May 2, 2021
De parte de La Haine
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El recorrido (a menudo sinuoso y escarpado) del marxismo en Am茅rica Latina resulta un tema bastante trabajado entre los cientistas sociales. El estudio de historia cultural que emprende Jos茅 M. Aric贸 en La cola del diablo se inscribe en ese conjunto, aunque con una particularidad: el autor da cuenta del camino en primera persona, ya que fue protagonista de uno de los cap铆tulos de la difusi贸n del marxismo en nuestro continente a trav茅s de la experiencia de la revista Pasado y Presente

La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en Am茅rica Latina (Siglo XXI, 2005) nace producto de la ampliaci贸n y profundizaci贸n de una comunicaci贸n presentada al seminario internacional organizado por el Instituto Gramsci en Ferrara (Italia) en septiembre de 1985, cuyo tema era 芦Las transformaciones pol铆ticas de Am茅rica Latina: presencia de Gramsci en la cultura latinoamericana禄. Y he aqu铆 una segunda particularidad del estudio en cuesti贸n: Antonio Gramsci quiz谩s sea, de entre los grandes nombres de la producci贸n te贸rica marxista en el Viejo Continente, el 芦menos europeo禄 de todos ellos.

Pese a esto 鈥搊 tal vez, mejor, debido a esta circunstancia鈥 el an谩lisis que promueve el autor presenta una serie de dificultades que dan cuenta de la peculiar relaci贸n entre el pensador italiano y las culturas latinoamericanas, y que expone en forma de 芦consideraciones preliminares禄 en el apartado inicial de su libro. 

En primer lugar, Aric贸 destaca lo in茅dito de la difusi贸n de sus escritos en estas geograf铆as: tanto por su precocidad como por su alcance, Latinoam茅rica constituye sin lugar a dudas el escenario de mayor difusi贸n del oriundo de Cerde帽a, luego de su Italia natal. Las categor铆as gramscianas permean aqu铆 discursos tanto acad茅micos como pol铆ticos que, aunque no necesariamente indicativos de un conocimiento acabado de las tesis del autor de Cuadernos de la c谩rcel, s铆 dan la pauta de una apropiaci贸n cultural profunda.

Pero surge de la mano con la anterior una segunda dificultad, y es el origen pol铆tico antes que acad茅mico de tal difusi贸n. Si bien Gramsci, en palabras de Aric贸, era el primer marxista que parec铆a hablar directamente a los intelectuales de izquierda, permiti茅ndoles pensarse como un elemento central del proceso revolucionario, la introducci贸n del sardo en esta orilla del Atl谩ntico tiene un responsable con nombre, apellido y filiaci贸n pol铆tica: H茅ctor P. Agosti, militante del Partido Comunista Argentino, y a 茅l dedica Aric贸 buena parte de las p谩ginas iniciales del apartado 芦El Gramsci de los comunistas argentinos禄.

Con la introducci贸n de este dato se reabre una antigua discusi贸n, nodal tanto en el recorrido de la teor铆a gramsciana en nuestro continente como en la experiencia de vida del propio autor. Qu茅 Gramsci leyeron los comunistas argentinos, se pregunta Aric贸 en el segundo cap铆tulo, para aclarar luego que tal interrogante no aplica: la aceptaci贸n de las teor铆as del sardo por parte del PCA estuvo supeditada a su desconocimiento. 

La difusi贸n inicial de sus tesis no fue responsabilidad del partido sino de un grupo muy reducido de intelectuales a su interior y, cuando la lectura se hizo m谩s a conciencia, la ortodoxia estalinista de la direcci贸n del PC de aquellos a帽os provoc贸 que la renovaci贸n del marxismo que ven铆a a proponer Gramsci quedara fuera de consideraci贸n. Aquellos intelectuales que la sostuvieron 鈥揓os茅 M. Aric贸 incluido鈥 fueron expulsados.

