June 10, 2021
De parte de Amor Y Rabia
163 puntos de vista



por Julien Coupat et al

Mayo-agosto 2020

Al romper el ritmo habitual del mundo, la pandemia de Covid-19 ha actuado como un revelador de nuestras existencias y del mundo en el que vivimos. Los autores de esta tribuna dan testimonio de lo que han visto desde marzo (y desde Francia). Este texto se public贸 simult谩neamente en los sitios web de Terrestres y Reporterre el 4 de septiembre de 2020.

Hemos visto la libertad m谩s b谩sica de las constituciones burguesas 鈥攍a libertad de ir y venir鈥 ser abolida en un chasquido de dedos.

Hemos visto a un presidente que afirma regular los 芦detalles de nuestra vida cotidiana禄 desde el Palacio del El铆seo.

Hemos visto a un gobierno que promulga de la noche a la ma帽ana nuevas costumbres, la forma correcta de saludarse y que incluso decreta una 芦nueva normalidad禄.

Hemos escuchado que a los ni帽os se les llama 芦bombas virol贸gicas禄; para despu茅s, finalmente, decir que no.

Hemos visto a un alcalde que ha prohibido sentarse m谩s de dos minutos en las bancas de 芦su禄 ciudad y a otro que ha prohibido comprar menos de tres barras de pan a la vez.

Hemos o铆do a un profesor de medicina deprimido que habla de 芦una forma de suicidio en masa para ellos y para los dem谩s禄 a prop贸sito de j贸venes que tomaban el sol en un parque.

Hemos visto un sistema de medios de comunicaci贸n perfectamente desacreditado que trata de recuperar una onza de cr茅dito moral a trav茅s de una empresa de culpabilizaci贸n masiva de la poblaci贸n, como si la resurrecci贸n del 芦peligro juvenil禄 fuera a traer la suya.

Hemos visto a 6000 gendarmes de las unidades de 芦monta帽a禄 apoyados por helic贸pteros, drones, lanchas r谩pidas y 4脳4, comprometidos en una cacer铆a a nivel nacional de los agrimensores de senderos, orillas de r铆os, lagos, sin mencionar, por supuesto, costas.

Hemos visto a polacos en cuarentena que reciben la orden de elegir entre tomarse fotos en casa con una aplicaci贸n que combina la geolocalizaci贸n y el reconocimiento facial, o recibir una visita de la polic铆a.

Hemos o铆do a los ancianos que golpean la puerta de sus habitaciones de la Instituci贸n Residencial para Personas Mayores Dependientes pidiendo que les dejen salir para ver el sol quiz谩 una 煤ltima vez, y la barbarie civilizada se cubre con excusas sanitarias.

Hemos visto que la noci贸n de 芦distancia social禄, ideada en los Estados Unidos de la d茅cada de 1920 para cuantificar la hostilidad de los blancos hacia los negros, se ha convertido en la norma evidente de una sociedad de extra帽os. Hemos visto as铆 un concepto nacido en respuesta a los disturbios raciales de Chicago de 1919 ser movilizado para congelar la ola insurreccional mundial de 2019.

Hemos visto, en nuestras noches confinadas, que los sat茅lites de Elon Musk reemplazan las estrellas, as铆 como la caza de Pok茅mon reemplaz贸 la caza de mariposas extintas.

Hemos visto de un d铆a para otro nuestro departamento, que nos hab铆an vendido como refugio, cerr谩ndose sobre nosotros como una trampa.

Hemos visto la metr贸poli, una vez desaparecida como el teatro de nuestras distracciones, revelarse como un espacio pan贸ptico de control policial.

Hemos visto en toda su desnudez la estrecha red de dependencias de la que nuestras vidas est谩n suspendidas. Hemos visto a qu茅 se sujetan nuestras vidas y por qu茅 somos sujetados.

Hemos visto, en su suspensi贸n, la vida social como una inmensa acumulaci贸n de limitaciones aberrantes.

No hemos visto ni Cannes, ni Roland Garros, ni el Tour de Francia; y eso estuvo bien.

