May 13, 2021
De parte de Amor Y Rabia
242 puntos de vista


El autoritarismo con que se ha afrontado la epidemia actual no tiene una justificaci贸n sanitaria y la historia nos muestra que en nombre del derecho de emergencia se han dado graves abusos de poder y de restricciones de derechos.

Paz Franc茅s Lecumberri, Jos茅 R. Loayssa y Ariel Petruccelli

Ha pasado poco m谩s de un a帽o desde el momento en que la mayor parte de los pa铆ses del mundo decidieron tomar medidas dr谩sticas de aislamiento social para enfrentar la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2. Parece un tiempo suficiente para intentar un balance. Y, sin embargo, cualquier balance es profundamente dificultoso no solo por las incertidumbres a煤n reinantes en torno al fen贸meno, sino ante todo por el clima de tremendismo e irracionalidad que lo ha rodeado, que todav铆a persiste.

UNA RESPUESTA DE ESPALDAS A LA CIENCIA

La ciencia intenta ayudar a comprender fen贸menos y eventos. Ante situaciones nuevas 鈥攑ero que parecen tener puntos en com煤n con otras conocidas鈥, la primera tarea deber铆a ser comprobar en qu茅 medida lo que conocemos sobre esos fen贸menos previos que pueden servir de referencia, sirve para entender y actuar ante los nuevos desaf铆os y en qu茅 medida no. Por lo tanto, tenemos que plantearnos c贸mo se presenta el SARS-CoV-2 desde esta perspectiva. Estamos ante un virus que la misma OMS ha considerado dentro del espectro de virus que originan enfermedades similares a la gripe (flu-like), pero es un germen que ya en las primeras semanas mostr贸 algunos rasgos propios que lo diferenciaban del patr贸n gripal.

Algunos pod铆an considerarse simplemente variaciones cuantitativas como puede ser su mayor contagiosidad, pero no hay que olvidar que la contagiosidad de un virus respiratorio no solo depende de su naturaleza biomolecular (mayor afinidad de la prote铆na S por los receptores celulares o la mayor duraci贸n del periodo asintom谩tico, por ejemplo), sino de su adaptaci贸n a la vida social, a los patrones de interacci贸n humana. Los mecanismos de trasmisi贸n tambi茅n son comunes con el resto de virus respiratorios, las famosas got铆culas (doplets) y el contacto con superficie. Pero en este caso el peso de la transmisi贸n por aerosoles en interiores parece ser mayor. Aunque este hecho dista mucho de estar completamente clarificado; es la hip贸tesis que mejor parece explicar el hecho de que este virus 鈥渙die鈥 el aire libre 鈥攍os espacios abiertos y ventilados鈥 con mucha mayor intensidad que los virus gripales.
Sin embargo, dando la espalda a las caracter铆sticas espec铆ficas del virus, las pol铆ticas mayormente adoptadas por los gobiernos proceden a incentivar la vida en espacios cerrados, con contactos prolongados o cuando son cortos en habitaciones y estancias en las que es posible que el virus se encuentre 鈥渇lotando鈥 en cantidades considerables, y donde existe la posibilidad de su aspiraci贸n.

LA LETALIDAD EN LAS RESIDENCIAS DE ANCIANOS

La especial contagiosidad y virulencia del SARS-COV2 en espacios cerrados se puso de manifiesto desde los primeros momentos con la terrible mortandad en las residencias de ancianos. Aunque hay otras causas de la elevada letalidad en esas instituciones, el hecho de estar encerrados 鈥攊ncluso antes de que se decretaran las medidas excepcionales en el mundo鈥 creemos que contribuye a explicar la brutal diferencia de la mortalidad entre las personas ancianas institucionalizadas 鈥攕e contagiaron m谩s y con mayores cargas virales鈥 y las que no lo estaban. En B茅lgica se realiz贸 un estudio que cuantificaba esa diferencia en la onda de primavera de 2020. Arroj贸 una cifras especialmente demostrativas porque en ese pa铆s europeo el exceso de mortalidad total coincid铆a con el n煤mero de fallecidos covid-19, hecho que no sucedi贸 en otros pa铆ses 鈥攃omo Espa帽a鈥. Los datos son espeluznantes, teniendo en cuenta que se trata de letalidad por casos, no por infectados, lo que har铆a que la diferencia fuera todav铆a m谩s escandalosa.

Si atendemos al porcentaje de fallecimientos en las residencias de ancianos nos encontramos con que en la franja de edad de 60 a 69 a帽os es de 31,42%; de 70 a 79 a帽os, 45,91%; de 80 a 90 a帽os, 18,46%, y m谩s de 90, el 26,27%. El porcentaje de letalidad de personas institucionalizadas de todas las edades integradas es de 20,98%. Por el contrario, los porcentajes para esas mismas franjas de edad respectivamente, entre la poblaci贸n en general, es: de 60 a 69 a帽os, 0,53%; de 70 a 79 a帽os, 1,23%; de 80 a 90 a帽os, 1%, y de m谩s de 90 a帽os, el 2,42 %. El dato de todas las edades integradas es de 0,58. Los datos conjuntos de letalidad nos indican que entre las personas de 60 a 69 a帽os la mortalidad se sit煤a en 0,68%; de 70 a 79 a帽os, en 2,09%; de 80 a 90 a帽os, en 2,75, y en personas de m谩s de 90, a帽os en 10,18%. El porcentaje de letalidad de todas las edades integradas es de 1,47%.

En febrero de 2021, a pesar de que el porcentaje de fallecidos en las residencias con respecto al total hab铆a ido disminuyendo 鈥攅ntre otras razones porque los m谩s susceptibles hab铆an muerto鈥 el porcentaje del total de fallecimientos analizando 22 pa铆ses desarrollados era del 41%. Mientras en Singapur o Nueva Zelanda los fallecidos constitu铆an una peque帽a minor铆a del total de residentes (0,02% y 0,04% respectivamente), en Espa帽a, B茅lgica, Suecia (explica su mayor mortalidad comparando con el resto de pa铆ses n贸rdicos), Reino Unido, EE UU, Francia, Holanda y Eslovenia m谩s de uno de cada 20 (>5%) de los residentes en esas instituciones ha fallecido por causas relacionadas con el covid-19. La mayor letalidad en residencias de ancianos no solo nos habla de su espectro de contagio de riesgo, sino que ha servido para elevar la letalidad global del virus como luego comentaremos, haci茅ndola aparecer como m谩s mortal en cualquier lugar y circunstancia; lo que no es cierto.

