April 6, 2021
De parte de Lobo Suelto
21 puntos de vista


Realizada dentro del proyecto Comuna Planetaria, esta conversaci贸n con Toni Negri analiza un evento tan formidable y complejo que todav铆a hoy reverbera en algunos de los movimientos, esparcidos por el mundo, que contestan el poder constituido.

por Niccol貌 Cuppini, 18 marzo 2021

 

La Comuna como evento hist贸rico

Partamos de la Comuna de Par铆s como evento hist贸rico. 驴Cu谩l es tu elaboraci贸n respecto a qu茅 signific贸 en aquel momento hist贸rico, como evento de aquella 茅poca, c贸mo Marx lee la Comuna y qu茅 tipo de transformaciones produce en el pensamiento pol铆tico pero tambi茅n en el movimiento obrero?

Es un acontecimiento de un lado tan formidable, y tan complejo del otro, que siempre es dif铆cil definirlo. Hay dos puntos extremos para hablar de 茅l: por una parte el viejo libro de Prosper-Olivier Lissagaray (鈥淗istoria de la Comuna de 1871鈥), que es lo m谩s importante, lo m谩s objetivo jam谩s escrito sobre la Comuna, con la frescura de un combatiente y la verdad de un pr贸fugo de la Comuna misma; por otra parte el nuevo libro de Kristin Ross 鈥淟ujo Comunal鈥, que es lo m谩s reciente.

El libro de Ross nace de una tesis acad茅mica sobre el poeta Arthur Rimbaud, a partir de aquel poema formidable (鈥淟a org铆a parisiense o Par铆s se repuebla鈥) escrito durante la semana sangrante, la semana en que la Comuna es masacrada por los versalleses vencedores. Hay una estrofa bell铆sima, que recuerdo ahora:

Cuando tus pies danzaban tan fuertes en las c贸leras

Par铆s, cuando recibiste tantas pu帽aladas

Cuando est谩s acostada, reteniendo en tus alas claras

Un poco de la bondad de la bestia nueva

隆Qu茅 potente recuerdo de aquella revuelta comunista! Son versos a los cuales estoy de verdad ligado, los puse una vez como exergo en 鈥淒ominio y sabotaje鈥. All铆 Par铆s es la locura revolucionaria, Paris la loca, Par铆s la m谩rtir 鈥揵ajo los cuchillos versalleses-, de una renovaci贸n demente y salvaje. Fauve es todo esto.

La Comuna es el acontecimiento por excelencia, en todos los sentidos. De un lado porque en torno a la insurrecci贸n se acumula el m谩ximo de las fuerzas que se hab铆an organizado en el cincuentenio precedente; a partir de los a帽os 30, aquellos descritos en Los Miserables de V铆ctor Hugo. Y luego del surgimiento del 鈥渓iberalismo subversivo鈥 contra la Restauraci贸n. Del otro lado, la Comuna es el producto del afirmarse y consolidarse de las corporaciones de los obreros en lucha 鈥揳quellos mismos que en junio del 1848 hab铆an hecho una primera aparici贸n organizada de lucha revolucionaria y armada-.

Tenemos la construcci贸n de barricadas, nuevo experimento de arquitectura citadina 鈥搎ue precisamente es recogida entre otras cosas en 鈥淟os Miserables鈥, el proletariado parisino luego se aposta en las barricadas, lo que aterroriza a los patrones..-. Recientemente rele铆 鈥淟os Miserables鈥, no s茅 muy bien por qu茅, no ten铆a muchos deseos de estudiar y me puse a releer estas miles de p谩ginas y las le铆 todas, incluso las partes m谩s aburridas, entre las que est谩n aquellas sobre la construcci贸n de las barricadas, que no son las cosas m谩s simples de hacer.

Tenemos en la Comuna el expandirse del socialismo del movimiento obrero en t茅rminos democr谩tico-radicales. Y junto a esto otra l铆nea, que es el condensarse de las energ铆as intelectuales y proletarias en lucha: un fundamento del comunismo para los siglos por venir. Con las consecuencias que sabemos, por la importancia que esta experiencia asumir谩 en su forma m谩s revolucionaria cuando es recuperada en la reflexi贸n que, de Marx en adelante, se har谩 de esta experiencia comunera.

Una experiencia que se organiza alrededor de los dos elementos siempre presentes y ya cl谩sicos en la acci贸n de los comunistas: de un lado la exigencia de democracia progresiva, que salta m谩s all谩 de la representaci贸n, y se define como democracia de los consejos, democracia directa, democracia de la participaci贸n inmediata. Este es el primer elemento.

