August 18, 2022
De parte de Nodo50
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Este art铆culo se ha publicado originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerlo en catal谩n aqu铆.

Una treintena de personas reventaron ayer el minuto de silencio en memoria de los atentados de Barcelona y Cambrils. Cuando las v铆ctimas depositaban claveles blancos en el memorial del Pla de l鈥橭s, en la Rambla, lanzaron gritos exigiendo 鈥渓a verdad鈥. La acci贸n de este grupo responde a la llamada teor铆a de la conspiraci贸n, que defiende la tesis de la implicaci贸n de los servicios secretos espa帽oles en los atentados. El boicot provoc贸 la indignaci贸n de las v铆ctimas y mereci贸 la condena de todos los partidos, incluido Junts.

El mismo grupo que revent贸 el minuto de silencio abuche贸 a los pol铆ticos que asist铆an al acto en una segunda fila. Salvo a la expresidenta del Parlament Laura Borr脿s, que se acerc贸 a saludar a los alborotadores, entre aplausos. Todos ellos asistieron despu茅s a un acto convocado ante la delegaci贸n del Parlamento Europeo y apoyado por el Consejo de la Rep煤blica. Bajo el lema de 芦basta de impunidad禄, los 250 concentrados acusaban al Estado de 芦cometer omisiones graves en la protecci贸n de la vida禄.

En los atentados de hace cinco a帽os, diecis茅is personas perdieron la vida y el n煤mero total de v铆ctimas fueron 350, seg煤n la sentencia, que intentaba corregir la falta de rigor de la instrucci贸n judicial a la hora de realizar el recuento. Es el segundo atentado islamista m谩s grave sufrido en Espa帽a tras el cometido en Madrid el 11 de marzo de 2004 (191 fallecidos y 1.858 heridos). En ambos casos, sectores de la pol铆tica y de los medios de comunicaci贸n han alimentado teor铆as de la conspiraci贸n pese a no existir ning煤n hecho que las sustente.

La primera alarma

Lo ocurrido ayer en la Rambla significa la degradaci贸n moral de un reducto pol铆tico. Pero las alarmas se hab铆an encendido justo despu茅s de los atentados. Los d铆as que siguieron en los atentados de la Rambla de Barcelona y Cambrils, en agosto del 2017, fueron horas de dolor, conmoci贸n y solidaridad con las v铆ctimas. Pero tambi茅n afloraron otros sentimientos. Era el momento 谩lgido del Proc茅s.

El luto y el respeto a las v铆ctimas parec铆a suficiente para firmar una tregua. Sabemos que no fue as铆. Si llevaban a帽os viviendo en la din谩mica del todo vale para conseguir sus objetivos, 驴por qu茅 en aquella ocasi贸n deb铆a ser diferente? 驴Por las v铆ctimas? 驴Porque sufrimos un atentado islamista que nos un铆a en el dolor y la defensa de la libertad? 驴Porque hab铆amos vivido ya una tragedia de estas dimensiones en 1987, en Hipercor, y hab铆amos compartido las l谩grimas y la indignaci贸n? Eran motivos suficientemente s贸lidos para la tregua. No fue as铆.

Lo que ocurri贸 en la respuesta a los atentados no era un cap铆tulo m谩s de la acelerada historia de los 煤ltimos a帽os. Era el s铆ntoma m谩s evidente, m谩s triste, del dilema moral que expresa la eterna pregunta de si el fin justifica los medios. Los que intentaron instrumentalizar los atentados respondieron, quiz谩s sin ser conscientes de ello, que s铆, que sus nobles causas estaban por encima del dolor y del respeto. Que merec铆an romper el silencio en beneficio propio.

Cuando se encendieron las luces de alarma tras los atentados de Barcelona y Cambrils, casi nadie atendi贸 a las se帽ales de emergencia. Y el 煤ltimo cap铆tulo lo acabamos de vivir cinco a帽os despu茅s en la Rambla. Cuando deb铆amos recordar en silencio y respeto a las v铆ctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils, algunos prefirieron, entonces y ahora, el ruido de su causa.

El precedente: el 11-M

El precedente de lo que vivimos ayer debemos buscarlo en 2004, en Madrid. Hace dieciocho a帽os, Pedro J. Ram铆rez, director de El Mundo hasta enero de 2014, construy贸 la mentira sobre el 11-M, el peor atentado terrorista sufrido en Espa帽a. Con su persistente campa帽a de cientos de p谩ginas y decenas de portadas contribuy贸 a incrementar el dolor de las v铆ctimas. A hacer a煤n m谩s dif铆cil el trabajo de polic铆as, fiscales y jueces que hab铆an realizado una investigaci贸n y un proceso penal ejemplar.

Pero Pedro J. Ram铆rez no estuvo solo en su delirio. Federico Jim茅nez Losantos, el locutor estrella de la emisora ??propiedad de la Conferencia Episcopal Espa帽ola; un medio p煤blico como Telemadrid, y el diario digital de la extrema derecha (Libertad digital) fueron los c贸mplices necesarios para alimentar una corriente de opini贸n cr茅dula con la mentira. Yhubo un compa帽ero de viaje a煤n m谩s poderoso, un sector del PP que intentaba reescribir la historia, borrar la p茅sima gesti贸n de las horas que siguieron el 11-M.