Hemos le铆do esta declaraci贸n del Centro de Empleadores Suizos: 芦Debemos evitar la tentaci贸n de que algunas personas se acostumbren a la situaci贸n actual, o incluso que se dejen seducir por sus insidiosas apariencias: mucho menos tr谩fico en las carreteras, un cielo des茅rtico por el tr谩fico a茅reo, menos ruido e inquietud, una vuelta a la vida simple y al comercio local, el fin de la sociedad de consumo鈥 Esta percepci贸n rom谩ntica es enga帽osa, porque la ralentizaci贸n de la vida social y econ贸mica es en realidad muy dolorosa para innumerables personas que no desean soportar m谩s esta experiencia forzada de decrecimiento禄.

Hemos visto a los Estados Unidos, Francia o Italia que declaran una guerra que est谩 destinada a ser despiadada contra un enemigo que es, por supuesto, invisible, e imitar el poder chino en esto. Hemos visto a los Estados m谩s occidentales que adoptan de forma natural las palabras, los m茅todos y las maneras que se consideran caracter铆sticos del 芦despotismo oriental禄; pero sin los medios para hacerlo. Hemos visto que la despiadada gubernamentalidad de China es designada como un enemigo porque en realidad sirve como modelo. Hemos visto hacia d贸nde tienden las democracias.

Hemos visto que lo social es cada vez m谩s absorbido por lo gubernamental, y que lo gubernamental se reduce a lo puramente hostil. Hemos visto la separaci贸n consumada que coincide con el proyecto de una gubernamentalidad perfecta.

Hemos visto durante semanas el interminable sketch televisivo de los cubrebocas, las pruebas y los puntos de reanimaci贸n. Y hemos visto en esta mascarada un reflejo de nuestra propia e inconmensurable impotencia. Hemos visto la pasi贸n triste de estar bien gobernado como algo que siempre tiene que ser decepcionado.

Hemos visto a las costureras de las aldeas suplir las carencias del Estado y a los cuidadores hablar m谩s alto que un presunto Presidente. S贸lo hemos visto portavoces sin voz, generales sin ej茅rcitos, estrategas sin estrategia y ministros sin magisterio. Hemos visto la vieja fe en el Estado desmoronarse en el mismo momento en que se le ha dado al Estado una raz贸n de ser inesperada.

Hemos visto al Estado franc茅s, tan com煤nmente golpeado por la grandiosidad como todo aquello que es franc茅s, reducido a su verdadero estatuto de Estado fallido. Lo hemos visto escondiendo bajo los oropeles de su aparato una realidad del Tercer Mundo: robando cubrebocas a sus propias colectividades locales y a sus 芦aliados europeos禄, movilizando al ej茅rcito como el primer presidente mexicano que vino a escenificar un control de la situaci贸n en el que nadie cree, imitando la eficacia de cart贸n con helic贸pteros y trenes de alta velocidad, apropi谩ndose como propios los estallidos espont谩neos de solidaridad hacia los cuidadores que nunca hab铆a dejado de desplumar.

Hemos visto, a trav茅s de los agujeros de los abrigos de las enfermeras, el intenso bricolaje que pasa por 芦nuestras instituciones禄.

Hemos visto la meta-burocracia privada de las empresas consultoras mundiales tan torpe como la burocracia estatal, y en todas partes extendiendo su control.

Hemos visto c贸mo los Estados Unidos, en los hechos un Estado fallido, cuenta con el valor de Francia.

Hemos visto por todas partes la pretensi贸n de administrar las cosas, de gestionarlas desde lejos, chocando con la realidad; y eso, para empezar, en el hospital.

Hemos visto que el reflejo de centralizar-planificar-organizar en todas partes empeora la situaci贸n, y s贸lo mejora la imagen de los organizadores.

En el punto 谩lgido de la crisis, hemos visto al Estado como algo que ya no necesitamos, y del que nada emana en forma de alivio m谩s que una sorda amenaza y golpes bajos. Hemos visto que vivir sin el Estado, o lejos de su imperio, se ha convertido para muchos en la primera medida vital.

