May 12, 2021
De parte de La Peste
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Ilustraci贸n de Vezael

隆S铆! 隆Habr谩 crecimiento en primavera!

La historia de la sociedad capitalista es la historia de la reproducci贸n de la relaci贸n de clase capitalista. Es la de la reproducci贸n del capital como capital, y en tanto correlato necesario, la de la clase obrera como clase obrera. Si partimos del supuesto de que la reproducci贸n de esta relaci贸n no es inevitable, 驴qu茅 posibilidades hay de que no se reproduzca?

Por un breve instante, la crisis reciente parec铆a habernos ofrecido un fugaz vistazo de esa no reproducci贸n: el fen贸meno de las retiradas masivas de dep贸sitos bancarios regres贸 al n煤cleo capitalista, muchos pa铆ses se vieron sumidos en una oleada de disturbios por los precios del combustible y de los alimentos, los mercados burs谩tiles se tambalearon y las grandes empresas presentaron expedientes de quiebra, la econom铆a de Islandia se derrumb贸, el mundo en conjunto entr贸 en una crisis ampliamente calificada como la peor desde la crisis de 1929, la insurrecci贸n hizo arder Grecia, y en el Reino Unido volvieron a aparecer modalidades de lucha de clases que no se hab铆an visto en d茅cadas. Durante unos meses se hicieron juegos malabares con palabras vac铆as acerca de un retorno de Marx y los economistas oficiales se hicieron catastrofistas, antes de que se volviera a hablar de 芦brotes verdes禄 y comenzara a asentarse la idea convencional de que esta crisis era, a lo sumo, un descalabro particularmente grave del funcionamiento normal de la econom铆a capitalista causado por alg煤n factor arbitrario y no sist茅mico. En tal situaci贸n, en lugar de plantearse la posible no-reproducci贸n de la relaci贸n de clase capitalista, quiz谩 sea m谩s plausible interpretar la crisis como un aspecto de la autorregulaci贸n de la econom铆a capitalista mundial, en el peor de los casos como una 芦purga禄 especialmente intensa de algunos excesos o irracionalidades en un sistema por lo dem谩s sano y completamente funcional.

Pero en el n煤cleo de la sociedad capitalista no hay ning煤n estado de equilibrio sano ni ninguna condici贸n 芦normal禄 y completamente funcional. La crisis es el modus vivendi de la relaci贸n de clase capitalista, el proceso de vida de esta contradicci贸n. En la medida en que la acumulaci贸n de capital siempre es un proceso problem谩tico y cargado de tensiones, en la medida en que, incluso cuando ha obtenido la victoria sobre el proletariado, el capital sigue aproxim谩ndose a puntos muertos de sobreacumulaci贸n, en la medida en que la danza de la relaci贸n de clase capitalista no puede celebrarse sin la presencia de sus dos reticentes socios, la crisis siempre est谩 presente. En el modo de producci贸n capitalista la fuente del valor es el trabajo, pero no obstante, a medida que avanza la acumulaci贸n, el trabajo necesario se convierte en una magnitud que tiende a reducirse. La crisis est谩 siempre nos acecha porque para el capital el trabajo es un problema.

Ahora bien, la crisis tambi茅n es un acontecimiento concreto. El catastrofismo espectacular que domin贸 los mercados de valores globales en torno a la ca铆da de Lehman Brothers, la ola de ejecuciones hipotecarias que barre Estados Unidos, la quiebra inminente de Estados enteros, los enormes rescates y las previsiones de desaceleraci贸n, la proclamaci贸n jubilosa del fin de la era 芦neoliberal禄 y la aparici贸n (por ilusorias que sean) de veleidades acerca de un retorno a Keynes: todo esto son indicios muy reales de una crisis concreta en la relaci贸n de clase capitalista. Esta crisis concreta pone de manifiesto la contradicci贸n general de esta relaci贸n, como si la tapa de la m谩quina hubiera sido arrancada de repente por una explosi贸n y estuvieran a la vista todos sus engranajes en movimiento. Como todas las crisis, esta remite a la inestable estructura subyacente de la relaci贸n de clase: all铆 donde un aspecto de la reproducci贸n de la relaci贸n topa con sus l铆mites, surge un momento de apertura sist茅mica y la visi贸n fugaz de la posibilidad de una ruptura. Entonces, a trav茅s de alg煤n mecanismo ca贸tico, all铆 donde una marcha hab铆a saltado del cuadro, otra toma el relevo a una velocidad ahora alterada. Con algunas modificaciones, la reproducci贸n contradictoria de la relaci贸n de clase capitalista prosigue por ahora; los 芦brotes verdes禄 del jardinero Chance anuncian el fin del invierno, y la crisis queda naturalizada una vez m谩s, no como una enfermedad cr贸nica o permanente, sino como el eterno retorno de un ciclo natural.

