July 6, 2021
De parte de La Haine
329 puntos de vista


No se puede pensar la alternativa ecosocialista sin integrar la aportaci贸n de Marx y Engels. Es cierto que su reflexi贸n sobre el medio ambiente es limitada. Aunque no es nada sorprendente que los temas ecol贸gicos no ocupen un lugar central en el dispositivo te贸rico marxiano: los desgastes causados por la civilizaci贸n moderna no ten铆an en el siglo XIX, ni mucho menos la misma gravedad que en nuestra 茅poca.

La crisis ecol贸gica actual, y en particular la amenaza que el cambio clim谩tico hace pesar sobre cualquier forma de vida en el planeta, engendra desaf铆os in茅ditos, que exigen una definici贸n mucho m谩s radical del programa socialista.

No obstante, se pueden encontrar en Marx y Engels algunas intuiciones importantes sobre la contradicci贸n entre el progreso capitalista y el medio ambiente. Hasta el punto de que el ge贸grafo italiano Massimo Quaini escribi贸: “Marx denunci贸 el saqueo de la naturaleza antes de que hubiera nacido una conciencia ecol贸gica burguesa moderna”1. Pero, como veremos m谩s adelante, su concepci贸n del “desarrollo de las fuerzas productivas” exige una revisi贸n cr铆tica desde el punto de vista de una ecolog铆a marxista en el siglo XXI.

Tambi茅n se encuentran en Marx y Engels muchas referencias al “control”, al “dominio” o incluso a la “dominaci贸n” sobre la naturaleza. Por ejemplo, seg煤n Engels, en el socialismo los seres humanos “se vuelven por primera vez due帽os reales y conscientes de la naturaleza porque son, y en tanto son, due帽os de su propia vida en sociedad” 2. No obstante, como veremos m谩s adelante, los t茅rminos “dominio” o “dominaci贸n” de la naturaleza en Marx y Engels se refieren simplemente al conocimiento de las leyes de la naturaleza, m谩s que a un proyecto “prometeico” de avasallamiento del entorno natural3.

Los primeros escritos

Desde los primeros escritos de Marx llama la atenci贸n su naturalismo ostentoso, su visi贸n del ser humano como ser natural, inseparable de su medio natural. La naturaleza, escribe Marx en los Manuscritos de 1844, “es el cuerpo no org谩nico del hombre”. O tambi茅n: “Decir que la vida f铆sica e intelectual del hombre est谩 indisolublemente ligada a la naturaleza equivale a decir que la naturaleza est谩 indisolublemente ligada a s铆 misma, ya que el hombre es una parte de la naturaleza”. Es cierto que apela al humanismo, aunque define al comunismo como un humanismo que es, al mismo tiempo, un “naturalismo consumado”; y sobre todo lo concibe como la verdadera soluci贸n al “antagonismo entre el hombre y la naturaleza”. Gracias a la abolici贸n positiva de la propiedad privada, la sociedad humana llegar谩 a ser “la culminaci贸n de la unidad esencial del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrecci贸n de la naturaleza, el naturalismo realizado del hombre y el humanismo realizado de la naturaleza” 4.

En un famoso texto de Engels sobre “El papel del trabajo en la transformaci贸n del mono en hombre” (1876), ese mismo tipo de naturalismo sirve de fundamento para una cr铆tica de la actividad depredadora humana sobre el medio ambiente:

“No debemos vanagloriarnos de nuestras victorias humanas sobre la naturaleza. Por cada una de estas victorias, la naturaleza se venga de nosotros. Es cierto que cada victoria nos da, en primera instancia, los resultados esperados, pero en segunda y tercera instancia tiene efectos diferentes, inesperados, que muchas veces anulan los primeros. […] Los hechos nos recuerdan a cada paso que no reinamos sobre la naturaleza como lo har铆a un conquistador sobre un pueblo extranjero, como alguien que est谩 fuera de la naturaleza, sino que le pertenecemos con nuestra carne, nuestra sangre, nuestro cerebro, que estamos en su seno y que toda nuestra dominaci贸n sobre ella reside en la ventaja que tenemos sobre el conjunto de las otras criaturas por conocer sus leyes y poder servirnos juiciosamente de ellas” 5.

