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De los Chicago Boys a los cabros de Santiago: cr贸nica de un Chile post post-pinochetista


October 20, 2020
De parte de Radio Zapatista
202 puntos de vista


19 oct 2020
Un recorrido que conecta siete a帽os, incontables contrastes, y la determinaci贸n de un pueblo.

Por Lautaro Rivara

Visitamos Chile por primera vez en el a帽o 2013. Un viaje intenso pero m铆nimo. La inevitable parada en los mil laberintos de Valpara铆so 鈥鈥渓a novia del oc茅ano鈥 como la llamara el poeta-, su selecto y bohemio olor a orines, el intento tr谩fago cultural y sus cerros maravillosos, casi volcados sobre el Pac铆fico incluyendo, por supuesto, el incomparable Cerro C谩rcel.

La primera impresi贸n, sin embargo, fue la de una sociedad pacata y conservadora. Nos impresionaron profundamente ciertas pintadas en los muros vivando al tirano que parec铆an suscitar un esc谩ndalo m谩s bien medido y ap谩tico. El car谩cter pl谩stico de casi todas las cosas en Santiago, la ciudad que a diferencia de la Nueva York que cantara Rub茅n Blades, sent铆a que no terminaba de creerse sus propios cuentos sobre el milagro chileno, pese a los mall y el boom inmobiliario, el PBI per c谩pita y las 铆nfulas maiameras del Festival de Vi帽a del Mar.

Pero lo m谩s notable era sin dudas la permanencia qu铆micamente pura de todos los trazos de las subjetividades neoliberales que tan bien conoc铆amos desde nuestros a帽os ochentas: derrotistas, auto-denigratorias, silenciosas, ap谩ticas, mezquinas, medrosas y apol铆ticas. 鈥淐hile, la alegr铆a ya viene鈥, el c茅lebre spot de campa帽a de los tiempos del plebiscito que dijo 鈥淣o鈥 a la dictadura de Augusto Pinochet, sonaba como lo que siempre fue: una consigna huera sacada de los tubos de ensayos del marketing.

Tras eso, una gira breve por varias ciudades y pueblos de la regi贸n del B铆o B铆o trajeron la brisa desprejuiciada y desprejuiciante de las sociabilidades del interior; algo com煤n al interior de todas nuestras naciones.

El ritmo cansino del campesinado, su tenaz sentido de comunidad, la hospitalidad obligatoria y casi agresiva, las comilonas al estilo 鈥淟os 120 d铆as de Sodoma鈥. De Valpo pasamos, sin escalas, a visitar a los raperos mapuches de las poblas, a los mineros del cobre enrolados en SIDECO, a los campesinos paperos de Santo Tom茅 y a los pesqueros y trabajadores mar铆timos de Talcahuano -universalmente famosa por su estatua a la chilena, c茅lebre t茅cnica futbol铆stica que, como no pod铆a ser de otra forma, naci贸 en el pa铆s trasandino-.

All铆 conocimos los fogones de la memoria que evocaban los tiempos del Chicho -Allende- y su criolla Revoluci贸n del Vino y la Empanada y las gestas del Frente Patri贸tico Manuel Rodr铆guez, a algunos de cuyos m谩rtires supimos honrar descendiendo los cerros populares de Playa Ancha mientras toda la pobla les rend铆a honores con sus brazaletes rojos y sus velas prendidas en las ventanas.

Tambi茅n supimos de los reveses y sinsabores actuales, del fracaso de las promesas de una post-dictadura eterna y su remedo de Moncloa. De las taras de una democracia que no supo dar de comer, no pudo curar y ciertamente no quiso educar, pese al final aparentemente feliz que parece contar el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, tan timorato para los izquierdistas como urticante y subversivo para los derechistas.

Tambi茅n supimos, claro, del fragor de los combates actuales, protagonizados hasta entonces una y otra vez por los j贸venes y los estudiantes, como si algo estuviera definitivamente perdido en la cabeza de las generaciones arrasadas: los secundarios en la 鈥渞ebeli贸n ping眉ina鈥 del a帽o 2006 y los universitarios en el a帽o 2011.

