June 16, 2022
De parte de Lobo Suelto
946 puntos de vista

Nos proponemos llevar a la materialidad de la escritura ese trabajo que implica desarmar y repensar el concepto de Castraci贸n. Sabemos que no se trata apenas de revisar un concepto sino de movilizar todo el edificio, ya que es parte de los cimientos con los que construimos el ejercicio de nuestra pr谩ctica profesional, nuestra lectura y aprendizaje de la teor铆a psicoanal铆tica.

No estamos lejos de Freud, que insisti贸 en remarcar el car谩cter provisorio de sus descubrimientos y afirmaciones. Lo que distingue a su escritura es el esfuerzo por transmitir lo que va pensando, al ritmo de sus descubrimientos, construcciones y obst谩culos.

Si la revisi贸n del psicoan谩lisis a partir de las teor铆as feministas nos sigue pareciendo revolucionaria, y marginal, es porque aquello a lo que se opone est谩 vivito y coleando, reluciente de hegemon铆a

Las palabras, nuestro lenguaje, no han sido nunca inocuas, y es tiempo de volver a revisar los fundamentos y principios (sabemos que en cada historia, y en la Historia, no hay un 煤nico principio sino varios鈥), en lugar de repetir. Honrar la revuelta freudiana es no dejar de ser, es seguir siendo capaces de revueltas. Seguiremos escribiendo contra los discursos conservadores, para que el psicoan谩lisis no se vuelva discurso conservador (no imaginamos para el psicoan谩lisis peor futuro que ese).

Si la revisi贸n del psicoan谩lisis a partir de las teor铆as feministas nos sigue pareciendo revolucionaria, y marginal, es porque aquello a lo que se opone est谩 vivito y coleando, reluciente de hegemon铆a, a煤n naturalizando como verdades irrefutables aspectos ya obsoletos y controversiales de nuestras viejas teor铆as.

驴Qu茅 hacemos lxs psicoanalistas con la realidad?

Empecemos por Juan Carlos Volnovich, pionero del psicoan谩lisis en la Argentina. 脡l empieza su relectura de los Tres Ensayos para una teor铆a sexual invitando a diferenciar en la obra freudiana lo a煤n luminoso de lo obsoleto. Se plantea, nos plantea: 驴cu谩nto de revelaci贸n y cu谩nto de encubrimiento supuso el atrevimiento de 鈥渄escubrir鈥 la sexualidad infantil? 脡l se refiere al silenciamiento del abuso sexual a partir de la renuncia a la 鈥淭eor铆a de la seducci贸n鈥. A partir del psicoan谩lisis, ser humano y ser sexuado pasan a ser una 煤nica y misma cosa. Si el siglo XX naci贸 conmovido por el esc谩ndalo de la sexualidad infantil, sexualidad no subsumida a genitalidad, hoy podr铆amos reescribir: no subsumida al binarismo de la diferencia sexual, no constre帽ida entre los posibles que se traman para cada unx de nosotrxs, en particular para mujeres y disidencias, entre el complejo de castraci贸n y la envidia del pene, a nuestro placer s铆 castrado o empobrecido por el mandato que la normalidad nos exig铆a al plantear el pasaje necesario del cl铆toris a la vagina, receptora por supuesto del placer del hombre, como prueba de nuestra lograda evoluci贸n.

Podemos decir que hemos pasado del empuje a la 鈥渂uena鈥 o 鈥渟ana鈥 feminidad a los trabajos feministas, que vienen desde d茅cadas atr谩s pero que permanecieron para muchxs silenciados, y que hoy se despliegan en otro empuje, el de la ola feminista que motoriza nuevas posibilidades. Dicho empuje arrastra diferentes puntos de nuestras teor铆as. Y ahora nos preguntamos c贸mo hemos logrado permanecer tantos a帽os inc贸lumes, disociadas de nuestras propias realidades er贸ticas, sosteniendo aquellos pilares, c贸mo hemos desmentido nuestra realidad er贸tica y sexual en privilegio de la teor铆a. 驴C贸mo ha sido posible que el t茅rmino 鈥渃astraci贸n鈥, ligado a nuestra genitalidad, heredero de una teor铆a sexual infantil, impotentizante de nuestro placer en tanto patologiz贸 una zona er贸gena central, se erija en operaci贸n clave y estructurante del psiquismo humano? Y m谩s a煤n, 驴por qu茅 seguimos repitiendo el t茅rmino 鈥淐astraci贸n鈥, enmascarando la verdad de su palabra, como si utilizarla casi como un eufemismo para designar otras cosas la tornara menos violenta? Si consideramos que hay conceptos obsoletos, entonces dejemos de utilizarlos, de reproducirlos y suponer que podemos lavarlos de su marca patriarcal constitutiva.

