January 17, 2022
De parte de SAS Madrid
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Desde el pasado verano, Vicente Lorenzo, de 64 a帽os, pasa las noches y unas horas al d铆a en un trastero. Un peque帽o espacio donde duerme en una colchoneta hinchable, hay una estanter铆a de pared y cabe una mesa en la que coloca su port谩til con conexi贸n a internet, tal y como se ve en las fotos que env铆a por WhatsApp a El HuffPost y que prefiere que no se publiquen por respeto a su situaci贸n temporal. Con un calefactor calienta el habit谩culo. Sin ahorros, divorciado desde hace seis a帽os y con dos hijos de 31 y 36 a帽os a los que 鈥渘o quiere pedir ayuda econ贸mica鈥, los ingresos que tiene Lorenzo son los 451 euros que recibe por un subsidio por desempleo por ser mayor de 52 a帽os. Dice que le alcanzan para pagar el alquiler del trastero, el tel茅fono, la conexi贸n a Internet, comprar algo para desayunar 鈥攏o suele cenar鈥 y para hacer frente a los gastos de transporte.

Cada d铆a, Lorenzo se levanta a las siete de la ma帽ana para caminar, regresa para estar unas horas delante del ordenador dando forma a 鈥渟u nuevo proyecto empresarial鈥 鈥攗na red de profesionales en la atenci贸n y cuidado de personas mayores que denomina Calidad de Vida Circular鈥 y a mediod铆a se desplaza hasta el comedor social centenario que tienen las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul en General Mart铆nez Campos, una calle pr贸xima al centro de Madrid y a unos diez kil贸metros del trastero convertido en una especie de casa por necesidad.

鈥淟as colas ya no dan la vuelta al edificio, quedan los m谩s vulnerables鈥, afirma Jacinto, un jubilado que lleva 17 a帽os colaborando con el programa social de esta congregaci贸n. En una fr铆a y soleada ma帽ana de las 煤ltimas semanas del a帽o pasado, en el mismo espacio donde decenas de personas esperan su turno para subir al comedor, descarga su furgoneta llena de barras de pan. En los peores meses de 2020 eran cientos los demandantes que se agolpaban en este lugar, cerca de la entrada al edificio, y fuera del recinto, ocupando gran parte de esta conocida calle del barrio de Chamber铆. Una imagen que llam贸 la atenci贸n de muchos medios que denominaron a aquellas filas de gente como las 鈥渃olas del hambre鈥.

鈥淢e cost贸 mucho venir aqu铆鈥, confiesa Vicente Lorenzo con la voz quebrada y ojos humedecidos mientras hace cola para entrar a comer en el turno de adultos de la una de la tarde. Con porte elegante y m贸vil en mano, su figura llama la atenci贸n. 鈥淯na de las cosas que he aprendido es a no negar la realidad鈥, agrega mientras cuenta c贸mo ha llegado hasta aqu铆 al mismo ritmo que avanza la fila.

Hasta octubre de 2020, este madrile帽o que empez贸 a trabajar a los 14 a帽os, era due帽o de la residencia de mayores Fuente del Berro, un negocio privado que contaba con diez plazas de un coste mensual individual de 1.600 euros, viv铆a en un piso de alquiler y jam谩s hab铆a pensado que su vida iba a dar un vuelco de 360 grados. 鈥淪i no hubiera habido pandemia, yo no estar铆a en esta situaci贸n鈥, sostiene Lorenzo, que achaca el cierre de su residencia a una normativa de la Consejer铆a de Sanidad de la Comunidad de Madrid que le obligaba a reducir su capacidad a ocho plazas para tener una zona de aislamiento covid (espacio reservado a residentes con PCR positiva con o sin s铆ntomas). Seg煤n Lorenzo, y haciendo referencia a la noticia del cierre de la residencia que public贸 eldiario.es en noviembre de 2020, no le qued贸 m谩s remedio que decir adi贸s al negocio 鈥減orque no le cuadraban las cuentas ni ten铆a liquidez para aguantar鈥 鈥攅xplica que trat贸 de pedir un cr茅dito ICO, pero se lo denegaron鈥 y 鈥減or dignidad personal鈥. Cuenta que tuvo que dejar a deber un mes de n贸mina a los empleados y 25.000 euros a los bancos. 鈥淪omos una sociedad hip贸crita en la que no se acepta el fracaso鈥, se queja. 

