocalíptico es real”
. Eso dijo, con la mayor
seriedad del mundo, el primer ministro británico Boris Johnson al
abrir la COP26.‎

La «Conferencia de
las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático»
viene siempre
acompañada ‎de discursos apocalípticos pero nunca arroja
compromisos cuantificables ni verificables. Sólo ‎da lugar a
promesas, que siempre se firman en medios de grandes despliegues
mediáticos pero ‎también siempre redactadas en condicional. ‎

La COP26 que actualmente
se desarrolla en Glasgow (Reino Unido), desde el 31 de octubre y
‎hasta el 12 de noviembre, no parece que vaya a escapar a esa
regla. Comenzó con un ‎espectacular video, donde un dinosaurio
subía a la tribuna de la Asamblea General de la ONU para ‎lanzar
una llamada de alerta sobre la posible extinción de la especie
humana, y prosiguió con el ‎discurso de apertura del primer
ministro británico, Boris Johnson, sobre lo que haría James Bond
‎ante la amenaza del cambio climático. El show prosiguió en la
calle con una manifestación ‎encabezada por Greta Thunberg, quien
declaró ilegítimos todos los gobiernos del mundo y ‎denunció el
«fracaso» de la conferencia, que sólo estaba comenzando. ‎

Los líderes políticos
que tanto llaman a salvar la humanidad de su extinción inminente son
los mismos ‎que asignan miles de millones de dólares a la
fabricación y desarrollo de armas nucleares capaces ‎borrar de la
faz de la Tierra la especie humana que tanto dicen querer defender
[1].‎

Lo mínimo que se puede
decir sobre la COP26 es que, en vez de ser una reunión diplomática
‎tendiente a lograr una disminución de la emisión de gases con
«efecto invernadero», se trata ‎sólo de una farsa de
cierta calidad montada para los espectadores del mundo entero. ‎

Pero entonces, ¿cuál es
la realidad que se esconde tras ese circo? ¿Y por qué participan en
él ‎todos los Estados miembros de la ONU?‎

El geofísico yugoslavo
Milutin Milankovic (1879-1958) relacionó las ‎variaciones
climáticas con las modificaciones de la órbita terrestre y la
inclinación del planeta. ‎Inicialmente ridiculizada, la teoría de
Milankivic se convirtió en un análisis de referencia para ‎explicar
las variaciones del paleoclima… y también podría explicar las
modificaciones, a menor escala, registradas en los últimos años. ‎


‎

EL «CALENTAMIENTO
GLOBAL»


‎

Para responder a esas
preguntas tenemos que empezar por separarnos de varias “certezas”
‎erróneas sobre el llamado «calentamiento global». ‎

Es un error creer que el
«calentamiento global» amenaza la supervivencia de la
especie humana. ‎El clima siempre ha sufrido cambios, no de manera
linear sino por ciclos. Hace 7 siglos, ‎la Tierra era un planeta
más caluroso que hoy en día. Por ejemplo, en Francia los glaciares
de ‎los Alpes eran menos extensos que hoy –incluso había
camellos silvestres en lo que hoy ‎conocemos como la región
francesa de Provenza– y ciertas partes del litoral de lo que hoy es
‎la Francia continental se adentraban en el mar más profundamente
que en la actualidad ‎mientras que otros tramos de litoral, más
“retirados”, avanzaron con el tiempo. ‎

Se ha comprobado que el
calentamiento climático en Europa coincidió con el momento de la
‎Revolución Industrial. Por eso “creemos” que las evoluciones
climáticas que hoy vemos ‎se aceleraron como consecuencia de las
emisiones de gases de efecto invernadero provenientes ‎de la
actividad industrial, durante los dos últimos siglos. Es posible,
pero la simultaneidad de ‎dos hechos no indica necesariamente que
uno sea la causa del otro. ‎

Existen otras hipótesis,
como la del geofísico yugoslavo Milutin Milankovic, que explican
esos ‎cambios a partir de las variaciones de la órbita terrestre,
determinadas por la excentricidad de ‎dicha órbita [2], entre
otros factores. ‎

Al impulsar la creación
del GIEC (en 1988), la entonces jefa del gobierno ‎británico,
Margaret Thatcher, aspiraba a encabezar una nueva revolución
industrial basada en ‎el uso del petróleo y de la energía
nuclear. En la práctica, la política de Margaret Thatcher
‎consistió en cerrar gran parte de la industria británica y
financierizar la economía del Reino ‎Unido, lo cual nos ha llevado
a la COP26 y a la actual retórica sobre el “calentamiento
‎climático” como medio de justificar el endeudamiento del Tercer
Mundo ante las grandes ‎entidades financieras de la City.


