July 18, 2021
De parte de La Haine
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La Revoluci贸n Cubana representa un mal ejemplo que ya ha perdurado demasiado y que deber铆a ser erradicado, aunque por razones diferentes en cada caso

Existen buenas razones para suponer que, en la actualidad, la mayor parte de la clase dirigente de los EEUU desea que el proceso revolucionario cubano iniciado el 1 de enero de 1959 termine de la peor manera posible, con un enfrentamiento violento generalizado entre los propios cubanos, que podr铆a ser seguido por una intervenci贸n militar con m谩s o menos visos de legalidad internacional. Asegurar lo contario podr铆a reflejar, en el mejor de los casos, una peligrosa ilusi贸n basada en un escaso rigor anal铆tico.

Con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, las cosmovisiones de los pol铆ticos y funcionarios estadounidenses sobre los temas internacionales tradicionalmente se han identificado con alguna de las tres escuelas de pensamiento predominantes en ese pa铆s, a saber: el realismo pol铆tico, el internacionalismo liberal y el neoconservadurismo.

A partir del fin de la Guerra Fr铆a, en las condiciones de unipolaridad del sistema internacional, fue adquiriendo prominencia y visibilidad una tendencia conformada a partir de una suerte de alianza explosiva entre neoconservadores y liberales intervencionistas, ya sea por razones de conveniencia o afinidad ideol贸gica, que fue intelectualmente responsable de las 鈥済uerras sin fin鈥 en Afganist谩n e Iraq, as铆 como de otras pol铆ticas de 鈥渃ambio de r茅gimen鈥 aplicadas hacia Libia, Ucrania y Siria, por solo mencionar los ejemplos m谩s notables.

En el mundo real, la pol铆tica exterior estadounidense nunca es el resultado de los postulados y las recomendaciones provenientes de alguna de estas corrientes de pensamiento en estado puro, sino que tiende a reflejar, en cada momento hist贸rico, un posicionamiento ecl茅ctico a partir de un complejo proceso de debate entre los representantes de las diferentes corrientes ideol贸gicas, cuyas respectivas capacidades de influencia relativas var铆an en los sucesivos gobiernos de turno.

A pesar de sus notables peculiaridades, la pol铆tica exterior del gobierno de Donald Trump no fue una excepci贸n, aunque conviene resaltar, por su relevancia para el an谩lisis de la pol铆tica hacia Cuba, su propensi贸n a evitar nuevas intervenciones militares en el exterior y, en su lugar, hacer un uso intensivo de las sanciones econ贸micas.

Durante los 175 d铆as transcurridos del gobierno de Biden, en su pol铆tica exterior se pueden identificar algunas formulaciones y posicionamientos que parecer铆an ser retomados, en buena medida, del gobierno de Clinton, en lugar del gobierno de Obama, del que Biden fue vicepresidente, aunque cualquier apreciaci贸n sobre este tema resulta inevitablemente muy preliminar. En lo que se refiere estrictamente a la pol铆tica hacia Cuba, el hecho objetivo es que el gobierno de Biden, hasta el momento, ha evidenciado un pasmoso inmovilismo con respecto a la avalancha de nuevas sanciones establecidas durante el r茅gimen de Trump, aunque se han reiterado los anuncios sobre su pr贸xima revisi贸n.

Desde la perspectiva de cualquiera de las corrientes de pensamiento anteriormente mencionadas, la Revoluci贸n Cubana representa un mal ejemplo que ya ha perdurado demasiado y que deber铆a ser erradicado, aunque por razones diferentes en cada caso.

Desde la cosmovisi贸n del realismo pol铆tico, la pol铆tica exterior independiente mantenida por Cuba desde el 1 de enero de 1959 es una aberraci贸n que socava o contradice uno de sus postulados fundamentales, seg煤n el cual la pauta de comportamiento de una naci贸n en su relaci贸n con otras naciones est谩 determinada por su poder relativo. Dicho con otras palabras y de manera un tanto simplificada, las naciones m谩s poderosas imponen su voluntad sobre las naciones menos poderosas, y a estas 煤ltimas, por su propio bien, no les queda m谩s remedio que aceptar esta dura realidad.

