June 6, 2021
De parte de Amor Y Rabia
195 puntos de vista


He aqu铆 las claves para entender qu茅 es la correcci贸n pol铆tica y c贸mo se utiliza.

por Alana Moceri

A mis alumnos les pido que me llamen Alana. Ahora bien, siempre tengo que a帽adir que, si tienen que dirigirse a m铆 de modo m谩s formal, me llamen Ms. Moceri, nunca Mrs. (鈥渟e帽ora鈥, reservado a las mujeres casadas) ni Miss (鈥渟e帽orita鈥, para las chicas j贸venes). Hace tiempo que las feministas de habla inglesa crearon 鈥淢s.鈥, que es un tratamiento formal de la mujer que no tiene en cuenta el estado civil. Es decir, igual que en el caso de los hombres, a los que se llama 鈥淢r.鈥 Est茅n casados o no. Por desgracia, en espa帽ol no existe esa soluci贸n, y he tenido infinitas discusiones con hombres espa帽oles que me dicen que me alegre de que me llamen 鈥渟e帽orita鈥, porque es una forma de elogiar mi aspecto juvenil. No me lo trago. Llevo demasiado tiempo siendo adulta como para soportar que me llamen jovencita en ning煤n idioma.

Se podr铆a pensar que si soy tan quisquillosa con los tratamientos es por pura correcci贸n pol铆tica. 鈥淧. C.鈥, en el habla coloquial estadounidense. Que no son m谩s que palabras, que no hay intenci贸n de ofender y que no me ponga tan tremenda. Ese es el primer problema de la correcci贸n pol铆tica: como pasa con cualquier mensaje, el que lo transmite no sabe c贸mo se percibe. 

Para la izquierda estadounidense, en su mayor parte, usar el lenguaje con cuidado no tiene nada que ver con insultar o no. Pero, por otro lado, gran parte de la izquierda acusa a los conservadores, sobre todo, de tres afrentas: sexismo, racismo y homofobia. Para los conservadores, la correcci贸n pol铆tica es una forma de censura e intolerancia, no solo de las palabras sino de la ideolog铆a, una presi贸n para atenerse a lo que unas 茅lites sin rostro consideran aceptable.

El t茅rmino 鈥減ol铆ticamente correcto鈥 tiene su origen en la Uni贸n Sovi茅tica, donde marcaba la diferencia entre lo que de verdad era correcto y lo que era conveniente desde el punto de vista pol铆tico. Su uso actual en Estados Unidos comenz贸 hacia 1990, cuando los medios de comunicaci贸n empezaron a hablar de 茅l. Uno de los primeros reportajes apareci贸 en The New York Times con el t铆tulo The Rising Hegemony of the Politically Correct, y se centraba en el fen贸meno en los campus universitarios: 鈥淓xiste la creencia extendida en el mundo acad茅mico y otros sectores de que un conjunto de opiniones sobre la raza, la ecolog铆a, el feminismo, la cultura y la pol铆tica exterior define una especie de actitud 鈥榗orrecta鈥 ante los problemas del mundo, una especie de ideolog铆a extraoficial de la universidad鈥.

La correcci贸n pol铆tica puede ser blandengue y frustrante, e incluso los que nos consideramos bastante cuidadosos con nuestro lenguaje podemos cometer faltas. El invierno pasado, asist铆a a una reuni贸n internacional de activistas dem贸cratas, y, en una conversaci贸n con varios dirigentes LGTB, me rega帽aron por utilizar el t茅rmino 鈥渕atrimonio gay鈥. 鈥淧edro Zerolo era un amigo m铆o que fue uno de los principales activistas que lograron la legalizaci贸n del matrimonio gay en Espa帽a鈥. 鈥淥h, no鈥, me dijeron, 鈥渟e llama matrimonio igualitario鈥. Me qued茅 perpleja por dos motivos. Uno, que creo dominar bastante el lenguaje P. C., pero me hab铆an cambiado los l铆mites. Me hab铆a perdido el documento que informaba de que la gente pol铆ticamente correcta ya no utiliza el t茅rmino matrimonio gay.

