March 29, 2021
De parte de La Haine
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Paraguay: la entrada conservadora a la regi贸n :: All铆 tambi茅n la revoluci贸n feminista va tomada de la mano de la organizaci贸n popular

All铆, las protestas frente a un gobierno que insiste con desoir al pueblo se traman entre la emergencia sanitaria, las plazas tomadas por la crecida del r铆o y las ollas populares. La persecusi贸n al pueblo ind铆gena es permanente y tiene a la violencia institucional y policial como agente cotidiano contra campesinxs y trabajadores: en este contexto se reclama por las ni帽as argentinas Lilian Mariana Villalba y Mar铆a Carmen Villalba, brutalmente asesinadas el 2 de septiembre pasado en un “operativo” y por la aparici贸n con vida de Lichita, quien fue vista por 煤ltima vez en noviembre.

Desde principios de Marzo las manifestaciones en Asunci贸n son cada vez m谩s frecuentes, uno de los escenarios m谩s candentes es la Plaza de Armas ubicada frente al Congreso: 鈥淵a no es que se vayan todos es que no quede ninguno鈥 dice un cartel sobre la valla en la que cuelgan los colores de la bandera paraguaya. Es la escena que se repite una semana despu茅s del rechazo por parte de la c谩mara baja al pedido de juicio pol铆tico del actual presidente Mario Abdo Benitez y su vice, Hugo Vel谩zquez.

Otra de las escenas reiteradas es el retiro de las vallas por parte de la polic铆a federal cuando se hacen las 8 de la noche, es la hora en la que comienza la restricci贸n de la circulaci贸n para la ciudadan铆a por la escalda del Covid. Sin embargo, lejos de levantar actas por contravenci贸n, a esa hora comienza una cacer铆a por las calles del microcentro que reprime la jornada de ocupaci贸n de la calle. No se amedrentan, el llamado callejero contin煤a. La plaza es el punto de confluencia de una cascada de demandas que cae de lleno sobre un gobierno que reprime la lucha. El movimiento campesino, las juventudes y los feminismos son el latido de una revuelta que frente a la p茅sima gesti贸n de la pandemia y el empobrecimiento que no cesa, no van a dejar de ocupar la calle.

La plaza condensa un c煤mulo de luchas que atraviesan el pa铆s: la vivienda y disputa por la tierra. Los ba帽ados, que est谩n a pocas cuadras de all铆, van desde el Cerro Lambar茅 hasta el Bot谩nico, toda la rivera del R铆o Paraguay. Norte, Sur y Tacumb煤. Son viviendas conocidas como el cintur贸n de la pobreza o zona roja, rodean el centro de Asunci贸n a orillas del R铆o. All铆 hay zonas que son inundables y otras que no.

Cuando se inunda las familias pierden alimentos, objetos personales y la mayor铆a de los muebles de los hogares se echan a perder. Con las subidas del r铆o, quienes habitan los ba帽ados ocupan las plazas de la ciudad, esto sucede sistem谩ticamente sin que haya ninguna pol铆tica aplicada por el gobierno para resolver este conflicto: 鈥淓n el 2013 yo viv铆 mi primera crecida, en ese momento nosotras tuvimos que tomar la plaza, se dieron proceso judiciales de quienes est谩bamos encabezando esas tomas.

Despu茅s de llegar al lugar seco que es lo que ser铆an las plazas, empieza la lucha con la Secretaria de Emergencia Nacional (SEN)鈥 explica Kimberly Samaniego, integrante de la Colectiva Feminista Yvy Rete que significa 鈥渃uerpo y tierra鈥. Ella viene coordinando junto a compa帽eras las ollas populares que sostienen las tomas y que crecieron exponencialmente con la pandemia. La SEN es una secretar铆a creada en el 2005 para la gesti贸n y reducci贸n de riesgos de desastre, es la encargada de suministrar los insumos y materiales para que las personas forzadas a irse de sus casas por la subida del r铆o, puedan construir las casas en las plazas. Una vez que pasa la subida regresan y rearman sus viviendas: 鈥淗ay veces que est谩s una semana esperando con el agua a que sea tu turno para que el cami贸n te saque, muchas veces estamos esperando en carpas, es muy violenta esa espera en las que se dieron varias muertes. Hubo personas que murieron electrocutadas鈥, cuenta Kimberly.

