June 22, 2022
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
148 puntos de vista

Juan Carlos Rois
Tortuga.

Me preguntaban hace unos d铆as, cuando explicaba el enorme gasto militar espa帽ol, su aparatosa extensi贸n a cada vez m谩s aspectos de la vida social y la complicidad de tantos ministerios y organismos que lo financian de tapadillo, por el sentido de todo este gasto. 驴Para qu茅 sirve todo esto?

Hay al menos dos formas de responder a esta pregunta.

Si hacemos caso de la ministra del ramo, es un esfuerzo que sirve para protegernos frente a un mundo hostil, mostrando nuestras capacidades de repartir le帽a si las cosas se ponen a mal y de traer seguridad y paz, una cierta paz m谩s bien entendida como tranquilidad coactiva, a nuestro favor. Tambi茅n, dice Do帽a Margarita, sirve para dar trabajo y desarrollo, porque -afirma- tanto el ej茅rcito como la industria militar son fuentes casi inagotables de trabajo, ejemplo de servicio a los dem谩s e impulsores de tecnolog铆a avanzada que nos sit煤a a la cabeza del cambio tecnol贸gico mundial.

El argumento es un 25% apolillado y un 75% mentira, por seguir una proporci贸n parecida a la que mantiene nuestro gasto militar expl铆cito respecto del que mentirosamente disfrazan como otra cosa, pero suficientemente simple en una sociedad desinformada y cr茅dula y bien nutrida de c贸mplices de la posverdad militarista, siempre dispuestos a divulgar cada ocurrencia o eslogan que lanza la ministra o sus adl谩teres.


Otra forma de contestar m谩s pegada a los hechos crudos es que el presupuesto sirve sobre todo para consolidar y fortalecer un modelo de defensa y de seguridad militarizado que, dicho sea de paso, nos viene impuesto, sin que nadie nos haya preguntado nuestra opini贸n al respecto, ni dejado participar, siquiera m铆nimamente, en su dise帽o o debate.

驴PARA QU茅 SIRVE NUESTRO ENORME GASTO MILITAR?

El presupuesto de Defensa oficialmente alcanza los 10.155 millones de euros (de los que 2.821,10 se destinan a comprar armas sofisticadas y pensadas para la 芦proyecci贸n禄 a miles de kil贸metros de nuestras fronteras y para desarrollar una pol铆tica de injerencia militar que nos ha llevado a participar en 103 conflictos internacionales desde 1989).

Por arte de birlibirloque acaba asumiendo un gasto anual superior a los 22.000 millones de euros (22.318,5 seg煤n mis c谩lculos), gasto que luego, por un nuevo pase de abracadabra, pasa a afectarnos en m谩s de 39.000 millones de euros, una vez que le sumemos las partidas que se van autorizando a cuentagotas por el Consejo de Ministros con posterioridad a la aprobaci贸n de los presupuestos, m谩s la deuda que hay que amortizar a帽o tras a帽o por arrastrar tan elevados e insostenibles gastos, m谩s la que hay que contraer para anualidades posteriores para poder cuadrar unos presupuestos en los que los ingresos son inferiores a los gastos.

No es para tomarnos la cosa a broma ni para mirar hacia otro lado, como hace nuestros ilustres pol铆ticos y opinadores en general.

Que pasemos, como ocurre en los presupuestos de 2022, de unos te贸ricos 10.155 millones a la nada despreciable cifra de 22.318,5 millones y de esta 芦per saltum禄 a la exagerada de 39.285,56 (seg煤n mi 煤ltima actualizaci贸n/ajuste de lo que, como poco, se espera para este a帽o), implica que nuestra casta pol铆tica prefiere, por encima del sursuncorda, fortalecer las estructuras y prioridades militares en vez de otro tipo de pol铆ticas p煤blicas m谩s emp谩ticas con las urgentes necesidades sociales desatendidas.


Para colmo de males, esto viene ocurriendo de forma invariable desde que se turnan en el gobierno PP y PSOE con sus distintas alianzas y apoyos.

Y esto tiene al menos tres implicaciones:

  • La primera, que estos presupuestos (y los que nos endosar谩n para 2023 y a帽os sucesivos) sirven para fortalecer un determinado modelo de defensa militar, impuesto por los intereses creados de nuestra 茅lite caduca y caracterizado por su apuesta intervencionista, atlantista y de preparaci贸n constante de la guerra.
  • La segunda, que con estos presupuestos se consolidan y acent煤an los principales males de nuestro militarismo sempiterno en contra de las necesidades sociales.
  • Y la tercera, que tal presupuesto compromete el futuro y las posibilidades de buscar (si es que alguna tendencia de nuestro teatro pol铆tico lo pretendiera, que hoy por hoy no parece) una v铆a alternativa al enfoque militarista de nuestra pol铆tica, reforzando la idea de que lo militar es un tema tab煤 sobre el que no cabe opinar, ni plantear alternativas, porque es una pol铆tica nuclear e innegociable del Estado.

Esto es en especial m谩s relevante en el momento en que en el gobierno es coparticipado por un socio mayoritario protagonista del turnismo inmovilista en pol铆tica de defensa de los 煤ltimos decenios, junto con una fuerza que se supon铆a que ten铆a una visi贸n alternativa al respecto.

Y, tambi茅n, porque la preponderancia de los halcones en la definici贸n de la pol铆tica europea nos desliza por una pendiente de vuelta de tuerca militarista y de riesgo de participar m谩s masivamente en las guerras que prefabricamos desde aqu铆, tanto convencionales como h铆bridas, y en las que ya estamos implicados, junto con las que esperan en la casilla de salida y se avecinan.

Luego volver茅 sobre estos dos aspectos, porque no me parecen un dato menor, pero ahora d茅jenme que me centre en exponer las tres implicaciones que refiero.

  • 1) Fortalecimiento del modelo de defensa militar intervencionista y peligroso

Si nos preguntamos por las principales caracter铆sticas de nuestro modelo de defensa, podemos resumirlas con diez notas:

  • a) Una pol铆tica de defensa secretista, opaca e inamovible, pactada sin transparencia ni participaci贸n social y que no responde a los intereses generales.
  • b) El mantenimiento de un ej茅rcito desmesurado y desproporcionado, con un elevado n煤mero de efectivos y con una ratio oficial/soldado descabellada y sin parang贸n en ning煤n ej茅rcito, con un oficial por cada 1,4 soldados. Seg煤n la Resoluci贸n 320/38001/2022 de la Direcci贸n General de Personal del Ministerio de Defensa, el n煤mero de militares al servicio del ej茅rcito para 2022 se cifra en 131.762: A estos hay que sumar los 76.642 efectivos de la Guardia Civil, otra instituci贸n castrense, lo que nos pone en 202.404 militares, sin contar con la reserva movilizable. Todo ello muy lejos de la ratio que mantienen ej茅rcitos como el de Alemania (1/400), Pa铆ses Bajos (1/346), Francia (1/330) y otros de muestro entorno.
  • c) Con un armamento sofisticado, innecesario (lo lleg贸 a reconocer en sede parlamentaria nada menos que un secretario de estado de defensa) y enfocado a la 芦proyecci贸n禄 (antes se llamaba invasi贸n), Este armamento adem谩s se deriva de grandes programas de compra de armas y encargos de programas especiales de armamiento a largo plazo, cuyo desembolso econ贸mico es multimillonario, involucra a varios ministerios (al menos el de Industria, el e Hacienda y e el de Defensa) y arrastra una inabordable deuda militar para su adquisici贸n.
  • d) Con un enfoque intervencionista (103 intervenciones militares en el exterior y m谩s de 140.000 efectivos involucrados en ellas desde 1989 hasta la fecha, actualmente participando en 18 escenarios militares con 3.000 soldados implicados y un amplio despliegue de material militar) que, para colmo de males, ni ha tra铆do m谩s paz al mundo (a pesar de habernos gastado en ello m谩s de 18.000 millones de euros), ni se ha evaluado nunca con luz y taqu铆grafos.
  • e) En una concepci贸n de la defensa 鈥渄elegada鈥, en la que nuestra 鈥渟eguridad鈥 se garantiza por medio de las alianzas a las que Espa帽a pertenece y, por tanto, integrada y supeditada a la estrategia militar de la OTAN y de EE. UU., pa铆s que incluso mantiene bases militares de su escudo antimisiles en territorio espa帽ol. Por cierto, el convenio de las bases americanas se prorrog贸 en 2021, con el gobierno PSOE-UP.
  • f) Con una definici贸n de su estrategia militar alarmante, que a) define como 鈥渇rontera de seguridad avanzada鈥 de Espa帽a tanto el Sahel, desde el atl谩ntico hasta el 铆ndico, como oriente medio, b) que considera la existencia de riesgos de 铆ndole militar y securitizador 鈥渋nternos鈥 (la vieja idea del enemigo interno) e h铆bridos (que permite meter en el mismo saco y desde una concepci贸n securitizadora aspectos ajenos a lo militar, tales como la inmigraci贸n, la protesta social, el cambio clim谩tico, las cat谩strofes naturales, crisis sanitarias, riesgos econ贸micos o en el flujo de materias y comercio, o cualquier otra cosa en la que el estado tenga un inter茅s de control militar).
  • g) Con una no menos agresiva pol铆tica de exhibici贸n y venta de armas, que nos consagra como la sexta-s茅ptima potencia mundial en el negocio de la guerra, s贸lo por detr谩s de los pa铆ses con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
  • h) Y una alta ideologizaci贸n ultra, machista, confesional y providencialista de amplios sectores de las fuerzas armadas, as铆 como de la orientaci贸n hacia las soluciones militaristas que se insin煤a/predica en los estudios militares, as铆 como en la mentalidad de la oficialidad y en los diversos espacios militares, sin olvidar la sospechosa concurrencia de muchos 芦casos aislados禄 que habitualmente salpican las noticias con posiciones, manifiestos, discursos y otros exabruptos de destados militares.
  • i) Con una expansi贸n del colaboracionismo con lo militar que alcanza de forma transversal a m煤ltiples ministerios y departamentos p煤blicos, y que condiciona a sus intereses pol铆ticas tan significativas como la investigaci贸n o la ciencia, la tecnolog铆a, el desarrollo industrial, los usos del territorio, los espacios naturales, la cultura, la convivencia social y territorial, o la idea amplia de seguridad.
  • j) Y una identificaci贸n de 芦enemigos禄, 芦amenazas禄 y 芦riesgos禄 bastante preocupante, que se帽ala como tales a los inmigrantes empobrecidos que quieren alcanzar territorio estatal, pa铆ses y estados donde se ponen en juego intereses propios poco santos, grupos de disidencia de cualquier caracter铆stica y sin matiz, desde el crimen organizado y el terrorismo hasta la mera disidencia o la protesta social, as铆 como aspectos de toda 铆ndole que nada tienen que ver con el enfoque militar y la defensa.
  • 2) Refuerzo de los principales males del militarismo aut贸ctono:

Nuestro modelo de defensa arrastra una serie de males que el paso del tiempo no ha conseguido abordar, sino petrificar y que un presupuesto que los engrasa y dota de partidas disparatadas viene a reforzar. Para recuerdo del personal, aqu铆 apuntamos el dec谩logo de nuestros males militaristas de siempre:

  • I) Gigantismo: El presupuesto militar acent煤a el gigantismo miliitar, consumiendo cerca del 50% del presupuesto de Defensa en pagar sueldos a los efectivos militares (m谩s del 60% si no tenemos en cuenta la partida de 2.252,81 millones de euros destinada a pagar programas de armas) y haciendo del pago de salarios la principal actividad del ministerio de defensa.
  • Dicha cantidad aumenta m谩s a煤n si contamos con que uno de los programas del Ministerio de Defensa est谩 destinado a financiar (nada menos que 572 millones de euros) que cerca de 15.000 oficiales que actualmente no se necesitan para nada, puedan pasar a la reserva cobrando como si estuvieran haciendo algo.

    A ello se une la falta de cualquier tipo de partida destinada a una verdadera pol铆tica de reconversi贸n del personal militar excesivo y que, para colmo de males, nuestra casta pol铆tica, en vez de reducir el elevado n煤mero de efectivos, haya consolidado una acci贸n para que los soldados mayores de 45 a帽os que ya no pueden por ley reengancharse m谩s y que han sido incapaces de ascender a oficiales o de buscar otro enfoque profesional, sigan cobrando del ej茅rcito, incrementando el problema.

Si a ello sumamos el elevado coste de las pensiones militares y las clases pasivas (fruto de un ej茅rcito heredado del franquismo con much铆simo m谩s personal incluso que se ha ido jubilando), que asciende a m谩s de 3.720 millones de euros anuales, vemos que, solo en materia de mantenimiento del personal, el militarismo espa帽ol impone una elevada losa que convierte en insostenible el presupuesto destinado a defensa.

  • II) Opacidad: Nuestro gasto militar est谩 disfrazado en un 74% fuera del presupuesto militar que oficialmente reconoce el gobierno.
  • Se esconde en lugares ins贸litos como los pr茅stamos, dotaciones y dem谩s pagos que hace el Ministerio de Hacienda al SEPI para dotar las p茅rdidas de nuestra industria militar de titularidad p煤blica (NAVANTIA, INDRA o EADS).

Tambi茅n en la puesta a disposici贸n de las operaciones militares de los buques medicamentalizados que operan en el Golfo de Guinea o en el Indico, y que financia el Ministerio de Transportes a trav茅s del Instituto Social de la Marina.

Del mismo modo, en los patrulleros con que cuenta la Armada y que paga el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentaci贸n (hace menos de un mes se ha comprometido a invertir 8 millones de euros para repararlos y a comprar y ceder a defensa otros cuatro que sustituyan a los actuales).

Otros se esconden en la financiaci贸n de la base ant谩rtica que realiza el Ministerio de Hacienda y el CSIC, o en las transferencias que recibe el INTA para investigaci贸n militar por parte del ministerio de Ciencia e Innovaci贸n tambi茅n desde el CSIC.

El ministerio de Ciencia e Innovaci贸n financia una parte de los apoyos a la industria militar, mediante los programas 芦Dual禄 y los programas de apoyo i+d+i, as铆 como la base ant谩rtica militar Gabriel de Castilla.

En la financiaci贸n de la industria militar tambi茅n participan los ministerios de Industria con la concesi贸n de cr茅ditos a inter茅s cero para la fabricaci贸n de armas encargadas por defensa y las diversas l铆neas de apoyo a la industria que acaban en manos del polo militar industrial, y el de Medio Ambiente, mediante diversos programas de apoyo de la Agencia Estatal de Investigaci贸n y el CDTI.

Industria tambi茅n aporta para la financiaci贸n del Sat茅lite militar 芦Paz禄 y de los programas de sat茅lites del ministerio de Defensa, as铆 como la parte militar correspondiente a la metrolog铆a.

El de transici贸n Ecol贸gica entrega su 贸bolo por la parte militar de AEMET y la mejora de la administraci贸n militar.

