July 2, 2021
De parte de Nodo50
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Art铆culo publicado originalmente en ElSaltoDiario.com

Adolfo Rodr铆guez Gil

Cada vez se habla m谩s de la deuda p煤blica, aunque es evidente que existe un pacto no escrito de todo el espectro pol铆tico para no hacer demasiado ruido con el tema, porque saben que la situaci贸n es muy preocupante y, sobre todo, porque el sistema no sabe c贸mo abordarla sin da帽ar sus intereses o generar fuertes conflictos.

Pero la deuda p煤blica (y privada) lleva tiempo llamando a la puerta y no va a ser posible seguir esquiv谩ndola.

Empecemos por las aburridas, pero necesarias, cifras: la deuda de las administraciones p煤blicas (gobierno central, seguridad social, comunidades aut贸nomas y entidades locales) alcanz贸, al finalizar marzo de 2021, la inmensa suma de 1,392 billones de euros, equivalente al 125,3% del PIB. Solo en marzo se increment贸 en 25.763 millones, una cantidad muy superior a los esperados fondos del programa NGEU para 2021 (unos 19.000 millones) En doce meses aument贸 en 168.176 millones, una cantidad tambi茅n superior a lo que se espera en 鈥渟ubvenciones鈥 y cr茅ditos de los fondos NGEU para m谩s de seis a帽os. Incluso, el informe de la Comisi贸n Europea Debt Sustainability Monitor (Institutional paper 143, febrero de 2021) analiza que la deuda llegar谩 al 140% del PIB en 2030.

Adem谩s, existe otra deuda que los gobiernos vienen ocultando y que la contabilidad del Protocolo de D茅ficit Excesivo de la UE permite. Esa deuda oculta estar铆a por encima de los 600.000 millones. Digo estar铆a porque ni el Gobierno ni la oficina de estad铆stica de la UE (Eurostat) dan datos actualizados y desagregados. Esa deuda terminar谩 aflorando contablemente, como cuando Eurostat oblig贸 al Gobierno, a finales de 2020, a incluir en la deuda p煤blica oficial los 34.182 millones de p茅rdidas de la SAREB (el 鈥渂anco malo鈥 creado para mantener altos los precios de los activos inmobiliarios de la gran banca) o eclosionando. En esa deuda sumergida est谩 la de las empresas p煤blicas cuyo garante es el Estado (AENA, ADIF, Renfe) otras deudas no financieras, avales fallidos o camino de fallar que otorg贸 el Gobierno (cr茅ditos ICO, etc.) y tambi茅n la deuda comercial con proveedores (83.356 millones de euros a finales de 2020) lo que elevar铆a el total de deuda por encima de los dos billones (m谩s del 180 % del PIB). En un reciente art铆culo se lleg贸 a decir: 鈥淵 sin 谩nimo de que cunda el p谩nico, procede apuntar que el volumen de los pasivos en circulaci贸n del conjunto de nuestras Administraciones P煤blicas en 2020 ascend铆a a 1.980.209 millones de euros, 176,5% del PIB鈥.

Nos puede llamar la atenci贸n que la UE no imponga una disciplina contable en un asunto de tanta relevancia y que no obligue a revelar y contabilizar la deuda p煤blica real, pero si sabemos que esa deuda oculta de Alemania, por las cajas de ahorro y otras corporaciones, elevaban su deuda al 126,26 % hace diez a帽os, podemos hacernos una idea del por qu茅 de ese pacto de silencio y tambi茅n si analizamos que todos los pa铆ses tienden a ocultar su realidad de deuda, en la medida en que tienen que seguir acudiendo a los mercados para financiar el d铆a a d铆a de sus gastos y pretenden hacerlo en las condiciones m谩s favorables.

Todo esto, en un contexto mundial de inmensa deuda p煤blica y privada en crecimiento y sin un sistema monetario m铆nimamente estable, lo que recorta cada vez m谩s los m谩rgenes de endeudamiento y amenaza con una crisis global de deuda, que esta vez no se quedar铆a en la periferia, sino que llegar铆a tambi茅n a los grandes bloques capitalistas.

驴C贸mo se est谩 abordando desde la izquierda la situaci贸n de deuda?

En los espacios pol铆ticos y entre la poblaci贸n el asunto est谩 poco presente. Es normal que pase entre la poblaci贸n, agobiada por problemas m谩s cercanos como el paro, la precariedad del trabajo y los salarios y el deterioro de los servicios p煤blicos. Adem谩s, en la mayor铆a de los pa铆ses europeos, no existe una memoria viva de las consecuencias cotidianas cuando la deuda p煤blica se hace impagable. No sirve la rese帽a a lo ocurrido hace cien a帽os o a c贸mo una deuda llev贸 a las desamortizaciones desde el siglo XVIII. Muy diferente es en Am茅rica Latina, donde se puede decir que todas las generaciones desde la independencia han vivido bajo su amenaza y han sufrido tres y cuatro grandes crisis de deuda externa. Aunque parece que las econom铆as del sur de Europa ,y otras m谩s, nos acercamos cada vez m谩s a un 鈥渆scenario argentino鈥.

