February 21, 2021
De parte de Nodo50
321 puntos de vista


El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha calificado la crisis derivada de la covid-19 como la peor calamidad desde la Gran Depresi贸n de 1929. En nuestra opini贸n es posible que sea de mayor gravedad. La combinaci贸n de una crisis sanitaria con la brusca interrupci贸n, durante un importante per铆odo de tiempo, de las cadenas de valor globales, la consiguiente reorganizaci贸n empresarial y de los capitales y los cambios geoecon贸micos en curso har谩n que aumenten las desigualdades entre las clases y los g茅neros, pero tambi茅n ahondar谩 las brechas inter- territoriales regionales e internacionales. El car谩cter ex贸geno de la crisis econ贸mica hace que las viejas recetas mainstream valgan de bien poco 1/.

La actual pandemia ha obligado a los gobiernos neoliberales a dejar en stand by, por el momento, sus f贸rmulas m谩gicas. En el caso de la Uni贸n Europea (UE) ha quedado en suspenso -que no cancelado- el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y una parte de las restricciones fiscales del Tratado de Maastricht. La verdades y atributos naturales del mercado no sirvieron en la pasada crisis de 2007-2008 y mucho menos en la de 2020-2021-?. Por ello, las 茅lites han dejado parcialmente en segundo plano a los mercados como reguladores 贸ptimos en la asignaci贸n de los medios disponibles y la sociedad ha abierto el debate sobre la urgencia del reparto del trabajo, de los recursos y de los equipamientos. Se ha impuesto excepcionalmente, cuanto menos en los discursos, un nuevo sentido com煤n: relativizar la competitividad y la l贸gica de la maximizaci贸n de los beneficios privados para reorientar las prioridades hacia lo que es socialmente esencial. Aunque a la vista de la actitud de las farmac茅uticas y de los pa铆ses de la OCDE sobre las patentes de las vacunas, el prop贸sito de enmienda queda en entredicho. Una primera conclusi贸n es que los ide贸logos y pol铆ticos neoliberales estar谩n de acuerdo en incrementar el gasto en la sanidad p煤blica, pero tratar谩n de que salgan beneficiados sus amigos fabricantes de salud (Achcar, 2020).

Ahora se ha puesto en el orden del d铆a en el debate pol铆tico la mutualizaci贸n y los llamamientos a la solidaridad, frente al individualismo o el ego铆smo de los Estados. En este sentido, aunque sea d茅bilmente, se abre la perspectiva de una reorientaci贸n de las perspectivas sociales a medida que se desarrolla la crisis y se cuestiona la vuelta a una normalidad basada en la desigualdad, las m煤ltiples precariedades y el despilfarro de recursos provocado por el capitalismo; un sistema basado en la producci贸n a gran escala de productos in煤tiles y/o perjudiciales y una privatizaci贸n que se ha extendido a los bienes y servicios m谩s importantes para la vida. Lo que antes se consideraba natural ahora puede estar sujeto a otros criterios sobre la forma en que deber铆amos vivir y comportarnos. Que esa perspectiva llegue a buen puerto requiere de batallas no solo sociales sino tambi茅n pol铆ticas de enorme dureza contra el capitalismo, que exigen de las organizaciones de izquierda estar a la altura de los retos.

De inmediato, como medida de escudo social urgente en plena crisis econ贸mica y de salud, la propuesta de Rentas B谩sicas de Emergencia en la pandemia que garanticen a todas las personas mayores de 18 a帽os que lo necesiten unos ingresos suficientes para vivir con dignidad, no es una idea que est茅 en entredicho. Es necesaria y es posible implementarla. Pero el debate sobre la Renta B谩sica Universal (RBU) se inscribe en un marco m谩s amplio, coyuntural y de periodo. Que una sociedad garantice un ingreso decente a todas las personas es, evidentemente, un objetivo no solo leg铆timo sino fundamental. Pero ello no implica, y resumimos de entrada nuestra posici贸n, la adhesi贸n a los proyectos de RBU, incluso en sus versiones m谩s de izquierda como la que representa la Red de Renta B谩sica del Estado espa帽ol (RRB). Vamos a tratar de explicar los puntos de cr铆tica a los postulados de la RBU, las soluciones alternativas que nos parecen mejores y, finalmente, qu茅 medidas habr铆a que impulsar para evitar la pobreza.

1 Fin del empleo sin final del capitalismo

Desde diversas posiciones ideol贸gicas viene anunci谩ndose que la robotizaci贸n y digitalizaci贸n de los procesos productivos van a destruir de forma masiva empleo neto. Cosa que se ha ocupado de recalcar a帽o tras a帽o, de forma interesada, el Foro de Davos como discurso intimidatorio para imponer nuevas olas de austeridad que permitan contrarrestar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia del capital. En este contexto, para algunos autores neoliberales, la RBU cumplir铆a tres posibles funciones: inyectar dinero en el mercado, paliar compasivamente el malestar y evitar revueltas. Para algunos autores de izquierda, la RBU en tanto que 鈥渁signaci贸n monetaria incondicional a toda la poblaci贸n, podr铆a significar una gran medida republicana. Cierto. Porque la gran mayor铆a dispondr铆a de las bases m铆nimas para la existencia material, condici贸n para ejercer la libertad鈥 (Ravent贸s, 2019). Un concepto de libertad ciertamente limitado a las disponibilidades pecuniarias -por otra parte, escasas para hacer frente a las necesidades si no se dispone de otros recursos- y a las decisiones individuales de gasto. Este concepto est谩 alejado de nuestra forma de entender el punto de vista marxista de c贸mo llegar al reino de la libertad mediante el cese del trabajo determinado por la necesidad. Lo que requiere el horizonte de una sociedad postcapitalista ecosocialista, pues la consecuci贸n de la plena libertad humana no es posible bajo el dictado del mercado y en r茅gimen de propiedad olig谩rquica.

La denominada medida republicana de la RBU se inserta en la estela de propuestas como las de Toni Negri (1989) que propuso 鈥渦n nuevo derecho fundamental: el derecho a un salario de ciudadan铆a, a una asignaci贸n universal por el mero hecho de ser ciudadanos (鈥) que en estas nuevas condiciones comienza a vislumbrarse, por fuerza, la salida de la humanidad de la 茅poca demasiado larga, del trabajo asalariado.鈥 Y acaba reconociendo honestamente este autor 鈥淣o es probable que la misma v铆a conduzca tambi茅n a la salida de la era de explotaci贸n鈥.

Evidentemente entre los autores neoliberales y los de izquierda hay un abismo de prop贸sitos y proyectos sociales, unos son enemigos de la libertad humana, los otros dar铆an la vida por ella. Pero quiz谩s tienen dos cuestiones en com煤n. En primer lugar, ambos dan por sentado que el capitalismo va a continuar como sistema hegem贸nico. Los primeros porque lo desean, los segundos porque no vislumbran racionalmente su fin. Y buscan soluciones en el marco del sistema. Unos para mantenerlo, otros para humanizarlo. En segundo lugar, de forma m谩s o menos expl铆cita, asumen que estamos a las puertas de una ca铆da mundial del trabajo, en concreto del asalariado, lo que algunos vienen pronosticando desde hace tres d茅cadas. Pero los hechos son tozudos.

