October 8, 2021
De parte de La Haine
207 puntos de vista


Texo escrito por el revolucionario, comunista y destacado intelectual cubano Roberto Fern谩ndez Retamar, a prop贸sito del 40掳 aniversario del discurso de Fidel en 1961, Palabras a los Intelectuales (https://lahaine.org/aB3g). Le铆do en la Biblioteca Nacional Jos茅 Mart铆, La Habana, el 30 de junio de 2001. Publicado en La Gaceta de Cuba, no. 4, julio-agosto, 2001, pp. 47-53.

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La invitaci贸n del compa帽ero Abel [Prieto, Ministro de Culturta] para leer hoy estas l铆neas, al mismo tiempo me ha honrado y perturbado, y supongo que ambas cosas se entienden con facilidad. Lo menos que puedo decir es que, aunque me enorgullece la solicitud, no me resulta f谩cil hablar aqu铆 cuarenta a帽os despu茅s de haberlo hecho el compa帽ero Fidel, cuando, luego de tres d铆as de reuniones entre miembros del Gobierno Revolucionario y un grupo de escritores y artistas, 茅l pronunci贸 el fundamental discurso suyo que ser铆a publicado con el t铆tulo Palabras a los Intelectuales: si bien, como sabemos, dichas Palabras no se refer铆an a los intelectuales en su conjunto (de cuya naturaleza y diversidad nos ense帽ar铆a tanto Antonio Gramsci), sino a esa zona de los intelectuales formada por escritores y artistas. Reiteradamente Fidel habla en su discurso “de los artistas y de los escritores”, o de “los artistas y los escritores cubanos”, a帽adiendo m谩s adelante un distingo entre “todos los escritores y artistas revolucionarios, o […] todos los escritores y artistas que comprenden y justifican a la Revoluci贸n”, y “los escritores y artistas que sin ser contrarrevolucionarios no se sienten tampoco revolucionarios”.

Y si alguna vez menciona a “un artista o intelectual”, o a “un artista o intelectual mercenario, […] un artista o intelectual deshonesto”, no parece que en estos casos se trate de sin贸nimos: la disyuntiva apunta m谩s bien al se帽alamiento de quienes desempe帽an tareas afines, pero no id茅nticas. Y refiri茅ndose a s铆 mismo, dir谩 con modestia: “nosotros, que hemos tenido una participaci贸n importante en esos acontecimientos [los propios de la gesti贸n revolucionaria], no nos creemos te贸ricos de las revoluciones ni intelectuales de las revoluciones.” Sin embargo, para Gramsci los dirigentes pol铆ticos son tambi茅n sin duda intelectuales, por supuesto de un tipo particular, criterio que comparto, como tantos otros del gran revolucionario italiano.

Una de las primeras cosas que se me ocurrieron al comenzar a esbozar estas l铆neas fue que en aquellas tres reuniones de junio de 1961, memorables para los que tuvimos el privilegio de participar en ellas, no hubiera podido estar presente nuestro ministro de Cultura, pues (quiz谩 por desdicha) no hab铆a all铆 ni帽os ni ni帽as de diez u once a帽os, que es la edad que a la saz贸n ten铆a Abel. Otro tanto puede decirse de quienes tambi茅n nacieron, como 茅l, en el nutrido 1950. Por ejemplo, el presidente de la UNEAC, Carlos Mart铆; el de la Asociaci贸n de Escritores, Francisco L贸pez Sacha; el de la de Artistas Pl谩sticos, Jos茅 Villa, sin el cual John Lennon no tendr铆a su estatua meditabunda en un visitado parque de El Vedado; el del ICAIC, Omar Gonz谩lez; mi compa帽ero de aventuras en la revista Casa de las Am茅ricas, Luis Toledo Sande; otros artistas y escritores de la jerarqu铆a de Roberto Fabelo y Senel Paz.