Como consecuencia de esta radicalidad: la revocabilidad de los mandatos, el pago de un salario por la funci贸n, simplemente un salario medio, se dir谩 aquel del trabajo socialmente necesario. Entonces el representante deviene simplemente un mandatario, controlado en el tiempo de su funci贸n e igual a sus mandantes. He aqu铆 la democracia directa.

Y del otro lado el tema del salario, tema sobre producci贸n y reproducci贸n, donde la participaci贸n pol铆tica debe develar su presupuesto abstracto que es la cooperaci贸n productiva,  y restituirla en concreto a trav茅s de una redistribuci贸n del beneficio, aunque en la din谩mica legislativa de la Comuna se lo ve de manera bastante reducida (porque en realidad est谩 simplemente la reducci贸n del horario de trabajo de los panaderos: primero trabajaban toda la noche, entonces se aplica un horario reducido. Sin embargo esta reforma indica la atenci贸n que hay durante todo el tiempo comunero 鈥搕an breve- a las condiciones del trabajo, al salario y al ingreso).

Estos dos elementos 鈥揹emocracia directa e ingresos para todos- se combinar谩n en la historia de la Comuna en formas singulares, que Kristin Ross ha iluminado bien. La misma no nace simplemente de la confluencia en la Comuna proletaria, en su gesti贸n, de un sector intelectual, aquel m谩s democr谩tico, si no que pasa por la investidura que la Comuna opera sobre la vida cotidiana: aqu铆 reconocemos hoy su car谩cter biopol铆tico.

Esto me parece fundamental. Se preguntaron all铆, en t茅rminos muy progresivos, por parte de los ciudadanos trabajadores: 驴c贸mo se hace para vivir en conjunto? 驴C贸mo se hace para vivir como si se hiciera fiesta? Ser juntos  significa tener la posibilidad de serlo, libremente y en igualdad, y tambi茅n en forma exuberante, con las mismas posibilidades, y as铆 formar nuestras pasiones comunes bajo el signo de la felicidad. He aqu铆, esta me parece la forma hist贸ricamente excepcional y 煤nica de la Comuna.

Retornemos luego a qu茅 cosa fue propiamente la Comuna en su 茅poca. El 1871 parisino es tambi茅n un momento de resistencia, no olvidemos jam谩s que estaba la armada prusiana en torno a la ciudad, que los prusianos han hecho las paces con los versalleses, que est谩n bajo los muros..Pero atr谩s, al lado, por todas partes est谩 el ej茅rcito prusiano. No hab铆a que batirse solo por la Comuna, tambi茅n contra los prusianos. No por gusto en el 1871 contra los prusianos fueron a combatir tambi茅n los garibaldinos. Alrededor de Blefort, en las tierras de conf铆n entre Suiza y Francia, en la baja Renania, las bandas garibaldinas son las 煤nicas que tienen a raya a los alemanes, llevando tambi茅n all铆 la voz de la Comuna.

Contra los versalleses y los prusianos, por la Comuna, est谩n un poco todos, de los garibaldinos a los anarquistas 鈥搎ue asumieron de ella despu茅s f谩cilmente el modelo-, hasta los marxistas. De cualquier manera creo que era necesario el movimiento obrero as铆 como ven铆a constituy茅ndose a trav茅s de la acci贸n te贸rica de Marx, para que la Comuna resaltase con el fulgor que tuvo. 驴Pero realmente los marxistas aprehendieron este acontecimiento de manera completamente diferente a los anarquistas, o quiz谩s no? 驴O quiz谩s la Comuna funciona como matriz de todas las estirpes, de todas las razas, de todos los g茅neros? La Comuna, lo digo spinozistamente, es como la sustancia de la cu谩l saltan fuera todos los modos de ser comunista. Para m铆 es esto.

La Comuna en el tiempo

Progresemos en la historia. 驴C贸mo reverber贸 el acontecimiento Comuna al interior del movimiento obrero? Hay una an茅cdota de Lenin que baila en la plaza nevada cuando la revoluci贸n supera en duraci贸n los d铆as de la Comuna, pero pensemos tambi茅n en el imaginario pol铆tico del 68 franc茅s y los escritos de Lefebvre, o te pregunto tambi茅n por tu experiencia del 77 italiano si hab铆an referencias, anclajes a la Comuna, y m谩s en general como funcion贸 la Comuna como teor铆a pol铆tica y como imaginario que la Comuna sediment贸.