Para los realistas, se trata de una verdad de Perogrullo validada por la evidencia hist贸rica conocida desde el Mundo Antiguo y que se mantendr谩 inmutable mientras existan las naciones. De ah铆 que la experiencia y la sobrevivencia de la Revoluci贸n Cubana les resulten tan incomprensibles y perturbadoras. Por otro lado, a los realistas les son bastante indiferentes las cuestiones relativas a las caracter铆sticas internas de los sistemas pol铆ticos o econ贸micos de otras naciones, o temas tales como la democracia y los derechos humanos. Para muchos de ellos, si bien se trata de aspectos muy importantes para un ciudadano en su vida cotidiana dentro de cada naci贸n, no deber铆an determinar o comprometer la conducci贸n, por parte de los estadistas, de una pol铆tica exterior juiciosa y prudente concentrada en la consecuci贸n de los intereses y la seguridad nacionales.

Desde el paradigma liberal internacionalista, la Revoluci贸n Cubana tambi茅n suele ser anatemizada, aunque, en este caso, sus partidarios otorgan particular relevancia a los aspectos que no son importantes 鈥搊 no lo son tanto- para el realismo pol铆tico. En este sentido, les resultan inaceptables cuestiones tales como la existencia de un sistema pol铆tico de partido 煤nico 鈥搎ue, adem谩s, se denomina 鈥渃omunista鈥-, y de un sistema econ贸mico mayormente estatalizado y con fuertes restricciones sobre el sector privado. Siguiendo la l贸gica del liberalismo internacionalista, la pol铆tica de los EEUU hacia Cuba tiene una misi贸n que cumplir, ya sea por las buenas o por las malas, sobre todo por tratarse de una experiencia tan cercana geogr谩ficamente y tan sensible pol铆ticamente para la poblaci贸n cubana radicada en los EEUU, principalmente en el Estado de Florida, que se comporta de manera pendular y, a menudo, decisiva en los procesos electorales de ese pa铆s.

El neoconservadurismo combina las razones de los realistas y de los liberales. Por tanto, representa la corriente de pensamiento que tiende a preconizar la pol铆tica m谩s agresiva hacia Cuba. Seg煤n esta cosmovisi贸n, en tanto Estado hegem贸nico, preponderante o 鈥渓铆der鈥 a nivel mundial, los EEUU est谩n en la obligaci贸n de someter a Cuba. Y el gobierno cubano har铆a bien en aceptar tal sometimiento, tanto por una l贸gica del poder, como por la superioridad universalmente demostrada por las sociedades con sistemas pol铆ticos de ‘democracia’ representativa y pluripartidista, y sistemas econ贸micos de libre mercado.

Las descripciones anteriormente expuestas son inevitablemente esquem谩ticas y generalizadoras, tal vez excesivamente, pero me interesaba resaltar lo esencial de cada una de esas tres corrientes de pensamiento. De ellas no deber铆a inferirse la supuesta imposibilidad de que la clase dirigente estadounidense sea capaz de generar e implementar una pol铆tica hacia Cuba mutuamente beneficiosa, auspiciadora de un di谩logo pol铆tico civilizado y respetuosa del derecho internacional.

El gobierno de Obama demostr贸 [a pesar de sus atroces ataques a Libia y Siria, entre otros, que le merecieron el Nobel de la paz (?)], a partir del 17 de diciembre de 2014, que tal pol铆tica es perfectamente posible y que cuenta con un apoyo ampliamente mayoritario al interior de la sociedad estadounidense. Aquellos pol铆ticos, funcionarios o ciudadanos comunes que, por razones mezquinas, niegan u obstaculizan la posibilidad de ese camino y preconizan la violencia, el vandalismo y un bloqueo implacable en medio de la pandemia global, cargar谩n para siempre con la responsabilidad hist贸rica si los acontecimientos en Cuba evolucionaran hacia un desenlace tr谩gico o produjeran un efecto irremediablemente destructivo en las relaciones entre los dos pa铆ses.

Si bien en estos momentos en los EEUU no parecen existir condiciones favorables para emprender nuevas aventuras militares en el extranjero, eso podr铆a modificarse muy r谩pidamente, si sucedieran hechos y procesos desestabilizadores que provoquen un irreversible deterioro de la situaci贸n en Cuba.

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Fuente: Lahaine.org