驴Cu谩l es el car谩cter actual de la reproducci贸n de la relaci贸n de clase, y c贸mo se est谩 transformando? 驴Qu茅 indicios podemos encontrar en todo esto de la posibilidad de que no se reproduzca? 驴Cu谩les son 鈥攅n otras palabras鈥 las posibilidades actuales de una ruptura completa de esta reproducci贸n? Estas son las preguntas que tiene que hacerse una teor铆a revolucionaria. Es en las modalidades cambiantes de esta reproducci贸n donde podemos captar la historia real de la sociedad capitalista como algo m谩s que un amasijo contingente de hechos, relatos o conceptos, de victorias, derrotas o recuperaciones estrat茅gicas, porque es mediante su reproducci贸n donde la relaci贸n de clase capitalista se construye como totalidad. Por esa misma raz贸n, es en estas modalidades donde hemos de buscar las posibilidades de una destrucci贸n inmanente de esa totalidad.

La reproducci贸n de la relaci贸n

El resultado del proceso capitalista de producci贸n no son s贸lo mercanc铆as y plusvalor, sino la reproducci贸n de la propia relaci贸n [鈥 El capital y el trabajo asalariado expresan s贸lo dos factores de la misma relaci贸n1.

Si existe una caracter铆stica definitoria del capital, que lo distingue de una mera suma de dinero, o de una masa no especificada de materiales con los que uno podr铆a hacer dinero, es que se ampl铆a: se trata de dinero que se convierte en m谩s dinero, valor que se valoriza a s铆 mismo. Para subsistir como capital, el capital debe aumentar perpetuamente en cantidad. En este sentido, tiene un car谩cter claramente 芦teleol贸gico禄: tiene una meta clara 鈥攕u propia expansi贸n鈥 y la persigue implacablemente Dado que a nivel sist茅mico, est谩 claro que esa expansi贸n no se puede mantener a trav茅s de la mera reasignaci贸n de valor de un capital a otro, para que haya valorizaci贸n tiene que haber alguna posibilidad de producir valor nuevo. Esta posibilidad reside en la fuerza de trabajo.

Puesto que los trabajadores no necesariamente tienen que pasar la totalidad de la jornada laboral produciendo lo suficiente para reproducirse a s铆 mismos como trabajadores de cara al d铆a siguiente, puede existir un excedente entre la cantidad de trabajo realizada efectivamente por los trabajadores, y la cantidad de trabajo social media invertida en la producci贸n de los bienes con los que estos trabajadores se reproducen a s铆 mismos. Surge as铆 la distinci贸n entre trabajo y fuerza de trabajo, y ser铆a razonable decir que todo el edificio de la sociedad capitalista se erige sobre el fundamento de esta distinci贸n.

Pese a que, por supuesto, los trabajadores tienen que ser obligados a producir este excedente, dicha compulsi贸n es sist茅mica. Lo que para el trabajador no es sino el n煤mero de horas de trabajo requeridas para obtener el salario necesario para reproducir su existencia a un determinado nivel, es para el capital a la vez un desembolso de salarios y una posibilidad de obtener ganancias superiores al mero valor de estos salarios. Si bien la posici贸n del trabajador respecto de la propiedad significa que su libertad formal est谩 simult谩neamente ligada a la coacci贸n sistem谩tica, ambas partes de este acuerdo siguen siendo 芦sujetos burgueses禄 que acuden libremente al mercado por propia voluntad. Este encuentro en el mercado de trabajo entre capital y trabajo conlleva, claro est谩, ciertos roces inherentes, y como todos los buenos comerciantes, ambas partes buscar谩n siempre el modo de obtener m谩s a cambio de menos. Los trabajadores acuden de mala gana a trabajar, recuperan para s铆 tanto tiempo como pueden, y a veces se declaran en huelga por aumentos salariales, mientras que el capital impone la jornada de trabajo lo m谩s rigurosamente posible y siempre buscar谩 ampliar la porci贸n excedente del trabajo que tiene lugar en su proceso de producci贸n.

Este encuentro cotidiano entre el capital y el trabajo no es un mero hecho contingente. Si lo fuera, entonces la persistencia en el tiempo de la sociedad capitalista ser铆a poco menos que milagrosa. No es un hecho, porque es un proceso en el que todos participamos sin cesar, y no es contingente, puesto que (en su repetici贸n) podemos detectar una cierta sistematicidad en la forma en que este encuentro tiene lugar2. Los trabajadores no se encuentran casualmente con el capital en el mercado laboral sin otra cosa que vender que su fuerza de trabajo ni el capital se encuentra casualmente con estos trabajadores en forma de medios de producci贸n acumulados y de propiedad privada. Al contrario, es un proceso determinado el que produce trabajadores como vendedores de fuerza de trabajo y capital en tanto acumulaci贸n de medios de producci贸n. Este proceso es el proceso de la producci贸n misma: adem谩s de producir valor y valores de uso concretos, el proceso de producci贸n es al mismo tiempo el proceso de producci贸n de la relaci贸n de clase capitalista.