Y aqu铆 viene la segunda dificultad de la correcci贸n pol铆tica. Lo que se considera aceptable cambia todo el tiempo, y no siempre hay alguien que lo decida. Hace mucho tiempo que las azafatas se convirtieron en auxiliares de vuelo, las secretarias en asistentes administrativas, los negros en afroamericanos, los ciegos en personas con discapacidad visual y los sordos en personas con discapacidad auditiva. Pero ahora el t茅rmino discapacitado ha dejado de ser correcto, y hay que usar 鈥渃on otras capacidades鈥. En su mayor铆a, el prop贸sito de estas palabras es ser menos ofensivas para las personas a las que califican. En el caso del matrimonio igualitario, se trata de encuadrar el debate pol铆tico. Y en otro ejemplo, las personas partidarias del derecho al aborto se denominan 鈥減rolibertad de elegir鈥 y dicen que los que se oponen son 鈥渁ntilibertad de elegir鈥. En cambio, estos 煤ltimos se denominan a s铆 mismos 鈥減rovida鈥 y dicen que los que defienden el derecho al aborto son 鈥渁ntivida鈥. 驴Suficientemente confuso?

Como dec铆a, en aquella conversaci贸n, cuando me rega帽aron por hablar de matrimonio gay, me qued茅 perpleja por dos motivos. Y el segundo era que pens茅 que c贸mo se atrev铆an a juzgarme o a insinuar que yo o mi lenguaje 茅ramos hom贸fobos. Esa sensaci贸n de que los otros est谩n juzg谩ndote es, en gran parte, el origen de la reacci贸n contra lo que, para muchos, no es m谩s que un simple esfuerzo para no ofender. Esa sensaci贸n de ser juzgados es el tercer elemento problem谩tico de la correcci贸n pol铆tica, porque coloca a la gente no solo a la defensiva sino en el otro extremo, en el extremo equivocado.

Intenten recordar lo que sintieron cuando la gente y la prensa de todo el mundo criticaron a Espa帽a por un gesto que consideraron racista. En v铆speras de los Juegos Ol铆mpicos de 2008 en Pek铆n, los jugadores de las selecciones masculina y femenina de baloncesto posaron para una foto achin谩ndose los ojos con los dedos. A pesar de la indignaci贸n internacional, expresada en la prensa, los medios y los jugadores espa帽oles parecieron desconcertados por las acusaciones. Seg煤n ellos, aquella no era m谩s que una pose m谩s, hecha espec铆ficamente para una publicidad de SEUR, y no ten铆a ninguna intenci贸n racista. Pau Gasol se disculp贸 y reconoci贸 que quiz谩 hab铆a sido mala idea, pero otros fueron m谩s desafiantes, como el entrenador, A铆to Garc铆a Reneses, que se neg贸 a pedir perd贸n y reiter贸 que no era m谩s que una broma.

Un art铆culo publicado en El Pa铆s por aquel entonces refleja ese tipo de reacci贸n, ese decir 鈥渃贸mo se atreven a juzgarnos鈥, con la declaraci贸n de que la foto no era ni racista ni ofensiva. Muchos amigos estadounidenses que viv铆an en Espa帽a entonces se preguntaban qu茅 habr铆a pasado si le hubiera ocurrido a la selecci贸n norteamericana. Podemos imaginar la indignaci贸n internacional por el racismo de Estados Unidos, y quiz谩 incluso habr铆a tenido que dimitir alguno de los responsables del equipo. Pero nuestra historia, nuestra cultura y nuestros criterios son distintos. TNT Espa帽a aire贸 un anuncio sobre un marat贸n de la serie Blackish que hac铆a un juego de palabras con el 鈥淏lack Friday鈥 y que a casi todos los estadounidenses nos dio verg眉enza y nos molest贸, pero al que no pareci贸 que los espa帽oles dieran importancia. Decir qu茅 es sexista, racista u hom贸fobo depende por completo del punto de vista de cada uno. Y, si bien no podemos todos estar de acuerdo, a la mayor铆a de la gente le molesta ser criticada por cosas que otros consideran ofensivas.
Existen muchos motivos para pensar que la correcci贸n pol铆tica no es m谩s que una tapadera inventada por los que quieren proteger el statu quo, sobre todo personas conservadoras. Desde luego, el hecho de hablar de statu quo ya implica el sexismo, el racismo y la homofobia tradicionales. O eso dicen los que defienden esta teor铆a. Antes de ver c贸mo lo ha explotado Trump, conviene fijarse en una encuesta que llev贸 a cabo Pew Research en 2016. La conclusi贸n general fue que la mayor铆a de los estadounidenses (59%) cree que mucha gente se ofende con demasiada facilidad. Los sentimientos sobre la correcci贸n pol铆tica tienden a diferenciarse en funci贸n de las ideas pol铆ticas, el sexo y la raza. En esa encuesta, el 78% de los republicanos y el 68% de los independientes entrevistados pensaban que la gente se ofende con demasiada facilidad, pero solo el 37% de los dem贸cratas. El 61% de los dem贸cratas dec铆a que 鈥渓a gente tiene que ser m谩s cuidadosa con el lenguaje que utiliza para no ofender a personas que proceden de or铆genes distintos鈥. Si examinamos el componente demogr谩fico, es evidente que los negros y los hispanos est谩n m谩s preocupados que los blancos sobre el cuidado con el lenguaje, y las mujeres, m谩s que los hombres. Las diferencias son mucho menores entre diversos grupos de edad y niveles educativos. Es f谩cil deducir que las personas que son v铆ctimas frecuentes de un lenguaje descuidado o insultante son las m谩s preocupadas por 茅l.