UN ESPECTRO CL脥NICO MUY POLARIZADO

Hay otra caracter铆stica 鈥攕i no inusual s铆 m谩s destacada鈥 del covid-19: se trata de la amplitud de su espectro patol贸gico. Si bien la gran mayor铆a de las personas infectadas no sufre s铆ntomas o estos son leves, una minor铆a, entre los que predominan personas mayores y/o con enfermedades serias, padecen cuadros muy graves e incluso fatales 鈥攄esencadenando el fallecimiento鈥, generalmente asociado a una insuficiencia respiratoria.

Podemos afirmar que, a diferencia de la gripe, el espectro de morbilidad parece estar m谩s polarizado entre los extremos asintom谩ticos y leves, por un lado, y un porcentaje bajo pero impactante de cuadros dram谩ticos, por el otro. Pero es esta minor铆a de cuadros graves, antes que la mayor铆a de cuadros leves, los que son aireados masivamente por los medios de comunicaci贸n. Por mera l贸gica y sentido com煤n, que se mal aplica para defender el talibanismo sanitarista, lo razonable ser铆a que la estrategia tomara en consideraci贸n esta diferencia de riesgo y no actuara como si estuvi茅ramos ante una enfermedad cuyas consecuencias se distribuyen uniformemente en todos los espectros de la poblaci贸n.

Esta actitud no selectiva se repite con una vacunaci贸n universal que incluye a personas de riesgo bajo con preparados con efectos secundarios no desde帽ables y grandes inc贸gnitas sobre sus efectos a medio y largo plazo. Se ha adoptado esta estrategia indiscriminada sin dar ni siquiera la posibilidad de plantear una discusi贸n cient铆fica seria con quienes discrepan de la estrategia adoptada 鈥攗na verdadera legi贸n鈥, y defendieron estrategias de protecci贸n selectiva, comenzando por los prestigiosos firmantes de la declaraci贸n de Great Barrington, a la que m谩s adelante volveremos a hacer referencia.

El covid-19 contin煤a difundi茅ndose en muchos pa铆ses en forma de ondas epid茅micas, que en ning煤n caso presentan un perfil exponencial. Son unas ondas cuyo ascenso se produce durante unas pocas semanas, estabiliz谩ndose pronto para luego iniciar una pendiente descendente, tambi茅n durante algunas semanas, sin que, en general, se pueda establecer relaci贸n alguna con las medidas de control que toman los gobiernos.

La magnitud de esas ondas es variable entre las diferentes regiones del mundo y entre pa铆ses concretos, como lo es su traducci贸n en personas enfermas, hospitalizadas y fallecidas. Europa y Am茅rica han conocido dos ondas 鈥攗na en primavera y otra en oto帽o-invierno鈥. Es dif铆cil determinar en qu茅 punto de la evoluci贸n de la pandemia nos encontramos, pero es claro que solamente una estrategia de protecci贸n selectiva permite 鈥攜 hubiera permitido鈥, adem谩s de salvar vidas, conseguir una inmunidad robusta en la poblaci贸n que hiciera muy probable esa evoluci贸n favorable e incluso minimizar la posibilidad de variantes de escape.

ALGUNAS EVIDENCIAS PARA DESARMAR LA DESMESURA

Cualquier estudio comparativo con epidemias pasadas y/o con otros problemas sanitarios presentes deja al covid-19 en el lugar de un problema sanitario de rango considerable, aunque no dram谩tico; pero lo cierto es que la percepci贸n p煤blica lo ha erigido en el problema sanitario, la amenaza m谩s grande que la humanidad enfrentara en d茅cadas. Y aunque esta representaci贸n carece de sustento 鈥攍a poluci贸n ambiental, el tabaco, el c谩ncer y la desnutrici贸n, por citar algunas, han causado muchas m谩s muertes en 2020 que la covid-19鈥, lo cierto es que basta encender el televisor para creerse que nada es m谩s amenazador que el virus del espanto. El que los individuos y colectividades humanas eval煤en de manera errada o equ铆voca la amenazas que enfrentan o la situaci贸n en que se encuentran es, por cierto, un fen贸meno habitual: la especie de la raz贸n suele tener comportamientos profundamente irracionales.

En ocasiones estos yerros son fruto de simple e incluso inevitable ignorancia. Pero hay casos en los que los yerros parecen estar sesgados por perspectivas ancladas en lo social y en lo pol铆tico. Tal parece ser el caso de la presente pandemia. El sesgo, en este caso, tiene tres fundamentos.

El primero es que las enfermedades infecciosas 鈥攁quellas transmitidas de un ser humano a otro鈥 han sido la principal causa de mortalidad del neol铆tico en adelante; pero, en las 煤ltimas d茅cadas, en los pa铆ses opulentos del capitalismo desarrollado han retrocedido ostensiblemente. Y ha sido justamente en estos pa铆ses donde el virus impact贸 con m谩s fuerza.

El segundo es que las enfermedades infecciosas amenazan a toda la poblaci贸n de una manera en que no lo hacen otras enfermedades. La desnutrici贸n es sin duda el principal problema sanitario global, pero no es contagiosa y no es una amenaza para quienes no sean pobres.

El tercer y principal fundamento es que el virus impact贸 r谩pidamente en pa铆ses y clases sociales con mucha capacidad para establecer agenda pol铆tica. Si mundialmente percibimos al covid-19 como el gran problema sanitario, ello no se debe a que sea un problema mayor que otros. Se debe a que es un problema para estados, clases y grupos sociales con capacidad para convertir sus problemas en los problemas, sus demandas en las primeras en ser atendidas, sus miedos en los miedos generales. A esto podr铆amos a帽adir que los sectores m谩s din谩micos y con vocaci贸n de hegemon铆a de los grandes poderes econ贸micos han visto en la Pandemia una 鈥渙portunidad鈥 para favorecer sus intereses. Las empresas tecnol贸gicas y las corporaciones farmac茅uticas en primer lugar.

Podemos traer a colaci贸n tres datos cruzados que prueban la absoluta desmesura de la obsesi贸n planetaria con la covid-19. Dos de ellos los desarrollaremos a continuaci贸n, el tercero, en relaci贸n con la letalidad del virus, en un ep铆grafe posterior.