Asuntos exteriores paga m谩s de 236 millones para operaciones militares en el Exterior, as铆 como cuotas de participaci贸n en diversos organismos de defensa y seguridad, entre ellos la OTAN, mientras que Hacienda abona m谩s de 800 millones que paga hacienda para cuotas de ISFAS, o el combustible l铆quido que consume defensa (767 millones de euros para los a帽os 2022 y 2023 ), o la reparaci贸n de motores de veh铆culos militares (m谩s de 46 millones este a帽o) y otras bagatelas, as铆 como los m谩s de 3.700 millones que se pagan desde las clases pasivas para pensiones militares.

El de interior paga m谩s de 3.500 que se pagan por la Guardia Civil y as铆 un largo y tedioso etc茅tera.


  • III) La consolidaci贸n de una estructura paralela y los organismos aut贸nomos.

    El militarismo espa帽ol cuenta con una especie de mini-estado dentro del estado: jurisdicci贸n propia con su aparataje de jueces, fiscales, juzgados, tribunales, . . . .; farmacia propia, red hospitalaria propia, sanidad propia, parques recreativos y culturales, participaci贸n en 芦olimpiadas militares禄, campos de golf, espacios naturales exclusivos y a su disposici贸n ,afectaci贸n del territorio nacional, su espacio de radiofrecuencia y a茅reo, los trazados de v铆as y carreteras, los usos de la tierra, supeditados al inter茅s de la defensa, un patrimonio propio (segundo terrateniente del Estado) y que gestionan aut贸nomamente, centros de investigaci贸n propios, un sistema de previsi贸n y seguridad social propio, los famosos organismos aut贸nomos militares ( que por cierto consumen 2.252 millones de euros del presupuesto) y hasta una catedral propia pagada por el propio ministerio, patrimonio cultural, museos, archivos exclusivos, . . .

El presupuesto destina dinero para todas y cada una de estas capas de cebolla de la estructura militar. Permite que el ministerio de Defensa controle tres organismos aut贸nomos dependientes de sus intereses: El INTA (dedicado a la investigaci贸n militar, al que tambi茅n se le realizan encargos por otros organismos estatales para dopar su presupuesto mediante la f贸rmula de las encomiendas de gesti贸n), el ISFAS (el paralelo a la seguridad social para militares) y el INVIED (que gestiona en enorme patrimonio militar y ha protagonizado episodios especulativos m谩s que curiosos). 驴Por qu茅 no se transfiere todo esto a lo civil y se les da a los militare el mismo trato, en deberes y derechos, de cada hijo de vecino?

-* IV) Enfoque intervencionista

El presupuesto consolida en enfoque intervencionista del ej茅rcito espa帽ol. EL PGE destina 314,37 millones de euros a intervenciones en el exterior que son pagados desde el Ministerio de Defensa, m谩s otros 236,03 millones que se pagan desde el de Asuntos Exteriores, pero en lo que llevamos de a帽o ya se han producido varios cr茅ditos extraordinarios para incrementar la cifra, con aumentos a cargo del fondo de contingencia por importe de 569,85 millones de euros aprobados en Consejo de Ministros del mes de 8 de marzo de 2022 (anualmente ha venido rondando los 1.000 millones de euros en los 煤ltimos a帽os) y de 291,78 aprobados en Consejo de Ministros de 10 de mayo, a los que habr谩 que sumar los 3.000 millones de euros extra que la ministra de defensa ha anunciado que necesita para atender en 2022 a la guerra de Ucrania.


-* V) Industria militar dopada y agresiva

Espa帽a es unan de las principales potencias exportadoras de armas, con un sector militar-industrial que abarca unas 500 empresas, con unos 20.000 trabajadores y que factura al a帽o m谩s de 13.000 millones de euros.

Dicha industria est谩 compuesta por once grandes empresas que abarcan m谩s del 71% de la facturaci贸n total y que constituyen una especie oligopolio que se queda con la mayor铆a de los encargos de armas del Estado y que exporta al exterior (con el agresivo y lucrativo apoyo institucional del Estado) alrededor de 4.000 millones de euros anuales en armas.

Llama la atenci贸n la presencia de capital p煤blico (M谩s del 25% del total del sector) a trav茅s de NAVANTIA, EADS e INDRA, as铆 como de la participaci贸n de la empresa de titularidad del Ministerio de Defensa ISDEFE en otras empresas del sector. Igualmente, que la participaci贸n privada del sector concentra un 67% de capital extranjero.

Debe se帽alarse, a su vez, la alta inversi贸n de la banca en la financiaci贸n de la industria militar espa帽ola y el cruce de intereses financieros/especulativos y de venta de armas en juego.

El PGE consolida este papel de la industria militar por medio de partidas anuales para pago de programas especiales de armamento, por medio de los cuales transfiere a la industria militar pagos anuales de m谩s de 2000 millones (este a帽o 2.720 millones), as铆 como mediante l铆neas de subvenci贸n y cr茅ditos (por cierto, a inter茅s cero) a la industria militar, y ayudas a la exportaci贸n.

Este a帽o la industria militar recibir谩 por medio de diversos programas del Ministerio de Industria la cantidad de, al menos, 1.103 millones de euros destinados a apoyo a la innovaci贸n tecnol贸gica militar, impulso a la competitividad industrial, internacionalizaci贸n, promoci贸n comercial e internacionalizaci贸n de empresas, impulso a la competitividad y sostenibilidad industrial, programas innovadores del plan PERTE. A la vez, el Ministerio de Ciencia e innovaci贸n pagar谩 2,9 millones de euros al INTA para la investigaci贸n militar y cerca de 86 millones m谩s a la industria militar.

Durante el a帽o 2021 y 2022 el Estado, que ya arrastra una deuda por adquisici贸n de armas por programas de armas heredadas de la etapa de Aznar, Zapatero y Rajoy de m谩s de 30.000 millones de euros con la industria militar, ha comprometido m谩s de 11.000 millones de euros m谩s (sin contar con las intenciones de Do帽a Margarita Robles de incrementar a煤n m谩s el dislate) en inversiones militares hasta 2035, lo que nos llevar谩, como veremos despu茅s, a un nuevo problema de nuestro gasto militar: la generaci贸n de una deuda militar impagable e ileg铆tima.

No es un dato menor que el Secretario de estado de Industria afirmara en el Parlamento que, desde 1988 Industria ha financiado mediante cr茅ditos a inter茅s cero para la compra de armas a la industria militar por valor de 17.243 millones de euros; cantidad a la que podemos sumar la autorizaci贸n al Ministerio de Hacienda por parte del Consejo de Ministros de 26 de abril de 2022, para que comprometa gasto militar para nuevos programas de armamento a pagar entre 2023 y 2028 por importe de otros 3.257,49 millones de euros, a los que sumar los 956 millones de euros extra que anunci贸 el secretario de estado de industria en las jornadas 芦La industria de Defensa, motor econ贸mico y de bienestar social禄 el 10 de mayo que su departamento asumir铆a para financiar compromisos de pago de Defensa con la industria militar. Un suma y sigue sin t茅rmino.

VI) Clientelismo y puertagiratorismo.

La pol铆tica de apoyo a la industria militar desarrollada por el Estado ha tenido como principales impulsores la propia estructura oligop贸lica de nuestro 芦complejo militar-industrial禄 y su capacidad de influir en las adquisiciones de armas y en la estrategia de internacionalizaci贸n de esta industria, junto con la lacra de las puertas giratorias entre la industria militar y Defensa, con varios ministros y secretarios de Estado que han alcanzado altos cargos (antes y despu茅s de su paso por el ministerio) en la industria militar; con jefes y altos responsables militares como asesores de esta y un escandaloso entramado de relaciones cruzadas y de intereses opacos.

