February 21, 2021
De parte de Algrano Sembrando La Duda
146 puntos de vista


Las megainfraestructuras pretenden ser el globo de flotaci贸n de un capitalismo espa帽ol que se tambalea desde la 煤ltima d茅cada. Enfrentarse al desarrollo de estos grandes proyectos significa tambi茅n enfrentarse a este poder econ贸mico

El pasado martes 26 de enero el Ministerio para la Transici贸n Ecol贸gica realizaba una subasta de 3.000 megavatios de potencia para la instalaci贸n de nuevos proyectos de energ铆as renovables. Los grandes ganadores de la subasta fueron las empresas Capital Energy, X-Elio, Iberdrola, Naturgy, Elawan, Greenalia, Grupo Ignis, Acciona, Hanwha Energy, Engie, EDP Renovables y Endesa. Es previsible que la mayor parte de estos nuevos proyectos se lleven a cabo siguiendo el modelo de megainfraestructuras, con grandes inversiones econ贸micas detr谩s y actores empresariales de gran tama帽o dirigiendo la operaci贸n. Es previsible, por tanto, que muchos de estos proyectos sean rechazados por grupos ecologistas y plataformas de defensa del territorio.

Esta respuesta puede resultar chocante, incluso incomprensible para algunas personas 驴Acaso las ecologistas no est谩bamos a favor de las energ铆as renovables? 驴Es que ahora nos hemos vuelto majaras? 驴Le estamos haciendo el juego al lobby de los combustibles f贸siles? Los motivos que hay detr谩s de este enfrentamiento son varios; trataremos de hacer un repaso aportando seis elementos para el debate.

Biodiversidad, esa gran olvidada

Una parte importante de las advertencias sobre los impactos negativos de los parques e贸licos y fotovoltaicos de gran tama帽o tiene que ver con la biodiversidad. Cuando se realiza tal despliegue tecnol贸gico sobre zonas naturales una gran cantidad de especies puede ver amenazado su h谩bitat, o directamente sufrir cientos de muertes debido, por ejemplo, a las afiladas palas de un aerogenerador. Son principalmente diferentes especies de aves y de murci茅lagos las m谩s afectadas ya por este tipo de instalaciones. La escasa profesionalidad y la din谩mica fraudulenta con las que los promotores de los proyectos llevan a cabo los estudios previos de impacto hacen que la amenaza a la biodiversidad se agrave. De hecho, en muchos casos, los proyectos directamente se planean instalar en zonas especialmente protegidas por su gran importancia en la conservaci贸n de la biodiversidad, como es el caso de la Red Natura 2000.

Tomarse a la ligera el riesgo de efectos irreversibles sobre la biodiversidad significa no tomarse en serio la crisis ecol贸gica

En algunos casos, esta cuesti贸n podr铆a ser tomada como un 鈥渕al menor鈥 si queremos llevar a cabo una transici贸n energ茅tica que nos saque de la dependencia de los combustibles f贸siles. Pero esta visi贸n minusvalora la importancia fundamental que tiene la biodiversidad en el complejo equilibrio de los ecosistemas. Tomarse a la ligera el riesgo de efectos irreversibles sobre la biodiversidad significa no tomarse en serio la crisis ecol贸gica en la que nos encontramos.

Empleo y despoblaci贸n

Buena parte de estos proyectos se envuelven de una gran ret贸rica de creaci贸n de empleos, as铆 como de remedio frente a la despoblaci贸n. Y se enfundan en ella porque buena parte de estos proyectos se realizan en lo que se ha venido a llamar la 鈥淓spa帽a vaciada鈥. Esto no ocurre porque en estas regiones haya mucho m谩s sol o viento, sino porque les resulta mucho m谩s sencillo llevar a cabo la apropiaci贸n de enormes extensiones de tierras y montes sin mostrar ning煤n respeto hacia el territorio ni hacia sus gentes. Total, si protestan, son pocas.

Sin embargo, esta ret贸rica no es m谩s que eso, ret贸rica. El modelo de mega-parques renovables apenas genera empleo de calidad a largo plazo. Se crean puestos de trabajo en la construcci贸n de los parques, claro; pero, una vez est谩n terminados, estos puestos desaparecen. Seg煤n las propias asociaciones del sector, la diferencia entre instalar la misma potencia de energ铆as renovables mediante parques fotovoltaicos de cinco megavatios, en lugar de mediante megaparques de 100 megavatios, supondr铆a la creaci贸n de diez veces m谩s empleos fijos en tareas de operaci贸n y mantenimiento durante 30 a帽os. Por tanto, vemos c贸mo este modelo ni crea empleo de calidad ni ayuda a fijar poblaci贸n. Es m谩s, resulta especialmente sangrante ver c贸mo un gran n煤mero de estos proyectos se llevan a cabo en los territorios que ya soportaron en d茅cadas pasadas la devastaci贸n de la miner铆a, la inundaci贸n de los embalses y la emigraci贸n forzosa que implic贸 la transformaci贸n agraria. Si la transici贸n energ茅tica que necesitamos se lleva a cabo de esta forma, lograr谩 terminar de echar a las pocas habitantes que quedan.