El primero es que a nivel mundial no ha habido ning煤n aumento de la mortalidad claramente apreciable. Aunque no hay a煤n cifras consolidadas, todo indica que se ha mantenido en cifras parecidas de decesos por mil habitantes que en a帽os anteriores. En cualquier caso, el exceso de mortalidad global ha sido entre nulo y bajo: situaciones ambas que no justifican la sensaci贸n apocal铆ptica que imper贸 en 2020. Espa帽a, uno de los pa铆ses m谩s afectados por la pandemia, registr贸 un aumento de la tasa de mortalidad de 16 d茅cimas: pas贸 de 8,83 decesos por mil habitantes en 2019 a 10,58 en 2020. La vilipendiada Suecia ha registrado sin medidas de confinamiento un exceso de mortalidad ajustada por edad de 1,5%: ocho veces menos que Espa帽a, que ostenta un exceso de 12,9 %. Es cierto que nos encontramos con un exceso de mortalidad significativo en muchos pa铆ses, entre ellos algunos de Europa y los EE UU. Pero tambi茅n lo es que la regi贸n m谩s poblada 鈥擜sia del Sureste鈥 no ha sufrido una tasa de mortalidad destacada en este periodo.
Tambi茅n 脕frica se ha librado (de momento) de consecuencias graves por la enfermedad. Han sido Am茅rica y Europa donde se ha concentrado el mayor impacto mortal. El n煤mero de fallecimientos registrados con covid (no por covid) en las diferentes regiones del mundo a principios de abril del 2021 muestran lo que se est谩 diciendo: Am茅rica ha sufrido 1.398.392; Europa, 1.005.141; Asia del Sur y del Este, 227.371; Este del mediterr谩neo y Asia Occidental, 164.399; 脕frica, 79.423, y Pac铆fico Oeste, 33.205. Si estableci茅ramos un mapa del mundo el hemisferio occidental salvo 脕frica se situar铆a en torno a 1.000 muertos por mill贸n mientras 脕frica, Asia del Este y Ocean铆a se situar铆an en 30 muertos por mill贸n. El este del Mediterr谩neo y el llamado Pr贸ximo Oriente se colocar铆a en una posici贸n intermedia.

Pero si el aumento de la mortalidad a nivel global no parece muy destacable, s铆 han crecido exponencialmente el desempleo, la pobreza y la pobreza extrema 鈥攅sta 煤ltima ha aumentado luego de dos d茅cadas de descenso sostenido鈥. El impacto social y econ贸micamente negativo de las medidas de confinamiento, adem谩s, ha afectado especialmente a los pa铆ses pobres de Asia, 脕frica y Am茅rica Latina. La ONU estima que al menos 130 millones de personas cayeron en la extrema pobreza durante 2020. Durante la pandemia los ricos se hicieron m谩s ricos y los pobres m谩s pobres. Las consecuencias sociales, culturales, econ贸micas y educativas (con la expansi贸n desenfrenada de la educaci贸n en entornos virtuales) son muchos m谩s importantes (en t茅rminos cuantitativos y cualitativos) que las consecuencias sanitarias.

El segundo dato cruzado tiene que ver con la percepci贸n y la realidad. Aunque el discurso imperante ha azuzado permanentemente el miedo, bajo la presunci贸n de que el problema sanitario es uniformemente enorme, como si en todo momento y lugar estuvi茅ramos siempre en la misma situaci贸n 鈥攅n medio de una ola epid茅mica o a la espera de la siguiente鈥, lo cierto es que la cantidad de casos y de decesos a nivel mundial 鈥攓ue fue en franco crecimiento desde febrero de 2020 y continu贸 creciendo hasta setiembre de ese a帽o鈥 desde octubre de 2020 y en lo que va de 2021 se ha estabilizado. Hasta octubre, aunque las olas epid茅micas pasaran en alguna regi贸n, a escala global eran compensadas sobradamente con el ascenso de los contagios en otras regiones. Pero de octubre de 2020 para esta parte la situaci贸n ha cambiado. Pero de ello no le informar谩n los medios: puede que saberlo le tranquilice y eso le haga bajar la guardia, como dicen.

M脕S ALL脕 DE LA PARANOIA: 驴QU脡 TAN PELIGROSO ES EL SARS-Cov-2?

El tercer dato relevante que ya hemos dejado antes apuntado, para fundamentar la desmesura con el abordaje del covid-19, lo constituye la tasa de letalidad del virus.

En junio de 2020, el bolet铆n de la OMS public贸 un art铆culo firmado por el profesor de la Universidad de Standford, John Ioannidis, en el que conclu铆a tras el an谩lisis de 61 estudios de seroprevalencia frente al SARS-Cov-2 que la letalidad entre los infectados iba desde el 0,01% a 1,63%, con una media de 0,27%. Para los menores de 70 a帽os la tasa se situaba en el 0,05%. Posteriormente el profesor Ioannidis actualiz贸 sus datos, al percatarse de que las estimaciones anteriores estaban basadas en pa铆ses que hab铆an sido especialmente golpeados por el covid-19 en los primeros meses, y calcul贸 que el virus causa la muerte de entre el 0,15 y el 0,20% de los infectados y en los menores de 70 a帽os de edad estim贸 una tasa de letalidad del 0,03-0,04%.

A principios de octubre la propia Organizaci贸n Mundial de la Salud admit铆a involuntariamente en una sesi贸n p煤blica estas cifras de letalidad. Mike Ryan, director del Programa de Emergencias de la OMS, afirmaba que, seg煤n los c谩lculos de la organizaci贸n, un 10% de la poblaci贸n mundial (esto es, setecientos cincuenta millones de personas) se hab铆a infectado. En esos momentos, los fallecidos a causa del covid-19 se contaban en algo m谩s de un mill贸n, lo que implicaba que solo fallec铆a 1 de cada 750 personas infectadas, esto es, el 0,14%. Pese a las importantes implicaciones de esta declaraci贸n, muy pocos medios se hicieron eco de ello (hasta donde sabemos, ninguno en castellano).

Las nuevas estimaciones de la letalidad siguen ofreciendo cifras a煤n m谩s modestas que las previas y sobre todo pone de relieve los sesgos que sufr铆an algunas revisiones que hab铆an calculado tasa m谩s altas (0,6%). En estos momentos se podr铆a estimar la letalidad global del virus en el ~0,15% y la poblaci贸n que habr铆a sido infectada ser铆a de ~1.5鈥2.0 miles de millones de persona en febrero del 2021. Estamos, pues, a distancia sideral de la tasa de letalidad de 3,4 % que estim贸 la OMS en marzo de 2020 y que tanto ayud贸 a desatar el p谩nico e incentiv贸 a tomar medidas desesperadas.

