September 23, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
277 puntos de vista


Juan Carlos Rois
Tortuga.

No deja de sorprendernos el morrocotudo morro de nuestros ilustres gobernantes. Estos ilustrísimas propagan con sus medios de difusión de sus verdades todo lo bueno, fingido o real, que realizan o aparentan hacer, pero ocultan con la más opaca de las opacidades todo lo que hacen para mal o a hurtadillas.

Concretamente, ocultan su militarismo rampante, vergonzante y feroz.

E ilegítimo, por si fuera poco, porque el gasto con el que nos comprometen en el crecimiento armamentista que no necesitamos (y que no nos beneficia en nada) se acaba convirtiendo en deuda pública, que carga nuestros ya cansados huesos de ciudadanos-siervos y estruja el esfuerzo común. Porque el dinero que destinan a dispendio militar(ista) equivale a pérdida de oportunidad de alcanzar alguna cota (aunque sea de un collado pequeñito y modesto) de seguridad humana y necesidades sociales, esas que disimuladamente obvian en sus discursos grandilocuentes, pero que tan palpitantemente se sienten como pérdida de suelo y resuello en la gente de a pie, traída y llevada, y zarandeada, como oveja sin pastor.

Y ahora me refiero a los 810 millones de euros que el gobierno más progresista de la historia acaba de autorizar que se gaste Defensa para que el Ejército del Aire se haga con tres aviones A330 MRTT de Airbus, una cantidad que resulta no ser nada si no la aterrizamos , dado que hablamos de aviones, en la realidad: es el doble de lo que el gobierno canario ha estimado que serán las pérdidas por los daños del volcán de la Palma.

Juzguen: tres aviones de guerra valen lo mismo que la devastación de dos volcanes.

Tres puñeteros aviones que tenían planificado comprar desde mucho antes, pero que ahora se «justifican» (bonita manera de llamar a la manipulación y a la mentira a posteriori) gracias al espectacular papel de nuestras fuerzas armadas trayendo colaboracionistas afganos ( bonita manera de edulcorar el despilfarro militar y la abyección política y ética del intervencionismo que caracteriza nuestra política de defensa, porque los nuevos aviones son, sobre todo aviones de reabastecimiento en vuelo y de «evacuaciones sanitarias a larga distancia»).

No es el único signo del militarismo rampante de nuestro gobierno servil. Durante 2021, sin contar con estos 810 millones ahora comprometidos, ya han aprobado gasto militar extra, una gran parte con cargo a fondo de contingencia y a gasto extraordinario, por más de 6.800 millones de euros, incluyendo acuerdos marco, declaraciones de emergencia, modificaciones de límite de gasto, autorizaciones de contratos nuevos, transferencias de crédito y la madre que los parió: más de 3.800 millones para helicópteros y sostenimiento de aviones de combate y otros similares celebrados con Airbus, más otros tantos para Navantia, blindados para el ejército de tierra a favor de Santa bárbara, Indra y otros menores.

Un pastuzal que supera el presupuesto de varios ministerios y que, de aplicarse a la seguridad humana, en vez de al fomento del militarismo, seguramente sí justificaría el eslogan de que este gobierno se preocupa de los derechos sociales y que quiere que nadie quede relegado por la crisis.

¿Queremos gastar en armas para mandar ejércitos a miles de kilómetros a sofocar incendios que, cual pirómanos, contribuimos a propagar? ¿O queremos acabar con esta locura y dedicar nuestros mejores esfuerzos a defender la seguridad humana, aquí y allende, contribuyendo al desarrollo de los derechos sociales, políticos, culturales y cubriendo las necesidades humanas? Porque lo uno y lo otro es como agua u aceite, irreconciliables.

Y en estas ya están pasteleados los presupuestos del Estado. ¿Han oído a alguien condicionar el apoyo a la reducción del gasto militar? No se esfuercen. Todos comen del mismo pesebre y no lo harán. Al menos hasta que les cueste cara su indecencia.




Fuente: Grupotortuga.com