Suelo f茅rtil

Hay una cuesti贸n que resulta especialmente parad贸jica en el despliegue de estos proyectos, se trata de la ocupaci贸n de cientos y miles de hect谩reas de suelo f茅rtil. En gran parte, se trata de una especie de doble movimiento de insostenibilidad absoluta. El primero se realiz贸 con la transformaci贸n agraria que industrializ贸 el campo, sustituy贸 la labor de miles de campesinos y campesinas por el uso de maquinaria agr铆cola e introdujo el uso masivo de fertilizantes y regad铆os. A esto se le suma el secuestro del sector por grandes grupos empresariales, de forma que las condiciones econ贸micas de las trabajadoras del campo se ven cada vez m谩s empeoradas. Para las jornaleras y jornaleros, desde luego, pero tambi茅n para los propietarios de peque帽as y medianas explotaciones agr铆colas. Es aqu铆 donde viene el segundo movimiento: cuando un se帽or de traje se pasea por estos pueblos para ofrecer una cuant铆a que suele estar en torno a los 1.000 euros al a帽o por hect谩rea. Con el sector agr铆cola en la situaci贸n actual, es l贸gico que muchas de las personas a las que se lo ofrecen lo acepten. Lo que viene a continuaci贸n es la construcci贸n del proyecto fotovoltaico, donde se suelen usar herbicidas para evitar el crecimiento de vegetaci贸n.

Lo parad贸jico de este doble movimiento es que nos empuja con fuerza hacia el pozo de la crisis ecol贸gica pretendiendo salvarnos de ella. El sector agroalimentario se encuentra gravemente amenazado por diferentes frentes. La dependencia del sector con respecto al petr贸leo y los fertilizantes qu铆micos va a tener severas consecuencias cuando se empiece a notar la escasez de ambos recursos. Asimismo, a medida que avance el cambio clim谩tico, el rendimiento de las cosechas se va a ver disminuido y la disponibilidad de agua tambi茅n descender谩. No parece nada razonable, entonces, ocupar cientos de hect谩reas de suelo f茅rtil y funcional en estos proyectos. El dinero no se come, los kilovatios tampoco. Quiz谩s, cuando nos demos cuenta de ello, nos encontraremos un suelo est茅ril, ya que esa ramita tapaba el sol.

Modelos excluyentes

Cuando las ecologistas nos oponemos a los megaparques para defender instalaciones de peque帽o tama帽o distribuidas, apegadas al territorio y que acerquen la producci贸n al consumo, se nos puede responder que nadie nos impide crear cooperativas o agrupaciones de peque帽os productores que lleven a cabo este otro modelo. Sin embargo, hay tres razones por las que vemos c贸mo el modelo de megainfraestructuras renovables impide el desarrollo de un modelo alternativo.

En primer lugar, el modelo 鈥渕ega鈥 lo que hace es acaparar inversiones. Al ofrecer una mayor rentabilidad a la hora de lograr financiaci贸n para llevar a cabo los proyectos, se impone a los de menor tama帽o. En segundo lugar, porque la electricidad generada necesita ser transportada, y para ello se necesitan puntos de conexi贸n a red. Cuando en un territorio se instalan numerosos parques de energ铆as renovables de gran tama帽o, estos acaparan los puntos de conexi贸n. Por esta saturaci贸n, se deniegan permisos de conexi贸n a otros proyectos de menor tama帽o. En tercer lugar, el mecanismo que regula las subastas del r茅gimen econ贸mico de las energ铆as renovables deja fuera a las comunidades energ茅ticas y proyectos peque帽os. La regulaci贸n actual implica que, si los peque帽os proyectos quieren acceder a este r茅gimen econ贸mico, que permite vender la electricidad a un precio determinado en lugar de depender de la volatilidad del mercado, tengan que competir con las grandes el茅ctricas. Obviamente, estas grandes empresas son capaces de presentar ofertas a precios mucho m谩s bajos, por lo que los peque帽os proyectos nunca logran entrar en la subasta. De esta forma, la propia regulaci贸n del sector prioriza el modelo 鈥渕ega鈥 y excluye el desarrollo de un modelo de generaci贸n distribuida que garantice el equilibrio territorial.