A Lorenzo todav铆a le quedan varios a帽os para poder jubilarse. 鈥淓s casi imposible encontrar trabajo a mi edad鈥, se lamenta este antiguo inform谩tico que, en su larga etapa como trabajador por cuenta ajena, lleg贸 a tener puestos de responsabilidad en diferentes empresas espa帽olas y extranjeras. Sin embargo, y a pesar de su situaci贸n, Lorenzo desprende una gran vitalidad y tiene un discurso cargado de optimismo: 鈥淗ay que levantarse con una motivaci贸n. Todos los d铆as me tengo que poner un chute de adrenalina porque cuidado con tener la cabeza vac铆a鈥. Lo que a 茅l le mueve, insiste, es sacar adelante su nuevo proyecto porque no ve muchas m谩s opciones, pero se encuentra en una encrucijada: sin propiedades, sin ahorros 鈥攄ice que invirti贸 60.000 euros de su bolsillo en la residencia鈥, solo cuenta con el dinero mensual que percibe de un subsidio que, si se hace aut贸nomo para poder emprender, lo perder铆a.

Mientras busca una salida, no le queda otra que venir a las Hijas de la Caridad para alimentarse. En el espacioso y luminoso sal贸n al que Lorenzo est谩 a punto de entrar y que est谩 a un 75% de ocupaci贸n para guardar distancia de seguridad por el coronavirus, se encuentra Josefa P茅rez, directora del Programa Integral Vicente de Pa煤l (PIVP). 鈥淵a puedes ser muy bueno, pero la pandemia ha tratado a todos por igual鈥, subraya sor Josefa. 鈥淗ay personas que jam谩s pensaron que pod铆an tener una situaci贸n de vulnerabilidad y ahora la est谩n sufriendo鈥, a帽ade.

Entre los perfiles de beneficiarios que han llegado al comedor social durante los casi dos a帽os de pandemia, sor Josefa cita incluso a personas que antes donaban al programa con alimentos o econ贸micamente y que en estos meses les ha tocado venir a pedir ayuda. Pero hay de todo, tanto espa帽oles como extranjeros. 鈥淧ara las familias que estaban en una situaci贸n m谩s fr谩gil, la pandemia ha sido criminal porque tienen miembros desempleados u otros que se han comido el paro y no encuentran nada. Tambi茅n llegan j贸venes que nunca han trabajado, que lo tienen dif铆cil para incorporarse y que no cuentan con una red familiar en la que apoyarse; personas en ERTE de larga duraci贸n o que lo cobraron tarde; mayores de 45 y 50 a帽os en paro y que no encuentran nada; o aut贸nomos del mundo de la hosteler铆a que lo est谩n pasando mal. En cuanto a inmigrantes, recibimos a muchos de pa铆ses de Am茅rica Latina donde el coronavirus ha golpeado m谩s duro que aqu铆 y tambi茅n de 脕frica, sobre todo ahora j贸venes que vienen de Marruecos鈥.

En 2020, el equipo que lidera la religiosa y que est谩 formado por 23 trabajadores, siete hermanas y unos 60 voluntarios, atendi贸 a 1.834 personas, mientras que en 2021 la cifra se redujo tan solo hasta 1.600 beneficiarios. Adem谩s de dar de comer a diario a una media de 300 adultos en dos turnos y con bolsas de comida para los que no caben en el comedor, en el turno de las once de la ma帽ana van unas 90 familias con menores a recoger comida elaborada para todo el d铆a y que calientan posteriormente en sus casas.