Hemos visto c贸mo la autoorganizaci贸n local se despliega, de lo cercano a lo cercano, dentro de los territorios vividos, como un reflejo vital que devuelve un poco de sentido y agarre,  como una experiencia 铆nfima pero real de potencia colectiva.

Hemos visto la pasi贸n por el jard铆n, o incluso el gallinero, apoderarse de aquellos que hasta entonces s贸lo ten铆an tres macetas de flores marchitas.

Hemos visto, en el galope de prueba del confinamiento mundial, que no hay ruptura entre un mundo antes y un mundo despu茅s. Lo hemos visto como un simple revelador del mundo que ya estaba ah铆, pero cuya coherencia hasta ahora hab铆a sido mortal.

Hemos visto el surgimiento, con el arresto domiciliario de la mayor铆a de la poblaci贸n mundial, de la nueva arquitectura plenamente dispuesta de la separaci贸n, donde la ausencia de contacto es la condici贸n para que todas las relaciones sean mediadas cibern茅ticamente.

Hemos visto la aparici贸n del hasta ahora clandestino ecosistema de la vigilancia de masas, a la luz de algunas estad铆sticas del Ministerio del Interior sobre el 20 % de los parisinos que se marcharon de su ciudad para confinarse en otro lugar. Hemos visto que era in煤til, en este 谩mbito, distinguir entre la organizaci贸n estatal y los data brokers privados, entre los que detentan los t铆tulos y los que disponen las palancas.

Hemos o铆do a Eric Schmitt, antiguo jefe de Google, que se ha convertido en un pilar del complejo militar-industrial estadounidense, formular aquello que se cuidan de no decir oficialmente en Francia: la desescolarizaci贸n conectada de los ni帽os es, en efecto, un 芦experimento masivo de educaci贸n a distancia禄. Luego especifica el plan: 芦Si queremos construir la econom铆a y el sistema educativo del futuro en toda la televisi贸n, necesitamos una poblaci贸n totalmente conectada y una infraestructura ultrarr谩pida. El gobierno necesita hacer inversiones masivas 鈥攖al vez como un paquete de est铆mulo鈥 para convertir la infraestructura digital de la naci贸n en plataformas basadas en el cloud y conectarlas a trav茅s de la red 5G禄. Hemos visto en su llamada de gratitud a los gigantes digitales 鈥芦隆Piensa en c贸mo ser铆a tu vida en Estados Unidos sin Amazon!禄鈥 la voz triunfante de los nuevos amos.

Hemos visto, bajo el pretexto imparable de la pandemia, que aparece la coherencia de las partes hasta entonces desarticuladas de los planes imperiales: geolocalizaci贸n, reconocimiento facial, Linky, exceso de drones, prohibici贸n de pagos en efectivo, Internet de las cosas, generalizaci贸n de los sensores y la producci贸n de rastreo, arresto domiciliario digital, privatizaci贸n exasperada, econom铆as masivas mediante el teletrabajo, el teleconsumo, la teleconferencia, la teleeducaci贸n, la teleconsulta, la televigilancia y, por 煤ltimo, la telelicencia.

Hemos visto en el nivel de equipamiento tecnol贸gico de cada uno las condiciones para soportar una forma de encarcelamiento que, incluso hace diez a帽os, habr铆a resultado intolerable; algo as铆 como la introducci贸n de la televisi贸n en la c谩rcel extingui贸 las grandes revueltas que hab铆a.

Hemos sido testigos de la r谩pida inflaci贸n de un tipo espec铆fico de tecnolog铆as: de las que Kafka dijo que perecemos porque 芦multiplican lo fantasmal entre los hombres禄.

Hemos visto, con el confinamiento mundial, la socializaci贸n de lo virtual respondiendo a la virtualizaci贸n de lo social. Lo social ya no es lo real. Lo real ya no es lo social.

Hemos visto en los Estados Unidos que el toque de queda de la polic铆a ha tomado el relevo del confinamiento sanitario, y las aplicaciones de rastreo imaginadas 芦para el Covid禄 se utilizan para rastrear a los amotinados.