Antes de pasar a los n煤meros, conviene hacer una breve menci贸n a las afirmaciones ideologicistas exentas de apoyatura emp铆rica alguna del excelente ecologista y soci贸logo de matriz marxista Andr茅 Gorz (1981 y 1988) que criticando a Marx afirm贸 que hay en curso una desaparici贸n en t茅rminos f铆sicos de la clase obrera -y, por tanto, de su rol socio-pol铆tico- producida por la crisis del capitalismo y por la disoluci贸n, por efecto de las nuevas t茅cnicas de producci贸n, de las relaciones sociales capitalistas de producci贸n. Si bien para Gorz la negatividad de la que, seg煤n Marx, la clase obrera deb铆a ser portadora, no ha desaparecido en absoluto; pero se ha desplazado y radicalizado en un nuevo lugar. 驴Qui茅nes conforman esta no-clase?: Aquellos individuos que se ven expulsados de la producci贸n por el proceso de abolici贸n del trabajo, o subempleados en sus capacidades por la industrializaci贸n (es decir la automatizaci贸n y la informatizaci贸n) del trabajo intelectual. Esa no-clase engloba al conjunto de esos supernumerarios de la producci贸n social que son los parados actuales y virtuales, permanentes y estacionales, totales y parciales. Ese no-trabajo con una no-clase de los no-productores encarna a la vez el m谩s all谩 del productivismo, el rechazo de la 茅tica de la acumulaci贸n y la disoluci贸n de todas las clases. En resumen, nos encontramos ante un brillante discurso construido sobre el vac铆o y un estrecho, fosilizado y, en cierto modo, eurocentrista concepto de clase obrera y de la evoluci贸n del empleo. Algunas de estas cuestiones las retomaremos m谩s adelante.

La poblaci贸n mundial seg煤n diversos organismos como UNFPA 2/ y reflejada en PopulationPyramid.net era del orden de 7.631 millones de personas (Naciones Unidas, 2017). De las cuales, menores de 15 a帽os eran 1.964 millones, siendo 2.570 millones las de menores de 19. A su vez, las mayores de 65 a帽os eran del orden de 560 millones. Seg煤n la Organizaci贸n Internacional del Trabajo (OIT) en su informe Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo. Tendencias 2019, 鈥淓n 2018, la poblaci贸n mundial en edad de trabajar, que incluye a mujeres y hombres de 15 a帽os o m谩s, era de 5.700 millones de personas, de las cuales 3.300 millones, o el 58,4%, estaban en el empleo, y 172 millones estaban desempleadas. Tomados en conjunto, estos grupos constituyen la fuerza de trabajo o poblaci贸n activa mundial, que en consecuencia fue de 3500 millones en 2018, lo cual arroja una tasa de participaci贸n laboral del 61,4 por ciento. Los 2.200 millones de personas restantes (el 38,6 por ciento) en edad de trabajar estaban fuera de la fuerza de trabajo, incluidas las que estudiaban, las que realizaban un trabajo asistencial sin remunerar y las personas jubiladas. En este grupo, 140 millones formaban parte de la fuerza de trabajo potencial (es decir, quienes buscan empleo, pero no est谩n disponibles para incorporarse a un empleo, o que est谩n disponibles, pero no buscan empleo)鈥.

En el citado informe la OIT se帽ala que el trabajo formal en el mundo supone el 39%, siendo el informal el restante 61%. Los empleadores ascienden al 3% de la poblaci贸n activa, los trabajadores por cuenta propia en el campo y en la ciudad suponen el 34%, los trabajadores remunerados y asalariados en ambos 谩mbitos aportan el mayor porcentaje (52%) y existe una bolsa de trabajadores familiares no remunerados que alcanza el 11%.

Esto es consistente y coincidente con los informes presentados por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD por sus siglas en ingl茅s) sobre la evoluci贸n de la fuerza laboral respecto a la poblaci贸n mundial. Ambos organismos han reflejado la tendencia al alza de esta proporci贸n de las personas que trabajan que se acerca al 50% respecto al total poblacional. En el caso del Estado espa帽ol, un 85% de la fuerza laboral son, seg煤n la Encuesta de Poblaci贸n Activa (EPA), personas asalariadas o en b煤squeda activa de empleo por cuenta de terceros.

Todo ello pone de relieve la centralidad social del trabajo y, en concreto, del trabajo asalariado. Lo que, en nuestra opini贸n, pese a que existe la tendencia a que aumente la proporci贸n de capital f铆sico en relaci贸n con el capital variable en muchos sectores productivos, ello no ha supuesto una merma de la mano de obra asalariada a la vista de los datos. Precisamente y pese a las crisis peri贸dicas en el mercado de trabajo y la funcional existencia para el capital de un ej茅rcito industrial de reserva, el curso num茅rico en los siglos XIX, XX y XXI es el aumento creciente de la fuerza laboral y en concreto de la asalariada en relaci贸n con el conjunto de la poblaci贸n. Otra cosa diferente es -y 茅ste no es el lugar debatir de ello- la conciencia de clase y el rol pol铆tico que esa poblaci贸n subalterna juegue en el conflicto social.

Bien es cierto que los procesos en curso de robotizaci贸n y digitalizaci贸n podr铆an suponer una inflexi贸n en la tendencia descrita. Por razones de espacio no podemos dar cuenta de la abundante literatura cient铆fica que mayoritariamente desmiente el supuesto, en este caso catastrofista, del fin del trabajo y el empleo. Por ello recomendamos, para quienes quieran profundizar en ello, un trabajo de Michel Husson (2016) publicado en Gaceta Sindical, revista de Comisiones Obreras (CC OO). Albert Recio (2018) se帽ala que, como en todo cambio de paradigma tecnol贸gico, probablemente ser谩 m谩s el empleo que se genere que el que se destruya. Por nuestra parte, sin subestimar la importancia e impacto de las nuevas tecnolog铆as en la estructura y tipo de empleo que se est谩 generando, el saldo neto resultante de la diferencia entre el generado y el que desaparece es globalmente positivo, si bien hay sectores afectados negativamente y sectores emergentes. Por ello resulta de primer orden la necesidad de aplicar el concepto de transici贸n planificada y justa al proceso en curso.

Sobre esta cuesti贸n, resultan especialmente importante las conclusiones de Fernando Rocha (2019) recogiendo las aportaciones de Arag贸n (2016): 鈥淟a primera reflexi贸n que puede extraerse del an谩lisis realizado es que la digitalizaci贸n es un proceso social en construcci贸n, cuya extensi贸n y posibles impactos (鈥) permanecen todav铆a en buena medida por explorar. (鈥) La experiencia hist贸rica y el estudio comparado permiten apuntar igualmente que los impactos de la transformaci贸n digital en el mundo del trabajo no est谩n condicionados un铆vocamente por las caracter铆sticas de las tecnolog铆as (鈥) estos cambios no est谩n predeterminados sino que dependen de la acci贸n de los principales actores que intervienen en ellos -no s贸lo los empresarios, sino los trabajadores y trabajadores y su representaci贸n en los sindicatos- de los marcos regulatorios en los que se desenvuelven y de las pol铆ticas p煤blica鈥.

No queremos dejar pasar por alto que, como explica con precisi贸n Almaz谩n (2020), uno de los componentes de la automatizaci贸n, la digitalizaci贸n, lejos de la inmaterialidad entra帽a un enorme uso de combustibles f贸siles y de minerales raros, por lo que su desarrollo debe ser cuestionado y en todo caso controlado por razones ecosociales.

2 La RBU y el trabajo asalariado

Los proyectos de la RBU se basan en una idea falsa sobre el significado del trabajo asalariado. Este se basa, ciertamente, en una relaci贸n de explotaci贸n, dominaci贸n y alienaci贸n, que en la fase actual del capitalismo se aproxima a las relaciones de esclavitud que predominaron en el siglo XIX (contratos de cero horas, imposici贸n de f贸rmulas de trabajo aut贸nomo sin prestaciones sociales, etc.). Pero, al mismo tiempo, es una fuente de reconocimiento social, un espacio de articulaci贸n de las clases subalternas y una esfera de realizaci贸n; elementos estos que obviamente son muy diferentes en los diferentes tipos de trabajo, pero que est谩n presentes en su gran mayor铆a.