-* VII) Generaci贸n de una huella ecol贸gica brutal.

La actividad que financia el gasto militar genera, adem谩s, un impacto ambiental brutal.

Seg煤n estudios del propio ministerio de defensa referidos a 2012, el efecto contaminante del Ej茅rcito, sin contar con su actividad en el exterior contemplaba la emisi贸n anual de 1,4 toneladas de Halones, 130.000 toneladas de NOx , 25.048,3 toneladas de SOx y 9.856.845 toneladas de CO2.

Conforme a un estudio del Centro Del谩s, la emisi贸n de CO2 de la actividad en tiempo de paz de nuestro ej茅rcito en 2019 fue de m谩s de 24,8 millones de toneladas, la mitad de la emisi贸n total de CO2 en un pa铆s como Noruega o dos veces lo que emite otro como Senegal, o el equivalente a todo el tr谩fico rodado de una ciudad como Madrid.

La contribuci贸n es a煤n mayor, porque nuestro ej茅rcito, en consorcio con los otros occidentales, ofrece seguridad militar a las grandes corporaciones transnacionales que movilizan y comercializan materias primas y son fuentes contaminantes y de degradaci贸n medioambiental de especial relevancia, as铆 como a las industrias militares, otra fuente contaminante de primer orden. Adem谩s, podemos consignar la emisi贸n de otros gases y agentes contaminantes y altamente peligrosos por parte de la actividad militar que acaban corrompiendo los campos, la atm贸sfera y los acu铆feros, tales como uranio empobrecido, residuos de explosivos, aceites industriales y otros residuos de otra 铆ndole.

Todo ello es financiado por el gasto militar tanto expl铆cito y contemplado en las partidas del Ministerio de Defensa, como oculto y disfrazado en otros ministerios, como lo prueba el que en el Consejo de ministros y ministras de 5 de abril de 2022 aprobara un megacontrato para la adquisici贸n de combustible l铆quido para el ej茅rcito por importe de 767,57 millones de euros. Hacienda, tambi茅n en consejo de ministros de abril, aporta otros 48,86 millones de euros m谩s para reparaci贸n de motores de veh铆culos militares.

-* VIII) Insostenibilidad.

Otro de los males de nuestro end茅mico militarismo es su insostenibilidad presupuestaria.

Insostenibilidad que viene dada por la necesidad de amortizar una deuda por armas que anualmente implica el pago de m谩s de 2.000 millones de euros y que acumula un total de m谩s de 30.000 euros m谩s sus correspondientes intereses y a la que hay que sumar los sucesivos nuevos contratos de armas.

Pero, a su vez, una insostenibilidad que deriva del propio gigantismo de muestra estructura militar, que acapara una elevada cantidad de gasto destinado a pagar sueldos y cargar referidas al sostenimiento del personal, tanto en activo, como de sus clases pasivas y de sus beneficiarios.

L贸gicamente no se trata de postular que se deje en la estacada a la inmensa clientela militarista, m谩s de 3.500.000 bocas entre personal en activo, clases pasivas, personal de baja y beneficiarios de las distintas prestaciones del ISFAS u otras, pero s铆 de buscar una reorientaci贸n que rompa con la cada vez m谩s inabordable insostenibilidad del gasto militar.

Adem谩s de todo ello, dado que nuestros presupuestos generales son enormemente deficitarios, al contar con menos ingresos que gastos p煤blicos, el Estado tiene que pagar cada a帽o los intereses de la deuda que en los a帽os anteriores ha tenido que adquirir en los mercados para dotarse del dinero que necesita para cubrir las partidas presupuestarias, as铆 como asumir nueva deuda para abordar el pago total de la cuenta de gasto.

En uno y otro caso, la parte proporcional de deuda que se imputa al gasto militar es brutal, y crece acumulativamente a medida que nuestros presupuestos acent煤an sus males. De esta forma, en 2022 pagaremos m谩s de 4.100 millones de euros en pago de intereses de la deuda imputada a lo militar, m谩s la carga de otros 8.100 millones de nueva deuda a comprometer durante 2022.

Esto hace insostenible el gasto militar. Una insostenibilidad que, de ocurrir en partidas sociales, suele tener como receta los recortes, lo que no pasa nunca con el gasto militar.

  • IX) Visi贸n militarista: providencialismo, confesionalidad y extremismo.

    Nuestro ej茅rcito ha protagonizado diferentes episodios golpistas. No en vano, nuestras fuerzas armadas son herederas del ej茅rcito vencedor de una guerra civil y perpetuador de la dictadura del general Franco.

La inmensa parte de la oficialidad del mismo se ha formado bajo las doctrinas aprendidas en las academias militares herederas del franquismo, academias donde el maquillaje constitucional de la formaci贸n militar no ha emprendido nunca ninguna reforma en profundidad del subyacente franquismo dominante.

Frecuentemente, mandos militares, normalmente tras su retiro, pero en ocasiones en activo, hacen gala de su pensamiento radical y amenazan con movimientos del ej茅rcito para interferir en el discurrir pol铆tico del Estado, para exigir respeto a las ideas franquistas o a la persona del dictador o para presionar pol铆ticamente. Los signos de confesionalidad de los mandos tambi茅n son elocuentes y visibles en procesiones y otros actos simb贸licos y saltan a los noticiarios de vez en cuando por pasadas de frenadas de mandos oficiales, la 煤ltima vez hace menos de un mes cuando un capit谩n llev贸 a su batall贸n a recibir la bendici贸n de un cura en el Valle de los Ca铆dos.

Desde el Ministerio de Defensa y con presupuesto p煤blico se financian capellanes castrenses (4麓5 millones de euros anuales), peregrinaciones a Lourdes y a F谩tima encubiertas como actividades culturales (m谩s de 1.5 millones de euros desde 2015) o presentaciones de banderas y otro tipo de ritos a v铆rgenes y otra imaginer铆a cat贸lica.

El ministerio de defensa financia adem谩s publicaciones propias, de las academias militares y de otros centros militares con no pocas manifestaciones que demuestran la orientaci贸n ultra de gran parte del ej茅rcito.

-* X) Insolidaridad y perjuicio social.

Durante la pandemia se ha demostrado la idea de solidaridad del ej茅rcito. Se aprestaron a aparecer haciendo como que hac铆a algo en una crisis sanitaria que no precisaba de un enfoque militarizado.

La UME se aprest贸 a poner en pie 16 hospitales de campa帽a (驴alguien se pregunt贸 por qu茅 son los militares y no los cuerpos civiles quienes tienen en este pa铆s los recursos para tal acci贸n?) o a ejercer funciones de polic铆a para las que el Estado, las comunidades aut贸nomas con competencias y los ayuntamientos cuentan ya con un elevado n煤mero de efectivos policiales.

No se dijo que la actuaci贸n del ej茅rcito en la pandemia (que sirvi贸, dicho sea de paso, para bien poco) recibi贸 a cambio financiaci贸n extrapresupuestaria por parte de los fondos FEDER.

Tampoco nadie se ha tomado el esfuerzo de cuestionar por qu茅 cada vez que la UME interviene en alguna crisis pasa luego la factura de su intervenci贸n a la administraci贸n correspondiente, o por qu茅 los militares gozan de un material bien dotado y altamente especializado pero las autoridades civiles no.