EL MUNDO ENLOQUECIDO: EL P脕NICO Y LA DESMESURA

Todas estas cifras, absolutamente indesmentibles y que muestran la real magnitud del problema pand茅mico, parecen ser sin embargo completamente insuficientes para traer tranquilidad social y adoptar medidas m谩s eficientes y menos desastrosas en sus consecuencias. 驴Por qu茅 sucede esto? Influyen, desde luego, los discursos interesados, tanto de quienes medran con el p谩nico colectivo 鈥攃omo la industria farmacol贸gica y las empresas tecnol贸gicas que han 鈥渧irtualizado鈥 la cotidianeidad de una manera incre铆ble鈥, como de quienes se benefician pol铆ticamente: azuzar al miedo permanente facilita que no se medite sobre tres puntos claves:

a) la relaci贸n estrecha entre nuestro sistema econ贸mico y los saltos zoon贸ticos;

b) la tard铆a respuesta de muchos estados en t茅rminos de identificaci贸n y aislamiento de casos y de neutralizaci贸n de focos de contagio como los propios servicios sanitarios;

c) la incapacidad para proteger a la poblaci贸n anciana institucionalizada en asilos: este es el sitio donde los muertos se apilan; y es absurdo pensar que el encierro protegi贸 a esa poblaci贸n vulnerable, que en conjunto todav铆a concentra casi el 50 % de los decesos, siendo menos del 1 % de la poblaci贸n total.

Pero un fen贸meno de tanto calado debe tener causas m谩s profundas. Lo que ha sucedido es que una porci贸n si no mayoritaria al menos sumamente numerosa de la poblaci贸n 鈥攜 social y pol铆ticamente influyente, de pa铆ses que a su vez inciden en la agenda pol铆tica mundial鈥 entr贸 en estado de p谩nico. Y cuando sentimos p谩nico la raz贸n se paraliza y la propensi贸n a emprender acciones desmesuradas e incluso contraproducentes crece de manera exponencial.

La disonancia cognitiva ante el fen贸meno socio-pol铆tico-sanitario del covid-19 no acaba con la percepci贸n sesgada y fundamentalmente errada de la magnitud relativa que representa. A ello se agregan dos componentes adicionales. La sobrevaloraci贸n de la efectividad de las medidas de aislamiento social severo 鈥攃onfinamiento domiciliario, cercos perimetrales, limitaciones horarias para salir a la calle, cierre de aeropuertos, clausura de escuelas, etc.鈥 en la mitigaci贸n de la expansi贸n viral; y la subvaloraci贸n 鈥攐, quiz谩, la valoraci贸n apropiada pero no considerada relevante鈥 de las consecuencias sociales, psicol贸gicas, educativas, econ贸micas e incluso sanitarias de las dr谩sticas medidas adoptadas.

El discurso dominante entre autoridades y medios de comunicaci贸n es que, si no se hubieran tomado las medidas de confinamiento, las consecuencias hubieran sido mucho peores. Y esto es algo que todav铆a cree cierto la mayor parte de la poblaci贸n, incluso muchos y muchas de quienes reclaman la apertura de ciertas actividades porque su sustento depende de ellas, escindidas entre el temor al contagio y el temor a la penuria econ贸mica. Sin embargo, se acumulan en las publicaciones cient铆ficas investigaciones y m谩s investigaciones que concluyen que los confinamientos no han sido efectivos para reducir la propagaci贸n viral.

Es verdad que hay estudios que defienden lo contrario. Aunque creemos que no son metodol贸gicamente correctos y que sus conclusiones est谩n erradas, no queremos aqu铆 entrar en esa pol茅mica. Solamente nos conformamos con que se admita que esa efectividad est谩 en discusi贸n. Cuando eso ocurre 鈥攃uando existen estudios s贸lidos en favor y en contra de un determinado v铆nculo causal鈥, lo que debemos decir es que ese v铆nculo es discutible. En nuestro caso: lo que cabe decir es que la magnitud de la efectividad ser铆a en todo caso peque帽a, y no olvidemos que estamos ante consecuencias negativas enormes que ning煤n estudio pone en duda.

Y, sin embargo, no hay remedio. Las autoridades persisten en la misma l铆nea de actuaci贸n, con escasa oposici贸n social y en el marco de un fuerte consenso pol铆tico. Es verdad que algunos pa铆ses, como Espa帽a, han moderado las medidas adoptadas en la primavera de 2020 鈥攕e ha pasado de un confinamiento severo a uno light profundamente naturalizado鈥 pero han dejado intacto el mismo discurso del miedo. El autoritarismo con que se ha afrontado la epidemia actual no tiene una justificaci贸n sanitaria y la historia nos muestra que en nombre del derecho de emergencia se han dado graves abusos de poder y de restricciones de derechos. Esta quiz谩 sea una de las consecuencias m谩s nefastas de haber afrontado la crisis sanitaria como una guerra: no s贸lo se clausur贸 el debate antes siquiera de comenzarlo (en la guerra se obedece, no se discute), no s贸lo se convirti贸 a quien tuviera dudas o expusiera cr铆ticas en un peligroso saboteador del 鈥渆sfuerzo de guerra鈥 (鈥渘egacionista鈥 ha sido el insulto preferido); tambi茅n se activ贸 la din谩mica propia de toda guerra: es f谩cil entrar en ellas, lo dif铆cil es salir.

Una vez que se entroniz贸 al problema covid-19 en el problema m谩s importante sin discusi贸n; una vez que se opt贸 por la v铆a de las restricciones, el aislamiento y el recurso a legislaciones de excepci贸n; una vez que se comenz贸 a so帽ar con el objetivo (pocas veces confesado, pero ciertamente operante) de aniquilar al virus (covid-cero), cambiar de perspectiva o adoptar otras v铆as de actuaci贸n se torn贸 sumamente dificultoso, si no lisa y llanamente imposible. Y as铆 nos encontramos un a帽o despu茅s.

Es muy dif铆cil deshacer de manera coherente, frente a tanta desmesura y falta de transparencia, todo el miedo que se ha instalado en la poblaci贸n: el miedo a enfermar, a contagiar y a morir. Es muy dif铆cil reconocer (si no imposible) por parte de los gobiernos los errores cometidos en las din谩micas de guerra y punitivas en las que hemos transitado el 煤ltimo a帽o. Pol铆ticamente es mucho m谩s f谩cil seguir complejizando el fen贸meno, seguir haciendo legislaciones de excepci贸n para mantener la tensi贸n a toda costa, que cambiar los abordajes para enfrentar al virus afinados con la evidencia cient铆fica, basados en el principio de proporcionalidad, centrados en la salud integral y abriendo espacios de participaci贸n social para un abordaje colectivo del covid-19.