Esa particular y cierta castraci贸n s铆 que ha generado estragos en tant铆simos divanes y consultorios psicoanal铆ticos. La envidia del pene ha sido otro de los modos en los que se conform贸 nuestro destino y nuestro camino hacia la renuncia de la zona er贸gena 鈥渋nfantil鈥. Tal vez a lo que tenemos que renunciar es a algunos conceptos. En particular si la teor铆a ha operado como instancia represora. Una teor铆a que estableci贸 como equivalentes para las mujeres la aceptaci贸n de la castraci贸n y la aceptaci贸n de la realidad.

La castraci贸n fue lo que permiti贸 hacer de la falta un articulador en la constituci贸n subjetiva, en tanto eje de la diferencia sexual ordenadora de identificaciones y elecciones de objeto; y en tanto eje de nuestro orden simb贸lico que se organiza en torno a ella. Cuerpo y lenguaje necesitaron de la castraci贸n, de la 鈥渂arra de la castraci贸n鈥 para organizarse en torno a la falta estructurante del psiquismo. La castraci贸n y su eficacia m铆tica por cierto ha sido enorme. La hemos necesitado, defendido, sostenido, tanto que no sabemos si podemos pensar psicoanal铆ticamente prescindiendo de ella. La incompletud constitutiva de la experiencia sexual, el Otro en tanto barrado, y la incompletud del lenguaje, se ordenaron en torno a ese concepto, hicieron del encuentro con la diferencia sexual el encuentro indiscutible con la falta, origen de la falta, ocasi贸n para suponer estructurante un lugar ps铆quico que en verdad nos fue asignado muchos siglos antes, porque siempre nuestra anatom铆a y nuestro lugar social fueron le铆dos as铆. Deficitarios, subalternos, inferiores, carentes.

Entonces, 驴qu茅 hemos hecho y qu茅 hacemos lxs psicoanalistas con la realidad? 驴Dentro de cu谩les m谩rgenes nos movemos para no cruzar algunas l铆neas, algunas fronteras, para seguir nombr谩ndonos y reconoci茅ndonos psicoanalistas? Hablando de lo que hacemos lxs psicoanalistas con la realidad, en particular con la realidad de lo ya escrito y pensado bastantes a帽os atr谩s, lxs invitamos a leer a Ana Mar铆a Fern谩ndez, en su libro Psicoan谩lisis. De los lapsus fundacionales a los feminismos del siglo XXI. En particular, los cap铆tulos 鈥淟a fobia al placer femenino鈥, escrito en 1979, y 鈥淟a diferencia sexual en psicoan谩lisis. 驴Teor铆a o ilusi贸n?鈥, escrito en 1982. La autora empieza detallando las mutilaciones que sufren a煤n hoy en algunas regiones de este mundo las ni帽as y mujeres en sus 贸rganos genitales. Centralmente en el cl铆toris. Y luego pasa a preguntarse: 驴cu谩les son las mutilaciones que sufre la mujer occidental? 驴Cu谩les son los equivalentes a esa fobia al placer femenino en la cultura occidental? 驴A partir de qu茅 mecanismos se logra la mutilaci贸n de la sexualidad en un f铆sico no mutilado? Esos mitos con los que el psicoan谩lisis se fund贸 y pudo existir, liberando y al mismo tiempo mutilando y oscureciendo, tienen que ser, a esta altura, removidos. Y lo cierto es que siguen vigentes. Seguimos hablando, escribiendo, refiri茅ndonos a la castraci贸n como concepto organizador de los conocimientos fundamentales de nuestra teor铆a. Pensarlos como estructurales los ha esencializado y des-historizado. El campo psicoanal铆tico sigue marcado por nociones precient铆ficas y m铆ticas. Por teor铆as sexuales infantiles. Siguen operando, no 煤nicamente en nuestro campo, cuando se supone que hemos sido y queremos seguir siendo vanguardia en la historia del pensamiento.

