January 1, 1970
De parte de Arrezafe
351 puntos de vista


 




VITRINA
DYSTÓPICA


–
29/05/2019



Sadismo
institucional,
masoquismo
del
mérito
.






Hugo
Larrosa,
empresario,
o
sea
torturador.
Canal
24
horas.





106
latigazos
en
la
espalda
recibe
un
ex
trabajador
del
DUOC
mientras
lee
los
artículos
del
Código
del
Trabajo.
Una
performance
de
protesta
por
la
expulsión
de
106
profesoras
y
profesores
que
exigían
mínimas
condiciones
laborales,
luego
de
incluso
20
años
trabajando
para
tan
católica
institución.
La
respuesta
de
aquella
había
sido,
no
obstante,
la
misma
razón
por
la
que
defienden
aquello
que
llaman
“flexibilidad”:
poder
deshacerse
de
los
trabajadores
de
forma
incluso
más
económica
que
del
mobiliario
en
desuso,
o
sea,
sin
ningún
costo.





Un
vídeo
circula
por
la
red.
Un
vídeo
muestra
el
gordo
cuerpo
que
le
corresponde
a
un
empresario,
sobre
otro
fragilizado
y
anónimo
de
un
trabajador
que
grita.
Los
pantalones
están
abajo,
el
empresario
sobre
la
espalda
del
trabajador
mira
a
la
cámara,
ríe
y
golpea
el
culo
enrojecido
de
la
figura
totalmente
abatida,
ya
entregada,
extenuada
de
una
lucha
que
le
aparece
por
todos
lados
imposible.
Esto
no
es
una
performance.
Esto,
ese
burgués
gordo,
grotesco,
riendo
y
azotando
a
sus
trabajadores
no
es
una
performance.
No
lo
es.





¿En
qué
siglo
estamos?
Parece
una
pregunta
legítima,
como
hace
algunos
años
la
de
aquel
periodista
británico
que
con
horror
reconocía
en
Chile
las
condiciones
laborales
del
XIX.
Pero
no.
Qué
alivio
sería
la
linealidad
del
tiempo.
Pero
no.
El
tiempo
no
avanza
y
las
cosas
más
horrendas
quedan
atrás,
no.
El
mundo
se
organiza
y
se
disputa.
Y
aquí
con
enceguecedora
claridad
organizaron
su
destrucción;
la
catástrofe
administrada.
Ahora,
se
salvan,
buscan
salvarse.
No
lo
consentiremos.





Sadismo
institucional:
las
instituciones
en
este
país
dicen
incluso
lxs
experts,
no
solo
son
injustas
sino
crueles.
Todo
quien
haya
tenido
alguien
con
alguna
enfermedad
grave
lo
sabe.
O
aquel
que
haya
visto
el
salir
del
mundo
laboral
de
otra
persona
o,
más
bien,
su
imposibilidad.
Un
ejemplo
minúsculo:
al
mismo
momento
que
lxs
trabajadorxs
precarizadxs
son
obligadxs
a
cotizar
en
una
“seguridad
social”
que
solo
asegura
su
pobreza,
los
planes
de
los
seguros
de
salud
tienen
una
de
sus
mayores
alzas
del
último
tiempo[1].





Masoquismo
del
mérito:
todo
el
mundo
sabe
que
es
un
robo.
Sin
embargo,
un
contrato
indisoluble
parece
organizar
un
goce
por
merecer,
o
sea,
ser
reconocido
por
la
propia
institución
de
la
crueldad,
de
la
que
se
espera,
por
ello,

frialdad.