Si examinamos, no el comienzo del proceso de producci贸n, sino su resultado, el capitalista exitoso se ha apropiado plusvalor de los trabajadores y lo ha realizado mediante el intercambio, y ahora puede utilizar este valor en el pr贸ximo ciclo del proceso de producci贸n, mientras que el trabajador, al que solo se paga por su fuerza de trabajo, abandona el proceso de producci贸n s贸lo con un salario que cubre los costes de su reproducci贸n para el siguiente ciclo de producci贸n. Ambas partes regresan as铆, al final del proceso de producci贸n, a los puntos de partida estructurales desde los que entraron en 茅l. Al trabajador le quedan pocas opciones salvo volver a vender su fuerza de trabajo, ya que en el transcurso del proceso de producci贸n no ha acumulado nada suyo, y la l贸gica expansiva del capital lleva al capitalista a contratarlo de nuevo. Una vez que el proceso capitalista de producci贸n ha comenzado, su continuidad (al menos en este sentido) es autom谩tica. Existe una necesidad de la reproducci贸n continua de la relaci贸n de clase capitalista que se deriva del car谩cter del propio proceso de producci贸n capitalista3. Dado que el proceso de producci贸n no es otra cosa que esta relaci贸n de clase in actu, cabe decir que la reproducci贸n de la relaci贸n de clase capitalista se sigue necesariamente de la naturaleza de la propia relaci贸n.

La totalidad

La autopresuposici贸n de la relaci贸n de clase capitalista es tambi茅n la de la totalidad de las relaciones sociales capitalistas. Este proceso de reproducci贸n no reproduce s贸lo a trabajadores y capital, sino tambi茅n al Estado y todos sus 贸rganos, la estructura familiar y el sistema de relaciones de g茅nero, la constituci贸n del individuo como sujeto dotado de una interioridad espec铆fica opuesta al mundo de la producci贸n y as铆 sucesivamente. Esta multiplicidad de momentos s贸lo adquiere cierto car谩cter sistem谩tico, y constituye por tanto una totalidad, mediante la repetici贸n de su reproducci贸n (que gira en torno a la de la relaci贸n de clase capitalista).

Es una verdad trivial que las estructuras sociales que constituyen esta totalidad no pueden subsistir sin fundar la sociedad en la producci贸n. Considerada s贸lo en su aspecto material inmediato, la producci贸n se presenta como un fundamento casi natural para la reproducci贸n de la 芦sociedad禄. Ahora bien, en el modo de producci贸n capitalista el objeto directo de la producci贸n es el valor 鈥攏o la producci贸n general de la vida humana a trav茅s de alg煤n 芦metabolismo humano con la naturaleza禄鈥 y antes que nada es la relaci贸n de clase capitalista la que se reproduce, no 芦la sociedad禄. La 芦sociedad禄 como tal 鈥攐 la formaci贸n social鈥 es la manifestaci贸n en abstracto de la totalidad de las relaciones que se reproducen  mediante la reproducci贸n de la relaci贸n de clase capitalista. Una teor铆a que parta de la reproducci贸n de la totalidad social en abstracto s贸lo puede expresar tautol贸gicamente la existencia de esta totalidad: la subsistencia de las partes es funcionalmente necesaria para que persista la totalidad, y la persistencia de la totalidad no es otra cosa que la persistencia de estas partes funcionales. La noci贸n althusseriana de 芦causalidad estructural禄 considera esta tautolog铆a como un principio metaf铆sico, error inseparable de la tendencia funcionalista del marxismo althusseriano4.

Ahora bien, proclamar la contingencia o indeterminaci贸n de la lucha de clases, o un 芦giro copernicano禄 hacia la clase obrera como sujeto de esa lucha, no representa una alternativa apropiada a un funcionalismo o naturalismo de la reproducci贸n social. La reproducci贸n sistem谩tica de la relaci贸n de clase no es un asunto concretamente contingente, y en tanto polo concomitante del capital en una relaci贸n de reproducci贸n rec铆proca, la clase obrera como tal no puede ser el centro neur谩lgico de la teor铆a revolucionaria. La totalidad, por supuesto, posee muchos niveles de concreci贸n, y est谩 atravesada por factores complejos y contingentes, y no se puede dar cuenta de todos ellos adecuadamente mediante alguna simple liturgia de las relaciones de clase. Sin embargo, en tanto centro neur谩lgico de la producci贸n capitalista, como punto del que parte y al que siempre regresa, como momento de la autopresuposici贸n del modo de producci贸n, la reproducci贸n de la relaci贸n de clase capitalista desempe帽a un papel central en cualquier teor铆a de la revoluci贸n.

El horizonte

Para cualquier 茅poca, estar presente significa tener horizontes. Pasar es perder esos horizontes5.

