June 15, 2021
De parte de Algrano Sembrando La Duda
361 puntos de vista


Se habla a menudo de transici贸n ecol贸gica para referirnos a los procesos que se hacen necesarios, en el contexto actual, para reconducir la actividad humana dentro de unos l铆mites compatibles con el sostenimiento de la vida. Tenemos, incluso, un Ministerio de la Transici贸n Ecol贸gica, lo que dice mucho acerca de la evidencia que, a d铆a de hoy, existe en torno a la necesidad de realizar cambios que garanticen unas condiciones de vida m铆nimas para las generaciones futuras, as铆 como para las especies no humanas. En este texto, preferimos hablar de 鈥渢ransici贸n ecosocial鈥 o de 鈥渢ransici贸n socioecol贸gica鈥, para poner en primer plano la dimensi贸n social y pol铆tica de esta transici贸n. Porque, si nuestra atenci贸n se focaliza 煤nicamente en mejorar ciertos indicadores como el de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), entonces podr铆amos vivir una transici贸n que profundizase las desigualdades y la precariedad laboral. Por eso, los sindicatos y los movimientos por la justicia ambiental hablan de 鈥渢ransici贸n justa鈥.

Hacer nuestra econom铆a sostenible implica profundos cambios en el orden social, que afectan 鈥損ara mal, pero tambi茅n para bien- nuestras vidas cotidianas, nuestra forma de trabajar, de movernos, de divertirnos, de relacionarnos, de consumir; de vivir, en suma. Y, en el marco de una econom铆a capitalista, en la que sus actores protagonistas 鈥搇as empresas, especialmente las grandes corporaciones multinacionales- no tienen m谩s finalidad que la maximizaci贸n del lucro, la tentaci贸n permanente es 鈥渃ambiar algo para que nada cambie鈥: sostener el funcionamiento del capitalismo, con la esperanza de que alg煤n retoque calme a la opini贸n p煤blica y a la comunidad cient铆fica, que desde hace a帽os viene alertando de las consecuencias inmediatas que puede tener nuestro sistema econ贸mico abocado al despilfarro de energ铆a y materiales. Le decimos greenwashing cuando identificamos estrategias de publicidad y marketing encaminadas a hacerle un 鈥渓avado verde鈥 a las marcas 鈥揳un cuando se encuentren entre las m谩s contaminantes, como pueda ser el caso de Iberdrola o Repsol-. Pero es algo m谩s que una estrategia de marketing: representa los esfuerzos de los poderosos para que, finalmente, en el sentido com煤n, cuando hablemos de 鈥渟ostenibilidad鈥 estemos hablando en realidad de sostener el capitalismo.

Los fondos que vendr谩n de Bruselas para 鈥渞escatar鈥 a las econom铆as de los pa铆ses miembros en tiempos de pandemia son un buen ejemplo de ello; el informe al respecto de OMAL deja ver que hay m谩s sombras que luces en el dise帽o de esas partidas. Pero tambi茅n el Pacto Verde Europeo, as铆 como el Green New Deal en Estados Unidos, parecen pensados para mejorar ciertos indicadores de 鈥渟ostenibilidad鈥 al tiempo que fortalecen las inercias del actual orden mundial: beneficiar a las grandes empresas en detrimento de los actores peque帽os y medianos. Un ejemplo nos lo da Marta Victoria, fundadora del Observatorio Cr铆tico de la Energ铆a: 鈥淓l Gobierno [de Espa帽a] planea otorgar subsidios a las renovables, pero esos fondos ser谩n captados por las grandes empresas, porque Iberdrola tienen una capacidad para dise帽ar proyectos con la que no cuenta una peque帽a cooperativa鈥.

驴Sostenibilidad de la vida, o del capitalismo?