Lenin estaba todav铆a en Petrogrado, le faltaba conquistar Rusia entera, cuando festeja haber superado los d铆as de la Comuna. Y est谩 indudablemente la recuperaci贸n por parte de Len铆n (yo sigo dici茅ndolo Len铆n a la emiliana, como lo dec铆an mis viejos) de aquello que Marx hab铆a construido: la Comuna como ejemplo de extinci贸n del Estado 鈥搚 aqu铆 se funda la universalidad de de aquella palabra de orden-. Len铆n (pero quiz谩s ya Marx) establece una continuidad con el anarquismo, asume la 鈥渢oma del Estado鈥 como momento t谩ctico respecto a la estrategia de los comunistas que es siempre aquella de la extinci贸n del Estado. Para los anarquistas el momento t谩ctico es un pasaje que no cuenta, a la toma del Estado no sigue un momento de transici贸n: el Estado se destruye y basta.

Para Lenin (y tambi茅n para Marx) existe en cambio un per铆odo de transici贸n, donde evidentemente se dan problemas enormes, tanto mejor percibidos hoy despu茅s de todo lo que acaeci贸 en la Uni贸n Sovi茅tica, cuando el as铆 llamado per铆odo de extinci贸n del Estado devino un terrible mecanismo stalinista de recentramiento del Estado mismo. 隆Ha creado evidentemente muchos problemas para la teor铆a marxista del Estado, en lo que hace precisamente a su extinci贸n, todo aquello que sucedi贸! A m铆 sin embargo me interesa, lo digo en modo radical, el tema comunero de la extinci贸n del Estado. No creo que sea posible decirse comunista si se abandona este concepto.

Ciertamente, se precisa asumir esta propuesta como una tarea te贸rica y pr谩ctica. Luego-dig谩moslo de modo weberiano- sin ninguna desvalorizaci贸n de las realidades institucionales y de las funciones de centralizaci贸n, propias de la complejidad del entramado entre Estado y capitalismo, pero tampoco de los procesos de igualamiento, en las grandes transformaciones de la vida social, econ贸mica y civil, all铆 donde la cooperaci贸n social se ha hecho m谩s extensa e intensa. Como justamente sucede hoy.

Pero en el mismo momento en el cu谩l se tienen presentes estas necesidades, estas urgencias, se presenta tambi茅n, como deber de una 茅tica radical, el empe帽o de destruir toda idea de 鈥渕onopolio鈥 de la violencia leg铆tima de parte del Estado. Dig谩moslo claramente: de destruir el concepto mismo de legitimidad del poder, y de introducir la idea de la posibilidad de un dispositivo plural de poderes, de consejos, de articulaciones que pongan en acto la disoluci贸n de la complejidad capitalista y de tener el comando sobre esta disoluci贸n.

Esta es la apuesta a la cual todas las tem谩ticas comunistas deben plegarse, y con la cual jugar. Tanto m谩s hoy, cuando el discurso sobre la lucha de clases y sobre el Estado se concentra siempre m谩s expresamente sobre una hip贸tesis y una teor铆a de contrapoder (en acto). Un contrapoder capaz de producir la extinci贸n del momento central del poder, aquello re-agregado en el Estado.

Resta el problema de qu茅 cosa deba ser una transici贸n: 驴desde X a.. qu茅 cosa? Probablemente ser谩 la f贸rmula misma de la transici贸n la que constituir谩 la forma social de la organizaci贸n comunista, es decir la forma de aquella actividad de construcci贸n de un entramado de poderes con los cuales, a trav茅s de los cuales, se podr谩 afirmar el m谩ximo de la libertad y el m谩ximo de la igualdad. Y naturalmente el m谩ximo de la productividad, pero en su adecuaci贸n a las condiciones generales (f铆sicas y ecol贸gicas) de sobrevivencia de la comunidad humana.

Dicho esto, retornando a la Comuna, las dos din谩micas que dec铆a arriba, la tem谩tica consejista y la tem谩tica salarial-igualitaria, viven enteramente en toda la experiencia comunista. Viven en Lenin. Primero que todo. Me gusta excavar en aquello que dec铆a Lenin, y me parece claro que cuando dice 鈥淪oviet + electrificaci贸n鈥, dice exactamente 茅sto: Soviet como destrucci贸n del Estado y sustituci贸n de sus funciones a trav茅s del r茅gimen de los consejos.

Y del otro lado la electricidad, que en aquella fase es el modo para producir las condiciones del salariado, el modo para producir riqueza, el modo para dar vida a quien debe participar en el poder, y a la supervivencia de todos. En la vida en com煤n, la vida precede siempre al poder, siempre, en todos los casos. Por 茅sta indicaci贸n, la Comuna es central.

