January 11, 2022
De parte de SAS Madrid
141 puntos de vista


Cuando la pandemia de covid-19 les explot贸 en la cara a los pa铆ses europeos, con los primeros casos en Italia, la reacci贸n de casi todos los gobiernos fue aplicar fuertes restricciones a la vida social, con el fin declarado de disminuir los contagios. M谩s all谩 de su eficacia, claramente significativa, aquellas medidas provocaron estragos en grandes capas de la poblaci贸n (a nadie le sorprendi贸 que las m谩s afectadas fueran las capas inferiores). En cada intervenci贸n gubernamental, las restricciones se justificaban con un 鈥渃onocemos poco el virus y la enfermedad, esto es lo 煤nico que podemos hacer鈥.

Algunas voces se levantaron t铆midamente para se帽alar que, a pesar de que se tratara de un virus desconocido hasta la fecha, no era el primer coronavirus 鈥攍a subfamilia a la que pertenece el SARS-CoV-2鈥 al que se enfrentaba el mundo globalizado (sin ir m谩s lejos, el que provoca el resfriado com煤n pertenece a ese mismo grupo). Adem谩s, para quienes se ocupaban de salud p煤blica y epidemiolog铆a resultaba evidente desde el principio que t茅cnicas como el contact tracing (rastreo de contactos), junto con la utilizaci贸n de tests espec铆ficos para detectar el virus en las v铆as respiratorias y la aplicaci贸n de cuarentenas selectivas, era muy probablemente el m茅todo m谩s eficaz de controlar la incipiente pandemia. Nada que no se supiera ya 鈥攃omo principio, m谩s all谩 de la tecnolog铆a y los avances en el campo de la epidemiolog铆a鈥 al menos desde tiempos de las pandemias medievales de peste.

Concedamos que la coyuntura del momento no permiti贸 a los gobiernos llevar a cabo de forma r谩pida y eficaz ese tipo de medidas desde el principio (qui茅n sabe si el desmantelamiento de los servicios p煤blicos perpetrado en las 煤ltimas d茅cadas por los gobiernos neoliberales y socialdem贸cratas, o la individualizaci贸n extrema de la sociedad, ten铆an algo que ver).

Actualmente, la situaci贸n es muy distinta. En los casi dos a帽os que han pasado desde el inicio oficial de la pandemia, una ingente cantidad de recursos 鈥攊n茅dita en la historia de la Humanidad鈥 se han dedicado a investigar una sola enfermedad desde casi todos los puntos de vista imaginables. As铆, en el momento de escribir estas l铆neas, el principal archivo de estudios biom茅dicos a nivel mundial, PubMed (dependiente del gobierno de Estados Unidos), cuenta con casi 140.000 art铆culos cuyo t铆tulo contiene la palabra 鈥渃ovid-19鈥, publicados todos ellos en los dos 煤ltimos a帽os.

Gracias a ese inmenso esfuerzo colectivo (que, no obstante, no deber铆amos idealizar, porque no deja de estar sujeto a las mismas din谩micas de poder e intereses econ贸micos que el resto de la sociedad), ahora conocemos bien la estructura del virus y sus efectos en el organismo (no solo en el sistema respiratorio).

Sabemos que la covid-19, la enfermedad que genera la infecci贸n del virus, no es 鈥渦na simple gripe鈥, aunque para muchas personas sanas y m谩s o menos j贸venes la experiencia de haberla pasado haya sido muy parecida. Sabemos que la mayor parte de personas infectadas son asintom谩ticas o presentan s铆ntomas muy leves, y que esto permite al virus difundirse m谩s eficientemente (y esto podr铆a ser especialmente cierto con la nueva variante 贸micron). Sabemos tambi茅n c贸mo se producen los contagios, que la distancia no es suficiente cuando se est谩 en grupo en lugares cerrados porque el virus no se transmite 煤nicamente a trav茅s de las microgotas de saliva 鈥como se cre铆a en un primer momento鈥, sino que puede adem谩s concentrarse en el aire en forma de aerosol cuando la ventilaci贸n es escasa. Sabemos que las personas ancianas o con ciertas patolog铆as son especialmente vulnerables a los efectos del virus, mientras que los ni帽os 鈥攃ontrariamente a lo que ocurre con otras enfermedades鈥 no constituyen una poblaci贸n de riesgo.