En todo Asunci贸n existen 21 plazas que son ocupadas con la subida del R铆o, con la pandemia la situaci贸n empeor贸 a煤n m谩s. Las ollas populares fueron uno de los sostenedores principales de las tomas. Kimberly coordina junto a otras compa帽eras 8 ollas, cada una alimenta a entre 150 y 200 personas: 鈥淣o podemos parar ni un d铆a, sin un d铆a paramos vamos a tener una casa con hambre鈥. Kimberly tiene una olla funcionando en su casa para 200 personas. Para hacerse de los insumos para las ollas hacen ferias de ropa, venden tortas y sandwiches. Esa misma organizaci贸n tambi茅n hace refuerzos escolares que frente a la p茅rdida de la presencialidad en las escuelas se hicieron mucho m谩s imprescindibles.

Las ollas populares tambi茅n son un punto de encuentro para los acompa帽amientos de las mujeres que sufren violencia, se utiliza ese espacio de encuentro -desayuno, almuerzo y cena- para realizar acompa帽amientos frente a situaciones de violencia y abuso: 鈥淗ablar de violencia de g茅nero en los barrios es muy dif铆cil, porque no se quiere hablar de las violencias, hay que buscar la manera de abordarlo. Muchas de las mujeres en los barrios son violentadas y maltratadas, hay compa帽eras que sufren abusos desde muy chicas, 13 o 14 a帽os y hoy tienen un hijo que es de sus pap谩鈥, explica Kimberly que tiene 22 a帽os y dos hijas.

Adolescentes de la comunidad Jesuka Venda.

Carolina Duarte, trabaja en la Defensor铆a del Pueblo en una divisi贸n especializada para ni帽eces y adolescencias. All铆 se reciben denuncias de abuso, maltrato y abandono. En la misma Defensor铆a est谩 el Departamento de Violencia hacia la Mujer en donde tambi茅n se pone a disposici贸n una defensa gratuita: 鈥淓s un organismo aut谩rquico, las denuncias que llegan aqu铆 se elevan a las fiscal铆as que emiten las medidas de restricci贸n, fundamentalmente, 贸rdenes perimetrales que en su mayor铆a no se cumplen鈥, dice Carolina que vive en Luque, una ciudad a 10 kil贸metros de Asunci贸n. Ella viene del campo, su madre fue v铆ctima del 鈥渃riadazgo鈥, una din谩mica a煤n vigente en donde las ni帽as campesinas son llevadas casas urbanas para realizar trabajo dom茅stico a cambio de casa, comida y estudio:

鈥淓so es algo que ella me cuenta siempre, que nunca borra, de toda su vida esa etapa es la que tiene m谩s presente. Ella vino a la casa de sus t铆os aqu铆 en Asunci贸n, la hac铆an levantar a las cinco de la ma帽ana para lustrar botas. Ten铆a 10 a帽os y se tuvo que separar de su mam谩 y de su pap谩, sufri贸 un gran desarraigo. Tal es as铆, que mi madre recuerda que cuando iba a la escuela en Asunci贸n y le tocaba escribir el nombre de la ciudad en la que estaba, no pod铆a evitar escribir 鈥楾acuenb贸鈥 en vez de Asunci贸n. Desde chica ella siempre me dec铆a 鈥榶o nunca voy a entregar a mi hija porque yo s茅 lo que se sufre鈥欌, cuenta Carolina que con 28 a帽os es la 煤nica mujer de 5 hermanxs.

La tierra de remate

Al lado de la zona ocupada con las casas de los ba帽ados hay una carpa con 30 campesinas y campesinos de la Comunidad Marina Ku茅. All铆 se produjo una mancomuni贸n de ollas que llamaron 鈥淥llazo Popular鈥. La poblaci贸n de Marina Ku茅, ubicada en Curuguaty, Departamento de Canindey煤 al este de Paraguay, viaj贸 al centro de Asunci贸n para presentar un proyecto de ley a nombre de la Comisi贸n Vecinal Naranjaty para resolver definitivamente un conflicto por la posesi贸n legal de 2.821 hect谩reas de tierras que pertenecieron a La Industrial Paraguaya S.A, una de las empresas que latifundistas extranjeras que obtuvo una enorme cantidad de tierras luego de la Guerra de la Triple Alianza.

Cerca de las 7 de la tarde, las mujeres comienzan las tareas de preparaci贸n de la olla, mientras tanto se escuchan las bombas de estruendo contra las vallas que rodean al Congreso. Las fogatas son el centro de la manifestaci贸n que pospone el pedido de la comunidad de Marina Ku茅. En sus rostros hay un dejo de lamento por esta confluencia de luchas que hace que el proceso para que ingrese el proyecto al Congreso se demore m谩s. Sin embargo dicen que no van a moverse de la plaza hasta que esto suceda. Su plan es quedarse por lo menos tres meses.