Nuestra anatom铆a tom贸 como medida de todas las cosas el concepto castraci贸n, desmintiendo la realidad de nuestra zona er贸gena clave, con el norte masculino que marc贸 posibles e imposibles, nos conden贸 a f谩licas o envidiosas

Las mujeres y personas con vulva hemos aceptado desmentir nuestras propias realidades er贸ticas en nombre del libro fundante que estableci贸 para nosotras el derrotero de la normalidad como camino, ese camino que hizo del cl铆toris sede del placer vergonzante e infantil a superar y a encarrilar en la vagina como el 贸rgano a alcanzar definitivamente, y con ella el orgasmo vaginal, mito ya superado, y no superado a煤n, porque sigue causando efectos. Nuestra anatom铆a tom贸 como medida de todas las cosas el concepto castraci贸n, desmintiendo la realidad de nuestra zona er贸gena clave, con el norte masculino que marc贸 posibles e imposibles, nos conden贸 a f谩licas o envidiosas y a transitar nuestras equivalencias f谩licas hacia, en el mejor de los casos, el horizonte cis-hetero-familiarista, hacia el deseo de hijo. Por supuesto que por all铆 tambi茅n llegaremos al estrago materno, a menos que el nombre del padre sea el significante que nos salve y rescate, y que salve a la cr铆a humana de nuestra 鈥渂oca de cocodrilo鈥. Es decir, los m谩rgenes para nuestros deseos no han sido nada f谩ciles. Nos han constre帽ido a la culpa y al mandato. Eso fue y es parte de las teor铆as que estudiamos, aprendimos y repetimos, y fue parte por supuesto de nuestra historia en los divanes.

Si asegurar a la falta como punto necesario sobre el que sostener el edificio conceptual con el que nos manejamos, fij贸 la falta a nuestros cuerpos y a nuestros deseos, deformando o alterando la inscripci贸n ps铆quica de nuestra anatom铆a, culpabilizando y patologizando nuestro placer; si la diferencia sexual prefigur贸 destinos y se erigi贸 en indiscutible, porque ese descubrimiento es el inicio para el sujeto humano que aspire a estar barrado y existir neur贸ticamente en este mundo鈥 Tal vez ya es tiempo de desterrar ciertos conceptos. No son inocuos, no est谩n caducos.

Por supuesto no vamos a hacer responsable al psicoan谩lisis de los componentes patriarcales que gobiernan nuestra cultura, pero el psicoan谩lisis aspir贸 a ser vanguardia. Naci贸 como vanguardia. Necesita romper a煤n contra s铆 mismo y pensar contra s铆 mismo, y si es necesario de nuevo, todo de nuevo. Si el psicoan谩lisis represent贸 un giro copernicano, debemos decir que est谩 incompleto. Desde ya, el patriarcado no empieza con Freud. Pensemos en Sor Juana In茅s de la Cruz a partir de la lectura agud铆sima de Josefina Ludmer en su texto llamado Tretas del d茅bil, en el que articula saber, poder y decir como trabajo para las mujeres, un trabajo para salir del silencio y del lugar subalterno, establecido por un r茅gimen que hizo de la diferencia de los sexos una ley trascendente. Sor Juana supo valerse de humor, de la iron铆a y a veces de una aparente debilidad, como estrategia de supervivencia, de resistencia y arma de inteligencia. 驴Saben c贸mo se llaman esos g茅neros literarios supuestamente menores, como las cartas, los diarios y las autobiograf铆as? Se llaman g茅neros de la realidad y suelen ser degradados. Son g茅neros de resistencia y de subversi贸n del silencio. Hace siglos las mujeres y disidencias venimos transitando esa pregunta: 驴qu茅 hacer con la realidad? 驴C贸mo incluimos nuestras realidades en la historia oficial? Nos lleva a pensar hoy en la escritura de Aurora Venturini. O en Elena Ferrante, en sus ensayos, en los que escribe sobre la escritura que necesita desbordar el canon de la voz extra帽a que la habita en tanto masculina.