Sabemos tambi茅n que el 鈥渟alto de especie鈥 (conjunto de mutaciones que permiten a un agente pat贸geno infectar una nueva especie) realizado por el SARS-CoV-2 se produjo con alta probabilidad en los ambientes de la industria zoot茅cnica planetaria. Ninguna sorpresa: hac铆a a帽os que organismos como la FAO ven铆an avisando de que los tratamientos veterinarios y, sobre todo, la alimentaci贸n que se da a los animales en r茅gimen de ganader铆a intensiva son un caldo de cultivo magn铆fico para el 鈥渘acimiento鈥 de nuevos pat贸genos. La gripe aviar, el SARS-CoV-1, la gripe porcina y la enfermedad de las vacas locas son ejemplos de ello.

M谩s all谩 de los estudios puramente cient铆ficos, la experiencia de gesti贸n global de la pandemia tambi茅n nos ha ense帽ado mucho. Hemos comprobado, por ejemplo, que resulta imprescindible disponer de una atenci贸n primaria robusta y cercana a la ciudadan铆a

M谩s all谩 de los estudios puramente cient铆ficos, la experiencia de gesti贸n global de la pandemia tambi茅n nos ha ense帽ado mucho. Hemos comprobado, por ejemplo, que resulta imprescindible disponer de una atenci贸n primaria robusta y cercana a la ciudadan铆a, que permita reducir el n煤mero de pacientes que acaban en las UCI (evitando que su situaci贸n cl铆nica se haga demasiado grave) y que funcione adem谩s como un canal de informaci贸n seguro para la poblaci贸n, en un contexto medi谩tico altamente t贸xico. En estos dos a帽os hemos verificado 鈥攑or si a alguien le quedaba alguna duda鈥 que el modelo de 鈥渟anidad mixta p煤blico-privada鈥 鈥攅se vomitivo eufemismo utilizado para referirse a un sistema sanitario en el que empresas privadas parasitan a la sanidad p煤blica鈥 hace aguas cuando llega una aut茅ntica crisis sanitaria. Los miles de personas de m谩s que murieron en marzo de 2020 en lugares como la Comunidad de Madrid o Lombard铆a 鈥攔egiones que comparten una trayectoria similar en el desarrollo pol铆tico-econ贸mico de sus sistemas sanitarios鈥 son los crudos testigos de esa constataci贸n. Por otro lado, esta crisis ha puesto de manifiesto 鈥攃on m谩s fuerza a煤n si cabe鈥, lo que la econom铆a feminista viene denunciando desde hac铆a mucho tiempo: la mercantilizaci贸n de la vida existente y la invisibilizaci贸n de los trabajos que permiten su sostenimiento.

Ahora sabemos 鈥攁unque los discursos con los que nos machacan los grandes medios de comunicaci贸n vayan en la direcci贸n contraria鈥 que la crisis del covid va mucho m谩s all谩 de la aparici贸n de un nuevo virus en nuestras vidas. Como escrib铆a Richard Horton, director de la prestigiosa revista The Lancet, en un editorial en septiembre de 2020: 鈥淗emos reducido esta crisis a una mera enfermedad infecciosa. Todas nuestras intervenciones se han concentrado en limitar las v铆as de transmisi贸n viral. La 鈥榗iencia鈥 que ha guiado a los gobiernos la han dirigido principalmente personas expertas en epidemiolog铆a y enfermedades infecciosas, quienes comprensiblemente han encuadrado la emergencia sanitaria actual en t茅rminos de plaga secular. [鈥 Pero el covid-19 no es una pandemia. Es una sindemia鈥.