Ahora bien, 驴quiz谩 ha ido demasiado lejos la correcci贸n pol铆tica? Trump utiliz贸 esta posibilidad con enorme 茅xito en su campa帽a de 2016. La encuesta de Pew muestra lo mucho que les preocupaba esta cuesti贸n a sus votantes: el 83% de ellos pensaba que demasiada gente se ofende con demasiada facilidad, y solo el 16% pensaba que hab铆a que ser cuidadosos. Por si fuera poco, las personas que tienden a ser pol铆ticamente correctas sin gran esfuerzo suelen ser urbanitas y educadas. Es decir, justo el tipo de personas a las que los votantes de Trump, rurales y con menos educaci贸n, detestan. 驴Por qu茅 las detestan? Muy f谩cil: porque piensan que los juzgan y los desprecian. Que les llaman sexistas, racistas y hom贸fobos solo porque no manejan con soltura el lenguaje pol铆ticamente correcto.

Este argumento tiene una pizca de verdad, y por eso a Trump le cost贸 tan poco utilizarlo para despertar la santa indignaci贸n entre sus partidarios. Da igual que no todos los dem贸cratas crean en la correcci贸n pol铆tica ni que utilicen el t茅rmino, que no todos consideren a los votantes de Trump paletos con malas dentaduras, lo que en espa帽ol llaman 鈥渓a Am茅rica profunda鈥. Lo que importa es que hay algo de verdad en esa queja y, por consiguiente, cuanto m谩s incorrecto es Trump, m谩s se identifica esa gente con 茅l y m谩s le quiere.

Donde la correcci贸n pol铆tica parece verdaderamente haber enloquecido es en los campus universitarios, aunque aqu铆 se mezcla el tema con el de la sobreprotecci贸n de unos j贸venes incapaces de soportar cualquier lenguaje que pueda causarles malestar emocional. En este caj贸n de sastre entran desde los temas violentos, racistas o mis贸ginos que se tratan en las aulas hasta cualquier orador invitado, como un analista pol铆tico o un c贸mico. El lenguaje ofensivo se convierte en 鈥渕icroagresiones鈥, y los alumnos exigen avisos y alertas por parte de los profesores antes de tratar esos temas, para que los estudiantes que lo necesiten puedan salir del aula o evitar la conversaci贸n. No todos los universitarios se han convertido en las flores delicadas que dicen los conservadores, pero s铆 es un fen贸meno lo bastante habitual como para haberse convertido en el tema del libro de Jonathan Haidt y Greg Lukianoff The Coddling of the American Mind: How Good Intentions and Bad Ideas Are Setting Up a Generation for Failure.

La verdad es que ya no hay mucha gente pol铆ticamente correcta que siga utilizando el t茅rmino; ha ido a parar al vertedero de t茅rminos pol铆ticos en el que terminan las expresiones tan demonizadas y polarizadas que dejan de expresar nada m谩s que las divisiones que provocan. Mi hermano, que en general vota a los republicanos, me dijo una frase que resume muy bien la distancia entre la denostada palabra y la necesidad de ser educados: 鈥淟a correcci贸n pol铆tica es una mierda. Basta con emplear el sentido com煤n y no ser un cabr贸n miserable. Ese es el principio por el que me gu铆o鈥.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com