Este ejemplo tiene un car谩cter m谩s general -no cuestiona el modo de producci贸n capitalista sino las civilizaciones antiguas. Pero no deja de constituir un argumento ecol贸gico de sorprendente modernidad, tanto porque pone en guardia contra las destrucciones generadas por la producci贸n como por su cr铆tica de la deforestaci贸n. Se encuentra un argumento an谩logo en una carta de Marx a Engels del 25 de marzo de 1868 en la que, a prop贸sito de la desertificaci贸n, llega incluso a mencionar el cambio clim谩tico:

“El libro de Fraas, Clima y Flora en el tiempo, una historia de ambos (1847), es muy interesante por su demostraci贸n de que el clima y la flora cambian en un tiempo hist贸rico. […] Afirma que con la agricultura -y en correspondencia con su grado de intensidad- la “humedad” tan apreciada por los campesinos desaparece (de ah铆 la migraci贸n de las plantas del sur hacia el norte) y se forman estepas. El primer efecto de la agricultura es 煤til pero, en 煤ltimo an谩lisis, es devastador [ver枚dend] por la tala de bosques”. Marx observa que este autor -Karl Nikolaus Fraas, bot谩nico (1810-1875)- no supera el punto de vista burgu茅s, pero que sus an谩lisis manifiesta una “tendencia socialista inconsciente” 6. Enti茅ndase bien, Marx no pod铆a prever el recalentamiento global que amenaza a la humanidad en el siglo XXI, pero se pregunta por los efectos de algunas formas de producci贸n sobre la flora y sobre el clima.

Valores de cambio, valores de uso

Seg煤n los ecologistas, Marx, siguiendo a Ricardo, atribuye el origen de todo valor y de toda riqueza al trabajo humano, ignorando la aportaci贸n de la naturaleza. Esta cr铆tica es, en mi opini贸n, resultado de un malentendido: Marx utiliza la teor铆a del valor-trabajo para explicar el origen del valor de cambio, en el marco del sistema capitalista. La naturaleza, por el contrario, participa en la formaci贸n de las verdaderas riquezas, que no son los valores de cambio sino los valores de uso. Esta tesis fue avanzada por Marx de forma muy expl铆cita en la Cr铆tica del Programa de Gotha contra las ideas de Lassalle y sus disc铆pulos: “El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es tambi茅n la fuente de los valores de uso (隆que son sin embargo la riqueza real!) tanto como el trabajo, que en s铆 mismo no es sino la expresi贸n de una fuerza natural, la fuerza de trabajo del hombre” 7.

Los ecologistas acusan a Marx y Engels de productivismo. 驴Est谩 justificada esta acusaci贸n? No, porque nadie ha denunciado tanto como Marx la l贸gica capitalista de producir por producir, la acumulaci贸n del capital, de las riquezas y de las mercanc铆as como un fin en s铆 mismo. En un destacable pasaje de los Manuscritos de 1844, acusa a la desmesura del capital, su expansi贸n sin l铆mites y su manipulaci贸n de necesidades artificiales: “La falta de medida [Massl枚sigkeit], la desmesura [Unm盲ssigkeit] se convierte en su aut茅ntica norma. […] La extensi贸n de los productos y de las necesidades hace del hombre el esclavo inventivo y calculador de apetitos inhumanos, imaginarios y contra natura” 8.

La idea misma de socialismo -al contrario de sus miserables falsificaciones burocr谩ticas- es la de una producci贸n de valores de uso, de bienes necesarios para la satisfacci贸n de las necesidades humanas.

El objetivo supremo del progreso t茅cnico, dice Marx, no es el crecimiento infinito de bienes -el “tener”- sino la reducci贸n de la jornada de trabajo y el crecimiento del tiempo libre -el “ser”- 9.

Aunque es verdad que muchas veces se encuentra en Marx y Engels (y a煤n m谩s en el marxismo ulterior) una postura poco cr铆tica respecto al sistema de producci贸n industrial creado por el capital y una tendencia a hacer del “desarrollo de las fuerzas productivas” el principal vector del progreso. As铆, en el Manifiesto Comunista, rinden homenaje a la capacidad de la burgues铆a de crear “fuerzas productivas m谩s masivas y colosales que todas las generaciones pasadas en su conjunto”, lo que se traduce en la “sumisi贸n al hombre de las fuerzas de la naturaleza, maquinismo, aplicaci贸n de la qu铆mica a la industria y a la agricultura”, la “roturaci贸n de continentes enteros”, la “regulaci贸n de los r铆os” 10, etc.