Todo ha cambiado, nada ha cambiado

A pesar de todo ese conocimiento te贸rico y pr谩ctico acumulado en estos casi dos a帽os, los gobiernos europeos han modificado m谩s bien poco su gesti贸n de la crisis. Aunque en ocasiones pueda parecer que las medidas que toman semana tras semana sean casi improvisadas, el principio subyacente que utilizan como br煤jula sigue siendo el mismo: imponer restricciones autoritarias a la vida social como principal herramienta para reducir los contagios, prioriz谩ndolas sin titubeos a cualquier inversi贸n sist茅mica en los servicios p煤blicos. O, lo que es lo mismo, descargar toda la responsabilidad de la gesti贸n pand茅mica sobre los hombros de la mayor parte de la ciudadan铆a, de cuyos comportamientos individuales se hace depender la evoluci贸n de la crisis sanitaria. Y quien dice responsabilidad dice sacrificio, porque adecuarse a esas reglas de vida en muchas ocasiones significa pagar un alto precio.

Es el caso, por ejemplo, de quienes confin谩ndose sufrieron en carne propia un agudizamiento de la precariedad laboral, la violencia dom茅stica y/o problemas de salud mental. Agudizamiento que, en muchos casos, dur贸 mucho m谩s all谩 de la 鈥渞eapertura鈥. Cambios a peor que muchas personas sienten ya como sist茅micos. Que vinieron para quedarse, vaya.

Coherentemente con el principio por el cual toda la responsabilidad recae sobre los hombros de los individuos, los distintos cuerpos de polic铆a han visto reforzadas sus funciones de control social (en Italia, el actual comisario extraordinario para la gesti贸n pand茅mica, un hom贸logo de Fernando Sim贸n, es el general del ej茅rcito Francesco Paolo Figliuolo). Desde la vigilancia de las calles durante los primeros confinamientos y los posteriores toques de queda hasta su funci贸n de maestrillos del civismo 鈥攃on porra y pistola鈥 encargados de controlar el uso de las mascarillas.

A pesar de la ret贸rica heroica que desde las altas esferas se ha dedicado a los trabajadores y trabajadoras de la Sanidad, esta no se ha beneficiado de forma estructural de una crisis sanitaria que era evidentemente una oportunidad para reforzar el servicio p煤blico m谩s esencial de todos

Por otro lado, a pesar de la ret贸rica heroica que desde las altas esferas se ha dedicado a los trabajadores y trabajadoras de la Sanidad, esta no se ha beneficiado de forma estructural de una crisis sanitaria que era evidentemente una oportunidad para reforzar el servicio p煤blico m谩s esencial de todos. Ahora resulta claro, paladino, para quien no lo fuese ya, que los dogmas neoliberales 鈥攓ue implican un mantenimiento m铆nimo del Estado de bienestar鈥 est谩n muy por encima del bienestar, valga la redundancia, de la mayor parte de la ciudadan铆a. Y que esos dogmas atraviesan las pol铆ticas, en mayor o menor medida, de todos los gobiernos europeos.

El pasaporte covid, un salvoconducto para la vida

Durante el oto帽o de 2020, con la llegada de la segunda ola y la consecuente hostia de realidad tras un verano en el que la sensaci贸n 鈥攖an irracional como palpable鈥 de que lo peor hab铆a pasado, el tema de las vacunas contra el nuevo virus empez贸 a estar cada vez m谩s presente en el debate p煤blico. Italia, que en distintos periodos del siglo XX ha funcionado como laboratorio social avanzado, presenciaba en ese mismo periodo las primeras movilizaciones 鈥攅sencialmente espont谩neas y con una peque帽a dosis de normal violencia鈥 contra la gesti贸n gubernamental de la segunda ola. El gobierno italiano 鈥攑or entonces a煤n en manos de Giuseppe Conte鈥, qui茅n sabe si como respuesta, temiendo quiz谩s una agudizaci贸n de las protestas, inici贸 una campa帽a que anunciaba la llegada de las vacunas como el milagro que nos devolver铆a a la normalidad. Esa campa帽a, de facto a煤n en pie, modelaba una esperanza con pies de barro ya que, si bien las vacunas pod铆an convertirse 鈥攜 as铆 lo han demostrado鈥 en un instrumento eficaz para controlar la pandemia, en la comunidad cient铆fica era vox populi que de ninguna forma habr铆an sido capaces de finiquitar al virus.