Sobre Lefebvre鈥s un actor demasiado importante, aunque si para valorarlo, en mi mirada, se necesita entrar un poco mejor dentro de las grandes pol茅micas de la postguerra 鈥揺n aquellas sobre el humanismo marxista en particular-, en las cuales qued贸 pegado desde el PCF y eliminado por Althusser. Entonces, necesitamos entrar un poco en ellas, porque para mi recuperar 鈥損robablemente con Lefebvre- una cierta visi贸n del humanismo comunista, es algo central. El libro de Kristin Ross, dentro de todas sus elegancias posmodernas, en realidad expulsa de obtusas y antiguas pol茅micas justo este elemento lefebvriano, el humanismo de la Comuna as铆 como el humanismo del primer Marx, que es preciso rescatar.

De modo que se necesita estar un poco atentos, porque cuando Lefebvre se ocup贸 del primer Marx, lo hizo con no poca connivencia (隆hay que reconocerlo!) con aquella que fue una moda reaccionaria del inicio dela segunda postguerra. En este cuadro, el humanismo de los escritos de Marx del 1844 fue levantado pol茅micamente contra el Marx del Capital. En Italia es Norberto Bobbio el que deviene el h茅roe del Marx del 44, coqueteando con Roderigo di Castiglia (pseud贸nimo de Togliatti en Rinascita).

En Alemania est谩 Iring Feschter que es un colosal revisionista, bien apoyado desde el 谩nimo reaccionario de la entera Escuela de Francfurt. Lefebvre permanece pegado en este juego, y dado que el Partido Comunista Franc茅s no era tan gentil como el Partido Comunista Italiano, en lugar de ser tratado con guantes 鈥揷omo le pas贸 a Bobbio- fue aislado y expulsado del Partido, de manera infame.

Por el contrario, Althusser interpreta el 鈥減uro Marx鈥 contra el Marx juvenil, el l贸gico contra el humanista, y da espacio a la cesura por la cual Marx devendr谩 un marxista materialista solo despu茅s del 48. No son reales ni una cosa ni la otra, lo sabemos bien. 隆Pero la pol铆tica est谩 por encima de la verdad!

Lefebvre ten铆a raz贸n a medias, se dej贸 meter en un juego m谩s grande y pag贸, porque fue aislado del ambiente que m谩s le interesaba, pese a que fue indudablemente el m谩s inteligente del PCF, pese a que abri贸 camino a un humanismo biopol铆tico, al an谩lisis de los modos de vida y a la invenci贸n de una nueva fenomenolog铆a materialista del vivir en com煤n, dando sobre todo ello una de las contribuciones m谩s importantes a toda nuestra experiencia y capacidad de an谩lisis comunista.

驴Y qu茅 decir de la Comuna y del 77 italiano? El 77, si quieres, est谩 dentro de la tradici贸n de la Comuna. Pero el 77 era muy ignorante, sus fuentes eran los c贸mics. De cualquier manera est谩 fuera de dudas que el 77 en sus expresiones l煤dicas y pol铆ticas y en la organizaci贸n de sus espacios 鈥搊tra tem谩tica muy reciente, la espacialidad de los movimientos-, est谩 dentro de esta tradici贸n. Tambi茅n el espacio de la Comuna era por cierto el de la plaza, de la barricada, etc., el espacio al que responder谩 Haussmann con su reforma urbana, para recortar este espacio y volverlo horizontal, como el tiro de las ametralladoras, y hacerlo por eso impracticable para la parte proletaria.

Por lo dem谩s el espacio de la Comuna es tambi茅n y todav铆a el espacio de las corporaciones obreras, de los tenderos, un espacio preconstituido. Dado que me parece que la investigaci贸n y la pol茅mica entre pensadores de lo urbano se haya concentrado recientemente en torno al espacio preconstituido y nuevamente constituido, neoconstituido, estoy completamente de acuerdo en que el tema del espacio neoconstituido sea fundamental en el pensar las luchas y los movimientos, pero tengo dificultad para reencontrarlo en el pasado antiguo, probablemente alcanzando esto al 77.

En cuanto a espacios comuneros en Mil谩n, en mi experiencia, estaba solamente el barrio Ticinese, que pod铆a tener un poco esta calificaci贸n. Probablemente tambi茅n en alguna medida Quarto Oggiaro o il Giambellino, y en Roma con poca frecuencia se alcanz贸 este nivel (pienso en el Trastevere, en los ataques al desfile de Nixon por ejemplo). Pero no iba m谩s all谩. Mientras que m谩s tarde la cosa deviene diferente, comienza a ser pensada en Seattle en el 99 y a aparecer muy evidentemente con las grandes luchas del ciclo 2011, con las revueltas 谩rabes y en Espa帽a con Puerta del Sol.