Las desigualaciones que la cultura patriarcal porta en su ADN se hallan inscriptas, insertas, marcadas en nuestras subjetividades. Tambi茅n en nuestras teor铆as. Y el concepto castraci贸n ha sido y sigue siendo parte de ello.

Leer a Freud hoy

Vamos a tomar tres de sus textos: 鈥淎lgunas consecuencias ps铆quicas de la diferencia anat贸mica entre los sexos鈥; 鈥淯na muestra de trabajo psicoanal铆tico鈥; y 鈥淓l presidente Thomas W. Wilson. Un estudio psicol贸gico鈥, para realizar una lectura cr铆tica.

Estas escrituras encuentran a Freud investigando sobre el proceso y las modalidades de g茅nesis de las neurosis. Se帽ala como central en esa g茅nesis la naturaleza pulsional y el largo periodo de dependencia infantil en el que merece especial inter茅s una situaci贸n com煤n a todos los ni帽os, que es derivada de la crianza prolongada y la convivencia con los progenitores: el complejo de Edipo. Freud nos advierte que cada vez que se le presenta algo nuevo, duda si va a disponer del tiempo necesario para poder corroborar lo que descubre. De modo tal que nos anticipa que aquello que va a desarrollar est谩 sujeto a futuras investigaciones y 鈥渞equiere de prueba antes de que pueda discernirse su valor o disvalor鈥.

Para Freud el complejo de Edipo en el ni帽o aparece m谩s inteligible porque mantiene el primer objeto investido libidinalmente: la zona genital como zona privilegiada de placer y rectora en la organizaci贸n genital. Su sepultamiento se produce por angustia de castraci贸n y el inter茅s narcisista por los genitales. Aqu铆 Freud dice: 鈥渁un en el varoncito, el complejo de Edipo es de sentido doble, activo y pasivo, en armon铆a con la actitud bisexual. Tambi茅n 茅l quiere sustituir a la madre como objeto de amor del padre; a esto lo designamos como actitud femenina鈥. La posici贸n pasiva llamada por Freud femenina, del ni帽o hacia el padre, tiene como esbozo de explicaci贸n una identificaci贸n tierna con el padre que pertenece a la prehistoria del complejo de Edipo. Y nos recuerda que, respecto a dicha prehistoria, falta mucho a煤n por aclarar. Como vamos viendo parte del planteo es de car谩cter conjetural, en ning煤n momento Freud le da un estatuto acabado de explicaci贸n exhaustiva y completa.

Cuando aborda el complejo de Edipo en la ni帽a se le agrega otro problema: 驴c贸mo hace la ni帽a para resignar el primer objeto y sustituirlo por el padre? El complejo de Edipo es pensado como una formaci贸n secundaria, con una larga prehistoria, en la cual la ni帽ita realizar铆a ese movimiento de cambio. Tanto para el ni帽o como para la ni帽a, piensa que la zona genital (pene/cl铆toris) es descubierta en alg煤n momento como zona de placer y no le adjudica contenido ps铆quico a los primeros quehaceres con ella. Aqu铆 es donde aparece una diferencia fundamental en la fase f谩lica para la ni帽a. 鈥淓lla nota el pene de un hermano o compa帽erito de juegos, pene bien visible y de notable tama帽o, y al punto lo discierne como el correspondiente, superior, de su propio 贸rgano, peque帽o y escondido; a partir de ah铆 cae v铆ctima de la envidia del pene鈥.