A帽谩dase que en las cuatro d茅cadas y pico que median entre las v铆speras de los 40 y los comienzos de los 80 del pasado siglo naci贸 la gran mayor铆a de quienes son hoy escritores y artistas cubanos (incluyendo desde luego a los actuales miembros de la Asociaci贸n Hermanos Sa铆z), y a ellos, a causa de su edad, no les fue dable ir a las reuniones de junio de 1961. Con raras excepciones, como la de quien acaso fue el m谩s joven de los asistentes, Miguel Barnet, quien no obstante tendr铆a que esperar a煤n dos a帽os para publicar su poemario inicial. Digamos, para no fatigar con nombres, desde gentes como Eduardo Heras Le贸n, Nancy Morej贸n o Silvio Rodr铆guez, hasta gentes como Kcho, Elsa Mora o Rolando Sarabia. No pocos y pocas (como me consta directamente en un caso que ustedes adivinar谩n, pues su madre y yo la dej谩bamos en su cuna para venir a las reuniones) ten铆an apenas unos meses entonces, y muchas y muchos nacer铆an despu茅s. No en balde nos separan ocho lustros del acontecimiento que hemos venido a conmemorar. Y como no tiene demasiado sentido que me dirija a los sobrevivientes, ya m谩s bien escasos, de quienes estuvimos en la Biblioteca Nacional aquel junio de 1961 y hemos formado nuestro criterio, hablar茅 sobre todo para los m谩s, aquellos que saben de los acontecimientos por versiones, a menudo harto diversas, que les han llegado.

El discurso de clausura de Fidel ha sido le铆do con frecuencia, y sin duda seguir谩 si茅ndolo. Tambi茅n ha sido objeto de numerosos comentarios, de algunos de los cuales me valdr茅. E incluso se lo ha citado sin hab茅rselo le铆do, o alterando sus l铆neas, o desgaj谩ndolas del conjunto, con las intenciones por lo general aviesas que se supondr谩. Para apreciarlo debidamente, no s贸lo es imprescindible remitirse a 茅l con fidelidad, sino que es 煤til recordar los contextos en que se produjo: contextos que no son siempre c铆rculos conc茅ntricos, y a menudo se mezclan entre s铆.

En primer lugar, el discurso fue precedido por un n煤mero grande de intervenciones de escritores y artistas. Tales intervenciones, improvisadas como lo ser铆a el discurso de Fidel, no se han publicado a煤n (ni siquiera s茅 si existen grabaciones o transcripciones suyas), y los asistentes que quedamos conservamos recuerdos cada vez m谩s desva铆dos de ellas, sin excluir las propias: al menos, esa es mi experiencia. Sin embargo, Fidel las comenta a cada rato en sus Palabras, que probablemente ganar铆an de conocerse con precisi贸n a qui茅nes o a qu茅 se refieren en cada caso. Al evocar treinta a帽os despu茅s tales experiencias, Graziella Pogolotti dijo con vivacidad:

Hoy, sentada aqu铆, de este lado, no puedo dejar de recordar aquellos d铆as intensos, en que pas谩bamos juntos las horas, en este mismo local, en un agitado y controversia! desorden, donde se dijeron cosas profundas, cosas brillantes, cosas que no lo eran tanto, como ocurre siempre cuando muchos hablan. Recuerdo que entr谩bamos y sal铆amos, que convers谩bamos por los pasillos, que nos ve铆amos all谩 abajo, en el s贸tano y en la cafeter铆a, donde prosegu铆an el di谩logo y el debate.

En segundo lugar, lo que en lo inmediato provoc贸 aquellas reuniones fue el hecho, sobredimensionado, de haberse impedido la exhibici贸n de un documental. Yo no me encontraba entonces en el pa铆s, sino en la hoy inexistente Rep煤blica Democr谩tica Alemana, adonde hab铆a ido para asistir a un congreso de escritores. Era la primera vez que visitaba un pa铆s llamado socialista de Europa, y ello despertar铆a en m铆 inquietudes en las que no voy a detenerme ahora. Me limito a decir que durante mi ausencia se celebr贸 en la Casa de las Am茅ricas una reuni贸n de escritores y artistas para abordar la cuesti贸n del documental. Tal reuni贸n, que s贸lo conozco de o铆das, result贸 un preludio de las que ocurrir铆an alg煤n tiempo despu茅s en la Biblioteca Nacional, esta vez con la presencia tambi茅n, ya aludida, de miembros del Gobierno Revolucionario. Pero estas 煤ltimas reuniones iban a tener lugar de todas maneras, tarde o temprano. Era algo previsible, y Fidel lo aclar贸 sin ambages al decir: “esta discusi贸n [la de junio de 1961] –que quiz谩s el incidente a que se ha hecho referencia aqu铆 reiteradamente contribuy贸 a acelerar–, ya estaba en la mente del Gobierno”.

