March 22, 2022
De parte de ANRed
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Foto: Germ谩n Romeo Pena (ANRed)

Hoy, Nora Morales de Corti帽as, cofundadora e integrante del movimiento de Madres de Plaza de Mayo- L铆nea Fundadora festeja sus 92 a帽os. Para homenajearla compartimos su testimonio extra铆do del ensayo 芦El Movimiento de Madres de Plaza de Mayo禄 de Mabel Bellucci en Fernanda Gil Lozano y otras (compiladoras) Historia de las Mujeres en la Argentina. 


Soy Nora Morales de Corti帽as, cofundadora e integrante del movimiento de Madres de Plaza de Mayo- L铆nea Fundadora. Tengo 69 a帽os. Nac铆 en Buenos Aires, Argentina. Par铆 dos hijos. Uno de ellos, Gustavo, est谩 desaparecido. No hace mucho tiempo atr谩s, muri贸 mi esposo. Mi matrimonio dur贸 50 a帽os. Yo fui una mujer tradicional, una se帽ora del hogar. Me cas茅 muy joven. Mi marido era un hombre patriarcal, 茅l quer铆a que me dedicase a la vida familiar.

En ese entonces yo era profesora de alta costura y trabajaba sin salir de mi casa, ense帽谩ndole a muchas j贸venes a coser. Viv铆a todo muy naturalmente, como me hab铆an educado mis padres. Sab铆a de la militancia pol铆tica de Gustavo y de su trabajo solidario en barrios humildes. El no nos ocultaba nunca nada. Se cas贸 siendo un muchacho, cuando estudiaba Ciencias Econ贸micas en la Universidad de Buenos Aires. Ten铆a 24 a帽os, una esposa y un hijo muy peque帽o.

Lo desaparecieron el l5 de abril de l977. Sali贸 una ma帽ana fr铆a y no lleg贸 m谩s. Lo secuestraron en la estaci贸n de tren, mientras iba camino a su trabajo. Esa noche un operativo militar y policial allan贸 mi casa, en donde estaba mi nuera. Afortunadamente, a ella no le hicieron nada. Fue un milagro teniendo en cuenta que, en la mayor铆a de los casos, al no encontrar a la persona buscada se llevaban a cualquier familiar en represalia.

A partir de ese momento comenz贸 una larga peregrinaci贸n por encontrar a Gustavo. Enviamos cartas al Papa, presentamos recursos de habeas corpus en los juzgados; recorrimos iglesias, dependencias oficiales, cuarteles, morgues, organismos de derechos humanos y visitamos a pol铆ticos, periodistas, intelectuales, curas y militares. S贸lo quer铆amos que nos dijesen la verdad. Aunque, lo que relat茅 es lo 煤nico que pudimos saber de 茅l en todo este tiempo. Hasta ahora no tengo otra informaci贸n. Perder un hijo es siempre una tragedia pero hay que elaborarlo para no quedar prendida en ese laberinto y poder ayudar a quienes est谩n en la misma situaci贸n. La soledad nunca es una buena receta si se quiere saber la verdad.

Siempre se consider贸 que el duelo deb铆a hacerse de puertas para adentro. Antes, las mujeres se encerraban en su dolor y quedaban prisioneras de la angustia. Viv铆an la p茅rdida con resignaci贸n. Si no me equivoco, la escritora Nicole Loreaux es la que cuenta que siempre existi贸 una relaci贸n estrecha entre el duelo y las mujeres(51). Ella dice que en la antig眉edad, el duelo ten铆a lamento femenino pero la sociedad no la quer铆a escuchar y el orden pol铆tico no quer铆a ser puesto a prueba por ese grito de dolor. Por eso todo era intramuros.

Actualmente con los grupos, las mujeres se fortalecen, se sienten 煤tiles y descubren que el horror es algo que no s贸lo le pasa a ellas sino tambi茅n a much铆simas otras. Todas tenemos puntos en com煤n: fuimos madres y hemos perdido a un hijo. Nadie suplanta al hijo que perdiste; pero cuando esa p茅rdida no fue por un accidente, por una enfermedad y cualquier eventualidad, sino por haber sido secuestrado, torturado y despu茅s desaparecido su cuerpo, el dolor adquiere otra dimensi贸n. Pero tambi茅n tenemos otras diferencias: al no estar el cuerpo es imposible hacer el duelo. Nos queda la inc贸gnita de ese cuerpo que nos niegan. Sin 茅l, no podemos elaborar la muerte y darle la sepultura que se merece. Es el ser y no ser. La angustia se transforma en letan铆a. Las preguntas no cierran y la tragedia tampoco cierra. Una se interroga permanentemente. Nuestros hijos no est谩n muertos. Est谩n desaparecidos. Cuando una madre encuentra el cuerpo de su hijo, lo deposita donde corresponde y, de alguna manera se conforma. Es un hecho privado. En cambio, lo nuestro es querer hacer un duelo sin cuerpo. No nos conformamos y por eso es un hecho pol铆tico.