‎

Y MARGARET THATCHER
CREÓ EL GIEC


‎

En 1988, los primeros
ministros de Canadá y del Reino Unido, Brian Mulroney y Margaret
‎Thatcher, convencieron a sus socios (Estados Unidos, Alemania,
Francia e Italia) para financiar ‎un «Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre el Cambio Climático»
(GIEC, también
designado ‎como IPCC debido a sus siglas en inglés), bajo los
auspicios de la Organización Meteorológica ‎Mundial (OMM) y del
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). ‎Poco
después, Margaret Thatcher declaró que los gases de efecto
invernadero, el hueco de la capa de ‎ozono y las lluvias ácidas
exigían respuestas intergubernamentales [3]. ‎

Pero aquel lindo discurso
ocultaba objetivos políticos. La señora Thatcher estaba empeñada
–‎así lo confirmaron después sus consejeros– en acabar con
los sindicatos de los mineros de los ‎yacimientos de carbón y en
promover una nueva revolución industrial, basada en el uso del
‎petróleo del Mar del Norte y en la energía nuclear [4].‎

El GIEC no es una
academia de sabios climatólogos sino, como su nombre lo indica, un
«grupo ‎intergubernamental». En el GIEC no se habla de
climatología sino de política climática. La gran ‎mayoría de
sus miembros no son científicos sino diplomáticos. En cuanto a los
expertos en ‎climatología que pertenecen al GIEC, no están ahí
como científicos sino como expertos en ‎el seno de su delegación
gubernamental, o sea como funcionarios. Todas sus intervenciones
‎públicas se hacen bajo el control de sus gobiernos. Es por
consiguiente grotesco hablar de ‎consenso «científico»
para designar lo que en realidad es el consenso político que reina
en ‎el seno del GIEC. Eso demuestra un desconocimiento total del
funcionamiento de las instituciones ‎intergubernamentales. ‎

Al contrario de lo que
cree Greta Thunberg, el GIEC no está augurando el apocalipsis a
gobiernos ‎que hacen oídos sordos. En realidad obedece fielmente a
esos gobiernos y elabora, con sus ‎climatólogos, una retórica
destinada a justificar una serie de cambios políticos que la gente
‎normal rechazaría sin los argumentos del GIEC. ‎

Los trabajos del GIEC
sirven de base cada año a una «Conferencia de las Partes»
(COP) firmantes ‎de la «Convención Marco de las Naciones
Unidas sobre el Cambio Climático»
(CMNUCC). ‎La 26ª edición
de esa conferencia es el encuentro de Glasgow (COP26).

Por cierto, ‎en 1990,
el GIEC estimaba, en su primer informe, como «poco probable»
un claro ‎recrudecimiento del efecto invernadero «en los
próximos decenios o más»
. En 2021, ‎aquella verdad de 1990
se ha convertido en una herejía. ‎

Las primeras COP se
dedicaban al trabajo de información y de sensibilización del
público sobre la ‎evolución del clima. Estaba claro para todos
que ciertas regiones se harían inhabitables y que ‎algunas
poblaciones tendrían que desplazarse. Pero con el transcurso del
tiempo comenzó a ‎decirse que los cambios serían tan radicales
que podrían amenazar la supervivencia de toda la ‎especie humana.
Como no se ha producido ningún descubrimiento científico inesperado
que venga a cuestionar ‎abruptamente la verdad anterior, el cambio
de retórica tiene como única ‎explicación la evolución de las
necesidades de los gobiernos. ‎

La sociedad de consumo
está al borde del abismo porque no se puede seguir vendiendo a
‎alguien lo que ya tiene. Si se derrumban las industrias, se
pierden los empleos y los gobiernos ‎se ven en peligro de ser
derrocados. Para evitar eso, hay una sola solución, que ya se
utilizó en el ‎pasado. ‎

