January 25, 2021
De parte de La Haine
178 puntos de vista


Ya es casi un lugar com煤n decir que el feminismo es un basti贸n contra las extremas derechas. Incluso en algunos lugares donde estas opciones pol铆ticas han alcanzado gobiernos, el feminismo se ha demostrado capaz de condensar la oposici贸n m谩s general a estos reg铆menes bajo la bandera de los derechos de las mujeres y las personas LGTBI. Es el caso de Brasil, pero tambi茅n de Polonia, donde las 煤ltimas movilizaciones por el derecho al aborto han conseguido sumar a otros gremios como taxistas, asociaciones agr铆colas y sindicatos, todos ellos descontentos con el gobierno.

Las cuestiones de g茅nero adem谩s son centrales en el ideario de los postfascismos y en su visi贸n de la sociedad. Sus ataques al feminismo parten de una defensa de la familia nuclear heterosexual que implica, no nos enga帽emos, una defensa del capital y la naci贸n: proteger 鈥渘uestra鈥 forma de vida. (En Europa, los pa铆ses donde la gente se considera m谩s nacionalista son tambi茅n aquellos donde hay menos valores igualitarios, como indican las encuestas.) Por tanto, el feminismo 鈥揳 estas alturas har铆amos mejor en decir 鈥渓os feminismos鈥濃 es una herramienta ineludible para articular contraestrategias discursivas y propuestas contra la extrema derecha. Pero 驴qu茅 feminismo?

El feminismo es plural 鈥搇o ha sido siempre鈥 y est谩 cruzado por distintas posiciones ideol贸gicas, conflictos e intereses de clase, muchas veces incompatibles entre s铆. Tenemos que abandonar, pues, tanto una propuesta de unidad irrealizable que nos frena como toda idealizaci贸n del movimiento que nos impide analizar sus tendencias reaccionarias. No solo no compartimos todas el mismo horizonte de emancipaci贸n, sino que el feminismo se puede usar para frenar derechos 鈥揷omo en el caso de las personas trans o el de la criminalizaci贸n de las trabajadoras sexuales鈥, reforzar las fronteras y el Estado penal y carcelario, justificar la islamofobia y el racismo, impulsar cruzadas neocoloniales o atacar la libertad de expresi贸n. Las que con su discurso o sus propuestas refuerzan el proyecto pol铆tico postfascista no est谩n de nuestro lado, no son compa帽eras. A lo sumo, podr谩 haber una alianza contingente en determinadas cuestiones. En otras, las tenemos en frente. 

D铆a a d铆a vemos como muchas de estas feministas dedican todas sus energ铆as a confrontar a otras feministas que no comparten sus propuestas o a lanzar campa帽as contra personas discriminadas 鈥搕rans o prostitutas鈥 en vez de hacerlo contra las peores manifestaciones del patriarcado. Es decir, contra las consecuencias m谩s hirientes de la divisi贸n sexual del trabajo cuando se entrecruza con la pobreza 鈥搊 el propio capitalismo鈥. Podr铆an luchar contra la falta de derechos de las trabajadoras dom茅sticas o de cuidados; la carencia de alternativas reales para las trabajadoras sexuales; la situaci贸n de vulnerabilidad en que quedan las mujeres migrantes sin derechos donde se dan los peores abusos 鈥搕ambi茅n sexuales鈥; la falta de vivienda o de recursos que empujan a muchas mujeres a aguantar situaciones de violencia por falta de alternativas鈥 pero no lo hacen. Problemas que son inextricables del propio avance de las extremas derechas que se impulsan en el miedo y la inseguridad vital. Las soluciones que proponen para muchos de estos problemas, sin embargo, implican prohibiciones, prohibiciones de todo tipo que suelen agravar las condiciones de vida de las mujeres cuyas vidas quedan a universos de distancia de las suyas propias 鈥揻eministas conservadoras o institucionales鈥. Muchas dicen sin sonrojarse que las cuestiones de vivienda, de sanidad, de fronteras no son temas que incumben al feminismo. En realidad lo que quieren decir es que no les incumben a ellas, que no forman parte de sus preocupaciones m谩s inmediatas. 

Entonces, 驴cu谩l ser铆a la propuesta de m铆nimos para un feminismo antifascista? Como punto de partida, ser铆a aquel que no compra ni una coma de la propuesta pol铆tica de las extremas derechas, sin embargo, en los 煤ltimos tiempos hemos visto ciertas confluencias discursivas y extra帽as alianzas.