Nos preguntamos: 驴por qu茅 raz贸n la ni帽a considerar铆a el pene como un 贸rgano superior si su 贸rgano le dispensa placer? Freud expone dos modos de reacci贸n diferente frente a la ausencia de pene: el ni帽o primero desmiente y, luego de escuchar alguna amenaza, la misma se le vuelve significativa y da lugar a dos reacciones que seg煤n se conjuguen determinar谩n su relaci贸n con la mujer: esas reacciones son 鈥渆l horror frente a la criatura mutilada鈥 o 鈥渆l menosprecio triunfalista鈥. 鈥淣ada de eso ocurre en la ni帽a peque帽a. En el acto se forma su juicio y su decisi贸n. Ha visto eso, sabe que no lo tiene y quiere tenerlo鈥. Es curioso: pensamos que si esto fuese as铆, la ni帽a recurrir铆a, como el ni帽o, a la desmentida. Tal vez no desmienta porque no lo percibe as铆, o tal vez la de Freud sea una mirada que no puede ver/pensar la diferencia en su positividad. A partir de este momento la envidia del pene tiene la formulaci贸n de un postulado y todas las derivas del desarrollo volver谩n a este punto como explicaci贸n y punto de partida. La envidia del pene no es conjetural. No toma car谩cter conjetural sino verdad de postulado. As铆 como la premisa universal del pene es, precisamente, una premisa infantil; la premisa del falo como organizadora de todo el edificio conceptual psicoanal铆tico tambi茅n adquiere funci贸n de premisa. Incuestionable. Universal. Estructural.

Pensamos que el falo es no s贸lo un concepto sino un punto de vista desde donde se piensa. Desde la conceptualizaci贸n lacaniana el falo es nudo, unidad de medida, y se aclara que si bien en lo real a la mujer no le falta nada, su posici贸n s铆 est谩 definida por la 鈥渃astraci贸n simb贸lica鈥. Se acceder铆a a la feminidad a partir del descubrimiento de la castraci贸n materna, efecto de la met谩fora paterna. Diana Rabinovich lo explica as铆: 鈥渆l car谩cter pacificador del falo, que brinda una com煤n medida, que permite laudar, decidir, juzgar, definir qu茅 es razonable y qu茅 no, qu茅 es correcto o no, etc茅tera. Funciona, por lo tanto, con ese car谩cter pacificador propio de lo simb贸lico鈥. Es desde el falo desde donde se erigieron luego otros conceptos o desarrollos: el significante del nombre del padre o la met谩fora paterna. Ana Mar铆a Fern谩ndez escribe: 鈥渃omo plantea Emilce Dio Bleichmar, (Lacan) reintroduce el destino, ahora no a trav茅s de una anatom铆a, sino a trav茅s del lenguaje, en un naturalismo no biol贸gico sino simb贸lico鈥.

La horda primordial, la masa, el ej茅rcito: esos fueron, por otro lado, los colectivos de subjetivaci贸n que distribuyeron y administraron roles o estereotipos de lo que la feminidad y la masculinidad 鈥晊 lo materno y lo paterno鈥 permiten. El problema consiste en suponer que dichos colectivos son universales, a-hist贸ricos, a-temporales. La l贸gica f谩lica con su lenguaje patriarcal es responsable del sistema de nominaciones que hizo del psicoan谩lisis parte de su r茅gimen, y no ruptura.

Volvamos a Freud y al complejo de Edipo. Si hay algo parecido a una desmentida por parte de la ni帽a, parece ser el complejo de masculinidad. En una espera de recibir alguna vez un pene que la iguale al var贸n, la ni帽a/mujer puede persistir hasta 茅pocas tard铆as, alej谩ndose de la feminidad, tendiendo a comportarse como un var贸n. Pero esta no es la 煤nica consecuencia ps铆quica seg煤n Freud. El complejo de masculinidad ser铆a algo as铆 como una formaci贸n reactiva. Otras consecuencias ps铆quicas ser铆an el sentimiento de inferioridad, entendiendo la falta de pene como castigo personal. Empieza a compartir el menosprecio del var贸n por el 鈥渟exo mutilado鈥 y, al menos en este juicio, se mantiene en paridad con el var贸n.