EXTREMISMO M脡DICO COMO SUSTITUTO DE UNA RESPUESTA CIENT脥FICAMENTE FUNDAMENTADA

En realidad, todo el recurso a los confinamientos y las limitaciones indiscriminadas de la vida social 鈥攍a productiva la reanudaron pronto, vale hacerlo notar鈥 se fundamenta en un extremismo sanitario que no tiene ninguna base cient铆fica y puede haber aumentado no solo de forma indirecta los da帽os a la salud 鈥攃omenzando por la epidemia de salud mental que estamos empezando a vivir鈥 sin que hayan disminuido de manera significativa los casos graves y mortales del covid-19. M谩s a煤n: pudo tambi茅n aumentar directamente los contagios graves y mortales. Hip贸crates afirmaba que 鈥渓os remedios extremos se justifican ante enfermedades extremas鈥.

A d铆a de hoy nadie puede defender que a nivel mundial 鈥攓ue es el 谩mbito en el que las medidas se han propuesto鈥 estemos ante una enfermedad extrema: siendo muy generosos el aumento de mortalidad en el mundo habr铆a sido del 2%. Sin embargo, las medidas adoptadas fueron 鈥攜 en muchos lugares siguen siendo鈥 extremas. Adem谩s, el recurso a medidas de semejante entidad deber铆a estar ligado a la ausencia de conocimientos cient铆ficos que permitiera una actuaci贸n m谩s dirigida y selectiva. En el covid-19 pronto la falta de conocimientos cient铆ficos dej贸 de ser una excusa cre铆ble. El extremismo frente al covid-19 contrasta con el hecho de que no se adopten medidas suficientes frente a la muerte de miles de personas, sobre todo ni帽os, por enfermedades tratables.

Todas la estrategia adoptada por la mayor铆a de los gobiernos se basan en ideas sin ning煤n fundamento cient铆fico como resume un tuit de David Thunder. Entre ellas destacan la defensa del no comprobado efecto protector de las mascarillas fuera de localizaciones y condiciones muy concretas (un dispositivo que incluso podr铆a facilitar ciertos contagios), o la defensa de las restricciones estrictas a la vida social de personas independientemente de que padezcan o no s铆ntomas. Este supone el peligro de subvalorar la mayor contagiosidad de los sintom谩ticos sobre todo en espacios de alto riesgo.

INSOLVENCIA CIENT脥FICA, 鈥溍塜ITO鈥 POL脥TICO Y MEDI脕TICO

El 鈥溍﹛ito鈥 de los partidarios de los confinamientos y otras medidas restrictivas de derechos y de la vida social en hacer cre铆ble y aceptable su estrategia, se funda en que la misma encaja perfectamente con el sentido com煤n. Dos m谩s dos son cuatro: si se reducen los contactos sociales se reducen necesariamente los contagios. A simple vista parece innegable. Pero, como sucede con tant铆simas cosas, las realidades profundas de los fen贸menos son m谩s complejas de lo que parecen al sentido com煤n, y muchas veces completamente contra-intuitivas. La f谩cil y r谩pida ecuaci贸n propia del sentido com煤n 鈥攍os contagios se reducir谩n en proporci贸n a la reducci贸n de los contactos鈥 falla porque, en realidad, m谩s que de la cantidad total de contactos, la transmisi贸n viral depende del contexto en el que tienen lugar los mismos. Es m谩s determinante la duraci贸n del contacto y la ventilaci贸n del lugar donde se produce, que cualquier medida de distanciamiento concreta o el uso de mascarilla.

Y el impacto mortal no depende tanto de la cantidad bruta de contagiados, sino de qui茅nes se contagian. Una vez que se pone esto sobre la mesa, el car谩cter aparentemente obvio de muchas medidas adoptadas se desploma. La probabilidad de contagio al aire libre es baj铆sima: sin embargo, hay muchos pa铆ses 鈥攅ntre los que se encuentra Espa帽a鈥 en los que es obligatorio el uso de mascarilla incluso para circular por las calles. Los toques de queda o las restricciones de ciertas actividades a partir de determinada hora no solo son medidas ineficaces: son lisa y llanamente absurdas. 驴En cu谩nto pueden reducir la probabilidad de contagios?

Es m谩s probable contagiarse en una oficina cerrada o en un taller atestado de trabajadores que en un bar 鈥攕obre todo si las mesas est谩n al aire libre鈥; pero se cierran los segundos mientras permanecen en actividad los primeros. A excepci贸n de los hospitales y las residencias de ancianos, los lugares en que se producen m谩s contagios son los hogares, aunque se ha instalado la falsa idea de que en ellos estamos protegidos. Los contagios se producen entre personas conocidas que interact煤an cotidianamente, aunque el discurso medi谩tico nos lleve a ver el peligro en el paseante desconocido que nos cruzamos en la acera. Sin duda el hashtag #quedateencasa ha resultado ser err贸neo y perverso especialmente si se atiende a la falta de informaci贸n rigurosa que se ha ofrecido acerca de c贸mo atender y cuidar a las personas enfermas en las casas o a la importancia de ventilar los espacios 鈥攎uchas personas durante los meses del confinamiento m谩s duro no lo hac铆an por miedo a que el virus entrase por las ventanas鈥 lo cual fue fuente de importantes contagios.

Las medidas adoptadas son duras para las personas, pero ineficientes para protegerlas, dan una falsa sensaci贸n de seguridad y hacen pensar que las autoridades hacen lo que deben. Pero es m谩s cierto lo contrario.

La estrategia de los confinamientos tambi茅n fracasa porque no es sostenible a largo plazo y porque no resulta suficiente para erradicar al virus. Son medidas que afectan m谩s a la poblaci贸n que a la circulaci贸n viral. A largo plazo, all铆 donde el virus est茅 presente el umbral de la circulaci贸n comunitaria la cantidad de contagios y decesos variar谩 poco sin protecci贸n selectiva, hagan lo que hagan las autoridades. Es una verdad dif铆cil de tragar, y ello explica parte de la 鈥渓ocura colectiva鈥 en que estamos inmersos. Pero la consecuencia de no aceptarla est谩 produciendo da帽os irreparables e innecesarios.