Las tierras de Marina Ku茅, cargan con uno de los hechos m谩s cruentos de la historia reciente paraguaya, conocido como La Masacre de Curuguaty, sucedido el 15 de Junio del 2012. Un brutal desalojo tuvo como consecuencia la muerte de 11 campesinos y 6 polic铆as que ocupaban las tierras que reclamaban. El desalojo fue impulsado por una familia de apellido Riquelme que no pose铆a el t铆tulo de propiedad de las tierras. El operativo estuvo compuesto por 370 agentes de la polic铆a, 30 de ellos eran de un grupo GEO. En las tierras ocupadas hab铆a 40 campesinxs.

Las casas de emergencia, aunque institucionalizadas, por la subida del R铆o Paraguay en la plaza de Armas de Asunci贸n.

La historia de esas tierras se remonta a la finalizaci贸n de la Guerra de la Triple Alianza o Guerra Guaz煤, cuando por ley se remataron todas las tierras p煤blicas. Una de las empresas extranjeras que m谩s se llev贸 de esa repartija fue La Industrial Paraguaya, SA (LIPSA) de capitales anglo argentinos. LIPSA acumul贸 2. 600.000 hect谩reas de tierras que explotaron hasta que pudieron. En 1967 se la cedieron a la Marina, es decir, al Estado Paraguayo que no lleg贸 a titular las tierras, sin embargo existen documentaciones de esa cesi贸n seg煤n un informe del SERPAJ Paraguay. Desde 1967 a 1999 la marina se instal贸 en las tierras que hab铆an sido cedidas.

El empresario Blas N. Riquelme fue el forjador de un gran grupo empresarial que durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), fue beneficiario de la reforma agraria. Su empresa agropecuaria, Campos Morombi, fue la que llev贸 adelante un extenso proceso judicial para reclamar las tierras de Marina Ku茅, el principal argumento siempre fue que esas tierras no pertenec铆an al Estado. Una vez que la Marina abandon贸 la zona, en el a帽o 99, campesinxs organizados en la Comisi贸n Vecinal denunciaron que la empresa Campos Morombi estaba deforestando y alambrando Marina Ku茅. La justicia permiti贸 que la empresa usufructuara la tierra, LIPSA no quiso intervenir en el conflicto pero reafirm贸 la donaci贸n al Estado.

Las organizaciones campesinas realizaron varias ocupaciones, entre ellas la mencionada masacre de Curuguaty, que adem谩s del derramamiento de sangre, tuvo la acusaci贸n a 9 campesinos y a 3 campesinas de haber perpetrado los asesinatos de los polic铆as. Fueron condenadxs por homicidio, invasi贸n de inmueble ajeno y asociaci贸n criminal en el 2016, las condenas iban desde los cuatro a los treinta a帽os de prisi贸n. En el 2018 todxs obtuvieron la absoluci贸n.

Hoy, 9 a帽os m谩s tarde de aquella masacre, siguen firmes en la plaza. El caso de Marina Ku茅, refleja un mecanismo de persecuci贸n hacia las comunidades ind铆genas y explotaci贸n de la tierra vigente en la mayor铆a de las zonas rurales del Paraguay.

鈥淣o sabemos que nos quieren hacer, si nos quieren violar o nos quieren matar鈥 dijo Estelvina Armon, que junto a su marido Hilario Ibarra grabaron un video en la comunidad Jasuka Vend谩 para difundir como modo de protecci贸n frente al amedrentamiento de las Fuerzas de Tareas Conjuntas (FTC). Las amenazas hacia la comunidad vinieron despu茅s de que una Delegaci贸n Argentina de Derechos Humanos viajara al territorio con el objetivo de observar y realizar informes frente a un Estado que hoy no est谩 buscando a Elizabeth Oviedo Villalba de sobrenombre 鈥淟ichita鈥.

La ni帽a, que ya cumpli贸 15 a帽os, est谩 desaparecida desde el 30 de noviembre del 2020 y es sobreviviente del operativo en el que las Fuerzas de Tareas Conjuntas asesinaron a las dos ni帽as argentinas de 11 a帽os, Lilian Mariana Villalba y Mar铆a Carmen Villalba el 2 de septiembre pasado. Lichita, hija de Carmen Villalba, integrante del EPP (Ej茅rcito del Pueblo Paraguayo) y presa desde hace 17 a帽os en la c谩rcel Buen Pastor de Asunci贸n, estuvo perdida hasta que fue vista por 煤ltima vez el 30 de noviembre pasado por su t铆a Laura Villalba, quien es enfermera y viv铆a en Argentina desde hac铆a 10 a帽os. Laura Villalba se encuentra detenida acusada de ser parte de la log铆stica del EPP en el Penal Militar Vi帽as Ku茅, en donde es la 煤nica mujer. All铆 est谩 completamente aislada y con la excusa de los protocolos por Covid no se permiti贸 la visita de la comitiva Argentina de Derechos Humanos.

