January 12, 2021
De parte de Amor Y Rabia
219 puntos de vista


Publicado originalmente en 2009 en el blog No hab铆a futuro.

No somos nada, loca. Nos enfrentamos al mundo cruel sin corazas, sin cuernos, sin garras ni dientes. Y casi ya sin defensas. Una simple gripe nos manda al infierno. A veces nos sorprendemos pensando c贸mo hemos llegado hasta aqu铆, cu谩ntos se fueron, c贸mo podemos llegar a viejo entre tantas posibilidades de morir. Estamos expuestos al fr铆o y al calor, a impactos y ca铆das. A millones de agentes invisibles que penetran nuestro cuerpo y lo manchan del antiguo pecado. La enfermedad es una maldici贸n, 驴y qui茅n no est谩 un poco maldito? El disgusto nos enferma. La infelicidad que hemos creado nos enferma. La falta de autoestima nos enferma. El miedo a enfermar nos enferma.

Necesitamos dignidad para andar a dos patas, pero nuestro cuerpo carece de ella. Y la dignidad de los cuerpos bellos es una flor venenosa que hay que tocar con guantes. Si hubiese un estado natural ser铆a el de querer vivir a toda cosa, fluir simbi贸ticamente en el caldo primigenio devor谩ndonos unos a otros, abri茅ndonos paso sin discernir el hueso de la carne, procreando sin l铆mite. Pero la naturaleza humana est谩 infectada de cultura. Hemos desarrollado soluciones que desencadenan problemas m谩s amplios. Hemos construido un fort铆n defensivo que nos a铆sla de nuestro entorno y nos impide vivir de acuerdo con 茅l. Hemos roto el pacto con la naturaleza y hemos sido expulsados del para铆so de la salud salvaje.

En el origen de la civilizaci贸n moderna est谩 tambi茅n el origen de las epidemias y de la gesti贸n de la salud a gran escala. Las grandes concentraciones urbanas se convirtieron r谩pidamente en focos abonados para las diecisiete plagas. La gesti贸n cient铆fica de la salud, el poder sobre la vida y la muerte configur贸 una forma nueva de dominaci贸n, un recurso para imponer normas de conducta, infundir miedo y controlar a la poblaci贸n en funci贸n de los intereses productivos.

El estado capitalista se ali贸 con la ciencia, de la misma forma que el poder feudal se sostuvo gracias a su alianza con la religi贸n. Desarroll贸 la clase cient铆fica, y con ella la autoridad m茅dica, una casta que expend铆a milagros por receta a cambio de un porcentaje del PIB. Se impuso una gesti贸n burocr谩tica de la salud, basada en la estad铆stica y en la intervenci贸n externa: el cuerpo era un contenedor de miserias que hab铆a que disciplinar y corregir constantemente.

Descubrieron un enemigo a su medida: el virus. A la medida de la mercanc铆a y de su desarrollo multiplicado. La rapidez de las comunicaciones terrestres y los flujos migratorios nos convirtieron a todos en terroristas suicidas. Los virus se hicieron mestizos y dejaron de discernir entre cerdos y humanos.

Gracias al virus, la clase m茅dica en alianza con la clase pol铆tica conquist贸 un prestigio y un poder creciente. Bastaba con lanzar una amenaza para captar enormes flujos de capital. La gente lloraba en su hombro, se manifestaba pidiendo m谩s dinero para ellos. El estado cl铆nico se impuso por todas partes. Las farmac茅uticas conquistaron un poder enorme, influyendo en los gobiernos, desarrollando nuevas formas de destrucci贸n que afianzaban su futuro, financiando campa帽as de terror por todo el mundo mientras segu铆an captando fondos para su labor humanitaria.

Se impuso as铆 la Santa Inquisici贸n del Higienismo, aut茅ntica cruzada armada contra la miseria humana, contra lo pobre, lo cutre, lo salvaje, lo usado. Aqu铆 tambi茅n se impuso la muerte sobre la vida, el exterminio sobre la raz贸n comprensiva, la fumigaci贸n del extranjero, el debilitamiento de lo propio y de lo com煤n.

A las maldiciones naturales se a帽adieron las iatrog茅nicas, aquellas enfermedades producidas por su tratamiento invasivo. Hubo aut茅nticas plagas, pero siempre hab铆a un virus lo bastante repugnante como para cargar con la culpa de todo.

Los mecanismos humanos de defensa sufrieron un colapso. Dejaron de seguir su programa y se lanzaron contra el propio cuerpo, abotargado de qu铆mica ortop茅dica. A las maldiciones naturales y a las iatrog茅nicas se unieron las inmunol贸gicas, producto de una gran confusi贸n.

S贸lo los especialistas tienen la soluci贸n. La soluci贸n siempre renovada para la maldici贸n que siempre se renueva. La soluci贸n se llama vacuna, y no se vende de una en una. La vacuna es la mercanc铆a perfecta. Se difunde casi a la misma velocidad que las plagas, en lotes compactos de consumo obligatorio. Ha de renovarse constantemente, a cada nueva mutaci贸n del virus producida por ella misma. Envilece a la especie, haci茅ndola cada vez m谩s dependiente y necesitada de un estado que vele por ella. Si el negocio decae, siempre puede crearse un nuevo virus, sint茅tico o medi谩tico, para el que previamente la industria ha inventado otra vacuna.

Comemos mierda envasada, higienizada y vitaminada, respiramos dolor a cada paso, somos sujetos experimentales violentamente sacudidos por un mundo en constante estado de emergencia, nos infunden terrores virtuales, pero la culpa es del virus y de nuestra incapacidad para enfrentarnos a 茅l siguiendo los consejos de las autoridades sanitarias




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com