August 9, 2022
De parte de Ateneo Libertario Carabanchel Latina
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A lo largo de la historia a las mujeres se les han sobrediagnosticado dolencias y síndromes ya descartados, principalmente psiquiátricos, desde la histeria a la ninfomanía. Este retrato distorsionado, que vivió una edad de oro en el siglo XIX, se ha cuestionado en las últimas décadas por la comunidad investigadora.

Beatriz de Vera / Agencia SINC

Imagen de una paciente diagnosticada con histeria en el hospital La Salpêtrière de París. / Foto: Wikimedia Commons

“Nacida débil y sensible, la mujer, esta fiel compañera del hombre, merece el más vivo interés y presenta un vasto campo a las meditaciones de filósofos y médicos”. Así arranca el Tratado completo de las enfermedades de las mujeres, un texto de 1844 que pretende ser una puesta al día de todo lo conocido por la medicina sobre las mujeres hasta la fecha.

El ‘sexo bello’ o el ‘ángel del hogar’ fueron nombres usados por algunos científicos del siglo XIX, que apuntalaron en el imaginario colectivo la noción de ‘sexo débil’ para referirse a las mujeres. “Las modificaciones físicas que constituyen las bellezas de la mujer están en razón inversa de las que constituyen las del hombre. Las facciones de su rostro tienen unas proporciones finas y agradables, sus pies son más pequeños y manos delicadas, sus brazos, muslos y piernas son más gruesos, los músculos de todos sus miembros están dulcemente demarcados con líneas ondulantes”, escribe el médico Baltasar de Viguera en La fisiología y patología de la mujer (1827).

Para De Viguera, que relataba con profusión la sensibilidad y delicadeza en formas, sentidos y carácter de las mujeres, sus cualidades tenían que ver con “los órganos de la matriz”. “Esta prodigiosa esfera de la perpetuidad de la especie es la que determina los atributos del bello sexo, la que preside todas sus funciones, la que desarrolla las modificaciones de su instinto, en fin, la que manda e influye imperiosamente en sus pasiones, gustos, apetitos, ideas, propiedades e inclinaciones”.

Esta concepción del aparato reproductor femenino avaló desigualdades, entre otras, la que impedía a las mujeres acceder a los estudios superiores: “La teoría de conservación de la energía sirvió para que algunos se opusieran a la educación de las mujeres, pues el esfuerzo que habrían de dedicar a su instrucción les quitaría una energía necesaria para el funcionamiento correcto de sus funciones menstruales y reproductivas; eso impediría su finalidad primordial, ser madres”, cuentan en Las mentiras científicas sobre las mujeres S. García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño.

Al útero se le culpa desde el antiguo Egipto: entonces, se decía que el órgano se desplazaba dentro del cuerpo de la mujer causando todo tipo de afecciones. Después, se han sucedido teorías más o menos elaboradas que relacionan el útero con enfermedades o comportamientos indóciles de las mujeres. La palabra histeria, enfermedad del útero (hystera, en griego), acompañó estos diagnósticos y tuvo una nueva edad de oro en el siglo XIX. LEER MÁS.

FUENTE: PIKARA MAGAZINE




Fuente: Ateneolibertariocarabanchellatina.wordpress.com