November 19, 2020
De parte de Lobo Suelto
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En poco m谩s de una semana, la vor谩gine de acontecimientos en Per煤 configur贸 un escenario convulso y complejo. A la destituci贸n de Mart铆n Vizcarra como presidente de la rep煤blica (acusado de 芦incapacidad moral permanente禄 por el Congreso), le sigui贸 la imposici贸n de Manuel Merino, quien pretendi贸 gobernar en coalici贸n con la m谩s rancia derecha nacional.

Las maniobras de la clase pol铆tica y la usurpaci贸n del gobierno en medio de una grave crisis sanitaria y econ贸mica a causa de la pandemia hicieron estallar la indignaci贸n popular, generando una ola de protestas que fueron reprimidas con brutalidad. La fuerza de la movilizaci贸n desarrollada en todo el pa铆s oblig贸 a Merino a renunciar a cinco d铆as de haberse proclamado presidente, produci茅ndose un vac铆o de poder.

Tras una larga jornada de negociaciones, el Congreso proclam贸 presidente a Francisco Sagasti, diputado por Lima del centrista Partido Morado, quien deber谩 ejercer una presidencia transitoria hasta el 28 de julio del 2021, cuando entregue el mando a quien sea elegido presidente las elecciones de abril.

Lo acontecido esta semana, en t茅rminos de la profundidad de la crisis, masividad de las movilizaciones y confluencia de agendas desplegadas, requiere una explicaci贸n y un an谩lisis que atienda a la coyuntura pero tambi茅n a cuestiones estructurales, brindando algunas pautas para trabajar escenarios futuros.

En particular, existen dos ejes centrales para pensar el actual momento pol铆tico. De un lado, los contornos de una crisis signada por el agotamiento del r茅gimen neoliberal como forma de gobernabilidad y ordenamiento social. De otro, los escenarios que se perfilan a futuro, incluyendo el espacio para salidas transformadoras que contemplan el cambio Constitucional.

En el ejercicio de pensar ambos ejes de conjunto radica la posibilidad de arriesgar alguna hip贸tesis sobre lo que vendr谩: la apertura de un proceso electoral como punto clave de un momento que termina鈥 y de otro que puede empezar.

Un tiempo que termina: honduras y contornos de la crisis de r茅gimen

Ainicios de los 90, en una sociedad golpeada por el conflicto armado y la hiper inflaci贸n, los grupos de poder econ贸mico definieron una salida autoritaria a la crisis, colocando a Alberto Fujimori como punta de lanza de una coalici贸n c铆vico militar destinada a aplicar las reformas neoliberales. El autogolpe de 1992, primero, y la promulgaci贸n de la Constituci贸n de 1993, despu茅s, sepultaron un r茅gimen estatalista y democratizador cuyo hito principal fue la Asamblea Constituyente de 1978.

El neoliberalismo 芦a la peruana禄 se instal贸 en lo ideol贸gico, lo program谩tico y lo societal, imponiendo una visi贸n del Estado como mero promotor de la inversi贸n privada, desarrollando una legislaci贸n y una institucionalidad favorables al libre mercado y expandiendo una racionalidad individualista que, en nombre del emprendedurismo popular, alentaba la informalidad y justificaba la desprotecci贸n social.

Con alg煤n aggiornamento democr谩tico, este r茅gimen sobrevivi贸 a la ca铆da del fujimorismo y los grupos de poder econ贸mico continuaron gobernando. En esta nueva etapa, las 茅lites aprovecharon los altos precios de los comodities en el mercado internacional para iniciar una carrera extractivista que avanz贸 en los andes y la Amazon铆a, trayendo buenas cifras macroecon贸micas al tiempo que despojaba a pueblos ind铆genas y comunidades campesinas de sus territorios.

El nuevo per铆odo de 芦prosperidad falaz禄 ilusionaba a las clases medias y promet铆a inclusi贸n v铆a consumo a los sectores urbanos populares. Mientras tanto, los grupos gobernantes abandonaron los burdos mecanismos de corrupci贸n del fujimorismo para aceitar una sofisticada maquinaria de enriquecimiento il铆cito que se val铆a de esquemas de contrataci贸n para robar al Estado. Las cosas le funcionaban bastante bien a las c谩maras empresariales y dem谩s grupos de poder, pero las denuncias de corrupci贸n vinculadas al caso Lava Jato alteraron completamente el escenario.

El modelo neoliberal, ya desgastado por el declive del boom extractivo, sufri贸 un terremoto: todos los exgobernantes, que se turnaron el poder desde 1992, resultaron involucrados en sendos delitos de corrupci贸n; todos los poderes del Estado se revelaron comprometidos con mafias, sobornos y componendas. Se abri贸 as铆 una profunda crisis, que la renuncia de Kucinscky y el ascenso apurado de Vizcarra lejos de solucionar, apenas sirvi贸 para salvar temporalmente una gobernabilidad que se ca铆a a pedazos.

