December 8, 2020
De parte de Lobo Suelto
357 puntos de vista

Las mujeres nunca pudimos hacer, desear ni pensar cualquier cosa. Nuestra potencia ha sido y sigue siendo 鈥損or ahora- conquista.

Conquista y potencia del cuerpo de las mujeres para desprenderse de las figuras del cuerpo del delito, y del campo de la prueba.

驴De qu茅 maneras, de cu谩ntas maneras, el cuerpo de las mujeres es capturado por un deseo ajeno? Cuerpo de las mujeres condenado a un destino ligado a la ficci贸n de naturaleza femenina, y a la representaci贸n que fija lo femenino a ser madre. Cuerpo de las mujeres condenado a ser tambi茅n objeto de posesi贸n exclusivo para el deseo del hombre, para la sumisi贸n, para la violencia, o para la muerte.

Quiero decir: 驴C贸mo despegar el encuentro sexual de una presunci贸n de peligro, de un estado b谩sico de alerta, hacia el ejercicio de una sexualidad que tenga los mayores grados de libertad posible, en los modos singular铆simos con los que cada una tendr谩 que resolver ese enigma que la sexualidad siempre representa? Que la sexualidad pueda ser enigma y no lugar hipersaturado de sentidos.

驴C贸mo continuar separando sexualidad y castigo? todav铆a en este siglo, no hay avance tecnol贸gico, ni cient铆fico, ni pol铆tico, que haya logrado desarmar esa soldadura. A煤n.

Usamos -cada vez m谩s- las mujeres, la palabra para defendernos, y vaya que la usamos, a contramano de otras palabras, pr谩cticas y poderes. Pero 驴c贸mo usamos el cuerpo? El cuerpo colectivo aloja, acompa帽a y posibilita el intento por inscribir el cuerpo de las ni帽as, adolescentes y adultas, de cada una de ellas, de otras maneras.

En los albores del descubrimiento freudiano, las mujeres casi exclusivamente contaban con su cuerpo, como manifestaci贸n atrapada en la crisis hist茅rica, o el s铆ntoma hist茅rico. Freud, alej谩ndose progresivamente del saber m茅dico de su tiempo, inventa un nuevo dispositivo, que consolida el pasaje del m茅todo hipn贸tico y la cura cat谩rtica al m茅todo de la asociaci贸n libre y la escucha anal铆tica. Freud libera al cuerpo de la fijeza en la conversi贸n hist茅rica y la actuaci贸n, de la condena a expresarse en una escena 芦loca禄 y sujeta a la examinaci贸n m茅dica, y sit煤a la resoluci贸n del enigma en el terreno de la palabra, generando nuevos posibles enlaces.

Es un largo cap铆tulo el de las vicisitudes por las que avanzar谩 esa escucha, y all铆 lo que Freud y su tiempo pudo, y hasta d贸nde, pensar. Un cap铆tulo en pleno trabajo de reescritura y reformulaci贸n, en el mejor de los casos. Por ejemplo, de la trama que subjetiv贸 a las mujeres como castradas y envidiosas, y all铆 situ贸 la configuraci贸n de sus fantasmas primordiales y de las posibilidades de acceder, progresi贸n mediante, a ecuaciones simb贸licas capaces de encauzar los deseos 鈥損or supuesto-  a la maternidad. O la inexistencia de representaci贸n del placer femenino en el encuentro sexual. Aun hoy se escuchan y verifican, en particular en el consultorio, las esquirlas vivas de esa no existencia, toda vez que para cada mujer es un trabajo arduo el de inscribir su placer, y no ya la 鈥渁probaci贸n鈥, en el cuerpo propio y en los encuentros con otros. Cuantas veces nos toca escuchar que la sexualidad femenina es posible 煤nicamente como soporte y garante, o como anexo de la masculina鈥

驴C贸mo recuperar, hoy, entonces, la palabra y el cuerpo para vivir una sexualidad no peligrosa ni culpable? 驴C贸mo arrancar nuestro cuerpo de 芦el cuerpo del delito禄, como poderosa representaci贸n dominante? Me refiero de este modo al peso que 芦la prueba禄 cobra en el cuerpo de las mujeres. Pruebas que verifican a su vez la magnitud y algunos de los alcances de nuestra captura en el r茅gimen patriarcal, ese sistema que opera legitimando y reproduciendo su  propia violencia, como si ella fuera natural.

Esta es nuestra agenda de pruebas:

