January 25, 2021
De parte de El Libertario
137 puntos de vista


 

Peter Gelderloos
 
En la eventualidad de que el capitalismo mantenga su dominio sobre el planeta, las historias oficiales que se ocupen del momento actual de resistencia dentro de d茅cadas, afirmar谩n que las batallas que se libran a nuestro alrededor comenzaron con la recesi贸n econ贸mica de 2008 y fueron exacerbadas por una segunda recesi贸n en 2020. La raz贸n de este encuadre es bastante obvia: oscurece las historias m谩s largas de revueltas, particularmente los precursores exactos de rebeliones mayores; y nos retrata a nosotros, la plebe, como simples accesorios mec谩nicos que s贸lo entran en disfunci贸n cuando la econom铆a no produce abundancia, como si fu茅ramos marionetas bailando sobre los hilos de las finanzas.

Es m谩s inquietante, aunque nada sorprendente, cuando tales encuadres de nuestra historia provienen del seno de nuestro movimiento, aunque casi siempre, del ala acad茅mica del mismo.

驴Qu茅 revueltas nos perdemos con este encuadre? De hecho, excluimos todas las revueltas importantes que rompieron con 茅xito con la l贸gica de la Guerra Fr铆a que hab铆a sofocado la lucha social durante d茅cadas y desarrollado las mismas l贸gicas y pr谩cticas que se desplegar铆an con tanta fuerza despu茅s de 2008. El enfrentamiento de Oka en 1990, los tumultos de Los 脕ngeles de 1992, el levantamiento zapatista de 1994, las protestas de Seattle de 1999, la Segunda Intifada de 2000-2005, la Primavera Negra en Kabylie en 2001, la huelga general argentina y la revuelta de 2001, la Guerra del Gas de Bolivia de 2005, el levantamiento de la banlieue francesa  de 2005 y protestas anti-CPE de 2006, por nombrar solo algunos.

驴Qu茅 desarrollos revolucionarios eliminamos cuando no consideramos a estos movimientos como los originadores de nuestra actual ola de rebeliones? Pr谩cticamente todo lo importante:

– el enfoque t谩ctico en bloquear la infraestructura para poner de rodillas al sistema capitalista;
– acciones multitudinarias en gran parte al margen de todas las organizaciones formales;
– la centralidad de las luchas ind铆genas por la tierra y los levantamientos antirracistas;
– una negativa a dialogar con las instituciones existentes y, en cambio, una insistencia en interrumpir sus cumbres y su dominio de gesti贸n;
– en los EE. UU., una determinaci贸n de parte del movimiento anarquista de intervenir siempre despu茅s de los asesinatos policiales;
– tanto en Francia como en el norte de 脕frica, la pr谩ctica de responder con disturbios masivo a las muertes despu茅s de enfrentamientos con la polic铆a, incluidos los que se suicidan despu茅s de ser humillados por la polic铆a;
– en Grecia y Espa帽a, convertir el sabotaje en una pr谩ctica de alta visibilidad, siguiendo la teor铆a de la generalizaci贸n insurreccional;
– en M茅xico, desarrollar un marco organizativo revolucionario que sea espec铆ficamente anti-vanguardista, que busque crear espacios de di谩logo entre los movimientos sociales en lugar de controlarlos, y que rompa con la pr谩ctica estatal de subsumir la revoluci贸n a una contienda militar;
– de Argelia a M茅xico, un 茅nfasis en las estructuras tradicionales, ind铆genas, de toma de decisiones basadas en asambleas como m谩s leg铆timas y m谩s liberadoras que las estructuras estatales.

Curiosamente, podemos encontrar algunas de estas caracter铆sticas en los movimientos que ocurrieron durante la Guerra Fr铆a, como las huelgas salvajes y las rebeliones urbanas antirracistas, pero todos ellos, desde Par铆s del 68 hasta Watts, fueron r谩pidamente marginados, cooptados o sofocados por las fuerzas organizadas m谩s formalmente que eran dominantes en esos movimientos. Adem谩s, la gran mayor铆a de los movimientos en ese per铆odo se tomaron en serio las ficciones de la libertad neoliberal en el bloque de la OTAN o el centralismo democr谩tico en los movimientos anticoloniales de Asia, 脕frica y Am茅rica Latina. Tales ficciones retienen poca credibilidad hoy.