En
aquel
caso
de
los
trabajadores
y
trabajadoras
torturadas,
otrxs
entrevistadxs
en
la
nota
periodística,
matizaron
las
golpizas
señalando
que

a
pesar

de
que

después
de
todo

aquel
empresario
entregaba
diversos
reconocimientos
a
los
trabajadores
obedientes.
Les
asistía
si
tenían
algún
problema
de
salud
o
regalaba
inesperadamente
pasajes
al
extranjero.
Rasgo
de
este
masoquismo
sociológico:
frialdad
más
que
como
distancia,
como
ausencia
de
reparo
al
pasar
de
un
extremo
de
familiaridad
a
un
extremo
de
objetivación
de
un
momento
a
otro.
De
amigo
a
juguete,
muñeco,
desperdicio.
Eso
organiza
el
goce
y,
tal
como
en
el
caso
de
la
película

An
american
crime
,
de
ese
contrato
participamos
todxs.





Transición
al
fascismo:
hacer
Bolsonaro
innecesario
.






Otra
vez
Piñera
y
el
Comando
Jungla.
Prensa.





El
28
de
junio
de
2018
Piñera,
cuyo
cuerpo
apenas
se
soporta,
llega
temprano
a
Temuco.
Se
dirige
al
Encuentro
Empresarial
de
La
Araucanía
(ENELA)
y
sale
satisfecho.
Viene
a
asegurarle
millones
a
los
grandes
empresarios
del
agro
llamándoles
medianos
agricultores.
Viene
a
asegurarle
millones
a
los
inversionistas
del
turismo
llamándole
inclusión
a
la
museificación
de
las
vidas
ancestrales.
Viene
a
asegurarle
millones
a
los
grandes
capitales
extractivos
llamándole
lucha
contra
el
terrorismo.





Por
cierto,
mismo
día,
algo
un
poco
más
tarde.
Figura
el
cuerpo
insostenible
del
presidente
corporativo
rodeado
de
agentes
de
Fuerzas
Especiales
recién
estrenados.
Nuevas
tanquetas,
drones,
armas,
cámaras
y
armaduras
para
un
también
nuevo
grupo
especial
de
80
milicos
llamados
policías,
conocidos
como
Comando
Jungla
y
luego
intentados
negar
en
su
existencia
por
el
mismo
esperpento
que
figura
dando
el
discurso,
diciendo
que
la
lucha
es
“sin
tregua
y
sin
cuartel,
y
sin
dudas
y
sin
debilidad,
contra
la
violencia
y
contra
el
terrorismo”[1].
Diciendo
que
terrorismo
es
el
nombre
de
todos
los
que
se
oponen
al
progreso,
o
sea,
a
darle
todos
esos
millones
a
los
empresarios
para
que
en
nombre
del
Estado
de
Chile
exploten
a
los
habitantes
del
territorio
y
maten
a
quiénes
se
opongan
al
saqueo.





Diciendo
también
que
tendrán
que
“aprender
a
combatir
a
los
enemigos
pasivos
o
cómplices
del
terrorismo”,
o
sea
a
todxs
nosotrxs
que
nos
oponemos
a
hablar
únicamente
la
lengua
del
Imperio.
Y
diciendo
también
que
“nuestros
carabineros
merecen
mejor
protección,
porque
arriesgan
sus
vidas
y
su
integridad
física
(…)
pero
además
porque
un
carabinero
bien
protegido
es
un
carabinero
mucho
más
eficaz”.
Piñera
declaró
la
guerra
materialmente
a
todo
aquel
que
defienda
la
tierra
del
saqueo
organizado
por
el
Estado
y
entregado
al
mercado
financiero;
al
mismo
tiempo
que
a
toda
persona
que
no
solo
solidarice,
sino
que
simplemente
no
les
condene.

Y
todo,
buscando
para
las
policías
la
distancia
del
dron,
matar
sin
ser
matado.
Cazar.





Perseguir
potencias
de
fractura
.





La
guerra,
nos
dicen,
no
es
contra
el
pueblo
mapuche
al
que
únicamente
entienden
produciendo
valor
para
otros
dentro
del
museo
a
cielo
abierto
del
fascismo
multiculti.
La
guerra
es,
ciertamente,
contra
toda
potencia
de
fractura,
contra
todas
las
vidas
que
desmienten
en
su
práctica
el
imperativo
de
siempre
producir
más
o
morir,
contra
todas
las
corporalidades
que
ensayan
formas
de
vida
que
merecen
ser
vividas.