Plantear la cuesti贸n de la revoluci贸n es poner en riesgo la subsistencia de la propia relaci贸n de clase capitalista. La revoluci贸n no puede ser la mera expropiaci贸n del capital, la incautaci贸n de los medios de producci贸n por parte de la clase obrera o en su nombre. Tiene que ser la destrucci贸n directa de la relaci贸n de reproducci贸n en la que los trabajadores en tanto trabajadores 鈥攜 el capital en tanto valorizaci贸n del valor鈥 son y llegan a ser tales. La revoluci贸n ser谩 comunista o no ser谩. A la revoluci贸n as铆 concebida nosotros la denominamos 芦comunizaci贸n禄.

La autoperpetuaci贸n inmanente de la relaci贸n clase capitalista se presenta como una eternizaci贸n: en su autopresuposici贸n la relaci贸n de clase parece infinita, desprovista de un m谩s all谩. Dado que esta relaci贸n se proyecta hacia un futuro infinito, la teor铆a revolucionaria se remite necesariamente a la ruptura, a la interrupci贸n de la temporalidad misma de la relaci贸n. Pero la reproducci贸n no es una simple tendencia al equilibrio ni la conservaci贸n din谩mica de un estado fundamentalmente est谩tico. Plantear la reproducci贸n de esta relaci贸n no es adoptar un punto de partida que s贸lo pudiera demostrar la clausura funcional del sistema, y 鈥嬧媐rente al que habr铆a que afirmar el car谩cter radicalmente abierto de la lucha de clases o una visi贸n de la revoluci贸n como suceso radicalmente exterior, mesi谩nico o trascendente. Quiz谩 una met谩fora org谩nica fuera m谩s apropiada que una met谩fora cibern茅tica o mec谩nica: un organismo es inherentemente homeost谩tico, pero a lo largo de su ciclo vital cambia necesariamente, tiene que morir en cualquier caso, y no se puede entender su tendencia a morir como algo exterior a su proceso de vida. Ahora bien, la relaci贸n de clase capitalista no se limita a reproducirse a s铆 mismo con una unidad funcional que, como todo lo bueno, tiene que acabarse alg煤n d铆a. Al contrario, en tanto relaci贸n de clase 鈥攔elaci贸n de explotaci贸n鈥 es inherentemente conflictiva. En la medida en que la afirmaci贸n de cada uno de los dos polos de la relaci贸n frente al otro posee una direccionalidad cuya culminaci贸n l贸gica ser铆a la victoria final, ambos polos de la relaci贸n pueden proyectarse como verdad 煤ltima, como vencedor final. Tanto el capital como el proletariado pueden leg铆timamente considerarse como esencia de la sociedad capitalista, pero tal pretensi贸n siempre ser谩 contradictoria, ya que ninguno de los polos de la relaci贸n es nada sin el otro.

Debido que cada polo de la relaci贸n puede considerarse contradictoriamente como su verdad, y puesto que se trata de una relaci贸n din谩mica con una direccionalidad en su n煤cleo que procede de la orientaci贸n hacia el futuro del proceso de valorizaci贸n del capital, la relaci贸n de clase siempre es portadora de un horizonte temporal inmanente. No se limita a eternizarse como totalidad monol铆tica y cerrada. Al contrario, en tanto relaci贸n de lucha es portadora de una visi贸n del futuro como soluci贸n proyectada de este antagonismo como horizonte propio. La victoria final de la clase obrera, el afianzamiento permanente del capitalismo liberal, la barbarie inminente, o el apocalipsis ecol贸gico: la lucha de clases siempre tiene un horizonte singular, y en funci贸n de la din谩mica de la relaci贸n de clase en un momento determinado este horizonte posee una cualidad variable. En el interior de este horizonte surge una superaci贸n que puede ser m谩s o menos contradictoria. Si la superaci贸n de la relaci贸n de clase capitalista sobre la base de la simple victoria de uno de sus polos es imposible (puesto que cada polo no es nada sin el otro) entonces cabe decir que las revoluciones del siglo xx, en la medida en que su contenido fue la afirmaci贸n de la clase obrera en tanto clase obrera, plantearon una superaci贸n imposible de la relaci贸n de clase capitalista. Por el contrario, la revoluci贸n como comunizaci贸n aparece s贸lo en la lucha cuyo horizonte inmanente es portador de la no-reproducci贸n directa de la relaci贸n de clase.