Pero el ejemplo m谩s llamativo de la demasiado poco cr铆tica admiraci贸 de Marx por la obra “civilizadora” de la producci贸n capitalista, y por su instrumentalizaci贸n brutal de la naturaleza, es el siguiente pasaje de los Grundisse:

“La producci贸n basada en el capital crea por una parte la industria universal, es decir, el sobretrabajo al mismo tiempo que el trabajo creador de valores; por otra parte, un sistema de explotaci贸n general de las propiedades de la naturaleza y del hombre. […] El capital comienza por tanto a crear la sociedad burguesa y la apropiaci贸n universal de la naturaleza y establece una red que engloba a todos los miembros de la sociedad: 茅sta es la gran acci贸n civilizadora del capital. […] Se eleva a un nivel social en que todas las sociedades anteriores aparecen como desarrollos puramente locales de la humanidad y como una idolatr铆a de la naturaleza.

En efecto, la naturaleza se convierte en un puro objeto para el hombre, una cosa 煤til. Ya no se la reconoce como una potencia. La inteligencia te贸rica de las leyes naturales tiene todos los aspectos del ardid para someter la naturaleza a las necesidades humanas, bien como objeto de consumo o como medio de producci贸n”11.

Fuerzas destructivas

Parece faltar en Marx y Engels una noci贸n general de los l铆mites naturales en el desarrollo de las fuerzas productivas. Aunque se puede encontrar aqu铆 y all铆, por ejemplo en este pasaje de La Ideolog铆a Alemana, la intuici贸n de su potencial destructivo: “En el desarrollo de las fuerzas productivas se alcanza un estadio en que nacen fuerzas productivas y medios de circulaci贸n que ya no pueden ser sino nefastos en el marco de las relaciones existentes, y no son ya fuerzas productivas, sino fuerzas destructivas (el maquinismo y el dinero)” 12.

Por desgracia, esta idea no ha sido desarrollada por los dos autores, y no es seguro que la destrucci贸n que se cuestiona aqu铆 sea tambi茅n la de la naturaleza. En cambio, en algunos pasajes referidos a la agricultura, se esboza una verdadera problem谩tica ecol贸gica y una cr铆tica radical de las cat谩strofes que resultan del productivismo capitalista.

En estos textos se descubre una especie de teor铆a de la ruptura del metabolismo entre las sociedades humanas y la naturaleza, como resultado del productivismo capitalista13. El punto de partida de Marx son los trabajos del qu铆mico y agr贸nomo alem谩n Liebig, “uno de cuyos m茅ritos inmortales es haber destacado el lado negativo de la agricultura moderna desde el punto de vista cient铆fico”14. La expresi贸n Riss des Stoffwechsels, ruptura o desgarro del metabolismo -o de los intercambios materiales- aparece de forma destacada en un pasaje del cap铆tulo 47, “G茅nesis de la renta de la tierra capitalista”, en el libro III del Capital:

“Por una parte, la gran propiedad de la tierra reduce la poblaci贸n agr铆cola a un m铆nimo en declive constante, a la que, por otra parte, opone una poblaci贸n industrial siempre en crecimiento, hacinada en las grandes ciudades: ella crea por consiguiente condiciones que provocan una ruptura irreparable [unheilbaren Riss] en la conexi贸n del metabolismo [Stoffwechsel] social, un metabolismo prescrito por las leyes naturales de la vida; como resultado de ello la fuerza del suelo es derrochada [verschleudert] y este derroche se extiende gracias al comercio mucho m谩s all谩 de los l铆mites de cada pa铆s. […] La gran industria y la gran agricultura industrializada act煤an en com煤n. Aunque en un principio se distingu铆an en que la primera devastaba [verw眉stet] y arruinaba la fuerza de trabajo y por tanto la fuerza natural de los seres humanos, mientras la segunda hac铆a lo mismo directamente con la fuerza natural del suelo, en su desarrollo posterior ambas conjugan sus esfuerzos, ya que el sistema industrial en el campo debilita tambi茅n al trabajador mientras la industria y el comercio proporcionan a la agricultura los medios para el agotamiento del suelo” 15.