El trabajo asalariado es una actividad inhumana, pero el trabajo en s铆 es inherente al ser humano. Es m谩s, toda su relaci贸n con la naturaleza objetiva de la que es parte no se puede entender sin el trabajo como forma de interacci贸n

Comencemos por lo m谩s pol茅mico. El trabajo asalariado es una actividad inhumana, pero el trabajo en s铆 es inherente al ser humano. Es m谩s, toda su relaci贸n con la naturaleza objetiva de la que es parte no se puede entender sin el trabajo como forma de interacci贸n 3/. La ecofeminista Yayo Herrero (2015) afirma que el capitalismo 鈥渢ransform贸 el trabajo y la tierra en mercanc铆as y comenzaron a ser tratados como si hubiesen sido producidos para ser vendidos. Pero ni la tierra ni el trabajo son mercanc铆as porque, o no han sido producidas 鈥揷omo es el caso de la tierra鈥 o no han sido producidas para ser vendidas 鈥揷omo es el caso del trabajo鈥. Se puede entender el alcance de esta Gran Transformaci贸n si se recuerda que 鈥渢rabajo no es m谩s que un sin贸nimo de persona y tierra no es m谩s que un sin贸nimo de naturaleza鈥 (Polanyi 1992). Herrero afirma a continuaci贸n que 鈥渓a nueva noci贸n de trabajo exigi贸 hacer el cuerpo apropiado para la regularidad y automatismo exigido por la disciplina del trabajo capitalista (Federeci 2010), el cuerpo se convirti贸 en una maquinaria de trabajo. Y su regeneraci贸n y reproducci贸n no era responsabilidad de la econom铆a que se desentendi贸 de ellas, releg谩ndolas al espacio dom茅stico. All铆, fuera de la mirada p煤blica, las mujeres se ven obligadas a asumir esas funciones desvalorizadas a pesar de que sean imprescindibles tanto para la supervivencia digna como para la propia reproducci贸n de la producci贸n capitalista鈥 (Carrasco 2009). Por nuestra parte entendemos que ello es posible precisamente porque en el capitalismo no se compra y vende personas, y tampoco trabajo, sino que se alquila fuerza de trabajo, que es una capacidad de las personas, por lo que deducimos que en ese sistema la fuerza de trabajo s铆 que es una mercanc铆a, pero no las personas.

El polinomio naturaleza, satisfacci贸n de necesidades, persona y fuerza de trabajo forma un complejo entramado de relaciones que configuran sociedades, individualidades, valores y culturas. Ello es lo que explica, como se帽ala un m茅dico franc茅s, Dejours (2015), que la obligaci贸n de hacer mal el trabajo, de tener que darlo por terminado o mentir, es decir, de frustraci贸n de su aspiraci贸n a encontrar placer y dignidad en el trabajo, es una fuente important铆sima y frecuente de sufrimiento en el trabajo. En esta pandemia se ha mostrado que cuando las personas asalariadas han trabajado en la elaboraci贸n de mascarillas, equipos de protecci贸n, etc. han mostrado una gran implicaci贸n en su trabajo, lo que ocurre en general cuando su trabajo est谩 bien hecho, especialmente si es de utilidad social. Por otra parte, estudios sociol贸gicos han mostrado que la mayor铆a de las personas paradas quieren encontrar un empleo y est谩n dispuestas a aceptar trabajos precarios, incluso cuando el salario que vayan a percibir no sobrepase los subsidios anti-pobreza que puedan percibir.

Adem谩s, como dice Daniel Albarrac铆n (2020), tambi茅n en sociedades de futuro que se pudieran liberar del yugo salarial se plantea una importante cuesti贸n a la que no responde la RBU: qu茅 hacer con los trabajos desagradables, penosos y arriesgados, as铆 como respecto a los trabajos de cuidados, en lo concerniente a qui茅n los har谩 o si se repartir谩n. En definitiva, debemos abordar la cuesti贸n del trabajo en su integridad, tanto los trabajos productivos como los reproductivos, tanto en la sociedad actual capitalista como en una futura sociedad ecosocialista, lo que exigir谩 emprender el debate sobre las necesidades humanas b谩sicas y su jerarqu铆a, sobre la manera de terminar ex ante mediante la planificaci贸n democr谩tica de las decisiones econ贸micas (qu茅, c贸mo y para qui茅n producir) y c贸mo realizar arm贸nicamente el metabolismo sociedad/naturaleza.

La desvinculaci贸n en la sociedad actual capitalista del ingreso y el trabajo se basa tambi茅n en otra idea que nos parece falsa. Consiste en que la transformaci贸n del capitalismo ha dado lugar a un crecimiento de los conocimientos que se desarrollar铆a fuera del tiempo oficial de trabajo, lo que da lugar a que el valor se crea fuera del sistema productivo y el trabajo vivo ha dejado de ser la fuente del valor. Pero la elaboraci贸n de los conocimientos y su puesta en pr谩ctica no dependen de iniciativas individuales, sino que son construidos colectivamente. Algunos llegan a decir que la producci贸n industrial y de servicios realizada por las empresas deja de ser productora de valor y trabajo productivo que ahora pasar铆a a las finanzas, 鈥渓a fuente del valor es la circulaci贸n鈥. Estas posiciones olvidan que el valor se produce y realiza a lo largo de la cadena de valor y todos los trabajos que la misma comporta son necesarios para llegar a buen t茅rmino. Sobre su err贸nea base se propone una distribuci贸n del ingreso previamente al trabajo colectivo, que, en alguna, versi贸n incluye a basar el derecho a la existencia en la 鈥渉erencia de la civilizaci贸n鈥, lo que supone no reconocer que todos los ingresos se engendran por la actividad continuada (Boulier Boutang, citado en Harribey, 2017, nota 15).

En este punto, dada la influencia que tiene en un sector de la izquierda radical europea y latinoamericana, nos detenemos brevemente en el pensamiento del m谩ximo exponente de la corriente de pensamiento postoperaista, postmaterialista e inmaterialista, Negri (2001 y 2004), quien considera que en las nuevas formas del trabajo postfordistas, lo determinante es el conocimiento y que la formaci贸n del valor no depende tanto del trabajo como del conocimiento. Asimismo, para este autor, el poder de mando hace imposible la emancipaci贸n en el trabajo por lo que reclama un 茅xodo a otros espacios, los comunitarios. Por ello, lo importante y relevante social y pol铆ticamente no es ya lo que ocurre en el mundo del trabajo, ni en la disputa por el plusvalor entre el capital y el trabajo, sino fuera, en otras dimensiones. Derivado de lo anterior, durante a帽os, se puso en boga el concepto multitud capaz de sustituir a otros anteriores como clase, bloque hist贸rico, etc. que, a su vez se presentaba como agente de cambio alejado del capitalismo y del socialismo. Virno (2002), Hardt y Negri no afirman la desaparici贸n del proletariado o de la clase obrera industrial, pero se帽alan el declive de estos sujetos a favor de una nueva hegemon铆a, que en el caso de Hardt y Negri (2004) denominan confusamente 鈥渢rabajo inmaterial鈥, 鈥渁fectivo鈥, 鈥渞elacional鈥, 鈥渂iopol铆tico鈥 que al escapar del marco productivo adquiere un enorme potencial para la transformaci贸n social pues produce directamente relaciones sociales (sic) borr谩ndose las fronteras entre 鈥減roductor鈥 y 鈥渃iudadano鈥.