En medio de una sociedad hastiada de la clase pol铆tica, Vizcarra hizo lo que pudo para salvar el r茅gimen, gobernando para la CONFIEP al tiempo que confrontaba al fujimorismo cerrando el Parlamento y convocando uno nuevo con car谩cter transitorio. Pero el p茅simo manejo de la pandemia y su propia incompetencia 鈥搒ignada por un entorno mediocre y sus propias denuncias de corrupci贸n鈥 terminaron por arrinconarlo. Vizcarra se vio cercado por grupos de inter茅s, mafias y viejos pol铆ticos tradicionales que, desde el Congreso, no pararon hasta vacarlo y avanzar en copar el Estado.

Al aceptar la vacancia, Vizcarra cerr贸 la puerta al 煤ltimo atisbo de legitimidad del modelo instalado en los 90. Lo que queda es la decadencia de un r茅gimen que agoniza, desnudo, arrastrando en sus estertores a la moribunda institucionalidad democr谩tica.

El autoproclamado presidente Manuel Merino se hizo de la primera magistratura aupado por una coalici贸n de derechas emergentes y tradicionales que no midieron el contundente rechazo popular. O, que si lo hicieron, optaron por apuntar a consolidarse a sangre y fuego.

Las movilizaciones masivas, protagonizadas especialmente por j贸venes y estudiantes, fueron respondidas con fuerte represi贸n policial. Pero la indignaci贸n ciudadana continu贸, y result贸 decisiva para la ca铆da del ef铆mero gobierno.

As铆, luego de una accidentada negociaci贸n en un Parlamento tomado por mafias y grupos de inter茅s, se design贸 como presidente transitorio a Francisco Sagasti: un diputado de centro derecha que ha asumido un discurso conciliador. No obstante, el momento pol铆tico parece ser propicio para salidas transformadoras y por izquierda, que incluyen entre sus principales demandas un proceso constituyente que culmine en una Nueva Constituci贸n.

Lo que puede empezar: escenarios de la movilizaci贸n popular

Tras meses de par谩lisis y estupor por los efectos de la pandemia (que ubic贸 al Per煤 entre los tres pa铆ses con mayor letalidad del mundo), la poblaci贸n se volc贸 masivamente a las calles. Durante esta semana de movilizaciones, la gente no exig铆a el regreso de Mart铆n Vizcarra ni la instalaci贸n de un nuevo gabinete: demandaban la renuncia del golpista Manuel Merino y rechazaban a toda la clase pol铆tica corrupta e indolente.

En una sociedad con partidos pol铆ticos pr谩cticamente inexistentes y organizaciones sociales muy d茅biles, la amplitud y fuerza desplegada por la movilizaci贸n ciudadana evidenci贸 un potencial impugnador no visto desde hace d茅cadas. En distintos lugares de Lima y las principales ciudades del pa铆s se organizaron cacerolazos, piquetes informativos y concentraciones a manera de marchas descentralizadas que recog铆an la indignaci贸n de los vecinos. Ni el terruqueo ni la brutal represi贸n pudieron detener a las movilizaciones que, hasta el pasado lunes 鈥揹铆a en que se nombr贸 presidente a Sagasti鈥 no daban muestras de aplacarse.

Con Vizcarra y Merino fuera de la presidencia y con un gobierno transitorio obligado a durar m铆nimamente hasta las elecciones de abril, puede vislumbrarse el inicio de un nuevo ciclo pol铆tico y proponer algunos escenarios.

Una posibilidad 鈥搒iempre abierta en Per煤鈥 es la estabilizaci贸n continuista, que preparar铆a el terreno para una restauraci贸n del modelo con aires renovados otorgados por figuras que aparecen como nuevas en la pol铆tica peruana, tales como Julio Guzm谩n o George Forsaith. Esa es la opci贸n de los liberales peruanos, con el flamante presidente Sagasti a la cabeza, quien ya adelant贸 no impulsar谩 el cambio de Constituci贸n.

Al igual que en la transici贸n de los 90, cuando colaps贸 el fujimorismo, las 茅lites gobernantes apuestan por las 芦cuerdas separadas禄: cambios en pol铆tica institucional sin tocar el modelo econ贸mico. No obstante, a diferencia de aquella transici贸n, ahora vivimos una crisis econ贸mica y social profunda, con un modelo desgastado que ha agudizado las desigualdades y una clase pol铆tica de espaldas a la gente.

En este marco parece tomar fuerza un segundo escenario, signado por el cuestionamiento hacia el r茅gimen del 92, la corrupci贸n generalizada y la angurria de jueces, funcionarios y congresistas. Esta cr铆tica frontal, si bien puede presentar tintes antipol铆ticos, tendientes a cuestionar la totalidad de los partidos, posee tambi茅n un componente cr铆tico que responsabiliza directamente a los grupos de poder (como la CONFIEP, o a los due帽os universidades y farmacias que lucran con las necesidades del pueblo).