Abultar aquel incidente, como a menudo se ha hecho casi siempre con mala sangre, no es apropiado. Pero tampoco lo es pretender esfumarlo. Lo justo es hacer menci贸n de 茅l, y tratar de darle una explicaci贸n. Contamos en este sentido con un testimonio excepcional: el de uno de los protagonistas de la vida cultural en la Cuba revolucionaria, Alfredo Guevara, presidente del ICAIC al ocurrir dicho incidente, quien ha asumido su responsabilidad, y aportado sus razones, en entrevista publicada en La Gaceta de Cuba en diciembre de 1992. En aquella ocasi贸n, el entrevistador le plante贸:

En un clima de intensos debates ideol贸gicos, la realizaci贸n del documental PM en 1961 desat贸 una pol茅mica que desemboc贸 en su prohibici贸n por parte de la Comisi贸n de Estudio y Clasificaci贸n de Pel铆culas, consider谩ndola “nociva a los intereses del pueblo y su revoluci贸n”. A la distancia de 30 a帽os, 驴cu谩l es su punto de vista sobre aquella decisi贸n?

Aunque la respuesta de Alfredo fue muy extensa, y por descontado pol茅mica, es 煤til recordarla en su totalidad. Hela aqu铆:

De aquel instante quedan la noticia lejana y confusa, las interpretaciones diversas, lo que han dicho algunos protagonistas, y nuestro silencio. PM no es PM. PM es Lunes de Revoluci贸n, es Carlos Franqui, es una 茅poca convulsa y de extremas contradicciones en que participaban m煤ltiples fuerzas.

No creo que PM merec铆a tanto revuelo, y la reacci贸n del naciente ICAIC fue muy matizada. De acuerdo con el texto de su pregunta quedamos reducidos a una simple, calculada y tambi茅n graduada prohibici贸n. Pero convendr铆a recordar que en esos d铆as se esperaba ya el ataque armado y que por todas partes se emplazaban ametralladoras y antia茅reas. Que el pueblo todo se movilizaba para repeler la agresi贸n y que el esp铆ritu guerrillero y de combate estaba en su m谩s alto grado de exaltaci贸n. No soy ajeno al mundo que recoge PM. Tit贸n, Guillermo Cabrera Infante y yo, con Olga Andreu y alguna que otra vez con Billo Olivares, estuvimos en El Chori, un cabaretucho de la playa que impregna con su experiencia el hilo conductor del documental; los bajos fondos, la embriaguez (y la mariguana), la m煤sica quejumbrosa que acompa帽a al alcohol y el abandono de s铆 mismo.

Pero la revoluci贸n abri贸 un abismo en aquel grupo de amigos; unos quedaron indiferentes ante la conmoci贸n transformadora que se desencadenaba, para ellos no pasaba de ser un trastorno bananero que perturbaba sus vidas; para otros era la culminaci贸n potencial de la independencia nacional. Reduces el tema a PM. Tengo las de perder ante el audaz periodista. Prohibir es prohibir; y prohibimos. No entrar茅 en los detalles pero s铆 dir茅 que el film qued贸 en manos de sus autores, y que cuando salieron pudieron llev谩rselo. Lo que no est谩bamos dispuestos, y era un derecho, era a ser c贸mplices de su exhibici贸n en medio de la movilizaci贸n revolucionaria. A ellos parece que les sucede lo que a nosotros con El M茅gano, prefieren cultivar el mito y dejar la obra en la oscuridad. Fue el ICAIC quien la present贸 recientemente en el Centro Georges Pompidou, en Par铆s, en un panorama “casi” exhaustivo del cine producido en Cuba.