Esta relaci贸n se presenta como una unidad y no como un arreglo ad hoc s贸lo mediante su reproducci贸n sistem谩tica, y si por historia se entiende algo m谩s que la descripci贸n imposible de un flujo informe, s贸lo en tanto tal unidad es capaz de tener una historia. Del mismo modo que el fundamento de la acumulaci贸n de capital es interior a la relaci贸n de clase capitalista, tambi茅n lo son 鈥攁 nivel social鈥攕us efectos. La p茅rdida de la rentabilidad afecta directamente no s贸lo a la capacidad del capital de reproducirse a s铆 mismo, sino tambi茅n a su capacidad de reproducir a la clase obrera. La incesante reorganizaci贸n t茅cnica del proceso de trabajo imprime pautas de experiencia radicalmente distintas a la vida de los trabajadores. La reorganizaci贸n de los roles de g茅nero de una forma cada vez m谩s ajena a la familia del salario 煤nico mediante el empleo creciente de las mujeres imprime una forma diferente a la familia y a la experiencia de la 芦vida personal禄 al margen del proceso productivo. La expansi贸n del sistema de cr茅dito permite al capital desplazarse por todo el planeta con una fluidez cada vez mayor, que altera a su vez las funciones de los Estados en el sistema mundial y socava la capacidad de negociaci贸n de la clase obrera a escala nacional. La tendencia de las innovaciones ahorradoras de trabajo a expulsar a los trabajadores del proceso de producci贸n y engendrar una poblaci贸n excedente 鈥攁ll铆 donde esta poblaci贸n tiene la posibilidad de incorporarse al mercado laboral鈥 ejerce una presi贸n a la baja sobre los salarios y la estabilidad laboral; donde no puede hacerlo, surgen inmensas barriadas que albergan excedentes humanos cuya reproducci贸n es cada vez m谩s precaria y contingente. Todas estas tendencias son inmanentes a la relaci贸n de clase capitalista. La historia del desarrollo del modo de producci贸n capitalista es la del despliegue de estas tendencias en el seno de la relaci贸n de clase capitalista, y por tanto la de la alteraci贸n cualitativa interna de dicha relaci贸n.

El horizonte de superaci贸n del que la relaci贸n de clase es portadora posee una cualidad variable: su car谩cter en un momento dado es inseparable de la modificaci贸n hist贸rica de la relaci贸n de clase. Lo que es invariable es la existencia de ese horizonte. El car谩cter cambiante de dicho horizonte es el principal fundamento y objeto de una teor铆a revolucionaria. Al plantear la cuesti贸n de la superaci贸n revolucionaria de la relaci贸n de clase capitalista, atravesamos el terreno te贸rico de este horizonte tal y como se presenta ahora ante nosotros. Se trata de un terreno estratificado, con su propia geolog铆a de sedimentos, irrupciones y fallas. Trazamos la l铆nea de ese horizonte tal como existe ahora 鈥攁proxim谩ndonos todo lo posible a conceptualizar nuestra salida de este paisaje鈥 y como era antes, distinguiendo el paisaje al que nos enfrentamos ahora de los del pasado. La teor铆a comunista es la teor铆a del horizonte inmanente de la lucha de clases. Al perfilar este horizonte, y al conceptualizar su superaci贸n, convertimos a la lucha de clases, en su historicidad, en objeto determinado de la teor铆a y la adoptamos en su finitud. Al poner en juego la propia relaci贸n de clase postulando su superaci贸n definitiva, podemos ver esta relaci贸n como lo que es. Podemos captar su verdad, no a trav茅s de la proyecci贸n de una falsa neutralidad, sino al contrario, adoptando el punto de vista partidista de su superaci贸n, que existe no s贸lo en 芦teor铆a禄 sino en la din谩mica inmanente de la propia relaci贸n de clase.

Tendencias de la relaci贸n de clase: la tasa de ganancia

En la misma medida en que el tiempo de trabajo 鈥攅l mero cuanto de trabajo鈥 es puesto por el capital como 煤nico elemento determinante, desaparecen el trabajo inmediato y su cantidad como principio determinante de la producci贸n 鈥攄e la creaci贸n de valores de uso鈥; en la misma medida, el trabajo inmediato se ve reducido cuantitativamente a una proporci贸n m谩s exigua, y cualitativamente a un momento sin duda imprescindible, pero subalterno [鈥 El capital trabaja, as铆, en favor de su propia disoluci贸n como forma dominante de la producci贸n 6.

Si la relaci贸n de clase capitalista es una relaci贸n contradictoria cuya reproducci贸n nunca es una simple cuesti贸n de conservaci贸n de un estado estable, esto se debe a que 鈥攃omo antes hemos se帽alado鈥 el trabajo es un problema para el capital. En tanto fuente exclusiva de plusvalor, el capital, en su constante impulso de acumular, siempre requiere m谩s plustrabajo. Al aumentar la productividad del trabajo, el capital se beneficia aumentando la proporci贸n del plustrabajo en relaci贸n con la de trabajo necesario, pero al mismo tiempo reduce as铆 el papel del trabajo como 芦principio determinante de la producci贸n禄. En 煤ltima instancia, esto significa que se requieren menos trabajadores para producir la misma masa de mercanc铆as, y esta reducci贸n va unida a una reducci贸n de las posibilidades de valorizaci贸n. A partir de esta sencilla contradicci贸n y en el seno de ella podemos derivar algunas de las tendencias fundamentales de la reproducci贸n de esta relaci贸n y ver c贸mo el capital 芦trabaja en pro de su propia disoluci贸n禄.

