July 19, 2021
De parte de ANRed
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Foto: Yusmilis Dubrosky / Cubadebate

Las protestas en la isla ilustran un descontento que obedece al criminal bloqueo acentuado por Estados Unidos durante la pandemia. La derecha redobla la agresi贸n desde Miami e intenta revertir las adversidades pol铆ticas que afronta en la regi贸n. El futuro de todos los proyectos latinoamericanos de soberan铆a, desarrollo e igualdad se juega en la defensa de la revoluci贸n. A diferencia de las miradas socialdem贸cratas y dogm谩ticas, el grueso de la izquierda comprende esa disyuntiva. Por Claudio Katz[1]


Las protestas callejeras son datos cotidianos de Am茅rica Latina que no sorprenden a ning煤n analista. Pero su irrupci贸n en Cuba ha generado un inusual impacto por las consecuencias de esas marchas para el futuro de la regi贸n. Todos los actores pol铆ticos del hemisferio saben lo que se juega en la isla.

La doble vara de los medios de comunicaci贸n volvi贸 a operar a pleno. Movilizaciones significativas pero no multitudinarias, sin v铆ctimas ni destrozos de significaci贸n fueron difundidas con t铆tulos cat谩strofe. En las mismas pantallas y diarios apenas se menciona el asesinato habitual de manifestantes en Colombia, los disparos para cegar j贸venes en Chile o el brutal apaleamiento de los que protestan en Per煤.   

La pandemia y el derrumbe de la econom铆a han potenciado en Cuba el mismo descontento que se verifica en todas partes. Pero estos dos terribles agobios del 煤ltimo a帽o han sido terriblemente agravados en la isla por la singular pesadilla del bloqueo. Ning煤n otro pa铆s afronta el Covid y la recesi贸n con una restricci贸n tan brutal para adquirir alimentos, medicamentos o repuestos. Debe pagar costosos fletes o seguros y conseguir financistas dispuestos a lidiar con las sanciones de Estados Unidos.

Trump agrav贸 el cerrojo obstruyendo los viajes y las remesas de los familiares que hab铆a flexibilizado Obama. Biden no modific贸 ese ahogo, luego de desplegar una campa帽a electoral macartista en la Florida. Mantiene la tipificaci贸n de Cuba como estado terrorista para acentuar el cerco sobre la isla.

UN AHOGO PREMEDITADO

Cuba sufri贸 un derrumbe del 11% del PBI el a帽o pasado. Esa ca铆da perfor贸 el piso de la aguda depresi贸n sufrida por Am茅rica Latina. La desaparici贸n del turismo priv贸 al pa铆s de las pocas divisas que ten铆a para sobrevivir y el gobierno se vio obligado a implementar la unificaci贸n cambiaria para recaudar d贸lares. Necesita esos fondos para importar alimentos, medicinas y repuestos. Como las autoridades no cuentan con muchos mecanismos para obtener esos recursos, autorizaron mayores operaciones con las ansiadas divisas.

Esa decisi贸n condujo a una devaluaci贸n que acrecent贸 la inflaci贸n y agrav贸 la carencia de productos de primera necesidad. Tambi茅n se profundiz贸 la desigualdad entre las familias que tienen o no acceso a los d贸lares. Las medidas posteriormente adoptadas para paliar los efectos del ajuste cambiario, no compensaron el deterioro del poder adquisitivo.

Esta fragilidad externa de la econom铆a cubana es muy conocida en todos los pa铆ses latinoamericanos. Pero Cuba sufre el peculiar agravante de un ahogo premeditado impuesto por el bloqueo. Estados Unidos reforz贸 ese torniquete en plena pandemia. Ratific贸 las sanciones contra empresas del estrat茅gico consorcio estatal GAESA, impuso el cierre de los servicios de Western Union, afianz贸 el dr谩stico recorte de las remesas y reafirm贸 la prohibici贸n de los vuelos. La frutilla del postre fue el cierre de los servicios consulares de la embajada norteamericana por los presuntos 芦ataques s贸nicos鈥.

Los voceros de la Casa Blanca presentan el bloqueo como un justificado embargo. Pero no ofrecen ning煤n argumento para explicar la brutal asfixia que imponen a los habitantes de la isla. Ese cerco contradice incluso los elogiados principios neoliberales de libre comercio. Ni siquiera pueden alegar la subsistencia de una involuntaria r茅mora de la guerra fr铆a. El bloqueo fue acentuado en 1992 y 1996 y reforzado por Trump con 243 cl谩usulas adicionales.