Aparte de los recursos propios del programa, el comedor social cuenta con apoyo financiero del Ayuntamiento de Madrid, as铆 como de donantes an贸nimos y entidades privadas, y recibe comida y aportaciones en especie de colegios, parroquias, empresas y del Banco de Alimentos de Madrid -seg煤n datos de esta entidad, siguen repartiendo a diario 190.000 comidas en toda la comunidad, 60.000 m谩s que en 2019, antes de la pandemia-,

鈥淟as personas que vienen al comedor o a por las bolsas, siempre han llegado con un informe de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid, pero desde que est谩n desbordados de trabajo por la pandemia lo que hacemos es pedir la documentaci贸n de las familias y llamamos al centro de salud y a los trabajadores sociales para que est茅n informados en todo momento de que se les est谩 atendiendo鈥, subraya sor Josefa. 鈥淟a necesidad hay que priorizarla y no podemos esperar a Servicios Sociales porque habiendo menores, no lo podemos permitir鈥.

Once millones de personas en exclusi贸n social 

Como le ha pasado a Vicente Lorenzo, muchos ciudadanos han ca铆do en una situaci贸n de pobreza y exclusi贸n social durante la pandemia de la covid-19. Seg煤n los datos del avance del informe 鈥楢n谩lisis y Perspectivas 2021: Sociedad expulsada y derecho a ingresos鈥, publicado por C谩ritas y la Fundaci贸n FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y Sociolog铆a Aplicada) en base a una encuesta

realizada a 7.000 hogares de toda Espa帽a entre marzo y mayo de 2021, hay once millones de personas que se encuentran en situaci贸n de exclusi贸n social en Espa帽a.

Los ciudadanos que est谩n en exclusi贸n no significa 煤nicamente que tienen una situaci贸n econ贸mica d茅bil, sino que a partir de unos indicadores de los que se sirve el estudio en base a los datos de la encuesta, los investigadores determinan si son o no personas que est谩n integradas en la sociedad.

Para evaluar el grado de exclusi贸n social, se tienen en cuenta las siguientes ocho dimensiones: salud, empleo, vivienda, educaci贸n, consumo, participaci贸n politica, conflicto social y aislamiento social. En el caso de Lorenzo, atendiendo a la dimensi贸n de empleo, se ubica en el grupo de trabajadores de edad comprendida entre 45 y 64 a帽os, que es el que tienen la mayores tasas de exclusi贸n, con un 27,3%. Seg煤n las razones que esgrime el informe, fue uno de los grupos m谩s perjudicados por la crisis financiera, a quien no termin贸 de llegar la recuperaci贸n econ贸mica y al que el actual proceso de digitalizaci贸n que ha acelerado la pandemia puede minar su incorporaci贸n al trabajo.

鈥淓s una muestra muy representativa, con datos s贸lidos y consolidados que hacemos en el conjunto de la sociedad. Llevamos realizando esta encuesta desde 2007 y la 煤ltima fue en 2018. Con respecto a hace cuatro a帽os, ahora hay 2,5 millones de personas m谩s viviendo en exclusi贸n social y es la primera vez desde 2007 que se superan los 6 millones de personas en exclusi贸n severa, es decir, los que acumulan muchos problemas [con afectaci贸n en al menos cinco de las ocho dimensiones que se analizan]鈥, explica Thomas Ubrich, t茅cnico del Equipo de Estudios de C谩ritas y coordinador del documento que se publica al completo a lo largo de este mes de enero. 鈥淟o m谩s alarmante de los datos que hemos extra铆do es que, en los meses que llevamos de pandemia, la exclusi贸n social alcanza al 21% de los hogares espa帽oles mientras que durante la Gran Recesi贸n, que dur贸 desde 2008 hasta casi 2018, se alcanz贸 el 24% de exclusi贸n en cinco a帽os鈥, alerta.

Seg煤n Ubrich, estas cifras constatan lo que han ido observando desde los programas de acci贸n social de C谩ritas, 鈥渜ue la pandemia golpea con m谩s fuerza a los m谩s fr谩giles, a los que ya ten铆an dificultades para mantenerse a flote o con pocos recursos propios y ahorros desde la crisis de 2008, y a los que no les ha llegado el escudo social鈥. El t茅cnico destaca a dos colectivos como especialmente afectados por las consecuencias de la pandemia: las familias numerosas o monoparentales 鈥攅specialmente encabezadas por mujeres鈥 y la poblaci贸n inmigrante.