La insolidaridad militar se incrementa cuando hacemos un m铆nimo an谩lisis comparativo de aspectos como las inversiones militares en relaci贸n con las civiles (este a帽o el 37% de la inversi贸n estatal, a gran distancia de la segunda, la de trasporte y movilidad, del 25%, o la de Transici贸n ecol贸gica, tercera en el ranquing, de s贸lo el 7%), o las partidas de i+d+i militares, 938 millones de euros en 2022, que acaparan una muy importante parte del gasto de i+d del estado, con m谩s de 4 veces el destinado a investigaci贸n sanitaria, y la colaboraci贸n de diversos ministerios en su financiaci贸n. Una comparaci贸n del propio gasto militar en relaci贸n con las partidas asignadas a otras necesidades sociales acaba de completar el cuadro.

Tambi茅n una mera comparaci贸n del gasto militar real en comparaci贸n con las partidas asignadas a otros ministerios muestra la insolidaridad del militarismo y de sus promotores.


Al margen de la sensibilidad social y de la seguridad humana.

Estos diez males end茅micos de nuestro militarismo se resumen en dos, como las leyes de Mois茅s: el enorme gasto militar espa帽ol consagra una instituci贸n al margen de la sensibilidad social y, para colmo, no defiende la seguridad humana ni las prioridades de la sociedad.

Porque la pregunta de fondo, la que no nos dejan plantear nunca, es qu茅 queremos defender.

Se supone que una pol铆tica de defensa debe articular medios y esfuerzos para defender lo que en com煤n hayamos decidido digno de defensa o, si se quiere seguir con los vaporosos par谩metros de Naciones Unidas, para defender la seguridad humana, algo muy diferente a la seguridad militar.

Y no parece que ninguno de los m煤ltiples enemigos de la seguridad humana, como pueden ser los derechos, la lucha contra el hambre o la pobreza, la justicia social, niveles de protecci贸n suficientes frente a la enfermedad, la incultura, la violencia machista, etc茅tera; una ense帽anza de calidad, seguridad medioambiental y un largo etc茅tera, se defiendan o se puedan defender ni desde criterios securitizadores ni desde operaciones militares.

M谩s bien, aparecen estos como dos de los grandes problemas a abordar para solucionar los males que padecemos y para abordar las necesidades que esperan ser cubiertas.

- 3) Sirve para evitar que haya cambios:

Y la tercera afirmaci贸n que realizo es que estos presupuestos, adem谩s, no s贸lo cronifican nuestro modelo obsoleto y ahonda en sus males y errores, sino que est谩 pensado y atornillado de tal manera que intenta evitar una pol铆tica de defensa alternativa que revierta las tendencias de nuestra actual, y vigente desde el inicio de la transici贸n y m谩s acentuadamente desde la adhesi贸n a la OTAN y la UE, pol铆tica de defensa.

Para ello el presupuesto adem谩s de consolidar compromisos multimillonarios de compra de armas a largo plazo, compromisos de pago que alcanzaban antes de marzo de 2022 los 30.000 millones de euros y que por mor de la autorizaci贸n para aumentar el compromiso de gasto efectuada en Consejo de Ministros de 5 de abril de 2022 otros 3..577,49 millones de euros con cargo a los presupuestos de 2023 a 2028, otros 767,57 millones m谩s a pagar entre 2022 y 2023 por adquisici贸n de combustible l铆quido conforme acuerdo del consejo de ministros del mismo 5 de abril. A su vez, mantiene otras partidas de gasto plurianual consignada en los presupuestos generales y que son abonadas desde otra cuenta presupuestaria por importe de 317 millones de euros.

Este enorme volumen de compromisos de gasto militar, la mayor铆a para adquisici贸n de armas, junto con el mantenimiento de un ej茅rcito gigante que da de comer a no menos de 3.500.000 personas y que cuenta con palancas de presi贸n, hace que cualquier intento futurible de abordar la pol铆tica de defensa de forma diferente, por ejemplo mediante la renuncia a seguir manteniendo la pol铆tica de injerencia militar actual, o a cancelar la adquisici贸n de armas innecesarias y agresivas, pongamos por caso, se vuelva enormemente complicado por la carga econ贸mica de las inversiones y compromisos adquiridos, as铆 como por las sanciones y reparaciones pactadas y que conllevar铆a tan esencial cambio.

No podemos hacernos ilusiones dado el percal y los titiriteros de nuestra pol铆tica. S贸lo altas dosis de coherencia y compromiso, y, por qu茅 no decirlo, de apoyo popular y de inteligencia, pueden hacer que se invierta la nefasta pol铆tica militar que Espa帽a mantiene.

Tal vez es por eso por lo que los partidos y formaciones pol铆ticas que se dicen de vocaci贸n transformadora pasan de puntillas sobre tantas inercias y mantienen una postura cuando menos ambigua y complaciente hacia el gasto militar y su cr铆tica.

2. UNA VISION DE LA ACTUACI贸N GUBERNAMENTAL DESDE EL VOTO DE CENSURA A MARIANO RAJOY HASTA LA FECHA.

La pol铆tica de defensa espa帽ola se caracteriza por su inamovilidad de pedernal desde el inicio de la transici贸n en mantener unas pol铆ticas militares inalterables, gobierne quien gobierne.

Existe un pacto soterrado por el cual el gobierno de turno hace lo mismo que el anterior, cuando no agrava m谩s la situaci贸n, y el resto de las fuerzas pol铆ticas se quejan con la boca peque帽a o miran para otro lado.

Un repaso a la evoluci贸n del gasto militar desde el a帽o en que lo queramos tomar hasta la fecha lo demuestra, ya sea usando como par谩metro el gasto militar reconocido por el gobierno, ya el real que aparece de incorporar el que disfraza y oculta con sus mil ardides.

En el cuadro siguiente apunto (la curva de abajo) la evoluci贸n del gasto militar desde 1987 a la fecha tomando solo en cuenta el gasto que reconoce defensa y se帽alando en rojo los per铆odos de gobierno PSOE y en azul los de PP.

En la curva de arriba represento el mismo gasto pero con el gasto militar una vez contabilizado el oculto.


Se me antoja significativo que, a pesar de la crisis pand茅mica que hemos padecido y la evidencia de que las verdaderas amenazas efectivas que la sociedad ha enfrentado tienen que ver con una crisis sanitaria y sus consecuencias sociales hacia los sectores m谩s vulnerables de la sociedad, en virtud del cierre de actividades de toda 铆ndole, y, cuando parec铆a que sal铆amos de esta, la crisis actual como consecuencia del impacto social combinado de la escalada de las energ铆as, el aumento de la inflaci贸n, los cortocircuitos de las cadenas de distribuci贸n y la guerra, el gasto militar no sufra un recorte significativo en favor del gasto social, sino que aumente y se pretenda aumentarlo m谩s aun, entreg谩ndose el gobierno, con armas y bagajes, a los discursos e intereses de los halcones.

驴No afecta acaso la inflaci贸n y la subida de tipos de inter茅s a la ya inabordable deuda militar? Volver a l铆nea autom谩ticaacaso la inflaci贸n y la subida de tipos de inter茅s a la ya inabordable deuda militar?

No deja de sorprender que los males del gasto militar de siempre sean los mismos, sin correcci贸n ni enmienda alguna, en el gobierno que se predica m谩s progresista de la historia, un gobierno que ha elevado sustancialmente el peso del militarismo hasta la cantidad de 111.380,81 millones de euros desde que Unidas Podemos sienta ministros propios en el Consejo de ministros (158.888,86 millones desde la moci贸n de censura a Mariano Rajoy).


Sorprende m谩s que durante todos estos a帽os la presentaci贸n de los presupuestos haya merecido 煤nicamente el 0.8 % del total de enmiendas a los PGE y ninguna de esas izquierdas que se predican contrarias al gasto militar excesivo.