20
de
septiembre
de
2018.
El
mismo
esperpento,
otro
discurso.
Ahora
está
parado
en
el
“museo
de
la
educación
Gabriela
Mistral”[2].
Dice
obviedades
de
la
lengua
imperial:
que
(nuevamente)
una
minoría
ha
hecho
que
se
viva
con
“miedo”
en
las
aulas;
que
se
necesita
paz
y
tranquilidad;
y
que
paz
y
tranquilidad
significan
obediencia.
Sus
asesores
le
escogen
cuidadosamente
dos
episodios
en
dos
liceos
importantes
para
el
movimiento
estudiantil:
el
Instituto
Nacional
y
el
Barros
Borgoño.
Señala
que
el
principal
problema
es
que
ni
los
profesores
ni
los
establecimientos
cuentan
con
las
armas
para
enfrentar
la
violencia
de
los
jóvenes
y
que
las
armas
son
la
expulsión
y
la
represión.





Comienza
desde
ahí
un
asedio
constante
a
todos
los
establecimientos
que
habían
sido
puntos
densos
de
expresión
de
las
potencias
políticas
en
las
primeras
décadas
del
nuevo
milenio.
Invaden,
golpean,
detienen,
torturan,
cazan
o
simulan
cacerías.
Se
les
dificulta
a
los
propios
estudiantes
ver
el
agenciamiento
político
del
que
son
parte.
El
asedio
cansa,
reduce,
hostiga,
busca
precisamente
la
abdicación,
que
por
fin
renuncien,
que
se
vuelvan
el
sueño
de
Pinochet:
estudiantes
que
solo
estudian,
trabajadores
que
solo
trabajan.
Pero
la
insurrección
encuentra
siempre
otros
cauces.





Y
lo
saben
y
lo
temen.
La
persecución
a
la
niñez
y
a
la
adolescencia
que
se
ha
mostrado
una
y
otra
vez
insumisa
al
acostumbramiento
que
el
masoquismo
del
mérito
impone,
busca
expandirse.
El
sentido
común
se
ha
desplazado
tanto
ya
hacia
el
fascismo
que
un
ridículo
grupo
de
diputados
del
llamado
Movimiento
Acción
Republicana,
seguidores
del
excandidato
presidencial
que
corrió
a
sacarse
fotos
con
Bolsonaro[3],
buscan
imponer
literalmente
un

toque
de
queda

para
los
jóvenes,
al
que
llaman
Horario
Protegido.
Protegido
de
los
jóvenes,
cabría
aclarar.
Dicen
que
entre
12
de
la
noche
y
6
de
la
mañana
los
jóvenes
“no
tienen
nada
que
andar
haciendo
solos
en
la
calle”
(de
verdad
lo
dicen[4])
y
que
“solo
podrán
circular
por
la
vía
pública
los
menores
de
edad
que
se
encuentren
debidamente
acompañados
de
un
adulto
responsable,
con
la
finalidad
de
proteger
al
menor”.

Limpiar
la
calle
significa
siempre
abrir
una
zona
de
cacería.








Estudiantes
dando
cara
a
la
cacería.
Prensa.





Vigilar
de
cerca,
de
lejos.
Vigilar
.






Y
es
que
hay
aquí
la
instalación
de
un
dispositivo
de
fascitización
que
vuelve
innecesarias
figuras
tan
costosas
(económico-políticamente)
como
Bolsonaro.
Y
este
dispositivo
que,
a
nivel
de
las
políticas
sobre
los
territorios,
instala
el
paradigma
de
la
cacería,
de
que
todo
aquello
que
atenta
contra
la
acumulación
y
su
enaltecimiento
puede
ser
cazado
y
desechado;
a
nivel
micropolítico
rentabiliza
todas
las
formas
del
miedo,
las
vuelve
reactivas,
temerosas,
conservadoras.