Como en la mayor parte de los ejemplos que veremos a continuaci贸n, la atenci贸n de Marx se concentra en la agricultura y en el problema de la devastaci贸n de los suelos, aunque los asocia a un principio m谩s general: la ruptura en el sistema de intercambios materiales [Stoffwechsel] entre las sociedades humanas y el medio ambiente, en contradicci贸n con las “leyes naturales de la vida”. Es interesante se帽alar dos sugerencias importantes, aunque poco desarrolladas por Marx: la cooperaci贸n entre industria y agicultura en este proceso de ruptura, y la extensi贸n de los da帽os a una escala global, gracias al comercio internacional.

El tema de la ruptura del metabolismo aparece tambi茅n en un conocido pasaje del libro I del Capital: la conclusi贸n del cap铆tulo sobre la gran industria y la agricultura. Se trata de uno de los raros textos de Marx donde expresamente se abordan los estragos producidos por el capital en el entorno natural -as铆 como una visi贸n dial茅ctica de las contradicciones del “progreso” inducido por las fuerzas productivas:

“La producci贸n capitalista […] destruye no s贸lo la salud f铆sica de los obreros urbanos y la vida espiritual de los trabajadores rurales, sino que perturba tambi茅n la circulaci贸n material [Stoffwechsel] entre el hombre y la tierra, y la condici贸n natural eterna de la fertilidad duradera [dauernder] del suelo, haciendo cada vez m谩s dif铆cil la restituci贸n al suelo de los ingredientes que le son quitados y usados en forma de alimentos, vestidos, etc. […] Adem谩s, cada progreso de la agricultura capitalista es un progreso no s贸lo en el arte de explotar al trabajador, sino tambi茅n en el arte de desvalijar el suelo; cada progreso en el arte de acrecentar su fertilidad por un tiempo, es un progreso en la ruina de sus recursos duraderos de fertilidad. Cuanto m谩s se desarrolla un pa铆s sobre la base de la gran industria, por ejemplo los EEUU de Norteam茅rica, m谩s r谩pido se completa este proceso de destrucci贸n. La producci贸n capitalista desarrolla la t茅cnica y la combinaci贸n del proceso de producci贸n social socavando [untergr盲bt] al mismo tiempo los dos recursos de los que nace toda la riqueza: la tierra y el trabajador”16.

Una l贸gica depredadora

En este texto hay varios aspectos destacados: en primer lugar, la idea de que el progreso puede ser destructivo, un “progreso” en la degradaci贸n y el deterioro del medio natural. El ejemplo escogido no es el mejor, y resulta demasiado limitado -la p茅rdida de fertilidad del suelo- pero no deja de plantear la cuesti贸n m谩s general de los ataques al medio natural, a las “condiciones naturales eternas”, por la producci贸n capitalista.

La explotaci贸n y el sometimiento de los trabajadores y de la naturaleza son expuestos en paralelo, como resultado de la misma l贸gica depredadora de la gran industria y de la agricultura capitalistas, abriendo el campo a una reflexi贸n sobre la articulaci贸n entre lucha de clases y lucha en defensa del medio ambiente, en un combate com煤n contra la dominaci贸n del capital.

Estos distintos textos se帽alan la contradicci贸n entre la l贸gica inmediata del capital 卢-y de manera m谩s general, el esp铆ritu del capitalismo- y la posibilidad de una agricultura “racional” basada en una temporalidad mucho m谩s prolongada y en una perspectiva duradera e intergeneracional que respete el entorno.

Siguiendo en el libro III del Capital, Marx vuelve a esta contradicci贸n intr铆nseca entre capitalismo y agricultura razonable: “La moraleja de la historia […] es que el sistema capitalista se opone a una agricultura racional o que una agricultura racional es incompatible [unvertr盲glich] con el sistema capitalista (incluso si favorece su desarrollo t茅cnico); 茅sta necesita las manos del peque帽o campesino trabajador o el control de los productores asociados”.

Aqu铆 se sugieren dos ideas interesantes: a) el desarrollo t茅cnico forma parte de la irracionalidad de la agricultura capitalista, y b) la alternativa es, a la vez, la agricultura campesina y el socialismo (los “productores asociados”), igual de respetables y “racionales” a los ojos de Marx.