El grupo de presi贸n pol铆tico y medi谩tico actu贸 de forma despiadada contra todos aquellos que consideraban obst谩culos para sus prop贸sitos, ya fueran v铆ctimas, jueces o periodistas. Hay un ejemplo especialmente hiriente. La que fue presidenta de la Asociaci贸n 11-M Afectados del Terrorismo, Pilar Manj贸n, sum贸 a la p茅rdida de un hijo un acoso constante. M谩s de diez a帽os despu茅s del d铆a m谩s triste de su vida todav铆a recib铆a amenazas. En una entrevista concedida en el und茅cimo aniversario del atentado ped铆a que 鈥渘o se olvide que muchos de los nuestros se han ido quedando por el camino, con ictus, infartos鈥 Y eso proviene de la doble y triple victimizaci贸n que en este pa铆s se hizo con las v铆ctimas del 11-M鈥.

Hubo millones de ciudadanos que quer铆an leer, o铆r o ver fabulaciones interesadas antes que conocer la verdad. Sin ellos, el diario, la radio y la televisi贸n implicados no habr铆an tenido el combustible necesario para la ignominia. Y hubo clamorosos silencios y pocas voces cr铆ticas. Un ejemplo. El 21 de septiembre del 2006, cuando la teor铆a de la conspiraci贸n estaba en su momento m谩s 谩lgido, la Junta del Col路legi de Periodistes de Catalunya (de la que yo era decano) fue una de las pocas voces que plant贸 cara.

El Colegio aprob贸 un documento en el que se afirmaba que 鈥渓a teor铆a de la conspiraci贸n afecta gravemente a las instituciones del sistema democr谩tico, ponen en peligro la convivencia y degrada el periodismo鈥. Dos d铆as despu茅s, La Vanguardia public贸 un editorial en el que se le铆a: 鈥淣o entraremos en consideraciones gremiales. Que cada pluma aguante su vela. Con o sin responsabilidad, la prensa nunca escapa al escrutinio social. En este sentido, poco aportan cruzadas moralistas como la llevado a cabo esta semana por el Col路legi de Periodistes de Catalunya contra quienes se sienten seducidos por las teor铆as conspirativas鈥.

El director de La Vanguardia era entonces Jos茅 Antich. Tras ser despedido del diario, en el a帽o 2013, fund贸 un digital, donde acaba de escribir un art铆culo con el t铆tulo Cinco a帽os sin saber la verdad de los atentados del 17-A y donde da p谩bulo a las teor铆as de la conspiraci贸n, empezando por las fantas铆as del comisario Villarejo. Lo que estaba en juego entonces, y ahora no es una cuesti贸n gremial ni moralista, es la democracia, la libertad, la convivencia y la 茅tica. Por eso es tan importante hacer memoria.

Las v铆ctimas

Las v铆ctimas del terrorismo son casuales. Pero son v铆ctimas con causa. La causa de la libertad de pensamiento y del modelo de vida, de los valores de una civilizaci贸n que los terroristas quieren destruir. En el fondo, las v铆ctimas de las calles de Madrid, Barcelona, Cambrils, Par铆s, Londres, Niza, Bruselas, Manchester, Berl铆n, Ankara, Estambul, Bagdad, Kabul, las ciudades de Siria y tantas otras de todo el mundo han perdido la vida en manos del mismo fanatismo que asesin贸 a los periodistas de la revista Charlie Hebdo, o que provoc贸 el ataque a Salman Rushdie, treinta y tres a帽os despu茅s de la fatua dictada por el ayatol谩 Jomeini.

La revista y el escritor plantaron cara, ejercieron la libertad de expresi贸n y pagaron un precio alto por el coraje. Y son igual de v铆ctimas de la barbarie como las de Madrid, las Ramblas o Cambrils. Son todas v铆ctimas que debemos sentir como nuestras. 驴Pero es realmente as铆? 驴Hemos estado a la altura del sacrificio? En el caso de los atentados de Madrid en el 2004, rotundamente, 隆no! El trato que recibieron las v铆ctimas es posiblemente el episodio m谩s miserable de la democracia espa帽ola. Dieciocho a帽os despu茅s algunos intentan reproducir la misma infamia aqu铆. Las teor铆as de la conspiraci贸n siguen, aunque, como en el caso de Madrid, no hay ning煤n hecho que las avale.

Paso a menudo por la rotonda de entrada al puerto de Cambrils. Tambi茅n por la Rambla de Barcelona. Y, de vez en cuando, por la estaci贸n de Atocha, en Madrid. Siempre me invade el sentimiento de dolor que acompa帽a a los escenarios de las tragedias. Lo primero que me viene a la memoria son las v铆ctimas. Las que dejaron la vida, y los supervivientes. Los heridos, las familias. Los que estaban all铆, en primera fila, en el momento en que el odio y el fanatismo se convirtieron en un crimen contra la humanidad. Pod铆amos haber sido cualquiera de nosotros. Solo el azar te salva del terrorismo de los fan谩ticos. Porque buscan esto, precisamente, el miedo indiscriminado.

No olvidemos que su combate es el nuestro, que las v铆ctimas son patrimonio de todos los que defendemos la libertad. Hoy, cuando se cumplen cinco a帽os de los atentados de Barcelona y Cambrils; hoy que Salman Rushdie se recupera de graves heridas en un hospital de Nueva York, hoy que algunos alimentan teor铆as de la conspiraci贸n que agravan el sufrimiento de las v铆ctimas, es necesario recordarlo.




Fuente: Lamarea.com