Las Fuerzas de Tareas Conjuntas se crearon en el 2013 con la modificaci贸n de la ley de Defensa y Seguridad Interna, con un presupuesto en 2019 de 17 millones de d贸lares y el objetivo de combatir al Ej茅rcito del Pueblo Paraguayo (EPP) y enfrentar el negocio del narcotr谩fico que tiene puente directo con Argentina, Brasil y Europa. En este contexto, las comunidades de la zona son amedrentadas, no se les permite salir para hacerse de sus medios de supervivencia, es por eso que piden desesperadamente que se difunda su palabra como modo de protecci贸n.

La reserva moral del continente

鈥淢uchos de nuestros silencios se los atribuyen a una cuesti贸n cultural, que a veces no hablemos de las injusticias que vemos cotidianamente, pero esto no es as铆. El miedo es producto de 35 a帽os de dictadura cuyas pr谩cticas contin煤an vigentes鈥, dice Sonia Luque mientras se dirige a la Plaza de Armas para asistir a una de las manifestaciones. Tiene 25 a帽os y es estudiante de trabajo social.

Asegura que en la escuela no hay una revisi贸n de la historia: 鈥淣os cuentan la guerra de la Triple Alianza como algo rom谩ntico entre Elisa Lynch y Francisco Solano L贸pez, no nos dicen nada sobre el imperialismo feroz que hab铆a detr谩s de todo eso鈥, concluye mientras llega a una plaza sin banderas partidarias, ese es el acuerdo de la ocupaci贸n de la calle.

La agenda de la pol铆tica electoral que prima en Paraguay se construye sobre un andamiaje conservador encabezado por la Asociaci贸n Nacional Republicana o Partido Colorado: 鈥淓l partido Colorado al que pertenece el actual presidente se sostiene hoy en una pata moral que est谩 construida sobre el discurso provida y pro familia. 鈥楴uestro pa铆s es la reserva moral del continente鈥, ese t铆tulo est谩 basado en alianzas muy concretas: en canciller铆a, en el Congreso de la Naci贸n y en nuestra presencia como Estado frente a la Naciones Unidas, a donde se lleva una voz provida desde el gobierno鈥, explica Natalia Ferreyra, candidata feminista para las elecciones municipales que ser谩n en Agosto de este a帽o, como parte del Frente Guaz煤.

Natalia Ferreyra, candidata feminista para las elecciones municipales del Frente Guaz煤.

El feminismo en esta instancia viene con una propuesta clara que est谩 sostenida en la movilizaci贸n permanente que en las ciudades m谩s pobladas como Asunci贸n, Encarnaci贸n y Ciudad del Este se lleva adelante como una pr谩ctica transversal con las organizaciones sindicales, campesinas y el movimiento estudiantil.

Las movilizaciones en Paraguay comenzaron la primera semana de Marzo, cuando trabajadores y trabajadoras de la salud salieron a la calle por la falta de medicamentos e insumos para afrontar la Covid en los hospitales, lo hicieron acompa帽ades de familiares de personas que ten铆an diagn贸stico positivo. El hecho tuvo una gran repercusi贸n a nivel social y fue el punto de partida de una serie de movilizaciones que siguen hasta el d铆a de hoy. Antes de esta primera ocupaci贸n de la calle, algunas feministas hab铆an salido a repudiar al Ministerio de la Mujer como una acci贸n previa al 8M. La raz贸n fue que la ministra, Nilda Romero, eligi贸 el 24 de Febrero, D铆a de la Mujer Paraguaya, para realizar un homenaje al presidente Mario Abdo Benitez:

鈥淒espu茅s de esa primera semana de Marzo, hubo cambios en los cargos m谩s altos de los ministerios de Salud, Educaci贸n y en el de la Mujer. En la gesti贸n del ministro de Educaci贸n Eduardo Petta se hab铆a quitado de los manuales de secundaria todo lo vinculado a la palabra 鈥榞茅nero鈥. Ven铆amos se帽alando todas las falencias que hab铆a en ese Ministerio, el negacionismo para la Educaci贸n Sexual Integral y la introducci贸n de la Iglesia en los colegios p煤blicos鈥 explica Natalia.