Al agotamiento de los suelos se a帽ade el ejemplo citado por Marx y Engels de la destrucci贸n de los bosques, que tiene una gran actualidad, cuando la deforestaci贸n bajo la 茅gida del capital y el agronegocio es uno de los mecanismos que favorece el recalentamiento global. Los dos fen贸menos -la degradaci贸n de los bosques y del suelo- est谩n estrechamente ligados en los an谩lisis de Marx y Engels.

El problema de la contaminaci贸n del medio ambiente no est谩 ausente de sus preocupaciones, aunque es abordado casi exclusivamente desde el 谩ngulo de la insalubridad de los barrios obreros de las grandes ciudades inglesas. El ejemplo m谩s llamativo son las p谩ginas de La Situaci贸n de la Clase Trabajadora en Inglaterra, donde Engels describe con horror e indignaci贸n la acumulaci贸n de escombros y basuras industriales en las calles y los r铆os, el gas carb贸nico que sustituye al ox铆geno y envenena la atm贸sfera, las “emanaciones de los r铆os contaminados y polucionados”17, etc.

驴C贸mo definen Marx y Engels el programa socialista respecto al medio natural? 驴Qu茅 transformaciones debe sufrir el sistema productivo para hacerse compatible con la salvaguarda de la naturaleza? Aqu铆 est谩 la principal limitaci贸n de la reflexi贸n de ambos pensadores, y es el aspecto que exige un cuestionamiento cr铆tico. Parecen concebir a veces la producci贸n socialista simplemente como la apropiaci贸n colectiva de las fuerzas y medios de producci贸n desarrollados por el capitalismo: una vez abolida la “traba” que representan las relaciones de producci贸n, y en particular las relaciones de propiedad, estas fuerzas podr谩n desarrollarse sin problemas. Habr铆a por tanto una especie de continuidad sustancial entre el aparato productivo capitalista y el socialista, constituyendo la apuesta socialista, ante todo, la gesti贸n planificada y racional de esta civilizaci贸n material creada por el capital.

Por ejemplo, en la c茅lebre conclusi贸n del cap铆tulo del Capital sobre la acumulaci贸n primitiva, Marx escribe: “El monopolio del capital se vuelve una traba para el modo de producci贸n que ha crecido y prosperado con 茅l y bajo sus auspicios. La socializaci贸n del trabajo y la centralizaci贸n de sus resortes materiales llegan a un punto en el que ya no pueden contenerse en su envoltorio capitalista. Este envoltorio se rompe en pedazos. La hora de la propiedad capitalista ha sonado. […] La producci贸n capitalista engendra en s铆 misma su propia negaci贸n con la misma fatalidad que preside las metamorfosis de la naturaleza”18. Adem谩s de su determinismo fatalista y positivista, este pasaje parece dejar intacto, en la perspectiva socialista, el conjunto del modo de producci贸n creado “bajo los auspicios” del capital, cuestionando s贸lo el “envoltorio” de la propiedad privada, convertido en una “traba” para los resortes materiales de la producci贸n.

Las sociedades precapitalistas

La misma l贸gica “continuista” domina algunos pasajes del Anti-D眉hring, donde presenta al socialismo como sin贸nimo de desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas: “La fuerza de expansi贸n de los medios de producci贸n hace saltar las cadenas con que el modo de producci贸n capitalista la hab铆a cargado. Su liberaci贸n de las cadenas es la 煤nica condici贸n requerida para un desarrollo ininterrumpido de las fuerzas productivas, progresando a un ritmo cada vez m谩s r谩pido, y por consiguiente, para un crecimiento sin l铆mites de la propia producci贸n”19. Ni que decir tiene que esta concepci贸n del paso al socialismo es literalmente insostenible y debe ser cuestionada desde un punto de vista ecosocialista.

Tambi茅n hay en Marx y Engels escritos que consideran la dimensi贸n ecol贸gica del programa socialista y abren algunas pistas interesantes. Ya hemos visto que los Manuscritos de 1844 se refieren al comunismo como “la verdadera soluci贸n al antagonismo entre el ser humano y la naturaleza”. Y en el pasaje arriba citado del libro I del Capital, Marx deja entender que las sociedades precapitalistas asegurar铆an “espont谩neamente” [naturw眉chsig] el Stoffwechsel, el metabolismo entre los grupos humanos y la naturaleza.