Si ahora, en las condiciones actuales, me tocara aprobar o prohibir PM, simplemente dejar铆a que siguiera su curso porque aunque las circunstancias no nos son favorables, no vivimos un instante de tensi贸n y exaltaci贸n; y tampoco yo lo vivo de aquella manera. Pero si combatiente revolucionario volvi茅ramos –y eso ya sabes que no es posible– treinta a帽os atr谩s, no vacilar铆a seguramente en enfrentarme a los que comenzaron a usar todos los medios de comunicaci贸n para servir a su objetivo, el de Franqui en la 茅poca: impedir el socialismo. Acaso PM no ser铆a la chispa, pero una chispa habr铆a; y treinta a帽os despu茅s alguien, ahora, preguntar铆a no qu茅 estaba sucediendo contextualmente en el pa铆s, sino [si] la chispa era o no apagable con este u otro m茅todo.

Aquel grupo, persecutor de Alejo Carpentier y Alicia Alonso, de Lezama Lima y de todo el Grupo Or铆genes, no sali贸 triunfador. Por eso es catalogado factualmente como “la v铆ctima”, pero no estamos, amigo entrevistador, revisando una historia de 谩ngeles. S茅 que estas palabras pueden ser sospechosas de pasi贸n. Pero en estos d铆as me divierto leyendo el Herald de Miami. En sus p谩ginas el periodista ya de aquellos tiempos Agust铆n Tamargo, y tras 茅l otros exiliados nada revolucionarios, recuerdan a Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante su historia de persecutores intolerantes; y no callan casi nada. Le har茅 llegar copia de esta pol茅mica. Tal vez le resulte m谩s cre铆ble que mis palabras. Y lo digo porque las suyas reflejan cuando menos poca informaci贸n. Las inquisiciones son muchas. Pero s贸lo quedan como tales las que producen v铆ctimas. De aquellos victimados s谩lveme Dios.

El peri贸dico Revoluci贸n, dirigido por Carlos Franqui, era 贸rgano del Movimiento 26 Julio; y Lunes de Revoluci贸n, dirigido por Guillermo Cabrera Infante, su suplemento cultural. En consecuencia, no pod铆an aparecer como m谩s oficiales. Con posterioridad a las reuniones de 1961, tanto Franqui como Cabrera Infante, consecuentes con la conducta denunciada, abandonaron el pa铆s y se desenmascararon como contrarrevolucionarios viscerales. Pero, si bien no es este el momento de dilucidar la cuesti贸n, hay que decir que, a pesar de oportunismos pol铆ticos y mezquindades de varia 铆ndole, no todo lo publicado en el peri贸dico ni en su suplemento era desde帽able. Sin duda hubo valores positivos en uno y otro que el tiempo, ese autor por excelencia de antolog铆as de que habl贸 Borges, se est谩 encargando de poner en su sitio. Parte de la propia obra literaria de Cabrera Infante tiene m茅ritos, aunque 茅l sea un resentido calumniador de oficio y beneficio. En todo caso, importa subrayar que las reuniones de junio de 1961 y el discurso de Fidel, cuyo cuadrag茅simo aniversario celebramos, estuvieron lejos de agotarse en la querella en torno a PM: querella ciertamente de ra铆z pol铆tica, como ha explicado Alfredo.

Y pol铆tico, en el m谩s amplio sentido de este t茅rmino, fue el contexto mayor en que estuvieron situados aquellos acontecimientos. Pues ese contexto era la Revoluci贸n Cubana que hab铆a llegado al poder, tras combates heroicos, en enero de 1959. Quiz谩 hoy para muchos sea dif铆cil comprender en plenitud el clima de esperanza, fervor y lucha que entonces se viv铆a, aunque es bien conocido el conjunto de hechos hist贸ricos desencadenados a ra铆z de aquella fecha. Baste recordar que en abril de 1961 hab铆a sido derrotada en sesenta y seis horas la invasi贸n enviada por el imperialismo estadunidense; y que la v铆spera de iniciarse dicha invasi贸n Fidel hab铆a proclamado el car谩cter socialista asumido por nuestra Revoluci贸n. Adem谩s, ese a帽o 1961 se estaba llevando a cabo la extraordinaria campa帽a que erradicar铆a el analfabetismo de nuestro pa铆s, e iba a constituir una realizaci贸n cultural de primera magnitud.