Esta macabra ingenier铆a de sanciones tiene severos efectos sobre la provisi贸n de energ铆a. Cuba pudo aguantar sin apagones durante un tiempo, pero la aplicaci贸n del cap铆tulo III de la Ley Helms-Burton afect贸 duramente el abastecimiento de combustible.

Mucho m谩s dram谩tica es la agresi贸n en el plano sanitario. Cuba logr贸 un manejo extraordinario de la pandemia durante el primer a帽o, con un baj铆simo indicador de muertes por mill贸n de personas. Un pa铆s totalmente cercado vacun贸 al 34% de la poblaci贸n mayor de 19 a帽os con una dosis y logr贸 la incre铆ble proeza de crear las dos primeras vacunas elaboradas en la regi贸n. Ya consigui贸 la autorizaci贸n para el uso de Abdala y Soberana.

Pero las autoridades no pudieron mantener esa misma eficacia frente al reciente rebrote de Covid. Algunos expertos atribuyen esa falla a la reanudaci贸n parcial del turismo. Un problema m谩s cr铆tico se verifica en la carencia de otros remedios y en la sub-ejecuci贸n de los presupuestos de salud. Para una isla que importa la mitad de los medicamentos b谩sicos el bloqueo es doblemente criminal.

El gobierno estadounidense ha multiplicado los sufrimientos de Cuba en el pico del Covid para forzar su rendici贸n. Busca provocar un desastre humanitario para presentar la intervenci贸n ulterior como un acto de socorro. Genera v铆ctimas adrede para exhibirse luego como un gran salvador. El m煤sico Rogers Waters ilustr贸 muy bien este operativo, con la imagen de un v谩ndalo que encierra y ahoga a los propietarios de una casa, para capturarla alegando que sus habitantes no saben gestionar esa unidad.

Biden ha obstruido tambi茅n las donaciones y exige canales privados para concretar env铆os a la isla sin ning煤n control de las autoridades. Coron贸 esa presi贸n publicando un infame documento del Departamento de Estado, que presenta a las misiones de los m茅dicos cubanos en el exterior como un ejemplo de 鈥渢rabajo forzado鈥.

Ese texto denuncia que los profesionales de la isla son obligados a cumplir contra su voluntad, con una actividad destinada a exaltar los m茅ritos del r茅gimen. Los escribas de Washington est谩n tan habituados a la codicia, el ego铆smo y el maltrato imperial, que no conciben la existencia de actitudes de solidaridad internacional. Han naturalizado el modelo de acaparamiento de vacunas y robo de remedios que consum贸 Trump.

No se requiere gran sabidur铆a para comprender las ra铆ces del descontento social en Cuba. Hay una dura acumulaci贸n de padecimiento al cabo de un bloqueo que genera agobiantes privaciones.

Foto: Cubadebate

LAS FUERZAS EN DISPUTA

La presencia de muchos enojados con los sufrimientos en la isla es un dato incuestionable. Pero su grado de representatividad es incierto. Los descontentos han confluido con fuerzas derechistas que siguen un gui贸n elaborado en Miami. Esta combinaci贸n de diferentes sujetos ya se verific贸 en el movimiento previo de San Isidro en noviembre pasado.

No es un secreto para nadie la activa presencia de una red contrarrevolucionaria. Los derechistas incitan al odio, propician incendios y auspician saqueos. Repiten el patr贸n de provocaciones que han practicado durante a帽os en Venezuela. El violento tono que est谩n adoptando los voceros de Miami dentro de Cuba, no es reportado s贸lo por el gobierno. Tambi茅n otras fuerzas de la oposici贸n denuncian la irrupci贸n de nuevas camadas de los viejos gusanos.

Si se observan las propuestas que propagan esos grupos, salta a la vista su promoci贸n de un brutal modelo capitalista monitoreado desde la Florida. Ocultan que esa regresi贸n conducir铆a a la misma devastaci贸n neoliberal que empobreci贸 a Latinoam茅rica en las 煤ltimas tres d茅cadas. A diferencia de los simples descontentos, la derecha tiene proyectos muy definidos para restaurar el status cuasi colonial del pasado.