Los pa铆ses occidentales decidieron dejar el desarrollo y producci贸n de las vacunas en manos de varias multinacionales del f谩rmaco (aunque no solo), que fueron regadas con miles de millones de euros, d贸lares y libras esterlinas provenientes de las arcas p煤blicas de los distintos Estados. Como denunciaba la alianza de organizaciones No es Sano en un informe publicado el pasado mayo, esa inversi贸n p煤blica se realiz贸 鈥渟in poner condiciones鈥, y sin asegurar el acceso universal ni precios justos para todos los pa铆ses. Todo coherente con los manuales pr谩cticos neoliberales, seg煤n los cuales hay que financiar p煤blicamente a las grandes empresas, pero dej谩ndoles la libertad de gestionar ese dinero como mejor consideren.

As铆, los miembros de Big Pharma encargados de la salvaci贸n de la Humanidad realizaban a finales del oto帽o una campa帽a m谩s basada en principios publicitarios que en evidencias cient铆ficas, tal y como denunci贸 el vir贸logo italiano Andrea Crisanti. El tambi茅n catedr谩tico de Microbiolog铆a y director del Departamento de Medicina Molecular de la Universidad de Padua, sometido a un fuerte ataque medi谩tico por sus cr铆ticas, consideraba en noviembre de 2020 que 鈥淸el haber] depositado todas las esperanzas en la vacuna, como har铆a con la lluvia un pueblo sediento en medio del desierto [鈥 no justifica la demonizaci贸n de quienes puedan tener dudas, de quienes piden explicaciones y transparencia. Seguir ese camino es la mejor forma de alimentar sospechas y dar argumentos a quienes se oponen al uso generalizado de las vacunas鈥.

Sin saberlo, el m茅dico romano preve铆a con esas palabras el que ser铆a el nuevo enemigo p煤blico n煤mero uno de la crisis pand茅mica: el antivacunas, el negacionista. Una categor铆a existente pero exagerada hasta la n谩usea por el sistema pol铆tico-medi谩tico, que ofrec铆a a los gobiernos una cabeza de turco perfecta para seguir liber谩ndose del peso de su responsabilidad en la reactivaci贸n de la crisis sanitaria. Los personajes que hab铆an ocupado ese rol desde marzo de 2020 hab铆an sido de lo m谩s variopinto: los ni帽os 鈥攃谩ndidos y eficientes untori (contagiadores)鈥, los runners 鈥攍iteralmente perseguidos por la polic铆a durante los confinamientos鈥, los j贸venes y su irresponsable vida social, etc. Curiosamente, en Italia esa b煤squeda continua de culpables nunca lleg贸 a interceptar a Confindustria, la potente patronal de la industria transalpina, que durante los momentos m谩s crudos de la primera oleada consigui贸 incluir sus necesidades de negocio en la acci贸n de gobierno, contribuyendo as铆 a la masacre que se produjo en el noroeste del pa铆s durante el periodo marzo-abril de 2020.

Y en esas lleg贸 el pasaporte sanitario o green pass, un documento nacido en el seno de la Uni贸n Europea para controlar los desplazamientos de personas entre sus Estados miembros. Desde el principio, fue criticado desde distintos lugares por la equiparaci贸n legal que generaba entre estar vacunado y haber resultado negativo a un test (PCR o ant铆genos); dos condiciones que poco tienen que ver entre s铆. Mientras que la vacuna protege a quien se la ha puesto (y reduce solo en mucha menor medida la probabilidad de contagio), saber que eres negativo al SARS-CoV-2 te permite proteger mejor a los dem谩s.