La c茅lebre ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia expresa aspectos de esta sencilla contradicci贸n. En su formulaci贸n can贸nica, dicha ley se deriva del hecho de que, en su lucha competitiva contra otros capitales, todo capital tender谩 con el tiempo a aumentar la productividad de sus trabajadores mediante adelantos t茅cnicos en el proceso de producci贸n: su composici贸n t茅cnica tender谩 a aumentar. Como consecuencia de los aumentos de productividad se requiere menos tiempo de trabajo para producir una misma mercanc铆a, y por tanto el capital individual obtiene ganancias superiores a otros capitales, pero con el tiempo esos mismos aumentos de productividad se generalizan, lo que tiene como resultado la eliminaci贸n de esa ganancia inicial y un valor inferior de la mercanc铆a, ya que ahora su producci贸n requiere menos tiempo de trabajo socialmente necesario. Por tanto hasta en este nivel abstracto podemos identificar una primera manifestaci贸n de esta sencilla contradicci贸n, pues el impulso de acumular plusvalor mediante la producci贸n de mercanc铆as 鈥攑lusvalor que se obtiene a partir del trabajo excedente鈥 conduce a una reducci贸n en el tiempo de trabajo y, por tanto, en el margen para el plustrabajo que conlleva la producci贸n de esas mismas mercanc铆as.

Ahora bien, en s铆 mismo esto no supone una p茅rdida para el capital, ya que el aumento de la productividad del trabajo tambi茅n reduce los costes de la mano de obra mediante el abaratamiento de los bienes consumidos por los trabajadores. Por tanto, los salarios se pueden reducir relativamente y puede ampliarse la parte de la jornada laboral consagrada a producir plusvalor para el capital. No obstante, si partimos del supuesto de que con el tiempo semejante aumento en la composici贸n t茅cnica desembocar谩 en una composici贸n de valor en aumento a nivel del capital social total 鈥攗n aumento en la proporci贸n de capital destinada a medios de producci贸n (capital constante) en relaci贸n con la que se destina a salarios (capital variable7)鈥 eso significa que un capital del que una proporci贸n creciente se dedica a medios de producci贸n tiene que valorizarse sobre la base de una proporci贸n decreciente de capital variable. Dado que la jornada laboral no puede prolongarse indefinidamente (el d铆a s贸lo tiene veinticuatro horas, y el trabajador debe pasar algunas de ellas reproduci茅ndose a s铆 mismo como trabajador) y la parte de la jornada laboral dedicada al trabajo necesario s贸lo puede tender hacia cero, la cantidad de plusvalor que el capital puede extraer de un trabajador individual tiene l铆mites evidentes. Por tanto, con el tiempo el capital ser谩 incapaz de extraer plusvalor suficiente para proseguir la acumulaci贸n a la misma escala. Si la reducci贸n directa 鈥攎ediante incrementos de productividad鈥 del tiempo de trabajo necesario para la producci贸n de una mercanc铆a dada supone una primera manifestaci贸n del problema del trabajo para el capital, en este caso constatamos la manifestaci贸n adicional de la misma contradicci贸n a un nivel m谩s concreto.

Todo esto se sigue, de forma muy sencilla, del aumento de la composici贸n de valor del capital. A favor de este argumento, damos por hecho que el aumento de la composici贸n de valor del capital se sigue del aumento de la composici贸n t茅cnica. Ahora bien, existen varios factores que complican la relaci贸n entre la composici贸n t茅cnica y la de valor, y que compensan la tendencia decreciente de la tasa de ganancia como consecuencia del efecto directo de la primera sobre la segunda. En particular, hay que se帽alar que el mismo aumento de la productividad del trabajo, que de otro modo har铆a aumentar directamente la proporci贸n de capital constante frente a la de capital variable, reduce al mismo tiempo el valor de los medios de producci贸n, y por tanto al menos mitiga cualquier tendencia a tal aumento. Por consiguiente, no es en absoluto evidente que la susodicha tendencia se manifieste en el curso efectivo de la acumulaci贸n capitalista. No obstante, si la teor铆a de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia ayuda a poner de relieve hasta qu茅 punto el trabajo es un problema para el capital, la teor铆a marxiana de la 芦ley general de acumulaci贸n禄 y de la generaci贸n constante de poblaciones excedentes, resulta, en este sentido, al mismo tiempo m谩s reveladora e hist贸ricamente m谩s palpable8.

Tendencias de la relaci贸n de clase: poblaci贸n excedente

La reducci贸n del trabajo relativamente necesario aparece como aumento de la capacidad laboral relativamente superflua, esto es, como poner poblaci贸n excedente9.