O m谩s a煤n que, por ponernos solo el a帽o en curso, que los sucesivos consejos de ministros, sin que conste la oposici贸n ni la cr铆tica de nadie, haya aprobado elevaciones constantes del gasto militar que en conjunto alcanzan los 7.066 millones de euros, para las m谩s inveros铆miles acciones, como 767,85 millones de euros que pagar谩 hacienda para adquisici贸n de combustible l铆quido para uso de los ej茅rcitos durante 2022-2023, o los 569,85 destinados con cargo al fondo de contingencia para operaciones militares en el exterior, o los 19 millones aprobados para urbanizaciones militares en San Javier, o los 97,42 con cargo al Fondo de Resiliencia que gestiona el Ministerio de Transici贸n Ecol贸gica para para la mejora de la administraci贸n militar; o los 46,86 que tambi茅n saldr谩n de las arcas de Hacienda para reparaci贸n de motores de veh铆culos militares, o los 44 millones tambi茅n de Hacienda para competencias digitales; o los 846 millones autorizados por Real Decreto 7/2015 para pago de programas especiales de defensa, o los 3.500 autorizados para el per铆odo 2022-2028 para nuevos programas de armas, o los 8 millones comprometidos por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentaci贸n para dotar de cuatro nuevos patrulleros a ceder a la Armada y el compromiso de reparar los cuatro que actualmente le tiene cedidos, o los otros 291 millones m谩s acordados en mayo para operaciones militares en el exterior y los 17,7 para guerra electr贸nica, o los 160 millones comprometidos con IVECO para la adquisici贸n de camiones militares de 2022 a 2035, 25 millones este mismo a帽o.

Todo ello muestra una apuesta inequ铆voca que se compadece mal con las protestas de destacados miembros de Unidas Podemos, algunos con cargos oficiales, en contra del gasto militar que aprueban (o dejan aprobar) con la otra mano.

Sorprende tambi茅n la estrategia ejercida en las 煤ltimas fechas por el gobierno a trav茅s del SEPI de llegar al 25% del capital e INDRA con el objeto de reforzar su enfoque hacia la industria militar, una vieja aspiraci贸n de Defensa al menos desde tiempos de Moren茅s, o de postular para su presidencia al ex diputado del PSOE Juan Moscoso Del Prado, quien har谩 t谩ndem en la defensa de los intereses militaristas del estado en dicha industria con el exministro Sebasti谩n y el tambi茅n exdiputado Antonio Cuevas, consejeros dominicales de la entidad.

Pero la pol铆tica es la pol铆tica y puestos a tragarse sapos, nuestros aguerridos y pacifistas apoyos gubernamentales han decidido hartarse de todos los que el militarismo le sirve d铆a a d铆a con patatas.

Total, tampoco tienen una idea alternativa que enfrentar en materia de defensa y seguridad fuera de las buenas intenciones y las palabras que valen para un roto y un descosido.

3. 驴PODEMOS ASPIRAR A OTRA DEFENSA?

Ante el fatalismo de quienes nos dicen que no podemos cambiar de pol铆tica de defensa y las presiones de los halcones para que incluso se incremente el gasto militar, lo cierto es que s铆 cabe aspirar a otra pol铆tica.

Una pol铆tica basada en la promoci贸n de la paz en la que los propios presupuestos jueguen como una herramienta para revertir el actual modelo de defensa que no nos defiende y que profundiza la brecha de seguridad humana que el mundo padece.

Para empezar, debemos definir de forma adecuada y ordenada las prioridades de defensa a las que aspiramos, sobre todo si partimos de la afirmaci贸n que efect煤an las propias directivas de defensa de que Espa帽a no tiene enemigos.

La pregunta qu茅 queremos defender debe ser concretada m谩s all谩 de las ideas vaporosas, metaf铆sicas y patri贸ticas y en t茅rminos de seguridad humana, de sostenibilidad ambiental y de conquista y satisfacci贸n de derechos y necesidades sociales, tanto en el plano interno, como en el contexto global.

La satisfacci贸n de estas necesidades y derechos, y no la defensa de intereses de las grandes corporaciones y de geopol铆tica de enfrentamiento, debe orientar las prioridades presupuestarias tambi茅n desde el punto de vista de las pol铆ticas de seguridad y defensa.

Desde este horizonte contemplamos la realidad de nuestro militarismo como un verdadero problema, y no como una soluci贸n a problema alguno, que atenta contra la propia idea de seguridad humana.

De ah铆 que desmilitarizar nuestra sociedad y desmantelar nuestras estructuras de defensa militar en plazos razonables deban ser objetivos expl铆citos de una apuesta pacifista.

Adem谩s, nuestro militarismo adolece de diferentes males que convierten, incluso desde un plano te贸rico favorable al mantenimiento de alg煤n tipo de ej茅rcito, nuestra estructura militar en insostenible, inviable, insolidaria y peligrosa.

Atendiendo a estos grandes males de nuestro militarismo es posible abordar pol铆ticas que busquen una verdadera transformaci贸n de nuestro sistema de defensa, para pasar desde la idea de defensa militar, basada en el paradigma de dominaci贸n-violencia y en la preparaci贸n constante de la guerra, a la idea de seguridad humana, basada en el paradigma alternativo de cooperaci贸n-noviolencia y en la lucha contra la violencia rectora que se manifiesta como violencia directa, cultural y estructural y de promoci贸n efectiva de la paz basada en la justicias social y clim谩tica.

Para ello, como venimos diciendo, el presupuesto puede servir como un instrumento de promoci贸n de pol铆ticas alternativas, primero eliminando pol铆ticas militares y partidas concretas relacionadas con nuestros principales males del militarismo, y en segundo lugar haciendo uso de 茅stas para promover alternativas de seguridad humana con el ahorro conseguido y para gradualmente sustituir el modelo militar de defensa por un modelo de defensa de la seguridad humana.

Se iniciar铆a as铆 un ciclo de desmilitarizaci贸n-transarme m谩s all谩 del mero desarme y que busca transformar y cristalizar una defensa alternativa.


Seis ejes pueden englobar las pol铆ticas desmilitarizadoras; y nos pueden servir para emprender los cambios de orientaci贸n del gasto militar; a saber:


1. Resistirse a la guerra

Asistimos a varios conflictos b茅licos en la actualidad. Ciertamente no todos son medi谩ticos, pero todos ellos nos conciernen tanto 茅ticamente como porque nuestro papel en la geopol铆tica es en cierta medida corresponsable de ellos y de su escalada/desescalada, ya sea por nuestra posici贸n en la OTAN y en su pol铆tica de desgaste de contendientes militares, ya por nuestro papel de potencia dispensadora de armamento a troche y moche o por los intereses que mantenemos.

Parar las guerras, o al menos hacer lo posible para ello, con pol铆ticas de paz es una responsabilidad que marca la diferencia entre una apuesta presupuestaria de los halcones y otra desde el pacifismo.

En cierto modo, el presupuesto, como hemos comentado, sirve para la preparaci贸n constante del ciclo de la guerra y consolida los ladrillos con los que esta se hace, de forma que, tambi茅n, puede ser un instrumento para su desaprendizaje.

Los presupuestos pacifistas deber铆an promover y financiar acciones como:

  1. El apoyo y fortalecimiento de movimientos y grupos que fomentan salida pac铆fica del conflicto, tanto aqu铆 como en las zonas de conflicto.-#
  2. El apoyo a desplazados, desertores y resistentes a las guerras y su reconocimiento como refugiados con todos los derechos.
  3. El apoyo a la construcci贸n de redes de intercambio, cuidados y solidaridad entre inmigrantes y refugiados de zonas de conflicto y sus connacionales, as铆 como de sensibilizaci贸n social aqu铆 apoy谩ndose en estos.
  4. La desvinculaci贸n de la pol铆tica de intervenci贸n y/o env铆o de armas, formaci贸n o log铆stica militar.
  5. La prohibici贸n de env铆o/comercio de armas a pa铆ses en conflicto.
  6. El apoyo a iniciativas de desmilitarizaci贸n y cambio de estructuras en favor de la paz en zonas en conflicto.
  7. Una pol铆tica de apoyo a la soluci贸n pac铆fica de los conflictos y de apoyo econ贸mico y material a la desmilitarizaci贸n, reconstrucci贸n y cambio de estructuras violentas.

