March 5, 2021
De parte de SAS Madrid
319 puntos de vista


“Por ser mujeres”. Es el lema que ha escogido el Gobierno para conmemorar el D铆a Internacional de la Mujer. Junto al rostro de Kathrine Switzer, primera mujer en correr una marat贸n, el Ministerio de Igualdad recuerda que “a todas nos unen situaciones y desigualdades que vivimos por ser mujeres”. Con la imagen de la atleta, el mensaje m谩s que a la superaci贸n apela a las barreras: las brechas que atraviesan a todas las mujeres por el simple hecho de serlo.

Cuando Ada Santana reflexiona sobre el primer momento en que los roles de g茅nero hicieron acto de presencia, piensa en el patio del colegio. “La t铆pica historia de todos los ni帽os“, comenta. En su colegio hab铆a una pelota y no todos pod铆an tenerla, pero curiosamente “siempre se asignaba a los ni帽os para jugar al f煤tbol”. Aquello que Ada tilda como “la t铆pica historia” es una realidad cada vez m谩s estudiada por urbanistas y soci贸logos. En el patio del colegio empiezan a sembrarse las primeras desigualdades, con una pista de f煤tbol que ocupa el 80% del espacio pero utilizada por una minor铆a, habitualmente masculina.

Thank you for watching

Ada y sus amigas decidieron tomar cartas en el asunto. “Cuando ten铆a nueve a帽os, les quit谩bamos la pelota y la llev谩bamos al ba帽o de las ni帽as”, una respuesta que nac铆a con vocaci贸n de rebeld铆a. No reclamaban el bal贸n, sino su derecho a poseerlo. “A m铆 no me importaba la pelota, pero ca铆 en la pregunta de por qu茅 no pod铆amos tenerla nosotras”. Las alumnas recogieron en ese momento su primera victoria: abrieron un debate en su clase, pelearon por la titularidad de la bola de cuero y consiguieron un reparto m谩s equitativo.

Ada tiene ahora 22 a帽os y aquello, aunque anecd贸tico, le sirvi贸 para abrir los ojos. Las barreras no est谩n ya en el patio del colegio, pero s铆 en las aulas. “Tienes que demostrar el doble o el triple lo buena que eres” y abanderar un discurso cr铆tico aviva una r茅plica paternalista generalizada. “Todav铆a no tienes experiencia, ya vivir谩s, ya aprender谩s”. La joven, estudiante de Derecho en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, participa en 贸rganos de representaci贸n estudiantil y la sensaci贸n es siempre la misma: “Se tiende a infravalorar y a infantilizar a las mujeres”. 

Tampoco el ocio es espacio para la igualdad. “Los hombres pueden salir donde quieran y como quieran, nosotras siempre tenemos que andar con cuidado“. Ada tiene memorizadas, como una suerte de protocolo, todas las pautas cuando la noche ba帽a las calles: “No pasar por ciertas zonas, estar pendiente de c贸mo te miran y en los locales controlar que no te echen algo en la bebida”. Aunque lo dice con una reconocida normalidad interiorizada, ella misma repara en que “esa incomodidad no es normal”.

“La maternidad me empuj贸 a renunciar”

Laura Baena hace a帽os que termin贸 su carrera de Publicidad y Relaciones P煤blicas. Hace algo m谩s de un lustro, un hecho determinante en su vida le conducir铆a a abandonar su puesto de trabajo. “La maternidad me empuj贸 a renunciar a mi carrera profesional“. Laura, de 39 a帽os, recuerda los motivos: “Ya no estaba disponible todo el tiempo, necesitaba conciliar y se hizo muy complicado. Tanto que renunci茅”. 

Laura tuvo que enfrentarse a una encrucijada que tambi茅n se ha convertido en lo normal para ellas: escoger entre maternidad y carrera profesional. “Un sistema laboral que no apoya la maternidad, que no permite flexibilidad ni trabajar por objetivos, no tiene futuro”, clama. En 2020, el 87,17% de las excedencias para el cuidado fueron solicitadas por mujeres. Tambi茅n eran mujeres el 93,20% del total de personas inactivas que no buscaron empleo para dedicarse al cuidado de personas dependientes.