Todos
los
signos
tenebrosos
e
incomprensibles
por
ser
demasiado
explícitos
que
surgen
a
partir
de
la
devastación
organizada
por
los
mismos
que
nos
buscan
convencer
de
salvar
el
planeta,
instan
a
un
refugio,
a
una
ceguera
voluntaria
para
seguir
alimentando
la
ruina
y
así
el
dogma
encuentra
su
alimento.
Diferentes
expresiones
de
lo
más
conservador
de
las
religiones
coinciden
en
la
defensa
de
la
tradición,
de
los
valores
fundamentales,
etc.[1],
y
su
ramificada
instalación
financiada
por
lo
más
conservador
de
todos
los
signos
partidistas
adquiere
un
uso
directamente
político.
Son
el
cuerpo
de
contención
de
todo
contagio
que
active
la
politización
de
la
cotidianidad.
Instalan
las
condiciones
de
verificación
de
los
más
desinformados
miedos
y
las
más
dogmáticas
creencias.

Buscan
(volver
a)
hacer
de
la
fascitización
una
realidad
moralmente
deseable.





Y
se
expresan
también
en
las
redes
y
la
televisión.
La
insistencia
de
su
discurso
pasa
de
la
risa
y
la
burla
al
desplazamiento
de
lo
que
es
posible
aun
decir.
El
modo
en
que
se
relacionan
ambas
tecnologías
de
producción
discursiva
es
fundamentalmente
demencial.
En
la
televisión
se
agotan
las
horas
de
los
matinales
exponiendo
todos
los
detalles
del
último
femicidio
sin
resolver.
Buscan
producir
el
efecto
de
la
serie
policial,
capturar
sus
espectadores,
vender
su
atención;
y
hablan
y
hablan
y
hablan
sin
ninguna
elaboración
más
que
la
medida
de
sus
anunciantes.
Y
en
las
redes
se
escribe
sobre
todo
y
se
intercambian
los
más
variados
memes,
cuyo
efecto
de
conjunto
y
más
allá
de
los
usos
excepcionales
sigue
siendo
volver
suficientemente
superficial
cualquier
enfrentamiento,
todo
sufrimiento
que
encarna
el
despliegue
del
contemporáneo
régimen
de
administración
de
la
ruina.





A
estas
alturas
el
sonido
del
dron
es
la
campana
que
confirma
quienes
son
los
pecadores.
Y
por
las
pantallas
y
comentarios
se
reafirma
que
todo
el
desastre
que
es
la
política,
es
decir,
nuestra
forma
de
vida
puede
resolverse
ni
siquiera
con
tecnología,
sino
tan
solo
tecnificando
la
vigilancia.
Que
el
mundo
iría
bien
de
no
ser
por
aquellos
que
se
les
ocurre
interrumpir
el
progreso,
o
sea
el
saqueo
y
que,
por
tanto,
la
libertad
y
la
justicia
la
escribirían
ellos
y
con
nuestra
sangre.




Nosotrxs
no
creemos
en
el
lenguaje
del
Imperio.






“Drones
policías”.
La
Tercera.






Volver
la
realidad
totalitaria





Hay
quienes
insisten
en
asombrarse
de
la
extrañeza
de
las
que
aun
llaman
relaciones
internacionales,
por
ejemplo,
con
el
caso
de
China.
Y,
sin
embargo,
cuanto
más
se
buscan
razones
para
el
asombro,
más
claramente
se
deja
a
ver
que
el
acomodo
es
antes
entre

