January 4, 2021
De parte de Lobo Suelto
179 puntos de vista

Llamo pedagog铆as de la crueldad a todos los actos y pr谩cticas que ense帽an, habit煤an y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas. En ese sentido, esta pedagog铆a ense帽a algo que va mucho m谩s all谩 del matar, ense帽a a matar de una muerte desritualizada, de una muerte que deja apenas residuos en el lugar del difunto. La trata y la explotaci贸n sexual como practicadas en los d铆as de hoy son los m谩s perfectos ejemplos y, al mismo tiempo, alegor铆as de lo que quiero decir con pedagog铆a de la crueldad. Es posible que eso explique el hecho de que toda empresa extractivista que se establece en los campos y peque帽os pueblos de Am茅rica Latina para producir commodities destinadas al mercado global, al instalarse trae consigo o es, inclusive, precedida por burdeles y el cuerpo-cosa de las mujeres que all铆 se ofrecen.

Cuando hablo de una pedagog铆a de la crueldad me refiero a algo muy preciso, como es la captura de algo que flu铆a errante e imprevisible, como es la vida, para instalar all铆 la inercia y la esterilidad de la cosa, mensurable, vendible, comprable y obsolescente, como conviene al consumo en esta fase apocal铆ptica del capital. El ataque sexual y la explotaci贸n sexual de las mujeres son hoy actos de rapi帽a y consumici贸n del cuerpo que  constituyen el lenguaje m谩s preciso con que la cosificaci贸n de la vida se expresa. Sus deyectos no van a cementerios, van a basurales.

La repetici贸n de la violencia produce un efecto de normalizaci贸n de un paisaje de crueldad y, con esto, promueve en la gente los bajos umbrales de empat铆a indispensables para la empresa predadora. La crueldad habitual es directamente proporcional a formas de gozo narc铆sico y consumista, y al aislamiento de los ciudadanos mediante su desensitizaci贸n al sufrimiento de los otros. Un proyecto hist贸rico dirigido por la meta del v铆nculo como realizaci贸n de la felicidad muta hacia un proyecto hist贸rico dirigido por la meta de las cosas como forma de satisfacci贸n[1].

La sujeci贸n de las personas a la condici贸n de mercanc铆a impuesta a las mayor铆as por el car谩cter precario del empleo y del salario, as铆 como el retorno y expansi贸n del trabajo servil, semi-esclavo y esclavo, tambi茅n son parte de lo mismo. La predaci贸n de territorios que hasta hace poco permanec铆an como espacios de arraigo comunal, y de paisajes como inscripciones de la historia, es decir, como libros de historia, para su conversi贸n en commodities por la explotaci贸n extractivista en las minas y el agro-negocio son facetas de esa cosificaci贸n de la vitalidad pacham谩mica. Incluyo aqu铆 tambi茅n la alienaci贸n, robo o cancelaci贸n de la fluencia del tiempo vital, encuadrado ahora, encarcelado, por los preceptos del capital -competitividad, productividad, c谩lculo de costo/beneficio, acumulaci贸n, concentraci贸n-, que confiscan la fluencia que llamamos 鈥渢iempo鈥 en la que toda vitalidad est谩 inmersa. La pedagog铆a de la crueldad es, entonces, la que nos habit煤a a esa disecaci贸n de lo vivo y lo vital, y parece ser el camino inescapable de la modernidad, su 煤ltimo destino.

El paradigma de explotaci贸n actual supone una variedad enorme de formas de desprotecci贸n y precariedad de la vida, y esta modalidad de explotaci贸n depende de un principio de crueldad consistente en la disminuci贸n de la empat铆a de los sujetos. Como he afirmado en otras oportunidades[2], el capital hoy depende de que seamos capaces de acostumbrarnos al espect谩culo de la crueldad en un sentido muy preciso: que naturalicemos la expropiaci贸n de vida, la predaci贸n, es decir, que no tengamos receptores para el acto comunicativo de quien es capturado por el proceso de consumici贸n. Expropiar el aliento vital pasa a ser visto como un mero tr谩mite que no comporta dolor, que no puede comunicarse, un acto maquinal, como cualquier consumici贸n. Es por eso que podemos decir que la estructura de personalidad de tipo psicop谩tico, no vincular, defectiva en lo que respecta a emociones y sentimientos, es la personalidad modal de nuestra 茅poca por su funcionalidad a la fase actual extrema del proyecto hist贸rico del capital: la relaci贸n entre personas vaciada y transformada en una relaci贸n entre funciones, utilidades e intereses.