Esta idea de la espacialidad de los movimientos pone problemas de organizaci贸n importantes. Prob茅 estudiarlos junto a Michael Hardt en Asamblea, pero no creo que hayamos logrado dar la idea de lo que significa, hasta el fondo. Asumimos este leit motiv, este ritornello del 鈥淕o鈥︹, del 鈥淐all and respond鈥, que era el ritornello del canto de los esclavos negros cuando iban al trabajo. Uno lanzaba la pregunta, y el otro motivaba la respuesta: bien, he aqu铆 algo que pod铆a fijar de alguna manera en el movimiento, en la marcha, un mecanismo de organizaci贸n del discurso. Pero ni siquiera esto corresponde a la experiencia de plaza que aprend铆 a conocer con el 2011.

Particip茅 un poco en los movimientos espa帽oles, estudi茅 bien el 2013 brasile帽o (que fue un movimiento de gran importancia), me queda la duda de no saber bien c贸mo se pueda definir la nueva espacialidad de los movimientos desde un punto de vista pol铆tico. Pero seguramente, a partir de entonces, la espacialidad ha devenido central. Blacks Live Matter, Gilets Jaunes, y hoy los movimientos feministas en Bielorrusia 鈥揾e aqu铆 tres ejemplos muy fuertes-. Probablemente, vale la pena entonces mantener la met谩fora, y decir que queremos repetir la Comuna, para tener en pi茅 una relaci贸n entre consejo y movimiento.

Estas dificultades no restan nada al imaginario de la Comuna, si bien retornando sobre las luchas sociales, a los espacios que ocupan, y a Rimbaud, a la poes铆a que le铆a antes, incluso concediendo todos los honores a Kristin Ross, se necesita recordar muy bien que la lucha de clases es tambi茅n una cosa de luchas, de rupturas, de p茅rdidas, de muerte. No s茅 si has estado en P猫re-Lachaise, en el cementerio de la Comuna, donde est谩 el muro de los fusilados y las fosas comunes. Te dan ganas de llorar cuando vas ah铆, y sin embargo es necesario recordar tambi茅n esto: la lucha de clases es bella, pero tambi茅n es una cuesti贸n de vida y de muerte, y para la Comuna fue tambi茅n eso 鈥揕issagaray lo narra bien-.

La Comuna planetaria

Probemos a enmarcar la Comuna como forma pol铆tica, pensando en otras geograf铆as y tiempos en los cuales la Comuna fue re evocada 鈥損ienso en particular en la Comuna de Shanghai o la de Oaxaca-. Incluso permaneciendo en la Comuna de Par铆s, estudios recientes tienden a trazar una genealog铆a de ella que no es atribuible solo al per铆metro parisino, si no que la ensancha dentro de aquella dimensi贸n constitutivamente transnacional dentro de la cual acontecen los fen贸menos pol铆ticos, y entonces mira al acontecimiento parisino dentro de una dimensi贸n tambi茅n colonial/decolonial de luchas, que se ensanchan m谩s all谩 del momento espec铆fico.  Pero precisamente, la Comuna deviene tambi茅n una dimensi贸n pol铆tica que no simplemente se reproduce sino se propone como una forma pol铆tica. 驴Qu茅 nos dice este re proponerse suyo, incluso en sus obvias diferencias contextuales?

La Comuna tuvo un enorme significado en el pensamiento pol铆tico en cuanto, precisamente, ha sido tratada como forma pol铆tica. Toda experiencia pol铆tica, real, en la cual habitamos, la recuerda en cambio como acontecimiento, y frecuentemente como acontecimiento derrotado. Luego, tenemos de un lado el modelo pol铆tico de la Comuna, como modelo consejista, como democracia directa. Y del otro tenemos la experiencia de una forma pol铆tica real, de un evento pol铆tico real, que es un evento de derrota, de cruda represi贸n.

Recuerdo que cuando era chico y hablaba de la Comuna con los viejos cuadros del Partido Comunista 鈥搊bviamente lo hac铆a con entusiasmo como todo ne贸fito-, estos (d谩ndome una patada en el culo), me recordaban que la Comuna hab铆a sido derrotada, pero que su derrota hab铆a sido ampliamente rescatada por el triunfo de la revoluci贸n rusa y del Ej茅rcito Rojo en la defensa de Stalingrado y la conquista de Berl铆n, y despu茅s China, etc., cosa por lo dem谩s risible. Un tercio del mundo estaba comprendido en este rescate.