Es evidente que la producci贸n capitalista tiende a aumentar inmensamente la productividad del trabajo. No necesitamos ocuparnos de la relaci贸n entre la composici贸n t茅cnica y de valor de capital para demostrarlo. Esto significa simplemente que, conforme pasa el tiempo, hacen falta menos trabajadores para producir la misma cantidad de valores de uso. En el seno de la acumulaci贸n capitalista existe, por tanto, una tendencia a reducir la contribuci贸n del trabajo directo. Si esta tendencia no se ve anulada por ninguna tendencia contrapuesta y pudiera desarrollarse hist贸ricamente sin trabas, eso supondr谩 que cada vez ser谩n m谩s los trabajadores superfluos para el proceso de producci贸n. Considerado en t茅rminos de poblaci贸n, por tanto, el capital tiende a producir una poblaci贸n proletaria excedente con respecto a los requisitos de la producci贸n: una poblaci贸n excedente. Este es otro modo de manifestaci贸n del problema fundamental del trabajo para el capital.

Esta tendencia no es absoluta, y al igual que sucede en el caso de la tasa decreciente de ganancia, existen factores compensatorios. El capital puede encontrar nuevos valores de uso en cuya producci贸n emplear a trabajadores, y dada una magnitud de producci贸n creciente en cualquier sector dado, los aumentos de productividad no tienen por qu茅 traducirse directamente en una disminuci贸n absoluta del empleo productivo. Aunque, por supuesto, la destrucci贸n del medio ambiente se presenta como un problema muy real de la acumulaci贸n capitalista, la cantidad de valores de uso que pueden consumirse no tiene l铆mites claramente definidos. Por tanto, podr铆a sostenerse razonablemente que, incluso si el capital tiende con el paso del tiempo a reducir el n煤mero de trabajadores necesarios para producir una cantidad dada de valores de uso, puede impedir que esta tendencia se convierta en un problema cr贸nico dedic谩ndose a producir valores de uso diferentes 鈥攜 desarrollando concomitantemente nuevas necesidades para tales valores de uso鈥 o ampliando la producci贸n de bienes existente.

Por supuesto, son muchos los factores que complican todo esto. Una poblaci贸n dada s贸lo puede consumir un tipo particular de mercanc铆a hasta cierto punto, y la productividad del trabajo no es simplemente un borr贸n y cuenta nueva  para la producci贸n de cualquier valor de uso nuevo. Muy a menudo las t茅cnicas de mejora de la productividad se generalizan en los diferentes sectores de producci贸n, lo que significa que en los sectores nuevos la producci贸n a menudo asimila r谩pidamente las ganancias de productividad desarrolladas en otros, adem谩s de generar nuevos adelantos que pueden generalizarse a su vez. La capacidad del capital social total para superar su tendencia a reducir el n煤mero de trabajadores empleados de forma productiva depende, por tanto, de su capacidad de seguir el ritmo de los incrementos en la productividad social.

Hist贸ricamente, no ha sucedido as铆. A nivel mundial, el n煤mero de asalariados empleados productivamente 鈥攑rimero en la agricultura y ahora en la industria鈥 ha disminuido en relaci贸n con la poblaci贸n mundial. Este es el verdadero significado de la 芦desindustrializaci贸n禄 que se ha producido a lo largo de los 煤ltimos treinta a帽os. Aunque, por supuesto, sea f谩cil demostrar que sigue habiendo mucha producci贸n industrial, y no s贸lo en pa铆ses exportadores importantes como China, a escala mundial la proporci贸n de trabajadores empleados en la industria lleva disminuyendo casi dos d茅cadas10. Como explicamos en el art铆culo siguiente, el resultado ha sido un aumento de los empleos escasamente remunerados (y formalmente subsumidos) del sector servicios, e inmensas barriadas en lo que hasta hace poco se conoc铆a como 芦tercer mundo禄.

Si la reproducci贸n del modo capitalista de producci贸n tiene lugar fundamentalmente a trav茅s de la doble reproducci贸n de los trabajadores como trabajadores y del capital como capital, cada uno de ellos produciendo al otro, si las dos ruedas del doble molinete se encuentran en el punto de producci贸n a trav茅s de la mediaci贸n de la forma-salario, entonces, a medida que el capital tienda a convertir a la poblaci贸n proletaria en superflua para la producci贸n, la integridad del doble molinete se ve deteriorada11. Cada vez se trata menos de una relaci贸n rec铆proca y c铆clica en la que el proletariado reproduce al capital y el capital reproduce al proletariado. M谩s bien, el proletariado se convierte cada vez m谩s en lo que el capital produce sin producir capital. En tanto poblaci贸n superflua para la producci贸n capitalista, pero desprovista de toda forma aut贸noma de reproducirse, la poblaci贸n excedente se reproduce como efecto colateral de la producci贸n capitalista. Dado que su reproducci贸n no est谩 mediada por el intercambio de trabajo productivo con el capital a cambio de un salario, no cierra el circuito con el capital, y su existencia aparece as铆 como contingente o no esencial en relaci贸n con la del capital12. Una poblaci贸n excedente tan consolidada representa la desintegraci贸n potencial del doble molinete de la reproducci贸n capitalista.