Sin embargo, para numerosos escritores y artistas de izquierda, no s贸lo en Cuba sino en todo el mundo, un fantasma lo recorr铆a: el de esa monstruosa deformaci贸n encarnada en el realismo socialista, que causara incalculables da帽os en pa铆ses que se dec铆an socialistas y a煤n m谩s all谩 de ellos. No me gusta patear a un mulo muerto, ni dejo de reconocer virtudes en el pa铆s nacido de la gran Revoluci贸n de Octubre de 1917, ni de agradecer la ayuda material que prest贸 a nuestra Revoluci贸n sobre todo en sus dif铆ciles momentos iniciales. El haber contribuido decisivamente a la derrota del nazifascismo, menos de veinte a帽os antes de 1961, fue sin duda una de las virtudes mayores de la Uni贸n Sovi茅tica. Pero los graves errores pol铆ticos, las arbitrariedades y las deformaciones intelectuales que acabar铆an por dar al traste con aquel grandioso experimento ofrec铆an a los escritores y artistas un rostro particularmente cercano en el realismo socialista, del que se ha dicho que ten铆a, entre otros, dos defectos ostensibles: no ser realista y no ser socialista.

Su fantasma es el que explica la reacci贸n de tantos ante el fen贸meno sin duda menor de PM. Declarada socialista nuestra Revoluci贸n, lo que no pod铆a sino llenar de j煤bilo a cuantos desde la m谩s temprana edad nos consider谩bamos socialistas, as铆 fuera por la libre, no parec铆an enteramente desencaminadas ciertas inquietudes ante el hecho de que la m谩s joven de las revoluciones de ese car谩cter en el planeta pudiera incurrir en errores similares a los que hab铆an da帽ado, en este campo, a los otros pa铆ses que se dec铆an tales, siguiendo el mal ejemplo sovi茅tico.

Resulta m谩s que comprensible la reacci贸n de Fidel ante preocupaciones expresadas por varios de los asistentes a las reuniones. Como figura principal de una revoluci贸n que hab铆a mostrado una y otra vez su originalidad, su independencia, su autocton铆a, la sorpresa de Fidel ante dichas preocupaciones era bien explicable. Pero al menos algunas de ellas no dejaban de tener raz贸n de existir, desde una perspectiva que tomara en cuenta numerosas experiencias de otros pa铆ses. Cuatro a帽os despu茅s de 1961, en El socialismo y el hombre en Cuba, el Che iba a escribir:

Se busca entonces la simplificaci贸n, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios. Se anula la aut茅ntica investigaci贸n art铆stica y se reduce el problema de la cultura general a una apropiaci贸n del presente socialista y del pasado muerto (por tanto, no peligroso). As铆 nace el realismo socialista sobre las bases del arte del siglo pasado. Pero el arte realista del siglo xix tambi茅n es de clase, m谩s puramente capitalista, quiz谩s, que este arte decadente del siglo xx, donde se transparenta la angustia del hombre enajenado. El capitalismo en cultura ha dado todo de s铆 y no queda de 茅l sino el anuncio de un cad谩ver maloliente; en arte, su decadencia de hoy. Pero 驴por qu茅 pretenderbuscar en las formas congeladas del realismo socialista la 煤nica receta v谩lida? No se puede oponer al realismo socialista “la libertad”, porque esta no existe todav铆a, ni existir谩 hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva; pero no se pretenda condenar a todas las formas de arte posteriores a la primera mitad del siglo XIX desde el trono pontificio del realismo a ultranza, pues se caer铆a en un error proudhoniano de retorno al pasado, poni茅ndole camisa de fuerza a la expresi贸n art铆stica del hombre que nace y se construye hoy.