Esta teleolog铆a triunfalista r谩pidamente se revel贸 falsa a mis ojos. Siempre m谩s debemos retornar a los 鈥減rincipios鈥, y atender a las nuevas experiencias de lucha. Y aqu铆 el problema es conjugar el ideal de la Comuna de Par铆s con la de Shanghai  o de Oaxaca con la realidad global en la historia de las revoluciones proletarias. Pienso que esto habr铆a sido uno de los grandes problemas de Marx, y de alg煤n modo lo fue, como se puede ver en las publicaciones de sus investigaciones de vejez, sobre todo antropol贸gicas 鈥揹icho mejor, m谩s all谩 del Capital-.

Es cuando inicia los estudios de antropolog铆a y busca una continuidad de las formas de organizaci贸n comunitaria entre el pasado  y el futuro. Nunca he sido un apasionado de este tipo de aventuras intelectuales, porque pienso que sea imposible conectar una forma de la utop铆a, y m谩s una utop铆a concreta, a un percurso hist贸rico. Tengo este escepticismo de viejo materialista. Pero Marx era tambi茅n un materialista y sin embargo probaba a encontrar en la obshchina rusa, como se revela en la carta a Vera Zasulic, la posibilidad de determinar una continuidad hist贸rica del modelo comunista.

En cuanto a Mao: el fue contrario a la Comuna de Shanghai, pero construy贸 las comunas en las monta帽as de Henan, un doble poder viviente pero de verdad, y armado, con sus f谩bricas y tambi茅n sus escuelas, en las cuales se produjeron los cuadros comunistas trasnformando a los campesinos analfabetos en los futuros dirigentes del Estado socialista chino, por lo dem谩s a trav茅s del ejercicio de las armas. Esta es una experiencia extraordinaria, una de las pocas, acontecida en estado excepci贸n 鈥揺ntendiendolo no como excepci贸n constitucional, sino como la excepcional historia de dos guerras mao铆stas, la guerra civil y la guerra antimperialista contra Jap贸n, que se ligan una a la otra-. Y aqu铆 en el medio hay una primera realizaci贸n de un contrapoder.

Ahora, estas grandes dimensiones son aquellas en las cuales, creo, el modelo te贸rico dela Comuna va re propuesto y adecuado a la realidad. Diversamente, tengo mucho miedo de las utop铆as, de todas las utop铆as. Cuando miro en torno, veo experiencias formidables desde el punto de vista 茅tico y pol铆tico, las varias ZAD por ejemplo, y otras experiencias espacializadas del conflicto de clase. No creo sin embargo que con aquello se est茅 sobre un terreno que se ponga al nivel delas actuales necesidades de un pensamiento revolucionario. 

Que son aquellas de entender qu茅 significa determinar un doble poder que no disuelva la complejidad si no que logre aprovecharla, que logre vencerla y utiizarla, y al mismo tiempo destruirla. Que no se acomoda dentro de la complejidad del poder, sino que deviene un virus, que ataca los ganglios fundamentales.

Con esta cuesti贸n se pone luego el problema de c贸mo la Comuna pueda representar un modelo pol铆tico, y c贸mo ello pueda ser v谩lido por ejemplo en las experiencias decoloniales, en las grandes luchas contra el colonialismo. Cuando lees por ejemplo a los indios de los estudios subalternos, Renajit Guha en particular, son descritas all铆 experiencias formidables de lucha de clases en las guerras de liberaci贸n contra el colonialismo ingl茅s en la India. Insurgen Estados enteros, con millones y millones de personas en lucha, en formas que se asemejan a las de la Comuna.

Pero atentos. Hemos entrado hoy en una edad afortunadamente post-colonial. Y no repetiremos la ilusi贸n de que con ello se determine un mundo unificado y liso 鈥搃lusi贸n de la que en Imperio estuve muy cercano-, la ilusi贸n que la globalizaci贸n haya vuelto homog茅neo este mundo (el primero, el segundo, el tercero). Hay diferencias enormes aqu铆 y all谩, nada que hacer, y a la vez el 谩mbito unificado global, imperial-global, esta all铆.

Si entonces estas diferencias existen, vienen entendidas al interior de un plano 煤nico. Ahora, dentro de este interior, no se trata del descubrimiento o el redescubrimiento de viejas experiencias que puedan valer. Puede valer s贸lo una imaginaci贸n constituyente, no peque帽as utop铆as. El problema del poder se pone en su integralidad.

Pregunt茅monos entonces: 驴c贸mo se constituye un contrapoder, o mejor, una pr谩ctica de ruptura que atraviese y destruya la complejidad del poder capitalista? No se trata jam谩s s贸lo de tomar el Estado, hay una soberan铆a por destruir, la soberan铆a capitalista. Lamentablemente hay ese par de problemas. Y este pasaje es algo malditamente dif铆cil, incluso s贸lo desde el punto de vista de imaginarlo, pero es el terreno sobre el cual debemos probar hasta el fondo nuestra capacidad de an谩lisis y nuestras experiencias.