La burgues铆a de origen cubano afincada en el Norte conforma un segmento de enorme influencia en el establishment estadounidense. Est谩 totalmente integrada a la estructura imperial y ambiciona recuperar sus propiedades, luego de retomar el control de la isla. No disimula su odio e incentiva abiertamente la invasi贸n de los marines. El alcalde de Miami explicit贸 sin ninguna diplomacia ese prop贸sito, al reclamar una intervenci贸n con ataques a茅reos semejantes a los perpetrados en Panam谩 y en la ex Yugoslavia.

Pero Washington tambi茅n toma en cuenta en el balance los incontables fracasos en operativos de esa 铆ndole. Por eso opta por el curso m谩s indirecto del bloqueo, con la expectativa de crear en la isla una crisis terminal. Con una cruel estrategia de inflexible estrangulamiento, espera precipitar un incendio que derrumbe al r茅gimen y evite la riesgosa carta de la intervenci贸n extranjera.

En los 煤ltimos meses la agresi贸n contra Cuba tambi茅n escal贸 por las presiones que desplegaron los derechistas de Am茅rica Latina. Los l铆deres de ese sector est谩n muy afectados por las movilizaciones callejeras y las derrotas electorales. Sus principales figuras pierden espacios y han recibido significativos golpes en el principal pa铆s de la regi贸n (Brasil) y en los tres bastiones del cenit neoliberal (Per煤, Chile y Colombia). Bolsonaro, Macri y Duque propician alg煤n acontecimiento de gran impacto contra Cuba, para disipar el fantasma de un nuevo ciclo progresista. Ya comenzaron su incursi贸n con una gran andanada de noticias falsas en las redes sociales.

La derecha tiene muy presente c贸mo los sucesos de la isla han inclinado en el pasado la balanza de la regi贸n. El triunfo de 1960 inspir贸 la gran oleada de proyectos socialistas y la permanencia de la revoluci贸n contribuy贸 a contener el neoliberalismo posterior. Cuba brind贸 soportes a las grandes rebeliones y a los ensayos progresistas de las 煤ltimas d茅cadas y se mantiene como un gran obst谩culo para los actuales ensayos neoconservadores. La retaguardia cubana opera como una reserva de proyectos populares de toda la regi贸n.

Si el dique geopol铆tico que sostiene la isla es demolido, no s贸lo Cuba compartir铆a las desgracias ya padecidas por todo el Caribe. Esa penuria implicar铆a la aterradora llegada de mafias y narcotraficantes para destruir una sociedad educada, con significativa equidad y aceptable nivel de convivencia. El efecto de esa demolici贸n sobre el resto de Am茅rica Latina ser铆a igualmente brutal. Una derecha envalentonada multiplicar铆a de inmediato golpismo, la militarizaci贸n y el despojo en toda la regi贸n.

La permanencia de Cuba aporta, por lo tanto, un soporte clave para la lucha de los pueblos latinoamericanos. Ese sost茅n presenta adem谩s un doble carril e incide sobre el futuro de la isla. Una gran derrota del imperialismo crear铆a el escenario requerido para rescatar a Cuba de su aislamiento. Ese contexto permitir铆a implementar una pol铆tica continental de medidas contra el bloqueo.

La gravitaci贸n de Cuba para cualquier proyecto de emancipaci贸n latinoamericana volvi贸 a notarse en las manifestaciones realizadas durante la semana pasada en las puertas de muchas embajadas, en n铆tida confrontaci贸n con los derechistas. La disputa que se libra en el interior de Cuba tiene eco en numerosas ciudades de Am茅rica Latina. Los dos campos cuentan con significativos soportes fuera del pa铆s.

El grueso de la izquierda regional sostiene apasionadamente a la revoluci贸n y concentra esa defensa en la denuncia del bloqueo. Desenmascara las mentiras de los medios de comunicaci贸n, recordando que ese cerco es la principal causa de los padecimientos afrontados por los cubanos. Cualquier pol铆tica econ贸mica para superar las adversidades actuales exige erradicar el acoso externo.

Pero no alcanza con las abrumadoras votaciones contra el bloqueo, que recientemente se corroboraron en la Asamblea General de la ONU. Se necesita una presi贸n constante, generalizada y mundial para doblarle el brazo al imperialismo, como ocurri贸 con el apartheid de Sud谩frica.