鈥淎 las dificultades que entra帽a la crianza de los hijos se une la ausencia de apoyos p煤blicos. En el caso de la poblaci贸n inmigrante, que parte con desventaja, la pandemia les ha afectado m谩s, en parte, porque durante el confinamiento muchos no pudieron trabajar ya que sus sectores sufrieron paralizaci贸n econ贸mica y por ello han perdido su permiso de residencia o trabajo, indica Ubrich. Seg煤n los datos que arroja el informe, la tasa de exclusi贸n de extracomunitarios triplica a la de los ciudadanos de origen espa帽ol (un 54,2% frente a un 15%, respectivamente). En el caso de las familias numerosas u hogares monoparentales, los porcentajes son del 47% y del 49%, respectivamente, frente al 18% de riesgo de exclusi贸n entre parejas sin hijos.

Gabriela, nacida en la Rep煤blica Dominicana hace 38 a帽os, forma parte de ambos colectivos. Lleva veinte a帽os viviendo en Espa帽a, est谩 soltera, y tiene dos hijos de 10 y 20 a帽os que dependen en gran parte de los 800 o 900 euros que, hasta ahora, suele llevar a casa 鈥攅l hijo mayor encontr贸 trabajo en un almac茅n hace cinco meses, lo que ayuda a la d茅bil econom铆a familiar鈥. Hasta el 7 de enero del nuevo a帽o que acabamos de estrenar ten铆a un trabajo 鈥渆n negro鈥 como ayudante de cocina en un restaurante, pero ahora vuelven los problemas econ贸micos a su hogar. Sin los papeles en regla al perder el permiso de residencia con motivo de una multa que le pusieron hace varios a帽os por vivir en un piso como okupa, el due帽o del establecimiento en el que lleva trabajando unos a帽os seg煤n temporadas la podr铆a volver a contratar cuando consiga de nuevo la residencia. La situaci贸n ha cambiado porque, seg煤n Gabriela, este a帽o su jefe dice que no puede permitirse volver a arriesgarse y pagar una posible multa por tener a una trabajadora en situaci贸n irregular.

Cuando estall贸 la primera ola de la pandemia de coronavirus en Espa帽a en marzo de 2020, a Gabriela le pas贸 lo mismo que le va a suceder este mes de enero: se qued贸 sin empleo. En aquel momento tambi茅n trabajaba en el restaurante de ahora y con el estado de alarma su jefe decidi贸 prescindir de sus servicios. 鈥淢e qued茅 sin ahorros de dos a帽os y tuve que dejar a pagar varios meses de alquiler鈥, recuerda mientras ayuda a preparar bolsas de comida en el local que tiene en la calle Quero 67 la Red de Apoyo Mutuo de Aluche (RAMA), un colectivo surgido al comienzo de la pandemia del que forman parte voluntarios de la Asociaci贸n de Vecinos de Aluche (AVA) y otras asociaciones y ciudadanos del barrio de Aluche, uno de los m谩s deprimidos de Madrid.

En este amplio espacio de dos plantas se almacenan los cerca de 7.000 kilos de alimentos que cada s谩bado decenas de voluntarios reparten en bolsas de comida a unas 400 familias (m谩s de 1.300 personas) residentes en esta zona del distrito de La Latina y que se encuentra en situaci贸n de vulnerabilidad econ贸mica. Tambi茅n ofrecen productos de higiene, material escolar y hasta han llegado a repartir ordenadores procedentes de donaciones.

En 2020, en la Comunidad de Madrid lleg贸 a haber hasta 76 despensas solidarias como la de Aluche para dar respuesta a una avalancha de vecinos que lo estaban pasando muy mal por las consecuencias econ贸micas del confinamiento y de las restricciones sociales para luchar contra el virus. A fecha de enero de 2022, se mantienen activas cerca de 20 despensas en Madrid capital, seg煤n estiman desde la Federaci贸n Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM). La de Aluche es, junto a las del distrito de Puente de Vallecas, la que reparte m谩s bolsas de comida de toda la ciudad. 