2.-. Reorientar la pol铆tica de defensa: 驴realmente queremos tener una pol铆tica exterior que se implemente manu militari, siendo uno de los pa铆ses m谩s intervencionistas del mundo? 驴No ser铆a mejor dedicar esfuerzos y recursos a una pol铆tica que promocionase la paz y el desarrollo de los pueblos, que buscase conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible a escala global? 驴No nos dar铆a frutos m谩s positivos una pol铆tica de cooperaci贸n verdadera? 驴no aportar铆a m谩s beneficios para la paz acabar con la participaci贸n militar en el exterior y dejar de vender armas e incentivar otros tipos de intercambios con otros pueblos?

Un cambio de prioridades en las pol铆ticas de defensa debe implicar el cese de la pol铆tica de injerencia militar en la que Espa帽a se encuentra embarcada hoy en d铆a y el uso alternativo de los m谩s de 1.000 millones de euros anuales que se destinan a dicho fin.

Tambi茅n deber铆a realizarse una exhaustiva auditor铆a de las intervenciones, pasadas y presentes en que Espa帽a ha participado y que ha supuesto no menos de 18.000 millones de euros de gasto, as铆 como una verdadera rendici贸n de cuentas, tanto econ贸micas como pol铆ticas, sobre dicha participaci贸n, incluyendo la revisi贸n del despilfarro y desv铆o econ贸mico que pueda existir en esta.

Una reorientaci贸n de la pol铆tica de defensa debe abordar tambi茅n la absoluta reorientaci贸n del CNI y la supresi贸n de su enfoque militar y de su personal enfocado a la seguridad militar, lo que supone reordenar los m谩s de 330 millones de euros destinados a este organismo. Del mismo modo, debe abandonarse la estrategia basada en el mantenimiento de fronteras de seguridad avanzada y en el enfoque securitizador para abordar las que denominan amenazas h铆bridas, para abordarlas desde un punto de vista basado en la cooperaci贸n, la solidaridad y el respeto y promoci贸n de los derechos humanos.

La reorientaci贸n de la pol铆tica de defensa debe, a su vez, abandonar los incentivos y ayudas a la industria militar, m谩s de 1.200 millones de euros anuales, e incentivar su reconversi贸n, en la medida en que esto sea factible, hacia necesidades sociales prioritarias. Dado que el capital p煤blico en el sector es muy significativo, protagonizar una reorientaci贸n industrial parta atender necesidades estrat茅gicas en beneficio de la seguridad humana no deber铆a ser excesivamente dificultoso. De hecho, gran parte de la capacidad de Navantia, por ejemplo, ya ha iniciado una diversificaci贸n hacia la producci贸n de generadores e贸licos y otros medios enfocados a la generaci贸n de energ铆a limpia.

Dentro de este cap铆tulo, asimismo, deber铆a transferirse la capacidad de investigaci贸n e innovaci贸n del INTA hacia instituciones civiles que reorienten su actividad.

En la misma l铆nea, se deber铆a auditar la deuda militar por adquisici贸n de programas de armamentos, m谩s de 40.000 millones de euros a fecha actual, y la deuda ileg铆tima generada con el benepl谩cito del lobby militar industrial y el concurso de las puertas giratorias.

Una reorientaci贸n pol铆tica debe abandonar el papel proactivo en la venta de armas en el resto del planeta y penalizar este tipo de actividades.

En el mismo sentido, deber谩 emprenderse el desmantelamiento de los restantes organismos aut贸nomos y de las infraestructuras que o bien no son necesarias para la defensa por haberse quedado obsoletas, o bien no son espec铆ficas del objetivo de defensa (museos y archivos, patrimonio hist贸rico, centros recreativos y deportivos, escuelas y centros educativos, jurisdicci贸n propia, etc.) y la transferencia de sus capacidades y responsabilidades al 谩mbito civil y a entes civiles encargados de similares actividades, evitando la duplicidad que comporta el mantener un estado paralelo de uso militar. El s贸lo desmantelamiento de los organismos aut贸nomos militares y su transferencia a hom贸logos civiles implicar铆a movilizar 2.252,8 millones de euros.

La trasferencia de los espacios naturales que Defensa mantiene y utiliza para fines propios debe ser otro de los criterios de reorientaci贸n de la pol铆tica de defensa.

Del mismo modo, iniciar procesos para el abandono de las alianzas de 铆ndole militar y el desmantelamiento de las bases militares.

3. Redimensionar la pol铆tica de defensa:

驴Queremos realmente dedicar casi 40.000 millones de euros al militarismo? 驴No hay otras pol铆ticas -de vivienda, sanitarias, de educaci贸n, de ecolog铆a- m谩s importantes y necesarias a las que atender? 驴No estamos manteniendo un ej茅rcito con una cantidad de personal y con unos gastos de armamento muy por encima de cualquier c谩lculo razonable? 驴De verdad necesitamos ser un pa铆s con un Ej茅rcito tan intervencionista? 驴Qu茅 nos ha aportado esta pol铆tica? 驴Se ha evaluado alguna vez con seriedad?

El redimensionamiento de la pol铆tica de defensa debe abordar de forma inicial la correcci贸n del gigantismo militar, buscando una dimensi贸n de la estructura militar sustancialmente m谩s reducida hasta la completa desaparici贸n ordenada de las fuerzas armadas, objetivo final de una alternativa de defensa basada en la seguridad humana.

Los presupuestos deben garantizar el inicio de una verdadera pol铆tica de reconversi贸n que afecte al contingente militar y a la existencia de la guardia civil, mediante sucesivos recortes de personal.

Dado el peso espec铆fico de los gatos de personal en el presupuesto de defensa y en el gasto militar, los ahorros producidos en estos recortes de personal pueden ser utilizados para financiar una reconversi贸n que no deje desprotegidos a los efectivos suprimidos, potenciando su inserci贸n en la sociedad civil.

La pol铆tica de redimensionamiento deber谩 abordar de forma urgente la supresi贸n de la partida de m谩s de 772 millones de euros para mantener en la reserva a los oficiales.

Asimismo, debe propiciar la gradual reducci贸n de unidades y la reconversi贸n y transferencia de sus infraestructuras a fines civiles.

En este contexto debe producirse un proceso de desmilitarizaci贸n y descontaminaci贸n de los espacios destinados a fines militares que dejen de utilizarse para tales fines, as铆 como de desmantelamiento de los sistemas de armas desamortizados y de tratamiento de sus residuos.

La desamortizaci贸n de terrenos militares debe realizarse de forma ordenada y rentable para las necesidades sociales. Teniendo en cuenta que Defensa es el segundo terrateniente del estado, la reversi贸n de sus bienes a usos civiles o a organismos civiles para su administraci贸n y gesti贸n deben ser otro elemento de la pol铆tica de defensa.