disciplinamiento,
control
y
explotación
,
que
entre
naciones.
El
agregado
de
los
valores
fundamentales
es,
sobre
todo,
un
operador
de
la
mutación.
La
cual,
por
su
parte,
es
un
intento
desesperado
por
sostener
las
condiciones
de
acumulación,
frente
a
su
imposibilidad
radical,
a
tal
punto
que
dicha
imposibilidad
beneficia
las
nuevas-viejas-formas
de
disciplinamiento
y
control.
El
objetivo,
por
ejemplo,
no
es
tanto
establecer
lazos
comerciales
con
China,
como
hacer
uso
de
lo
más
eficaz
de
su
modelo.
La
cínica
sorpresa
que
causa
la
relación
entre
totalitarismo
y
capitalismo
debiese
quedar
neutralizada
y
descartada
tan
rápido
como
los
mismos
defensores
de
la
sorpresa
abandonarían
cualquier
pretendido
compromiso
con
la
pluralidad
en
nombre
de
cualquier
valor
que,
literalmente,
permita
seguir
la
acumulación.
¿Qué
es
sino
aquel
modelo
de
gobierno
que
los
esperanzados
morales
llaman

corrupción
?





Hay
un
uso
evidente
de
la
corrupción
no
solo
para
perseguir
gobiernos
inclinados
tan
solo

hacia
otro
luga
r;
sino
también
para

premiar
la
aplicación
de
las
doctrinas
.
Así,
en
diversos
territorios
los
policías
que
asesinan
luchadoras
y
luchadores
sociales
y
los
políticos
que
les
mandan,
son
de
una
u
otra
forma,
tarde
o
temprano
premiados
por
su
acción
que,

por
ahora
,
excede
el
régimen
de
lo
legal.
Y,
a
la
vez,
se
alista
todo
para
la
transformación
radical
de
lo
que
se
ajusta
a
derecho.
Con
la
disciplina
de
un
partido
leninista
y
bajo
la
apariencia
de
las
oportunidades
de
mercado,
se
intensifica
el
despliegue
de
la

arquitectura
jurídica
del
saqueo
global

iniciado
hace
un
par
de
décadas.
Tanto
aquella
alianza
de
la
derecha
latinoamericana
que
han
llamado
ProSur,
una
especie
de

Sur
Premium
;
como
aquel
pacto
multilateral
conocido
bajo
la
sigla
TPP-11
que
viene
a
normar
desde
las
Corporaciones
los
ya
tristes
regímenes
jurídicos
nacionales,
instalan
las
condiciones
para
una
transición
casi
imperceptible
a
un
totalitarismo
fundado
en
defensa
de
valores
que
no
cesará
de
transgredir,
como
la
paz,
la
vida,
la
libertad
y
todas
esas
palabras
que
por
fuerza
de
repetir
han
convertido
en
balbuceos.





La
presencia
de
la
policía,
de
sus
agentes
y
de
sus
máquinas,
se
acrecienta
al
compás
de
la
defensa
o
simple
aprobación
sin
defensa
alguna
de
los
proyectos
que
reestructuran
el
orden
de
lo
jurídicamente
aceptable,
teniendo
por
resultado,
una
vez
más,
el
desplazamiento
de
lo
acostumbrado.
Los

checkpoints
,
así
como
las
fechas
y
los
lugares
que
los
justifican
se
multiplican
casi
sin
que
podamos
darnos
cuenta.
La
vestimenta
de
la
policía
militar
se
hace
tan
frecuente
como
la
del
tradicional
paco
citadino,
en
lugares
y
momentos
que
hace
algunos
años
hubiera
escandalizado,
aunque
sea
para
guardar
las
apariencias.
Los
colegios
y
las
universidades
tienen
hoy
prácticamente
las
puertas
abiertas
a
las
policías
que
no
dudan
en
ver
en
aquellos
y
aquellas
que
las
habitan
sus
adversarios
políticos.