Feministas contra personas trans

Las tendencias conservadoras que han empezado a emerger en la izquierda en los 煤ltimos a帽os han llegado a un sector del feminismo donde hemos presenciado un repliegue identitario expresado en la necesidad de construir un enemigo que reafirme esa identidad 鈥渕ujer鈥. La cuesti贸n de los derechos de las personas trans ha funcionado perfectamente en este sentido. Las formas de la ofensiva han replicado el estilo argumentativo y el tono conspiranoico y de p谩nico moral de las extremas derechas mundiales cuando se oponen a los derechos LGTBI, por ejemplo relacionando identidades trans y pedofilia 鈥搖n cl谩sico de los fundamentalismos cristianos m谩s desatados鈥. De hecho, hemos podido ver como ese feminismo ha proporcionado una p谩tina 鈥減rogresista鈥 a esos fundamentalismos que tambi茅n se oponen a los derechos de las personas trans, ahora bajo un discurso de 鈥減rotecci贸n a las mujeres鈥. Como ejemplo el reciente argumentario de Abogados Cristianos que replica punto por punto los elementos discursivos de la ofensiva del feminismo reaccionario contra las mujeres trans. 

Es probable que cuando la ley se discuta en el parlamento, veamos m谩s claramente esta conexi贸n como se ha podido percibir en Inglaterra o EE.UU., donde este tipo de feminismo se ha alineado con los fundamentalismos cristianos no solo en cuestiones argumentales, sino que han establecido redes de colaboraci贸n directa y aceptado ser financiadas por ellos, como explica Lola Olufemi. El activismo de estas 鈥榝eministas鈥 ha acabado apoyando las medidas que Trump implement贸 contra las personas trans y que eliminaron las leyes antidiscriminatorias con consecuencias bien materiales en cuesti贸n de salud, vivienda y posibilidad de acceder a recursos p煤blicos. Un feminismo antifascista, por tanto, no puede ser uno que establezca alianzas t谩cticas o de cualquier tipo con las extremas derechas. 

Feminismo carcelario o punitivista

El 茅nfasis que el movimiento ha puesto en la cuesti贸n de la violencia sexual estos 煤ltimos a帽os ha conseguido avances, pero tambi茅n ha producido 鈥榙a帽os colaterales鈥. A partir de la raza o el g茅nero, el capitalismo divide y estratifica a las poblaciones para su mejor explotaci贸n 鈥揻undamentalmente del trabajo鈥. Alison Phipps explica como la violencia sexual ser铆a una herramienta de este sistema que sirve para sujetar a las mujeres en 鈥渟u lugar鈥 subordinado. Sin embargo, el feminismo mainstream tiene tendencia a enfocar la cuesti贸n de la violencia desde la 贸ptica de comportamientos individuales de determinados hombres 鈥渕alos鈥 a los que se帽ala p煤blicamente o a los que se pretende castigar penalmente. A penas se habla de c贸mo la econom铆a depredadora del capitalismo y las agresiones sexuales van de la mano, ni de que si se quiere acabar con esta violencia se tiene que apuntar contra el statu quo. Un statu quo que es en s铆 mismo violento.

Sin embargo, buena parte de las narrativas feministas hacen hincapi茅 en el uso casi exclusivo del Estado para luchar contra la violencia. Esto no es solo indicativo de falta de imaginaci贸n pol铆tica, o de que una parte de ese feminismo mainstream integra la estructura de ese mismo Estado, es un claro indicio de qu茅 segmento de clase hay detr谩s de las demandas de soluciones penales: aquel que tiene una experiencia del Estado como protector antes que opresor. Muchas otras, saben que la polic铆a no est谩 para protegerlas, sino para echarlas de sus casas, meterlas presas o en Cies, acosarlas, multarlas. La experiencia de las prostitutas, por ejemplo, es una donde la polic铆a puede abusar de ellas impunemente 鈥Amnist铆a Internacional da fe de estos casos鈥. 

Muchas dicen sin sonrojarse que las cuestiones de vivienda, de sanidad, de fronteras no son temas que incumben al feminismo. Lo que quieren decir es que no les incumben a ellas

Phipps se帽ala que esta cercan铆a con el Estado significa que el feminismo mainstream tiende a ignorar temas como la brutalidad policial y la violencia sexual end茅mica en las prisiones, o que estas cuestiones quedan subordinadas al proyecto de proteger a las mujeres blancas de clase media de la amenaza sexual. Tambi茅n se olvida a las supervivientes de la violencia sexual que no encajan en los est谩ndares de la blanquitud burguesa o incluso a aquellas que se considera necesitan ser criminalizadas 鈥減or su propio bien鈥, como son las trabajadoras sexuales. Apelar al sistema criminal, reforzarlo, legitimarlo, tiene impactos en las personas m谩s desfavorecidas 鈥搑acializadas y migrantes鈥 y en las que est谩n m谩s abajo en general. Es una cuesti贸n de clase.