Esta propuesta parece ser una trampa narcisista para resarcirse de la inferioridad de sus genitales. Tiene que reconocerse inferior para igualarse al var贸n. En esa b煤squeda de igualdad se desiguala. 鈥淟a admisi贸n de la herida narcisista deja como cicatriz un sentimiento de inferioridad en la mujer鈥. Pensamos que la teor铆a psicoanal铆tica, en este sentido, psicologiza las razones de una desigualaci贸n que, por cierto, no responde a motivos singulares, personales ni propios del g茅nero, sino a los motivos socio-culturales, hist贸ricos que hicieron y hacen del g茅nero un modo de existir subalterno. Es decir, se transforma una explicaci贸n de orden social y cultural en una explicaci贸n relativa a motivos psicol贸gicos estructurales, que est谩n en la base de la constituci贸n general y 鈥渘ormal鈥 de aquellos caminos que recorre una ni帽a para llegar a ser mujer. La ni帽a-mujer se hace cargo de su inevitable inferioridad por razones ps铆quicas, y de los destinos que ella tendr谩 por efecto de sustituci贸n y equivalencia simb贸lica, de formaci贸n reactiva, de elecci贸n homosexual por resoluci贸n fallida. Por supuesto aqu铆 nos referimos a las mujeres cis, que son en esa 茅poca las 煤nicas que cuentan.

Por otro lado, como efecto de la envidia del pene, perviven los celos como rasgo de car谩cter. Freud se帽ala que, si bien los celos no son exclusivos de ning煤n sexo, en las mujeres reciben un refuerzo desde la fuente de la envidia del pene. La tercera consecuencia es el desasimiento del objeto madre, que es responsabilizada por la falta de pene.

Es interesante, en este texto, c贸mo Freud intenta explicar el abandono de la masturbaci贸n en la ni帽a. Dice que la mujer soporta peor la masturbaci贸n que el var贸n y nuevamente recurre a la envidia del pene para explicarlo. Pero veamos c贸mo plantea las excepciones 鈥昦unque las vuelva a deso铆r retomando el postulado de la envidia del pene. 鈥淧or cierto, la experiencia mostrar铆a incontables excepciones a esta tesis, si se la quisiera instituir como regla. Es que las reacciones de los individuos de ambos sexos son mezclas de rasgos femeninos y masculinos. No obstante, sigue pareciendo que la naturaleza de la mujer est谩 m谩s alejada de la masturbaci贸n (驴o ser谩 que la misma es socialmente, en las mujeres, menos aceptada y m谩s condenada?), y para resolver el problema supuesto se podr铆a aducir esta ponderaci贸n de las cosas: al menos la masturbaci贸n en el cl铆toris ser铆a una pr谩ctica masculina, y el despliegue de la feminidad tendr铆a como condici贸n la remoci贸n de la sexualidad clitor铆dea鈥.

Parece que la feminidad no es otra cosa que el abandono del placer de la zona er贸gena facilitada (cl铆toris) hacia un 驴placer? sexual femenino direccionado a la reproducci贸n. Se trata de una teor铆a que produce la 鈥渆ducaci贸n鈥 sentimental y corporal de nuestro placer con argumentos te贸ricos hoy insostenibles

La envidia del pene es el motivo de la renuncia a la masturbaci贸n y el placer genital queda ligado a la masculinidad. La feminidad conlleva la renuncia al placer genital, al menos aquel de la zona facilitada. 驴Qu茅 consecuencias tiene para el psiquismo la renuncia al placer facilitado? 驴Y para el narcisismo la identificaci贸n con lo devaluado? 鈥淒e esta manera, el conocimiento de la diferencia anat贸mica entre los sexos esfuerza a la ni帽a peque帽a a apartarse de la masculinidad y el onanismo masculino, y a encaminarse por nuevas v铆as que llevan a la feminidad鈥. La obtenci贸n de placer por estimulaci贸n de la zona deviene masculinidad. Y parece ser que la feminidad no es otra cosa que el abandono del placer de la zona er贸gena facilitada (cl铆toris) hacia un 驴placer? sexual femenino direccionado a la reproducci贸n. Se trata de una teor铆a que produce la 鈥渆ducaci贸n鈥 sentimental y corporal de nuestro placer con argumentos te贸ricos hoy insostenibles.