Sin los acontecimientos descritos anteriormente, las revueltas que se producen despu茅s de 2008 apenas se pueden entender, y explicarlas como subproductos de una recesi贸n econ贸mica es falso, sobre todo porque es una explicaci贸n descuidada: la insurrecci贸n en Grecia en diciembre de 2008 se produjo antes de que la recesi贸n. se sintiiera realmente en las calles; El movimiento de ocupaci贸n de plazas en Espa帽a comenz贸 despu茅s de que se anunciaran las medidas de austeridad, pero antes de que entraran en vigor, y se produjeron grandes rebeliones en Turqu铆a y Brasil cuando esos pa铆ses se encontraban en momentos de r谩pido crecimiento econ贸mico.

A煤n m谩s importante, las primeras grandes victorias contra el neoliberalismo 鈥攅n Bolivia en 2003 y 2005, en Francia en 2006鈥 ocurrieron antes de que supuestamente comenzaran nuestras rebeliones actuales. 驴No existe la sombra de la posibilidad de que nuestra feroz resistencia, al marcar un l铆mite duro a la expansi贸n financiera, fuera un factor desencadenante de la recesi贸n econ贸mica, en lugar de ser un mero producto de ella? Tiene perfecto sentido por qu茅 los economistas capitalistas nunca querr铆an considerar la posibilidad de que nosotros, la plebe, podamos convertirnos en motores de la historia y destructores de econom铆as, pero 驴por qu茅 los supuestos anticapitalistas insistir铆an en ignorar esa posibilidad? S贸lo para seguir dando de comer a una teor铆a decr茅pita que va de la payasada a lo macabro cuando sigue insistiendo, tras 150 a帽os de desastres y malas profec铆as, que constituye una aproximaci贸n cient铆fica para comprender la revoluci贸n.

驴Qu茅 movimientos se enfatizan indebidamente al reclamar una fecha de inicio de 2008 a la actual ola de resistencia? El movimiento de ocupaci贸n de plazas en el sur de Europa y Occupy Wall Street en los Estados Unidos sin duda se benefician de este marco. Ambos movimientos hablaron expl铆citamente el lenguaje de la antiausteridad y se posicionaron como respuestas populares a la crisis econ贸mica, a pesar de que ambos constitu铆an  movimientos donde la intervenciones acad茅micas escamoteo el potencial revolucionario surgido en esos momentos, con la consecuencia de que fuesen subvertidos por sus propios participantes.

En el estado espa帽ol, el movimiento de ocupaci贸n de plazas surgi贸 en un momento en que las asambleas vecinales, los grupos de afinidad y los sindicatos independientes ya estaban desarrollando una respuesta popular y combativa a los atropellos del capitalismo, rompiendo espec铆ficamente con los principales sindicatos “amarillos” que hab铆an tenido 茅xito operado como los administradores de la clase trabajadora desde el final del r茅gimen franquista. El movimiento “Indignados” intent贸 espec铆ficamente capturar ese terreno, despojarlo de un an谩lisis anticapitalista, pacificarlo y trasladarlo al terreno de la pol铆tica, donde condujo a la formaci贸n de un nuevo partido pol铆tico que ahora forma parte de la coalici贸n gobernante. Todos los desarrollos revolucionarios de este movimiento vinieron de aquellas ciudades donde los radicales derrotaron los esfuerzos pacificadores de los posibles l铆deres del movimiento. En cuanto a Occupy Wall Street, los desarrollos m谩s radicales vinieron de Oakland y, en menor escala, de otras ciudades que abrazaron la importancia de un an谩lisis antirracista sobre el populismo del 99%, y que rechazaron el pacifismo y las restricciones del democr谩tismo forma contra la libertad de acci贸n. impuesta por los organizadores.