Tampoco son suficientes los mensajes de condena verbal. Esos rechazos por parte de L贸pez Obrador y Alberto Fern谩ndez son importantes, pero deben ser complementados con donaciones y env铆os de productos faltantes a la isla. Un ejemplo de esas acciones fue la reciente campa帽a para hacer llegar jeringas a La Habana. En el escenario de la nueva agresi贸n, los defensores de Cuba comienzan a romper la rutina y ya conciben nuevas iniciativas contra el bloqueo.

Foto: Yusmilis Dubrosky / Cubadebate

POSTURAS EN LA IZQUIERDA       

Aunque las protestas expresan una genuina insatisfacci贸n, su expansi贸n no contribuye a resolver los problemas de la isla. Como ocurre con todas las movilizaciones en cualquier lugar del mundo, el perfil final de esas marchas no depende s贸lo de las demandas enarboladas o de su masividad.

Las experiencias internacionales han demostrado cu谩n relevante es el papel de las fuerzas pol铆ticas actuantes. Hasta ahora la derecha interviene con poca autoridad en esas manifestaciones y ha quedado abierta la disputa con el gobierno, para dirimir qui茅n har谩 valer su primac铆a.

Al afirmar que las 鈥渃alles son de los revolucionarios鈥, D铆az Canel dej贸 planteado un posible terreno de procesamiento de esa partida. Pero tambi茅n convoc贸 al debate y a la b煤squeda de caminos consensuados para superar la coyuntura actual. Ambos cursos de movilizaci贸n y reflexi贸n retoman la tradici贸n que sembr贸 Fidel. Ese legado supone transparentar lo que ocurre, informar la realidad y poner el cuerpo en las manifestaciones de defensa de la revoluci贸n.

Es importante subrayar en el 谩mbito de la izquierda, que las cr铆ticas a la gesti贸n del gobierno deben desenvolverse en el propio campo y no en el bando opuesto de la oposici贸n. Esos cuestionamientos al interior de un proceso revolucionario son tan l贸gicos como naturales y ya abarcan una amplia gama de temas.

Hay objeciones a la oportunidad, implementaci贸n y sentido de las decisiones econ贸micas y tambi茅n cr铆ticas a la sustituci贸n de la batalla pol铆tica por la simple descalificaci贸n de los descontentos. No son 鈥渄elincuentes鈥 o 鈥渕arginales鈥 y no corresponde encasillar sus acciones como un mero problema de 鈥渟eguridad del estado鈥. Muchos manifestantes son s贸lo v铆ctimas del bloqueo, que han perdido la voluntad de resistencia al imperialismo.

Tambi茅n ha sido desacertada la detenci贸n de militantes comunistas. La lucha por atraer y reconquistar a la juventud requiere recrear la imaginaci贸n para transitar por senderos inexplorados. La revoluci贸n necesita retomar la creatividad que mostr贸 Fidel para transformar los reveses en victorias.

Pero cualquiera iniciativa para mejorar las respuestas en el complejo escenario actual, s贸lo podr谩 prosperar en el campo de la revoluci贸n y nunca en el bando opuesto. El grueso de la izquierda dentro y fuera Cuba es consciente de ese posicionamiento y sostiene sin ning煤n titubeo la continuidad de una epopeya de seis d茅cadas.

Pero tambi茅n existe otro universo conectado con la izquierda que propone rumbos diferentes. Considera conveniente el tr谩nsito por una avenida del medio y cuestiona con igual contundencia a los bandos protag贸nicos de la disputa. Ese espacio adscripto a una 鈥渢ercera posici贸n鈥 incluye, a su vez, dos grandes variantes.

Una primera vertiente socialdem贸crata propicia la equidistancia de Miami y La Habana, utilizando argumentos afines a la teor铆a de los dos demonios. Atribuye todos los problemas de la isla al clima de fanatismo que han suscitado los extremistas de ambos sectores. Pero en ese ejercicio de curioso equilibrio suele olvidar que las fuerzas en confrontaci贸n no son equiparables. Hay un poderoso agresor imperial estadounidense, que no tolera el desaf铆o soberano de una isla pr贸xima a sus fronteras.

La mirada socialdem贸crata del conflicto pondera el di谩logo como el principal canal para resolver las dificultades actuales. Pero no aclara la agenda de esas conversaciones. Mantiene indefinida su postura frente a la restauraci贸n plena del capitalismo, que los millonarios de Miami esperan concretar mediante el desmonte del sistema pol铆tico cubano.