A finales de los años
1990, la mayoría de las sociedades occidentales ya estaban
informatizadas y ‎se hacía imposible seguir vendiendo
computadoras. Así que se inventó la historia del «error ‎del
milenio»
, según la cual todos los sistemas informáticos del
mundo iban a entrar en crisis a ‎las 00:00 horas del 1º de enero
del año 2000… y todo el mundo volvió a comprar nuevos
‎ordenadores y programas informáticos concebidos para enfrentar el
«Y2K». Por supuesto, ‎no se cayeron los aviones en vuelo,
tampoco se cayó ningún ascensor ni hubo ordenadores ‎con
problemas. Pero se detuvo la caída de las ventas y se salvó Silicon
Valley. ‎

Hoy en día la solución
sería la «transición energética». O sea, en vez tratar de
vender ‎otro automóvil a alguien que ya tiene uno, habrá que
venderle un vehículo eléctrico para ‎reemplazar su automóvil que
funciona con gasolina. Por supuesto, la electricidad se genera
‎utilizando petróleo y exige el uso de baterías que actualmente
no son reciclables. En definitiva, ‎con la «transición
energética»
el planeta se verá más contaminado que antes
pero… ‎¡ahora no hay que pensar en eso!‎

La teoría del origen
humano del calentamiento global garantiza el ‎enriquecimiento
personal del ex vicepresidente estadounidense Al Gore, quien es su
principal ‎promotor. A finales de los años 1990, fue precisamente
Al Gore quien montó el cuento del ‎‎“error del milenio”,
contribuyendo así a la fortuna de Bill Gates y preservando los
intereses de Silicon Valley.‎


‎‎

LA «BOLSA DEL
CLIMA»
, ÚNICA REALIZACIÓN DE LA COP


‎

Bajo la presidencia de
Bill Clinton, Estados Unidos tomó el control del GIEC e impuso el
Protocolo ‎de Kioto (COP3)… documento que Washington nunca firmó.
El vicepresidente Al Gore estaba entonces a cargo de la política
‎energética de Estados Unidos y así aprobó la guerra en Kosovo
para poder construir un ‎oleoducto a través de los Balcanes. Pero,
como el Protocolo apuntaba originalmente a limitar las ‎emisiones
de 5 gases de efecto invernadero y de 3 sustitutos de los
clorofluorocarbonos, ‎Al Gore promovió la creación de unos
«derechos de emisión de CO₂» para las industrias y se
olvidó de ‎los demás gases. ‎

Ya como ex vicepresidente
de Estados Unidos, Al Gore fundó, junto a varios banqueros de
‎Goldman Sachs y con financiamiento de Blackrock, la Chicago
Climate Exchange (Bolsa del Clima ‎de Chicago). Como Estados Unidos
nunca firmó el Protocolo de Kioto esa entidad funcionó mal, ‎así
que Al Gore abrió en los otros cuatro continentes sucursales que se
desarrollaron ‎rápidamente. Hoy Al Gore percibe una remuneración
por cada intercambio de derechos de ‎emisión de CO₂. Para
desarrollar su negocio, Al Gore se convirtió en “militante” de
la causa ‎climática y produjo el film An Inconvenient Truth
(Una verdad que molesta). Le dieron ‎entonces el premio Nobel de la
Paz, aunque ese film, presentado como un documental científico, ‎es
sobre todo un largo spot publicitario para su “bolsa del clima”
[5].‎

Entre paréntesis, el
redactor de los estatutos de la Bolsa del Clima fue un joven jurista
‎desconocido… un tal Barack Obama, que luego se incorporó al
mundo de la política en Chicago ‎y resultó electo presidente de
Estados Unidos, sólo 4 años después. Ya en la Casa Blanca, Barack
‎Obama elaboró el proyecto de utilizar la histeria sobre el clima
para reformar el sistema financiero ‎global. Ese fue el proyecto
que se adoptó en la COP21, en París, y que debería ponerse ‎en
marcha con la COP26 de Glasgow. ‎



‎
Estamos ante el negocio
del siglo. Para aplicar las resoluciones de la COP26, ‎los Estados
tendrán que adaptar su industria y… endeudarse. Todavía no se
sabe bien si el ‎calentamiento global es causado por la actividad
humana pero no hay dudas sobre el origen del saqueo de las
economías.‎
Global Banking & Finance Review