El gobierno de Mario Draghi, con un ampl铆simo apoyo en el parlamento italiano , vio en el pasaporte covid la oportunidad perfecta para solidificar ese principio por el cual toda la responsabilidad de la pandemia deb铆a recaer sobre los hombros de la ciudadan铆a

El gobierno de Mario Draghi, con un ampl铆simo apoyo en el parlamento italiano, vio en el pasaporte covid la oportunidad perfecta para solidificar ese principio por el cual toda la responsabilidad de la pandemia deb铆a recaer sobre los hombros de la ciudadan铆a. As铆, a mediados del pasado junio, el gobierno italiano promulgaba un decreto que hac铆a obligatorio el green pass para acceder a la mayor铆a de eventos p煤blicos y a las residencias de ancianos, y tambi茅n para desplazarse a regiones del territorio nacional que estuviesen en zona naranja o roja (esto es, cuyos par谩metros epidemiol贸gicos indiquen una potencial situaci贸n de riesgo).

Este tipo de medidas se est谩n llevando a cabo tambi茅n en otros pa铆ses de la Uni贸n, incluido el Estado espa帽ol. Lo que hace 煤nico el caso italiano, la aut茅ntica vuelta de tuerca, lleg贸 cuando, pocas semanas despu茅s de la instauraci贸n del green pass para uso interno, Confindustria propuso que se obligara por ley a los empleados de sus empresas a exhibirlo diariamente, bajo pena de ser trasladados de puesto de trabajo o incluso suspendidos de sueldo. La justificaci贸n de esa propuesta era 鈥渓a tutela de los trabajadores鈥, seg煤n declar贸 un portavoz de la patronal a mediados de julio. Un insulto a las 349.449 personas que, solo en este a帽o, han sufrido lesiones en su lugar de trabajo, y a las 722 fallecidas mientras llevaban a cabo tareas laborales (seg煤n datos del ministerio de Trabajo italiano).

Evidentemente, la motivaci贸n de la petici贸n de Confindustria era legalizar su derecho a desentenderse de la seguridad laboral: si te vacunas, obtienes el pasaporte covid y puedes trabajar; si no lo haces, eres un irresponsable y te quedas en casa sin sueldo. Ni que decir tiene que el gobierno de Mario Draghi acept贸 a pies juntillas la propuesta de la patronal. Al fin y al cabo, el expresidente del Banco Central Europeo es un ferviente defensor de la gesti贸n privada, en general, de todos los servicios. M谩s adelante, el gobierno acab贸 por imponer el pasaporte covid a todas las categor铆as de trabajadores p煤blicos.

El objetivo declarado de esta imposici贸n era empujar a m谩s gente a vacunarse, a pesar de que los datos de vacunaci贸n en Italia nunca hubiesen estado alejados de las medias de otros pa铆ses europeos. Casi desde el principio, los grandes medios informaban de un aumento de la vacunaci贸n como consecuencia de la instauraci贸n del pasaporte covid. La realidad es que, hasta hace muy poco, no se dispon铆a de datos fiables. Un art铆culo cient铆fico publicado recientemente intent贸 responder a esa pregunta: 驴la introducci贸n del pasaporte covid 鈥渕otiva鈥 la gente a vacunarse?

Usando datos de la plataforma Our World In Data, las investigadoras compararon seis pa铆ses europeos 鈥攅ntre ellos Italia鈥 en los que se hab铆a impuesto el pasaporte covid para 鈥渁l menos algunos tipos frecuentes de lugares p煤blicos, como restaurantes, o para acceder a eventos culturales鈥. Tomando como par谩metro las nuevas dosis administradas diariamente (en proporci贸n a la poblaci贸n) comprobaron que, en general, la obligaci贸n de presentar el green pass se asocia a un cierto incremento en las tasas de vacunaci贸n. No obstante, en el texto reconocen que este efecto fue menor en Italia, a pesar de ser el 煤nico pa铆s en el que el pasaporte covid es obligatorio para realizar cualquier actividad laboral.