En sus Palabras de 1961 Fidel afront贸 la cuesti贸n candente que ya le hab铆an planteado (dijo) visitantes como Jean Paul Sartre y C. Wright Mills, al decir: “El problema que aqu铆 se ha estado discutiendo y vamos a abordar, es el problema de la libertad de los escritores y artistas para expresarse.” Y m谩s adelante:

Se habl贸 aqu铆 de la libertad formal. Todo el mundo estuvo de acuerdo en que se respete la libertad formal. Creo que no hay duda acerca de este problema. La cuesti贸n se hace m谩s sutil y se convierte verdaderamente en el punto esencial de la discusi贸n cuando se trata de la libertad de contenido. Es el punto m谩s sutil porque es el que est谩 expuesto a las m谩s diversas interpretaciones. El punto m谩s pol茅mico de esta cuesti贸n es si debe haber o no una absoluta libertad de contenido en la expresi贸n art铆stica. […] Perm铆tanme decirles en primer lugar que la Revoluci贸n defiende la libertad; que la Revoluci贸n ha tra铆do al pa铆s una suma muy grande de libertades; que la Revoluci贸n no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupaci贸n de alguno es que la Revoluci贸n vaya a asfixiar su esp铆ritu creador, […] esa preocupaci贸n es innecesaria, […] esa preocupaci贸n no tiene raz贸n de ser.

Como carece de sentido, no obstante la tentaci贸n grande de hacerlo, que contin煤e citando textualmente de aquellas Palabras, me limitar茅 a las l铆neas que en cierto modo resumen lo esencial del texto:

dentro de la Revoluci贸n, todo; contra la Revoluci贸n, nada. Contra la Revoluci贸n nada, porque la Revoluci贸n tiene tambi茅n sus derechos y el primer derecho de la Revoluci贸n es el derecho a existir, y frente al derecho de la Revoluci贸n de ser y de existir, nadie, por cuanto la Revoluci贸n comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revoluci贸n significa los intereses de la naci贸n entera, nadie puede alegar con raz贸n un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro. 驴Cu谩les son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revoluci贸n, todo; contra la Revoluci贸n, ning煤n derecho.

Naturalmente que estos juicios, como casi cualesquiera otros, son susceptibles de m谩s de una interpretaci贸n, y as铆 ha ocurrido en este caso. Me cuento entre aquellos para quienes “dentro de la Revoluci贸n”, lejos de ser un llamado a la obsecuencia, incluye la cr铆tica, desde perspectivas revolucionarias, de los que se estimen conflictos o errores en que hemos incurrido. Es algo que ejemplifican filmes de nuestro admirable cineasta de ficci贸n Tom谩s Guti茅rrez Alea como Memorias del subdesarrollo, La muerte de un bur贸crata o Fresa y chocolate. Por cierto, no est谩 de m谩s recordar que este artista rebelde secund贸 en su intervenci贸n de junio de 1961 la medida tomada por el ICAIC en cuanto a PM.

Una de las primeras consecuencias de las reuniones de junio de 1961 y del discurso de Fidel fue el cese de la publicaci贸n de Lunes de Revoluci贸n y la convocatoria a un amplio y movido congreso que se celebr贸 en agosto de ese a帽o, y de donde nacer铆a la Uni贸n de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). A su frente se encontr贸 desde el primer momento Nicol谩s Guill茅n, junto a un Secretariado de escritores y artistas cuyo promedio de edad era bajo. Entre sus integrantes, Lisandro Otero y Jos茅 A. Baraga帽o ten铆an veintinueve a帽os; yo, treinta y uno. Las Palabras a los Intelectuales iban a ser la l铆nea rectora de la flamante instituci贸n, es decir, el sentido de unidad, la amplitud de criterios est茅ticos, el rechazo a todo dogmatismo o sectarismo, el car谩cter multigeneracional. Pronto empez贸 a dar forma a sus publicaciones peri贸dicas, que ver铆an la luz al a帽o siguiente: La Gaceta de Cuba y la revista Uni贸n. En ambas desempe帽ar铆a papel capital Guill茅n, acompa帽ado en La Gaceta sobre todo por Lisandro; y en Uni贸n por Alejo Carpentier y por m铆, a quienes se unir铆a Jos茅 Rodr铆guez Feo.

A fin de abreviar estas l铆neas (pues los cuarenta a帽os de la UNEAC merecen trabajo aparte), transcribir茅, como mero ejemplo, en su orden de aparici贸n, la lista de autores que colaboraron en el primer n煤mero de Uni贸n: Carpentier, Navarro Luna, Labrador Ruiz, Lezama Lima, Pi帽era, Fayad, Nivaria Tejera, Marinello, Mart铆nez Estrada, Augier, Ard茅vol, Portocarrero, Feijoo, Baraga帽o, D铆az Mart铆nez, Lisandro, Rodr铆guez Feo, Rine, Lol贸 de la Torriente, Graziella. Tambi茅n hab铆a unos versos m铆os. Y como “Documento”, la “Segunda Declaraci贸n de La Habana”.