No quisiera competir en quien sufri贸 m谩s, pero lo vivido por las Madres fueron violaciones a los principios m谩s fundamentales de los derechos humanos cometidos por el Estado, en manos de un gobierno militar terrorista. Azucena Villaflor fue la que lanz贸 nuestra proclama inicial: 芦Todas por todas y todos son nuestros hijos禄 驴 Qu茅 queremos decir con esto? Es una promesa impl铆cita de las Madres: nuestra lucha no es individual, es colectiva.

A lo largo de estos a帽os, si no fuera por esta filosof铆a hubiese sido muy dif铆cil afrontar tantas adversidades: varias madres murieron, otras debieron criar a sus nietos por la desaparici贸n de los padres. A algunas compa帽eras les desaparecieron todos sus hijos, a otras les quitaron la posibilidad de criar a sus nietos, porque esos ni帽os tambi茅n fueron secuestrados junto con sus padres y mantenidos en cautiverio, hasta que los asesinos de sus familiares se los apropiaron y despu茅s los registraron con una identidad falsa. S贸lo la fuerza que te da el conjunto permite seguir la b煤squeda.

Nosotras ya no somos madres de un solo hijo, somos madres de todos los desaparecidos. Nuestro hijo biol贸gico se transform贸 en 30.000 hijos. Y por ellos parimos una vida totalmente pol铆tica y en la calle. Los seguimos acompa帽ando, pero no de la misma manera como cuando estaban con nosotras: revalorizamos la maternidad desde un lugar p煤blico. Somos Madres a las que se nos sum贸 un nuevo rol y en muchos de los casos no est谩bamos preparadas para ello. Transmitimos algo m谩s de lo que antes le transmit铆amos a nuestros hijos: el esp铆ritu de la lucha y el compartir otras luchas. En fin, aprendimos a dar y a tomar. Esa necesidad por entender la historia de nuestros hijos fue la que nos mantuvo enteras, la que nos llev贸 a ocupar espacios hasta ese momento desconocidos por nosotras . Tambi茅n nuestro entorno familiar se alter贸. Por ejemplo, mi marido me celaba y discut铆amos bastante porque mi independencia se iba fortaleciendo a lo largo de nuestro accionar. A veces, por miedo, 茅l se pon铆a obcecado. Mi familia estaba muy temerosa por mi suerte. Era frecuente que despu茅s de la ronda, termin谩semos presas. Yo tengo otro hijo quien despu茅s de la tragedia, crey贸 ser 煤nico. Sin embargo, con mi activismo pas贸 a ser invadido por todos los otros hijos que buscamos. Yo viv铆 durante muchos a帽os la tensi贸n de ser dos madres a la vez: la biol贸gica y la pol铆tica. Al principio no me daba cuenta que ten铆a otro hijo, hasta que sus planteos cotidianos fueron un llamado de atenci贸n. Ahora, 茅l me ayuda, colabora conmigo, sin ser un activista. Pero no fue el 煤nico en la familia que sinti贸 abandono. Mi nieto, el hijo de Gustavo, me ve铆a como una abuela 芦rara禄. La situaci贸n se fue revirtiendo a partir de los comentarios elogiosos que hac铆an sus amigos sobre nuestras luchas. Al crecer 茅l comprendi贸 que, si yo no me ocupaba de la manera que me ped铆a, era porque buscaba a su padre .

El 30 de Abril de 1977, nuestro primer d铆a, 茅ramos muy poquitas y todas est谩bamos atravesadas por el miedo y la angustia. Mientras averigu谩bamos por el paradero de nuestros hijos nos 铆bamos encontrando con mujeres y hombres en la misma situaci贸n. Entonces comenzamos a juntarnos para descubrir las causas, para consolarnos. No nos un铆an opiniones pol铆ticas ni religiosas sino la tragedia, la b煤squeda incansable. Ahora bien, desde el inicio en vez de estar quietas decidimos rondar. No obstante, durante los cuatro primeros meses de reuniones lo que hac铆amos era estar paradas. Las vueltas comenzaron casi por orden de la polic铆a que nos hac铆a circular. La raz贸n fue muy simple: como el estado de sitio no permit铆a que las personas se juntasen en las calles se nos ocurri贸 caminar alrededor de la plaza. Fue Azucena Villaflor la que propuso esa idea. All铆 pod铆amos expresar nuestro dolor, nuestra angustia y la gente al vernos se iba enterando de lo que estaba sucediendo.

