January 4, 2021
De parte de Arrezafe
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Correo
del Alba
☆
 – 04/01/2021

Los
cambios sociales no se diseñan, tampoco se ciñen a los manuales.
Las revoluciones suceden, ocurren por la perseverancia, la voluntad
política y la convicción de estar librando una guerra justa contra
los poderes tiránicos, la opresión y, en América Latina, contra
las oligarquías, el imperialismo y el colonialismo interno. Cuba es
la demostración de lo imprevisible. Pocos hechos han marcado el
devenir de la historia contemporánea como la Revolución cubana. Su
triunfo nos hace visualizar su importancia. En este sentido, debemos
mencionar su contribución a la lucha antiimperialista, al desarrollo
del pensamiento crítico latinoamericano, en la gestación de
alternativas anticapitalistas y el debate acerca de la transición al
socialismo. Los grandes acontecimientos políticos desarrollados a
nivel mundial desde el 1 de enero de 1959 pasan necesariamente por la
Revolución cubana. Asimismo, la dimensión de sus dirigentes ocupan
un lugar preminente, son vidas ejemplares. Fidel Castro, Camilo
Cienfuegos, Che Guevara, Haydée Santamaría, Vilma Espín y Asela de
los Santos, entre otros y muchos.

La
Revolución cubana ha bregado a contracorriente, crecido en medio de
un bloqueo y la agresión imperialista de Estados Unidos y sus
aliados. Lo han intentado todo. Guerra bacteriológica, una invasión
frustrada, atentados terroristas, intentos de magnicidio, procesos
desestabilizadores, campañas desinformativas en medios de
comunicación, programas de radio, televisión, montajes
cinematográficos, ediciones de libros, congresos, etcétera. No han
escatimado recursos, medios, personal militar o civil para acosar,
desvirtuar e intentar torcer el brazo a la revolución. Solo esta
lista de acontecimientos habla de la dimensión histórica de la
Revolución tanto como de sus logros.

Cuba
irrita al imperialismo. Se proyecta una imagen distorsionada. Ocultan
sus aportes en la investigación médica, como lo constituyen las
vacunas contra el cáncer de pulmón, el tratamiento contra el
vitiligo o el cáncer de hígado. Han sido cientos los médicos de
todo el mundo que han cursado master en Cuba sobre salud pública,
pionera en desarrollar un sistema de salud comunitaria y lanzar la
propuesta de médico de familia. No menos destacado ha sido su papel
en las luchas de emancipación de los países de África, su
participación en la formación y desarrollo de los países no
alineados, su rechazo al apartheid y su decidido apoyo a Nelson
Mandela. Han abierto sus universidades y escuelas a los jóvenes de
todos los países del mundo. Africanos, asiáticos, latinoamericanos
o provenientes de Oceanía. En sus aulas se han graduado ingenieros,
físicos, médicos, biólogos, matemáticos, pedagogos, químicos,
técnicos, arquitectos. Su compromiso político le ha ganado el
respeto incluso de sus enemigos. En el terreno de la salud, no hay
ningún país que se le aproxime en entrega y solidaridad. La brigada
de médicos Henry Reeve ha desarrollado labores humanitarias en casi
todos los países de la región, desde su creación en 2005. Sus
miembros han combatido las enfermedades en los lugares más
insospechados, donde nunca había llegado un galeno. Barrios
populares, poblaciones marginales, comunidades campesinas. Cuba se
compromete y salva vidas. Eso es hacer historia. Su actuación ha
sido merecedora del premio de la Organización Mundial de la Salud
(OMS) y de ser propuesta como Premio Nobel de la Paz en 2020.

Por
otro lado, sus actuaciones en la esfera de las relaciones
internacionales desde Naciones Unidas le han ganado el respeto y
reconocimiento de la mayoría de países que la integran. De hecho,
de los 193 Estados que la integran, salvo Israel y Estados Unidos, y
cuatro abstenciones, en 2019, 187 países votaron contra su embargo
económico, comercial y financiero.

Tras
la Revolución cubana, la historia cambió de rumbo. Los movimientos
populares de todo el mundo miraron hacia el Caribe. Fue la última
revolución nacionalista. La lucha antiimperialista, de liberación
nacional, se alzaba victoriosa reivindicando a la vez la guerra justa
contra la tiranía. Un ejército rebelde había derrotado a una de
las dictaduras más corruptas y represivas del continente, encabezada
por Fulgencio Batista. Pero al mismo tiempo se constituyó en la
primera revolución socialista triunfante en el continente. La lucha
por la democracia, la independencia económica, los derechos reales
de autodeterminación, la reivindicación anticolonialista, se
plasmaron en la I y II Declaración de La Habana, ambas fueron
respuestas a las primeras acciones desestabilizadoras iniciadas por
el imperialismo estadunidense y los países de la Organización de
Estados Americanos (OEA). Dichos documentos, junto con la autodefensa
de Fidel Castro, La historia me absolverá, tras ser detenido por el
asalto al cuartel Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio
de 1953, son los documentos más reveladores del pensamiento
emancipador donde se refleja el sentido y proyección
internacionalista de la Revolución cubana. ¿Qué es la historia de
Cuba si no la historia de América Latina? ¿Y qué es la historia de
América Latina si no la historia de Asia, África y Oceanía? ¿Y
qué es la historia de todos estos pueblos si no la historia de las
más despiadada y cruel del imperialismo en el mundo entero?

Así,
la consigna Patria o Muerte condensa todos los principios que hacen
de Cuba un referente obligado en las luchas democráticas,
antiimperialistas, contra la explotación de la naturaleza, en
defensa de la humanidad, la vida, donde el bien común, la justicia
social y la igualdad se funden con proyecto socialista. Nos referimos
a los principios éticos, de entrega, dignidad, compromiso, ejemplos solidarios e internacionalistas sin los cuales la vida no vale la pena
ser vivida. Hoy la Revolución no se detiene. Cuba no se rinde.






Fuente: Arrezafe.blogspot.com