Es muy dif铆cil encontrar las palabras adecuadas para describir lo que no es nada, la nada marm贸rea restante del proceso de consumici贸n y obsolescencia en que se ha transformado la vida en los centros de la modernidad. 驴Acaso no percibimos que todas las obras de la m谩s nueva tecnolog铆a inician su proceso de degradaci贸n apenas erigidas? 驴No es 茅ste, entonces, un ambiente mortuorio, de decadencia acelerada?

Naturalmente, las relaciones de g茅nero y el patriarcado juegan un papel relevante como escena protot铆pica de este tiempo. La masculinidad est谩 m谩s disponible para la crueldad porque la socializaci贸n y entrenamiento para la vida del sujeto que deber谩 cargar el fardo de la masculinidad lo obliga a desarrollar una afinidad significativa -en una escala de tiempo de gran profundidad hist贸rica- entre masculinidad y guerra, entre masculinidad y crueldad, entre masculinidad y distanciamiento, entre masculinidad y baja empat铆a. Las mujeres somos empujadas al papel de objeto, disponible y desechable, ya que la organizaci贸n corporativa de la masculinidad conduce a los hombres a la obediencia incondicional hacia sus pares 鈥搚 tambi茅n opresores-, y encuentra en aqu茅llas las v铆ctimas a mano para dar paso a la cadena ejemplarizante de mandos y expropiaciones.

En este sentido, es muy importante no guetificar la cuesti贸n de g茅nero. Esto quiere decir, no considerarla nunca fuera del contexto m谩s amplio, no verla exclusivamente como una cuesti贸n de la relaci贸n entre hombres y mujeres, sino como el modo en que esas relaciones se producen en el contexto de sus circunstancias hist贸ricas. No guetificar la violencia de g茅nero tambi茅n quiere decir que su car谩cter enigm谩tico se esfuma y la violencia deja de ser un misterio cuando ella se ilumina desde la actualidad del mundo en que vivimos.

El hombre campesino-ind铆gena a lo largo de la historia colonial de nuestro continente, as铆 como el de las masas urbanas de trabajadores precarizados, se ven emasculados como efecto de su subordinaci贸n a la regla del blanco, el primero, y del patr贸n, el segundo -patr贸n blanco o blanqueado de nuestras costas. Ambos se redimen de esta emasculaci贸n, de esta vulneraci贸n de su condici贸n social, laboral, incompatible con las exigencias de su g茅nero mediante la violencia. Ante el avance de la pedagog铆a de las cosas, como tambi茅n podr铆amos llamarle a la pedagog铆a de la crueldad, el hombre ind铆gena se transforma en el colonizador dentro de casa, y el hombre de la masa urbana se convierte en el patr贸n dentro de casa. En otras palabras, el hombre del hogar ind铆gena-campesino se convierte en el representante de la presi贸n colonizadora y despojadora puertas adentro, y el hombre de las masas trabajadoras y de los empleos precarios se convierte en el agente de la presi贸n productivista, competitiva y operadora del descarte puertas adentro.

A esto se le agrega la expansi贸n  de los escenarios de las nuevas formas de la guerra en Am茅rica latina, con la proliferaci贸n del control mafioso de la econom铆a, la pol铆tica y de amplios sectores de la sociedad. La regla violenta de las pandillas, maras, sicariatos y todos los tipos corporaciones armadas que act煤an en una esfera de control de la vida que he caracterizado como para-estatal atraviesa e interviene el 谩mbito de los v铆nculos dom茅sticos de g茅nero, introduce el orden violento circundante dentro de casa. Es imposible hoy abordar el problema de la violencia de g茅nero y la letalidad en aumento de las mujeres como si fuera un tema separado de la situaci贸n de intemperie de la vida, con la suspensi贸n de las normativas que dan previsibilidad y amparo a las gentes dentro de una gram谩tica compartida.

Al hablar de la pedagog铆a de la crueldad no podemos olvidarnos de mencionar a los medios masivos de informaci贸n, con su lecci贸n de rapi帽a, escarnio y ataque a la dignidad ejercitadas sobre el cuerpo de las mujeres. Existe un v铆nculo estrecho, una identidad com煤n, entre el sujeto que golpea y mata a una mujer y el lente televisivo. Tambi茅n forma parte de ese da帽o la victimizaci贸n de las mujeres a manos de los feminicidas como espect谩culo televisivo de fin de tarde o de domingos despu茅s de misa. Los medios nos deben una explicaci贸n sobre por qu茅 no es posible retirar a la mujer de ese lugar de v铆ctima sacrificial, expuesta a la rapi帽a en su casa, en la calle y en la sala de televisi贸n de cada hogar, donde cada una de estos feminicidios es reproducido hasta el hartazgo en sus detalles m贸rbidos por una agenda period铆stica que se ha vuelto ya indefendible e insostenible.