Hasta aqu铆, la prehistoria del complejo de Edipo en la ni帽a. El deslizamiento de la libido a la ecuaci贸n simb贸lica pene = hijo la coloca en una nueva posici贸n. Si la ligaz贸n con el padre es altamente conflictiva y se resigna puede regresar al complejo de masculinidad y fijarse en una identificaci贸n-padre. 鈥淓l complejo de castraci贸n produce en cada caso efectos en el sentido de su contenido: inhibidores y limitadores de la masculinidad y promotores de la feminidad. La diferencia entre var贸n y mujer en cuanto a esta pieza del desarrollo sexual es una comprensible consecuencia de la diversidad anat贸mica de los genitales y de la situaci贸n ps铆quica enlazada con ella, corresponde el distingo entre castraci贸n consumada y mera amenaza de castraci贸n鈥. La castraci贸n promueve la feminidad, sostiene Freud. En todo caso, promueve la asunci贸n de una feminidad muy funcional a la l贸gica del sistema patriarcal.

Esta manera de pensar la castraci贸n como modo de entrada en el complejo de Edipo para la ni帽a tendr谩 otras consecuencias. La resoluci贸n del complejo parece no poder ser el sepultamiento y tiene como destino reprimirse o 鈥渟us efectos penetran mucho en la vida an铆mica que es normal para la mujer鈥. En esta operaci贸n se sostiene y se funda como conclusi贸n para las mujeres la conformaci贸n de un supery贸 que queda m谩s ligado a sus or铆genes afectivos, menos implacable y menos impersonal, ignorando bastante el alcance superyoico, culp贸geno que tiene para las mujeres en general esa conformaci贸n interiorizada, productora y reproductora de sumisi贸n, de desmentida de algunas realidades, tanto en el ejercicio de su propia sexualidad como en sus tramas vinculares. Lo pasivo como femenino y lo activo como masculino plantean un problema en tanto se suele producir un desplazamiento constituyendo lo pasivo como rasgo de la feminidad y lo activo de la masculinidad. Cuando en ambos textos Freud vuelve sobre la disposici贸n bisexual de todos los humanos, reuniendo ambos caracteres masculinos y femeninos, dice: 鈥渓a masculinidad y la feminidad puras siguen siendo construcciones te贸ricas de contenido incierto鈥.

En el libro que escribe Freud en co-autor铆a con Bullitt, va a plantear que frente a los primeros objetos amorosos tanto el ni帽o como la ni帽a establecen unas relaciones de car谩cter pasivo. Esto es diferente de lo que hab铆a venido planteando. Aqu铆 la primera posici贸n es de naturaleza pasiva para ambos. Y cuando se refiere al complejo de Edipo dice: 鈥渓a libido del ni帽o carga cinco acumuladores: el narcisismo, la pasividad hacia el padre, la pasividad hacia la madre, la actividad hacia el padre, la actividad hacia la madre, y comienza a descargarse por medio de estos deseos. Un conflicto entre estas diferentes corrientes de la libido produce el complejo de Edipo en el ni帽o peque帽o鈥. Una de las formas de escape del conflicto entre las diferentes corrientes libidinales es la identificaci贸n con el objeto, que entonces deviene en el Ideal del Yo y la instalaci贸n de la instancia Superyo. Lo interesante de este fragmento es c贸mo expone con claridad que el ni帽o peque帽o puede tener actitudes pasivas hacia el padre y la madre y actitudes activas hacia ambos, rompiendo con la idea de la posici贸n masculina hacia la madre y pasiva hacia el padre. Se plantea el tema en t茅rminos posicionales. Lo importante pasa a ser c贸mo se ubica el ni帽o/ni帽a frente a las mociones amorosas.

Pensar lo pasivo y lo activo como posiciones en la trama ed铆pica en relaci贸n a los objetos de amor, deslig谩ndolo de lo femenino o lo masculino y de la diferencia sexual anat贸mica, puede ser una puerta para pensar de un modo no binario las existencias y sexualidades.

El planteo del complejo de Edipo para Freud es mucho m谩s que 鈥渦n cuentito鈥 que ha sido superado por la formulaci贸n Lacaniana de un 鈥淓dipo estructura鈥. Con el planteo de un Edipo estructura desaparece el momento del Edipo complejo y el objeto parcial como tal, en tanto los objetos parciales van a estar articulados a la posici贸n del Falo. En Freud esto es diferente. Nos interesa seguir pensando el complejo de Edipo como estructurante, con estas cr铆ticas que hemos ido se帽alando. El Edipo complejo es un momento estructural en cuanto a la forma en que se van a rearticular los enlaces primarios con los objetos. Es el momento en que los deseos se dirigen hacia los objetos primarios reconocidos como totales y exteriores y la primera vez que se unen mociones er贸ticas y amorosas con esos objetos. Silvia Bleichmar lo dice de este modo: 鈥渓o interesante del complejo de Edipo es que articula, bajo un deseo amoroso, los modos del erotismo parcial. Y que esta forma tome modalidades genitales est谩 dado 鈥昿odr铆amos pensar鈥 no por una tendencia innata del ni帽o a constituirse en el complejo sino porque es la forma con la cual, en la cultura, se define el ensamblaje al semejante鈥.