Por otro lado, si el objetivo real era hacer que la gente se vacunara m谩s, 驴no habr铆a sido m谩s eficaz invertir en una campa帽a comunicativa seria, en la que se incluyesen tambi茅n los potenciales riesgos de las vacunas para algunos sectores de la poblaci贸n? Claro, una campa帽a as铆 habr铆a desencadenado inevitablemente un cierto debate p煤blico no exento de cr铆ticas a las formas en las que se hab铆an financiado, producido y distribuido las vacunas. Un debate que, por descontado, gobiernos y multinacionales implicadas no habr铆an considerado conveniente.

Las consecuencias de este c贸ctel est谩n a la vista: la imposici贸n del green pass como pasaporte para la vida por parte del gobierno italiano ha generado movimientos tect贸nicos en la sociedad italiana, con protestas de car谩cter transversal que no se ve铆an desde hac铆a d茅cadas. Ante la compleja composici贸n de las movilizaciones, el aparato medi谩tico no ha dudado en tachar de 鈥渁ntivacunas鈥 a cualquiera que se oponga a la imposici贸n del pasaporte covid, impidiendo toda reflexi贸n constructiva sobre sus motivaciones. Este tema se ha convertido en el centro absoluto del debate medi谩tico, obligando a cualquier persona o colectivo a posicionarse, y generando fracturas en la mayor parte de grupos pol铆ticos (desde partidos a sindicatos, pasando por colectivos militantes y asociaciones). No obstante, la oposici贸n al green pass en Italia representa una posibilidad de ruptura que se mantiene en el borde del acantilado desde hace ya varios meses y cuya relevancia real la demuestran ciertas respuestas represivas del gobierno.

En las 煤ltimas semanas, el gobierno italiano est谩 llegando a niveles parox铆sticos en la aplicaci贸n del pasaporte covid. Por un lado, ha modificado el documento para eliminar la posibilidad de obtenerlo tras hacerse un test (creando el denominado super green pass). Mario Draghi instaura as铆 una vacunaci贸n obligatoria de facto para pr谩cticamente toda la sociedad (lo era ya de iure para el personal sanitario y escolar). Por otro lado, ha ampliado a煤n m谩s el radio de acci贸n del salvoconducto, haci茅ndolo obligatorio incluso para viajar en el transporte p煤blico urbano. Por 煤ltimo, el Consejo de Ministros decidi贸 hace unos d铆as que, desde el 15 de febrero, todas las personas mayores de 50 a帽os, trabajadoras o en paro, habr谩n de vacunarse por ley.

Mientras tanto, la sanidad colapsa con la llegada de la sexta ola: los sistemas de rastreo dejan de funcionar, los servicios no covid han de ceder espacios y personal para dejar sitio a la gesti贸n de los infectados por el virus. Ning煤na sorpresa: es l贸gico que, sin inversiones en recursos (humanos y materiales), resulta imposible hacer frente de forma eficaz a una nueva enfermedad que afecta a miles de personas.

Probablemente debido al enorme consenso pol铆tico con el que cuenta Mario Draghi, incomparable al de otros gobiernos europeos, el Estado italiano es el 煤nico que ha alcanzado estas cotas de autoritarismo respecto a la imposici贸n del pasaporte covid. Por ahora. El caso italiano podr铆a representar simplemente una vanguardia en la gesti贸n de la crisis, que en toda Europa sigue los mismos principios, aunque con particularidades locales debido a las distintas correlaciones de fuerzas. Ser谩 indispensable seguir luchando para que el pato de la crisis no lo paguen las de siempre.

Enlace relacionado ElSaltoDiario.com (10/01/2022).




Fuente: Sasmadrid.org