En el socialismo (el nombre no aparece directamente, pero es posible inferirlo del contexto) habr谩 que restablecerlo de forma sistem谩tica y racional, “como ley reguladora de la producci贸n social”. Es una l谩stima que ni Marx ni Engels hayan desarrollado esta intuici贸n, basada en la idea de que las comunidades precapitalistas viv铆an espont谩neamente en armon铆a con su medio natural, y que la tarea del socialismo es establecer esta armon铆a sobre bases nuevas20.

Algunos pasajes de Marx parecen considerar la conservaci贸n del medio natural como una tarea fundamental del socialismo. Por ejemplo, el libro III del Capital opone a la l贸gica capitalista de la gran producci贸n agr铆cola, basada en la explotaci贸n y el despilfarro de las fuerzas del suelo, otra l贸gica, de naturaleza socialista: “el tratamiento conscientemente racional de la tierra como eterna propiedad comunitaria, y como condici贸n inalienable [unver盲usserlichen] de la existencia y de la reproducci贸n de la cadena de generaciones humanas sucesivas”. Un razonamiento an谩logo se encuentra algunas p谩ginas m谩s arriba: “Una sociedad entera, una naci贸n e incluso todas las sociedad contempor谩neas reunidas, no son propietarias de la Tierra. Son s贸lo las ocupantes, las usufructuarias [Nutzniesser] y, como boni patres familia, deben dejarla en mejor estado a las generaciones futuras”21. En otras palabras, Marx parece aceptar el “principio responsabilidad” tan querido a Hans Jonas, la obligaci贸n de cada generaci贸n de respetar el medio ambiente -condici贸n de existencia para las generaciones humanas por venir.

En algunos textos, se asocia el socialismo a la abolici贸n de la separaci贸n entre las ciudades y el campo, y por tanto a la supresi贸n de la contaminaci贸n industrial urbana.

Se hace eco de ello la novela ut贸pica del gran escritor marxista libertario William Morris, Noticias de ninguna parte (1890), un intento fascinante de imaginar un mundo socialista nuevo, donde las grandes ciudades industriales habr铆an cedido el lugar a un habitat urbano/rural respetuoso con el entorno natural.

Pero no por ello es menos cierto que a Marx y Engels les falta una perspectiva ecol贸gica de conjunto.

Sugerimos, como nos incita Daniel Bensa茂d, la necesidad de instalarse en las contradicciones de Marx y de tomarlas en serio. La primera de estas contradicciones es, desde luego, entre el credo productivista de algunos textos y la intuici贸n de que el progreso puede ser fuente de destrucciones irreversibles del entorno natural22.

Hay que repensar por tanto el marxismo y la alternativa socialista a partir de los nuevos par谩metros introducidos por la crisis ecol贸gica y las amenazas que ella representa -no para “el planeta”, sino para la supervivencia de numerosas especies vivas, inclu铆da la nuestra. Es imposible, por lo dem谩s, pensar una ecolog铆a cr铆tica a la altura de los desaf铆os contempor谩neos, sin integrar la aportaci贸n de Marx y Engels, en especial: 1) la cr铆tica marxiana de la econom铆a pol铆tica, su cuestionamiento de la l贸gica destructiva inducida por la acumulaci贸n ilimitada del capital: una ecolog铆a que ignora o menosprecia la cr铆tica marxiana del fetichismo de la mercanc铆a est谩 condenada a no ser m谩s que un correctivo de los “excesos” del productivismo capitalista; 2) el programa socialista de colectivizaci贸n de los medios de producci贸n y de gesti贸n democr谩tica de la producci贸n y del consumo por la propia sociedad.