“Cuando llega la maternidad, se destapan los roles tradicionales. Las mujeres asumen la carga de los cuidados“, cuenta Laura. Habla en primera persona, despu茅s de haber experimentado en sus propias carnes la frustraci贸n de no llegar a todo. La carga f铆sica y la mental. “La conciliaci贸n es una utop铆a y ser madre y trabajadora en este pa铆s” s贸lo es posible a costa de “los abuelos, abuelas, las extraescolares y los malabares diarios que se llevan por delante nuestra salud mental”. Pero la cuerda no siempre aguanta la tensi贸n: con la maternidad llegan “las renuncias en forma de excedencia y reducciones”. Las mujeres, una vez m谩s, tienen que elegir.

Y con la elecci贸n, las barreras no se esfuman. “Las brechas de g茅nero est谩n en el hogar, en la empresa, en la sociedad, en las pensiones, en los cuidados, en cada rinc贸n”, lanza la madre. De pronto, abandona la primera persona para instalarse en el plural: “Nos queda mucho camino por andar“.

Isabel Matute ni siquiera pudo elegir. Madre de dos hijos, tuvo que ejercer de cuidadora mientras se dejaba la piel en el trabajo. En sus seis d茅cadas de vida, suma 46 a帽os de trabajo y s贸lo seis cotizados. Sus palabras pesan como una losa al otro lado del tel茅fono: “No he tenido vida”. Isabel es la cuarta de cinco hermanas, todas mujeres. Cuando era peque帽a, su padre decidi贸 dejar su tierra y llevar a toda su familia a Elche. En el campo no hab铆a futuro. “Con doce a帽os, en vez de meterme a la escuela me metieron en un taller”, aquello se parec铆a a la esclavitud, rememora, un lugar hostil para una ni帽a. Isabel pelea por ir al colegio y lo consigue, pero la experiencia dura un a帽o. “A los catorce tengo que trabajar, me meto a aprendiza y voy aprendiendo el oficio”.

El oficio es el de aparadora. Las manos de estas trabajadoras 鈥揾abitualmente agrietadas, deformadas, marcadas por el trabajo鈥 son las que se encargan de coser el calzado que marca nuestros pasos. Una profesi贸n que intersecciona dos condiciones: feminizaci贸n y precariedad. A partir de la d茅cada de los sesenta, el oficio brota con fuerza en suelo alicantino y mira directamente a las mujeres. Son ellas las que mejor encajan en los talleres clandestinos o en sus propias casas, asumiendo de esta manera la carga del trabajo y las tareas del hogar.

Futuro negro

Cuando Isabel apenas ara帽aba los diecisiete a帽os, cierran la f谩brica y la mandan a casa. En los escasos ratos libres que le concede la m谩quina, la trabajadora es quien de construir una familia. “Est谩s con el barrig贸n delante de la m谩quina”, recuerda de su primer embarazo. Sus hijos no crecen entre sonajeros, sino enredados entre hilos y retales. Cuando era un beb茅, su hija mayor “iba gateando y meti贸 los dedos en el motor de la m谩quina, casi los pierde”. Entre susto y susto creci贸. “La ves crecer y no has disfrutado de ella”, las aparadoras son “madres ausentes”, dice. “A pesar de vernos, no est谩bamos”. Todos los aspectos de la vida familiar, lamenta, est谩n condicionados por el trabajo.

Sin pensi贸n y con enfermedades cr贸nicas que jam谩s ser谩n reconocidas como laborales, Isabel ve el futuro “totalmente negro”. No es la 煤nica: las voces de las mujeres que han vivido en precario resuenan desde hace tiempo entre las empleadas del hogar o las camareras de piso. “Es injusto”, se repite como un mantra. Isabel ha logrado ser una mujer “independiente, emancipada y trabajadora”, pero los costes han sido demasiado elevados. A sus sesenta a帽os, sus aspiraciones se resumen en una frase lapidaria: “Yo lo que quiero es conseguir dignidad y tranquilizarme, porque me estoy dejando la vida”.

Enlace relacionado InfoLibre.es (04/03/2021).




Fuente: Sasmadrid.org