Hemos visto en Francia que las manifestaciones que antes estaban prohibidas por razones impenetrables de orden p煤blico, ahora son prohibidas por razones impenetrables de orden sanitario.

Hemos visto, una vez que la poblaci贸n ha sido confinada, que la polic铆a goza hasta el asesinato su soberan铆a recuperada en un espacio p煤blico idealmente desierto.  Y hemos visto a cambio, en los Estados Unidos, en qu茅 puede consistir el 茅xito del desconfinamiento: el regreso a las calles, los motines, los saqueos, la reducci贸n a cenizas de la polic铆a, los grandes almacenes, los bancos y los edificios gubernamentales.

Hemos visto en un balc贸n de Nantes esta est煤pida y cobarde pancarta: 芦隆Qu茅dense en casa! 隆Preparemos las luchas del ma帽ana!禄.

En todas partes, hemos visto a ciudadanos que se hacen eco del 芦隆vuelve a casa!禄 ladrado por los polic铆as y sus drones.

Hemos visto a la izquierda, como siempre, en la vanguardia del 芦civismo禄 que los gobernantes aspiran a producir; en la vanguardia, por lo tanto, del controlismo.

Hemos visto c贸mo el chiste de los 芦permisos para vivir禄 imaginados en 1947 por los dada铆stas del Da Costa Encyclop茅dique se ha hecho realidad como una pol铆tica de Estado y una medida ciudadana. El hecho de que fuera posible para todos obtenerlos deber铆a habernos alertado sobre la naturaleza estrafalaria de la iniciativa.

Hemos visto de qu茅 se trata el 芦rigor fiscal禄, as铆 como el imperativo moral de levantarse temprano en la ma帽ana para ir al trabajo.

Hemos visto, para aquellos que contin煤an trabajando, que el trabajo forzado es la verdad del trabajo asalariado, que la esencia de la explotaci贸n es no tener l铆mites y que la autoexplotaci贸n es su primer recurso.

Hemos visto la jerarqu铆a social como puramente basada en el grado de parasitismo. Hemos visto a la sociedad del utilitarismo enviar a sus propios gerentes a casa como 芦no esenciales禄.

Hemos experimentado en la falsa alternativa entre un espacio p煤blico bajo completo control y un espacio privado prometido a la misma suerte la falta de lugares intermedios de los que podamos retomar localmente en nuestras manos condiciones de existencia que, por todos lados, se nos escapan. Hemos visto en la proliferaci贸n de intermediarios de todo tipo 鈥攖anto comerciales como pol铆ticos, tanto intelectuales como sanitarios鈥 la consecuencia de esta falta de lugares.

Hemos sentido al aparato medi谩tico y gubernamental, desde palinodias hasta crudas mentiras, desde contradicciones abiertas hasta revelaciones fingidas, tocando durante dos meses en nuestros estados de 谩nimo como en un piano. Y disfruta tanto del ejercicio que pretende continuar el mayor tiempo posible.

Hemos experimentado c贸mo, por la insondable amenaza del virus, se nos vincul贸 a nosotros mismos al vincularnos con los dem谩s, pero por un v铆nculo que es la propia desvinculaci贸n: el miedo.

Hemos visto surgir una nueva virtud c铆vica de lo que s贸lo ayer fue un delito: estar enmascarado. Hemos visto que el pavor proclama su altruismo y la normopat铆a se da como ejemplo. Hemos visto el m谩s completo desconcierto sobre el modo de vivir, la m谩s completa extra帽eza hacia uno mismo, dando lecciones de saber-vivir. Hemos visto en esta incertidumbre, y en esta extra帽eza, la promesa de una moral completamente reprogramable.

Hemos visto a gobernantes y corporaciones transnacionales que celebran el care con la 煤nica esperanza de disuadirnos de hacerles la guerra. Hemos visto a los campeones del descr茅dito que tratan de cubrir los abucheos que se les hac铆a al hacer que los condenados del asalariado aclamaran. Hemos visto a los evasores que inventan siempre el hero铆smo de los 芦luchadores de primera l铆nea禄 como la 煤ltima forma de esconderse.