La renovaci贸n del pensamiento marxista

La cuesti贸n ecol贸gica es, en mi opini贸n, el gran desaf铆o para una renovaci贸n del pensamiento marxista en el siglo XXI. Exige de los marxistas una ruptura radical con la ideolog铆a del progreso lineal y con el paradigma tecnol贸gico y econ贸mico de la civilizaci贸n industrial moderna. No se trata -es evidente- de poner EN DUDA la necesidad del progreso cient铆fico y t茅cnico y la elevaci贸n de la productividad del trabajo. Son condiciones ineludibles para dos objetivos esenciales del socialismo: la satisfacci贸n de las necesidades sociales y la reducci贸n de la jornada de trabajo. El desaf铆o ecosocialista es reorientar el progreso para hacerlo compatible con la preservaci贸n del equilibrio ecol贸gico del planeta y, en particular, poner fin a la deriva suicida que nos conduce, por el proceso de recalentamiento global, a un desastre de proporciones inimaginables.

El tal贸n de Aquiles del razonamiento de Marx y Engels era, en algunos textos “can贸nicos”, una concepci贸n acr铆tica de las fuerzas productivas capitalistas -es decir, del aparato t茅cnico/productivo capitalista/industrial moderno- como si fueran “neutras” y bastara a los revolucionarios con socializarlas, sustituyando su apropiaci贸n privada por una apropiaci贸n colectiva, d谩ndolas la vuelta en beneficio de los trabajadores y desarroll谩ndolas de manera ilimitada.

El programa ecosocialista introduce un nuevo principio: aplicar al aparato productivo formado por el capital el mismo razonamiento que Marx propon铆a, en La Guerra Civil en Francia (1871), respecto del aparato del Estado: “La clase obrera no puede contentarse con coger tal cual la m谩quina del Estado y hacerla funcionar por su cuenta”23. Mutatis mutandis, los trabajadores no pueden contentarse con coger tal cual la”m谩quina” productiva capitalista y hacerla funcionar por su cuenta: deben transformarla radicalmente en base a criterios socialistas y ecol贸gicos. Lo que implica no s贸lo la sustituci贸n de las formas de energ铆a destructoras por fuentes de energ铆a renovables y no contaminantes, como la energ铆a solar, sino tambi茅n una profunda transformaci贸n del sistema productivo heredado del capitalismo, as铆 como del modelo de consumo, del sistema de transportes y del sistema de habitat urbano.

Como ya hemos visto, Engels habla, en el Anti-D眉hring, de un desarrollo “ininterrumpido” de las fuerzas productivas y de un crecimiento “sin limites” de la producci贸n misma, gracias al socialismo. Al criticar, con toda justicia, cualquier forma de productivismo, algunos ecologistas proponen como alternativa el decrecimiento. Este t茅rmino tiene el m茅rito de oponerse al culto capitalista del “crecimiento” y la “expansi贸n”, pero se mantiene prisionero de una problem谩tica cuantitativa: producir y consumir “menos” y no “m谩s”.

Se trata de reorganizar la producci贸n seg煤n criterios cualitativos, en base a criterios ecol贸gicos y sociales. Algunas actividades deben desarrollarse de forma r谩pida y significativa (lo que no quiere decir “ilimitada”): la educaci贸n, la salud, la cultura, los transportes colectivos, las bicicletas, la agricultura y la pesca biol贸gicas, la energ铆a solar, geot茅rmica y e贸lica. Otras deben desaparecer lo m谩s r谩pidamente posible, literalmente “enviadas al desguace”: centrales nucleares y t茅rmicas (de carb贸n), industria de armamentos, publicidad, pesca industrial, pesticidas, OGM, etc. Otras deber谩n ser reducidas progresivamente: industria autom贸vil, explotaci贸n petrolera, minas de carb贸n. Esta reestructuraci贸n ecosocialista del aparato productivo -resultado de un debate democr谩tico, en el que se confrontan distintas propuestas, decidiendo en 煤ltima instancia la propia poblaci贸n- debe imperativamente hacerse con la garant铆a del pleno empleo de los trabajadores afectados.

En resumen, el ecosocialismo no s贸lo exige un cambio de las formas de propiedad, sino una profunda transformaci贸n de las formas existentes de producci贸n y de consumo. Se trata de una radicalizaci贸n de la ruptura con el “esp铆ritu del capitalismo” y con la civilizaci贸n material capitalista. En esta perspectiva, el proyecto socialista aspira no s贸lo a una nueva sociedad y un nuevo modo de producci贸n, sino tambi茅n a un nuevo paradigma de civilizaci贸n.