Otro sector de quienes defienden la RBU afirma que el valor es creado por el consumidor en el marco de una econom铆a a la que se llama colaborativa. Para los partidarios de esa concepci贸n, el cognitivismo, la RBU ser铆a un ingreso primario, que remunerar铆a la actividad aut贸noma de las personas, definida como productiva. Otro sector afirma que los lazos sociales producen valor en sentido econ贸mico, confundiendo as铆 valor de uso y valor de cambio. De esta forma llegan a decir que jugar a las cartas, ver una pel铆cula u otras actividades de ocio similares 鈥渃oncurren al enriquecimiento de la sociedad, participan de la utilidad social y, de esta forma, deben ser considerados como trabajo鈥, al crear valor econ贸mico (Baptiste Mylondo, citado en Harribey, 2017, p. 136). Esa posici贸n obvia el 鈥渋ndispensable reconocimiento colectivo pol铆tico de la utilidad de una actividad para la sociedad: por definici贸n, no puede ser declarada por cada persona aislada, sino, por ejemplo, 驴c贸mo tomar en cuenta la crisis ecol贸gica que obliga a redefinir colectivamente los modos de producci贸n?鈥 (Harribey, 2017, p. 136).

Como lo fundamental de la producci贸n de valor se realizar铆a fuera de la esfera del trabajo, para las y los te贸ricos del cognitivismo y las personas defensoras de la RBU que les siguen, la RBU ser铆a un ingreso primario, que remunerar铆a toda la actividad de las personas (que queda definida como productiva), de forma que 鈥渆l ingreso garantizado es pensado como una forma suplementaria de ingreso que deber铆a agregarse al salario y al beneficio鈥 (Husson, 2017). Ello facilita trasladar la distribuci贸n de la renta 煤nicamente a la fiscalidad, obviando la importancia, para un proyecto de transformaci贸n social, de modificar la distribuci贸n primaria de los ingresos entre beneficios empresariales y salarios a favor de estos 煤ltimos. Precisamente lo esencial de la explotaci贸n del trabajo como pilar del sistema capitalista es esa disputa, que Daniel Bensa茂d (2012) califica ir贸nicamente con una met谩fora: 鈥渓a novela negra del capital es 驴qui茅n rob贸 el plusvalor?鈥.

3 Aplicabilidad de la RBU y algunos posibles efectos

Las propuestas de RBU se suelen motivar en que la redistribuci贸n de la renta que le acompa帽a permite evitar los problemas planteados por la condicionalidad de las rentas m铆nimas 鈥揺n el Estado espa帽ol, hasta ahora las prestaciones auton贸micas contra la pobreza y, a partir de ahora, el nuevo Ingreso M铆nimo Vital-, que supuestamente dejar铆an fuera a una parte importante de la poblaci贸n pobre por el estigma que se les atribuye y por su car谩cter condicionado. No parece inevitable que el condicionamiento a la aceptaci贸n de un empleo o de un itinerario formativo que, adem谩s, raramente se ofrece en situaciones de elevado desempleo como la actual -sin hablar de la carencia de medios de los servicios p煤blicos de empleo-, deje fuera a un porcentaje elevado de sus potenciales beneficiarios. M谩s bien se deber铆a a diversos tipos de restricciones y condiciones perfectamente suprimibles, como por ejemplo la exigencia de un per铆odo de residencia legal, de una edad superior a los 18 a帽os de la mayor铆a legal o la limitaci贸n del n煤mero de unidades de convivencia que puedan ser perceptoras de la prestaci贸n en una misma vivienda.

En cuanto a los elevados costes administrativos que se argumenta como problema para las rentas m铆nimas, eso no es inevitable en los tiempos de la informaci贸n computarizada. Cruzar datos entre los departamentos de hacienda y trabajo y seguridad social es tarea sumamente simple. No es m谩s sencillo identificar fiscalmente a cada de uno de los perceptores de la RBU, incluyendo claro est谩 a quienes son invisibles por trabajar en la econom铆a sumergida, que a los perceptores de rentas m铆nimas. Y dado el gap existente entre el momento de percepci贸n y el de la regularizaci贸n en IRPF de la RBU, la complejidad administrativa y financiera no son menores (Ghesta estim贸 en 2013 que ser铆a necesario controlar el flujo fiscal de 353.351 millones de euros y su correlato monetario).

Por otra parte, tampoco la RBU ser铆a tan f谩cil y transparente, y  de gesti贸n tan econ贸mica como se pretende, ya que al estar relacionada con otras prestaciones p煤blicas, parte de las cuales se deducen de la RBU, implicar谩 gestiones y decisiones administrativas y, tambi茅n, recursos administrativos y judiciales contra las mismas. No es cierto que la RBU mejore la posici贸n de los y las trabajadoras para mejorar las condiciones del trabajo asalariado, sino que, al rev茅s, facilitar铆a la aceptaci贸n por sus beneficiarios de empleos poco remunerados, eventuales, a tiempo parcial. Si fuera puesta en pr谩ctica favorecer铆a que los empresarios congelasen los salarios. El riesgo ser铆a m谩s importante para el salario m铆nimo, que, aunque es muy insuficiente, su funci贸n de garantizar ingresos decentes podr铆a m谩s f谩cilmente ser cuestionado si una parte de los ingresos de esas personas fueran financiados por el Estado a trav茅s de la RBU. De hecho, una parte de los defensores neoliberales de la RBU no esconden que ese es su objetivo. Ciudadanos, que, hasta ahora al menos, no propone la RBU, a la vez que se opon铆a al aumento a 900 euros del SMI en el 2019 propon铆a que el Estado complementase los bajos salarios. El fortalecimiento de la posici贸n de las trabajadoras y trabajadores no se resuelve a nivel individual, es un asunto colectivo que depende de la relaci贸n de fuerzas frente a los empresarios para mejorar las condiciones de trabajo, imponiendo leyes favorables o mediante convenios colectivos decentes.

Para las mujeres, la RBU tiene dos riesgos alternativos: o como salario maternal que confina a las mujeres en el hogar o como complemento de ingresos de un trabajo a tiempo parcial, reforzando en ambos la divisi贸n de g茅nero del trabajo

En las sociedades heteropatriarcales el trabajo asalariado ha permitido a las mujeres ganar autonom铆a en relaci贸n con la esfera familiar o comunitaria. Para ellas, la RBU tiene dos riesgos alternativos: o como salario maternal que confina a las mujeres en el hogar o como complemento de ingresos de un trabajo a tiempo parcial, reforzando en ambos la divisi贸n de g茅nero del trabajo. Tiempo parcial que en la actualidad est谩 muy feminizado: seg煤n el INE, en el 2019, en el Estado espa帽ol el 23,8% de las mujeres trabajaban a tiempo parcial, frente a un 7% de los hombres. Pero no es una opci贸n por la que apuesten las mujeres: en ese 2019 el 52,6% se debe a no haber podido encontrar un trabajo a tiempo completo y el voluntario est谩 socialmente muy condicionado (escuelas infantiles insuficientes y no gratuitas, residencias escasas y de pago, reparto del trabajo dom茅stico y de cuidado a cargo mayoritariamente de las mujeres).

Sin embargo, a pesar de las constricciones que les supone la asunci贸n muy mayoritaria del trabajo dom茅stico y de cuidados, as铆 como de las discriminaciones salariales que sufren, la extensi贸n de la ocupaci贸n de las mujeres muestra una clara voluntad de mantenerse en el empleo. Como dec铆a la autora J. Laufer, 鈥渆l derecho al trabajo asalariado ha significado la libertad de existir fuera de una posici贸n de subordinaci贸n dom茅stica鈥 (citada en Eyrous y Silvera, 2020, p. 43). Por ello proponer ingresos desconectados del trabajo remunerado tiene el riesgo de expulsi贸n de las mujeres de la esfera del trabajo y de vuelta a la esfera dom茅stica. El riesgo para una parte de las mujeres ser铆a mayor por tener salarios m谩s bajos y pr贸ximos a la cuant铆a de la RBU. As铆 pues, la afectaci贸n indiferenciada de la RBU a los hombres y a las mujeres es una ilusi贸n y la RBU tiene el riesgo de convertirse en un salario maternal.