A partir de lo dicho, 驴c贸mo entonces concebir y dise帽ar contra-pedagog铆as capaces de rescatar una sensibilidad y vincularidad que puedan oponerse a las presiones de la 茅poca y, sobre todo, que permitan visualizar caminos alternativos?  Son cuatro los temas que vinculo a la posibilidad de instalar en el mundo esas contra-pedagog铆as. Me referir茅 a ellos de forma muy sucinta y afor铆stica, m谩s que nada como una convocatoria para juntar esfuerzos y seguir debatiendo. El texto de las clases podr谩 dar pistas para entender mejor lo que propongo.

  1. La contra-pedagog铆a de la crueldad tendr谩 que ser una contra-pedagog铆a del poder y, por lo tanto, una contra-pedagog铆a del patriarcado, porque ella se contrapone a los elementos distintivos del orden patriarcal: mandato de masculinidad, corporativismo masculino, baja empat铆a, crueldad, insensibilidad, burocratismo, distanciamiento, tecnocracia, formalidad, universalidad, desarraigo, desensitizaci贸n, limitada vincularidad. El patriarcado, como he afirmado anteriormente[3], es la primera pedagog铆a de poder y expropiaci贸n de valor, tanto en una escala filogen茅tica como ontogen茅tica: es la primera lecci贸n de jerarqu铆a, aunque la estructura de esa jerarqu铆a haya ido mutando en la historia[4].
  1. La experiencia hist贸rica de las mujeres podr谩 sentar el ejemplo de otra forma de pensar y actuar colectivamente. Una politicidad en clave femenina es 鈥搉o por esencia sino por experiencia hist贸rica acumulada[5]-, en primer lugar una pol铆tica del arraigo espacial y comunitario; no es ut贸pica sino t贸pica; pragm谩tica y orientada por las contingencias y no principista en su moralidad; pr贸xima y no burocr谩tica; investida en el proceso m谩s que en el producto; y sobre todo solucionadora de problemas y preservadora de la vida en el cotidiano.
  1. Las mujeres hemos identificado nuestro propio sufrimiento y hablamos de 茅l. Los hombres no han podido hacerlo. Una de las claves del cambio ser谩 hablar entre todos de la victimizaci贸n de los hombres por el mandato de masculinidad y por la nefasta estructura corporativa de la fratria masculina. Existe violencia de g茅nero intra-g茅nero, y la primera v铆ctima del mandato de masculinidad son los hombres: obligados a curvarse al pacto corporativo y a obedecer sus reglas y jerarqu铆as desde que ingresan a la vida en sociedad. Es la familia la que los prepara para esto. La iniciaci贸n a la masculinidad es un tr谩nsito violent铆simo. Esa violencia va m谩s tarde reverter al mundo. Muchos hombres hoy se est谩n retirando del pacto corporativo, marcando un camino que va a transformar la sociedad. Lo hacen por s铆, en primer lugar. No por nosotras. Y as铆 debe ser.
  1. De una forma esquem谩tica es posible decir que existen dos proyectos hist贸ricos en curso en el planeta, orientados por concepciones divergentes de bienestar y felicidad: el proyecto hist贸rico de las cosas y el proyecto hist贸rico de los v铆nculos, dirigidos a metas de satisfacci贸n distintas, en tensi贸n, y en 煤ltima instancia incompatibles. El proyecto hist贸rico centrado en las cosas como meta de satisfacci贸n es funcional al capital y produce individuos, que a su vez se transformar谩n en cosas. El proyecto hist贸rico de los v铆nculos insta a la reciprocidad, que produce comunidad. Aunque vivamos inevitablemente de forma anfibia, con un pie en cada camino, una contra-pedagog铆a de la crueldad trabaja la consciencia de que solamente un mundo vincular y comunitario pone l铆mites a la cosificaci贸n de la vida.

[1] Para una extensi贸n sobre el tema, ver 鈥淟a pedagog铆a de la crueldad鈥, entrevista que di a Ver贸nica Gago  publicada en  Las 12, P谩gina 12, Buenos Aires, 29 de mayo de 2015

[2] 鈥淧atriarcado: del borde al centro. Disciplinamiento, territorialidad y crueldad en la fase apocal铆ptica del capital鈥漞n La Guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sue帽os, 2016

[3] Ver Las estructuras elementales de la violencia Buenos Aires: Prometeo, 2003 y 2013.

[4] Ver La Cr铆tica de la Colonialidad en Ocho Ensayos y una Antropolog铆a por Demanda, Buenos Aires: Prometeo, 2015

[5] Ver 鈥淢anifesto in Four Themes鈥 in  Critical Times 1/1, 2018 (de pr贸xima aparici贸n)

Este texto forma parte del nuevo libro de Rita Segato, que ser谩 presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires el d铆a 6 de mayo a las 16hs.




Fuente: Lobosuelto.com