El pueblo mapuche, en el Wallmapu, antes, despu茅s y siempre. Tambi茅n nos enteramos, entre las confianzas predispuestas por el pisco, de las seculares rencillas de la izquierda aut贸ctona y de la eterna e inevitable viudez de todos respecto del Partido Comunista. Un viaje breve, dec铆amos, financiado 铆ntegramente con la solidaridad de los movimientos sociales y por el tr谩fico al menudeo de cigarrillos tra铆dos desde la Argentina que escaparon al celo de los pacos. Un viaje intenso y singularmente representativo de la clase, sus maravillas y sus miserias.

***

Primer s铆ntoma. Jurar铆a que es la misma cuadra y la misma pared en donde siete a帽os antes se pod铆a leer 鈥淰iva Pinochet鈥. Ahora, en cambio, rodeado de la aureola cr铆stica de los santos, la imagen de un perro callejero, un cuzco cualquiera de terreno bald铆o, seguido de su singular nombre. Nombre que a la vez describe una habilidad y un oficio: 鈥渕atapacos鈥.

El 鈥渕atapacos鈥, si, un perro venerado transversalmente por todas las capas de esta sociedad bastante m谩s revuelta que el desidioso R铆o Mapocho. Un perro-m谩rtir que si se hubiera presentado a elecciones podr铆a haber derrotado a una coalici贸n de todos los otros partidos y candidatos reunidos. Un extra帽o rocinante sin Quijote que enfrent贸 con valor e hidalgu铆a a los molinos de viento y a los blindados que escupen gas y agua pero sin vino. Algo grande y s铆smico debe haber pasado en este pa铆s que ahora parece idolatrar a un perro pulguiento visible en todas las banderas, pancartas y pa帽uelos.

Segundo s铆ntoma. Por una avenida c茅ntrica de Santiago pasa a toda velocidad un carro de la que hasta ayer era la instituci贸n m谩s venerada y sacrosanta del pa铆s: los Carabineros de Chile. Quienes cuentan, entre otros beneficios exclusiv铆simos, con su propio sistema pensional p煤blico y solidario por fuera de los tent谩culos de las resistidas Asociaciones de Fondos de Pensi贸n. Y tambi茅n, m谩s all谩 del orden profano, con su propia patrona: la Virgen del Carmen. En un acto pr谩cticamente reflejo una anciana muy menuda -me record贸 a aquella se帽ora corajuda que supo conquistar el coraz贸n de Fidel Castro en su visita al pa铆s en el a帽o 71- toma una esquirla de adoqu铆n y la arroja con precisi贸n meridiana al blindado al grito de 鈥減aco culiaaaaaaooo鈥. Mientras tanto los negocios pacatos de la zona, bien ejercitados en la gimnasia cotidiana del estallido, comienzan a bajar las persianas que, vi茅ndolo bien, siempre estuvieron entornadas.

Tercer s铆ntoma. Nos acercamos a la zona cero, al epicentro de las movilizaciones que conmueven al pa铆s desde octubre del a帽o pasado. Un buen amigo nos propone que lo acompa帽emos a conocer lo que 茅l llama 鈥渆l tour de la destrucci贸n鈥. Andando las calles c茅ntricas de Santiago constatamos el estado de deterioro del mism铆simo centro pol铆tico y econ贸mico del pa铆s, con estaciones intermedias como una selecta universidad privada incendiada, cuya c煤pula se derrumb贸 frente a un verdadero aquelarre popular. Y tambi茅n con cuadras enteras de asfalto arrancado a pico y pala para formar los cascotes que invariablemente iban destinados a los pacos y, durante la vigencia del toque de queda, a las a煤n m谩s temibles fuerzas armadas. Chile despert贸 dicen todos desde entonces, y parece que con hambre y resaca despu茅s de una siesta tan larga.