Hemos visto c贸mo la imposibilidad de distinguir la verdad de la mentira, y no el reinado exclusivo de la mentira, nos hac铆a maniobrables a voluntad, c贸mo, al ser negada sistem谩ticamente la m谩s m铆nima informaci贸n concluyente durante el d铆a por otra no menos improbable, bastaba con mantener una cierta niebla sobre todos los datos cuyo monopolio tienen los gobernantes para hacernos perder el equilibrio.

Hemos visto a la ciencia tan plagada de intereses que es incapaz de producir el m谩s m铆nimo indicio de verdad. Hemos visto el saber tan saturado de poder que ha implosionado. Nos hemos quedado con la intuici贸n y la investigaci贸n situada como los 煤ltimos caminos practicables de acceso a lo real, como las ra铆ces de todo razonamiento l贸gico.

Hemos visto la causa de la 芦salud p煤blica禄 como una expropiaci贸n pura y simple de cualquier certeza sensible sobre nuestra salud real.

No hemos probado la ben茅vola inquisici贸n de las 芦brigadas de 谩ngeles guardianes禄 del doctor Olivier V茅ran.

Hemos visto al soberano republicano realizar su sue帽o de reunir para su misa a todos sus s煤bditos idealmente separados frente a su pantalla entre las cuatro paredes de su casa, y finalmente reducidos a su contemplaci贸n exclusiva. Hemos visto al Leviat谩n realizado.

Hemos visto a Macron apoderarse pac铆ficamente del 1 de mayo de los trabajadores y de los d铆as felices del Consejo Nacional de la Resistencia, y a los izquierdistas imitando su legado en lugar de concluir que hab铆a caducado para siempre.

Hemos visto, durante dos meses, al siempre presente izquierdismo multiplicar las convocatorias en el vac铆o y los programas para nadie. Hemos visto que es incapaz, en estas 芦circunstancias excepcionales禄, de hacer otra cosa que no sea movilizar, es decir, explotar hasta el agotamiento los 煤ltimos recursos subjetivos.

Hemos visto a los grandes libertarios alabando el confinamiento y promoviendo la utilizaci贸n ciudadana de cubrebocas y a los mayores fascistas denunciando la tiran铆a. El anarquista que quiere creer en la buena voluntad o incluso en la benevolencia del Estado nos recuerda as铆 que no hay gobierno sin autogobierno, y viceversa. El gobierno y el autogobierno son solidarios, forman parte del mismo dispositivo. El hecho de que el pastor cuide de su reba帽o nunca le ha impedido llevar los corderos al matadero.

Hemos visto a los marxistas, aturdidos por el hecho de que los 芦servidores del capital禄 interrumpen su reproducci贸n en menor medida, ahogarse de que el clero de la econom铆a decide bloquearla un poco, en resumen: hemos visto a los marxistas descubrir que la econom铆a no es un dato crudo e insuperable, sino una forma de gobernar, y de producir, un cierto tipo de hombres.

Hemos visto a un burgu茅s de Borgo帽a, un fil贸sofo en su tiempo, que ayer mismo cantaba 芦la econom铆a como ciencia de los intereses apasionados禄 y ped铆a a Microsoft que financiara su c谩tedra universitaria, convocando salir de la econom铆a.

Hemos visto, con ocasi贸n del confinamiento, a un rico chino de Aubervilliers robar sin retorno a la maestra de su hijo como tutora dom茅stica, y duplicar su salario para ello, menos taca帽o en este aspecto que tantas familias de la burgues铆a parisina, pero no menos decidido a poner fin a la educaci贸n p煤blica.

Hemos visto que la Educaci贸n Nacional pide a su personal que est茅 atento 芦en los pasillos y el patio para vigilar las palabras que atenten contra la cohesi贸n social禄.

Nos hemos encontrado, en la maleza del confinamiento, con las sonrisas de la infracci贸n c贸mplice. Hemos visto un gobierno tan centrado en la disciplina que termina dando a simples picnics en el bosque aires de conspiraci贸n, y a los buenos ciudadanos reflejos de equilibrio.