Gabriela es una voluntaria m谩s, pero hasta hace no mucho era beneficiaria de este servicio vecinal que recibe comida del Banco de Alimentos de Madrid, as铆 como donaciones econ贸micas, de material o tambi茅n de alimentos por parte de empresas privadas y de ciudadanos an贸nimos de Madrid y de otras ciudades de Espa帽a e, incluso, del extranjero. Hace un par de meses, el Ayuntamiento de Madrid les dio 7.000 kilos de pollo embotado a trav茅s del Banco de Alimentos 鈥斺渓a primera donaci贸n que han recibido desde el consistorio hasta la fecha鈥, critican fuentes de RAMA鈥.

鈥淐uando empec茅 a venir a por comida, llegu茅 a hacer cola desde las doce de la noche para ser de las primeras el s谩bado por la ma帽ana鈥, confiesa Gabriela. 鈥淎parte de ayudar a los dem谩s, la red me sirve como terapia para sobrellevar esta situaci贸n. Llegu茅 llorando y ahora vengo sonriendo鈥, a帽ade. Se帽ala que seguir谩 como voluntaria hasta que ya no haga falta el reparto de alimentos. Si no encuentra trabajo pronto, quiz谩 tenga que volver a hacer cola en la despensa vecinal. Son las consecuencias de tener que vivir al d铆a. Al menos, ha saldado parte de sus deudas gracias a que Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid le ha concedido una ayuda de unos 1.200 euros para pagar dos meses de alquiler.

Como Gabriela, un 30% de los cerca de 90 voluntarios con los que cuenta esta red tuvieron que hacer cola para conseguir una bolsa de comida en momentos de extrema necesidad. Desde abril de 2020, en este rinc贸n de Aluche no se ha dejado de repartir toneladas de alimentos a trav茅s de su despensa solidaria . Tal y como pas贸 con las largas colas de gente esperando para obtener comida de las Hijas de la Caridad, durante los primeros meses de pandemia en Espa帽a se viralizaron v铆deos en las redes sociales en los que se ve铆an a cientos de personas aguardando su turno en el Parque Aluche para llevarse una bolsa de comida. Llegaron a tener alrededor de 800 familias.

鈥淪igue viniendo mucha gente, tanto espa帽oles como inmigrantes con o sin papeles. Personas que que no tienen trabajo, pero tambi茅n una alto porcentaje de familias en las que trabaja solo una persona y que con 1.000 euros no les da para pagar un alquiler y hacer frente al resto de gastos b谩sicos que est谩n subiendo, como la luz鈥, explica Rogelio Poveda, presidente de RAMA.

Entre el parque y el local donde almacenan la comida, varias voluntarias recogen los datos de los solicitantes de la ayuda. Si cumplen con los requisitos, les conceden las tarjetas con las que podr谩n venir cada s谩bado a por comida. 鈥淧edimos lo mismo que Servicios Sociales. Que est茅n empadronados en el distrito de La Latina, datos de la vivienda, justificante de la n贸mina si es que tienen, n煤mero de familiares o los ingresos que suelen tener al mes por unidad familiar鈥, detalla Poveda. 鈥淓sto es para gente necesitada y que est茅 debidamente registrada en nuestro sistema. Las personas llegan aqu铆 cuando est谩n al l铆mite鈥, enfatiza. Una vez se registra una persona, si no lo han hecho, desde la red les piden que vayan a Servicios Sociales para contar su caso. 

El presidente de la Red de Apoyo Mutuo de Aluche dice que le gustar铆a que poco a poco las familias dejaran de necesitar la ayuda de la red al haber mejorado sus condiciones de vida, pero cree que no va suceder a corto plazo. 鈥淎 pesar de que siguen bajando los datos del paro, sigue habiendo mucha temporalidad y trabajos precarios. Adem谩s, la situaci贸n econ贸mica ha vuelto a agravarse y ha subido la carest铆a de la vida; y claro, mucha gente vive al d铆a y le ha pillado esta crisis sin ahorros鈥.