—-

Notas

1. Massimo Quaini, Geography and Marxism, Totowa, N.J., Barnes & Noble, 1982, p. 136.

2. Friedrich Engels, Anti-D眉hring, Paris, Ed. Sociales, 1950, p. 322.

3. En su interesante obra Marx/”s Ecology. Materialism and Nature, New York, Monthly Review Press, 2001, John Foster Bellamy me critica por haber definido el pensamiento de Marx como “concepci贸n optimista, prometeica del desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas” (p. 135). Tiene raz贸n en insistir en la inadecuaci贸n del t茅rmino “prometeico” al hablar de Marx, pero sigo pensando que su visi贸n del desarrollo de las fuerzas productivas es problem谩tica. Volveremos a esta cuesti贸n m谩s adelante.

4. Karl Marx, Manuscrits de 1844. Economie pol铆tique et philosoph铆e. Paris, Ed. Sociales, 1962, p.62, 87, 89.

5. Friedrich Engels, La Dialectique de la nature. Paris, Ed. Sociales, 1968, p.180-181.

6. Karl Marx, Friedrich Engels, Ausgew盲lte Briefe, Berlin, Dietz Verlag, 1953, p. 234-235.

7. Karl Marx, Critique des Programmes de Gotha et d/”Erfurt, Paris, Ed. Sociales, 1950, p. 18. Ver tambi茅n Le Capital, Paris, Garnier/Flammarion, 1969, libro I, p. 47: “El trabajo no es por tanto la 煤nica fuente de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es el padre, y la naturaleza la madre, como dijo William Petty”.

8. Karl Marx, Manuscrits de 1844. Paris, Garnier/Flammarion, 2007. Cf. Karl Marx, Friedrich Engels, Kleine 脰konomische Schriften, Berlin, Dietz Verlag, 1953, p. 141.

9. Sobre la oposici贸n entre “tener” y “ser”, ver los Manuscrits de 1844, op.cit., p.103: “Cuanto menos eres, y menos manifiestas tu vida, m谩s posees, m谩s crece tu vida alienada, m谩s acumulas tu ser alienado”. Sobre el tiempo libre como principal base del socialismo, ver Le Capital, op.cit., libro III, p. 828.

10. Karl Marx, Friedrich Engels, Manifeste du Parti communiste, Paris, Flammarion, 1998, p. 79.

11. Karl Marx, Fondements de la critique de l/”茅conomie politique, Paris, Anthropos, 1967, p. 366-367.

12. Karl Marx, L/”Ideologie allemande, Paris, Ed. Sociales, p. 67-68.

13. Tomo prestado este t茅rmino, y el an谩lisis subsiguiente, de John Foster Bellamy, Marx/”s Ecology…, op. cit., p. 155-167.

14. Karl Marx, Le Capital, Paris, Ed. Sociales, 1969, libro I, p. 660.

15. Karl Marx, Le Capital, III, Berlin, Dietz Verlag, 1969, Werke, Band 25, p. 821 (traducci贸n propia).

16. Karl Marx, Le Capital, op.cit.,libro I, p. 363, revisado y corregido por m铆 seg煤n el original alem谩n, Das Kapital, op.cit., p. 528-530.

17. Friedrich Engels, The Condition of the Working-Class in England (1844), en Karl Marx, Friedrich Engels, On Britain, Mosc煤, Foreing Language Publishing House, 1953, p.129-130.

18. Karl Marx, Le Capital, op.cit.,libro I, p. 566-567.

19. Friedrich Engels, Anti-D眉hring, p. 321.

20. Este aspecto del texto se ha perdido en la traducci贸n del Capital por Jean-Pierre Lefebvre, citada en la traducci贸n del art铆culo de Ted Benton, en la medida en que naturw眉chsig -“espontaneo” – es traducido por “origen simplemente natural”.

21. Karl Marx, Das Kapital, III, p. 784, 820. la palabra “socialismo” no aparece en estos pasajes, pero est谩 impl铆cita.

22. Daniel Bensa茂d, Marx l/”intenpestif, Paris, Fayard, 1995, p- 347.

23. Karl Marx, La Guerre civile en France, en Marx, Engels, Lenin, Sur la Commune, Mosc煤, Ed. du Progr猫s, 1971, p.56

Posta Porte帽a




Fuente: Lahaine.org