Por 煤ltimo, en t茅rminos del conjunto de integrantes de la sociedad, para que hubiera condiciones 贸ptimas de ingresos desconectados del trabajo deber铆a haber previamente un contrato social de toda la ciudadan铆a en la que la persona obtiene servicios p煤blicos e ingresos, pero aporta en funci贸n de su capacidad de trabajo a lo largo de su vida, bien entendido que aquellas personas que no puedan trabajar podr谩n obtener un ingreso b谩sico suficiente. Escenario m谩s plausible en la sociedad postcapitalista que bajo el capitalismo.

De lo contrario, este dinero regado por helic贸ptero desde el Estado bien podr铆a consolidar una sociedad dual al mismo tiempo que requiere la perpetuaci贸n de un capitalismo sumamente productivo, con las consecuencias que conlleva. Esta renta monetaria deja en manos de la demanda individual decisiones que, al realizarse en el mercado, pueden favorecer al sector privado y estar muy lejos de las prioridades de inversi贸n y gasto p煤blico creadoras o consolidadoras de 谩reas econ贸micas que escapen la l贸gica del mercado. La individualizaci贸n en la percepci贸n de rentas monetarias provenientes del Estado puede dificultar los procesos de lucha y control colectivos, dejando en manos de las 茅lites pol铆ticas las principales decisiones pues podr铆an poner trabas al agrupamiento, la autoorganizaci贸n y la acci贸n colectiva con resultado de mitigaci贸n del conflicto social. Efectos, estamos absolutamente seguros, no deseados por los defensores de izquierdas de la RBU.

4 Financiaci贸n de la RBU

En las propuestas de la Red de Rente B谩sica (RRB) sobre el importe de las prestaciones de seguridad social, tanto pensiones, como desempleo, se descuenta la cantidad de la RBU, mientras que tendr铆a lugar una compatibilidad absoluta con los salarios, incluidos los muy elevados del personal directivo de las grandes empresas, y con las rentas del capital. As铆 se expresa, entre otros muchos, Jordi Arcarons (2020) cuando dice que 鈥淟a RB sustituye a toda otra cantidad econ贸mica que se perciba por parte del Estado, siempre que dicha cantidad sea inferior a la RB; pero si es superior, la parte que la supera se seguir谩 percibiendo en las mismas condiciones鈥. Ello da lugar a un trato peor a las prestaciones de desempleo y las pensiones que a los salarios directos y, peor a煤n, que a las rentas de capital. Nos parece revelador de una concepci贸n que pone a la RBU en el centro no solo de los ingresos para evitar la pobreza, sino del conjunto de las reivindicaciones sociales. La RRB de la Comunidad Aut贸noma Vasca propone mantener las prestaciones contributivas como no absorbibles, pero dejar铆a fuera de la no absorbabilidad a algunas prestaciones sociales no contributivas que responden a necesidades sociales espec铆ficas, como, entre otras, el del subsidio de desempleo para mayores de 52, que adem谩s de renta mantiene la cotizaci贸n para la jubilaci贸n y las prestaciones a la discapacidad.

La propuesta de financiaci贸n de la RBU mediante un incremento de los tipos del IRPF, especialmente de las rentas m谩s altas, es progresiva, pero tiene el grave riesgo de tocar del ala a los sistemas de Seguridad Social. Dejar铆a a la mayor铆a social dependiente de una renta financiada por la fiscalidad, con el riesgo de que la disminuci贸n de ingresos p煤blicos se utilice para justificar la reducci贸n de la cuant铆a de la RBU cuando las prestaciones de la seguridad social habr铆an perdido una parte de su capacidad de protecci贸n. El caso de Finlandia y los varios dict谩menes e informes de gobiernos socioliberales (Jospin) o abiertamente neoliberales (Macron) en Francia sobre la eventual implantaci贸n de la RBU deben ponernos en alerta, ya que nada bueno se puede esperar de ellos en materia de mantenimiento de conquistas sociales logradas al precio de combates prolongados.

La propuesta de financiaci贸n de la RBU mediante un incremento de los tipos del IRPF, especialmente de las rentas m谩s altas, es progresiva, pero tiene el grave riesgo de tocar del ala a los sistemas de seguridad social.En cualquier caso, la RBU apuesta exclusivamente por la fiscalidad para el cambio social

En cualquier caso, la RBU apuesta exclusivamente por la fiscalidad para el cambio social. Es escasamente factible que se produzcan modificaciones sustanciales y progresivas en la fiscalidad mientras se mantenga, e incluso se acent煤e, una distribuci贸n de los ingresos primarios que desde el inicio del per铆odo neoliberal se ha traducido en un aumento de los excedentes empresariales en detrimento de la parte salarial. Para cambiar esa tendencia es necesario atacar la relaci贸n de explotaci贸n, b谩sica en el capitalismo y ello exige medidas tales como el aumento de los salarios, especialmente de los m谩s bajos, la reducci贸n del tiempo de trabajo sin p茅rdida de salarios y un cambio en la organizaci贸n del trabajo que fortalezca la posici贸n de las y los asalariados.

5 El paro: ni maldici贸n b铆blica ni fen贸meno meteorol贸gico

Aunque el discurso de sus partidarios var铆a, los promotores iniciales de la RBU en los a帽os sesenta (Van Parijs) consideraban que la automatizaci贸n impide el pleno empleo y de ah铆 surge la necesidad de la RBU, como alternativa a un salario inexistente. Sin embargo, nunca ha aumentado tanto el empleo en las econom铆as capitalistas, como en la fase tras la segunda guerra mundial en la que los aumentos de productividad eran mucho mayores que en la actual. Ello ocurri贸 porque tuvo lugar una importante reducci贸n del tiempo de trabajo (RTT). El capitalismo utiliza el desempleo masivo y la precariedad para minar las condiciones no solo de las personas paradas y precarias sino de la mayor铆a de la clase trabajadora. No solo restringe el acceso al empleo de la juventud, sino que afecta a las y los trabajadores en activo al debilitar su posici贸n para reclamar la mejora de sus condiciones laborales y sociales. Ya en 1943 Kalecki (2011) afirmaba que al capitalismo no le interesa que haya buenos trabajos de forma generalizada porque 鈥淏ajo un r茅gimen de pleno empleo permanente, el despido dejar铆a de desempe帽ar su papel como medida disciplinaria. La posici贸n social del jefe se minar铆a, y la seguridad en s铆 misma y la conciencia de clase de la clase trabajadora aumentar铆a. Las huelgas por aumentos de salarios y mejores condiciones de trabajo crear铆an tensi贸n pol铆tica鈥.

Efectivamente el desempleo no es un fen贸meno natural del que no se puede escapar, bien al contrario, es la consecuencia de las pol铆ticas econ贸micas favorables a los intereses del capital. Es un asunto de ra铆z pol铆tica y tiene su relaci贸n directa con la estructura y distribuci贸n de la riqueza y el poder social bajo el capitalismo.

Ese aumento del desempleo est谩 relacionado con la p茅rdida y bajada de la cuota de los salarios sobre el PIB y el descenso de la tasa de sindicaci贸n. Una sociedad racional y razonable debiera utilizar plenamente sus recursos humanos. Negar su posibilidad equivale a aceptar las relaciones capitalistas seg煤n las que la fuerza de trabajo es una mercanc铆a que debe ser rentable. El 煤nico obst谩culo al pleno empleo no es tecnol贸gico ni se debe a la automatizaci贸n: es el que impone la l贸gica del beneficio privado. El 煤nico motivo de la inelasticidad de la jornada laboral es una decisi贸n pol铆tica de las 茅lites hegem贸nicas.