  • 芦La prueba de amor禄, con las obligatoriedades que se impon铆an, en nombre del amor, inscribiendo el inicio sexual en una l贸gica de dominaci贸n.
  • El embarazo: 芦la prueba del delito禄, el delito de ser mujer y desear.
  • El da帽o y la urgencia m茅dica: la 芦prueba del aborto clandestino禄, realizado en condiciones indignas, desamparadas y en soledad.
  • La prueba de que la decisi贸n de una mujer es el 鈥溍簄ico y 煤ltimo recurso, justificado medicamente鈥, por ejemplo para decidir ligarse las trompas. 脷nico modo de traspasar el argumento de la 鈥渙bjeci贸n de conciencia鈥, con el que los cirujanos muchas veces se oponen a realizar una pr谩ctica que ya es es un derecho. Un ejemplo nom谩s de que la vida no es la preocupaci贸n de quienes se oponen al acceso y ejercicio de nuestros derechos sexuales y reproductivos, y que el derecho de las mujeres de gobernar la propia vida no es en lo m谩s m铆nimo un punto de partida.
  • La prueba de la 鈥渂uena madre鈥, la 鈥渕adraza鈥, aquella que deja y posterga todo por cuidar y criar a sus 鈥渃achorros鈥.
  • El cuerpo seductor, como la 芦prueba de la provocaci贸n禄 que autorizar铆a, siempre, el avance o la intromisi贸n del hombre. El derecho del hombre a imponer su deseo all铆.
  • 芦La prueba judicial禄: la prueba que logre determinar la existencia de la violaci贸n y el abuso.
  • La aprobaci贸n social y el espejo como prueba de ajuste del cuerpo a la hegemon铆a normativizante de la imagen.
  • La prueba del 鈥渂uen feminismo鈥, cada vez que el feminismo entrega su sensibilidad al manual de la moral feminista. Sabemos que la moral pertenece ella misma, en su misma genealog铆a, a la l贸gica patriarcal (La narraci贸n de 鈥淭贸tem y tab煤鈥 es un buen testimonio de ello, de ese anudamiento entre moral patriarcal y origen m铆tico de la cultura). Ah铆, entre los m谩rgenes de la pedagog铆a y el punitivismo, perdemos el rumbo, si ocurre que hay afectos permitidos y otros que no lo son. Podemos sostener un discurso feminista y reproducir al mismo tiempo algunas de las violencias que nosotras mismas combatimos.

Entonces, 驴c贸mo seducimos hoy las mujeres sin ser putas ni v铆ctimas? tanto de otrxs, por empezar, pero adem谩s v铆ctimas de nuestras propias representaciones, representaciones ps铆quicas y sociales, singulares y colectivas, cuando suponemos, en particular las m谩s j贸venes, que el avance er贸tico siempre es potencialmente amenazante  o peligroso.

驴C贸mo desarmar la idea de 芦hombre supuesto atacante芦? 驴Y la representaci贸n de 芦mujer deshecho芦? (Se usa y se tira, en un plano metaf贸rico y en otro bien concreto y real).

驴C贸mo lograr que crimen y castigo no sean la perpetuidad moralizante tejida en saberes y pr谩cticas que posibilitan aun hoy que las mujeres sigamos suponiendo que somos nosotras mismas las responsables de la opresi贸n padecida, por haberla provocado, propiciado o deseado? 驴C贸mo desamarrar nuestros cuerpos de esos discursos del Poder que todav铆a lo marcan? 驴C贸mo liberar al cuerpo de la b煤squeda de aprobaci贸n y de la amenaza del oprobio?

El cuerpo de las mujeres se enfrenta cada d铆a al trabajo de desasirse de esas representaciones de cuerpos que funden sexualidad, delito y prueba. Representaciones ligadas a los afectos de culpa y verg眉enza.

Tenemos el desaf铆o de construir para la sexualidad un campo de paridades. Pero sobre todo de alegres maneras, maneras de probar y explorar que no queden aplastadas por otras 芦pruebas禄 que capturen en la dominancia de unx por sobre otrx, o en la exigencia en nombre de ning煤n valor o ideal.

Que probar pueda ser eso: ser sujetos capaces de experimentar, tener derecho y libertad de hacerlo -con el cuerpo y con las palabras: ambos son la materialidad de nuestro capital libidinal y deseante, con ellos decidimos el rumbo de nuestra vida- y no ser objetos de pruebas, de aprobaci贸n, ni de oprobio.                                             Volver para ser mujeres, llegar a serlo: dejar atr谩s la agenda de las pruebas, que nuestro tiempo sea siempre, y cada vez m谩s, nuestra potencia y conquista.

Que sea ley la decisi贸n indiscutible sobre nuestra propia vida.

Por 煤ltimo, un poema de Luciana Reif.

Otra vez un chico en mi cama,

es tan dulce su rostro contra la almohada,

parece que no respira o que respira apenas

como un silencio sutil.

Me gusta verlo ensimismado en sus secretos,

tan desnudo que abruma, mientras miro distra铆da

el techo de mi cuarto, la puerta entreabierta;

afuera el living, la cocina, el ba帽o.

De repente me encuentro imaginando

una posible forma de escapar,

no tengo raz贸n para pensar en eso, pero lo hago:

cientos de mujeres fueron asesinadas

este 煤ltimo a帽o, no entiendo por qu茅 este chico

no habr铆a entonces de meterme un palo

entre las piernas. Pienso en ellas,

esposadas al respaldo de una cama

por sus novios, por sus padres, por sus amantes.

驴C贸mo es que alguna vez encontraron consuelo

en sus anchos hombros?

Imagino sus rostros desencajados,

sus mu帽ecas atadas, tensas hasta la sangre.

驴En qu茅 momento su cuarto se convirti贸 en una prisi贸n

y su novio en el carcelero que entra

sin pedirles permiso en mitad de la noche?

Vuelvo la cara contra mi chico,

茅l descansa y entredormido me abraza,

la bruma de mis miedos lo tapa.

Su ternura, como una gema,

resplandece en el cuarto.

(Agradezco a Claudia Masin y a Cristina Lobaiza, dos maestras, que acompa帽aron y estimularon la reescritura de este texto).




Fuente: Lobosuelto.com