Fechada en Par铆s el 21 de septiembre de 1967 (es decir, cuando a煤n no se vislumbraban la desaparici贸n del llamado campo socialista europeo y la implosi贸n de la Uni贸n Sovi茅tica), recib铆 una carta que era testimonio elocuente de la enorme trascendencia de aquel texto de Fidel. La carta era del firme comunista y amigo de los pa铆ses socialistas que fue Juan Marinello, quien me escribi贸 all铆: “He cre铆do siempre que el discurso del compa帽ero Fidel en 1961, dirigido a los intelectuales, tiene un relieve capital: nos salv贸 de caer en los feroces dirigentismos que ensombrecieron en otras latitudes la tarea creadora.” Si as铆 opinaba una criatura como Marinello, se comprende f谩cilmente lo que el discurso implic贸 para much铆simas otras personas, para el destino de la vida cultural de la Cuba revolucionaria.

Pero aquel mismo 1967 nuestra realidad hist贸rica comenz贸 a variar, y no para bien. En octubre de ese a帽o fue asesinado el Che, y con tal asesinato, que hizo posponer de nuevo hermosos y audaces proyectos de hacer avanzar la Revoluci贸n de nuestra Am茅rica, se clausuraron nuestros a帽os 60. Hechos posteriores, como el malhadado “caso Padilla”, el incumplimiento de la zafra de los diez millones, no obstante el esfuerzo realizado, o ciertas consecuencias del Congreso de Educaci贸n y Cultura de 1971, pusieron al pa铆s en situaci贸n dif铆cil: todo ello unido a un aislamiento recrudecido. El ingreso de Cuba en el CAME, en 1972, no contribuy贸 a mejorar las cosas. Nos hab铆amos sentido orgullosos de merecer la observaci贸n de Mari谩tegui seg煤n la cual el socialismo no pod铆a ser en Am茅rica calco y copia, sino creaci贸n heroica. Pero aunque no faltaron, como no lo han hecho nunca, creaciones heroicas de nuestro pueblo, asomaron su oreja el calco y la copia.

Aludiendo al ambiente cultural de la 茅poca, Ambrosio Fornet acu帽ar铆a m谩s tarde la expresi贸n “Quinquenio gris”. Es bizantino discutir sobre si fue s贸lo un quinquenio o si fue m谩s o menos gris. Lo cierto es que algunos peligros que se daban por conjurados amenazaron entonces con empobrecer nuestra vida cultural, si bien no se llegara nunca al ejercicio de uno de esos “feroces dirigentismos” a que aludi贸 Marinello. Pero se dio entrada a prejuicios absurdos, escritores y artistas valiosos fueron marginados, la mediocridad encontr贸 terreno abonado y se debilit贸 en parte el impulso creador. No temo evocar las dificultades o las equivocaciones de la Revoluci贸n, porque el proceso del aprendizaje, y hasta el del crecimiento, implican lo que se ha llamado ensayo y error. Y adem谩s, porque s贸lo el , ejercicio franco y valiente de la autocr铆tica (no el regodeo, que puede ser interesado, en las mataduras) nos permite volver a encontrar la ruta correcta.

Aludiendo a esta 茅poca ingrata, escribi贸 en 1991 Armando Hart, a quien se le hab铆a encomendado en 1976 crear y dirigir el Ministerio de Cultura:

Es cierto que ha habido reveses, algunos dolorosos y bastante amargos, pero ninguno de ellos estrat茅gico ni con el peso como para nublar la obra de la Revoluci贸n en la cultura. Hemos dicho, una y mil veces, que lo mejor, m谩s depurado y de m谩s alto nivel intelectual del pa铆s permaneci贸 fiel a Palabras a los Intelectuales y se mantiene al servicio de la Revoluci贸n Cubana.