A diferencia de oportunidades anteriores, hoy est谩 m谩s presente la demanda de una nueva Constituci贸n que reemplace a la impuesta por Fujimori y presente salidas de fondo a la crisis, marcando un nuevo pacto social con un Estado garante de derechos y no uno promotor de la inversi贸n privada (como lo establece la Carta de 1993). En esta l铆nea, resulta clave lo que puedan impulsar y organizar los sectores m谩s politizados, las organizaciones sociales y los partidos de izquierda, ejerciendo una labor pedag贸gica y militante capaz de vincular la critica concreta a la clase pol铆tica y las condiciones de vida con la demanda de un horizonte de cambio constitucional.

Per煤 y Chile fueron los dos pa铆ses donde las 茅lites golpistas gobernantes optaron por 芦constitucionalizar禄 el modelo neoliberal, colocando candados que hicieran muy dif铆cil introducir cambios y reformas. En Chile, luego de treinta a帽os y en medio de una revuelta generalizada, los candados saltaron y el pueblo en un refer茅ndum opt贸 por instalar una Asamblea constituyente.

En Per煤, aunque el acumulado militante y organizativo no presente la densidad chilena, existe tambi茅n un 谩nimo impugnador y destituyente que puede cerrar el ciclo neoliberal y acabar de abrir uno nuevo. La presencia de una nueva generaci贸n de j贸venes, que ha tomado las calles y no parece estar dispuesta a conformarse con arreglos superficiales, es decisiva. Pero ser谩 crucial, tambi茅n, el modo en que se desenvuelva la campa帽a presidencial del verano 2021 y las narrativas y propuestas que puedan presentar las opciones progresistas.

Ep铆logo temporal: elecciones y salida por la izquierda

Con un gobierno de transici贸n apenas instalado, un Parlamento que contin煤a tomado por mafias y una sociedad que apenas entierra los muertos de las protestas, el calendario electoral, que sigue corriendo, ser谩 decisivo para dirimir salidas a la crisis y catalizar la indignaci贸n popular en alternativas de gobierno.

Nunca antes la derecha, en sus distintas vertientes, hab铆a tenido tantos candidatos defendiendo la continuidad del modelo: est谩n los neoliberales org谩nicos al empresariado, como Hernando de Soto o Fernando Cilloniz, la versi贸n m谩s ligth, como George Forsait y Julio Guzm谩n, o los autoritarios populistas, como Daniel Urresti. Las opciones que tengan m谩s posibilidades ser谩n las que logren desmarcarse de la clase pol铆tica y los precedentes gobiernos de derecha.

As铆 lo ha entendido Forsaith, un exarquero de Alianza Lima con la ambici贸n suficiente para abandonar el municipio distrital que dirig铆a y lanzarse a candidato presidencial, jugando a ser el Nayib Bukele peruano. La otra opci贸n de este espectro que cuenta con posibilidades es el Partido Morado, que tuvo un buen desempe帽o en la reciente crisis. Aunque su l铆der y candidato presidencial, Julio Guzm谩n, aparece desgastado, y el partido, en buena medida, deber谩 correr con los pasivos del gobierno de transici贸n.

Desde el campo de izquierda, la dispersi贸n no es nueva. Existen cuatro agrupaciones en carrera, la mayor铆a sin posibilidades, atrincheradas en discursos testimoniales, como Per煤 Libre, o subsumidas por egos caudillistas, como el Frente Amplio del excura Marco Arana.

La opci贸n con mayores posibilidades es la coalici贸n Juntos por el Per煤, que presenta como candidata presidencial a Ver贸nika Mendoza, a quien las encuestas 鈥搚a antes de la crisis鈥 ubicaban segunda. Sin duda, la movilizaci贸n y el malestar ciudadano frente a la clase pol铆tica ampl铆an las oportunidades de una izquierda que se ha mostrado conectada con la protesta popular proponiendo cambios de fondo, incluyendo una nueva Constituci贸n.

El desaf铆o pasar谩 por consolidar una base de apoyo pol铆tico y social que exprese la indignaci贸n y se articule a las demandas de los sectores golpeados por la crisis y movilizados por el momento pol铆tico. Pero no ser谩 f谩cil: sobre esta opci贸n arremete el establishment, que cuestiona permanentemente sus ejes program谩ticos. Tambi茅n militan en su contra los grandes medios de comunicaci贸n distorsionando la informaci贸n, y una multiplicidad de sectores cavernarios, que apelan a las t谩cticas m谩s sucias para mantener a la izquierda fuera del poder.

El verano electoral 2021 se anuncia intenso y podr铆a ser el marco para iniciar un ciclo transformador que inaugure una convivencia de mayor justicia social y democracia. Hay vientos favorables en la regi贸n, como lo muestran la contundente aprobaci贸n de la Asamblea Constituyente en Chile y el triunfo de Luis Arce en Bolivia. Hay, tambi茅n, una generaci贸n que ha tomado la palabra, salido a las calles y que no esta dispuesta a guardarse otra vez asestando los golpes definitorios al agonizante r茅gimen del 92.

Pr贸ximos a conmemorar el bicentenario, quiz谩s sea este el inicio de una segunda y verdadera independencia para Per煤. Una independencia que pueda plasmar un nuevo pacto social en una nueva Constituci贸n. Hay espacio para la esperanza.




Fuente: Lobosuelto.com