Los confinamientos no han funcionado porque 鈥攃omo ya suger铆a la evidencia previa鈥 no es viable bloquear la transmisi贸n comunitaria de un virus respiratorio pasado cierto umbral relativamente bajo de circulaci贸n comunitaria. Para conseguirlo ser铆a necesario un prolongado confinamiento TOTAL: cerrar todo, suspender todas las actividades (no s贸lo las consideradas con grados variables de arbitrariedad 鈥渘o esenciales鈥) por un periodo de tiempo prolongado (varios meses). Esto es lo que se hizo en China pero a una escala relativamente peque帽a para las dimensiones y la poblaci贸n del pa铆s. El cierre total de Hubei fue posible porque no representaba m谩s que el 4% de la poblaci贸n china total, que fue abastecida en sus propias casas por las fuerzas de seguridad enviadas desde otros sitios. Adem谩s, se procedi贸 a llevar a cabo el aislamiento de casos y la cuarentena de positivos en establecimientos hoteleros, lo que elimin贸 una fuente de contagios numerosos y graves: la convivencia entre infectados y no infectados si recomendaciones claras.

Sin ese confinamiento absoluto y prolongado, cuando ya se ha producido una diseminaci贸n comunitaria amplia, el virus 鈥榚spera鈥 la relajaci贸n y, por lo tanto, en el mejor de los casos s贸lo se pospondr铆an algunas muertes. Pero con un porcentaje importante de la poblaci贸n que no puede permanecer en su domicilio (si es que en verdad alguien puede hacerlo de manera saludable por un periodo tan largo de tiempo) 鈥攜a sea por actividades de aprovisionamiento b谩sico, responsabilidades de cuidados, obligaciones laborales impostergables por estar clasificadas como esenciales u obligada a garantizar la mera superveniencia diaria en los sectores m谩s precarizados鈥 el virus permanece en circulaci贸n.

En los pa铆ses 鈥榙esarrollados鈥, los trabajadores de servicios esenciales representan alrededor de 30% del total de trabajadores: una suficiente masa cr铆tica para mantener el virus en circulaci贸n. Esta es la causa por la que tant铆simos estudios de car谩cter comparativo 鈥攅ntre estados diferentes pero tambi茅n entre regiones diferentes de un mismo estado鈥, hist贸rico 鈥攂asados en el estudio de epidemias pasadas, como la de 1918鈥, experimentales 鈥攕e han realizado algunos experimentos en relaci贸n a la covid-19, por ejemplo con marines鈥 e incluso de prospecci贸n matem谩ticamente modelada concluyen que la reducci贸n de contagios y decesos a largo plazo atribuibles a las medidas no farmacol贸gicas son escasas o nulas.

Las medidas no farmacol贸gicas podr铆an ser incluso sanitariamente contraproducentes 鈥攑or la prolongaci贸n de la epidemia, la dificultad de proteger a la poblaci贸n vulnerable por lapsos tan prolongados y por la afectaci贸n negativa del sistema inmunol贸gico de todas las personas producida por el estado de estr茅s, la tristeza, la falta de ejercicio, la carencia de sol, etc.鈥.En paralelo, las consecuencias negativas de las medidas no farmacol贸gicas mayoritariamente adoptadas son tan ostensibles como graves en t茅rminos de la atenci贸n inadecuada de otras enfermedades, efectos f铆sicos y psicol贸gicos en la infancia y juventud confinada, cierre de empresas y comercios, aumento del paro, crecimiento de la pobreza, limitaci贸n de las libertades p煤blicas, din谩micas de disciplinamiento social, etc.

Estas consecuencias son tan evidentes como para facilitar la credibilidad de todo tipo de teor铆as simplistas de lo que est谩 sucediendo. Esta es la base de las creencias en la 鈥減landemia鈥, un plan previsto de antemano ya sea para reducir la poblaci贸n anciana, oprimir a la gente, ocultar la crisis capitalista, instaurar una dictadura, favorecer a la industria farmacol贸gica o modificar en alg煤n sentido el sistema social.

Un fen贸meno de alcance planetario y ya tan prolongado en el tiempo dif铆cilmente pueda ser explicado por una oscura conspiraci贸n. La explicaci贸n es sumamente compleja. Comprender y explicar la reacci贸n ante la pandemia debe necesariamente incluir ciertas condiciones de posibilidad que se fueron gestando a nivel social, econ贸mico, sanitario y cultural a lo largo de d茅cadas: entre ellas la obsesi贸n por la salud y la seguridad en la cultura capitalista actual, la abrumadora hegemon铆a ideol贸gica de las clases altas y medias en el universo contempor谩neo, la p茅rdida de sentido hist贸rico propia del sentido com煤n posmoderno, el reduccionismo biologicista de la medicina mainstream, la consolidaci贸n de l贸gicas profundamente patriarcales y punitivas en el abordaje de los problemas sociales, etc. Sin ellas la patol贸gica obsesi贸n con un 煤nico problema sanitario de rango medio dif铆cilmente hubiera tenido lugar. Pero una adecuada explicaci贸n debe estar atenta tambi茅n a los desencadenantes, entre ellos la aparici贸n de un virus desconocido entre las poblaciones humanas. Ni en las condiciones de posibilidad ni en los desencadenantes parece haber nada m铆nimamente relacionado con algo que pueda ser considerado una conspiraci贸n.

Pero una vez iniciado el proceso y desatada la locura social 鈥攕er铆a ingenuo ignorarlo鈥 ciertos sectores particularmente poderosos hallaron en la crisis una enorme ventana de oportunidades, y comenzaron a operar abierta o solapadamente para que el clima de temor no se desvaneciera. En primer铆simo lugar, desde luego, el poderoso complejo farmacol贸gico y las empresas tecnol贸gicas, devenidas ya definitivamente el sector hegem贸nico de la acumulaci贸n de capitales. Habi茅ndose dado de bruces con la crisis, los grandes tiburones aprovecharon el estado de conmoci贸n social para acelerar transformaciones pol铆ticas, econ贸micas y culturales en su beneficio, y de car谩cter profundamente reaccionario. Todas las empresas de la econom铆a virtual han visto en la pandemia una ocasi贸n para inflar a煤n m谩s sus beneficios.

驴QU脡 HA SIDO DE LA PERSPECTIVA DE G脡NERO? 驴QU脡 HA SIDO DE LA PERSPECTIVA DE CLASE?

Si algo se ha reivindicado de manera clara desde los feminismos es que la neutralidad muchas veces es una falsa pretensi贸n patriarcal. Algunos relatos con aspiraciones de neutralidad 鈥攅 incluso de objetividad鈥 solo encubren el lugar ideol贸gico desde donde se analiza la realidad, y por ello no necesita ser justificado. Desde luego, las pol铆ticas de gesti贸n de la covid-19 no son neutras. Independientemente de que a la cabeza de las decisiones hayan estado mujeres u hombres, las pol铆ticas desplegadas se han dado en el marco pol铆tico y mental del patriarcado. Sin embargo, la ausencia de una reflexi贸n profunda por parte de los feminismos sobre la forma en que ha sido abordada la pandemia y las medidas adoptadas, y, en consecuencia, de una acci贸n o respuesta coordinada y organizada en la calle, ha sido la l铆nea general.