***

驴Qu茅 pasa en la 鈥渇elicidonia鈥 chilena, en Las Condes, Vitacura y Providencia, los barrios 鈥渂ien鈥 de Santiago en donde se pasean las nanas negras haitianas y los ni帽os 鈥渃on los ojos, los cabellos y los dientes rubios鈥? Ni帽os a los que ocasionalmente los traiciona el 谩rbol geneal贸gico y les sale una nariz aguile帽a m谩s parecida a la de Caupolic谩n que a la del gal谩n telenovelero de turno. 驴Qu茅 ha sucedido en 鈥渓as casitas del Barrio Alto鈥 que describiera burl贸n Victor Jara para que el estallido social haya llegado a prender incluso entre los hijos e hijas de la alta burgues铆a capitalina?

Lo que sucede es que la fragilidad del milagro chileno se vuelve cada vez m谩s evidente, y lo que derrama no son riquezas sino aguas cloacales, con buenas dosis de polarizaci贸n social y desclasamientos masivos. Lo que hace eclosi贸n es el endeudamiento serial de las clases medias, la certeza de un futuro pensional precario a merced de los fondos privados de pensi贸n y el car谩cter incierto de una vida y un confort amasados en el amarrocamiento de herencias y apellidos o en la disciplina emprendedorista de la auto-explotaci贸n. El triste destino para muchos y muchas es el de trabajar como reponedores en un centro comercial hasta los 60, los 70 o los 80 a帽os de edad. Eso que llaman una vejez activa y vital.

***

Dios sabe de oficios in煤tiles y/o desagradables: el ondeador de banderas, el reservador de lugares en las colas, el conejillo de indias, el enterrador, el verdugo. Pero ninguno como el p谩jaro de mal ag眉ero, infortunado bur贸crata del sistema de salud chileno. As铆 nos refiri贸 nuestro amigo los detalles de su oficio gana-pan: 鈥渕i trabajo era llamar para notificar cuando se liberaban las camas solicitadas por los pacientes del sistema p煤blico de salud. La gran mayor铆a de las veces, esas personas, incluidas enfermos terminales, ya no las necesitaban, hab铆an pagado ya un privado o, peor a煤n, se hab铆an muerto hac铆a a帽os.鈥

La misma rabia explica la presencia de discapacitados enfrentando a las fuerzas represivas en la heter贸clita primera l铆nea de combate en las movilizaciones. Una primera l铆nea acaudillada a veces por Pikachu o Spiderman, en una de esas veleidades propias de rebeliones tan anti-neoliberales en sus programas como neoliberales en sus formas. Cojos, tullidos, mutilados, con muletas o en sillas de ruedas, porque total, 鈥渆n Chile est谩 la cag谩 y se muere de cualquier wea鈥, como afirma una militante anarquista.

***

El pa铆s del anarquismo m谩s ac茅rrimo e irreductible es, no ha de extra帽ar, el del institucionalismo m谩s asfixiante y universal. El mismo pa铆s en donde las concertaciones no fueron tan concertadas, ni las nuevas mayor铆as fueron ni tan nuevas ni tan mayoritarias. El mismo pa铆s en donde el neoliberalismo primigenio ha vuelto al centro de la escena tras girar en redondo, y en donde, seg煤n nos confiaron, m谩s de un general anduvo en octubre a los telefonazos pidiendo mesura a los partidos pol铆ticos 鈥減ara que las fuerzas armadas no se vieran forzadas a intervenir en la escena pol铆tica鈥. Un pa铆s que ha estado lejos de hacer una revoluci贸n, pero que tras tocar fondo y quiz谩s algo a destiempo, ha rebotado con fuerza. Lo que se discute en Chile ahora no es la v铆a pac铆fica o armada al socialismo, sino el camino m谩s seguro y menos tr谩nsfuga al post-post pinochetismo. No es poca cosa.




Fuente: Radiozapatista.org
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