La pregunta ser铆a, 驴es posible garantizar la sostenibilidad de la trama de la vida en nuestro planeta si nos limitamos a modificaciones menores, como pueda ser 鈥榯ransicionar鈥 de los combustibles f贸siles a las energ铆as renovables, pero no modificamos nada m谩s? Creemos que no. La transici贸n energ茅tica es un buen ejemplo, pues normalmente se incide en la matriz energ茅tica 鈥揺sto es, las fuentes: petr贸leo, e贸lica, nuclear鈥- y por tanto, en la capacidad del sistema para generar una oferta energ茅tica; pero se habla poco o nada de la demanda energ茅tica. En otras palabras: no basta con mirar la matriz energ茅tica, sino que debemos considerar el sistema energ茅tico en su conjunto. Y, si esto es as铆, entonces no basta con pasarnos al coche el茅ctrico, sino que tenemos que repensar en su conjunto el modo en que nos transportamos, y apostar por el transporte p煤blico as铆 como por una descentralizaci贸n de la actividad econ贸mica que limite los desplazamientos. De otro modo, el litio que requieren las bater铆as de estos nuevos autom贸viles se nos volver谩 a quedar corto; por no decir que la extracci贸n de litio tiene tambi茅n impactos socioambientales severos, como saben bien en Argentina, Bolivia y Chile; y como tal vez deban aprender pronto en Extremadura, cuyas dehesas podr铆an convertirse en zonas de sacrificio en nombre de esa transici贸n que tan beneficiosa resulta para el poderoso sector del autom贸vil, pero probablemente no para la ciudadan铆a en su conjunto.

Una verdadera transici贸n energ茅tica, entonces, deber铆a poner sobre la mesa una revisi贸n amplia de nuestro modelo de transporte, pero tambi茅n del urbanismo y la vivienda, as铆 como del sistema econ贸mico en su conjunto, puesto que a d铆a de hoy lo que comemos recorre, de media, seis mil kil贸metros antes de llegar a nuestras mesas, y de modo an谩logo buena parte de lo que consumimos ha sido transportado de una a otra punta del planeta, a veces, varias veces: de la extracci贸n de materiales en Am茅rica Latina o 脕frica hasta el Sudeste asi谩tico para su ensamblaje, de ah铆 al Norte global para su consumo, y m谩s tarde, de vuelta al Sur para que los desechos acaben en vertederos. Es much铆sima energ铆a la que invertimos como sociedades para que cada cosa que consumimos recorra miles de kil贸metros, o para que, dado que todo est谩 dise帽ado para no durar demasiado (obsolescencia programada y percibida), tengamos que comprar nuevas cosas que tienen otros muchos miles de kil贸metros en su historial. El sistema econ贸mico se dice eficiente, pero es profundamente despilfarrador de energ铆a y materiales; la eficacia la reserva a su 煤nico objetivo, que es la acumulaci贸n de capital en cada vez menos manos.

Una vida digna de ser vivida

Una verdadera transici贸n ecol贸gica, por tanto, debe abordar los problemas que tenemos en su conjunto, y debe estar dispuesta a emprender cambios de ra铆z en nuestro sistema econ贸mico, que no es s贸lo econ贸mico, sino tambi茅n y  ante todo un orden social sustentado en una determinada forma de dominaci贸n pol铆tica. Cuidado, entonces, con los cantos de sirena del 芦ecologismo de los ricos禄.

Podr铆amos poner otros muchos ejemplos, que nos llevan al discurso de la econom铆a verde y a la famosa 鈥渆conom铆a circular鈥. Nos lo dijo Joan Mart铆nez Alier: la econom铆a no es circular, es entr贸pica. El decrecimiento es, entonces, la 煤nica alternativa viable, si lo que queremos es salvar el planeta. Otra cosa es que de lo que se trate es de salvar el capitalismo. El problema es que, muy probablemente, es imposible salvar ambos; y, si esto es as铆, dif铆cilmente podremos sortear los enormes desaf铆os civilizatorios a los que nos enfrentamos sin conflictividad social. Es decir: ser谩 necesaria una sociedad en movimiento para que los cambios inevitables generen las transformaciones que necesitamos.

En otras palabras, las de Luis Gonz谩lez Reyes en Ctxt: 鈥淧ara abordar las inevitables transiciones a las que nos aboca el choque con los l铆mites ambientales, las luchas ecologistas y por la justicia social deben unirse y, adem谩s, impulsar cambios muy profundos en el orden socioecon贸mico鈥. Para Gonz谩lez Reyes, el decrecimiento es la 煤nica opci贸n realista a estas alturas; pero para ese 99% de la poblaci贸n que no forma parte de los consejos administrativos de las grandes empresas, esos cambios profundos traer谩n, tambi茅n, mucho de positivo: 鈥淭rabajar铆amos menos horas en total, dedicar铆amos m谩s a los cuidados no remunerados, menos al empleo (tanto p煤blico como privado) y aparecer铆a un campo de trabajo autogestionado no capitalista enmarcado en la econom铆a social y solidaria. Para m铆, una vida que merece m谩s ser vivida鈥.


Fuente: carrodecombate.com

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Fuente: Algranoextremadura.org