Y
la
mutación
es
tal
que
sobran
las
palabras
para
describirla,
pero
hay
muy
pocas
para
decir
lo
que
nuestros
cuerpos
constatan.
No
es
que
nos
falten
nombres
para
la
catástrofe,
sino
para
aquello
que
nos
pasa
con
ésta.
Las
transformaciones
que
deshacen
las
relaciones
internaciones,
interrelacionando
de
diverso
modo
disciplina,
control
y
explotación,
mediante
ese
difuso
operador
valórico,
encuentran
en
la
expansión
de
la
policía
como
ejército
corporativo
las
condiciones
de
su
realización.
Nosotrxs
sentimos,
antes
que
explicamos
esta
transformación,
vemos
la
amenaza
a
la
semilla,
al
bosque,
al
agua,
a
lo
viviente.
Olemos
el
multiplicarse
de
la
hidra.
Vemos,
aunque
sea
en
reflejos,
la
guerra
en
curso
como
mutación
general
del
orden
de
extracción.
Nos
sabemos
en
la
noche
y
es
ahí
donde
mejor
tendremos
que
movernos.






習近平和糞便






Organizar
el
desacato:
una
micropolítica
de
masas
activa





Aquello
que
llamamos
masoquismo
del
mérito
se
ve
potenciado,
intensificado
y
sobre-organizado,
mediante
la
perpetuación
y
penetración
de
la
pax
crediticia.
Efectivamente
como
lo
señalan
Gago
y
Cavallero
en
su
último
libro,
la
deuda
instala
una
economía
de
la
obediencia
que
refuerza
el
masoquismo
y
hace
aún
más
abstracto
el
lugar
desde
donde
se
instala
la
crueldad
de
la
institución.
La
financiarización
de
todo,
hemos
dicho
antes
y
han
mostrado
tantxs
otrxs,
permite
precisamente
continuar
con
la
acumulación
en
condiciones
de
abierta
catástrofe.
Lo
permite
pues
la
hace
en
sí
misma

rentable.

Hace
unos
días
atrás,
Mike
Pompeo,
celebraba
la
oportunidad
de
negocios
que
significa
el
derretimiento
del
ártico
por
el
petróleo
y
la
circulación
(cómo
no).
Y
a
nivel
cotidiano
permite
extorsionar
la
cooperación
social
y
en
último
término
de
la
propia
vida.

Vivir
en
deuda

y,
de
hecho,

nacer
en
deuda

merced
el
dichoso
sistema
de
AFP,
el
cual
implica
nacer
debiendo
individualmente
la
posibilidad
de
no
morir
de
hambre
cuando
ya
no
podamos
trabajar.





Es
que,
precisamente
como
señala
Suely
Rolnik
también
en
su
publicación
más
reciente,
esta
acumulación
por
devastación
de
la
vida
humana
y
no
humana
nos
afecta
a
todxs,
aun
cuando
resintamos
su
violencia,
en
intensidades
distintas,
de
modo
singular.
El
malestar
está
ahí,
insiste,
señala,
alarma.
La
vida
busca
perseverar.
Este
deseo
de
perseverar
busca
hacerse
un
cuerpo,
lo
que
implica
también
un
nombre
a
aquello
que
nos
pasa,
es
decir,
que

nos
atraviesa,
nos
hace
frágiles,
permeables
.
Todo
aquello
pareciera
conducirnos
a
presenciar
un
límite.
Una
zona
trágica
si
se
quiere,
desde
donde

ya
no
se
puede
permanecer
igual
.
Justamente
porque
aquel
deseo
de
perseverar,
aquella
vida
que
merecer
ser
vivida,
es
productora
de

diferencias.

Contra
esa
necesidad
de
un
ensayo
radical
de
otros
modos
de
vivir(nos)
es
que
se
buscan
cerrar
los
mecanismos
de
la
totalitarización.