En el concepto de trabajador libre est谩 ya impl铆cito que 茅l mismo es pauper: pauper virtual. [鈥 Si ocurre que el capitalista no necesita el plusvalor del obrero, 茅ste no puede realizar su trabajo necesario, producir sus medios de subsistencia. Entonces, si no puede conseguirlos a trav茅s del intercambio, los obtendr谩, caso de obtenerlos, s贸lo de limosnas que sobren para 茅l del r茅dito13.

Para Marx, en la medida en que no tiene para vender m谩s que su propia fuerza de trabajo, y ni siquiera tiene garantizada la posibilidad de hacer esto, el trabajador es un pobre virtual. Para la poblaci贸n excedente consolidada cuya reproducci贸n ha dejado de ser mediada por el intercambio de trabajo productivo a cambio de un salario, este empobrecimiento se ha vuelto real. Es la fuerza de trabajo que la clase de 芦pobres virtuales禄 tiene que vender la que a largo plazo reduce a 茅sta a una clase de indigentes reales. Por tanto, la proletarizaci贸n de la poblaci贸n mundial no se limita a adoptar la forma de la transformaci贸n de todo el mundo en trabajadores productivos, pues incluso en el caso de que se vuelvan productivos para el capital, en 煤ltima instancia estos mismos trabajadores producen su propia superfluidad para el proceso de producci贸n.

A medida que disminuye la parte de la poblaci贸n mundial cuya reproducci贸n est谩 mediada por el intercambio de trabajo productivo a cambio de un salario, la forma-salario como mediaci贸n fundamental en la reproducci贸n social se vuelve cada vez m谩s difusa. Bajo estas condiciones cambiantes, el horizonte de la relaci贸n de clase y las luchas en las que dicho horizonte aparece inevitablemente han de cambiar. En este contexto, los viejos proyectos de un movimiento obrero program谩tico se vuelven obsoletos: su mundo era el de una fuerza de trabajo industrial en expansi贸n, en el que el salario aparec铆a como el eslab贸n fundamental de la cadena de la reproducci贸n social, en el centro del doble molinete donde capital y proletariado se encuentran, y en el que cierto car谩cter rec铆proco de las reivindicaciones salariales 鈥攗n 芦si quer茅is esto de m铆, yo os exijo esto禄鈥 pod铆a dominar el horizonte de la lucha de clases. Ahora bien, como consecuencia del crecimiento de las poblaciones excedentes, es esta misma reciprocidad la que queda en entredicho, y la forma-salario pierde centralidad como locus de la impugnaci贸n. Tendencialmente, el proletariado no se enfrenta al capital en el centro del doble molinete, sino que se relaciona con 茅l como una fuerza cada vez m谩s externa, a la vez que el capital se topa con sus propios problemas de valorizaci贸n.

En tales condiciones, la simple autogesti贸n de la producci贸n por el proletariado ya no aparece en el horizonte de la relaci贸n de clase. A medida que una proporci贸n cada vez m谩s reducida de la poblaci贸n proletaria se dedica a la producci贸n 鈥攑roporci贸n que a su vez se vuelve cada vez m谩s precaria a medida que compite potencialmente en el mercado laboral con una masa cada vez mayor de trabajadores excedentes鈥 y a medida que la desintegraci贸n de los circuitos de reproducci贸n del capital y del proletariado se acelera, el horizonte de la superaci贸n de esta relaci贸n quiz谩 resulte apocal铆ptico: el capital abandona paulatinamente un mundo en crisis y se lo lega a su superflua prole. Sin embargo, la crisis de la reproducci贸n de la relaci贸n de clase capitalista no es algo que simplemente va a sucederle al proletariado. Al estar en juego su propia reproducci贸n, el proletariado no puede sino luchar, y es la reproducci贸n misma lo que se convierte en contenido de sus luchas. A medida que la forma-salario pierde centralidad en la mediaci贸n de la reproducci贸n social, es la propia producci贸n capitalista la que aparece como cada vez m谩s superflua para el proletariado: es aquello que nos convierte en proletarios, y despu茅s nos deja aqu铆 tirados. En tales circunstancias, el horizonte se presenta como un horizonte de comunizaci贸n, de tomar directamente medidas para detener el movimiento de la forma-valor y reproducirnos a nosotros mismos sin capital.

 Publicado originalmente en Endnotes # 2, de abril de 2010: miseria y forma-valor

Fuente: https://endnotes.org.uk


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Fuente: Lapeste.org