La socialdemocracia promueve con otro lenguaje la misma desarticulaci贸n de la actual estructura institucional del pa铆s. Disfraza ese prop贸sito con su ritual exaltaci贸n de la 鈥渟ociedad civil鈥. En los hechos, propugna la introducci贸n de alguna modalidad del constitucionalismo burgu茅s imperante en el resto de Am茅rica Latina. Un cambio de ese tipo sepultar铆a el instrumento pol铆tico que durante tanto tiempo ha permitido resistir los embates del imperialismo.

Los partidarios de la avenida del medio tambi茅n desconsideran la peligrosidad de los planes derechistas. Cierran los ojos, por ejemplo, frente a la brutal desestabilizaci贸n que sufre Venezuela y omiten la necesidad de preparar la defensa. Olvidan que la contrarrevoluci贸n nunca fue neutralizada con mensajes bonachones.

Este enfoque socialdem贸crata es complementado por una segunda variante de posturas intermedias, que re煤ne a las distintas expresiones del dogmatismo de izquierda. Sus voceros se ubican expl铆citamente en el campo de las protestas y resaltan el car谩cter leg铆timo y progresivo de esas marchas. No observan ning煤n inconveniente en la presencia de fuerzas derechistas en ese mismo terreno y consideran oportuno batallar desde all铆 por otro rumbo socialista. Pero no logran develar el misterio de c贸mo podr铆a emerger un rumbo anticapitalista desde un 谩mbito tan reacio a ese objetivo.

Algunos suponen que el universo de la oposici贸n no es tan regresivo e incluso imaginan a la derecha como una fuerza externa que s贸lo busca 鈥渁provechar la crisis鈥. No registran su gran incidencia en los acontecimientos en curso. Otros imaginan que el rechazo al capitalismo ya germina en los cuestionamientos de algunos manifestantes a los privilegios de las 鈥淭iendas Especiales鈥. Suponen que ese eventual dato definir铆a el car谩cter general de las movilizaciones.

Con esos extra帽os razonamientos los dogm谩ticos describen los padecimientos econ贸micos de Cuba, sin aportar propuestas sensatas para reencaminar al pa铆s hacia el socialismo. Mencionan el bloqueo al pasar y cuestionan los efectos nocivos del turismo. Omiten explicar de d贸nde saldr铆an las divisas para mantener los logros de la salud o la educaci贸n.

Los sucesos de Cuba no constituyen, en realidad, una inc贸gnita tan compleja, ni carente de antecedentes. Ya existe una abrumadora experiencia para aprender de lo ocurrido en las 煤ltimas d茅cadas. Ninguna protesta en Polonia, Hungr铆a o Rusia desemboc贸 en la renovaci贸n del socialismo. Al contrario, invariablemente anticiparon la restauraci贸n del capitalismo. Si se toman en cuenta esos precedentes, el desarme del sistema pol铆tico conducir铆a al suicido de la izquierda. Lejos de abrir las compuertas para rejuvenecer el socialismo, garantizar铆a la demolici贸n de ese proyecto por un tiempo muy prolongado.

LA BATALLA EN CURSO

La defensa de Cuba persiste como uno de los principales estandartes de la izquierda latinoamericana. Nadie sabe a煤n el alcance de esta confrontaci贸n, pero la comparaci贸n que varios analistas establecen con los exilios de Mariel (1994) ilustra la envergadura de la tensi贸n actual. El escenario regional es muy distinto a ese per铆odo y los efectos de esas diferencias son inciertos.

En esa 茅poca signada por el derrumbe de la Uni贸n Sovi茅tica, el 铆mpetu agresivo de Estados Unidos y el auge del neoliberalismo, Cuba sorprendi贸 al mundo con su decisi贸n de sostener el proyecto revolucionario. Contaba con el liderazgo de Fidel y la solvencia de una camada que hab铆a experimentado grandes triunfos pol铆ticos y mejoras sociales.

Ahora impera otro contexto dominado por el repliegue norteamericano, el avance de China, la crisis del neoliberalismo y la renovada disputa regional entre neoconservadores y progresistas. En la isla gobierna otra generaci贸n que aspira a continuar la admirable haza帽a de seis d茅cadas. No se puede presagiar el resultado de esa batalla, pero hay certezas en los alineamientos de los contrincantes. Cuba no est谩 sola y los pueblos de Am茅rica Latina se preparan para defenderla.

18-7-2021

[1] Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p谩gina web es: www.lahaine.org/katz





Fuente: Anred.org