July 29, 2021
De parte de Arrezafe
137 puntos de vista


De cómo en el Desarrollo
las cosas se subliman en forma de dinero y cómo correspondientemente
las Personas, que al fin son también reales, se hacen ellas mismas
también dinero. Y a tal propósito, un estudio de cómo se ha
generalizado en este mundo la institución de la prostitución, el
oficio más viejo del mundo, como dice el pueblo con más razón de
lo que pueden entender los Individuos, parece pertinente.

Para ello, conviene
primero examinar un poco la prostitución en sentido estricto, esto
es, la de las mujeres. Que su prostitución es la institución más
vieja de la Historia se entiende recordando que la Historia misma
comienza con el sometimiento de las mujeres (y de su amor y su
peligro) al Sexo Dominante (que lo es en toda sociedad histórica:
todas son patriarcales, y la Sociedad del Bienestar, naturalmente,
más que todas, pues que en ella la asimilación de las mujeres al
Poder, al Sexo Dominante, alcanza su grado sumo), y ese sometimiento
consiste en que, como ya vislumbraba Engels, las mujeres se
convierten en la primera forma de dinero.

En una Cultura ya muy
avanzada (aunque todavía muy lejos del Desarrollo) como es la
nuestra antigua, el dueño de la mancebía puede dejar de hielo al
pobre jovenzuelo enamorado anunciándole que ya ha vendido la
muchacha que él amaba (en 20 minas, que calculo como equivalente
vago de unas 750.000 pesetas actuales, lo que suele ser, desde ahí
hasta el triplo, en el mundo helenístico el precio de un esclavo
fuerte o de una esclava hermosa), y confirmándole así la venta
(Plauto, Ps 347): «amicam tuam esse fac-tam argenteam», «que tu
amiga se ha hecho de plata», esto es, se ha convertido en dinero.

Y así, ya sea por la
prostitución al menudeo, ya sea por el matrimonio, con o sin dotes o
arras numeradas (que en el Desarrollo toman la forma de participación
de la Pareja, con el ingreso del trabajo de ambos componentes, en la
conjunta economía, de modo que la igualación del dinero iguala los
sexos, naturalmente en la forma del Masculino), se han venido
vendiendo a lo largo de la Historia entera las mujeres.

Que en el Desarrollo la
prostitución de mujeres, la dedicación de las mujeres a trocar sus
encantos o favores por dinero, haya alcanzado (no importan los restos
míseros de prostitución de tipo más arcaico) la dignidad y el
estatuto que se sabe, de tal modo que puedan las putas de cierto
standing anunciarse entre las otras Profesiones en la Prensa
seria (p.ej. como acompañantes finisemanales de Ejecutivos del
Capital o del Estado), o venderles tranquilamente las niñas bien
hechas sus encantos a las portadas de revistas o a los vídeos, o en
fin, organizarse en Sindicatos (al menos de putas de autopista para
arriba), no es más que una indicación de la condición
esencialmente prostituta de la Sociedad del Bienestar entera (hace
poco tuve ocasión en EL PAÍS de utilizar el caso de las encuestas
sobre si vendería usted una noche de su pareja por 1.000.000 de
dólares), y viene a probar que la Sociedad del Bienestar es la
culminación del desarrollo de la Historia.

No puede el Hombre del
Bienestar promocionar la prostitución de sus mujeres sin que Él
mismo resulte implicado en el manejo. Y eso es lo que estamos
descubriendo hoy en este análisis: que el esquema de la prostitución
(«Te has hecho de plata, amigo», «Te has vendido», «Te has hecho
dinero») aparece en el Bienestar generalizado, istitucionalizado,
por medio lo mismo de la Banca que de las oficinas del Fisco del
Estado-Capital; y, como ya no es deshonroso hablar de dinero ni
venderse, sino lo más honroso, franco y verdadero, esa venta del
hombre, no el tener dinero, sino el ser dinero, es el fundamento
declarado de todo el Estado de Bienestar.

Pero hay que distinguir:
no se trata ya de vender el trabajo de uno, de cobrar por lo que hace
(que eso es la istitución del Trabajo en las economías más
arcaicas), sino de venderse uno mismo, de hacerse uno mismo valor en
el Mercado, de ser uno literalmente, numéricamente, su propio
interés y Capital.




Fuente: Arrezafe.blogspot.com