El complejo de Edipo y su vigencia

Nos propusimos diferenciar los elementos invariantes presentes en el complejo de Edipo de aquellos elementos que constituyen una forma particular, hist贸rica, de la constituci贸n de la subjetividad. Consideramos como elementos invariantes el estado de prematuraci贸n, la necesidad de la crianza prolongada; y la relaci贸n de asimetr铆a entre el adulto y el ni帽o marcada por la presencia del inconsciente y la sexualidad del adulto.

Entendemos como vigente, desde la lectura de lo trabajado por Silvia Bleichmar, la prohibici贸n que toda cultura ejerce respecto de la apropiaci贸n del cuerpo del ni帽o como lugar de goce del adulto; el car谩cter fundante de la prohibici贸n como lugar generador del fantasma infantil y de los enigmas e identificaciones que constituyen una historia singular; el complejo de Edipo pensado como el eje ordenador del amor al semejante.

De-castraci贸n

De-castraci贸n: desmontar ese t茅rmino de nuestro aparato conceptual y bajar al santo falo de su pedestal como organizador de todo pensamiento posible y garante de una pretendida 鈥減ureza鈥 del psicoan谩lisis. Desmontar la falta sostenida en la idea de la diferencia sexual en tanto conflicto pr铆nceps para el psiquismo y reaseguro de la existencia de un g茅nero desigualado y de un esquema binario. Nos oponemos a ese psicoan谩lisis que cree que leer es practicar la ecolalia.

De nuestras realidades, no solo de nuestras fantas铆as, somos responsables. En eso estamos: viendo qu茅 lugar le damos lxs psicoanalistas a la realidad y a los conceptos. Si soportan la puesta en relaci贸n de unos y otros. En los libros, en los consultorios y en la vida.

Sue帽os 1

1

Bibliograf铆a

Bleichmar, Silvia: Paradojas de la sexualidad masculina. Paid贸s. (Buenos Aires,2007).

Bleichmar, Silvia: Las Teor铆as Sexuales en Psicoan谩lisis. Qu茅 permanece de ellas en la pr谩ctica actual. Paid贸s. (Buenos Aires, 2014).

Fern谩ndez, Ana Mar铆a: Psicoan谩lisis. De los lapsus fundacionales a los feminismos del siglo XXI. Paid贸s. (Buenos Aires, 2021).

Freud, Sigmund: M谩s all谩 del principio de placer. Amorrortu Editores. (Buenos Aires, 1991).

Freud, Sigmund: Esquema del psicoan谩lisis. Amorrortu Editores. (Buenos Aires, 1991).

Freud, Sigmund: Algunas consecuencias ps铆quicas de la diferencia anat贸mica entre los sexos. Amorrortu Editores. (Buenos Aires, 1984).

Freud, Sigmund y Bullitt William: El Presidente Thomas Woodrow Wilson. Un estudio psicol贸gico. Acme Agalma Editorial. (Buenos Aires 1997).

Rabinovich, Diana: Lectura de La significaci贸n del falo. Editorial Manantial. (Buenos Aires, 1995).

Tajer, D茅bora: Psicoan谩lisis para todxs. Por una cl铆nica pospatriarcal, posheteronormativa y poscolonial. Editorial Top铆a. (Buenos Aires, 2020).

Volnovich, Juan Carlos: 鈥淧ara releer a Freud: cien a帽os de los Tres Ensayos para una teor铆a sexual鈥. Revista Top铆a. (Buenos Aires, 2005).

Fuente: El rumor de las multitudes/ El Salto Diario




Fuente: Lobosuelto.com