October 13, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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Extraido de Nacionalismo y Cultura, C├íp. IX: ┬źLas ideas liberales en Europa y en Am├ęrica┬╗

En Am├ęrica las ideas del radicalismo pol├ştico dominaron largo tiempo a los mejores cerebros y con ├ęstos a la opini├│n p├║blica. Todav├şa hoy no han sido olvidadas por completo, aunque la dominaci├│n aplastante y aplastadora del capitalismo y de su econom├şa monopolista socav├│ las viejas tradiciones hasta tal grado que aquellas ideas s├│lo pueden servir de r├│tulo de fachada para aspiraciones bien distintas. Sin embargo, no siempre fue as├ş. Hasta un car├ícter de temperamento tan conservador como el de George Washington, a quien Paine hab├şa dedicado la primera parte de sus Derechos del hombre ÔÇölo que no le impidi├│ despu├ęs atacar violentamente al primer presidente de los Estados Unidos, cuando crey├│ reconocer que ├ęste entraba por una senda que ten├şa que apartarle de la ruta de la libertadÔÇö, hasta Washington hizo esta declaraci├│n:

El gobierno no conoce la raz├│n ni la convicci├│n, y por eso no es otra cosa que la violencia. Lo mismo que el fuego, es un servidor peligroso y un amo terrible. No hay que darle nunca ocasi├│n para cometer actos irresponsables.

Thomas Jefferson, que calific├│ el derecho a la rebeli├│n contra un gobierno que ha lesionado la libertad del pueblo, no s├│lo como derecho, sino como deber de todo buen ciudadano, y era de opini├│n que una peque├▒a insurrecci├│n de tanto en tanto no puede menos de ser beneficiosa para la salud de un gobierno, resumi├│ su concepci├│n sobre toda la esencia del gobierno en estas lac├│nicas palabras: ┬źEl mejor gobierno es el que gobierna menos┬╗. Adversario irreductible de todas las limitaciones pol├şticas, consideraba Jefferson toda intromisi├│n del Estado en la esfera de la vida personal de los ciudadanos como despotismo y violencia brutal.

Benjam├şn Franklin replic├│ al argumento de que el ciudadano debe sacrificar una parte esencial de su libertad al Estado para procurarse as├ş la seguridad de su persona, con estas palabras tajantes:

El que está dispuesto a abandonar una parte esencial de su libertad para conseguir en cambio una seguridad temporal de su persona, pertenece a los que no merecen ni la libertad ni la seguridad.

Wendell Phillips, el vigoroso combatiente contra la esclavitud de los negros, expres├│ su convicci├│n de que el ┬źgobierno es simplemente el refugio del soldado, del hip├│crita y del cura┬╗. Y manifest├│ en uno de sus discursos:

Tengo una pobre opini├│n de la influencia moral de los gobiernos. Creo con Guizot que es una burda ilusi├│n creer en el poder soberano de una m├íquina pol├ştica. Cuando se oye con qu├ę veneraci├│n habla cierta gente del gobierno, se podr├şa creer que el Congreso es la encarnaci├│n de la ley de la gravitaci├│n universal, que mantiene a los planetas en su ruta.

Abraham Lincoln previno a los americanos para que no confiasen a un gobierno la garant├şa de sus derechos humanos:

Si hay algo en la tierra que un ciudadano no deber├şa confiar a manos extra├▒as, es la conservaci├│n y la persistencia de la propia libertad y de las instituciones ligadas a ella.

De Lincoln proceden tambi├ęn estas significativas palabras:

Fui siempre de opini├│n que el hombre tiene que ser libre. Pero si hay hombres a quienes la esclavitud parece conveniente, son los que la desean para ellos mismos y los que la quieren imponer a los otros.

Ralph Waldo Emerson expres├│ estas conocidas palabras:

Todo Estado verdadero está corrompido. Los hombres buenos no deben obedecer demasiado a las leyes.

Emerson, el poeta fil├│sofo de Am├ęrica, sent├şa sobre todo abierta repugnancia contra el fetichismo de las leyes y sosten├şa que ┬źpagamos demasiado caro nuestra desconfianza rec├şproca. El dinero que entregamos para la instituci├│n de tribunales y de prisiones, es un capital malamente invertido┬╗. Y dec├şa tambi├ęn que ┬źla ley de la autoconservaci├│n ofrece al hombre m├ís seguridad de lo que podr├şa hacerlo cualquier legislaci├│n┬╗.

Este esp├şritu inspiraba toda la literatura pol├ştica de Am├ęrica en aquellos tiempos, hasta que apareci├│ el capitalismo moderno, que condujo a nov├şsimas condiciones de vida, con sus efectos espiritual y moralmente corruptores, desplazando cada vez m├ís las viejas tradiciones o interpret├índolas en su beneficio. Y as├ş como las mismas corrientes de ideas llegaron en Inglaterra a su cima en la Justicia pol├ştica de Godwin, as├ş tambi├ęn alcanzaron la m├ís alta perfecci├│n en la acci├│n de hombres como H. D. Thoreau, Josiah Warren, Stephen Pearl Andrews y algunos otros que se atrevieron a dar valerosamente el ├║ltimo paso y dijeron con Thoreau:

Reconozco de todo coraz├│n este principio: el mejor gobierno es el que gobierna menos: s├│lo deseo que se pudiera avanzar m├ís r├ípida y sistem├íticamente de acuerdo con ese principio. Justamente empleado, ese pensamiento implica todav├şa otro, que apruebo igualmente: el mejor gobierno es, en general, el que no gobierna.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com