Cinco a帽os m谩s tarde, en 1996, a帽adir铆a Hart:

Cuando se cre贸 el Ministerio de Cultura, en diciembre de 1976, entend铆 que se me hab铆a situado en esta responsabilidad para aplicar los principios enunciados por Fidel en Palabras a los Intelectuales y para desterrar radicalmente las debilidades y los errores que hab铆an surgido en la instrumentaci贸n de esa pol铆tica. Consider茅 que s贸lo era posible hacer m谩s efectiva mi gesti贸n promoviendo la identidad nacional cubana, que se hab铆a articulado en nuestro siglo con el pensamiento socialista. Apreci茅 que para este empe帽o era necesario emplear, en el campo sutil y delicado del arte y de la cultura, los estilos pol铆ticos de Mart铆 y Fidel.

Armando, un hist贸rico de la Revoluci贸n Cubana, tras realizar una encomiable tarea al frente del Ministerio, y hacer posible la extinci贸n del “Quinquenio gris”, ha sido continuado por uno de aquellos ni帽os que ten铆an diez u once a帽os cuando Fidel pronunciara su discurso orientador. Me refiero, naturalmente, a Abel Prieto. Si he destacado desde el primer momento la cuesti贸n de su edad, que es tambi茅n, m谩s o menos, la de much铆simos de nuestros escritores y artistas, de nuestros dirigentes en el 谩rea cultural, es porque veo en ello una se帽al llena de esperanza. Al concluir sus Palabras, Fidel se refiri贸 “a las generaciones futuras que ser谩n, al fin y al cabo, las encargadas de decir la 煤ltima palabra”. Mientras exista la humanidad, se suceder谩n las generaciones como las hojas de los 谩rboles, seg煤n el viejo poema, y en consecuencia volver谩 a decirse la 煤ltima palabra. Pero para quienes un d铆a inolvidable escuchamos de labios de Fidel aquel discurso, nuestras generaciones futuras inmediatas son las que llevan hoy la voz cantante: lo que en modo alguno supone desconocer la val铆a de los mayores, como lo muestra, por ejemplo, el caso de Compay Segundo y sus muchachones.

A pesar de realidades muy duras, de descalabros, de tristezas, las promociones recientes tienen ante s铆 un pa铆s con m谩s posibilidades que las que nos fueron deparadas: un pa铆s alfabetizado, donde se ha puesto el 茅nfasis en la cultura al punto de decir Fidel que es lo primero que hay que salvar, y que est谩 siendo difundida cuantiosamente en sus m谩s altas producciones; un pa铆s que en circunstancias muy adversas, de recrudecimiento del bloqueo, ha conservado, fortalecido y multiplicado sus instituciones culturales; un pa铆s que perdi贸 el apoyo material de naciones europeas que se dec铆an socialistas, pero a la vez est谩 liberado de la sombra que las estrecheces espirituales de tales naciones echaban sobre 茅l, a nombre de una deformaci贸n teratol贸gica del marxismo; un pa铆s libre, independiente y soberano que piensa con su cabeza y siente con su coraz贸n, no obstante estar rodeado de vergonzosos ejemplos de “pensamiento 煤nico”, cinismo, corrupci贸n y desaliento. Es natural, es 煤til que los nuevos critiquen. “Los pueblos han de vivir critic谩ndose,” dec铆a Mart铆, “porque la cr铆tica es la salud; pero,” a帽ad铆a el Maestro, “con un solo pecho y una sola mente.” Y es imprescindible que sean fieles a otro consejo, tambi茅n del programa radical, hermoso y vigente que es “Nuestra Am茅rica”: “Crear, es la palabra de pase de esta generaci贸n.”

Se nos pregunta con frecuencia c贸mo ser谩 nuestro futuro. Pero el futuro no empieza con un hachazo, como tampoco lo hace el alba, seg煤n experimentamos quienes hemos contemplado el glorioso espect谩culo del amanecer en medio del mar; ni la primavera, que “ha venido”, escribi贸 Antonio Machado, y “nadie sabe c贸mo ha sido”. Hay que ser muy poco perspicaz para no reparar en que nuestro futuro ya ha comenzado, cuarenta a帽os despu茅s.

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Fuente: Lahaine.org