Con este rechazo inicia el que quiz谩s sea el cap铆tulo m谩s fruct铆fero de la difusi贸n del pensamiento gramsciano en Am茅rica Latina: el de la revista Pasado y Presente, a la que Aric贸 destina el tercer apartado de su trabajo. Y es aqu铆 donde la disquisici贸n del argentino adopta un tono m谩s personal y menos acad茅mico, debido a su implicancia directa en tal trayecto. Sin embargo, pese a esta cercan铆a, logra poner de relieve los puntos nodales de la experiencia. 

Destaca, as铆, las particularidades del contexto de producci贸n de la revista 鈥搇a provincia de C贸rdoba de los a帽os 60, una suerte de 芦Tur铆n latinoamericana禄, en palabras de Aric贸鈥 para la que las reflexiones de Gramsci no pod铆an ser m谩s apropiadas. Y subraya, en segundo lugar, las diferencias entre las dos etapas de edici贸n de la revista (la primera entre 1963 y 1965 y la segunda durante el a帽o 1973), acentuando particularmente su cambio en relaci贸n a la valoraci贸n del movimiento peronista, ese fen贸meno que por aquellos a帽os no contaba aun con una interpretaci贸n convincente y que este grupo de j贸venes intelectuales apostaba a explicar mediante las herramientas que les proporcionaba un marxismo italiano renovado.

El cap铆tulo cuarto se concentra, finalmente, en la difusi贸n de Gramsci en Am茅rica Latina propiamente dicha. En gran medida se proyecta aqu铆 a nivel regional el an谩lisis ya ensayado para el caso argentino, poniendo el acento sobre el dogmatismo de un comunismo latinoamericano que, encorsetado en las estructuras internacionales de una URSS ya en decadencia, se ve enceguecido a la hora de percibir las singularidades de su propio contexto de acci贸n. 

Las desventuras de la izquierda latinoamericana, se帽ala Aric贸 en un pasaje de particular brillantez, derivan del hecho de que sus estrechos paradigmas ideol贸gicos le impidieron comprender la singularidad de un continente habitado por profundas y violentas luchas de clases, pero donde 茅stas no han sido los actores principales de su historia.

En lo que resta del apartado, el autor introduce dos elementos adicionales: las similitudes entre la Italia analizada por Gramsci y los pa铆ses latinoamericanos, por un lado, y el rol desempe帽ado por las teor铆as althusserianas, por otro. Con respecto al primero, Aric贸 destaca la utilidad de las categor铆as gramscianas de Oriente, Occidente y Occidente perif茅rico o tard铆o que, explica, vinieron a echar luz sobre una discusi贸n de larga data sobre el car谩cter semiperif茅rico de las formaciones sociales latinoamericanas. 

En cuanto al segundo elemento, se帽alar谩 el argentino que la difusi贸n de Althusser en Latinoam茅rica adquiere rasgos contradictorios en tanto eleva al marxismo te贸rico 鈥搎ue ven铆a en declive producto de la crisis del estalinismo鈥 pero, en simult谩neo, consolida los posicionamientos ideol贸gicos de las nuevas vanguardias surgidas de la descomposici贸n de los partidos comunistas. Althusser entonces, probablemente a su pesar, cumple en Am茅rica Latina el rol de 芦poner de moda禄 a Gramsci.

A la hora de las conclusiones, el cordob茅s argumenta en favor de lo que podr铆amos denominar una 芦actualidad permanente禄 del pensamiento gramsciano para la reflexi贸n sobre las sociedades latinoamericanas y la construcci贸n de un pensamiento marxista de nuevo tipo, afincado tanto en las propias particularidades del continente como tambi茅n alejado de antiguos encorsetamientos. 

La tarea, seg煤n Aric贸, es poner 芦la cola del diablo禄 de nuestro lado. Con esa frase, gramsciana de punta a punta, refiere no solo a la necesidad de predecir, dominar y utilizar en provecho propio el margen de contingencia que cada momento hist贸rico depara sino tambi茅n 鈥搚 sobre todo鈥 a asumir la tarea pol铆tica de construir una hegemon铆a s贸lida y perdurable de parte de las fuerzas populares.

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Fuente: Lahaine.org