Parece que la mayor铆a de 鈥渓a izquierda鈥 se ha abonado a un keynesianismo de parvulario y asume que lo que hay que hacer ante la crisis es meter m谩s dinero en la econom铆a, que endeudarse es progresista

Tampoco la mayor铆a del espacio de la izquierda atiende al tema o lo calibra. Incluso hemos visto an谩lisis sobre el gasto p煤blico o los fondos NGEU que ni nombraban la deuda. Parece que la mayor铆a de 鈥渓a izquierda鈥 se ha abonado a un keynesianismo de parvulario y asume que lo que hay que hacer ante la crisis es meter m谩s dinero en la econom铆a, que endeudarse es progresista y se帽alar la deuda neoliberal. Una posici贸n que no tiene en cuenta el sometimiento que implica la deuda y que asume que hay una soluci贸n sencilla a los complejos problemas del siglo dando 鈥渁 la m谩quina de hacer dinero鈥 y sin alterar el capitalismo. Que no pasa nada por seguir endeud谩ndose, como si la chulesca respuesta de Keynes a la pregunta de qu茅 pasar铆a a largo plazo con las pol铆ticas monetarias expansivas (鈥渆n el largo plazo estamos todos muertos鈥, escrito en el Breve tratado sobre la reforma monetaria en 1923) fuera el culmen del pensamiento rebelde. Como si el keynesianismo no fuera, como el neoliberalismo, m谩s que una variante de las doctrinas del liberalismo neocl谩sico y m谩s que una pol铆tica que solo pretend铆an salvar las ganancias del capital en momentos de crisis, a trav茅s de la intervenci贸n del Estado. Intervenci贸n que no invent贸 el keynesianismo, sino que siempre ha estado presente en el capitalismo. Intervenci贸n que sit煤a al neoliberalismo realmente existente, no como la quimera de desregulaci贸n y mercado de la academia y del discurso, sino como un liberalismo de Estado, un liberalismo intervencionista.

El propio Milton Friedman, considerado el padre del neoliberalismo, cont贸 en p煤blico que cuando se reunieron en Mont P猫lerin, en 1947, el 鈥渓aboratorio de ideas鈥 que dio origen a esa corriente pol铆tica, Von Misen, superviviente de la corriente neocl谩sica, ante las propuestas de que el Estado interviniera en la econom铆a a trav茅s de instrumentos monetarios (a los neoliberales se les conoce tambi茅n como monetaristas), abandon贸 una de las reuniones enfadado y grit谩ndoles 鈥渟ois un atajo de socialistas鈥. El neoliberalismo en la pr谩ctica y en la teor铆a ha sido siempre una doctrina econ贸mica de Estado y de intervencionismo reaccionario.

Una deuda impagable

La deuda p煤blica es ya un problema de hoy. No solo porque cuando se restaure el Pacto de Estabilidad en la UE (previsto para 2023) habr铆a que reducirla a un 60% del PIB, lo que, siguiendo la recomendaci贸n del gobernador del Banco de Espa帽a en marzo de 2021, de reducirla en medio punto cada a帽o, llevar铆a 130 a帽os, sino porque es patente la imposibilidad no ya de pagarla sino incluso de lo que en la jerga del sistema se llama 鈥渉acerla sostenible鈥.

Hasta ahora, con tipos de inter茅s muy bajos e incluso negativos (es decir que se devuelve menos de lo que se recibe y sin contar la inflaci贸n), ha sido habitual pagar los vencimientos contratando nueva deuda a un tipo de inter茅s inferior y a m谩s largo plazo, lo que da m谩s estabilidad. Tanto que se dan manifestaciones apolog茅ticas de este mecanismo, que para algunos ha venido siendo la prueba de que la deuda no es el problema, pues, aunque creciera, era cada d铆a m谩s barata de sostener y amortizar.

Pero resulta que existen tambi茅n el medio y el largo plazo. El corto plazo es siempre coyuntural, aunque muy real y constatable, pero es de Perogrullo que el medio y el largo plazo se acercan y llegado un momento se convierten en el corto plazo, en la coyuntura. En este sentido, en estos primeros meses del a帽o 2021 ya hemos empezado a ver signos de cambio en esa situaci贸n de los tipos de inter茅s. Algunos hemos comentado que los tipos de inter茅s cero o negativos son una anomal铆a del sistema, que se da a veces e incluso que se puede mantener durante meses o algunos a帽os, como estamos viendo, pero no es algo que se pueda alargar durante mucho tiempo y menos a煤n que pueda constituirse en una base firme sobre la que operar y hacer c谩lculos a medio y largo plazo.

El que la primera emisi贸n de deuda de la UE para financiar los fondos NGEU, en junio de 2021, se tuviera que contratar a un tipo de inter茅s positivo (aunque fuera al 0,16%) cuando unos meses antes la emisi贸n para los fondos SURE se hab铆a contratado a un tipo de inter茅s negativo, es un 铆ndice del fin de ese mecanismo.

Todo parece indicar que los tiempos de esa virtuosa y quim茅rica bicicleta financiera no solo est谩n llegando a su fin, con la subida de los tipos de inter茅s y la inflaci贸n (un 5% en los Estados Unidos en los 煤ltimos doce meses), las noticias de posibles retiradas de est铆mulos (emisi贸n de moneda) por parte de la FED, el BCE y otros Bancos Centrales y por la realidad de una gigantesca deuda mundial que pone un nudo corredizo en el cuello de las estrategias de d茅ficit que sustentan las estrategias anticrisis del sistema.

Todo indica que se cierra un ciclo. Que el endeudamiento y el d茅ficit pasan su factura en forma de recortes sociales a quienes no nos hemos endeudado. Que el austericidio volver谩 por sus fueros en meses, esta vez con la coartada de los fondos de la UE (NGEU). Esos fondos que, seg煤n el Gobierno, van a llevarnos a una sociedad ecol贸gica, social y feminista, aunque caminen en sentido opuesto y aunque algunos los esperen alborozados. Entre los canallas habituales, los pescadores en r铆o revuelto y la ingenuidad posibilista, anda el juego, hasta que seamos capaces de romperlo.

ATTAC no se identifica con las opiniones expresadas en los art铆culos que son responsabilidad de los autores de los mismos.




Fuente: Attac.es