Con la certeza despu茅s que cada vez que rompes sobre este nodo, es una cadena que se rompe, cada vez que rompes aquel pasaje, es casi autom谩tico que todo el resto colapse, como siempre sucede cuando se rompe algo tenso.  Dicho esto, es claro que todos los problemas singulares conglomerados en el poder (el problema ecol贸gico es inudablemente central hoy), van todos ligados en la destrucci贸n y la transformaci贸n dentro de una cadena prospectiva, dentro de un solo dispositivo. Esto ense帽a la Comuna.

Lo digo siempre a los compa帽eros m谩s queridos: debemos imaginar hoy una especie de Pinocho, y construirlo de manera que paulatinamente haga propio el sentido de la complejidad. Un poco como en las f谩bulas del Seis-Setecientos se le pon铆a enfrente a un Pinochito una flor para imaginar c贸mo el olor pudiera dar vida a los otros sentidos.

Hoy no se trata de hacer experiencia de sentidos, sino de pasiones, de pasiones de lo com煤n. Debemos inventar el cyborg de lo com煤n. Se trata de combinar lo post-moderno (es decir la econom铆a, la tecnolog铆a, las relaciones sociales y culturales y todo aquello que est谩 en su interior) con la pasi贸n humanista de la Comuna, del estar juntos, del construir juntos, en la libertad y la igualdad.

La Comuna hoy

Algunas cuestiones finales. 驴Qu茅 puede significar pensar el presente y el futuro pol铆tico a trav茅s de la Comuna? En dos sentidos: en primer lugar, qu茅 puede querer decir hoy en t茅rminos pol铆ticos-organizativos la Comuna como secesi贸n, como ruptura..Antes recordabas a las ZAD como ejemplos de micro-din谩micas no a la altura, como pedacitos de territorio en secesi贸n, 驴pero podemos pensar esta din谩mica de separaci贸n, de ruptura, a escala metropolitana? 驴C贸mo contra-construcci贸n de otros poderes?

Y en segundo lugar,   驴c贸mo puede ser pensada el 谩rea sem谩ntica de la concatenaci贸n entre Comuna, commons, comunismo, comunidad, comunas, de frente tambi茅n a experiencias como las del 2011, del 2013, o las m谩s recientes en Chile y los Estados Unidos, o mirando a los Chalecos Amarillos con su espacialidad hecha de territorialidad expandida y difusa, las rotondas que devienen acampadas moleculares en el territorio franc茅s, y que despu茅s son concentradas en lo intensividad de los s谩bados, en los asaltos a las metr贸polis?

Tres cosas me han impactado mucho en estos a帽os. Una es Black Lives Matter (BLM), la segunda los chalecos amarillos, y la tercera que me est谩 impactando de modo formidable (tambi茅n porque he tenido la fortuna de construir un contacto directo), son las mujeres de Bielorrusia. Lo que est谩 sucediendo all铆 es incre铆ble: son mujeres, s贸lo mujeres, que se manifiestan todos los domingos llenando las plazas por centenares de miles.

Mujeres que han producido un movimiento pol铆tico irresistible 鈥揳l rev茅s, los polic铆as del poder son s贸lo hombres-. Este movimiento de mujeres se presenta en un pa铆s nada miserable, que ha alcanzado a mantener un notable nivel de industria pesada y ligera, ligada a Rusia pero suficientemente aut贸noma para poder ser, por ejemplo 鈥搚 esto explica tambi茅n muchas de las ansiedades de Occidente-, empleada a la china, como fuerza de trabajo subordinada, por los grandes pools occidentales.

Estas mujeres se manifiestan para pedir una transformaci贸n del orden pol铆tico en sentido democr谩tico dentro de una sociedad con un tradicional buen nivel de welfare, y obviamente poniendo dentro dela lucha la defensa y el desarrollo de todos sus deseos de mujeres. Es una cosa formidable: es la primera vez que se da un movimiento pol铆tico enteramente hecho por mujeres. No quiero pelear con mis compa帽eras, que justamente observar谩n que todo movimiento de las mujeres es pol铆tico (en particular aquellos que hemos visto desarrollarse 煤ltimamente en Am茅rica Latina), pero aqu铆 se trata justo de un car谩cter pol铆tico que mira directamente a lo com煤n y al Estado, a su radical transformaci贸n.