La
noche
fascistoide
neoliberal
pretende
precisamente
que
volvamos
a
perder
de
vista
lo
evidente
de
la
organización
financiera
de
todas
las
catástrofes
locales.
Buscando
instalar
distintos
mecanismos
de
individualización
de
la
gestión
del
malestar.
Robar
la
atención,
espectacularizar
la
vida,
militarizar
los
territorios,
arruinar
el
presente,
gobernar
a
distancia
mediante
deuda
y
dron,
perseguir
y
asesinar
forman
parte
de
los
mecanismos
para
dirigir,
potenciar
e
intensificar
la
deriva
del
malestar
hacia
una
micropolítica
reactiva
que,
reduciendo
nuestra
experiencia
del
mundo
a
la
de
la
identidad
y
del
sujeto,
le
proponen
luego
salvarlo.
Instalar
las
nuevas-viejas-formas.
Al
reducirlo
así,
se
dispara
la
dinámica
culpabilizadora,
responsabilizándonos
cada
unx
a
sí
mismx,
o
bien,
a
quien
pueda
servir
de
chivo
expiatorio.
Y
en
ese
momento
todo
intento
de
alivio,
no
hace
sino
reforzar
el
contrato
masoquista,
la

deuda
impagable
:
nunca
nadie
es
la
foto
del
Instagram;
la
lucha
en
contra
de
los
derechos
de
otrxs
no
defiende
“los
tuyos”.





Es,
por
otra
parte,
la
comunalización
de
este
malestar
aquello
que
puede
permitir
la
actualización
de
los
agenciamientos
del
deseo,
es
decir,
la
producción
de
formas
nuevas,
no
en
el
sentido
de
una
innovación,
sino
de
la
creación
de
nuevas
preguntas,
de
otras
formas
de

hacernos
persistir
en
esta
experimentación,
de
encontrarnos
en
la
duración
de
esta
intensidad
.

No
hay
una
gran
catástrofe
por
venir,
puesto
que
ya
la
habitamos
.
Y
es
aquí
donde
organizar
el
desacato
se
hace
vital
y
precioso.
Todo
proceso
de
germinación
es
lento
y
es
por
eso
que
una
micropolítica
activa
y
de
masas,
como
se
hace
ver
en
las
alianzas
imprevistas
entre
feministas
y
deudoras;
entre
estudiantes
y
pueblo
mapuche;
entre
jubiladxs
y
precarixs;
no
parece
buscar
una
resolución,
un
alivio
rápido,
sino
preparar
un
terreno
fértil
como
decía
una
compa
de
Brasil
frente
al
desastre
Bolsonaro.
Abrir
un
espacio
para
errar
mejor,
permitir
que
este
deseo,
que
este
perseverar
que
mueve
la
vida
a
buscar
nuevas
formas
se
exprese,
se
actualice.
Armar
las
estrategias
para
respirar
y,
mientras
tanto,
contribuir
a
que
lo
agónico
termine
de
morir.
No
consentir,
no
salvarles.
Desobedecer,
desacatarles.
Insistir
en
este
malestar
que
no
nos
deja
indiferentes;
resistir
a
todas
las
formas
de
cancelación
de
la
vida
que
buscan
redirigir
nuestras
potencias
creativas
a
la
salvación
del
mundo
que
han
destruido
y
acá
no
escatimar:
buscar
nuevas
formas
de
un
internacionalismo
molecular,
cuidarnos,
sabernos,
intuirnos,
re-conocernos.
Y
así,
poder
persistir
en
el
deseo
de
esta
vida
que
empieza
ya
a
producir
sus
próximas
formas.








Toma
17
de
mayo,
Cerro
Navia.
Frente
Fotográfico.





[1]
https://dystopica.org/2018/03/22/elementoscriticanuevasderechas/



[1]
https://radio.uchile.cl/2019/04/03/declaracion-de-renta-2019-un-portazo-institucional/



[1]
https://prensa.presidencia.cl/discurso.aspx?id=77735



[2]
https://prensa.presidencia.cl/discurso.aspx?id=82507



[3]
https://www.latercera.com/mundo/noticia/kast-bolsonaro/373471/



[4]
https://www.eldinamo.cl/nacional/2019/04/17/diputados-seguidores-de-kast-presentaron-proyecto-de-toque-de-queda-juvenil/



Plebiscito
Constituyente
por
Gabriel
Salazar,
Chile
2020







Fuente: Arrezafe.blogspot.com