4. Reestructurar el Ministerio de Defensa y la estructura militar:

驴Necesitamos una estructura departamental como la del ministerio de Defensa?驴se precisa el CNI como servicio de espionaje militar?驴Es necesario contar con estructuras como la de ciberdefensa, cuarteles generales de la defensa, JEMAD, el Consejo de Defensa Nacional, la justicia militar y cuerpos jur铆dicos militares, una intervenci贸n general separada y no supeditada de la civil, etc.? 驴Deben mantenerse las Academias militares y los Centros Universitarios de la Defensa? 驴Las agregadur铆as militares en el exterior? 驴La capellan铆a castrense? 驴No debe emprenderse un cambio de modelo ministerial para transformar el ministerio de defensa desde su concepci贸n militar a un departamento encargado de promover una pol铆tica activa de paz, un proceso inherente de desmilitarizaci贸n social y el tr谩nsito hacia un modelo de seguridad humana alternativo al de defensa militar? 驴No debe auditarse el gasto militar oculto en otros ministerios y proceder a su supresi贸n y trasvase de las partidas liberadas a fines socialmente 煤tiles?

El presupuesto puede garantizar una verdadera reestructuraci贸n de los diversos departamentos, la construcci贸n de nuevas estructuras que garanticen el proceso de cambio de modelo y que promueva las pol铆ticas de reconversi贸n y desmilitarizaci贸n inherentes a estos.

5. Reiniciar

Hacia una pol铆tica de Desmilitarizaci贸n social/ transarme que acompa帽ase y potenciase las anteriores pol铆ticas hacia fines m谩s pac铆ficos, defensivos y que utilizase medios noviolentos.

La propuesta desde el pacifismo noviolento no es solo quitar cuerpos militares o reducir gastos en armamento. Tampoco se conforma con una paz jur铆dica de tratados, siempre fr谩giles e inestables, o de desarme, bajo la aspiraci贸n de una paz negativa, mera ausencia de guerras o ilusoria ausencia de conflictos.

El grave problema de la paz es el de la violencia rectora que articula, potencia, coordina y estructura las m煤ltiples violencias directas, estructurales y culturales de nuestro complejo mundo y que nos ense帽a a responder, personal y colectivamente a los conflictos de toda 铆ndole que provocan, desde las pr谩cticas aprendidas de violencia y dominaci贸n.

Los estados responden a la conflictividad que provoca nuestro propio modelo de interrelaci贸n atravesado por la violencia rectora desde la pretensi贸n de una seguridad ilusoria, pues lo cierto es que a medida que hemos reforzado los mecanismos de represi贸n y violencia para garantizar esa supuesta seguridad ante la creciente entrop铆a de nuestro mundo, 茅ste se ha vuelto cada vez m谩s inseguro y afligido.

Tanto en el plano de nuestras propias sociedades como en el internacional, se ha venido fraguando una creciente militarizaci贸n y obsesi贸n securitizadora, as铆 como una ideolog铆a militarista que, lejos de contribuir a la soluci贸n de nuestros problemas, se torna un dogal con el que se ahondan y multiplican.

Por eso la lucha por la paz tiene que ser, sobre todo, la lucha contra la violencia rectora y sus expresiones en todos los 谩mbitos, lo que significa incondicional lucha contra las desigualdades y justificaciones de la imposici贸n de la fuerza, la lucha contra los valores machistas, identitarios, violentos y autoritarios que se predican como un orden natural al que regresar y niegan como verdaderos enemigos a quienes quieren y aspiran a un mundo distinto, la lucha contra la depredaci贸n y falta de respeto a la vida y a su interdependencia y cooperaci贸n, la lucha contra la explotaci贸n y contra la coacci贸n internacional como medio de garantizar nuestra 芦seguridad禄 a expensas la inseguridad de otros pueblos y de la degradaci贸n del planeta.

En el plano de la seguridad, el enfoque militarista es evidente, peligrosamente evidente.

Por eso la pol铆tica de paz debe aspirar a la desmilitarizaci贸n y al desaprendizaje de los valores y pr谩cticas militaristas, lo que implica dos din谩micas sincr贸nicas y combinadas enfocadas a quitar poder al militarismo en todos sus planos y escenarios, junto al empoderamiento simult谩neo en pr谩cticas, valores, modos de articulaci贸n social, luchas sociales y aspiraciones y deseos alternativos, basados en la idea rectora de cooperaci贸n/noviolencia.

Por eso la estrategia pacifista no pasa ya por la aspiraci贸n a la paz jur铆dica, ni al mantenimiento de un statu quo de calma, ni a la promoci贸n del desarme como argumentario.

Hoy es la desmilitarizaci贸n social, m谩s all谩 del desarme, y la promoci贸n de una verdadera pol铆tica de paz que afecte a lo estructural y cultural, a nuestras propias pr谩cticas y valores, la estrategia de lucha pacifista.

La pol铆tica de desmilitarizaci贸n, adem谩s de quitar poder a lo militar, debe empoderar otros procesos, entre los que cabe rese帽ar:

  • a) Establecer mecanismos para el ejercicio de la objeci贸n fiscal al gasto militar y para la participaci贸n social en la definici贸n de los objetivo y prioridades presupuestarias.
  • b) Incentivando la educaci贸n y la cultura de paz, tanto en la ense帽anza reglada como de forma transversal
  • c) Promoviendo mecanismos alternativos de resoluci贸n de conflictos, incluida la resoluci贸n judicial de conflictos y la mediaci贸n en el 谩mbito civil, laboral y penal.
  • d) Apoyando la participaci贸n de los sectores sociales relegados hasta la fecha y de la sociedad en la definici贸n de las grandes preguntas y l铆neas definitorias de las necesidades humanas que deben ser cubiertas en una definici贸n de pol铆ticas de seguridad humana (qu茅 hay que defender, qu茅 prioridades se establecen, c贸mo hay que defender, qui茅n debe hacerlo).
  • e) Estudiando y analizando los elementos de violencia estructural que dificultan la promoci贸n de una cultura de paz y actuando de forma decisiva sobre ellos.
  • f) Facilitando la participaci贸n social, la autoorganizaci贸n popular, la democracia directa y la lucha social como medios para promover la defensa social alternativa de base noviolenta.
  • g) Impulsando campa帽as destinadas a la concienciaci贸n y la desmilitarizaci贸n social y cultural.
  • h) Completando una revisi贸n constante de los procesos de desmilitarizaci贸n emprendidos para adecuar las directivas siguientes a fin de conseguir alcanzar el fin de superar el modelo militar de Defensa.

Para iniciar estas pol铆ticas, se podr铆an usar aquellos fondos liberados del redimensionamiento y la reestructuraci贸n de la pol铆tica de defensa; as铆 como aquellos liberados de la renuncia a PEAS agresivos y los que provengan de las pol铆ticas de lucha contra el despilfarro.

6. Resetear.

El proceso de desmilitarizaci贸n, sostenido en el tiempo, busca participar en la lucha global protagonizada por diversidad de movimientos alternativos por resistirnos/ desaprender el modelo vigente y por construir unas relaciones humanas y con el medio alternativas al actual modelo, basado en la violencia y la dominaci贸n.

Un proceso sostenido de desmilitarizaci贸n pretende alcanzar el momento de resetear la defensa y la propia idea de seguridad, de abolir los ej茅rcitos y los aparatos de coacci贸n e imposici贸n, y de romper con la l贸gica de la violencia rectora y de la violencia estructural, cultural y directa que alimenta nuestro orden global.

No se busca un mero reformismo maquillador de los perfiles m谩s groseros del militarismo, sino la propia superaci贸n de su l贸gica y la abolici贸n de sus instrumentos.

Hacer una pol铆tica por la paz es hacer una pol铆tica contra la preparaci贸n de la guerra y en favor del cambio global hacia la cooperaci贸n-noviolencia como paradigma




Fuente: Grupotortuga.com