Por lo que toca a los movimientos estadounidenses nada que decir que no se haya dicho ya. Mientras que est谩 fuera de dudas que el movimiento de los Chalecos Amarillos, con todas las ambig眉edades que ha revelado poco a poco (y hoy lamentablemente con una incapacidad de resurgir), ha mostrado de cualquier manera un nivel alt铆simo de percepci贸n y propuesta de lo com煤n, no ser simplemente un souvenir de la Comuna (que en Francia est谩 siempre, en cualquier movimiento subversivo que se de).

Pero all铆 hemos tenido una percepci贸n y una propuesta de lo com煤n, en un momento extra帽o, cuando parec铆a que las luchas estuviesen completamente bloqueadas, y la rep煤blica macroniana hubiera por as铆 decir cortado su plausibilidad. Y sin embargo, he all铆 los Chalecos Amarillos, y la invenci贸n de un espacio movilizado el s谩bado, en el d铆a en el cual la gente descansa. Una movilizaci贸n en el d铆a de descanso. Me dec铆a, la primera vez que los ve铆a: 鈥溌縬u茅 hacen estos, van a la misa?鈥. Daban un poco esta impresi贸n.

En breve, el movimiento revel贸 algo que decididamente superaba toda posibilidad de reducirlo a hecho lit煤rgico, devino una invenci贸n permanente, porque este ponerse juntos se revel贸 una verdadera fragua de potencia, un momento de expresi贸n formidable. Al ponerse en colectivo en una sociedad en que todos dec铆an que lo pol铆tico estaba terminado, que lo pol铆tico estaba muerto..muerto un carajo! All铆 se revel贸 una politizaci贸n desde abajo excepcional.

Fue ponerse en colectivo y marchar los s谩bados al mediod铆a, y de ah铆 surgi贸 una hoja de ruta por la cual toda la complejidad del dominio capitalista ha sido, una hoja tras otra, como una margarita, deshojada. Este es el primer elemento comunero. La Comuna anal铆tica.

El segundo elemento comunero consisti贸, para los Chalecos Amarillos, en el determinar (como motor parcial y abierto de subversi贸n) la convergencia de todas las otras fuerzas del movimiento, tambi茅n las sindicales (y es mucho decir, estando estas siempre celosasde su propio orden corporativo, aunque hoy menos celosas, muy frecuentemente en defensa de su sobrevivencia, porque justo ese aspecto corporativo las ha reducido a ser expresi贸n o subexpresi贸n del poder del Estado).

Los Chalecos Amarillos han despertado a las fuerzas sindicales corporativas, las han invitado a momentos de convergencia de lucha, pero sobre todo han producido un nuevo descubrimiento del terreno de lucha, la lucha sobre lo com煤n.  驴Cu谩les son de hecho las propuestas de los Chalecos Amarillos? Son: primero refer茅ndum 鈥搎ue no es a la 5 Estrellas, es 鈥渜ueremos incidir en el proceso legislativo de manera directa鈥-; y segundo:  queremos decidir sobre el gasto p煤blico, sobre la relaci贸n fisco-salario, sobre la redistribuci贸n del ingreso.

Esto 煤ltimo, lo econ贸mico-salarial, es un elemento esencial y coincidente con el otro, lo democr谩tico 鈥搉o hay lo uno sin lo otro-. No se puede exigir democracia absoluta, directa, si no se exige salario igual, ingresos para todos. 驴De nuevo la Comuna?

脷ltimo problema: vivimos en una sociedad en la cual el mecanismo productivo determina una profunda cooperaci贸n del trabajo vivo, y propone una ontolog铆a com煤n del trabajo. Se trata de hacer hablar a esta ontolog铆a. El modelo pol铆tico que la Comuna de Par铆s produjo ven铆a antes de la emergencia de lo com煤n como potencia productiva; nosotros estamos por el contrario en una situaci贸n en la cu谩l aquella potencia productiva de lo com煤n nos precede, se ha consolidado, es nuestro ambiente. Esto deber铆a representar un privilegio antropol贸gico. Pero el capital se ha apropiado de ello.

Y sin embargo lo com煤n como privilegio antropol贸gico esta ya implantado en nuestra naturaleza y puede devenir explosivo: es claro que, si alcanzamos a expresarlo, todo salta por el aire. Y all铆 se necesita estar muy atentos, porque se necesita recordar siempre lo que Lissagaray dec铆a de la lucha de clases鈥ncluso frente a una sola ruptura singular, el capital responde con la totalidad de sus fuerzas. El capital es canalla, y no lo digo en t茅rminos ligeros. Sabe que necesita destruir a uno para impedir a los muchos, a los demasiados, destruirlo a 茅l. Y entonces, 隆viva lo com煤n y que nos guie bien!

Traducci贸n: Diego Ortolani




Fuente: Lobosuelto.com