Hemos visto c贸mo la Federaci贸n Nacional de Sindicatos de Explotadores Agr铆colas, siempre dispuesta a relanzar, como en 1942, algunos nuevos 芦campos de trabajo para j贸venes禄, se escandalizaba de que los voluntarios reclamaran ahora que se les pagara, s贸lo para recurrir a la explotaci贸n de los migrantes indocumentados en los lugares donde los rumanos faltan.

Hemos visto, como en 1942, a buenos franceses siempre dispuestos a denunciar a los no confinados, y a Ouest-France lanz谩ndose a sutiles distinciones entre delaci贸n y denuncia.

Hemos visto a los cabrones 鈥攑esquer铆as industriales, grandes forestadores o agroindustrias鈥 con cada brida desatada, intensificar a煤n m谩s su explotaci贸n de los oc茅anos, la tierra y los bosques mientras est谩bamos encerrados en nuestras casas.

Hemos visto a aquellos que, ante el acontecimiento, est谩n ansiosos por construir 芦el ma帽ana禄 para 芦el pr贸ximo mundo禄 donde puedan asegurar sus acogedoras ilusiones, y a aquellos que est谩n dispuestos a tomar acci贸n a partir de lo que est谩 sucediendo, sin importar lo escalofriante que pueda ser.

Hemos visto, entonces, qui茅n se vuelve loco, y qui茅n mantiene la cabeza fr铆a, qui茅n se suscribe al p谩nico y qui茅n permanece digno, qui茅n tiene propaganda en su boca y qui茅n todav铆a se las arregla para sentir y pensar por s铆 mismo.

Hemos vislumbrado la entrada en otra temporalidad, ajena al tiempo social, m谩s densa, m谩s continua, m谩s ajustada, propia y compartida. Hemos deseado el acercamiento f铆sico de nuestros seres queridos, y el distanciamiento de los m谩s hostiles de nuestros vecinos.

Hemos visto c贸mo se fortalecen todos los lazos y todos los lugares que nos rodean y que hacen que la vida est茅 viva, y c贸mo desaparece todo lo que carec铆a, en el fondo, de raz贸n de ser.

Hemos visto todo esto, y esto determina una compartici贸n, una compartici贸n con aquellos que acogen las verdades del acontecimiento y una partici贸n con aquellos que todav铆a no ven nada. No tenemos intenci贸n de convertir a estos 煤ltimos en nuestros puntos de vista: ya nos han obstaculizado bastante con su maldita ceguera.

Vemos, ante la creciente 芦ingobernabilidad de las democracias禄, que se endurece un bloque socio-gregario dotado de aparatos tecnol贸gicos, financieros y pol铆ticos, mientras se van formando mil deserciones singulares y peque帽os maquis difusos, alimentados por algunas certezas y algunas amistades. Vemos la deserci贸n general fuera de esta sociedad, es decir, fuera de las relaciones que esta sociedad comanda, imponerse como la medida elemental de supervivencia sin la cual nada puede renacer. Vemos la aniquilaci贸n como el destino manifiesto de esta sociedad, y como lo que les corresponde precipitar a aquellos que han emprendido desertarla; si al menos queremos que la vida en la Tierra vuelva a ser respirable, dondequiera que est茅. El muro al que nos enfrentamos en este momento es el de los medios y las formas de la deserci贸n. Tenemos la experiencia de nuestros fracasos como explosivo para hacerlo ceder. Cualquier estrategia surge de esto.

Nos hemos propuesto formular lo que vimos la primavera pasada, antes de que la amnesia organizada llegara a cubrir nuestras percepciones. Lo hemos visto y no lo olvidaremos. M谩s bien, reconstruiremos sobre esas evidencias. No presuponemos ning煤n nosotros, ni el del pueblo, ni el de ninguna vanguardia de la lucidez. No vemos otro 芦nosotros禄 en esta 茅poca que el de la claridad de las percepciones compartidas y la determinaci贸n de actuar en consecuencia, en cada nivel de nuestras modestas y locas existencias. No buscamos la constituci贸n de una nueva sociedad, sino de una nueva geograf铆a.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com