Todo ello abunda en un conjunto de ideas que nos parecen fundamentales en el contexto de una sociedad capitalista: a) no podemos disociar de forma generalizada el derecho al ingreso del derecho al trabajo, incluido actualmente el derecho al empleo; b) un horizonte movilizador es el de una sociedad de pleno empleo no productivista; y c) el reparto del trabajo (de todos los trabajos) es una garant铆a de una sociedad capaz de liberar el tiempo para gozarlo. En una sociedad postcapitalista podr谩n plantearse objetivos a煤n m谩s ambiciosos.

6 El derecho al empleo decente para todas y su justificaci贸n

Esta pandemia ha puesto de relieve la importancia de las actividades educativas, sanitarias y de cuidado que re煤nen la doble condici贸n de tener una utilidad social enorme y ser muy intensivas en empleo. Las administraciones p煤blicas (no solo el Estado sino tambi茅n las comunidades aut贸nomas, las diputaciones y los ayuntamientos) deben ejercer de garantes del empleo: si el capital privado no lo crea porque no ve oportunidades rentables, lo debe garantizar las administraciones p煤blicas, en primer lugar, para satisfacer las necesidades sociales m谩s acuciantes. En el Estado espa帽ol, el n煤mero de empleados y empleadas p煤blicos, medido en relaci贸n con la poblaci贸n activa, es notablemente inferior al de otros pa铆ses europeos. Tras un m谩ximo en el 2011, el n煤mero de personas trabajando en el sector p煤blico se ha reducido el 14% aproximadamente, debido en buena parte a las limitaciones aprobadas durante varios a帽os a partir del 2011 para las sustituciones de las plazas que causaban baja.   En el 2019, representaban el 15% de la poblaci贸n potencialmente activa, frente al 29% de Suecia y al 22% de Francia. S贸lo para el 2020 estaba previsto una importante oferta p煤blica de empleo con el objetivo de elevar la tasa de reposici贸n al 100%, sin creaci贸n de empleo neto (S茅rvulo Gonz谩lez, 2019).

En la pandemia se ha puesto crudamente de relieve que las limitaciones de las plantillas en los servicios socio-sanitarios, compuestas mayoritariamente de mujeres 4/, han sido una de las causas principales de la elevada morbilidad y mortalidad, especialmente en las comunidades aut贸nomas con menor gasto sanitario y en las que la privatizaci贸n de las residencias geri谩tricas est谩 m谩s desarrollada, como Madrid. Un aumento del gasto p煤blico, que permita una ampliaci贸n sustancial de los puestos de trabajo en estos sectores y su provisi贸n mediante contrataciones estables, no solo contribuir铆a a atenuar el desempleo sino ser铆a un elemento clave para mejorar el derecho al bienestar y a la salud de la mayor铆a de la poblaci贸n que no puede recurrir a los servicios privados. Si bien es cierto que es conveniente que las mujeres no se concentren excesivamente en el empleo en esos sectores es probable que una dignificaci贸n salarial y laboral facilitar铆a una distribuci贸n m谩s igualitaria entre mujeres y hombres.

En una crisis como la que estamos viviendo, que es a la vez sanitaria, econ贸mica, ecol贸gica y social, la necesaria creaci贸n de empleo no puede obviar su sostenibilidad ambiental. As铆, en el sector del autom贸vil, al anunciado cierre de la Nissan en Barcelona y a la probable reducci贸n de las plantillas en los establecimientos de la Renault, que van a suponer miles de puestos de trabajo directos e indirectos, relativamente bien remunerados, no se puede hacer frente insistiendo en la continuidad de la misma producci贸n, en un sector en el que existe una clara sobreproducci贸n, entendida esta como la incapacidad de las empresas para vender los autom贸viles a un precio que les garantice el beneficio m铆nimo que pretenden. En los pa铆ses m谩s desarrollados, este sector, especialmente a trav茅s de los veh铆culos de lujo, constituye la principal fuente de los gases de efecto invernadero y contribuye al calentamiento clim谩tico, que es el principal riesgo para la vida humana en el planeta. Se prev茅 que el coche el茅ctrico supondr谩 una menor fuerza de trabajo, por lo que, en ausencia de una reducci贸n de la jornada de trabajo, en el pr贸ximo futuro se producir谩n recortes masivos en el empleo.

En este, como en otros casos similares, la defensa del empleo debe ligarse con la necesaria reconversi贸n de una parte de esta industria, por ejemplo, hacia la producci贸n de elementos de transporte p煤blico (autobuses, trenes鈥). Es pr谩cticamente seguro que las grandes multinacionales del autom贸vil instaladas en Espa帽a, que han recibido cuantiosas ayudas p煤blicas durante a帽os, van a querer continuar con una producci贸n cada vez m谩s insostenible, para lo que requerir谩n de m谩s ayudas, planes renove鈥 Por ello, una respuesta a la altura del gran reto social y ecol贸gico que plantea debiera ser la socializaci贸n del sector bajo el control de la representaci贸n de las y los trabajadores, de quienes usen el transporte y de las organizaciones ecologistas. La actual pandemia ha mostrado tambi茅n las consecuencias ambientales del agrobusiness, tanto para la producci贸n de alimentos como para su transporte y acreditado la necesidad de fomentar la agricultura ecol贸gica y local, m谩s intensiva en trabajo. La pandemia ha mostrado tambi茅n la necesidad de no depender de industrias sitas a miles de Km y cuyo comercio, adem谩s de inseguro, exige el consumo de mucha energ铆a en el transporte a茅reo, mar铆timo y terrestre, y desarrollar una industria de producci贸n de bienes sanitarios para hacer frente a las pandemias que, probablemente, van a repetirse frecuentemente.

Ello tiene una implicaci贸n de largo alcance y supone un cambio radical en las pol铆ticas econ贸micas, porque supone modificar la divisi贸n internacional y regional del trabajo por razones de autosuficiencia productiva, soberan铆a popular y sostenibilidad ecol贸gica en el marco de una relaci贸n mundial justa entre los pueblos. Se trata nada menos que de dise帽ar un proyecto que permita la cercan铆a f铆sica de los sectores estrat茅gicos de la producci贸n de bienes y servicios controlados por las y los trabajadores y usuarios en el marco de econom铆as auto centradas decrecentistas en materiales y energ铆a y solidarias en el intercambio mundial.

Garantizar el pleno empleo exige enfrentarse con las tendencias degradantes del trabajo. Por apuntar alguna ah铆 est谩 la uberizaci贸n del trabajo que quiere individualizar al m谩ximo a las trabajadoras, sustray茅ndolas de las normas protectoras del derecho del trabajo, tema sobre el que se est谩n librando importantes luchas, como las de Deliveroo.