Entre los temas m谩s criticables desde esta perspectiva est谩 la pr谩ctica del confinamiento. Lo primero que se debe decir es que aun habi茅ndose evidenciado por la genealog铆a de los encierros que el encierro privado, el del hogar, ha sido el primero de los encierros que han sufrido las mujeres, no ha habido capacidad de evidenciar esta cuesti贸n tan b谩sica en ning煤n espacio de reflexi贸n feminista para criticar las medidas de confinamiento 鈥攅stricto o light鈥.

Si atendemos al abordaje transversal de los cuidados, tambi茅n el desprecio de esta cuesti贸n es muy preocupante. Y resulta m谩s preocupante todav铆a, cuando observamos que el estado se erige como el 煤nico y validado cuidador de su ciudadan铆a en este contexto pand茅mico; y lo hace, adem谩s, sostenido por todo un aparataje militar, policial y jur铆dico que nos dice que nos cuida mediante el despliegue de una fuerte narrativa punitivista. Se podr铆a incluso afirmar que las medidas adoptadas y/o recomendadas confrontan constantemente con los cuidados. Los feminismos vienen considerando como central para repensar un proyecto que verdaderamente ponga a la vida en el centro, la idea de que todos y todas somos interdependientes, todas y todos necesitamos ser cuidados y cuidar y la idea de que detr谩s de la represi贸n no hay verdaderamente cuidados. Las personas necesitamos de bienes, servicios y cuidados para sobrevivir. Los cuidados son relacionales e interdependientes. Aqu铆 es donde la escisi贸n entre las recomendaciones de los gestores y bur贸cratas de la pandemia y las necesidades de la vida es brutal.

Ser铆a demasiado escandaloso para algunos proyectos pol铆ticos apelar continuamente a la instituci贸n familiar como paradigma del nuevo higienismo. Sin embargo, las campa帽as para el fomento de las medidas sanitarias muestran continuamente el n煤cleo de la familia tradicional: padre, madre y ni帽os, como paradigma de lo 鈥渘ormal鈥 y lo 鈥渃orrecto鈥. Sin duda ha habido una vuelta al concepto de familia tradicional en este 煤ltimo a帽o. En estas campa帽as esa familia representada es una familia muy concreta. Tres son las principales caracter铆sticas: blanca, heteronormativa y de clase social media burguesa acomodada. En concreto, el confinamiento ha idealizado ese modelo concreto de familia, tirando al traste tantos esfuerzos (especialmente por los feminismos) en mostrar e interiorizar la diversidad, y de visibilizar otros modelos de convivencia alejados del modelo blanco-cis-hetero-patriarcal, as铆 como la importancia de la mirada interseccional, fortaleci茅ndose claros elementos racistas y de clase.

De hecho menos dram谩tico se presenta el panorama si aplicamos una perspectiva de clase. Los trabajadores precarizados y cuentapropistas o bien no pudieron confinarse, o bien sufrieron 鈥攜 siguen sufriendo鈥 un deterioro econ贸mico atroz. Y no hay que mirar s贸lo en derredor. En la India, por ejemplo, donde tambi茅n se implement贸 un aislamiento social severo, las medidas adoptadas condenaron a millones de personas a la inanici贸n. Literalmente. Cosas semejantes ocurrieron en Filipinas y en muchos Estados africanos. Por razones de espacio no podemos desarrollar aqu铆 adecuadamente este aspecto fundamental. Digamos simplemente que pensamos que dio en la diana el epidemi贸logo sueco Martin Killdorf cuando afirm贸 que 鈥渘o hay razones cient铆ficas ni de salud p煤blica para mantener las escuelas cerradas鈥 y que estamos presenciando 鈥渆l mayor asalto a las condiciones de vida de la clase obrera en d茅cadas鈥.

隆Y LLEGARON LAS VACUNAS!

La cuesti贸n de la vacuna es sumamente compleja, pero hasta el momento, se pueden se帽alar algunos hechos irrefutables. Hay un primer hecho incontestable: hemos presenciado la b煤squeda contra reloj de una vacuna salvadora. Y las vacunas han llegado, todas, desde grandes laboratorios privados (la Big Pharma es una de las mayores industrias a nivel mundial), y en pr谩cticamente todo el mundo se han articulado agresivas campa帽as vacunales. Las vacunas han sido presentadas como la 煤nica tabla salvadora, pero dudamos de que vayan a acabar con el covid-19. Creemos antes bien que ser谩n empleadas para proporcionar una coartada a nuestros gobiernos y servir de justificaci贸n a las pol铆ticas adoptadas. Suceda lo que sucediere, se dir谩 que las vacunas, y no la inmunidad natural, han dome帽ado a la pandemia.

Otra cuesti贸n meridiana es que se ha abandonado la idea de la importancia del sistema inmunitario para enfrentar una enfermedad, aunque es cierto que precisamente entre los m谩s vulnerables destacan los que sufren las peores consecuencias del virus, independientemente de contar o no con una vacuna. La inmunidad se puede alcanzar de forma natural por la propagaci贸n de la enfermedad en la comunidad en amplios sectores de bajo riesgo, de forma artificial por la administraci贸n de una vacuna eficaz, o por una combinaci贸n de ambas. Una combinaci贸n que, por ejemplo, reservara la vacuna para la poblaci贸n de riesgo.

Sin embargo, la primera idea de la noche a la ma帽ana pas贸 a ser considerada aberrante. La premisa parece ser: que la inmunidad artificial por la administraci贸n de la vacuna es superior a la natural, cuando todos los datos apuntan en sentido contrario. Las vacunas disponibles parecen poseer una efectividad a corto plazo indiscutible, pero sus efectos secundarios son notables y afectan de manera muy llamativa a personas para las que padecer la enfermedad no supone un riesgo importante. Queda la inc贸gnita de los efectos a largo plazo que no se han establecido. Tampoco se puede descartar que favorezcan el surgimiento de nuevas variantes que es ya uno de los problemas que afrontamos.