Desde el principio siempre fuimos mujeres. Quiz谩s, el horario elegido no permiti贸 que los hombres nos acompa帽asen por sus obligaciones laborales 驴Por qu茅 elegimos jueves? Fue una decisi贸n azarosa. Una madre cont贸 que en la tradici贸n popular los d铆as que se escriben con R tra铆an mala suerte: entonces quedaba s贸lo lunes y jueves. El primero era imposible ya que nosotras ten铆amos tareas pendientes del fin de semana por ser amas de casa . Por ejemplo, lavar la ropa. Entonces decidimos por el jueves. Y en cuanto a la hora, se eligi贸 el momento de mayor concentraci贸n de gente justo a la salida de sus oficinas. As铆 fue nuestro comienzo: rondar los jueves a las 15,30.

Reci茅n en 1980, empezamos a usar el pa帽uelo blanco en la cabeza con el nombre y apellido del familiar desaparecido, bordado. Fue en la peregrinaci贸n hacia la Bas铆lica de Luj谩n, convocada anualmente por la juventud cat贸lica. Era nuestra oportunidad: la Bas铆lica estaba repleta y, en especial, de j贸venes. Llev谩bamos folletos para repartir y frente a tanta multitud deb铆amos identificarnos. Surge en su momento, como una forma de reconocernos entre nosotras. En realidad, cuando comenzamos a utilizarlo no era un pa帽uelo sino un pa帽al de beb茅; todas ten铆amos alguno en las casas por nuestros nietos. As铆, sin quererlo, fundamos el s铆mbolo de las madres. La identificaci贸n del nombre del desaparecido posibilit贸 que se acercaran aquellas personas que dispon铆an de informaci贸n sobre el paradero de nuestros hijos. Tuvimos que acostumbrarnos a la vida p煤blica, a las nuevas relaciones, a que nuestra intimidad ya no fuese la misma, a viajar mucho, a tener otro lenguaje, a prepararnos para la discusi贸n con gente del poder, a hablar en los medios de comunicaci贸n y a ser reconocidas por la calle. Yo dir铆a que nos hicimos mujeres p煤blicas.

Mi caso lo ejemplifica: de ser una ama de casa, fui creciendo y capacit谩ndome hasta lograr el t铆tulo de psic贸loga social. Ahora soy titular de la 芦C谩tedra Libre Poder Econ贸mico y Derechos Humanos禄, de la Facultad de Ciencias Econ贸micas de la Universidad de Buenos Aires. Al principio much铆sima gente nos miraba con cierto recelo. En los primeros a帽os est谩bamos muy solas. Nadie rondaba con nosotras. Ten铆amos inconvenientes con los otros organismos de derechos humanos, algunos de ellos estaban integrados por gente de partidos pol铆ticos y ten铆an otras formas organizativas y otros compromisos. Incluso nos cost贸 mucho compartir ese espacio de resistencia con las feministas. Ellas comenzaron a venir a la Plaza de Mayo a principio de los ochenta. A las Madres, estas nuevas ideas sobre el ser mujer nos produc铆a confusi贸n y temor y no siempre fueron bien interpretadas. A muchas nos resultaba muy dif铆cil descubrir el car谩cter patriarcal de la maternidad. Hay que comprender que nuestra identidad como movimiento fue configurada a partir de ese rol tradicional. De nosotras se desprendi贸 un grupo de Madres que buscaban a sus nietos nacidos en cautiverio y as铆 surgi贸 la Asociaci贸n de Abuelas de Plaza de Mayo, nucleadas bajo el lema 芦Identidad, Familia, Libertad禄.

Nuestra causa ya no es s贸lo la b煤squeda de nuestros familiares sino tambi茅n la conquista por la liberaci贸n de las mujeres, el respeto a la libre determinaci贸n del cuerpo, a las minor铆as de opci贸n sexual, religiosas y culturales. Es doloroso decir que el desprendimiento de la vida dom茅stica y privada y el salto a la vida p煤blica se llev贸 a cabo porque tu hijo/a est谩 desaparecido/a. Pero ya no se vuelve atr谩s禄.

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Testimonio extra铆do del ensayo 芦El Movimiento de Madres de Plaza de Mayo禄 de Mabel Bellucci en Fernanda Gil Lozano y otras (compiladoras) Historia de las Mujeres en la Argentina. Tomo II. Editorial Siglo XX, 2000.





Fuente: Anred.org