Aqu铆 vislumbramos otra tendencia reaccionaria del enfoque cuantitativo: una reticencia a reconocer la centralidad de la supremac铆a blanca en el capitalismo. Cuando los principales medios de comunicaci贸n analizan el ascenso de la extrema derecha, o al menos lo que pasa por an谩lisis en ellos, a menudo lo codifican como simpat铆a por la “clase trabajadora”. Sin embargo, muchos anticapitalistas sociol贸gicos han hecho lo mismo, lo cual es, nuevamente, descuidado. En los Estados Unidos, fueron los trabajadores negros los m谩s afectados por las formas de desindustrializaci贸n que realmente ocurrieron, mientras que las 谩reas mayoritariamente blancas del Sur experimentaron una industrializaci贸n creciente. Explicar la supremac铆a blanca a trav茅s de una ansiedad econ贸mica blanca es un enga帽o que juega en favor de una normalizaci贸n de dicha supremac铆a blanca. Sin embargo, algunos van a煤n m谩s lejos, descentrando el car谩cter antirracista de la ola de rebeliones que azot贸 a los EE. UU., El Reino Unido, Francia y otros pa铆ses en 2020, describi茅ndola como una revuelta proletaria en la que las cuestiones de la negritud y el antinegro eran mera identidad. (Obviamente, los conflictos de clases pasaron al rojo vivo en medio de esa rebeli贸n, pero no pueden abordarse excepto desde el punto de vista y la historia de la revuelta negra sin ayudar inconscientemente a los esfuerzos de los pacificadores).

Reducen los vastos conflictos sociales derivados de las opresiones anteriores al capitalismo a la identidad y afirman que las identidades son un mero producto de clase, la 煤nica identidad que eligen naturalizar, eliminando toda la historia que no puede ser contada por el flujo cuantitativo de capital. Este es el mismo universalismo blanco de generaciones anteriores de revolucionarios convertidos en reaccionarios, como los marxistas blancos descontentos que, ya no se les permiti贸 ser el sujeto revolucionario predeterminado debido a los ultrajes de la “pol铆tica de identidad”, se unieron al Partido Republicano para convertirse en arquitectos de la Guerra Cultural en la d茅cada de 1970.

Al identificar las ra铆ces de las rebeliones en curso en las experiencias anteriores, de 1990 a 2006, que acabo de mencionar, el hecho de que la resistencia m谩s inteligente y feroz al capitalismo est谩 reaccionando en gran medida a la naturaleza colonial y supremacista blanca del capitalismo se vuelve innegable. Nuevamente, vemos esta distancia entre lo que la gente piensa y vive en las calles y la explicaci贸n “objetiva” que otros intentan imponerles desde afuera y desde arriba. Por supuesto, la ideolog铆a es lo suficientemente fuerte como para incluso aventurarse en las calles y ver solo lo que uno quiere, pero 驴de qu茅 sirve esto para aquellos que quieren aprender y extender las revueltas? 驴De qu茅 sirve una insurrecci贸n si no sentimos su furor y aprendemos su historia secreta, si no lo amarramos, lo conectamos a un motor y aprovechamos su potencia para sacudir a todas las personas que pasaron por ese crisol en sus categor铆as adecuadas?

En 煤ltima instancia, este es un fracaso que ya hemos sufrido. Compa帽eros de los movimientos aut贸nomos de los a帽os sesenta y setenta ya nos han dicho que su certeza cient铆fica de que el capitalismo estaba inevitable y mec谩nicamente en sus 煤ltimas etapas contribuy贸 a su derrota y su incapacidad para dejar atr谩s sus decepciones. Hemos le铆do una decadencia similar desde la seguridad a la decepci贸n en las cr贸nicas revolucionarias de principios del siglo XX. 驴Teorizaremos ahora un capitalismo postadual? 驴Cu谩ndo llegar谩 el milenio salvador esta vez, camarada?

La memoria hist贸rica puede marcar la diferencia entre una lucha contundente y una que es manipulada y saboteada. Cuando contamos nuestra historia, debemos asegurarnos de construirla de manera que nos sea 煤til, que refleje nuestras propias necesidades y experiencias, en lugar de conformarnos a ideolog铆as incompatibles con la realidad de las calles.

[Texto original en ingl茅s en https://theanarchistlibrary.org/library/peter-gelderloos-charting-revolt?v=1611183771. Traducido al castellano por la Redacci贸n de El Libertario.]


 




Fuente: Periodicoellibertario.blogspot.com