Tomarse en serio el decrecimiento

Como ya hemos indicado, la crisis ecol贸gica no se limita 煤nicamente al cambio clim谩tico y las emisiones de di贸xido de carbono. Nos encontramos tambi茅n ante una brutal devastaci贸n ecol贸gica y el agotamiento de recursos naturales. Por tanto, lo que toca para las pr贸ximas d茅cadas es decrecer, es disminuir nuestro impacto, nuestro consumo y nuestra actividad productiva. Y esto no es una opini贸n ni una tendencia ideol贸gica, esto es un hecho biof铆sico. En t茅rminos energ茅ticos, el decrecimiento pasa, obviamente, por consumir mucha (隆pero mucha, eh!) menos energ铆a de lo que hacemos actualmente. Las energ铆as renovables son fundamentales para ello, pero la respuesta en ning煤n caso puede ser electrificar el 77% de los consumos energ茅ticos que actualmente se alimentan con combustibles f贸siles. Una transici贸n energ茅tica basada en un modelo centralizado de renovables parece querer ignorar este hecho, y nos mete en un l铆o del que puede ser dif铆cil salir m谩s adelante.

Hay varios motivos para afirmar esto. En primer lugar, por la imposibilidad de una electrificaci贸n del 100% de nuestro consumo actual. En segundo lugar, por los l铆mites en los recursos minerales de los que dependen estas tecnolog铆as. Lo renovable es 煤nicamente el sol y el viento, la m谩quina est谩 formada por materiales que no son renovables y corren el riesgo de agotarse. En tercer lugar, por los grand铆simos impactos que tiene el extractivismo depredador sobre las tierras y los pueblos que tienen estos recursos bajo sus suelos. Y, en cuarto y 煤ltimo lugar, por la gran debilidad sist茅mica que supondr铆a un modelo energ茅tico basado en l铆neas de alta tensi贸n que conectan grandes centrales de generaci贸n con los lugares de consumo. Las d茅cadas que vienen estar谩n marcadas por una gran inestabilidad y eventos disruptivos. La transici贸n energ茅tica que necesitamos pasa por pensar en la resiliencia de nuestro sistema energ茅tico ante este futuro y, para eso, es imprescindible bajar la escala y apegarlo al territorio. Lo que necesitamos se parece mucho m谩s a un modelo de peque帽as instalaciones distribuidas y conectadas con l铆neas de baja y media tensi贸n; un modelo que permita operar las redes de distribuci贸n de una regi贸n conectadas a la red de transporte estatal, pero que tambi茅n permita que funcionen de forma aislada.

No alimentemos al monstruo

El 煤ltimo elemento que hay que plantear en este debate pasa por los actores pol铆ticos y econ贸micos involucrados. No es ninguna novedad afirmar que el sistema energ茅tico del Estado espa帽ol est谩 dominado por el oligopolio de un pu帽ado de empresas. Son esas mismas empresas, o sus filiales y empresas pantalla, quienes se lanzan a por las subastas de potencia renovable y llevan a cabo los megaparques.

Debemos defender un modelo de transici贸n energ茅tica basado en la generaci贸n renovable distribuida, las comunidades energ茅ticas y el autoconsumo

La raz贸n que impulsa a estas empresas a encabezar esta falsa transici贸n energ茅tica es reflotar sus cuadernos de cuentas con un sector que les ofrece una buena rentabilidad. En t茅rminos generales, el despliegue de infraestructuras de energ铆a renovables pretende ser el globo de flotaci贸n de un d茅bil capitalismo espa帽ol que se tambalea desde la 煤ltima d茅cada. De este modo, enfrentarse al desarrollo de estos grandes proyectos significa tambi茅n enfrentarse a este poder econ贸mico. Si permitimos que estas empresas adquieran todav铆a m谩s poder del que tienen actualmente mediante la construcci贸n y operaci贸n de estos proyectos, las batallas que vamos a tener que dar en el futuro se volver谩n todav铆a m谩s desiguales. Que a nadie le quepa la menor duda de que, si de ellas depende, la electricidad ser谩 renovable, pero los cortes de luz a familias que no puedan pagar seguir谩n ocurriendo.

Todos estos motivos nos llevan a plantear como una cuesti贸n estrat茅gica el debate sobre enfrentarse a grandes proyectos de energ铆as renovables, que se llevan a cabo devastando el territorio y empeorando las condiciones de las gentes que lo habitan. Frente a ello, debemos defender un modelo de transici贸n energ茅tica basado en la generaci贸n renovable distribuida, las comunidades energ茅ticas y el autoconsumo. Un modelo basado en la propiedad p煤blico-comunitaria, que parta de lo local y construya soberan铆as. La lucha por una transici贸n ecol贸gica real para la mayor铆a social pasa por un conflicto frontal entre las clases populares y las 茅lites econ贸micas. En este sentido, debemos mantenernos firmes en la defensa de nuestros territorios frente a estos proyectos de extractivismo energ茅tico. Porque su modelo nos hunde todav铆a m谩s en la crisis ecol贸gica. Porque en el proceso de lucha seremos capaces de fortalecernos hasta poder llevar a cabo nuestro modelo de transici贸n, aquel que respeta a los territorios y sus gentes.


Autor: Mart铆n Lallana

Fuente: ctxt.es

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