Los efectos de la pandemia agudizan la pobreza m谩s severa 

En una peque帽a calle pr贸xima a la c茅ntrica plaza madrile帽a de Tirso de Molina, se ubica la sede de la ONG A+familias. Hasta esta estrecha y larga oficina tambi茅n llegan familias del distrito de La Latina que necesitan ayuda, as铆 como de Puente de Vallecas y Retiro. Su origen es similar al de la Red de Apoyo Mutuo de Aluche. Desde el decreto del estado de alarma, parte del equipo fundador promovi贸 de forma altruista varias campa帽as de recaudaci贸n de fondos para ayudar con comida a m谩s de 2.000 familias de diferentes barrios de la ciudad. Sin embargo, a diferencia de las despensas vecinales solidarias, llevaban cestas de la compra a las casas y daban tarjetas con dinero para

canjear por alimentos en determinados establecimientos. Tras ver que la necesidad segu铆a siendo muy alta conforme se suced铆an las olas de la pandemia, decidieron constituirse como ONG a finales de 2020 y se profesionalizaron en marzo de 2021. 

Desde entonces, un equipo de seis personas con formaci贸n en el tercer sector asisten, a tiempo completo, y con la ayuda puntual de una red de unos 50 voluntarios y algunos estudiantes en pr谩cticas, a familias en situaci贸n de vulnerabilidad. Las apoyan econ贸micamente con tarjetas de d茅bito que tienen una cantidad determinada de dinero para gastar en comida o productos de higiene en los supermercados o comercios con los que colaboran, realizan un acompa帽amiento telef贸nico semanal para ver c贸mo se encuentran emocionalmente y cu谩les son sus progresos o necesidades y ofrecen cursos formativos de educaci贸n financiera o jur铆dica para el d铆a a d铆a. Adem谩s, seg煤n las necesidades de cada familia y en el caso de que no puedan prestar determinados servicios, las derivan a otras entidades sociales.

Soraya Barrul, de 37 a帽os y de etnia gitana, es una de las receptoras de ayuda de A+familias. Lleg贸 en noviembre de 2021 derivada desde Servicios Sociales. Tanto ella como su marido Emilio, de 38 a帽os, nunca han trabajado y subsisten gracias a las ayudas p煤blicas. Tienen tres hijos, dos menores y una mayor de edad. Residen en una vivienda de protecci贸n oficial en el barrio de Campamento por el que pagan un alquiler social de 85 euros al mes. Desde que naci贸 Sephora, la hija mayor de 19 a帽os que ahora mismo no estudia ni tiene trabajo, la 煤nica entrada de dinero con la que cuenta toda la familia son los 500 euros y pico que perciben por la Renta M铆nima de Inserci贸n (RMI) que ofrece la Comunidad de Madrid. Esta prestaci贸n social, reconocida por ley como derecho para satisfacer las necesidades b谩sicas cuando no se pueden cubrir con trabajo, pensiones u otros ingresos, no la reciben desde hace seis meses por un problema administrativo con el padr贸n que est谩n tratando de solventar.

– 驴C贸mo lo hac茅is para subsistir tantos meses sin ingresos? 

– Pues con lo que me ayudan en la ONG, gracias al asesoramiento de la asistenta social que tengo asignada por el Ayuntamiento, a lo que nos pueden ayudar mis padres…

鈥淟o estamos pasando muy mal鈥, dice Barrul con voz temblorosa. Es la primera vez que se sincera fuera de su c铆rculo m谩s cercano y por eso le acompa帽a Mar铆a Quesada, su asistente de referencia en la ONG. 鈥淭odo el d铆a estoy pensando en qu茅 vamos a comer. Es una lucha diaria鈥, confiesa. Al

menos, dice, a sus hijos todav铆a no les ha faltado comida.

Durante el tiempo en el que Soraya Barrul no ha recibido la RMI puede llevar comida a casa gracias, sobre todo, a la tarjeta de 120 euros mensuales que le dan en A+familias para gastar en Carrefour. Y hasta finales del a帽o pasado gracias tambi茅n a que la asistenta social que tiene asignada por Servicios Sociales le ayud贸 a conseguir una ayuda p煤blica de 1.200 euros para

comprar bienes de primera necesidad en un periodo de tres meses en una 鈥渢ienda chiquita鈥 donde le iban descontando lo que gastaba. Sus padres, que tampoco trabajan y viven de prestaciones sociales correspondientes, les ayudan en lo que pueden llev谩ndoles comida.