PRÓXIMO OBJETIVO DE
LA COP: “COLOREAR DE VERDE” LA GRAN FINANZA


‎

La COP26 está organizada
por Reino Unido con ayuda de Italia. Cuatro británicos están a
cargo ‎de ese encuentro: dos ex ministros, Alok Sharma (ex ministro
de Economía, Industria y Estrategia ‎Industrial) y Anne-Marie
Trevelyan (ex ministra de Desarrollo Internacional), Mark Carney
‎‎(ex gobernador de los Bancos del Reino Unido y Canadá) y el
cabildero Nigel Topping. ‎Ninguno sabe absolutamente nada de
climatología pero los cuatro defienden un proyecto de ‎reforma de
las instituciones de Bretton Woods –el Fondo monetario
International (FMI) y el Banco ‎Mundial.‎

Si los presidentes de
Rusia y China, Vladimir Putin y Xi Jinping, no participan en la COP26
no es ‎porque estén en desacuerdo con la lucha contra la
contaminación del medioambiente sino porque ‎se oponen a ese
proyecto financiero. ‎

El sitio web de la COP26
explica que se trata de: ‎


‎

«Movilizar
financiamiento. Para alcanzar nuestros objetivos, los países
desarrollados ‎deben mantener su promesa de movilizar al menos 100
000 millones de dólares de ‎financiamiento climático. Las
instituciones financieras internacionales deben desempeñar ‎su
papel y nosotros debemos trabajar para liberar los miles de millares
de millones de ‎dólares de financiamiento del sector privado y del
sector público necesarios para el cero ‎neto mundial.»‎

Lo que se firmaría al
final de la COP26 es la creación de una instancia que, para
movilizar esos ‎fondos, agruparía

el Banco Asiático de
Desarrollo,

el Banco Africano de
Desarrollo,

el Banco Asiático de
Inversión en Infraestructura,‎

el Banco Caribeño de
Desarrollo,

el Banco Europeo de
Inversiones,

el Banco Europeo para la
Reconstrucción y el Desarrollo,

el Banco Interamericano
de Desarrollo,‎

el Banco Islámico de
Desarrollo,

el Banco Mundial

y 450 grandes empresas. ‎

Es importante entender
que el Banco Mundial y sobre todo el Fondo Monetario Internacional
‎‎(FMI) han perdido toda credibilidad, a tal extremo que ya no es
posible seguir endeudando a los ‎países pobres… pero hay que
encontrar cómo mantener a esos países bajo control. Todos los
gobiernos ‎saben ya que las “donaciones” y préstamos de las
instituciones internacionales vienen ‎acompañados de condiciones
leoninas que hacen que sus países sean más vulnerables y que cuando
‎llegue el momento del reembolso el país ya no será dueño de
nada. ‎

Con la COP26, los
banqueros podrán prestar dinero para “salvar el planeta” y
convertirse de paso ‎en dueños de los países cuyos dirigentes
hayan confiado en ellos [6].

Notas:

[1] «Defienden
el clima mientras nos preparan ‎el fin del mundo»
, por Manlio
Dinucci, ‎‎Il Manifesto (Italia), Red Voltaire, 4
de noviembre de 2021.

[2] Si bien la
Tierra gira alrededor del Sol, este último no está exactamente en
el ‎centro de la órbita terrestre, lo cual hace que la distancia
entre la Tierra y el Sol no sea siempre ‎la misma. Nota de Red
Voltaire
.

[3] Speech to
the Royal Society
, ‎Margaret Thatcher, 27 de septiembre de
1988.

[4] “El pretexto
climático”, «1982-1996:
La ecología de mercado
», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia) ,
‎‎Red Voltaire, 25 de abril de 2010.

[5] “El pretexto
climático”, «1997-2010:
La ecología financiera
», por Thierry Meyssan, ‎‎Оdnako
(Rusia), Red Voltaire, 28 de abril de 2010.

[6] «Les
nouvelles armes financières de l’Occident»
, par Manlio
Dinucci, Traduction Marie-Ange Patrizio, Il Manifesto
(Italie), Réseau Voltaire, 9 novembre 2021.




Fuente: Arrezafe.blogspot.com