La creaci贸n de empleos socialmente 煤tiles, si adem谩s son salarial y laboralmente decentes, ejercer铆a un doble efecto sobre la condici贸n salarial del sector privado. Por un lado, reducir铆a la presi贸n ejercida por el desempleo y con ello mejorar铆a la relaci贸n de fuerzas con las patronales; por otro lado, presionar铆a a los empresarios a alinearse sobre mejores condiciones laborales (Michel Husson, 2018). La pol铆tica de pleno empleo debe ir acompa帽ada por la extensi贸n, la universalizaci贸n y gratuidad de los servicios p煤blicos, no s贸lo de la sanidad y la educaci贸n sino tambi茅n del transporte, los comedores colectivos, las escuelas infantiles, la atenci贸n a las personas dependientes, el cultural, etc茅tera (Albarrac铆n, 2020). Durante la pandemia se ha puesto con enorme evidencia la centralidad del trabajo social de las actividades de cuidado, que cubren actividades remuneradas y no remuneradas y la ligaz贸n en la 鈥渕isma unidad capitalista鈥 de la producci贸n y la reproducci贸n social. 鈥淪olo el trabajo vivo, porque es la condici贸n misma de las ganancias de una peque帽a minor铆a de explotadores, es capaz de derrocar el yugo del capital, mediante la lucha colectiva por su emancipaci贸n鈥 (St茅fanie Prezioso 2020). Ese 鈥測ugo del capital鈥 incluye las actividades de reproducci贸n social que constituyen una de sus condiciones esenciales (Fraser, 2020; Thier 2020).

7 La Reducci贸n del Tiempo de Trabajo (RTT)

脡ste sigue siendo un reino de la necesidad. Allende el mismo empieza el desarrollo de las fuerzas humanas, considerado como un fin en s铆 mismo, el verdadero reino de la libertad, que sin embargo s贸lo puede florecer sobre el reino de la necesidad como sobre su base. La reducci贸n de la jornada laboral es la condici贸n b谩sica. (Karl Marx. Cap. 48 del libro tercero de El Capital)

Una RTT que favorezca el acceso al empleo remunerado a todas y todos, con mantenimiento de salarios, permitir铆a una dedicaci贸n m谩s equitativa y colectiva tanto al trabajo remunerado como a otras actividades, incluida el ocio

El pleno empleo va asociado a la RTT. Los promotores de la idea de la RBU no consideraban la RTT como una medida a promover: su m谩s reconocido te贸rico en la actualidad, Van Parijs (2016), dec铆a que la RTT era una idea de otro siglo. En la actualidad en el Estado espa帽ol s铆 que se incluye en la propuesta de RBU de la RRB, pero de una forma cuestionable: que la reducci贸n de la jornada en lugar de ser a cargo de las empresas, es decir, manteniendo el mismo salario tras la RTT que el que se ten铆a con la jornada anterior, se compense mediante la RBU. Esto est谩 ligado con la l贸gica de la RBU basada en una desconexi贸n completa del ingreso y del trabajo. Al cesar de considerar el trabajo asalariado como un valor, sus promotores quieren instalar una nueva relaci贸n con el trabajo. Consideran que poder estar liberado de un empleo remunerado es una condici贸n para la autonom铆a individual. Sus promotores (David Casassas, 2017) mantienen que 鈥渦na vida que merezca la pena ser vivida es una vida pluriactiva que acomoda todo tipo de actividades -de formaci贸n, de cuidado propio y de quienes nos rodean, de trabajo remunerado, de ocio, de participaci贸n c铆vico-pol铆tica鈥, para lo que se requerir铆a una RBU que nos har铆a inmune a 鈥渃ualquier forma de chantaje o coacci贸n鈥. Compartimos la necesidad de la vida pluriactiva, pero no que la RBU permita garantizar esas posibilidades de vida m谩s rica, mientras que una RTT que favorezca el acceso al empleo remunerado a todas y todos, con mantenimiento de salarios, permitir铆a una dedicaci贸n m谩s equitativa y colectiva tanto al trabajo remunerado como a otras actividades, incluida el ocio.

En las 煤ltimas d茅cadas la consolidaci贸n de un paro estructural de masas da pie a hablar de la RTT como medida para crear empleo, pero Trabajar menos para trabajar todos y todas sigue siendo una consigna central en el imaginario global de los avances de la clase trabajadora, a pesar del estancamiento encontrado en los tiempos presentes tanto en la creaci贸n de empleo como en la RTT. Cuando los defensores de la RBU consideran que el pleno empleo es imposible por el incremento de la productividad derivada de la automatizaci贸n y la digitalizaci贸n hacen prueba de un fatalismo que en la pr谩ctica renuncia al objetivo hist贸rico del movimiento obrero de la RTT.

Con independencia de la estimaci贸n que se haga sobre la p茅rdida de empleos por la automatizaci贸n siempre hay una jornada de trabajo que permite el pleno empleo, que puede ser en estos momentos de 30 o menos horas semanales, acompa帽ada de un aumento de las vacaciones y de los permisos retribuidos y en el futuro de 20 o menos horas. Debe ir acompa帽ada de una redistribuci贸n equitativa entre mujeres y hombres del tiempo de trabajo dom茅stico y de cuidado no remunerado. Si esa reducci贸n de jornada se hace manteniendo los salarios, y aumentando los m谩s bajos que en muchos casos corresponden a los de mayor utilidad social, ello supondr谩 modificar la distribuci贸n de la renta entre beneficios empresariales y salarios, que en buena parte es lo mismo que entre rentas altas y bajas. Ese cambio en la distribuci贸n de la renta podr铆a ser de un impacto similar a la necesaria para implantar una RBU decente, pero tendr铆a m谩s legitimidad social y, en ese sentido, ser铆a m谩s movilizadora para hacer frente a las enormes resistencias que oponen las clases dominantes a los cambios que vayan en contra de sus intereses.

La RTT debe ponerse en pr谩ctica mediante el control de los y las asalariados y asalariadas, de forma que no solo se controle la realidad de la creaci贸n de empleo, sino que las nuevas contrataciones tengan en cuenta aspectos tales como la penosidad en el trabajo y la reabsorci贸n del trabajo precario. La RTT es hoy tan urgente y necesaria como la reivindicaci贸n de mayores salarios para la mayor parte de la poblaci贸n que trabaja por cuenta ajena, pero es una condici贸n sine qua non para socavar el actual modelo de relaciones laborales. La RTT debe ser compatible con un aumento sustancial de los salarios m谩s bajos y, en particular del salario m铆nimo interprofesional, ya que a pesar del aumento del 2019 sigue sin cumplir el objetivo de la Carta Social Europea de que alcance el 60% del salario medio y que ahora se est谩 planteando la Comisi贸n Europea.

8 驴C贸mo luchar contra la pobreza durante la pandemia y m谩s all谩? Un programa para la acci贸n

Mientras no se garantice el derecho al empleo mediante la creaci贸n de empleo p煤blico y la reducci贸n del tiempo de trabajo tanto en el sector privado como en el p煤blico, con salarios decentes, es necesario asegurar recursos para todas las personas. Y ello no solo mediante rentas monetarias, concretamente se帽alamos a vuela pluma las siguientes.

Durante la actual crisis est谩 teniendo lugar un crecimiento importante del desempleo en la actual crisis, cuya duraci贸n 鈥揷ontrariamente a las estimaciones oficiales- es imprevisible en la medida en que todav铆a existe una elevada incertidumbre sobre las salidas sanitarias de la pandemia. Los ERTEs han limitado las p茅rdidas de empleo debidas a la paralizaci贸n de la actividad, al precio de un elevado gasto, del que se han beneficiado tambi茅n empresas con importantes beneficios en el pasado inmediato. En contraste, una parte de personas desempleadas no reciben prestaciones ni subsidios de desempleo por haber trabajado en la econom铆a sumergida.