Seg煤n los 煤ltimos datos disponibles de la Encuesta de Condiciones de Vida publicada en julio de 2021 por el Instituto Nacional de Estad铆stica (INE) con datos de 2020, el umbral de renta para considerar que un hogar est谩 en pobreza severa es de 6.417,3 euros por unidad de consumo al a帽o, es decir, cada persona debe vivir con menos de 281 euros mensuales en el caso de formar parte de una familia con dos adultos y dos menores. A tenor de este indicador del INE, la familia de Soraya forma parte de este colectivo de 6 millones de espa帽oles que est谩n en situaci贸n de exclusi贸n social severa seg煤n los datos estimados por C谩ritas y la Fundaci贸n FOESSA en su informe. Y ni eso. Est谩n un escal贸n por debajo ya que sus ingresos no llegan para que cada uno de los cinco miembros la unidad familiar disponga de poco m谩s de 100 euros al mes cuando reciben la RMI.

鈥淣o nos hemos levantado de una cuando ya estamos en otra. Y as铆 llevamos estos meses de pandemia鈥. Barrull relata el calvario por el que han pasado desde que el coronavirus irrumpi贸 en sus vidas. 鈥淣os contagiamos todos鈥, se帽ala. En aquellos primeros d铆as de la primera ola viv铆an en el piso junto a sus suegros y cu帽ados. No puede evitar las l谩grimas al recordar c贸mo su suegro, de 65 a帽os, muri贸 a los pocos d铆as de contagiarse. Su cu帽ado de 33 a帽os tambi茅n, pero no por consecuencia directa del virus, sino indirecta: falleci贸 a los siete meses por un ictus que deriv贸 de la infecci贸n de covid. 鈥淔ue algo brutal鈥.

Barrull cuenta que su marido no fue a la escuela. Ella, sin embargo, s铆. Curs贸 hasta sexto de primaria, pero no hizo la Educaci贸n Secundaria Obligatoria (ESO). 鈥淢i marido ha hecho muchas entrevistas. De reponedor, de barrendero y de otros oficios, pero nunca le han cogido por no saber leer ni escribir. Tampoco tiene carnet de conducir y, claro, para todo piden una experiencia que no tiene. Yo creo que ya ha perdido las esperanzas de trabajar. Adem谩s, desde que perdi贸 a su padre y a su hermano est谩 con una peque帽a depresi贸n. No sale a la calle, se ha encerrado en 茅l mismo y no quiere ayuda psicol贸gica鈥.

La madre de familia confiesa 鈥渜ue ya no puede m谩s鈥 porque est谩 tirando de sus hijos, de su marido, de la casa y de la econom铆a y llega a un punto en el que 鈥渁l final acabas t煤 mal鈥. 鈥淟as mujeres creemos que somos muy fuertes, pero hay ocasiones en que no lo somos tanto鈥.

Semanas despu茅s del encuentro, Mar铆a Quesada, su asistente en la ONG, cuenta en un correo electr贸nico que han conseguido que est茅 motivada para empezar a formarse. 鈥淣oto una mejor铆a en su estado de 谩nimo y en el cuidado de s铆 misma. Se qued贸 embarazada muy joven, sus hijos ya son m谩s mayores y ahora es cuando est谩 empezando a darse cuenta de que puede ser m谩s independiente. Nos ha dicho que le encantar铆a aprender a coser y dedicarse a ello profesionalmente. Estamos buscando cursos cerca de su barrio ya que no puede pagarse el transporte. Esperamos que esa motivaci贸n no se desinfle鈥.

Por ahora, Barrull estrena 2022 con la misma lucha diaria para sobrevivir con lo que le dan y con una motivaci贸n renovada para tratar de conseguir un trabajo en el futuro. Y no puede bajar la guardia. Cuando este reportero la pregunt贸 si quer铆a a帽adir algo m谩s tras la entrevista realizada en la sede de A+familias a finales del a帽o pasado, su respuesta fue que s铆, que quer铆a lanzar un mensaje

de esperanza, aunque ella estaba en horas bajas. 鈥淎nimo a la gente a que no se hunda. Que sigan adelante porque siempre hay una soluci贸n para los problemas y existen personas que te tienden la mano para ayudarte鈥.

Enlace relacionado Huffingtonpost.es (15/01/2022).




Fuente: Sasmadrid.org