La tercera cuesti贸n irrefutable es que existen dudas razonables e importantes para considerar que, aun en la actual situaci贸n de excepcionalidad por pandemia y de estados de alarma, excepci贸n, toques de queda etc., declarados en pr谩cticamente todos los pa铆ses, con la legislaci贸n disponible no se puede imponer en toda la poblaci贸n mundial una vacunaci贸n obligatoria. Una medida sanitaria que impusiese la vacunaci贸n con car谩cter obligatorio constituir铆a una restricci贸n de derechos fundamentales. Sin embargo, nuevamente, no parece que sea (al menos aparentemente) la senda que est谩 guiando a las pol铆ticas de vacunaci贸n, sumando, nuevamente, un nuevo argumento a la desmesura y a las pr谩cticas autoritarias.

Por lo dem谩s, queda la inc贸gnita de las consecuencias a medio y largo plazo de las vacunas 鈥攖anto de su eficacia como de su impacto en la salud de las personas鈥 y de haber optado por una estrategia de vacunaci贸n masiva de toda la poblaci贸n.

PENSAR AL REV脡S

驴Hab铆a alternativas a la gesti贸n autoritaria de la pandemia? Desde luego. Hubo pa铆ses que se concentraron en la detecci贸n de enfermos y el aislamiento selectivo de los mismos. Se trata de un virus de amplio espectro patol贸gico. Si bien la gran mayor铆a de las personas infectadas no sufre s铆ntomas o estos son leves, una minor铆a, entre los que predominan personas mayores y/o con enfermedades serias, padecen cuadros muy graves e incluso fatales 鈥攄esencadenando el fallecimiento鈥, generalmente asociado a una insuficiencia respiratoria.

Sin embargo, se ha adoptado esta estrategia indiscriminada sin dar ni siquiera la posibilidad de plantear una discusi贸n cient铆fica seria con quienes discrepan de la estrategia adoptada, una verdadera legi贸n, que defendieron esas estrategias de protecci贸n selectiva comenzando por los prestigiosos firmantes de la declaraci贸n de Great Barrington. En pr谩cticamente todo el mundo se opt贸 por las medidas sobradamente conocidas: encierro masivo e indiferenciado de la poblaci贸n primero, seguido de fuertes restricciones y medidas dudosamente efectivas de todo tipo que contin煤an hasta hoy.

Y en todo esto 驴d贸nde ha quedado la izquierda? Aunque ser铆a exagerado decir que las organizaciones de izquierdas apoyaron sin reservas la estrategia de supresi贸n del virus y las cuarentenas masivas, lo cierto es que, en general, no se opusieron de manera frontal. Criticaron sus excesos o algunas facetas, pero no su naturaleza. El h谩bito tacticista de tratar de acompa帽ar las demandas de las masas dej贸 al grueso de las organizaciones de izquierdas desarmadas, cuando lo imperioso era cuestionar el 鈥榮entido com煤n鈥. Por ello, se opt贸 por lo que parec铆a la 鈥榲铆a m谩s segura鈥, acompa帽ando el gran miedo que hab铆a hecho presa de las masas a la espera de que la pandemia pasara y se pudiera volver a la pol铆tica de siempre.

El hecho de que la izquierda radical haya sido en general presa del p谩nico al igual que la derecha, el centro y la izquierda reformista, asumiendo adem谩s la hip贸tesis de la eficacia y viabilidad del encierro, es un indicio de falta de autonom铆a e independencia de criterios. Que se haya descartado la posibilidad de proteger a la poblaci贸n vulnerable como cosa imposible, creyendo al mismo tiempo que ser铆a posible proteger a toda la poblaci贸n, habla bastante a las claras de la pobreza intelectual franciscana y de la carencia de toda l贸gica en el debate p煤blico contempor谩neo. Que la creencia en que la vacuna ser谩 la soluci贸n a la pandemia se haya impuesto con tan pocas cr铆ticas muestra la eficacia de la propaganda de los laboratorios, la expropiaci贸n de la salud por el capital y la escasa independencia de la izquierda en t茅rminos de pol铆tica sanitaria. Que algunas fuerzas de izquierdas defiendan abiertamente la pol铆tica de confinamiento resulta especialmente incomprensible por la falta de lectura de clase: entre otras, el cierre de escuelas afecta m谩s a los pobres que a los ricos, y el encierro aumenta el desempleo, la miseria y las desigualdades.

Sin embargo, al cabo de m谩s de un a帽o, no se ha logrado instalar en el debate p煤blico de la mayor铆a de los pa铆ses (ni siquiera en aquellos gobernados supuestamente por fuerzas progresistas) cuestiones tan b谩sicas como la necesidad de un 煤nico sistema de salud que ofrezca a todas las personas las mismas oportunidades, o la condena popular a la medicina comercializada, o la necesidad del estrecho control p煤blico sobre la producci贸n de medicamentos, o la relaci贸n ente la agricultura y la ganader铆a industriales y los saltos zoon贸ticos, o lo imperioso que resulta asumir que las residencias de ancianos constituyen un modelo fallido para afrontar los problemas de la vejez, y una fuente de lucro capitalista particularmente obscena. Si una crisis sanitaria, social y econ贸mica de la magnitud de la actual no ha logrado instalar a gran escala estos problemas y estas perspectivas, ello es, por cierto, un indicio de la hegemon铆a cultural y pol铆tica de las fuerzas del capital. Pero puede ser tambi茅n, en parte, consecuencia de errores pol铆ticos cometidos por las izquierdas.

鈥淟a verdad es revolucionaria鈥, reza una vieja m谩xima atribuida normalmente a Antonio Gramsci. La m谩xima viene a significar que por cruda que sea, los revolucionarios deben apegarse a la verdad, sin edulcorarla y sin autoenga帽arse. Esto entra帽a en cierto modo un compromiso con el realismo. Pero entra帽a tambi茅n algo mucho m谩s profundo. Las clases dominantes siempre han dispuesto de medios de difusi贸n inmensamente m谩s poderosos que los que podr铆an disponer las clases explotadas. Si no hay una verdad objetiva, si todo es un relato, si todo son narraciones, entonces quienes dispongan del poder y la riqueza podr谩n imponer sus representaciones, sus intereses, sus visiones. S贸lo si hay relatos verdaderos y relatos falsos en alg煤n sentido significativo es posible la impugnaci贸n de las ideolog铆as de las clases dominantes. Si no hay verdad, si todo es uniformemente ideolog铆a, entonces es imposible, o totalmente improbable, que no se impongan socialmente los intereses, las creencias y las representaciones de las clases explotadoras y de los grupos favorecidos. La pandemia del coronavirus ha sido un gran episodio de posverdad.

Pero no nos desanimemos. Los anhelos de libertad y los sue帽os de emancipaci贸n son inextinguibles. Comprender lo que sucede, por duro que sea, es una tarea imprescindible para cambiar el mundo. Y este mundo hay que cambiarlo urgentemente.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com