Paraguay es un Estado Aconfesional, lo que implica que ninguna religi贸n en particular tiene car谩cter oficial en el pa铆s. Sin embargo, la Constituci贸n dice reconocer a la Iglesia Cat贸lica la importancia de la formaci贸n cultural: 鈥淥tra de las cosas que dice la Constituci贸n es que la escuela debe ser cient铆fica y laica, pero eso no se cumple, se cortaron los v铆nculos entre las escuelas y las Ongs u organizaciones civiles que trabajan el tema de la salud sexual mientras que se fortalecieron los v铆nculos entre las escuelas y la iglesia. Antes de la pandemia la necesidad de una Educaci贸n Sexual integral era levantada principalmente por el movimiento estudiantil鈥, dice Natalia.

En Asunci贸n se respira el azufre y la p贸lvora, el d铆a que el Congreso rechaz贸 el juicio pol铆tico al actual presidente, la sede del partido colorado fue incendiada. Al d铆a siguiente el jefe m谩ximo de polic铆a fue destituido por 鈥渘o reprimir lo suficiente鈥. El montaje que se produce desde el Estado para socavar el motor de hartazgo que mantiene a la calle movilizada, est谩 basado en la persecuci贸n. Cuando el presidente celebr贸 el fusilamiento de las dos ni帽as como una victoria frente a la guerrilla el septiembre pasado, la rabia hizo que un grupo de manifestantes se autoconvocaran en el Pante贸n Nacional de los H茅roes, tambi茅n en el centro de la Ciudad. Despu茅s de la quema de dos insignias con los colores de la bandera paraguaya, tres feministas fueron perseguidas, una de ellas, Paloma Chaparro se encuentra hoy con un pedido de juicio oral por parte del Ministerio P煤blico y con prisi贸n domiciliaria.

Paloma tiene 23 a帽os, en su momento mostraron su imagen como la feminista con el pelo te帽ido, artesana y feminazi que frecuentaba la sede de la organizaci贸n feminista CasaFem: 鈥淔ue un claro acto de disciplinamiento, siempre hab铆a un polic铆a frente a nuestra casa, es algo que no est谩 expl铆cito pero vos sabes muy bien que te est谩n vigilando. Como a las mujeres no se les cree nada, fuimos denunciando todo. El a帽o pasado hicimos el juicio 茅tico Abya Yala con feministas de otros pa铆ses de manera virtual, en ese momento invitamos a Miriam, la mam谩 de Lilian Mariana y la t铆a de Mar铆a Carmen鈥, dice Mabel Candia Leguizam贸n, parte del colectivo. El discurso que se instal贸 en los medios sobre el Pante贸n fue que se hab铆a desviado lo de las ni帽as, cuando en realidad era todo lo contrario, visibilizar la criminalizaci贸n a las mujeres organizadas que salen a la calle.

Militantes feministas de CasaFem, con el mural que pintaron por las ni帽as argentinas asesinadas en septiembre de 2020.

Ese miedo las tuvo paralizadas mucho tiempo, sin embargo, siguieron generando intervenciones a pesar de cargar con el peso y la persecuci贸n de ser las feministas malas: en la puerta de CasaFem pintaron un mural con la consigna #EranNi帽as basado en una entrevista que tuvieron con Miriam Villalba en las que ella les cont贸 que a las ni帽as les gustaban las margaritas. El mural es la fachada de la casa, no se doblegaron frente al hostigamiento: 鈥淰arios grupos de los que se denominan nacionalistas salieron a decir que iban a cazar feministas. Tienen legitimidad porque toda la estructura conservadora de este pa铆s les apoya, todo el sistema judicial est谩 compuesto por miembros del Partido Colorado, entonces no hay escapatoria. Ellos hacen cualquier tipo de amedrentamiento y quedan impunes, nosotras quedamos criminalizadas鈥, cuenta Virginia Monges tambi茅n parte de la organizaci贸n.

Las ni帽as asesinadas en un crimen de lesa humanidad, la desaparici贸n de Lichita, el hostigamiento a las comunidades campesinas y las detenciones arbitrarias de quienes ocupan la calle son el cauce de un r铆o turbio, de aguas que recorren todo el pa铆s y desbordan como el R铆o Paraguay tapa las orillas de los ba帽ados. Dif铆cil respirar en la pesadez del olor a p贸lvora un aire transformador, pero all铆 est谩 el pueblo paraguayo por el olor a margaritas de las ni帽as enfrentando la crueldad para que no pase m谩s.

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Fuente: Lahaine.org