Phipps advierte adem谩s de la violencia que se puede ejercer en nombre de luchar contra la violencia sexual. As铆, el feminismo mainstream tiene a dar apoyo a pol铆ticas que criminalizan a las trabajadoras sexuales directa o indirectamente y que las hacen m谩s vulnerables a la violencia, especialmente a las migrantes, como explican Juno Mac y Molly SmithSeg煤n Amnist铆a Internacional, 鈥渓a desigualdad de g茅nero influye considerablemente en que las mujeres comiencen a dedicarse al trabajo sexual, pero la penalizaci贸n no impide que lo hagan, sino que simplemente hace que su vida sea menos segura鈥. De hecho, desde hace a帽os, las campa帽as contra la trata sirven como pol铆tica antiimigraci贸n antes que para liberar a las mujeres de aquellos que las explotan, y muchas de esas v铆ctimas acaban encerradas en C铆es o deportadas. Independientemente de lo que se piense de la prostituci贸n, apoyar pol铆ticas criminalizadoras de las mujeres que ejercen 鈥揷omo la reciente propuesta del gobierno de prohibir el alquiler de viviendas a trabajadoras sexuales鈥 implica dar m谩s poder a los explotadores o a la polic铆a sobre la vida de estas mujeres.

Un feminismo no punitivo, es decir, antifascista, aunque pueda usar en alg煤n momento todas las herramientas de lucha disponibles, incluso apelar al Estado, nunca lo har谩 a costa de empeorar la vida de otras mujeres. M谩s bien pondr谩 el foco en terminar con este sistema de desigualdad que se sustenta en la violencia y que la impulsa. As铆 como con el propio sistema penal, la v铆a que ha encontrado el capitalismo desatado para encarar los problemas de pobreza y desigualdad que 茅l mismo genera. Los postfascismos solo son una vuelta de tuerca m谩s de este mecanismo.

Femonacionalismo

En este contexto de pol铆ticas de escasez, los intentos de control de los cuerpos de las mujeres se entrecruzan con un aumento de las pol铆ticas del miedo a los otros que son construidos como el enemigo. As铆, las extremas derechas no dudan en cabalgar los discursos de 鈥減rotecci贸n de las mujeres鈥, 鈥渘uestras mujeres鈥 para construir su proyecto de supremac铆a blanca, se帽alando a los migrantes o musulmanes como principales responsables de la violencia sexual. As铆 lo hace Vox constantemente. El islam es se帽alado como incompatible con los derechos de las mujeres 鈥揵lancas鈥 mientras las musulmanas son representadas como eternas v铆ctimas sin agencia a las que hay que salvar.

La excusa de la seguridad de las mujeres blancas se lanza contra los grupos marginados e hiperexplotados y sirve para pedir el refuerzo del sistema penal: cadena perpetua o un aumento de penas como falsa soluci贸n para la violencia. 

Por tanto, un feminismo antifascista no deber铆a apoyar los movimientos estatales de prohibici贸n del velo que apenas consiguen ocultar la islamofobia subyacente, aunque sea bajo la ret贸rica del laicismo. Como en el caso de las personas trans, el feminismo tiene que hacerse cargo de qu茅 discursos est谩 reforzando y c贸mo ser谩 usado como ariete en una lucha contra los migrantes o los otros. Tampoco deber铆a apoyar el aumento de penas ni las soluciones carcelarias. M谩s bien pondr谩 en el punto de mira este sistema que reproduce la violencia, y buscar谩 soluciones que reparen el da帽o mediante la redistribuci贸n de la riqueza de forma directa e indirecta. 鈥Defund the police鈥 鈥揇esfinanciar la polic铆a鈥, el lema que ha popularizado el movimiento Black Lives Matters marca el camino: m谩s recursos en los barrios, menos represi贸n. 

Un feminismo antifascista, por tanto, ser谩 un feminismo de clase, antipunitivo, antiracista, que ponga en el centro la cuesti贸n de las fronteras. Uno que conlleve un proyecto de emancipaci贸n que, en el camino de la igualdad, tambi茅n mejore la vida de todos. Porque la confluencia argumental o t谩ctica entre conservadurismos y ciertos feminismos que se ha dado ya en otros momentos de la historia implica un claro declive de su potencia como movimiento.

https://ctxt.es/es/20210101/Firmas/34790/




Fuente: Lahaine.org