Mientras no se garantice el derecho al empleo mediante la creaci贸n de empleo p煤blico y la reducci贸n del tiempo de trabajo tanto en el sector privado como en el p煤blico, con salarios decentes, es necesario asegurar recursos para todas las personas. Y ello no solo mediante rentas monetarias, concretamente se帽alamos a vuela pluma las siguientes.

a) Habr铆a que insistir entre otros, en estos elementos, que se apuntan sin desarrollar:

  • Blindar los derechos de los inquilinos, expropiando a los fondos buitres que compran fraudulentamente viviendas sociales y fijan unos alquileres inasumibles para la mayor铆a de los arrendatarios;
  • Pasar al sector p煤blico de las residencias y del servicio de ayuda domiciliaria, estableciendo su gratuidad;
  • Extensi贸n y gratuidad de las prestaciones sanitarias, incluidas las farmac茅uticas;
  • Gratuidad de toda la ense帽anza, incluidos todos los niveles universitarios, acompa帽ada de becas para los hogares con escasos recursos.

b) Medidas monetarias a adoptar:

  • Poner en pr谩ctica con urgencia el compromiso de investidura del gobierno de aumento del salario m铆nimo interprofesional hasta el 60% del salario medio, que tal como se帽alamos m谩s arriba y recalcamos es simplemente poner en marcha las propuestas del Comit茅 de Derechos Sociales, 贸rgano encargado de vigilar el cumplimiento de la Carta Social Europea y ahora asumido por la Comisi贸n Europea, que est谩 considerando sin embargo establecer como salario m铆nimo obligatorio en los Estados miembros el salario mediano, m谩s bajo;
  • Fijar, como m铆nimo, los porcentajes de las prestaciones de desempleo que estuvieron en vigor con anterioridad a las reformas de 1.992: 80% para los primeros seis meses, 70% para los seis siguientes y 60% posteriormente, y suprimir los topes m谩ximos que reducen en muchos casos esas cuant铆as en mucha mayor medida que lo que ocurre en los topes m谩ximos de pensi贸n; establecer el acceso a las prestaciones de desempleo en las condiciones anteriores a las reformas citadas: con seis meses cotizados, derecho a tres meses de prestaci贸n; un objetivo m谩s ambicioso, pero justo, es que las prestaciones se mantengan hasta que no se ponga a disposici贸n de la desempleada un empleo acorde con su calificaci贸n y con una cuant铆a muy pr贸xima al salario anterior.
  • Admitir el acceso de las trabajadoras de hogar a las prestaciones de desempleo mediante la prueba de haber trabajado, sin exigir el alta en la Seguridad Social, que deja fuera a una parte importante de las que trabajaban externas y a todas las migrantes sin permiso de trabajo debido a la Ley de Extranjer铆a;
  • Aplicar las medidas citadas en las prestaciones de desempleo exigir铆a un aumento sustancial de sus ingresos, lo que es bastante l贸gico si se tiene en cuenta que en el a帽o 2010 el gasto en estas prestaciones alcanz贸 la cifra de 34.000 millones de euros, mientras que el gasto en el 2019, 煤ltimo a帽o con liquidaci贸n aprobada, esa cifra se redujo a 19.000 millones y la cifra del 2020 鈥揹e unos 45.000 millones- caer谩 con la prevista finalizaci贸n de los ERTE;
  • Aumentar las pensiones m铆nimas contributivas de la Seguridad Social, de forma que al final de la legislatura se alcance la cuant铆a de 1.080 euros reivindicada por la mayor铆a del movimiento pensionista en movilizaciones sociales continuadas y apoyadas masivamente;
  • Mantener la revalorizaci贸n de las pensiones conforme al IPC y abandonar las propuestas del gobierno de introducir un nuevo factor de sostenibilidad;
  • Aumentar la cuant铆a de las pensiones m铆nimas no contributivas hasta el 60% del ingreso mediano, equivalente a 750 euros mensuales aproximadamente (por 12 pagas, o la cantidad equivalente de 643 por 14 pagas);
  • Para las rentas m铆nimas auton贸micas y el nuevo Ingreso M铆nimo Vital (IMV), la regulaci贸n deber铆a asumir los siguientes elementos:
    • Establecer el derecho a las prestaciones a partir de la mayor铆a de edad, de 18 a帽os;
    • Asegurar una cuant铆a m铆nima conjunta del IMV y las rentas auton贸micas, para una persona adulta, de forma que se alcance el umbral de pobreza relativa (superando el objetivo del IMV de evitar la pobreza absoluta), equivalente al 60% del citado ingreso mediano, con aumentos proporcionales para los otros miembros de la unidad de convivencia, conforme a las pr谩cticas de organizaciones internacionales en esta materia;
    • Suprimir, o reducir al m铆nimo, la exigencia de per铆odos m铆nimos de residencia legal para el acceso a las rentas m铆nimas auton贸micas (tres a帽os en el caso de la prestaci贸n de mayor cuant铆a y cobertura, la Renta de Garant铆a de Ingresos de la Comunidad Aut贸noma Vasca) y para el IMV (un a帽o), que deja fuera de cobertura a las personas inmigrantes y refugiadas a las que se niega su regularizaci贸n en virtud de la Ley de Extranjer铆a y ello, aunque lleven a帽os viviendo y trabajando en Espa帽a;
    • No condicionar la percepci贸n de las rentas m铆nimas auton贸micas y del IMV a la aceptaci贸n de cualquier tipo de trabajo sino a aquellos que respeten las experiencias profesionales anteriores si las hubiera o, en otro caso, a su cualificaci贸n;
    • Que los controles de otras rentas que pudieran percibir sean a posteriori, sin exigirse la presentaci贸n de declaraci贸n de IRPF y que de ninguna forma atrasen el inicio del cobro de la prestaci贸n, rompi茅ndose con la vergonzosa demora en el pago de una prestaci贸n que como su nombre indica debe atender necesidades 鈥渧itales鈥;
    • Promover la individualizaci贸n de los derechos entre mujeres y hombres mediante la cotitularidad de las prestaciones de garant铆a de rentas (tanto auton贸micas como el IMV) cuando sean varios los beneficiarios adultos;
    • Suprimir los controles humillantes sobre el uso de los recursos por parte de las personas beneficiarias de las prestaciones.

Seg煤n nuestras estimaciones, la toma en consideraci贸n de las medidas anteriores exigir铆a aumentar los 1.500 millones de euros del gasto en las rentas auton贸micas y los 3.000 millones previstos para el IMV, hasta unos 7.000 millones.

Yendo un paso m谩s all谩, medidas como una Renta B谩sica de Emergencia durante la pandemia que garantice unos ingresos dignos a las personas mayores de 18 a帽os que lo necesitaran ser铆a notablemente m谩s barata que una RBU.

Este conjunto de gastos tendr铆a un importante apoyo social, si se tiene en cuenta que seg煤n la Encuesta de Condiciones de Vida del INE hecha p煤blica en junio de 2.019, el 88,48% de las personas encuestadas consideraba que se deb铆a aumentar el gasto contra la desigualdad social.

Para hacer frente al gran gasto que va a suponer una reconstrucci贸n social decente, algunos de cuyos elementos se han se帽alado en este escrito, es preciso aumentar sustancialmente los ingresos p煤blicos mediante una reforma fiscal progresiva, rompiendo los m谩s de cinco puntos de diferencia que tiene el Estado espa帽ol de presi贸n fiscal en relaci贸n con la media europea.

Notas:

1/ Caracterizamos la crisis cono ec贸gena porque su origen y naturaleza escapan a la l贸gica de los elementos ex贸genos o end贸genos convencionales estrictamente econ贸micos y su aparici贸n radica en la aberrante relaci贸n existente entre el modelo productivo y la biosfera.

2/ United Nations Fund for Population Activities, redenominado

United Nations Population Fund, pero conocido como UNFPA

3/ Tomamos la f贸rmula del ecologista marxista Juan Jos茅 脕lvarez en su respuesta al tambi茅n marxista ecologista Mario Ar谩ez: https://twitter.com/MarioAraez_/status/1360523031899234308?s=09

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Fuente: Vientosur.info